32402(27-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 32402  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Conjuez  Ponente:  

WILLIAM MONROY VICTORIA  

Aprobado   Acta   No.  338   

Bogotá  D.C.,   veintisiete  (27)  de  Octubre  de 2009   

VISTOS  

Decide la Sala Penal de Conjueces de la Corte  Suprema  de  Justicia  acerca  de  la  admisibilidad  formal  de  la  demanda de  revisión  presentada  por  el  apoderado  especial del condenado  MAURICIO  ROMERO  HERNÀNDEZ,  contra la sentencia de segunda instancia proferida el 25 de  mayo  de 2007 por el Tribunal Superior de Bogotá, mediante la cual confirmó la  emitida  por  el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  Especializado  del mismo  Distrito  Judicial,  por  cuyo medio lo halló responsable penalmente del delito  de secuestro extorsivo agravado.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El   aspecto   fáctico   fué presentado por el Tribunal de la siguiente forma:   

“ En términos  generales  los hechos se pueden resumir de la siguiente manera: el 10 de octubre  de  dos  mil ( 2000 ) aproximadamente a la  1:30  de  la tarde, a los alrededores del Barrio Bolivia de ésta  ciudad,  dos  personas  que  vestían  prendas  de  la  Policía  Nacional  y se  desplazaban  en  una  motocicleta  con  distintivos  de  la misma institución ,  privaron   de   la   libertad   a   ÀLVARO  FONSECA  BENÍTEZ   a  quien  trasladaron  en  el  mencionado  automotor  hasta  la estación de la policía del Barrio Santa Helenita y en una  cafetería  ubicada  frente  a  la misma, lo entrevistaron con una mujer a quien  llamaban  la  “  doctora”  ,  persona  que  le informó que se encontraba en  graves  problemas  con  la  justicia, ya que le habían realizado un seguimiento  debido  a que tenían conocimiento que poseía novecientos mil dólares producto  de  un  hurto  y  por lo cual enseguida llegaría un fiscal para que hablara con  él.   

Minutos después, arribó el supuesto fiscal  quien  lo  introdujo  en  una camioneta marca Toyota de color blanco, de vidrios  oscuros,  y  de  placas  OJG-052,  advirtiéndole  que  si  no  hacia  una buena  propuesta  lo  llevaría a la Fiscalía para verificar un reconocimiento con una  empleada  que  estaba  detenida por los mismos hechos. Presiones que después de  negociaciones  condujeron  finamente  a aceptar la entrega de cincuenta millones  de  pesos para que lo dejaran en libertad, siendo trasladado a las instalaciones  de  la  policía  del  Barrio  San  Fernando  donde  permaneció recluido en los  calabozos   aproximadamente  hasta  las  ocho  de  la noche del mismo medio  día,  hora  en  que  fue  movilizado  al  hotel Lourdes de esta Ciudad, a donde  acudió  su hermana Martha Eurora Fonseca Benitez a entregar a los plagiarios la  suma de dieciséis millones de pesos y doscientos gramos oro.   

Se informa que Fonseca Benitez, permaneció  detenido  en  el hotel Lourdes en una habitación alquilada por los plagiarios y  custodiado  por  dos hombres, hasta las ocho y treinta ( 8:30) de la mañana del  día  siguiente,  hora  que  regresaron el   pretendido   fiscal   y  la  otra  dama  para  forzarlo  a  que  suministrara   el   resto  del  dinero  acordado  para  la  liberación,  siendo  transportado  en  un  taxi a la cafetería vecina de la estación de la policía  del  Barrio  Santa Helenita, lugar en que su hermana les entregó nueve millones  de  pesos  más,  conviniéndose  que  el  resto del dinero se cancelaría en el  mismo  sitio  y al medio día del viernes siguiente. Hechos que la víctima puso  inmediatamente  en  conocimiento  del  Cuerpo  Técnico  de  la  Fiscalía, pero  organizado   el   respectivo   operativo  se  frustró  al  parecer  porque  los  delincuentes  detectaron  la  presencia  de   las  autoridades,  aunque  se  estableció  que  el  individuo  que  fungía  como  fiscal  acompañado de otra  acudió a la cita.           

Con fundamente en la denuncia formulada por  la  víctima  ,  fue  capturado  William Loaiza Varón, quien tenía el cargo de  conductor  escolta  en  la  Fiscalía General de la Nación, quien actuara en el  reato  como  fiscal y condujera la camioneta oficial utilizada para el secuestro  distinguida  con  las  placas  OJG -052,siendo condenado con sentencia del 30 de  agosto  de  2002  a  la  pena  de  25  años de prisión y a la multa de dos mil  setecientos   setenta   y  siete  (2.777)   salarios  mínimos  mensuales  como  autor responsable del  punible         de        secuestro        extorsivo        agravado”.   

En  lo  que  corresponde  a  la  actuación  procesal  que involucra a los acusados MAURICIO ROMERO  HERNANDEZ,    ALBERTO    GOMEZ   GUZMÁN  y  MARTHA  SUAREZ  LIZCANO,  èsta  se  desprendió  del  testimonio  de  William  Loaiza  Varón,  quien  varios  meses  después   de   ser   condenado   decidió colaborar con la justicia, exponiendo  de  manera  circunstanciada bajo la gravedad del juramento el 19 de mayo de 2003  (  folios  180ss y 230 ss c. 3 original ) , que en los hechos por los cuales fue  condenado  ,  igualmente  participaron  entre  otros  los acusados relacionados,  testimonio  que  al  unísono con la prueba indiciaria, se convirtió en columna  vertebral  en  la edificación de la condena que esta instancia por vía  del recurso de alzada se dispone a  revisar”.   

Adelantada   la  correspondiente  instrucción  por  parte  de  la Fiscalía Cuarta Especializada  contra  el  secuestro  y  la  extorsión   y  cerrada  la  misma, se calificó el mérito sumarial con  resolución  de  acusación  de  fecha  30  de julio de 2004, en contra de HENRY  ALIRIO  QUINTERO PINZÓN, MAURICIO ROMERO HERNÁNDEZ,  JESÚS   USBEY   MONTOYA   LÓPEZ,   ALBERTO   GÓMEZ  GUZMÁN  y  MARTHA  SUÁREZ  LIZCANO,   por   la   posible   comisión   del   ilícito  de  secuestro  extorsivo  agravado,  mientras  que  a  JUAN  DE  JESÚS  ALBERTO  LOMBANA  VERA,  como  cómplice de dicha conducta, decisión confirmada  por  el  Despacho  Vigésimo  segundo de la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior de Bogotá.   

Así  las  cosas,  correspondió  al Juzgado  Sexto  Penal  del Circuito Especializado de   Bogotá,    llevar   a   cabo  las  correspondientes  audiencias  preparatoria  y  pública,  evacuadas    las   mismas   se   emitió  fallo    de   carácter   condenatorio,     el     21     de    septiembre  de  2006,  mediante  el cual  se  absolvió a  JUAN  DE  JESÚS  ALBERTO  LOMBANA  VERA  Y  JESÚS USBEY MONTOYA  LÓPEZ  del  comportamiento  punible  de secuestro extorsivo agravado por el que  fueran   acusados,   al   tiempo   que  se  condenó  a     MARTHA     SUÁREZ    LIZCANO,  MAURICIO  ROMERO  HERNÁNDEZ,  ALBERTO  GÓMEZ  GUZMÁN y  HENRY    ALIRIO    QUINTERO    PINZÓN,    como  responsables    del    delito    de    secuestro   extorsivo   agravado  a  las  penas   principales     de     veinticinco     (25)  años   de              prisión,  y  multa   por   valor   de   DOS   MIL   SETECIENTOS   SETENTA  Y  SIETE  SALARIOS  MINIMOS   LEGALES  MENSUALES  (  2.777.);  así  como  a  la  accesoria       de      inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   por  el  lapso  de  veinte  (20) años.  Adicionalmente    los    condenó   al   pago   de  veinti  cinco  millones  de  pesos  por los daños y  perjuicios ocasionados con el punible.   

En     virtud    del    recurso    de  apelación       interpuesto       por      los  condenados,     el   Tribunal   Superior   de  Bogotá,  confirmó  la  decisión    en    su    integridad    a   través  de   sentencia de 7 de mayo de 2008.   

Los  condenados  MAURICIO       ROMERO       HERNÁNDEZ  y  HENRY  ALIRIO  QUINTERO PINZÓN,  presentaron  acción  de  tutela  en  contra  de los jueces de primera y segunda  instancia  ya  señalados anteriormente, argumentando que no se había tenido en  cuenta  para  efectos  de  la valoración probatoria ,  el documento que en  esta  oportunidad aduce la defensa para fundamentar la acción de revisión, sin  embargo,  mediante  decisión  de  fecha  24  de  julio  de  2007  con  ponencia  del   Magistrado  JAVIER  ZAPATA  ORTÍZ,  la  Sala Penal de la Corte , niega por improcedente la acción  de tutela impetrada.   

Los    defensores    de    ALBERTO     GÓMEZ     GUZMÁN     Y    MARTHA    SUÁREZ   LIZCANO  impugnaron  de  manera  extraordinaria  el  fallo  de  segundo grado con la presentación de los libelos  demandatorios, y la Corte Suprema  de  Justicia mediante auto  de 17 de septiembre    de    2008   no   los  admitió, sin embargo, dispuso casar  oficiosa   y  parcialmente  la  sentencia  en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  pena  accesoria  impuesta a ALBERTO GÓMEZ GUZMÁN y  MARTHA  SUÁREZ  LIZCANO, así como a los procesados  no  recurrentes  Mauricio  Romero Hernández y Henry Alirio Quintero Pinzón, al  fijarla en 10 años.   

Ante      la     manifestación  de  impedimento       de      los   integrantes   de   la     Sala     de     Casación,  se integró la presente Sala  de    Conjueces   que   procede   a   estudiar   la  demanda   de  revisión.   

LA DEMANDA  

El  apoderado  especial  de  MAURICIO ROMERO  HERNÁNDEZ  presenta  demanda  invocando la causal contemplada en el numeral 3º  del  artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004   al considerar que existen  circunstancias  o pruebas nuevas desconocidas en las instancias que conducirían  a acreditar la inocencia de su asistido.   

Señala   el  accionante  que  “”.  Debo  precisar,  Honorables  Magistrados  ,  que  a instancia de la defensa el Juzgado  Sexto   Penal   del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  había  ordenado  la  comparecencia  de ÀLVARO FONSECA a la audiencia pública para que en dicho acto  ampliara   su  denuncia  y  reconociera  si  entre  los  acusados  presentes  se  encontraban,  o  no,  los  sujetos  que  vestidos  de  agentes de la policía lo  habían  secuestrado  en  las  horas  de la tarde del 10 de octubre de 2000. Tal  comparecencia  no  se produjo, ignoro si como consecuencia de negligencia en los  actos  de  citación  o  por imposibilidad del Testigo. Lo cierto es que FONSECA  solo  apareció  después  de terminada la vista pública, cuando el Señor Juez  ya  había  proferido  la  sentencia  condenatoria,  y  ante  tal  circunstancia  consignó  por escrito y ante notario su decepción por el contenido del fallo y  la   clamorosa   afirmación   de   la  inocencia  de  los  tenientes  ROMERO  Y  QUINTERO.   Pero  ese  documento  ,  dada  su  extemporaneidad, no pudo ser  considerado  ni  valorado  por  ninguno  de  los  funcionarios  judiciales,  con  competencia   para   decidir   sobre   la   vida   y   el  destino  de  MAURICIO  ROMERO”.   

Agrega  que el documento suscrito por Fonseca  constituye  prueba  nueva, sobreviniente, no conocida ni al momento de calificar  el  mérito  sumarial  ni  durante  el  período probatorio del juicio ni en los  debates    de    la   vista   pública.    Acerca  del  alcance  de  dicho documento se limitó a  sostener   que   en   el   mismo   ALVARO   FONSECA   BENÍTEZ:  “expresó  su  decepción  con  el  fallo  de la justicia  por  cuanto  se  incurrió  en grave error que permitirá a los auténticos coautores  del  delito  permanecer  en  la  impunidad” agregando  que  “entre los autores de su secuestro no estaban  MAURICIO   ROMERO   ni  HENRY  ALIRIO  QUINTERO”,  y  puntualizando,  finalmente,  que “ los actores  del  crimen no eran oficiales sino agentes con características morfológicas ya  vertidas   en  el  proceso  y  definitivamente  distintas  de  aquellas  de  los  condenados”.     

Finalmente,   allegó   fotocopias  de  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia,  proferidas por el Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito  Especializado  de  esta Ciudad, y del Tribunal Superior de  Bogotá,  con  constancia  de  ejecutoria  y  aporta  el  mandato judicial a él  conferido.   

CONSIDERACIONES    DE    LA    SALA   DE  CONJUECES   

El  presente  asunto  se  rituó  bajo  los  parámetros  de  la  Ley  600  de  2000,  circunstancia  que impone acudir a tal  estatuto  en  materia  de  revisión, aunque es bueno precisar que el accionante  invocó  se   se  acudiera  a  la ley 906 de 2004, pero como para este caso  específico  no existe ninguna diferencia en la fundamentación por ser la misma  causal, se asume su conocimiento.   

En ese orden, la Corte Suprema de Justicia es  competente  para  conocer  de la acción propuesta, como quiera que el numeral 2  del  artículo  75  de  la  citada  normativa  la  habilita  para ello por estar  dirigida  la  acción  contra  una sentencia dictada en segunda instancia por un  Tribunal Superior la cual hizo tránsito a cosa juzgada.   

La  acción  de  revisión  está  prevista  legalmente  como  mecanismo  a  través  del  cual  se busca la remoción de una  providencia  que,  pese  a  tener  ejecutoria  material,  de  ella  se  advierte  razonablemente  un  contenido  de injusticia porque la verdad procesal declarada  es   bien   diversa   a   la   verdad   histórica   del   acontecer  objeto  de  juzgamiento.   

Es   por  lo  tanto  una  excepción  a  la  inmutabilidad  que  informa  la  cosa  juzgada, que a la postre desvirtuaría la  inoponibilidad  de  una  decisión en firme, lo cual encuentra justificación en  el  interés  general  de  obtener  la  verdad  y  realizar la justicia en claro  cumplimiento  de los fines esenciales del Estado contemplado en el artículo 2º  de  la  Constitución  Política de garantizar la efectividad de los principios,  derechos  y  deberes consagrados en ese texto superior y asegurar la vigencia de  un orden justo.   

Pese  a  lo  expuesto,  en  manera  alguna la  revisión  se  constituye  en  un  recurso,  ni puede asimilarse a una instancia  adicional  para  intentar  reabrir  el  debate  probatorio,  por  ello, tiene la  calidad  de  acción  independiente del proceso en la que su demostración sólo  es  posible  dentro del marco que delimitan las causales señaladas expresamente  en la ley.   

En  las  voces del inciso final del artículo  222  de  la  Ley  600  de  2004, el accionante, además de anexar con su demanda  copia  de  las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancia,  debe aportar la  respectiva  constancia  acerca de la ejecutoria de la providencia cuya revisión  anhela,  situación  que  no  se  exige por meros aspectos formales, sino por la  necesidad  de  delimitar  la  procedencia  de  la acción, aspecto que cumple el  demandante.   

Ahora,  cuando  la  causal  invocada  es  la  contenida  en  el  numeral  3º  del  artículo  220  del   ordenamiento   en  comento,  esto  es,  por  la  aparición  de  hechos nuevos o el surgimiento de nacientes pruebas desconocidas  en  las  instancias,  además  de  cumplir el accionante con la carga de aportar  esos  novedosos elementos de juicio, ha de acreditar la incidencia de los mismos  en   la   decisión   a   fin   de   advertir  su  idoneidad  para  derruirla  o  modificarla.   

Para  el  fin  anterior,  se ha entendido por  prueba    nueva   todo  instrumento   probatorio   que   por   alguna   razón   no   se  incorporó  al  diligenciamiento,     en     tanto    que    hecho  nuevo  es cualquier situación fáctica no conocida en  las  instancias o alguna variante sustancial de un aspecto fáctico ya conocido,  obviamente   con   la   virtualidad   de  derruir  la  verdad  declarada  en  el  fallo.   

La  única   prueba anexada en este caso  por  el  libelista,  que  según  indica  fue incorporada al proceso, durante el  trámite  de  las notificaciones de la sentencia de primera instancia, apunta en  primer  lugar  a  acreditar que durante el juicio  adelantado no se tuvo en  cuenta  que  entre  los  secuestradores de ÁLVARO FONSECA, según su dicho y el  documento  que  allegó,   no  se  encontraban  oficiales  de policía sino  agentes  de  esa institución, cuyas características indicó como sujetos entre  35  y  40  años  el uno, trigueño el otro, de estatura aproximada entre 1.70 y  175  mts,  agregando que sus secuestradores no son HENRY ALIRIO QUINTERO PINZÓN  Y MAURICIO ROMERO.   

De tiempo atrás la Corte ha insistido en que  no  es  dable impartir curso a la acción de revisión por el simple hecho de la  aparición  de  un  documento, sin la eficacia probatoria que logre derrumbar la  decisión  que  se  cuestiona  por esta acción, ya que el fallo se encuentra en  posición  privilegiada  ante la doble presunción de acierto y legalidad que lo  ampara.   

En  ese  orden  de  ideas,  lo  importante  a  señalar  consiste  en  verificar  si la prueba nueva tiene desde el comienzo la  aptitud  idónea  y necesaria para derrumbar la declaración de verdad contenida  en  los fallos de primera y segunda instancia, pues debe recordarse que la misma  debe  ser  de  tal  entidad  y  naturaleza  que  lleve  a  esta Sala ab initio a  otorgarle   tal  grado  de  credibilidad   que  permita  arribar  a la  conclusión  de  que  se  cometió  una  injusticia,  situación que no se puede  predicar  del  documento  y  la  manifestación  allí contenida por parte de la  víctima Señor ÁLVARO FONSECA BENÍTEZ.   

Luego  de  lo  anterior  emerge  con realidad  incontrastable  que   la aducción del medio probatorio seleccionado por la  defensa  para  la  acción de revisión, no tiene la potencialidad de establecer  la  inocencia  de  su  prohijado,  pues  se  repite,  no  tiene  tal  valor  que   

logre  modificar sustancialmente el juicio de  responsabilidad     positivo     que    se    concretó    en    la    sentencia  condenatoria.   

A  la  anterior  conclusión  se arriba si se  tiene    en    cuenta    que    el    mecanismo   probatorio   ex   –        novo       –   prueba   documental  –    no    tiene   la   contundencia  demostrativa  que pretende la defensa, pues si bien es cierto que se consigna en  la  misma  la  inocencia de MAURICIO ROMERO HERNÁNDEZ, no es posible que por el  hecho  de tal afirmación, se de el trámite de la acción de revisión, pues ha  sostenido  la Corporación:  “como presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio de la revisión,  cuando de la  causal  tercera  se trata, establece la ley la obligación para el accionante de  relacionar   las  pruebas que se aportan para demostrar los hechos básicos  de  la  petición,  esto  es allegarlas con la demanda y acreditar al tiempo que  tienen  la  virtualidad de modificar el sentido del fallo, es decir, que reúnen  los  dos  extremos  mencionados en precedencia: novedad y trascendencia, pues de  no  cumplir  esta  carga,  ha  de  entenderse  que lo pretendido es prolongar el  debate  de modo inútil e impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con  la  ejecutoria  de  la  decisión  cuya  revisión  se demanda, imponiéndose en  consecuencia,  la  inadmisión  del  libelo”.  Ver al  respecto  auto  de  fecha  25/10/2004,  radicado 20605. M.P. JORGE LUIS QUINTERO  MILANÉS.   

Luego  de lo anterior se concluye que si bien  es  cierto  el accionante se ocupa de allegar el documento que alude como prueba  nueva,  incumple  de  manera  evidente con demostrar la trascendencia del mismo,  pues   no   se   trata   de   relevar  tal  carga  con  afirmaciones  tales  del  accionante   como  “  se  impidió primero al  señor  juez  y  luego  a  los  honorables magistrados cualquier referencia a la  misma,   mucho  menos  intentar su análisis y valoración”, pues  de  un  lado,  nada  indica  en  torno  a  cómo tal documento  derrumbaría  la  declaración de verdad contenida en el fallo condenatorio y de  otra  parte, se hecha de menos el contraste probatorio que debía realizar entre  el  documento  ex  novo  y  las  demás  pruebas  que  sirvieron de soporte para  edificar  la sentencia condenatoria y que eventualmente permitiría llegar a una  conclusión   diferente   a   la   sostenida   por  los  falladores.     

El  contenido  material  de  la  pruebas  que  resalta  el  accionante  no permite evidenciar su suficiencia para derruir en la  forma  prevista  en  la  causal  invocada  el soporte probatorio que sustenta la  atribución  de  responsabilidad  que  se  considera  injusta,  por cuanto en el  fallo,  además  de que se tuvieron en cuenta otros elementos de juicio como son  :  la  declaración  en  juicio  de  LOAIZA VARON  en donde reitera que “  las personas partícipes del plan son ALBERTO GÓMEZ  ,  USBEY,  DIEGO MONTES, QUINTERO, ROMERO   Y   ÉL.”,  (  negrilla  fuera  de  texto),   y  específicamente  acerca  de  la participación del accionante  señaló:  “MAURICIO  ROMERO  se  contactó  en la  Estación  de San Fernando  cuando se hizo entrega del secuestrado y ROMERO  la  persona  que  sacó  del  calabozo  a FONSECA…”   

Más dicientes los mensajes comprometedores a  los  que  se  tuvo  acceso  producto de las interceptaciones, en las que ante la  evidencia  del  plan  fallido,  se  intercambian  múltiples  comunicaciones con  LOAIZA  VARÓN, entre ellas, una de fecha 12 de octubre de 2002, que resalta los  problemas  que  ya se generaban ante la denuncia presentada por la víctima y el  plan  de  las  autoridades,  que dice: “ TENIENTE ROMERO FAVOR COMUNICARSE CON  WILLIAM  AL CELULAR 2914161” “ MAURICIO FAVOR COMUNICARSE CON HENRY QUINTERO  AL  7132072”  ,  “  EL  DIA  ,  12 de octubre de 2000 “  ROMERO   POR  FAVOR  COMUNIQUESE  CON  WILLIAM,  SE  PRESENTÓ  UN  PROBLEMA GRAVE”.   

Adicionalmente  se  señaló  por  la primera  instancia  :  “  con  respecto  a  MAURICIO ROMERO  HERNÁNDEZ,  según  LOAIZA   fue  la  persona  que recibió al secuestrado  FONSECA  dejándolo  en  los  calabozos  de  la  Estación San Fernando y aunque  Romero  no  asistió  a  una  reunión  previa  al  secuestro  de FONSECA , tuvo  conocimiento  de  la  misma,  se  tiene  flujo  de comunicaciones entre LOAIZA Y  ROMERO…  “  Ver  sentencia  de  primera  instancia  folios 22 , 24 y 25  respectivamente.   

Sumado  a  lo  anterior, cítese la ponderada  valoración    probatoria    que    efectuó    la    segunda    instancia,   al  sostener:   

“  Siguiendo el  hilo  de  lo  reconstruido,  pero  en  lo  atinente  con la de definición de la  participación  objetiva  y subjetiva del teniente Romero Hernández, ella surge  en  principio  del  testimonio  de Loaiza Varón, quien cuenta no solo sobre las  conversaciones  que  días  anteriores habían sostenido con los demás miembros  de  la  organización  para ejecutar el secuestro, sino que manifiesta que fue a  éste  policial  a  quien  en  las  horas  de la tarde del 10 de octubre , en la  Estación  de  Policía  de  San  Fernando,  el  agente Quintero Pinzón le hizo  entrega  del secuestrado, instalaciones donde perduró hasta altas horas y hasta  antes  de  ser  reubicado  en el Hotel Lourdes. Situación que desde el punto de  vista   fáctico  fue  corroborado  con  el  testimonio  del  propio  capturado,  agregando  que el agente que allí lo recibió y el que aparecer (sic) tenía un  rango   superior,   fue   el   mismo   que  lo  devolvió  al  supuesto  fiscal.  ”..   

Los  anteriores  argumentos, analizados todos  bajo  las  reglas  de  la  sana  crítica,  como  en efecto aconteció por parte  de   los  juzgadores,   demuestran la solidez de la base probatoria en  relación  con  la atribución de responsabilidad respecto del delito por el que  resultare  condenado  y  en nada se observa la incidencia que depreca el actor a  la  prueba  que  ahora  aduce  como  nueva, pues valoradas todas en conjunto, no  tienen    la    entidad    suficiente   para   derrumbar   el   fallo   que   se  cuestiona.   

Bajo  esta  óptica, resulta nítido que las  pruebas  referidas  por  el  demandante  no  tienen la aptitud para rescindir la  atribución  de  responsabilidad contenida en la providencia condenatoria contra  la  cual  se  dirige esta acción, motivo por el cual deviene  improcedente  disponer la revisión solicitada.   

Como  la  pretensión  del libelista apunta a  contrastar   la   valoración   probatoria   realizada   por   los   juzgadores,  planteamiento   que   tendría  cabida  en  las  instancias  dado  el  ejercicio  dialéctico  que  las  caracteriza,  pero que deviene en impertinente en sede de  revisión,  se  deberá  no admitir la demanda de revisión presentada en nombre  del  sentenciado  ROMERO  HERNÁNDEZ,  de  conformidad  con lo preceptuado en el  artículo 223 de la ley 600 de 2004.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala    Penal    de    Conjueces    de   la   Corte   Suprema   de  Justicia.   

RESUELVE  

NO           ADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de MAURICIO   ROMERO   HERNÁNDEZ  de  conformidad  con las razones  consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión procede recurso de  reposición.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

WILLIAM MONROY VICTORIA  

Conjuez  

LUIS    BERNARDO   ALZATE   GOMEZ                         YESID REYES ALVARADO   

   Conjuez                                                              Conjuez   

JUAN              CARLOS              PRIAS  BERNAL            PATRICIA   CASTRO   DE  CÁRDENAS   

Conjuez-  Excusa  justificada                                               Conjuez   

GUILLERMO  ANGULO  GONZÁLEZ                                                         HUGO QUINTERO BERNATE   

   Conjuez                                                        Conjuez   

CARLOS     BERNARDO     MEDINA     TORRES       DIEGO E. CORREDOR BELTRAN   

                         Conjuez                                                                 Conjuez   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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