32325(14-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  114  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de abril de dos  mil diez (2010)   

V I S T O S  

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  ORLANDO  PELAYO  RINCÓN  en  contra del fallo de segundo grado  proferido  el 23 de abril de 2009 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Cundinamarca.   

H E C H O S  

Fueron  reseñados  por  los  falladores  de  instancia, de la siguiente manera:   

“La   primera  noticia  criminal fue dada a conocer por la señora Clara Ivonne Lozano Herman a  las  autoridades  el  día  25  de  septiembre  de  2008 a las 9:00 a.m., en los  siguientes  términos: “…  ayer  yo salí, siendo las 5:40 de la mañana, como todos los días; ORLANDO, el  papá  de  mi  hijo  [Luis  Santiago  Lozano Herman], me recogió para llevar el  niño  a  la  casa  y  yo me quedé en la empresa Jardines Carolina que es donde  trabajo  y  él  llevó al bebé para la casa de mi mamá, la que estaba ubicada  en  Santa  Lucía… cuando  él  se  llevó  el  niño  yo  me  quedé trabajando; en el transcurso del día  trabajé  sin  ningún  problema.   Después  salí del trabajo me fui para  donde  mi mamá y recogí al niño, almorcé y bañé al niño, después me puse  a   ver   tv   con  el  bebé  mientras  el  papá,  ORLANDO  PELAYO  llegaba  a  recogernos.   Él  llegó  a  la  casa  de mi mamá más o menos a las 7.00  p.m.,  él  nos  llevó  hasta  la casa en la que vive, y ORLANDO nos acompañó  como  cinco  minutos  porque  necesitaba  irse  a  trabajar.   Yo  salí  a  calentarle  la  sopa al niño en la cocina. Cuando salí yo escuché que sonaron  unas  tejas  metálicas  pero  como  por  ahí siempre hay gatos pensé que eran  ellos  y no me pareció algo anormal. Le di la sopa al bebé, acabamos de ver el  noticiero,  el  bebé  empezó  a  llorar  y  yo  le  di  el  tetero…  cuando estaba medio dormida y siento  que  entró  alguien, y como mi tía llega normalmente a esa hora pensé que era  ella,  pero  a  quien vi fue a otro tipo vestido de negro y con un pasamontañas  de  lana.   En  ese  momento  el  tipo  se  me  mandó  a  mi y empezamos a  forcejear…    yo   le  preguntaba  que  por  qué  estaba  ahí  y  él no me respondía nada; el niño  empezó  a  llorar  y  ahí fue donde la mujer que lo acompañaba lo cogió y lo  metió  en  el  corralito,  yo  empecé  a  forcejear  para tratarme de soltar y  gritaba  auxilio!   Y  la vieja  me dijo que si yo seguía gritando le  hacía  algo al niño y fue cuando me mostró un cuchillo y empezó a taparme la  boca  para  que  yo  no  siguiera  gritando, igual también intentaba taparme la  nariz,  parecía  que  me  quería matar.  Lo que yo hice fue abrir la boca  para  poder  respirar,  pero  en  el momento que ya me tenían tapada la boca yo  intenté  forcejear  otra vez con el tipo y le jalé el pasamontañas. Él dijo:  esta  estúpida  me  quitó  el pasamontañas; en ese momento alcancé a ver que  era  un  hombre  de  tez banca, tenía corte militar, ojos cafés, los labios no  eran  muy gruesos, la nariz era más bien delgada, no tenía barba ni bigote, en  ese  momento me ataron las manos y los pies; cuando ya estaba amarrada, la vieja  me  dio  patadas  en  el  estómago  y  la  cara  y me aprisionó el cuello y la  garganta,  y el tipo me seguía apretando.  Empezó a buscar y a botar todo  y  a  decirme  que  dónde  estaba la plata, me dijo como tres o cuatro veces lo  mismo,  me  amarró  un  pantalón  de  sudadera  en la cara y le dije que yo no  tenía  plata  y que lo único que tenía eran $7000 en el bolsillo y que se los  llevara  y  no me hiciera daño.  Ahí cogió un cargador (de celular) y me  empezó  a  amarrar  las  manos con un cable de celular, entonces yo apreté las  manos  para  que no me apretara mucho.  En ese momento volvió y me apretó  la  cara  tratando  de  ahogarme  y  de  un  momento  a  otro  no  escuché nada  más.   El  pantalón  de la sudadera con la que tenía amarradas las manos  me  lo  quité con la boca, pero el cable si no me lo pude quitar, y lo que hice  fue  tratar  de  quitármelo  golpeándolo  contra la cama.  Cuando me pude  desamarrar  me di cuenta que todo estaba hecho un desorden, que había movido la  silla  y  que  estaba  atravesada  y con el mismo cuerpo moví la cama y me pude  salir  a  la  sala,  traté  de  abrir  la  puerta pero ésta estaba cerrada por  fuera.   Ahí  fue  cuando me llamó mi tía y me preguntó qué hacía, yo  le  dije  que  estaba  encerrada  y  que llamara a la policía porque se habían  llevado  al  niño.  Mi  tía Socorro Lozano entró por el cuarto de al lado que  tiene  conexión  con la sala.  Al verme ella amarrada se fue a llamar a la  vecina…  mi  tía  no  me  soltó.   Como  pude me levanté y empecé a gritar que me habían robado a  mi  hijo…  en ese momento  entraron  varios vecinos y me ayudaron a soltarme y con un cuchillo me quitó la  cinta  de  las manos y los pies, en ese momento yo había salido de mi casa y me  desmayé,  no  supe más… y  cuando  me  desperté,  traté  de  salir  corriendo a buscar a mi hijo pero los  vecinos   me   dijeron   que   me   estuviera   quieta,   que   ya   llegaba  la  policía…  cuando  ellos  llegaron  me llevaron al hospital.  Yo no he tenido problemas con nadie y a  mi  lo  que  se  me  hace  raro  es que me hayan preguntado por plata pues yo no  tengo,  sólo me gano un mínimo mensual.  En cuanto a ORLANDO, el padre de  mi  hijo,  ayer  me  enteré  por  boca de mi hermana que le habían aprobado un  crédito  de  $8.000.000  aproximadamente.  ORLANDO  convive  con  otra  señora  llamada   Edelmira  Sánchez  Trujillo…  yo  sé  que  ella  no tiene hijos con ORLANDO, pero nunca recibí  amenazas   de  ella…  con  ORLANDO       llevó       cuatro       años      de      relación…”   

“Sin embargo, la  situación  con el niño no se limitó únicamente a la sustracción del ámbito  de  protección de su mamá y su familia, pues según informe ejecutivo FPJ-3 de  fecha  primero  de  octubre  de 2008, en razón al dato obtenido por la policía  judicial  de boca de MARTHA LUCÍA GARZÓN MUÑOZ, JORGE OVALLE MORENO y ORLANDO  PELAYO  RINCÓN, el niño había sido ultimado y su cuerpo podía ser hallado en  el  sector  de  la  Vereda  Tiquiza  del municipio de Chía.  Es así como,  según  dicho  informe  fechado  el  01  de  octubre  de  2008 y suscrito por el  servidor  de  la  FGN,  CTI  Chía  Hernán  Javier  Correal Rodríguez y Ferney  Enrique   Gálviz   Rojas   adscrito   a   la   Policía  Nacional  –       Gaula,       “el  día  30  de  septiembre  de 2008,  siendo  las  6:30  personal de la Policía Nacional  localizan el cuerpo si  vida  de un menor de sexo masculino, con características que corresponden a las  del  menor  secuestrado,  motivo  por  el cual se informa a la Policía Judicial  para   que   realice  la  respectiva  diligencia  de  inspección  técnica  del  cadáver…  iniciando  la  diligencia  a las 9:00 horas y terminando la misma a las 10:29 horas”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

           

1.   Por los hechos referidos -y previa  orden  de captura emitida por el Juez Segundo Promiscuo Municipal de Chía el 30  de  septiembre  de  2008- el Juez Tercero Promiscuo Municipal  de Chía con  función  de  control  de  garantías  legalizó la privación de la libertad de  JORGE  ORLANDO OVALLE MORENO y aprobó la imputación que le formulara el Fiscal  18  Especializado  por  los  delitos  de secuestro simple agravado en contra del  menor  Luis  Santiago  Lozano  Herman  y  de  Clara  Ivonne  Lozano,  y el   homicidio  agravado  del  primero,  conductas  atribuidas a título de dolo y en  concurso  homogéneo  simultáneo.   Fue así que de manera voluntaria  el  imputado  aceptó  el comportamiento punible de secuestro simple agravado en  contra  del  menor  y  rechazó  aquél de que fue víctima Clara Ivonne Lozano,  como   también   el  homicidio   agravado   del   primero.   En    consecuencia,    el    imputado    fue  afectado   con    medida    de    aseguramiento   de  detención  preventiva  intramural.   

Por  su  parte,  el  Juez  Primero Promiscuo  Municipal  de  Chía  con  función  de  control  de  garantías,  en  audiencia  preliminar   que  tuvo  lugar  el  29  de  septiembre de 2008, legalizó la  captura  de  MARTHA  LUCÍA  GARZÓN  MUÑOZ  y  aprobó  la  imputación que le  formulara  el  Fiscal  18  Especializado  por  los  delitos  de secuestro simple  agravado    del    menor    Luis    Santiago    Lozano    Herman    –comportamiento  punible que aceptó la  imputada-  en concurso homogéneo y simultáneo con el secuestro simple de Clara  Ivonne   Lozano,  ambas  conductas  imputadas   a  título  de  dolo  y  en  condición  de  coautora.  Como  consecuencia  de  lo  anterior,  el funcionario  judicial,  a  petición  de  la  fiscalía,  impuso  a  GARZÓN MUÑOZ medida de  aseguramiento  de detención preventiva en establecimiento carcelario. Luego, el  primero  de  octubre  siguiente,  el  mismo  Despacho  amplió la imputación en  contra   de   GARZÓN   MUÑOZ    de   manera  que  incluyó,  además,  el  comportamiento  punible  de  homicidio  agravado  de  que  fue víctima el menor  Lozano Herman, cargo que la imputada no aceptó.   

A    su    turno,    a    ORLANDO  PELAYO  RINCÓN  el  mismo Fiscal  Especializado  le imputó, a título de dolo y en condición de determinador, la  conducta  punible  de  homicidio  agravado  de  que fue víctima el infante Luis  Santiago  Lozano  Herman, así como el secuestro simple agravado de este último  y el de Clara Ivonne Lozano, cargos a los cuales se allanó.    

Así,       el       “escrito    de    acusación    por  allanamiento   en   audiencia   de   formulación   de   imputación” fue radicado el 22 de octubre de 2008  por   el Fiscal 18 Especializado Delegado, motivo por el cual la actuación  fue  remitida  ante  el juez de conocimiento, correspondiéndole a la Juez Penal  del Circuito de Zipaquirá (Cundinamarca).    

Dicha funcionaria llevó a cabo audiencia de  control  de  legalidad  del  allanamiento  y proferimiento de sentencia el 26 de  noviembre  de  2008.   En  ella  el Fiscal 18 Especializado formuló contra  ORLANDO  PELAYO  RINCÓN los  cargos  a los que se allanó, a título de dolo y como autor determinador, así:  secuestro  simple  agravado  de  Luis Santiago Lozano  Herman  (artículo  168  del Código Penal, modificado  por  los  artículos  1º  de  la Ley 733 de 2002 y 14 de la Ley 890 de 2004, en  asocio         con         el         170-1-41  de  la  Ley  599 de 2000), en  concurso    homogéneo   y   simultáneo   con   el   delito   de   secuestro  simple  agravado  de  que  habría  sido  víctima Clara  Ivonne  Lozano Herman (artículo 168 del Código Penal,  modificado  por  los  artículos 1º de la Ley 733 de 2002 y 14 de la Ley 890 de  2004,  en  asocio  con el 170-4 de la Ley 599 de 2000, modificado éste a su vez  por  el  3º  de  la Ley 733 de 2002).   Todo lo anterior, en concurso  heterogéneo  y  simultáneo con el homicidio agravado  en  contra  del  niño  Lozano Herman (artículos 103 y  104-1-2-4-72  del  Código  Penal,  modificados  por  el  14  de  la  Ley 890 de  2004.   

Así  mismo,  el  Fiscal  18  Especializado,  conforme  con  lo plasmado en el escrito de acusación, solicitó aprobación de  la  formulación  de  cargos  en  contra de MARTHA LUCÍA GARZÓN MUÑOZ y JORGE  ORLANDO  OVALLE  MORENO  por razón de los delitos a los que se allanaron, así:  secuestro  simple  agravado  de  Luis  Santiago Lozano Herman (artículo 168 del  Código  Penal,  modificado por los artículos 1º de la Ley 733 de 2002 y 14 de  la  Ley  890  de  2004,  en asocio con el 170-1 del Código Penal), a título de  dolo y como coautores.   

En   la   misma  diligencia,  la  Juez  de  Conocimiento  dispuso  la  ruptura  procesal  respecto  de  los acusados GARZÓN  MUÑOZ  y  OVALLE  MORENO por el homicidio del menor y el secuestro de su madre,  todas  vez  que dichas conductas punibles no fueron por ellos aceptadas, tras lo  cual  manifestó  la  inexistencia  de  motivos  de incompetencia, impedimento o  nulidades, como también lo aceptó la defensora de PELAYO RINCÓN.   

Enseguida,  la  funcionaria  de conocimiento  aprobó    el    allanamiento    de    los    acusados,    en   los   siguientes  términos:   

“Ha  verificado  este  juzgado  los  audios  correspondientes  a las audiencias surtidas ante los  jueces  de  control  de  garantías,  donde se imputaron los cargos de homicidio  agravado,  secuestro  simple  agravado en concurso.  De las pesquisas que a  tal  material  se  realizó  por  esta  Juez,  pudo  constatar que los jueces de  control  de  garantías  dieron  estricto  cumplimiento  a los requerimientos de  carácter   legal   atinentes   al   respeto   de   las   garantías  legales  y  constitucionales  de las personas hoy imputadas aquí presentes.  Constató  esta  juez, que se cercioraron los jueces en sus intervenciones que los señores  Pelayo,  Ovalle  y  la señora Garzón hubiesen entendido los señalamientos que  les   hizo  para  ese  momento  la  fiscalía.  Constataron  igualmente  que  su  aceptación  a  tales  cargos,  en los términos que se anotarán, se produjo de  manera  espontánea,  voluntaria,  libre  de condicionamientos y de presiones, y  con  todas  las  garantías,  por  lo  cual  no  asiste  duda  a  esta  juez  el  procedimiento  realizado  en  presencia  de  los  señores  jueces de control de  garantías,  no tiene ninguna mácula y, como consecuencia, dicha etapa procesal  ha  quedado  superada  (…)  Así  las  cosas,  verificado  por  este  Despacho que la legalidad rige en este  procedimiento,  imparte aprobación al allanamiento a  los  cargos  formulados  por  la fiscalía que hicieran  ustedes,  señores  ORLANDO PELAYO RINCÓN, MARTHA LUCÍA GARZÓN MUÑOZ y JORGE  ORLANDO       OVALLE       MORENO…” .   

El  incidente  de  reparación integral tuvo  lugar  el  18  de  diciembre  de 2008, fecha en la cual se emitió el falló por  medio  del cual la Juez Penal del Circuito con Función de Conocimiento condenó  a  ORLANDO  PELAYO  RINCÓN  a  las  penas principales de 720 meses de prisión,  multa  de  1066  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  a la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  20  años,  de  las conductas punibles de homicidio agravado del  menor  Luis Santiago Lozano Herman, en concurso con el secuestro simple agravado  de  que  fue  víctima el mismo, según la imputación normativa detallada en el  escrito  de  acusación,  al  tiempo que le negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria.    

Así  mismo,  la  funcionaria  judicial  se  abstuvo  de emitir pronunciamiento respecto del secuestro simple agravado de que  fue  víctima  Clara Ivonne Lozano y, en su lugar, dispuso la compulsa de copias  con  destino  a  la  autoridad  judicial  a  efecto  de  que  se  investigara el  comportamiento  punible  de  lesiones  personales  del  que aquella habría sido  víctima,  y  condenó  a  PELAYO  RINCÓN  al  pago  de  los perjuicios morales  conforme lo decidido en la audiencia de reparación integral.   

A  su  turno, MARTHA LUCÍA GARZÓN MUÑOZ y  JORGE   ORLANDO   OVALLE  MORENO  fueron  condenados,  cada  uno,  a  las  penas  principales  de   320   meses   más   16   días   de    prisión    y   multa   de   1300   salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes,   y  a   la     accesoria    de    inhabilitación   para    el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas   por   término   de   20  años,  como  coautores   dolosos     del    punible    de    secuestro    simple  agravado   del   niño   Luis   Santiago   Lozano   Herman,   conforme   el   cargo por el que fueron acusados.   Así  mismo,  les  negó  el subrogado de la suspensión  condicional   de    la    ejecución    de    la   pena,   como   también     la   prisión    domiciliaria    y    los   condenó    al    pago    de    los    perjuicios   fijados    en   la   audiencia   de   reparación   integral.   

La  decisión así adoptada fue apelada por el fiscal, el representante de  las  víctimas  y  los  defensores  de  PELAYO  RINCÓN, GARZÓN MUÑOZ y OVALLE  MORENO.   Así las cosas, el Tribunal Superior de Cundinamarca, en fallo de  segundo  grado  proferido  en  audiencia  del  23  de  abril  de 2009, modificó  parcialmente   la   sentencia  del  a-quo  en  el  sentido  de  revocar  los  numerales 3º y 6º de su parte  dispositiva,  para  disponer, en su lugar, la ruptura de la unidad procesal para  que,  en  actuación  separada,  la  Juez  Penal  del  Circuito con funciones de  conocimiento  se  pronunciara  respecto  del delito se secuestro simple agravado  imputado    a    ORLANDO   PELAYO   RINCÓN.   Así   mismo,   el   ad-quem  modificó  la  pena  de prisión  impuesta  a  PELAYO  RINCÓN para fijarla en 705 meses más 16 días y confirmó  la sentencia recurrida en todo lo demás.   

Inconforme  con  la anterior providencia, la  defensora  que  de  tiempo  atrás venía representando a ORLANDO PELAYO RINCÓN  formuló  oportunamente  el  recurso  extraordinario de casación y presentó la  correspondiente  demanda  el  23  de julio de 2009, esto es, dentro del término  legalmente  fijado;  no  obstante,  al  día  siguiente,  el  procesado designó  otorgó  poder  a  otro  defensor  para  efectos  de  sustentar  la  demanda  de  casación, escrito que fue presentado en la misma fecha.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El defensor del procesado propone seis cargos  con  los  cuales aspira a que el procesado tenga un juicio justo que respete las  formalidades  y  garantías  que le son propias y, por consiguiente, a que se le  reestablezcan  los  derechos  desconocidos.  Sus  argumentos son los siguientes:   

Primer  cargo:  nulidad por violación de la  competencia de la fiscalía.   

Con  apoyo  en la causal de casación de que  trata  el  artículo  181-2  de la Ley 906 de 2004, el recurrente señala que el  proceso  se  tramitó  con  violación  al  debido proceso, en particular por un  vicio  de estructura referente al juez natural.   Así, explica que la  imputación  de cargos y la acusación debió haber sido formulada por un fiscal  delegado  ante  un  juez  penal  del  circuito y no por el delegado ante el juez  penal     del     circuito     especializado;     lo    anterior    –agrega-  por cuanto dichas actuaciones  las  debe  adelantar  el  fiscal  delegado  ante  el  juez natural, en este caso  concreto el juez penal del circuito.   

Por lo anterior, el censor requiere a la Sala  para  que  declare  la nulidad de lo actuado desde la diligencia de formulación  de imputación.   

Segundo  cargo:  nulidad  por  ausencia  de  motivación de la imputación.   

Con sustento en la misma causal de casación  que  orienta  el  cargo  precedente,  el  impugnante  reprocha  que la sentencia  recurrida   fue   proferida   dentro   de  un  juicio  viciado  de  nulidad  por  desconocimiento  del  debido  proceso  “en          materia          de         responsabilidad”.     

En  particular,  precisa que el vicio se dio  por  ausencia  de motivación de la imputación formulada al entonces indiciado,  pues  éste  no  tuvo  claridad  sobre  la incriminación que se le hiciera como  ‘autor  intelectual’, de modo que  lo  que  entendió  fue  que  como materialmente no dio muerte al niño entonces  tampoco  dio  la orden para que el homicidio tuviera lugar; es así que -asegura  el    libelista-   “su  comprensión  mental  es  tan  cerrada  que no entiende en la esfera del derecho  penal   qué   es   actor  intelectual”    (sic).     En   otras   palabras,   insiste,   “al indicar la fiscalía la calidad de  ‘actor  intelectual’  del señor  ORLANDO  PELAYO  RINCÓN,  subjetivizó el carácter de determinador. La señora  juez,     a    su    turno,    también    subjetivizó    el    carácter    de  determinador”.    

Señala   que,  como  consecuencia  de  lo  anterior,    “se   ha  resquebrajado     notablemente    la    estructura    del    proceso”   en  la  medida  en que “no resulta  posible  identificar  o  delimitar  los  verdaderos fundamentos y alcances de la  decisión  y  que  su control  por parte de los sujetos procesales se torna  irrealizable”.   

Con  fundamento  en  los   anteriores    razonamientos,    el   casacionista  solicita   a   la   Corte   que   declare   la  nulidad   de    lo    actuado    desde   la  audiencia   de   imputación,    a    efecto    de    que    ésta   nuevamente       se       trámite      de      manera   debidamente  motivada.   

Tercer  cargo: nulidad  por haberse  obtenido la confesión bajo tortura.   

A través de la vía extraordinaria prevista  en  el artículo 181-2 del Código de Procedimiento Penal de 2004, el recurrente  sostiene  que la sentencia impugnada fue emitida en un juicio viciado de nulidad  por  violación  al  debido  proceso,  en  particular,  porque la confesión del  procesado  y  su allanamiento a los cargos fueron obtenidos como consecuencia de  la  violación  de  su  dignidad  humana,  de los derechos humanos y mediante la  comisión  de crímenes de lesa humanidad, en especial la tortura, circunstancia  que aspira a que Colombia y la comunidad internacional conozcan.   

El recurrente hace recaer el acto de tortura  en     contra    de    ORLANDO    PELAYO    RINCÓN    en    que    “fue  llevado por la Policía Judicial  a  ser  sometido  a polígrafo. Lo trasladaron desde las (7) de la mañana hasta  las  seis  (6)  p.m.,  sin  ofrecerle  tan  siquiera un vaso de agua”,  al  punto que su defensora pública  debió  “solicitarle  al  señor  Personero  Municipal  que  con  el  presupuesto  de  la  Personería  le  proveyeran           alimento”.   

Precisa  que,  en  su  momento, el indiciado  PELAYO  RINCÓN  se negó a que su entonces defensora solicitara una nulidad por  violación  a  sus  derechos,  dada  su  intención  de responder por los hechos  cometidos.   

En   conclusión,   solicita   a     la     Corporación    que    excluya    la   confesión   que  dio  lugar  al  allanamiento  por  tratarse de una prueba  ilícita   y,   en   consecuencia,    anule    lo   actuado   desde   la   audiencia  de  imputación para  que   ésta     se     surta    nuevamente    con    el   respeto   al   contenido   de los  artículos  29   de   la  Constitución  Política  y  23  de   la  Ley  906  de 2004.   

Cuarto  cargo:  aplicación  indebida  del  artículo   104-1  del  Código  Penal  por  ausencia  de  demostración  de  la  condición del procesado de padre de la víctima.   

Por  medio  de  la  causal  de casación que  describe  el  artículo  181-1  del  Código  de Procedimiento Penal de 2004, el  impugnante  reprocha  que  el fallador violó de manera directa, por aplicación  indebida,  el  artículo  104-1 del Código Penal, yerro que ha de conducir a la  Sala  a descartar la imputación de la aludida agravación y, en consecuencia, a  redosificar la pena impuesta al procesado.   

El  casacionista asegura que el sentenciador  no  podía  imputar  la  agravación de que trata el artículo 104-1 del Código  Penal  porque  el  proceso  no  demostró  que PELAYO RINCÓN fuese el padre del  menor  Luis  Santiago  Lozano Herman; sustenta el anterior aserto al afirmar que  el  niño  no  aparece  reconocido  por  el  procesado  en  el registro civil de  nacimiento,   ni  existe  sentencia  de  impugnación  de  la  paternidad.    

Recurre entonces al interrogatorio formulado  en  el  juicio  a  la señora Clara Ivonne Lozano Herman y subraya de él que la  deponente  manifestó  que  nunca convivió con ORLANDO PELAYO RINCÓN, que ella  lo   registró   con   sus   apellidos   y   que   admitió  que  aquél  no  lo  reconoció.   

Con fundamento en los anteriores argumentos,  el  recurrente  pide  a  la Sala que case la sentencia y dosifique nuevamente la  pena sin tener en cuenta la norma indebidamente aplicada.   

Quinto  cargo:  violación  indirecta  del  artículo  170-10 del Código Penal por falso juicio de identidad que recayó en  el dicho del procesado.   

El  censor acude a la causal de casación de  que  trata  el  artículo  181-3  de  la  Ley  906 de 2004 para denunciar que el  sentenciador  violó  de manera indirecta, por exclusión indebida, el artículo  170-10  de  la  Ley  599 de 2000, yerro que tuvo su origen en un falso juicio de  identidad que afectó la apreciación del dicho del procesado.   

Apoya  el  reproche reseñado en que ORLANDO  PELAYO  RINCÓN,  en  interrogatorio  rendido  ante  el  juez  de  conocimiento,  admitió  haber  conseguido  y  pagado  a  unas  personas  para que “desaparecieran  al  niño”.   De  dicha expresión, asegura  el  casacionista,  el  juzgador debió inferir que el procesado reconoció haber  determinado el secuestro del menor, más no su homicidio.    

Por     lo     tanto     –asegura-,   la   adecuación  típica  correcta  que  debió  adoptar  el  juzgador  de instancia era la prevista en el  artículo     170-10     del     Código    Penal3, norma que excluye el concurso  entre  el  secuestro y el homicidio, pues este último quedaría subsumido en la  agravación reseñada.   

Con  apoyo  en  el  anterior  argumento, el  recurrente  pide  a  la  Corporación que case parcialmente el fallo recurrido y  redosifique  la  pena,  sin  tomar  en  consideración  el  punible de homicidio  agravado.   

Sexto   cargo:   violación  directa  por  aplicación   indebida  del  sistema  de  cuartos  al  individualizar  la  pena.   

Con  sustento en la causal de casación que  refiere  el  artículo  181-1  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, el  recurrente  asegura  que  el  sentenciador  incurrió en violación directa, por  exclusión  evidente,  del artículo 3º de la Ley 890 de 2004, el cual fue  adicionado al 61 del Código Penal.   

Apoya  su  denuncia  en  que  dicha  norma  prohíbe  la dosificación de la pena por medio del sistema de cuartos, tal como  ocurrió en este caso.   

Por  lo  tanto, pide a la Corte que case el  fallo y dosifique la pena que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Aclaración previa:  

Dentro  del término del traslado dispuesto  para  sustentar el recurso extraordinario de casación, el cual corrió entre el  24  de abril y el 24 de julio de 2009, se presentaron oportunamente dos demandas  de  casación a nombre del procesado ORLANDO PELAYO RINCÓN;  la primera el  23 de julio de 2009 y la segunda el 24 del mismo mes.   

Los dos libelos, además, fueron presentados  por    quienes    en   su   momento   actuaron   como   defensores   de   PELAYO  RINCÓN   debidamente  facultados  para ello, puesto que a la apoderada que aparece representándolo en  la      primera      demanda      –abogada  de  la  Defensoría Pública, adscrita a la Defensoría del  Pueblo-  venía  ejerciendo  su función desde etapas procesales muy anteriores,  mientras  al  defensor  que  suscribió  la demanda presentada el 24 de julio de  2009  el procesado le confirió poder el mismo día en que a la postre presentó  la    demanda    -también    dentro    del    término    legal-   “y  especialmente  para  presentar  la  correspondiente  demanda  de  casación”.   

Tal  situación,  como  es  apenas  obvio,  apareja  el problema de establecer en relación con cuál de los dos escritos ha  de  pronunciarse  la  Sala,  en tanto que no podrá hacerlo respecto de los dos,  toda  vez  que terminan siendo excluyentes, en la medida en que la introducción  del  segundo  se  explica  por  la  revocatoria  implícita del poder con el que  actuó  la  primera  demandante,  a  raíz  del  nuevo  mandato otorgado a quien  –también   en  tiempo-  presentó la respectiva demanda.   

A  efecto  de  adoptar  la decisión que en  derecho  corresponda,  bien  está traer a colación lo que la Sala ha concluido  ante    el    fenómeno   conocido   como   demandas  paralelas,      a     partir     del     siguiente  razonamiento:   

“1.- Lo primero  que  se  debe  advertir  es que como en este caso se presentaron dos demandas de  casación  a nombre del procesado J.A.H.P., dentro del término legal consagrado  para  ello, la Sala abordará el estudio del libelo presentado por el abogado de  la  Defensoría  Pública, ya referido en el acápite respectivo, en atención a  que  el  procesado  le  otorgó  poder  a  dicho profesional cuando corrían los  términos   para  la  presentación  del  escrito  que  sustentaba  el  recurso.  En  estas  condiciones  se  entiende  desplazado  el  defensor  que  venía  actuando,  conforme  a lo normado en el artículo 142 del  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior,  artículo  132 del actual estatuto  procesal  penal,  y  por  ello  ninguna referencia se hará respecto del escrito  presentado  por  éste”4.   

Siguiendo   los  anteriores  parámetros,  entonces,  la  Sala  se ocupará exclusivamente de la segunda demanda presentada  en  tiempo,  bajo  la  comprensión  de  que  el último mandato otorgado por el  procesado   ORLANDO   PELAYO   RINCÓN  desplaza   el   anterior.   Como  corolario  de  ello,  ningún  comentario se efectuará con respecto al primer libelo.    

Competencia  de  la  Sala  y  requisitos de  admisibilidad generales y particulares de la demanda de casación.   

1. Sea lo primero advertir que a la Sala le  asiste  competencia  para  resolver  sobre los requisitos de admisibilidad de la  demanda  de casación, conforme la competencia que fija él artículo 32-1 de la  Ley  906  de  2004,  en  asocio  con  el  inciso 1º del artículo 184 del mismo  Estatuto.   

2.  Ahora bien, en el nuevo el sistema  procesal,  la  casación  se  concibe  como un medio de control constitucional y  legal  que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia con  ocasión  de  los  procesos,  a  través  de  los  cuales se investigan y juzgan  comportamientos  punibles,  cuando las decisiones proferidas, o bien el trámite  surtido,  afectan  derechos  o  garantías procesales.  Por lo mismo, ha de  concluirse  que  este recurso extraordinario es  consecuencia natural de la  función  que  ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación,  según  lo determina el artículo 235 de la Carta, y, por ende, guardiana de los  fines   primordiales   contemplados   en   el   artículo  180  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004.   

De   acuerdo   con  la   Ley   906  de  2004,   para  que  la demanda  sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que  le  asiste  para  recurrir a esta sede extraordinaria,  así  como  la  materialidad  de  la  afectación   de   derechos    o   garantías  fundamentales;  para  ello,  deberá   formular    y    desarrollar    los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos  de los fines establecidos para la casación, según lo previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es decir, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que,  como  lo  tiene  dicho la jurisprudencia de la Corte, son los  mismos  del  proceso  penal, lo que explica que las causales de casación tengan  un diseño dirigido a lograr esos fines.   

Por     lo   tanto,   “el          recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.”   

“En  otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.”   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”5.   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso y, por lo tanto, no es procedente realizar  toda  clase de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias  del  trámite,  sino  que  debe ser un escrito claro,  lógico,  coherente  y sistemático en el que, al tenor  de  los  motivos  expresa  y  taxativamente  señalados  en  la ley y    conforme   el   interés   que   legalmente   le   asista   al  recurrente, se denuncian errores, bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciado  su  trascendencia,  para  de esa  manera  concluir  que  la  sentencia  no  resulta  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,   cuya   desvirtuación   – reitera la Sala- compete al libelista.   

3.  Ahora  bien,  en  los  eventos  en  que  –como en el caso presente-  existe  el  fenómeno  de  la sentencia anticipada, el  interés    del    recurrente    para    acudir    en   casación   –uno  de  los  presupuestos necesarios  para  la  admisibilidad del libelo- resulta restringido  en  la  medida  que  en tales eventos rige el principio de no retractación, tal  como   lo   ha   precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  de  la  siguiente  manera6:   

“Sin embargo,  en  tratándose un fallo obtenido anticipadamente porque el implicado se allanó  a  los  cargos  imputados  por  la  Fiscalía,  el interés jurídico se integra  además  de  los  anteriores,  con otros presupuestos insoslayables, a riesgo de  desquiciar el sistema procesal penal acusatorio.   

En efecto, uno de los requisitos esenciales  de  la  impugnación  consiste  en  la acreditación del interés jurídico para  recurrir,   que   en   tratándose  de  una  sentencia  emitida  en  virtud  del  allanamiento   a   cargos,   se   encuentra  restringido  por  el  principio  de  irretractabilidad.   

Ha insistido la jurisprudencia de esta Sala  en  que  la culminación anticipada del proceso mediante una sentencia que surge  a  raíz  del  allanamiento  a  cargos participa de la naturaleza de la justicia  consensuada  y  a  su vez forma parte del denominado derecho premial, puesto que  el  implicado  manifiesta  consciente,  espontánea  y libremente su voluntad de  aceptar  los  cargos  que  la  Fiscalía  le  imputa;  y  a  cambio  de ello, en  compensación  al  ahorro de instancia que el sometimiento a la justicia genera,  recibe    como    beneficio    una    sustancial   rebaja   de   la   pena   que  correspondiere.   

Una   de   las  consecuencias  de  aquel  sometimiento  premiado  es  la  irretractabilidad.  La  aceptación consciente y  voluntaria  de la culpabilidad se rige por el principio de irretractabilidad, en  virtud  del  cual,  una  vez el juez de conocimiento aprueba el allanamiento, no  hay  lugar  para  el  arrepentimiento;  y  la  defensa  renuncia  al  derecho de  controvertir   la   imputación,   al   juicio  oral  y  al  debate  probatorio.   

Ello implica que, verificada por el Juez de  conocimiento  la  legalidad  del  allanamiento,  la  defensa  carece de interés  jurídico  para  interponer  los  recursos  de  ley  contra  el fallo, cuando la  impugnación   pretenda  cuestionar  los  extremos  de  la  adecuación  típica  imputada  y  de  la  culpabilidad  que  ya se había aceptado en el marco de ese  allanamiento.   

Por   lo   demás,   el   principio   de  irretractabilidad  sobre  la  manifestación  de  culpabilidad  aceptada  en  el  allanamiento,  una  vez  éste  ha sido aprobado por el Juez de conocimiento, se  encuentra  estatuido en el artículo 293 del Código de Procedimiento Penal, Ley  906  de  2004,  precepto  que la Corte Constitucional declaró compatible con la  Carta, en la Sentencia C-1195 de 2005, en la cual indicó:   

Una  vez  realizada  la  manifestación  de  voluntad  por parte del  imputado, en forma libre, espontánea, informada y  con  la  asistencia  del  defensor,  de  modo  que  sean  visibles su seriedad y  credibilidad,  no  sería  razonable  que  el legislador permitiera que aquel se  retractara  de  la  misma,  sin  justificación  válida  y  con menoscabo de la  eficacia  del  procedimiento aplicable y, más ampliamente, con detrimento de la  administración de justicia, como lo pretende el demandante.   

(…)   

“Por otra parte,  en   lo   concerniente  a  la  determinación  de  dicha  responsabilidad  y  la  consiguiente  condena  en  la sentencia, es evidente que el fundamento principal  es  la  aceptación  voluntaria de aquella por parte del imputado,  lo cual  en  el  campo  probatorio configura una confesión, de modo que se puede deducir  en  forma  cierta  que  la conducta delictiva existió y que aquel es su autor o  partícipe.”   

Como se observa, el allanamiento a cargos,  una  vez  aprobado  por el Juez de conocimiento, contribuye a los fundamentos de  la  sentencia condenatoria a la manera de una confesión, voluntaria, consciente  y  asistida  por  el profesional del derecho que asume la defensa; de suerte que  la   existencia   de   delito  endilgado  y  la  responsabilidad  penal  podrán  corroborarse  con  los otros medios de conocimiento allegados como principios de  prueba, suficientes para desvirtuar la presunción de inocencia.   

Con todo, es preciso aclarar que en ámbito  de  la  Ley  906 de 2004, se exceptúa la regla que restringe la impugnación de  los  fallos de instancia obtenidos previo allanamiento a cargos, cuando se trata  de  remover  a  través de los recursos alguna causa que produzca la afectación  sustancial   del   debido   proceso   o   la   vulneración  de  las  garantías  fundamentales;  problemática  que,  por  lo  general, es enmendable por vía de  nulidad;  y  también es válida la impugnación por motivos diferentes, pero en  todo  caso ajenos al contenido de la conducta y la culpabilidad aceptadas, tales  como  el  monto  de  la  pena  y  las  condiciones  en  que  ha  de cumplirse la  misma.   

Sólo  en  hipótesis como las anteriores,  que  distan  mucho  de  la  retractación,  es  factible  recurrir  la sentencia  propiciada  por  el allanamiento a cargos; y en particular, podría interponerse  el   recurso   extraordinario,  debido  a  que  la  casación  tiene  por  fines  “la   efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación  de la  jurisprudencia”  (Artículo  180,  Código de Procedimiento Penal, Ley  906 de 2004).   

Así  lo indicó la Sala en auto del 24 de  julio  de  2007 (radicación  28433):   

“Si  bien  es  cierto  que  por  estos mismos motivos, es decir, cuando el proceso abreviado se  adelanta   con   fundamento   en   una  aceptación  o  acuerdo  ilegal,  o  con  quebrantamiento  de  las garantías fundamentales, los sujetos procesales están  legitimados  para  buscar  su  invalidación  en  las instancias o en casación,  igualmente  es verdad que esas nociones difieren sustancialmente del concepto de  retractación,   que   implica:   deshacer   el   acuerdo,  arrepentirse  de  su  realización,  desconocer lo pactado, cuestionar sus términos, ejercicio que no  es  posible  efectuar  cuando  su  legalidad  ha  sido verificada y la sentencia  dictada” (subraya la Sala  en esta oportunidad).   

Es  así,  entonces,  que  la  demanda  de  casación  no solamente debe cumplir con los requisitos generales que determinan  la  admisión  de  cualquier  libelo  que aspire a ser objeto de estudio en esta  sede     extraordinaria,    sino    –como  se  viene  de precisar-  también con aquellos que operan  cuando  el  fallo  impugnado  se funda en la confesión y allanamiento por parte  del  imputado  o  acusado.   Aparte  de  lo  anterior,  es necesario que el  razonamiento   que  desarrolla  cada  uno  de  los  cargos  se  supedite  a  los  lineamientos  que  la  naturaleza  de cada una de las causales de casación y la  jurisprudencia de la Sala han impuesto de tiempo atrás.   

4.  De  allí  que,  como  los  seis cargos  propuestos  por  el  censor  aspiran  a demostrar la existencia de sendos yerros  constitutivos  de  violación  al debido proceso y, por lo tanto, generadores de  nulidad,  se  hace  imperioso  recordar  lo  que  la  Corte  ha  decantado en lo  referente a esta particular vía de ataque:    

“La  postulación   de   vicios  de  nulidad  en  sede  de  casación  no  escapa  al  cumplimiento  de  unas  exigencias  básicas  que permitan a la Corte abordar el  estudio  técnico  y  jurídico de un fallo o de una actuación, según el caso,  con  un  margen  de  movilidad relativo, de manera que la rigidez formal no haga  nugatoria  la  posibilidad de reajustar la estructura del proceso o la actividad  de  los  jueces a la legalidad sin que este medio extraordinario de impugnación  pierda     sus     características     esenciales     y    principalmente    su  finalidad.”   

“Dentro de ese  contexto,  la  proposición  de nulidades en esta sede no escapa al cumplimiento  de  los requisitos que orientan no sólo la impugnación extraordinaria, sino el  instituto  mismo, de modo que en relación con la causal tercera el casacionista  no  está  relevado de su observancia como quiera que este recurso no es en modo  alguno  de  libre  postulación  ni  permite  una amplitud como para que la Sala  entre  a  suplir  las deficiencias argumentativas o a corregir los desatinos del  libelo.”   

“Es así como  el  demandante  en  una  propuesta de nulidad debe identificar la actuación que  contiene  la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales  o  aquella  que  transgreda  las  bases  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  precisando  el  momento  a  partir  del  cual  se  hace  necesario  retrotraer  lo  actuado  para  que  sea  posible  restablecer  la  legalidad del  proceso.  Además,  le  corresponde determinar cuál es la trascendencia directa  que  el  yerro  de actividad refleja en el fallo y por qué, de no haber mediado  el  mismo  el desarrollo de la actuación sería otro y por consiguiente otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada    solo   puede   remediarse   por   el   remedio   extremo   de   la  nulidad.”7   

5.  De  regreso  al  caso  en  estudio,  y  ponderados  los  anteriores  presupuestos  frente a los argumentos que sustentan  cada  uno  de  los  cargos y a la realidad procesal, la  Sala  anticipa  su  postura  en  el  sentido  de  que  inadmitirá la demanda de  casación  en su integridad, toda vez que a través de  los  cargos  allí  plasmados  se observa que el censor abriga la pretensión de  que  la  Corporación  declare  la  nulidad de lo actuado, desde la audiencia de  imputación    inclusive,   a   partir   de   razonamientos   que   –aún  cuando  fueron  enfocados  como  violación   de   las   garantías   del   procesado-  constituyen  –algunos   de   ellos-   una  evidente  retractación     de    lo    aceptado    por    el    procesado    –de  allí  la  falta  de interés para  denunciarlos  por  vía  del  recurso extraordinario de casación-, mientras que  los  demás  vicios reclamados carecen de materialidad.  Véase lo anterior  más a fondo:   

6.  Como una ostensible retractación de lo  admitido  se  presentan  los  cargos primero, cuarto y  quinto,  por  medio  de  los  cuales  el  casacionista  denuncia,    respectivamente,    a)  la  incompetencia  del  fiscal  delegado  ante  un  juez penal del  circuito  especializado para  formular   imputación   y   cargos;   b)  la  violación  directa  del  artículo  104-1  del  Código Penal  –yerro que hace consistir  en  la supuesta falta de demostración de la calidad del enjuiciado de padre del  menor-  y  c) la exclusión  indebida  del  artículo  170-10  del mismo Estatuto debido a un falso juicio de  identidad  respecto  del  dicho  de  ORLANDO  PELAYO RINCÓN, quien –según  el libelista- habría admitido  el secuestro mas no el homicidio.   

a) En lo que tiene  que  ver  con el primer cargo,  por  medio  del  cual  el  casacionista  pretende hacer ver un motivo de nulidad  fundado  en que el fiscal que debió haber formulado la imputación y los cargos  era   el   delegado   ante  el  juez  penal  del  circuito,  y  no  –como   ocurrió   en  este  caso-  el  delegado     ante     el     juez     penal     del     circuito    especializado,  es necesario señalar que  un  tal  argumento  no  es viable de presentar en esta sede extraordinaria, pues  para  ello  no  le  asiste  interés  al recurrente, en la medida en que de esta  manera  no busca otra cosa que deshacer lo válidamente admitido por el entonces  imputado.   

En efecto, la Sala estima necesario reiterar  que  el  instituto  del  allanamiento  a  la imputación obedece a una política  criminal  que  se  sustenta,  de  una parte, en el objetivo de lograr eficacia y  eficiencia  en  la  administración  de  justicia, con miras a que el imputado o  acusado,  según el caso, resulte beneficiado con una sustancial rebaja respecto  de  la  pena  que  habría de imponérsele si el fallo se profiriera al término  del  trámite  ordinario,  y, de otra, que el Estado ahorre esfuerzos y recursos  en su investigación y juzgamiento.   

En tales condiciones, es dentro del marco de  los  principios  de lealtad, preclusión y seguridad que las partes deben acatar  la  aceptación  de  cargos  como  acto  unilateral  que  es  del sindicado y su  defensor.  Es  por  ello  que  no hay lugar a controvertir, con posterioridad al  reconocimiento  de  la incriminación de los cargos formulados por la fiscalía,  aspectos  tales  como los presupuestos probatorios de la calificación jurídica  de  la conducta punible, la responsabilidad del procesado, o bien la competencia  del  funcionario  de  la  fiscalía  que  solicita  su  aprobación ante juez de  control de garantías.   

Lo anterior encuentra justificación en que  si  el  imputado confiesa su responsabilidad y, en consecuencia, se allana a los  cargos  que le imputa el ente acusador –con   lo   cual   renuncia   al   trámite   del   juicio   con  sus  características  de  oralidad, publicidad, inmediación y controversia-, sería  del  todo  ilógico  que admitiera los cargos o imputaciones formuladas, pero no  la  competencia  de  quien se los formula; de ser esta su intención, no podría  hablarse   entonces   de   la   existencia   de   un  allanamiento  con  efectos  vinculantes.   

Llevados  los  anteriores  razonamientos al  caso  que ocupa la atención de la Corte, surge nítido que el entonces imputado  PELAYO  RINCÓN  y  su  defensora  se acogieron a la figura del allanamiento, lo  cual   excluye  cualquier  inconformidad  con  la  competencia  del  funcionario  judicial  que  formuló  los cargos.  Ello resulta especialmente notorio si  se  considera  que  ni  la  defensora,  el  procesado o el agente del Ministerio  Público  elevaron  reparo  alguno  por  esta  circunstancia;  más aún, el hoy  procesado   impidió  que  su  apoderada  judicial  formulara  argumento  alguno  encaminado  distraer  su  intención  de  responder  por  los hechos cometidos y  reconocidos.   

Lo  relevante  para  la preservación de la  estructura  del  régimen adversarial acusatorio no es entonces si el fiscal que  solicitó  la  aprobación  de la imputación es uno delegado ante un juez penal  del  circuito  ordinario  o  especializado, sino que el allanamiento se llevó a  cabo  de  manera  voluntaria,  ilustrada,  conciente  y  con conocimiento de sus  consecuencias;  que  tanto  la imputación como el allanamiento fueron aprobados  por  un  juez  con  función  de  control  de  garantías,  y  que así mismo la  sentencia  fue  el  resultado natural y directo de la aceptación de los cargos.   

Se   sigue   de   lo   anterior   que  el  cuestionamiento  de  la  competencia  del  fiscal  no  pasa, entonces, de ser un  mecanismo  para  deshacer  los  efectos  del allanamiento al que válidamente se  sometió  el  procesado,  razón por la cual el argumento que sustenta el primer  cargo  no  se acoge al presupuesto de interés para recurrir la sentencia que se  produce como consecuencia de la aceptación de cargos.   

b)  El   razonamiento  que  desarrolla  el  segundo  de  los cargos mencionados -esto es,  el      cuarto  de la demanda de casación- permite  ver  a  las  claras,  como  así  mismo  ocurre  en  el  cargo  anterior, que lo  pretendido  no  es  otra  cosa  que  la retractación de los cargos aducidos, en  particular  de  la  causal  de agravación de homicidio por haber recaído en la  persona  de su propio hijo, a través de un argumento probatorio -por lo demás-  deleznable.    

En efecto, el censor señala que como en el  registro  civil  de  nacimiento  del menor Luis Santiago Lozano Herman no figura  que  su  padre  ORLANDO  PELAYO  RINCÓN lo hubiera reconocido, como tampoco una  decisión  judicial  que  declara la paternidad, entonces no existe prueba de la  agravación  referida.  Un argumento de tales características –insiste la Sala- resulta ilegítimo en  esta  sede  para  derribar  el fallo impugnado pues fue el mismo procesado quien  confesó  el  cargo  por  homicidio, así como la agravación por haber recaído  esa  conducta  en  su  propio  hijo; por manera que alegar en este momento, tras  haberse  allanado  al  cargo,  que  no  existe  prueba  que  permita  imputar la  agravación,      constituye      –reitera  la  Corte-  una clara retractación de lo admitido, lo cual  hace    que    el    cargo    no    pueda    ser    admitido    a    esta   sede  extraordinaria.      

c) Lo propio ocurre  respecto  del  argumento  que  se  plasma  en el quinto  cargo,  en  la  medida  en que en su fundamento existe  también  la  retractación  de  lo  admitido, en particular la tipicidad de los  cargos  por  secuestro  y  homicidio en contra del niño Luis Santiago Lozano, a  partir  de  la  personal  interpretación  probatoria  que  de  las palabras del  procesado hace el impugnante.   

En otras palabras dicho, a PELAYO RINCÓN se  la  imputó  –y  así  lo  confesó,  con  el  consiguiente  allanamiento-  el  secuestro y homicidio de la  víctima,  mientras  que  el  recurrente,  a  través  del  cargo  bajo estudio,  pretende  que  en  esta  sede  extraordinaria  la Corporación acoja su personal  interpretación  probatoria  de las palabras del procesado, en el sentido de que  aquello  que realmente admitió fue el comportamiento punible contra la libertad  individual  y  que  la  muerte  del  niño  no  acaeció como consecuencia de su  conducta.   

Lo anterior, reitera la Sala, no es más que  una  retractación  de  lo  aceptado,  lo  cual no puede ser el fundamento de un  cargo en casación, conforme lo ha precisado su jurisprudencia.   

7.   Por  otra  parte,  los  cargos  segundo,  tercero y sexto contienen  razonamientos  que  describen  supuestas violaciones de garantías fundamentales  del  procesado,  vicios  que  en  verdad  carecen de materialidad y terminan por  convertirse   en   esfuerzos   aislados   para  hacer  ver  motivos  de  nulidad  inexistentes,   para   así   fundar  –una  vez más- la retractación de las imputaciones admitidas por el  procesado.   

Es  así  que  a  través  del segundo  cargo  de  la  demanda  el censor  denuncia  que  la  imputación  careció  de  motivación,  razón  por la cual,  asegura,  el  entonces  indiciado no comprendió aquello que se le imputaba; por  medio   del   tercero,  el  libelista  afirma  que  la  confesión  de  PELAYO RINCÓN, y en consecuencia su  allanamiento   a  los  cargos,  se  produjo  como  consecuencia  de  haber  sido  torturado.  Por último, el casacionista recrimina, con apoyo en el sexto   cargo,  que  el  fallador  hubiese  individualizado  la  pena  a  través  del  sistema  de  cuartos,  práctica que  prohíbe el artículo 3º de la Ley 890 de 2004.   

a) Respecto de los  argumentos  que  sustentan los tres cargos reseñados, la Corporación tiene por  decir   que   el  primero  de  ellos  –el  segundo  de  la  demanda  de casación-  desconoce  la realidad procesal, pues la actuación permite ver a las claras que  a  ORLANDO  PELAYO  RINCÓN  se le pusieron de presente los hechos incriminados,  así  como su calificación jurídica, y que aquél los admitió y manifestó su  entendimiento.   La  afirmación  del  demandante,  según  la  cual PELAYO  RINCÓN,  debido a su cerrada comprensión    nunca   entendió   que   se   le   imputaba   la   ‘autoría    intelectual’  de  los  delitos  se  desestima  con  claridad  al  observar  que,  al ser preguntado por el juez del conocimiento, el  procesado      reconoció      que      fue      él      quien     ‘planeó   el   caso   y   organizó  todo’, es decir que pagó  y    dio   la   orden   para   que   “ellos          desaparecieran          al         niño”.   

Una  vez  más,  el  argumento  expuesto se  convierte  en  un  intento  por obtener la retractación de lo admitido sobre la  base de irregularidades que en realidad no existieron.    

Para ahondar en razones, téngase en cuenta  cómo  la  entonces  apoderada  judicial del procesado adscrita a la Defensoría  Pública,  quien  ejerció  una  muy  activa,  comprometida  y  febril  gestión  defensiva  en  todo  momento,  no  vio  de  qué manera, pese a las particulares  circunstancias  que  rodearon  el  inicio  del trámite procesal, PELAYO RINCÓN  hubiera  dejado  ver  su  incomprensión  de  aquello  que  se le imputaba, como  tampoco  lo  apreció el Ministerio Público, la juez con función de control de  garantías o la del conocimiento.    

De manera, entonces, que la tesis referente  a  la falta de claridad  de la imputación desconoce la realidad procesal y  no    pasa    de    ser    un   esfuerzo   adicional   encaminado   –insiste  la  Corte-  a  desconocer  el  principio  de no retractación que orienta la postulación de los cargos en sede  extraordinaria de casación.   

b) Ahora bien, el  argumento   expuesto   en   el   tercer  cargo  de  la  demanda,  según  el cual el allanamiento del imputado  se  produjo  como  consecuencia  de  haber  sido  víctima  de  torturas y actos  constitutivos  de  delito  de  lesa  humanidad  que merece ser conocido dentro y  fuera    del    país,    cual    fue    de    manera    concreta   ‘no haber recibido siquiera un vaso de  agua’,  carece  de  toda  seriedad  y  resulta  inidóneo  por  sí mismo para sustentar la pretensión de  nulidad  solicitada,  pues  solamente desde la particular óptica del demandante  aparece  probado  un hecho como el denunciado infligida a ORLANDO PELAYO RINCÓN  por  parte  de  servidores  con  funciones  de  policía  judicial,  con  el fin  manifiesto de obtener de él una confesión.    

Llama  la atención que en la diligencia de  imputación  a  PELAYO  RINCÓN le asistió libertad para expresarse como a bien  lo  quiso y, en tal virtud, negó cualquier pretensión encaminada a reclamar la  violación         de        garantías        fundamentales        –tal  como  lo  recava  el demandante-,  como   también  que  ni  el  Ministerio  Público  ni  el  juez  de  garantías  advirtieron  circunstancia alguna que revistiera semejantes características, no  empece  que,  en  su  momento,  así quiso hacerlo ver, sin éxito, la apoderada  judicial.   Por  otra parte, el soporte documental de la actuación permite  ver  que en las entrevistas rendidas por PELAYO RINCÓN éste estuvo acompañado  por su abogada.   

De  la  misma  forma,  la  afirmación  del  entonces  imputado  en  el sentido de que fue obligado a confesar por el fiscal,  por  los  miembros  del  Gaula o los del CTI, carece de sustento probatorio y no  pasa  de mostrar –otra vez-  la  pretensión de hallar algún fundamento encaminado a lograr la retractación  de los cargos admitidos.   

Cierto es que dada la inmediatez y celeridad  requeridas  por  parte  de  los  investigadores  y fiscales para cumplir con los  términos  perentorios  que ordena la Ley Procesal cuando existe persona privada  de  la  libertad,  así como las especiales circunstancias de orden público que  rodearon  el inicio de esta actuación, impidieran brindar al entonces indiciado  el  trato  que  el  demandante  echa  de menos, pero de allí a asegurar que fue  objeto   de   vejámenes   constitutivos   de  delitos  de  lesa  humanidad  por  ‘no   haber   recibido  siquiera  un  vaso de agua’  no  es más que una exageración encaminada a hacer ver inexistentes anomalías,  con  el  fin  ulterior  de deshacer los efectos de la retractación válidamente  expresada.   

c)  El último de  los  cargos  que se vienen de enunciar –el  sexto del libelo- desconoce la realidad  procesal  y  los  precedentes  jurisprudenciales  que  ha  fijado  la Sala en lo  referente a la tasación de la pena.    

En efecto, si bien es cierto que el reproche  versa  sobre  la  individualización  de  la  pena  (y  por ello resultaría, en  principio,  legítimo  el  reclamo intentado por vía del recurso extraordinario  de   casación),   como  también  es  verdad  que  en  este  caso  el  juzgador  individualizó  la  pena  por  medio del mecanismo de los cuartos de puniblidad,  tal  como  lo  regula  el  artículo 61 del Código Penal, también lo es que la  Corte  ha precisado que esa manera de proceder es legítima en aquellos casos en  los   que   –como  en  el  presente-  el  allanamiento  a los cargos no incluyó un acuerdo sobre la pena a  imponer.    

Para resolver el punto y dejar en evidencia  lo  intrascendente  del  razonamiento  que sustenta el cargo, basta con recordar  enseguida  lo  que  la  Corporación ha precisado sobre este asunto:     

“…  si bien  se  denuncia la vulneración de la garantía a un debido proceso porque al tasar  la  pena  impuesta  al  acusado  se  acudió  al sistema de cuartos de movilidad  cuando  en  criterio  del demandante ello resultaba legalmente imposible dada la  prescripción  del  artículo  3º  de  la Ley 890 de 2.004 según la cual dicho  método   no   será   aplicable   cuando   se  hayan  efectuado  preacuerdos  o  negociaciones   entre   la  defensa  y  la  Fiscalía,  ostensible  se  hace  el  desconocimiento  del recurrente respecto al desarrollo jurisprudencial que se le  ha impreso a dicho tema.   

Es  que a pesar de que la norma antecitada  señale  que  “el sistema  de  cuartos  no  se aplicará en aquellos eventos en los cuales se han llevado a  cabo  preacuerdos  o  negociaciones  entre la Fiscalía y la defensa”,  la  interpretación sistemática y  teleológica  que  a  ella  le  ha dado la Sala indica que dicha prohibición no  opera  cuando  el  preacuerdo o negociación no incluyan el monto de la pena, de  modo  que  -dijo la Corte en su radicado de tutela No.24.868 de abril 4 de 2.006  y  reiteró  en sentencia de casación dictada el 4 de mayo del mismo año en el  proceso      No.      24.531-      “cuando  no hay convenio sobre la pena a imponer (porque se trate de  allanamiento  o  porque  siendo  un  preacuerdo  en éste nada se pacta sobre el  monto  de  la sanción), el juez debe tasarla conforme  al  tradicional  sistema  de  cuartos y de la ya individualizada hacer la rebaja  correspondiente,  atendiendo  factores tales como -a título ejemplificativo- la  eficaz  colaboración  para  lograr  los  fines  de  justicia;  la significativa  economía  en  la  actividad  estatal  de investigación; el que la ayuda que se  genere  con  la  aceptación de los cargos muestre proporción con la dificultad  probatoria;   el   que  -cuando  sea  del  caso-  se  facilite  descubrir  otros  partícipes  u  otros  delitos  conexos; el que no se dificulte investigar otras  conductas  o  partícipes,  etc,  sin  influir  en  este  momento los referentes  tenidos  en  cuenta  para  individualizar  la  sanción,  pues  ya  agotaron  su  función.   

                                 

“Asimismo, si  se  ha  acudido  al  mecanismo  de la negociación y dentro de ella se pactó el  monto  de  la sanción, a ésta quedará vinculado el juez (art. 370), salvo que  en  su concreción se haya violado alguna garantía fundamental, no pudiendo por  aquella  razón  (y  en  ello  se explica la prohibición del art. 3 Ley 890/04)  acudir  al  sistema  de  cuartos.  Sin  embargo,  debe advertirse que si bien la  limitante  legal  acabada  de  reseñar pareciera absoluta -en el sentido que la  entendieron  las  instancias-  vale  decir,  que  en  todo caso de preacuerdo el  mencionado  sistema  de  dosificación  está  prohibido,  ello no resulta así,  porque  frente  a un preacuerdo donde el monto de la pena a imponer no haya sido  pactado,  al  juez  fallador  -para  individualizar  la  sanción-  no  le queda  alternativa distinta que acudir al sistema de cuartos.   

                                 

“La  conclusión,  entonces,  apunta a que la prohibición de la Ley 890-3 sólo debe  entenderse   aplicable   cuando   ha   mediado   un  preacuerdo  contentivo  del  señalamiento  de la pena a imponer, y ni siquiera cuando sólo se ha pactado el  monto  de  la rebaja (como también puede ocurrir) pues en este último caso ese  quantum  de  reducción  acordado  únicamente operará respecto de una sanción  previamente       individualizada”.   

En  el  asunto que se examina, habiéndose  allanado  el  procesado  a  la imputación que le formulara la Fiscalía resulta  incuestionable  que  por  esa  potísima razón la prohibición cuya aplicación  demanda  el defensor no era procedente y así lo entendieron los propios sujetos  procesales  cuando  al serles concedida la palabra por virtud del inciso primero  del  artículo  447  de la Ley 906 de 2.004 solicitaron que la pena a imponer se  ubicara  en  el  cuarto  mínimo, como así finalmente sucedió al tasar el juez  una  de 74 meses de prisión a la que le aplicó el máximo de rebaja por razón  de   la   aceptación  de  los  cargos”       (subraya      la      Corte)8.   

La reseñada postura de la Sala resulta del  todo  aplicable  al caso que aquí ocupa su atención, en la medida en que de la  actuación  procesal  surtida   surge  que  en  verdad,  con  ocasión  del  allanamiento,  no  existió  un  acuerdo  con  la  fiscalía  sobre  la  pena  a  imponer.   

En conclusión, los yerros descritos en los  cargos    segundo,   tercero   y   sexto  carecen  de  materialidad,  motivo por el cual el razonamiento que  los desarrolla deviene en intrascendente.   

8.        En       conclusión,  los  cargos formulados en la  demanda  de casación carecen de uno de los presupuestos requeridos para acceder  a  esta  sede extraordinaria cual es el de interés para recurrir, pues censuran  aspectos  muy  distintos  a aquellos con los que -según la jurisprudencia de la  Sala-  es  viable  sustentar  la impugnación ordinaria o extraordinaria, o bien  denuncian  inexistentes  violaciones  al debido proceso con el fin de desconocer  el  principio  de  no  retractación que opera en este caso.  Por lo tanto,  como    ya    lo    anticipó   la   Corte,   inadmitirá   todos   los   cargos  formulados.   

Acotación final.  

8.   Habida  cuenta  que  contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado   ORLANDO   PELAYO   RINCÓN   procede         el         mecanismo         de         insistencia   de   conformidad   con   lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004, es necesario precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación9, como sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E:  

PRIMERO:         INADMITIR   la  demanda  de casación  presentada   por   el   defensor   de  ORLANDO  PELAYO  RINCÓN.   

SEGUNDO: De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es viable la interposición del  mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO    J.   IBAÑEZ   GUZMÁN           

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  ARTICULO  170. CIRCUNSTANCIAS DE AGRAVACION PUNITIVA.  La  pena señalada para el secuestro extorsivo será de cuatrocientos cuarenta y  ocho  (448)  a  seiscientos (600) meses y la multa será de seis mil seiscientos  sesenta  y  seis punto sesenta y seis (6666.66) a cincuenta mil (50000) salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, sin superar el límite máximo de la pena  privativa  de la libertad establecida en el Código Penal, si concurriere alguna  de   las   siguientes   circunstancias…  1. Si la conducta se comete en persona discapacitada que no pueda  valerse  por  sí  misma  o  que  padezca  enfermedad  grave,  o en menor  de  dieciocho  (18)  años,  o en  mayor  de  sesenta  y  cinco  (65)  años,  o que no tenga la plena capacidad de  autodeterminación  o  que  sea  mujer  embarazada…  4.  Si  se  ejecuta  la conducta respecto de pariente  hasta  el  cuarto  grado  de consanguinidad, cuarto de afinidad o primero civil,  sobre   cónyuge  o  compañera  o  compañero  permanente,  o  aprovechando  la  confianza  depositada  por  la víctima en el autor o en alguno o algunos de los  partícipes.  Para  los  efectos  previstos en este artículo, la afinidad será  derivada de cualquier forma de matrimonio o de unión libre.   

2  ARTICULO  104.  CIRCUNSTANCIAS  DE  AGRAVACION:  La  pena será de cuatrocientos  (400)  a  seiscientos  (600)  meses  de  prisión, si la conducta descrita en el  artículo   anterior   se   cometiere:  1.  En  la  persona  del  ascendiente  o  descendiente,  cónyuge,  compañero o compañera permanente, hermano, adoptante  o  adoptivo,  o  pariente  hasta  el  segundo  grado  de  afinidad. 2.  Para preparar, facilitar o consumar otra conducta punible; para  ocultarla,   asegurar   su  producto  o  la  impunidad,  para  sí  o  para  los  copartícipes…  4.  Por  precio,  promesa  remuneratoria,  ánimo  de  lucro  o por otro motivo abyecto o  fútil…   7.  Colocando  a  la  víctima  en  situación  de  indefensión  o  inferioridad o aprovechándose de esta situación.   

3  ARTICULO   170.   Circunstancias   de   agravación  punitiva  [del secuestro simple; artículo modificado  por  el  3º  de  la  Ley  733  de 2002]. La   pena   señalada   para   el   secuestro  extorsivo  será  de  cuatrocientos  cuarenta  y ocho (448) a seiscientos (600) meses y la multa será  de  seis  mil  seiscientos  sesenta  y  seis  punto  sesenta  y seis (6666.66) a  cincuenta  mil (50000) salarios mínimos legales mensuales vigentes, sin superar  el  límite  máximo  de  la  pena  privativa  de  la libertad establecida en el  Código     Penal,     si     concurriere     alguna     de    las    siguientes  circunstancias…   10.  Cuando  por  causa  o con ocasión del secuestro le sobrevengan a la víctima la  muerte o lesiones personales.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto de noviembre 26 de 2000,  radicación  15246.  En  el  mismo  sentido,  auto  del  18  de octubre de 2005,  radicación  No.  24018  y  auto  del  27  de  octubre  de 2004, radicación No.  22915.   

5  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 30 de enero de 2008,  radicación No. 28772.   

7  Sentencia de 18 de noviembre de 2004, radicación No. 21850   

8 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, auto del 7 de febrero de 2007,  radicación No. 26448   

9  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *