32138(31-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 32138  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 233  

Archipiélago  de  San Andrés, Providencia y  Santa   Catalina,   treinta   y   uno   (31)   de   julio   de   dos  mil  nueve  (2009).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada por el  defensor      de      VICENTE     WILSON     RIVERA  GONZÁLEZ,       contra      la      sentencia1          expedida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  –Sala de Justicia  y  Paz-, la cual confirmó      el     fallo    adoptado    por    el   Juzgado  8  Penal  del  Circuito  Especializado de la misma ciudad,  quien lo condenó,  a  la  pena  principal de 190 meses y 15  días  de  prisión,  como  autor  de  los punibles de  tráfico,      fabricación     o     porte     de  estupefacientes  y  concierto  para delinquir.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  resumidos  por  las  instancias de la  siguiente manera:   

“Mediante  notas  verbales de fechas 24 de  abril  y  29  de mayo de 2001, el gobierno de la República de Panamá solicitó  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  la  República  de  Colombia  la  captura   y  posterior  extradición  del  nacional  por nacimiento VICENTE  WILSON  RIVERA GONZÁLES (sic), a quien el Juzgado Sexto de Circuito de lo penal  del  primer Circuito Judicial de Panamá, en pronunciamiento de 13 de octubre de  1999,  le  había  abierto  causa  criminal  (esto  es,  lo llamó a juicio) por  considerarlo  presunto  miembro de una estructura organizada de poder dedicada a  actividades  relacionadas  con  el  negocio  ilícito del tráfico de sustancias  prohibidas.   

En concepto emitido el 13 de agosto de 2001,  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  colombiana estimó que el  gobierno   no  podía  extraditar  a  VICENTE  WILSON  RIVERA  GONZÁLES  (sic),  aduciendo  que, según el inciso 1° del artículo 5 del tratado de extradición  suscrito  entre  Panamá  y Colombia el 24 de diciembre de 1927 (aprobado por la  ley  57 de 1928 y ratificado el 24 de noviembre del mismo año), la extradición  no  procede  cuando  el  individuo  reclamado  es  nacional  nativo  del  Estado  requerido,  obligado  ‘a  juzgarlo  de  conformidad  con  sus  propias  leyes  y  mediante las pruebas que  suministre  el  Estado  requirente  y las demás que las competentes autoridades  del        Estado        requerido        estimen       convenientes’.     

Por lo anterior, la Fiscalía General de la  Nación,  Unidad  Nacional de Antinarcóticos e interdicción Marítima, dispuso  iniciar  investigación  en contra de VICENTE WILSON RIVERA GONZÁLES (sic), por  todos  los  hechos de los que se tuvieron noticia en el proceso penal adelantado  en  Panamá, de modo que anexó al expediente pruebas provenientes del mismo, al  igual  que  piezas  procesales  de actuaciones adelantadas contra esta persona o  sus  familiares  en  naciones  como  Ecuador, Brasil y Perú, e incluso de otras  investigaciones  llevadas  a cabo en nuestro país, en las cuales aparecía como  el  sujeto  que  encabezaba  una  estructura  organizada  de  poder  dedicada  a  actividades  ilícitas y que, en especial, se hallaba detrás del envío de 1473  kilogramos  de  cocaína  incautada  los  días 21 y 22 de marzo en Panamá y el  envío  de  368  kilogramos de cocaína incautada los días 14 y 20 de noviembre  de       1997       en       Ecuador,      respectivamente”.     

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 14 de abril de  2003,   La   Unidad  Nacional  Antinarcóticos  y  de  Interdicción  Marítima, Comisión de Fiscales Delegados de Bogotá,      dictó      resolución      de  acusación  contra  VICENTE  WILSON           RIVERA           GONZÁLEZ2,  por  los  delitos  de  concierto para delinquir y tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes, agravado.   

2. El 24 de junio de  2003,    la    Fiscalía   28   Delegada,  confirmó  la  imputación       elevada       contra      RIVERA  GONZÁLEZ,   al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto por su defensor de confianza.   

3. El 1 de septiembre  de   2006,   el   Juzgado   8   Penal  del  Circuito  Especializado      de     Bogotá,     condenó a RIVERA  GONZÁLEZ, a la pena principal de ciento noventa (190)  meses  y quince (15) días de prisión, multa de cuarenta mil (40.000) smlmv y a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas,     por     un     lapso    equivalente  a la  sanción  privativa  de la libertad, por hallarlo penalmente responsables de los  punible atrás identificados.   

4. El 14 de noviembre  de  2008,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá,  Sala  de  Justicia  y  Paz, confirmó   la   sentencia   condenatoria  recurrida   por   la   defensa   técnica   de  RIVERA  GONZÁLEZ;  mismo sujeto procesal quien inconforme con  el  referido  fallo  de  segunda  instancia, también lo impugnó y sustentó la  casación   mediante   la  presentación del respectivo libelo.   

D  E  M   A  N  D  A   

Bajo la égida de la Ley  600 de 2000, el actor atacó  el  fallo  de segundo nivel  por  tres  cargos:  los dos  últimos  (subsidiarios) elevados por nulidad y vía indirecta serán admitidos,  por  reunir  los  presupuestos  de ley para su estudio de fondo; sin embargo, el  principal,   se  rechazará  al  no  congregar  ni  el  más  mínimo  argumento  lógico-argumentativo   requerido   por   la   ley   y   desarrollado   por   la  jurisprudencia.   

Primer  cargo:    falta    de  competencia.   

Cuando  se  encontraba  en   trámite la  solicitud    de    extradición    del    ciudadano    colombiano   VICENTE   WILSON   RIVERA   GONZÁLEZ,  la  Fiscalía   General   de   la   Nación,  “abrió  formalmente  la  presente  investigación  el día 20 de  agosto  de  2002…  sin  estar  en firme los actos administrativos del Gobierno  colombiano  de  fechas  23 de agosto de 2002 y 25 de octubre siguiente por medio  de  los  cuales  negó  la  extradición y asumió competencia para adelantar el  juzgamiento  en  los  términos  del  artículo 5°, inciso 2°, de la Ley 57 de  1982 ”.    

La ejecutoria del último acto administrativo,  muestra  el “nacimiento de la competencia del Estado  Colombiano,  para  poder  juzgar  al  solicitado  en  extradición por el Estado  panameño,  antes no”. En esa fecha, la jurisdicción  extranjera,  había absuelto a  RIVERA,  por  los  delitos de concierto y narcotráfico; sólo lo condenó  por   lavado   de  activos.   

El yerro de procedimiento  se  hizo  latente  desde  el  inicio  la investigación por unos acontecimientos  juzgados   por   el   vecino   país   panameño  contra  su  prohijado,  cuando  “aún  no  había  nacido  para    el    Estado   colombiano   la   competencia   para   ejercer   el   ius  puniendi”. Desde luego, la  afirmación  precedente  tiene  como  fuente  la  Ley 57 de 1928, artículo 5°,  inciso  2°;  a  fin  de  evitar  la  impunidad y el doble juzgamiento, pues los  delitos  fueron  consumados  en  el  citado territorio extranjero, motivo por el  cual,  las  autoridades  judiciales  del  vecino país, adelantaron un verdadero  proceso  debido  en  donde se absolvió a su pupilo, precisamente, por los actos  ilícitos aquí sancionados.     

Es  claro  para el defensor, entonces, que el  inculpado      RIVERA,  “ya  había sido juzgado por el Juez competente del  Estado  requirente  que  lo juzgó por competencia territorial… y por lo tanto  no   había   lugar   a   un   nuevo   juzgamiento”.   

En  la  transcendencia  únicamente  indicó:  “es  manifiesta  porque  sin  él  no  se  hubiera  impulsado  el proceso en  Colombia y no se hubieran por tanto preferido las  sentencias  impugnadas”. Por ende, solicitó casar la  sentencia  recurrida,  declarando  la  nulidad de todo lo actuado a partir de la  resolución   de   apertura  de  investigación  “y  ordenar  el  archivo  definitivo  de  la actuación”.   

C O N S I D E  R A C  I O N E S    

La  Sala advierte que en atención a los tres  cargos   plasmados  en  la  demanda,  el  principal  se  rechazará  y  los  dos  subsidiarios serán admitidos:   

Son  complejos  los  yerros  del  libelista  revelados en la primera censura:   

1. Fue ignorado por  el    jurista:   el   principio   de   trascendencia,  puesto  que a través de él,  se   constata  la  importancia,  lesividad  y  gravedad del error denunciado. No es  factible,   por   ende,    repetir   o  transcribir  iguales  formulaciones  jurídicas  –como  en  el  caso  en examen- tanto en la motivación del cargo como en el apartado destinado  a  la  misma:  con el primero la nulidad se identifica, detecta y se acopla a lo  que  debió  ser  y  no  se  hizo;  bajo  el segundo rasero, el yerro alegado se  demuestra,  señalando  en  forma  concreta  el  efecto perjudicial y dañino de  éste  a  la  ley  sustancial.  Siendo  ello  así, el principio en comento, fue  relegado íntegramente por el libelista.   

2.     Tampoco  reflexionó  sobre  la  forma  lógico-jurídica de elevar el cargo por  incompetencia,  pues  como  lo viene sosteniendo la jurisprudencia su naturaleza  es    eminentemente    mixta,    motivo   por   el   cual,   debe   –como  es  apenas obvio- promoverse por  la  ruta  de  las  nulidades, siendo esa su esencia, no obstante, su prosperidad  está  condicionada  a sustentar la embestida a través de errores de juicio, no  de  actividad;  seleccionando  la  vía  directa  o  indirecta  que resulte más  propicia para apoyar su tesis.    

3. Ahora, sin que se  entienda  como  una  respuesta de fondo sino en virtud del ejercicio pedagógico  que  la  Sala  viene  realizando  como  una  más de sus funciones, en garantía  –además- de los derechos  constitucionales  fundamentales  de las partes; el defensor ignoró construir la  censura  como  lo  tiene  sentado  la  Corte  desde  tiempos remotos, pues en un  nuevo   dislate  redujo  su  inconformidad  a  un  simple  juicio  conjetural, a fin de aceptar sus teóricos  argumentos  en  remplazo  de  los  plasmados  por  las  instancias;  como cuando  sostuvo,  por  ejemplo,  que  “tanto la fecha de la  negación  de  la extradición para VICENTE… como la de ejecutoria del último  acto  administrativo  en  que  ella dispuso, son indicantes del nacimiento de la  competencia   del   Estado  Colombiano,  para  poder  juzgar  al  solicitado  en  extradición  por  el  Estado  Panameño,  antes no”;  pero  a  renglón seguido adujo que su prohijado “ya  había  sido  juzgado por el Juez competente del Estado requirente que lo juzgó  por   competencia   territorial…   cuando  el  Gobierno  de  Colombia  (Estado  requerido)  negó  su  extradición,  y  por lo tanto no había lugar a un nuevo  juzgamiento”.   

Conclusión a la que arribó sin mediar alguna  demostración  para  acreditar  su  premisa,  pues  por principio, parecería un  insalvable  contrasentido  iniciar  el  juicio  en  este  país  para  después,  ignorarlo   sin  ninguna  otra  consideración  adicional  que  la  palabra  del  defensor:  la  censura, por tanto, se quedó en el simple enunciado, obviando su  elemental  desarrollo.  En  sí: ¿por qué razón, motivo o circunstancia no lo  podía  juzgar  Colombia,  si  el  instrumento internacional así lo disponía?,  ¿cómo,   cuando,   dónde,  quién  lo  condenó?  Por  ende,  dejó  toda  la  argumentación  al  vacío,  sin  razonamientos,  pruebas  y  valoraciones, para  redimir   una   competencia  que  no  fue  ni  siquiera  motivo  de  reflexión.   

De  paso, invitó a la Corte para seleccionar  todo  el  material  probatorio  pertinente  entre  los  196 cuadernos, olvidando  sustentar lo solicitado en la foliatura existente.   

4. Además, ningún  esfuerzo  realizó  el  demandante  para  acreditar  de  manera puntual el vicio  alegado  e ignoró por completo la metodología requerida para elevar esta clase  de  censura.  Si,  el  desafuero  plasmado  tuvo su origen en la Ley 57, por él  citada,   lo   cual  es  errado,  pues  ella  se  conoce  como  el  Tratado   de   extradición   entre  los  Gobiernos  de  Colombia  y  Panamá,  firmado  en  el  último  país  el  24  de  diciembre  de 1927 y aprobado por la Ley 55  de  1928  (en octubre 9); entonces su razonamiento  quedó en  suspenso  por  cuanto  en  el  referido  artículo 5°, incisos 1° y 2°, de la  citada normatividad, se indica:   

“Tampoco habrá lugar a la extradición si  el  individuo  reclamado  es nacional nativo del Estado requerido… 2° Empero,  cuando  la  extradición  de  un  individuo  se niegue por esta causa, el Estado  requerido  queda  obligado  a  juzgarlo  de  conformidad con sus propias leyes y  mediante  las  pruebas  que suministre el Estado requirente y las demás que las  competentes    autoridades    del    Estado    requerido   estimen   conveniente  allegar”.          

Sin  lugar  a  dudas,  se allegó el material  probatorio  del  Estado  Panameño con destino al Colombiano para cumplir con el  cometido  disciplinado  en  el  Tratado  Internacional;  sin que tal proceder le  valiera  alguna reflexión al libelista, entre otros numerosos vacíos depuestos  al vaivén  jurídico.   

5. La Sala advierte y  lo  repite  ahora:  no  es un alegato deshilvanado y fuera de contexto jurídico  con  el  que  se  pretenda  derrumbar la legalidad de un proceso. Se requiere un  mínimo  esfuerzo  lógico  argumentativo a tono con la ley y la jurisprudencia,  por  medio  del  cual,  paso  a  paso  se  vaya destruyendo la valoración -o su  ausencia-  otorgada  por  los falladores a las pruebas, si se selecciona la vía  indirecta;  o  quizás  la  directa,  cuando  el  actor  demuestre  mediante una  temática  jurídica contundente los yerros en instancias al haber desbordado la  aplicación  o interpretación del derecho en relación con los hechos y pruebas  aceptados, entre múltiples alternativas de ataque.   

6. Finalmente, otro  de  los  postulados  del  recurso extraordinario de casación es el dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la Ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No     es    que    la    “técnica”  por  sí misma tenga como  fin  enervar  los derechos adquiridos a los intervinientes o sujetos procesales,  ni  pueda reflexionarse siquiera que los yerros conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  recurrente  presenta  una  alegación  producto  de  su  propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra  lo  afirmado  por  los  falladores, sin ninguna  prevalencia  en la lógica-jurídica requerida para sustentar la censura, con lo  cual  sus  pretensiones  se  alejan  de  la  filosofía que irradia el instituto  casacional.   

En  consecuencia,  los  defectos sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  inadmitir   el   cargo   principal   de   la   demanda  elevada  a favor  de   VICENTE   WILSON   RIVERA  GONZÁLEZ,  de  conformidad  con  lo consagrado en el artículo 213 de la Ley  600 de 2000.   

Con fundamento en lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal    de    la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero: Rechazar  el  cargo principal, por las razones puntualizadas en  el presente proveído.   

Segundo:  Admitir   las   censuras  subsidiarias  dos  (2)  y  tres (3), motivo por el cual, se correrá traslado al  Procurador   Delegado   en   lo   Penal,   para   que   rinda   el   respectivo  concepto.   

Tercero: Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

JULIO      ENRIQUE    SOCHA   SALAMANCA   

                                                           

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                                          

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                               MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

         Permiso                                                                          Comisión de servicio                                                              

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                                            

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                                      JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  Las  providencias  de  primera  y segunda instancia se profirieron el 1 de septiembre  de 2006 y 14 de noviembre de 2008, respectivamente.   

2 En lo  atinente  a  Camilo  Henry Rivera Ramos, se presentó ruptura de la unidad procesal.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *