33843(19-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33843  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                Magistrado Ponente:   

                                                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                   Aprobado Acta No. 162   

Bogotá,  D.C.,  diecinueve   (19)   de   mayo   de   dos   mil  diez  (2010)   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la legalidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Pedro   Nel  Jaramillo  Cruz,  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Cali el 13 de noviembre de  2009,  por  medio de la cual confirmó la decisión de primera instancia emitida  por  el  Juzgado  17  Penal del Circuito el 12 de febrero del mismo año, que lo  condenó  a  la  pena  principal  de  36 meses de prisión, como responsable del  delito de acceso carnal violento con reconocimiento de ira.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

Los   hechos   de   este   proceso  fueron  sintetizados en la sentencia impugnada, así:   

“La  presente  investigación  tuvo  su génesis en la denuncia impetrada por la señora María  Victoria  Olarte  en contra de su esposo Pedro Nel Jaramillo Cruz, por el delito  de  acceso  carnal  violento del que fue víctima en la madrugada del 9 de marzo  de  2003,  luego  de  que  el referido sujeto llegó a su hogar y la sacó de la  habitación  de  su  hija  menor  donde  dormía,  ya  que atravesaban problemas  conyugales  y luego de forma violenta la golpeó y le accedió carnalmente en la  habitación         matrimonial”.   

Escuchados los testimonios de los hijos de la  pareja,  Pedro  Nel  Jaramillo  Olarte  (fl.5) y César Augusto Jaramillo Olarte  (fl.21)  y  allegadas  las  actas  levantadas ante la Comisaría de Familia Fray  Damian  (fl  6  y  ss), la constancia médica del Hospital Básico Cañaveralejo  (fl.16)  y  las  valoraciones  sexológicas  del  Instituto  de Medicina Legal y  Ciencias  Forenses practicadas a la ofendida (fl.17 y ss), el 4 de abril de 2003  la  Fiscalía  Quince  Seccional  de  Cali  ordenó  la  formal  apertura  de la  instrucción  (fl.24),  vinculándose  mediante  indagatoria  al  imputado, cuya  situación  jurídica fue resuelta el 15 de abril de 2003, con la imposición de  medida  de aseguramiento consistente en detención preventiva por los delitos de  acceso carnal violento y actos sexuales violentos (fl.64).   

Acopiado  el  testimonio  del  médico Edgar  Enrique  Hurtado  Londoño   (fl.160)  y la valoración psiquiátrica de la  víctima  por  parte  del  Instituto  de  Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses  (fl.196),  así  como  ampliada  la denuncia en sendas oportunidades (fl.s 224 y  267  c.2) -con presencia del defensor del procesado-, se dispuso el cierre de la  instrucción  calificándose  su  mérito  con  el  proferimiento de resolución  acusatoria  en  contra  de  Pedro  Nel  Jaramillo Cruz  por  el  delito  de  acceso  carnal violento agravado  (arts.  205  y 211.5 del C.P.), en decisión cofirmada por la Fiscalía Delegada  ante   el  Tribunal  Superior  de  Cali  el  9  de  diciembre  de  2004  (fl.423  c.2).   

En  firme los cargos, el 12 de enero de 2005  se  abrió el juicio a pruebas (fl.467 c.3) -cuyo término corrió hasta el 2 de  febrero-,  recibiéndose  memorial  del procesado el 12 de mayo en que solicitó  se  ampliara  la  queja  criminal,  que  hubo  de  ser  denegada en la audiencia  preparatoria por ser manifiestamente extemporánea (fl.495 c.3).   

Tramitada la fase del juicio se emitieron las  sentencias en los términos glosados inicialmente.   

Demanda  

Tres cargos aduce el procurador judicial del  procesado.   

El           primero   acusa   el  fallo  de  haberse  proferido  dentro  de un proceso viciado de nulidad, como efecto de no aceptarse  “como  necesaria”, la prueba de  contra  interrogatorio  de  la quejosa, con quebranto del derecho de defensa del  imputado.   

Recuerda  el actor que si bien el juez a quo  denegó  por  extemporáneo  el  pedido  de  dicha prueba, el procesado adujo la  prevalencia  del  derecho  sustancial  con miras a que se decretara la misma, lo  que  además  denota  quebranto  al principio de investigación integral pues ha  debido   disponerse   de   oficio   para   garantizar   el  derecho  de  defensa  material.   

Como   segundo  reproche también por nulidad presentado -que dice es  subsidiario-,  acusa  violación  al  principio de investigación integral, toda  vez  que  el  juzgador  ha debido practicar todas aquellas pruebas conducentes a  establecer  la  verdad  y  en especial “las    pruebas    que    habían    sido    solicitadas”, tal como sucede con la declaración  de  la  denunciante  pues  se dejó de aplicar la imparcialidad del funcionario,  ocasionándole  evidente  agravio a las garantías del procesado, máxime cuando  con    su    aporte    habría    demostrado    la    no   responsabilidad   del  enjuiciado.   

Como          tercer ataque, postula error de hecho por  falso    juicio    de    identidad   “por    tergiversación    de   la   prueba   documental”.   

Reproduce  entonces  en  extenso apartes del  fallo,  para  enseguida afirmar que sin pretender imponer su criterio valorativo  de  las  pruebas  “se hace  necesario  presentar  lo  que  realmente dice la prueba no sólo documental sino  testimonial  recabada  dentro  de  las  exigencias  y  cánones de nuestro orden  jurídico            interno”.   

Para  el  libelista  ni  de  los  exámenes  sexológicos  ni  de  la  constancia del galeno Hurtado Londoño se “predetermina”         o        “vislumbra”     que     haya     “existido  penetración vaginal o anal  con  los  dedos  y  menos  con  la mano”.   

Así, para el censor, de la prueba pericial,  documental  y testimonial, no se deriva que haya existido penetración, de donde  se   hace  irrefutable  su  tergiversación  y  por  consiguiente  la  falta  de  fundamento para la condena impartida en contra del procesado.   

Solicita,  así, se case el fallo decretando  la  nulidad  desde  la audiencia de iniciación del juicio -en relación con las  dos   primeras  censuras-  y  en  relación  con  la  última  de  ellas  se  le  absuelva.   

CONSIDERACIONES  

1.  Inherente a la  índole  extraordinaria que es propia del recurso de casación, dados su alcance  y   fines   que   le   sirven  de  supuestos,  ha  señalado  desde  antiguo  la  jurisprudencia  de  la  Sala  que  la presentación del escrito de demanda exige  unos   requisitos  particulares  a  partir  de  su  restringida  viabilidad,  su  carácter  esencialmente  rogado  y  la  enunciación  de taxativas causales que  deben  proponerse  con  precisión y claridad, bajo el imperativo de sujetarse a  las  modalidades  que  cada una tiene, dependiendo del ámbito que constituye su  concreta finalidad en cada caso.   

2.   Dentro  de  semejante  marco  la  doctrina  también  ha  enfatizado  en que la totalidad de  causales  previstas  como  genéricos supuestos de ataque a la sentencia, están  condicionadas  en  su  planteamiento  y  desarrollo  de  los supuestos en que se  fundan  por  las  mismas  exigencias  de precisión, claridad y lógica, sin que  cualquier  propuesta  discrepante  con  la sentencia sea equiparable a un libelo  que  amerite  de la Corte un pronunciamiento en el fondo, pues por el contrario,  falencias  en  el propio enunciado de los motivos y en los fundamentos que dicen  respaldarlos   emergen   como  causa  eficiente  para  afirmar  su  ineptitud  y  consiguiente inadmisión.   

3. Aludir ab initio  a  estas básicas nociones es del todo propicio en orden a abordar el estudio de  la  demanda  invocada  a  nombre de Pedro Nel Jaramillo  Cruz,  dada  la  ostensible  precariedad en la formal  propuesta  de  los  reproches  que  se  han  aducido  en  contra de la sentencia  impugnada  y  la  fragilidad  que  los  argumentos  que  les sirven de basamento  exhiben,  haciéndose  en cambio notable su falta de claridad y precisión y por  ende  evidente también la inidoneidad del escrito como para ser admitido por la  Corte.   

4.  Aun  cuando  separó     caprichosamente     el     censor     los     cargos    primero        y       segundo,  dándole  al  inicial carácter  principal  respecto del siguiente, es lo cierto que los dos se fundamentan en el  mismo  supuesto  vicio  que  coincide en encumbrar como irregularidad sustancial  lesiva  del  debido  proceso  con quebranto a su turno del derecho de defensa no  haberse   acopiado   la   ampliación  del  testimonio  de  la  víctima  en  el  juicio.   

En     efecto,     la     primera tacha aduce violación al derecho  de  defensa material del incriminado como efecto de no ordenarse durante la fase  del  juicio la ampliación del testimonio de la denunciante, pese a la necesidad  de  esta  prueba  y  el  haber sido demandada por el sindicado, lo que configura  quebranto  al  principio de investigación integral, al paso que la segunda  censura  reitera  violación  al  destacado principio y quebranto a las garantías del procesado.   

5.  Si  bien  la  doctrina  y  la  jurisprudencia han reconocido en la investigación integral -en  vigencia  de  los  códigos procesales penales anteriores al que actualmente nos  rige,  incluido  el  contenido  en la Ley 600 de 2000 aplicable en este caso- un  deber  del  Estado  jurisdicción  que  no solamente apunta a la salvaguarda del  debido  proceso  sino que en algunos casos compromete la protección del derecho  de  defensa,  en  incontables  oportunidades  también  se enfatizó que ello es  predicable  -en dicho sentido ha de estar orientado un ataque a la sentencia que  así  lo  predique-,  exclusivamente  en  aquellos  eventos  en  que se omite la  práctica   de  pruebas  cuya  procedencia  y  trascendencia  aparece  destacada  procesalmente,  o cuando la no aportación de un medio de convicción al proceso  es  efecto  de una arbitraria, injustificada e inmotivada negativa por parte del  servidor judicial.   

6.   No   es,  precisamente,  a  esto a cuanto apunta el libelo casacional en el presente caso.   

Un  primer  argumento hace ostensible que la  prueba  de  ampliación  de  denuncia  fue solicitada por el imputado tres meses  después   de  cerrada  la  oportunidad  para  deprecarla,  esto  es,  en  forma  manifiestamente  extemporánea,  aspecto  que  fue ampliamente dilucidado en las  instancias  como  que  sirvió de razón para fundar motivo de nulidad rechazada  por su total carencia de fundamento.   

El  actor  no  sustenta  la  necesidad de la  prueba  demandada  más allá de afirmarlo. De hecho no era esfuerzo fácil como  quiera  que la quejosa depuso durante la investigación en cuatro oportunidades,  en  tres  de  ellas  con  presencia  del  defensor de confianza del incriminado.   

7.  Ni la justicia  denegó  al  imputado por capricho o necedad arbitraria la prueba de ampliación  de  la  denuncia  -aspecto  que  no  refiere  el  libelo-,  ni  dada  la prolija  intervención  de  la  víctima  que  abundó  en  detalles  y se sostuvo en sus  incriminaciones,  su  nuevo  acopio  era  asunto que coadyuvara con determinante  significación  cuanto  ya  el expediente condensaba en el esclarecimiento de la  verdad,  como  para  sostener que era imperioso en desarrollo del deber de plena  investigación porfiar en su decreto.   

8. El tercer  ataque  que  se  postuló  por la  causal  primera  arguye  inicialmente falso juicio de identidad en relación con  la       “prueba  documental”.   

Al respecto las falencias del reproche dejan  observar,  que así como no precisa exactamente el medio al que se refiere ni en  qué  radica el falseamiento probatorio, culmina por aludir a la totalidad de la  prueba   allegada   al   expediente,  “pericial,        testimonial        y        documental”    como   tergiversada,   en   una  generalización  que  así  hubiera  procurado  poner  a salvo so pretexto de no  tratarse  de una disparidad valorativa, nada distinto en realidad representa que  eso,  es decir, expresiones contenciosas sobre la credibilidad de los medios que  son inaceptables en casación.   

9.   Por  ello,  confronta  desde  la  perspectiva  de  su  análisis  los  diversos elementos de  convicción  incorporados  al  proceso,  para  concluir  en  que nada posibilita  sostener    que    haya   existido   “penetración   vaginal  o  anal  con  los  dedos  y  menos  con  la  mano”  por  parte  del  incriminado.   

Semejante  conclusión  posibilita  observar  cómo,  con  absoluta indiferencia, ignora el actor que la imputación de cargos  en  contra del procesado -en correspondencia con la condena-, le atribuyó haber  accedido  carnalmente  a  su  compañera  en  desarrollo  de  actos de violencia  física  y  moral,  con  sus  dedos  y  con  su  miembro viril, en forma tal que  referirse  con  exclusividad  a  una  parte  del conjunto de agresiones sexuales  resulta  evidentemente  inane frente a la integralidad de la conducta que le fue  imputada.   

Siendo  notables  los  desajustes  de  orden  formal  de  la  demanda  presentada,  nada  distinto procede que su inadmisión,  máxime  cuando  no  observa  la  Corte  la  eventualidad  de  quebrantos  a las  garantías procesales que ameritaran su oficiosa corrección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda de casación presentada  por  el  defensor  del  procesados  Pedro Nel Jaramillo  Cruz.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

                                       Comisión de servicio   

JOSÉ       LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                             AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                            YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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