31006(29-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 31006  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  230                                                                                Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá,  D.  C., veintinueve de julio de dos  mil nueve.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Hernán  Manuel  Pertuz  García  contra la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Valledupar el 13 de mayo de 2008,  mediante  la  cual  condenó  al procesado a 40 meses de prisión como cómplice  del delito de concusión.   

Hechos.  

La  lotería  La  Vallenata  en  liquidación  adeudaba  a  la  señora  Diana  Judith Quessep Mattos  la        suma        de        $36’520.000,    del   valor   total   de  $109’000.000  que  debía  cancelarle  por  haber  resultado  ganadora  con  su  esposo  del  premio  mayor  correspondiente  al sorteo realizado el 15 de mayo de 2002. El 9 de diciembre de  2004,   Hernán   Manuel  Pertuz  García,  Contador  Jurídico  de  la  Lotería en liquidación, llamó por  teléfono  a Diana Judith a su  residencia  en  Barranquilla  para  que se presentara en Valledupar a recibir el  pago    de    lo   adeudado.   El   día   siguiente   (viernes),   Diana  Judith  acudió  a  la  cita  y  se  entrevistó     con     Hernán    Manuel    Pertuz  García,   quien  la  condujo  hasta  la  oficina  de  Alberto    Fredy    González    Zuleta,  Presidente  del  Comité Liquidador de la Lotería, con el fin de  presentárselo,  advirtiéndole,  previamente, que para la realización del pago  le  iban a exigir un porcentaje de entre el 20 y 25 por ciento, pero que pidiera  rebaja  argumentando  que  tenía  deudas, al tiempo que le insistía que debía  ofrecer una suma para que le entregaran el premio.   

En   la   entrevista   con   Alberto  Fredy González Zuleta, la señora  Quessep  Mattos  le  hizo un  ofrecimiento  del  5%,  pero el funcionario le dijo que hablara con Carlos  Alberto  Ariza  Romero,  Gerente  de la Empresa Administradora de  Juegos  de  Suerte y Azar del Cesar, “que él era el que cuadraba todo el plan  y  el  porcentaje  para  pagar  el  premio”,  y  que  regresara  a contarle lo  sucedido.  De  nuevo  Hernán  Manuel  Pertuz  García  intervino  para  ponerla  en contacto con Carlos  Alberto  Ariza  Romero, con quien,  después   de   debatir   el   valor   del  porcentaje,  acordaron  la  suma  de  $6’000.000.   De   este  arreglo  fueron  enterados  el Presidente y el Contador Jurídico de la entidad.  En  lunes  siguiente,  cuando Ariza Romero recibía   la   suma   acordada,   fue   detenido  por  Agentes  del  Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La fiscalía vinculó al proceso mediante  indagatoria  a  Carlos Alberto Ariza Romero,      Hernán      Manuel      Pertuz  García   y  Alberto  Fredy  González  Zuleta.  El primero se acogió al instituto  de  la  sentencia anticipada provocando el rompimiento de la unidad procesal. El  2  de  mayo  de  2005,  el  ente  acusador  formuló cargos contra los otros dos  procesados  por  el  delito de concusión. Apelado   este   pronunciamiento  por  la  defensa  de  Alberto   Fredy   González   Zuleta,  el  superior  funcional,  en decisión de 14 de julio siguiente, decretó la nulidad  parcial  de  la  actuación  a partir de la clausura del ciclo investigativo, en  relación       con       este       procesado.1   

2. Rituado el juicio, el Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  Valledupar,  mediante  sentencia  de  13  de  agosto de 2007,  condenó  a  Hernán Manuel Pertuz García a  la  pena principal de 72 meses de prisión y multa de 50 salarios  mínimos  legales mensuales, y la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo término de la pena privativa de  la    libertad,    como   autor   responsable   del   delito   de   concusión.  El  tribunal superior revisó  esta  decisión  por  vía  de  apelación y la confirmó el 13 de mayo de 2008,  modificándola  en  el  sentido  de  condenar  al  procesado  en  condición  de  cómplice,  y  de fijar la pena privativa de la libertad en 40 meses de prisión  y   la   multa   en   30   salarios   mínimos   legales  mensuales.2  La  defensa  recurre en casación.   

La         demanda.   

Presenta  dos  cargos  contra  la  sentencia  impugnada.  Uno  principal  por  nulidad,  al amparo de la causal prevista en el  numeral  tercero  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, y otro subsidiario,  por  violación  indirecta de la ley sustancial, dentro del ámbito de la causal  primera cuerpo segundo ejusdem.   

Nulidad.  

Afirma  que la sentencia del tribunal es nula  por  violación  de  los  artículos  13,  170  y 306 de la Ley 600 de 2000, que  imponen  al  funcionario  el  deber  de  motivar  sus  decisiones cuando afectan  derechos  fundamentales  de  los  sujetos  procesales  y  que ilustran sobre las  directrices que deben seguirse en la redacción de una sentencia.   

Sostiene, después de transcribir doctrina de  la  Corte  sobre  la  temática  que  plantea, que el tribunal, aunque resolvió  aminorarle   al  procesado  el  grado  de  responsabilidad  al  condenarlo  como  cómplice,  lo  hizo  de  manera  superficial,  no  motivada,  cuando  ha debido  absolverlo,  pues  en  escasos  renglones  resolvió  el  punto,  estimulando el  recuerdo   de   “los  actos  de  magia,  donde  el  hábil  presentador,  saca  providencialmente    del    cubilete   un   objeto,   para   sorpresa   de   los  espectadores”.    

Sorprende  la  forma como se produce el salto  del  tribunal,  que aunque es benéfico para el procesado, no significa que deba  aceptarse   guardando    silencio,    porque   además   de   ser   la  fundamentación  escasa,  es  falso  que  como  defensor  haya  aceptado  en sus  alegatos  en  la  audiencia  de  juzgamiento  o  en los de la apelación, que el  procesado  sea  cómplice.  “Lo que siempre sostuve y sigo sosteniendo era que  no tenía el dominio del hecho”.   

Argumenta que la única prueba que informa de  los  hechos  que  sustentan  la  sentencia  es la versión dada por Diana  Judith Quessep Mattos en su denuncia  y  en  su  ratificación,  cuyo contenido transcribe. Si el tribunal, pretendía  cambiar  “el  calificatorio de la responsabilidad de autor a cómplice, debió  realizar   una   argumentación  jurídica,  y  no  ampararse en un argumento lacónico y tan breve, que da la  impresión  que  es  más una decisión amparada en criterio de autoridad que en  criterio jurídico”.   

Al  referirse  a  la  incidencia  del  error,  asegura  que si el tribunal hubiese cumplido su misión de fundamentar en debida  forma  la  decisión, haciendo la argumentación jurídica que la ley le impone,  habría  llegado  a  la única conclusión posible: Que no existían fundamentos  para condenar al procesado y que debía absolvérsele.   

El  juzgador,  en  sus decisiones, debe decir  “con  expresa  claridad  y  fundamentación  por  qué  es autor o por qué es  cómplice  o  por qué es interviniente, planteándolo y desarrollándolo a  la  luz del acervo probatorio”, pues un hombre no puede ser condenado en forma  fútil  o  ligera,  máxime en el presente caso, donde el tribunal concluyó que  el   procesado  no  podía  ser  autor,  sino  cómplice,  sin  decir  en  forma  pormenorizada     por    qué    era    cómplice.       

Remata  diciendo que el tribunal, si bien fue  benéfico,  “debió ser explícito, más serio, más contundente y generoso en  la  motivación,  por  cuanto  se  esperaba  una  absolución, y debido al error  demostrado,  podemos  afirmar  que el daño producido, no sólo afecta el debido  proceso  sino el derecho de defensa tal como lo señala nuestro máximo tribunal  de justicia”.   

Violación     indirecta.    

   

Afirma  que  la  sentencia  viola  en  forma  indirecta  la  ley  sustancial  debido  a  un error de hecho por falso juicio de  identidad  en  la  apreciación de las pruebas, concretamente de la declaración  suministrada  por  la  señora  Diana  Judith  Quessep  Mattos,    que   determinó  que  los  juzgadores  aplicaran  indebidamente  el  artículo   30   de   la   Ley   599  de  2000  y  dejaran  de  aplicar  el  7°  ejusdem.   

Explica que en este error se incurrió porque  si  se colocan en una balanza los dichos de la denunciante y los que ofreció el  procesado  en  sus  intervenciones,  “se  puede  colegir que le dio un alcance  equivocado  a dicha denuncia y declaración, que de no haberse hecho, no hubiera  impartido en su contra un fallo de condena”.   

Al  fundamentarlo, transcribe lo dicho por la  afectada  tanto  en  su  denuncia  como en su ratificación y lo afirmado por el  procesado   en   indagatoria.  E  insiste,  después  de  reflexionar  sobre  la  estructura  del  error de identidad con apoyo en citas jurisprudenciales, que en  el  caso  analizado dicho error se presentó “por cuanto el Honorable Tribunal  al  apreciar  lo  existente contra HERNAN PERTUZ, distorsionó sus alcances y le  suministró  a dicha prueba, un contenido diferente al que en realidad contiene,  haciéndole decir a la prueba algo que no dice”.   

Prueba  de esta distorsión son los párrafos  donde  el  tribunal  concluye que quienes tenían el dominio del hecho delictivo  eran  los  señores  Alberto  Fredy  González  Zuleta  y   Carlos  Alberto  Ariza  Romero,    y    que    el   procesado   Hernán  Manuel Pertuz García era socio de  la  empresa  criminal,  en  condición  de  contribuidor o cómplice, cuyo texto  igualmente reproduce.    

Lo  que el procesado habría dicho, según la  versión  de la denunciante, es que sabía que sus superiores estaban cometiendo  irregularidades  al momento de ordenar el pago de las deudas a los acreedores, y  que  así  se  lo  manifestó.  Pero haberla prevenido de cómo estaban actuando  ellos   no   significa   haberla   “aconsejado”   ni   mucho  menos  haberla  “inducido”, ni tampoco que sea parte de la sociedad criminal.   

Al hacer estas afirmaciones, el tribunal está  coligiendo  de  dicha  expresión  una  consecuencia que no está en ella, está  alterando  el  contenido  literal  que  la  prueba  contiene,  pues  de allí se  desprende   que  el  procesado  era  conocedor  de  que  se  estaban  cometiendo  irregularidades  por  parte  de  Carlos  Alberto Ariza  Romero   y  Alberto  Fredy  González   Zuleta,   pero   el  conocimiento  de  la  existencia de un delito no significa estar al interior de éste.   

A  lo  sumo,  el  procesado  podría  estar  omitiendo  una denuncia criminal, silencio que guardaba para preservar el cargo.  No  puede  olvidarse que cuando sucedieron los hechos tenía apenas dos meses en  el  cargo,  circunstancia que hace que el análisis del tribunal resulte errado,  “por  cuanto  no se puede desprender una hermandad delictiva entre extraños y  recién  conocidos  como era Alberto Fredy González y Carlos Ariza en relación  con  Pertuz,  ya  que  aquellos,  eran  y  son,  reconocidos abogados de nuestro  departamento y HERNAN PERTUZ era un aparecido…”   

Agrega  que  el  procesado,  en  su injurada,  jamás  admitió haberle hecho al denunciante las manifestaciones de que ella lo  acusa  y  que  en resumidas cuentas determinaron su condena. Pero si se aceptara  en  gracia  de discusión que el procesado las hizo, “ello no tiene el alcance  y  la  entidad  que  le  da  el  Honorable  Tribunal,  de desprender de allí la  responsabilidad  penal,  porque  a  lo mucho lo que de ello se desprende, es que  HERNAN  PERTUZ  era conocedor de la comisión de delitos por otro y no un actuar  delincuencial propio”.   

Es tan claro el error denunciado, que la misma  denunciante  afirmó  que  al  preguntarle  a  Hernán  Manuel  Pertuz  García  que  si  él  participaba del  dinero  que  le  iba  a entregar a Carlos Alberto Ariza  Romero   y Alberto Fredy  González,  le contestó que no, “que si de mí nace  entregarle  algo lo deja a mi opción porque inmediatamente yo entregue los seis  millones   al   señor   CARLOS   ARIZA   él  no  va  a  ver  un  peso  de  ese  dinero”.   

Al  referirse  a  la  incidencia  del  yerro,  manifiesta  que  si  el  tribunal  no  hubiera  distorsionado el contenido de la  denuncia  y su ratificación, no habría condenado al procesado, porque éste en  ningún  momento  estuvo  contribuyendo,  “ni tampoco iba a obtener dividendos  del dinero que ARIZA y GONZALEZ le requirieron a DIANA QUESSEP”.   

SE        CONSIDERA:   

La  Corte inadmitirá la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  Hernán  Manuel  Pertuz  García  por  no reunir las exigencias  mínimas  de  claridad,  concreción  y  debida  fundamentación exigidas por el  artículo  212.3  de la Ley 600 de 2000 y la lógica del recurso para su estudio  de fondo.   

El escrito, como se dejó visto, contiene dos  cargos   contra  la  sentencia  impugnada.  Uno  por  nulidad  por  defectos  de  motivación  de la sentencia  de segunda instancia del Tribunal Superior de  Valledupar,  y  otro,  en  el carácter de subsidiario, por errores de hecho por  falsos juicios de identidad en la apreciación de las pruebas.   

Cuando se selecciona como motivo de casación  la  causal  tercera,  por defectos de motivación de la decisión de mérito, es  indispensable,  para  la  adecuada formulación de la censura, que el demandante  indique  en  forma  clara el defecto de motivación que la afecta y demuestre la  existencia            del           vicio.3   

Esta acreditación no se satisface asegurando  simple  y  llanamente  que  la  decisión  carece  de  motivación, o que la que  contiene  es  precaria  o contradictoria. Es necesario señalar qué aspectos de  orden  probatorio  o  jurídico  no fueron analizados, siendo necesarios para la  adecuada   comprensión   de  la  decisión,  o  por  qué  las  argumentaciones  probatorias  o  las  posturas jurídicas que contiene son contradictorias.    

La  demanda,  en  el caso estudiado, no colma  estas  expectativas  de  demostración  mínimas.  El casacionista no indica, en  concreto,  qué  defecto  de  motivación  denuncia. Y aunque del desarrollo del  cargo  podría inferirse que plantea una motivación deficiente, nada dice sobre  los  aspectos  que  se  dejaron de analizar o examinar en el fallo, siendo   indispensables     para     la     cabal     comprensión     de     la    ratio  decidendi.          

Sus argumentaciones, en este punto, se reducen  a  afirmaciones  genéricas  en el sentido de que la motivación es superficial,  que  es  escasa,  que es lacónica, que omite una fundamentación jurídica, que  se  ampara  en criterios de autoridad, que es producto de un acto de magia y que  lo  correcto  era absolver al procesado, afirmaciones todas de las que lo único  que  surge  claro es que la inconformidad del casacionista deriva del sentido de  la decisión.   

Es  más.  La  fundamentación  que  el cargo  contiene,   consistente   en   que   el  Tribunal  desconoció  las  directrices  establecidas  por  el  artículo 170 de la Ley 600 de 2000 para la redacción de  las  sentencias,  es  equivocado,  porque  la  motivación  del fallo de segunda  instancia  no está determinada por las pautas de la referida disposición, sino  por  el  contenido de la apelación, que como se sabe, constituyen su fundamento  y límite.   

El  vicio,  en  estos  casos,  se  demuestra  acreditando   que   el   tribunal  ignoró  referirse  a  las  pretensiones  del  impugnante,  o que al hacerlo omitió exponer las razones de su decisión, o que  lo  hizo  en  forma  deficiente  o  contradictoria,  y  que el defecto es de tal  entidad,  que resulta racionalmente imposible desentrañar los fundamentos de la  decisión,  labor  demostrativa  que  el  casacionista,  como  ya  se  dijo,  no  cumple.    

Un  argumento  adicional.  En  el  escrito de  impugnación   la   defensa   hizo  dos  planteamientos  básicos,  (i)  que  la  preclusión  de  la investigación dictada en favor del coprocesado Alberto  Fredy Gonzalez Zuleta por parte de  la  fiscalía  dejaba  sin  piso  la  versión de la denunciante y la acusación  contra   Hernán  Manuel  Pertuz  García,   y   (ii)   que   dentro   de   las   funciones  de  Hernán   Manuel   Pertuz  García  no  se  encontraba  la  de  autorizar y ordenar pagos y por tanto que no podía tener la  condición  de  autor del delito por ausencia del metus  publicae potestatis.      

Ambos  cuestionamientos  fueron  objeto  de  respuesta  por  parte  del  tribunal,  no en la forma amplia como seguramente lo  esperaba  el   casacionista, pero tampoco en los términos de precariedad y  cortedad  que   impidan  conocer  su  razón  de  ser.  Basta  una  lectura  desprevenida  de  la  decisión  para comprender que la negativa a acceder a las  pretensiones  del  impugnante  se  apoyó,  de una parte, en el argumento que la  decisión  de  la  fiscalía  no  era  vinculante,  y de otra, en que si bien es  cierto  el  procesado  no  tenía  el dominio del hecho, había colaborado en su  ejecución.      

El  segundo  cargo  de  la demanda plantea un  error  de  identidad,  por distorsión del contenido material de la declaración  de   Diana   Judith   Quessep   Mattos.  En  su  desarrollo  se  hace  un  cuestionamiento  abierto al juicio  afirmativo   de   tipicidad  realizado  por  los  juzgadores,  a  partir  de  la  consideración  personal  de  que el procesado no participaba de la realización  de  la  conducta  delictiva  cuando  le hizo la advertencia a la víctima de los  pagos  que  debía  hacer,  sino  de  un  gesto  de  buena  voluntad orientado a  prevenirla de las exigencias que le harían sus superiores.   

Este  alegato  ninguna correspondencia guarda  con  el error de hecho por falso juicio de identidad que se propone, pues éste,  como  ya  lo ha dicho la sala en múltiples oportunidades, se presenta cuando el  juzgador  le atribuye a la prueba expresiones fácticas que no contiene, y en el  presente  caso,  el  demandante,  en  modo  alguno acredita que el tribunal haya  variado  el  contenido  de  la  declaración  de  Diana  Judith  Quessep  Mattos  para ponerla a decir lo que no  afirma.    

Sus   argumentaciones   se   encaminan   a  controvertir  las  elaboraciones  inferenciales  que llevaron a los juzgadores a  sostener  que  el  procesado  hacía  parte  del  contubernio  delincuencial que  operaba  alrededor  de  los pagos que debían hacerse por los funcionarios de la  lotería,  por  considerar  que  de  ellos no se deduce lo que dedujeron, ataque  que,  de  llegar  a  tener  fundamento, podría llegar a estructurar un error de  raciocinio, que el actor no invoca ni demuestra.      

Una  cosa  es que la prueba no conduzca a las  conclusiones  a  las  cuales  llegaron los juzgadores, y otra muy distinta,  que  no  diga lo que los juzgadores dicen que afirma. Mientras en el primer caso  el  error  es  de  razonamiento,  por presentarse en una operación de carácter  intelectual,  y  ser  por  ende  de  naturaleza  valorativa,  en  el  segundo es  rigurosamente  objetivo,  pues  se presenta, no en el análisis valorativo de la  prueba,  sino  en  su  lectura,  en  la  aprehensión  de su contenido material.   

Visto, entonces, que la demanda presentada por  el  defensor  del  procesado no cumple las exigencias mínimas de orden formal y  sustancial  requeridas  para  su  estudio  de  fondo,  se  la  inadmitirá  y se  ordenará  devolver  el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no advirtiéndose  violaciones  a  las  garantías  fundamentales que la Corte esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por    el   defensor   de   Hernán   Manuel   Pertuz  García.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.    

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   

                      

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ DE LEMOS            

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                             

                                       

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios  91-95,  116-121,  129-139 del cuaderno original 1 y 131-134, 185-195 del  cuaderno 3.   

2  Folios  209-233  del  cuaderno  original  4  y  42-51 del cuaderno del tribunal.   

3 Los  defectos  de  motivación  que  afectan  la  validez  de  la sentencia como acto  procesal  son  tres:  falta de motivación, motivación deficiente y motivación  anfibológica.       

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