32205(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32205  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No. 413   

Bogotá,     D.     C.,    nueve   de   diciembre   de   dos   mil  diez.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  acusado     JAIRO    AUGUSTO    DÍAZ  DÍAZ.   

Antecedentes.-  

1.-  La  cuestión  fáctica,  ocurrida  en  el         Departamento         deL  Tolima, fue  declarada por el juzgador de la manera siguiente:   

“En el curso de  diligencia  de  allanamiento  y registro practicada en  horas  de la noche del 12 de junio de 2008 en el inmueble localizado en la calle  6  No.  5-89 Barrio El Cruce del municipio de Purificación, se encontró en los  módulos  y  escritorios  pertenecientes  a  Jairo  Augusto  Díaz Díaz y Smith  Armando  Bárcenas Cortez varios cuadernos, carpetas, talonarios con el logotipo  bono    promocional    y    social   ‘ASO_DESCOM       EAT’  que  eran  utilizados  para  la  venta de chance blanco sin estar  legalmente  autorizados  para  ello, motivo por el cual fueron capturados, junto  con  las  señoras  Aracelly  Parra  Sepúlveda,  Judith Stella Marín y Liliana  Gómez  Olis,  y  puestos  a  disposición  de  la  Fiscalía  con los elementos  incautados”.   

2.-  El día 13  siguiente a la fecha de  la  aprehensión,  la  Fiscalía 29 Seccional de Purificación presentó el caso  ante  el  Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal  con  funciones  de  control de  garantías  de  esa  misma  ciudad,  en audiencia preliminar de legalización de  allanamiento,   formulación   de   la   imputación,  solicitud  de  medida  de  aseguramiento, y revisión de la legalidad de las incautaciones.   

Respecto  de  los  capturados AUGUSTO DÍAZ y  SMITH  ARMANDO  BÁRCENAS  la imputación se efectuó por el delito de ejercicio  ilícito  de  actividad  monopolística de arbitrio rentístico, definido por el  artículo  312  del  Código  Penal,  modificado  por  la  Ley 1142 de 2007. Los  citados  implicados  en  presencia  de su defensor, en virtud de un preacuerdo a  que  llegaron  con  la  Fiscalía, aceptaron la imputación por dicho delito. La  juez  consideró  que  esa  manifestación  fue  libre, consciente, voluntaria y  debidamente  informada  y por tanto aprobó lo acordado entre la Fiscalía y los  imputados,  declaró  la  legalidad  de  las  actuaciones  de  la Fiscalía y se  abstuvo  de  imponerles  medida  de  aseguramiento  ante la manifestación de la  Fiscalía  de  no  solicitar  su  imposición,  ordenando,  en  consecuencia, su  libertad inmediata.   

Como  las  otras  personas  capturadas  no se  allanaron  a  la  imputación  ni  celebraron preacuerdos o negociaciones con la  Fiscalía,  se  dispuso  la ruptura de la unidad procesal y la continuación del  trámite ordinario con respecto a ellas.   

3.-  En  cumplimiento  de  lo dispuesto en el  artículo  293  del  estatuto  procesal  penal  (Ley  906  de 2004), el caso fue  llevado   ante   el   Juez  de  conocimiento  (Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Purificación),  para  la individualización de la pena y el proferimiento de la  sentencia.   

4.-  En audiencia pública celebrada el 23 de  julio  de  2008  ante  el  Juez  Penal  del Circuito de Conocimiento con sede en  Purificación,  Tolima,  los   procesados JAIRO AUGUSTO DÍAZ DÍAZ y   SMITH  ARMANDO  BÁRCENAS CORTÉS, en presencia de sus defensores, se declararon  culpables  de  los  cargos a ellos imputados por la Fiscalía y manifestaron que  dicha  declaración  de culpabilidad era producto de un acuerdo celebrado con el  órgano acusador.   

Consta  en  el  acta  de  la  diligencia  que  “el  Señor  Juez manifestó que teniendo en cuenta  que  la  manifestación  fue  voluntaria, libre y debidamente asesorados por sus  abogados,  el Despacho le da su aprobación, y como no puede haber retractación  alguna  se  da  el sentido del fallo. Dada la aceptación de responsabilidad que  han  hecho,  la  sentencia  será  condenatoria en contra de JAIRO AUGUSTO DÍAZ  DÍAZ  y  SMITH  ARMANDO  BÁRCENAS  CORTÉS,  como  autores con responsabilidad  dolosa   del  delito  de  ejercicio ilícito de actividad monopolística de  arbitrio  rentístico,  por  cuanto efectivamente  la actividad que estaban  desarrollando  de  expender chance en blanco, está tipificada por el legislador  como  punible  en  atención  a           que  no  contaban con las licencias respectivas  lo  que  conllevaba  un daño a la  salud de los colombianos, al no recibir  el  pago  que  el  legislador ha establecido por explotar una rifa o un juego de  azar,  como su aceptación conlleva a que los elementos materiales de prueba que  la  fiscalía  ha  aducido  en  la  carpeta,  y  aunque  no han sido sometidos a  publicidad    y   a   la   contradicción,   en   este   momento  se  hacen  públicos     y    se    convierten    en   prueba   en   contra   de   los  procesados”1.   

5.-  El  17  de  febrero  de 2009, el Juzgado  condenó  a  los  procesados JAIRO AUGUSTO DÍAZ DÍAZ y SMITH ARMANDO BÁRCENAS  CORTÉS,  a  las  penas  principales  de  24  meses  de  prisión y multa de 250  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, y la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, por el mismo término de  la  pena aflictiva, al tiempo que les concedió la suspensión condicional de la  ejecución   de   la  pena,  a  consecuencia  de  hallarlos  autores  penalmente  responsables  del  delito  de  ejercicio ilícito de actividad monopolística de  arbitrio   rentístico,   descrito  en  el  artículo  312  del  Código  Penal,  modificado por el artículo 35 de la Ley 1142 de 2007.   

5.-   Contra   este  fallo  los  defensores  recurrieron  en  apelación  para  solicitar  su  revocatoria  y  la consecuente  absolución  de  sus  asistidos,  tras  estimar  que hay ausencia de pruebas que  permitan  arribar  al  conocimiento más allá de toda duda, acerca del delito y  de  la responsabilidad penal de los acusados, pero el Tribunal, mediante el suyo  de  26  de  marzo  de  2009,  lo  confirmó   en  lo  que  fue  materia  de  impugnación.   

6.-  Contra  la  sentencia   de   segunda   instancia,   la   defensa   del  procesado    JAIRO  AUGUSTO  DÍAZ  DÍAZ, oportunamente interpuso recurso  extraordinario  de  casación  mediante  la  presentación de la correspondiente  demanda,   sobre   cuya  admisibilidad  se  pronuncia  la   Corte, pues el  defensor  de  SMITH  ARMANDO  BÁRCENAS  CORTÉS,  quien  -de conformidad con lo  dispuesto  por  el  artículo  120  de  la  Ley  906 de 2004-, podía actuar sin  necesidad   de  formalidad  alguna  para  su  reconocimiento,  no  presentó  la  correspondiente  demanda,  pese  a haberlo anunciado2.   

La demanda.-  

Con  apoyo  en lo dispuesto por el artículo  181    numerales     1    y   2   del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  el actor formula  tres  cargos  contra  la sentencia del Tribunal, en los  que   la   acusa  de  ser  violatoria,    por    vía    directa   de  disposiciones  de  derecho sustancial  (cargos    primero    y    segundo),   y   de   haber   desconocido  el  debido  proceso  por  afectación  sustancial  de  la garantía debida a la parte      acusada      (tercera  censura).   

En   el  primer  cargo,   sostiene  que  la  violación  directa  de  la  ley sustancial, se dio por falta de aplicación de  la  disposición  contenida  en  el artículo 60 de la Ley 599 de 2000, toda vez  que  “no  se  satisfizo  la  exigencia  del  juicio  conforme   a   las   leyes   preexistentes   al  acto  que     se  imputa,  y  con  la  observancia  de  la plenitud de las formas  propias  de  cada  juicio.  Lo  anterior  por  haberse  excluido  del ámbito de  aplicación  penal,  el postulado contenido en el artículo 5º de la Ley 643 de  2001,  pese  su  inherencia  al  artículo  312  del  C.  P.,  como  parte de la  reglamentación   de   la   actividad  de  monopolio  de  arbitrio  rentístico;  deficiencia  que  condujo   al  fallador  de  alzada,  al  reproche  de una  actividad  excluida  de  la  regla  punitiva,  y  por  ello a imponer un injusto  reproche      penal      por      una      conducta      atípica”.   

Sostiene que en el fallo materia de censura,  el  sentenciador  no  analiza  los  elementos que integran un monopolio o de las  actividades  sujetas  o  vinculadas  a  los mismos, así como las excepciones de  éstos,  condiciones en las cuales mal podía concluir si la actividad objeto de  investigación  está  o  no  dentro de la restricción punitiva, lo que por sí  solo  ya  constituye  un  desconocimiento de lo normado por el artículo 6º del  Código Penal.     

Anota  que de conformidad con el artículo 5  de  la  Ley 643 de 2001, los sorteos promocionales que realicen los comerciantes  para  impulsar  sus ventas están excluidos de la ley de monopolio y por ende no  son  objeto  de  reproche  penal.  Como en este caso,  dice,  la  diligencia de allanamiento permitió descubrir talonarios con el  logotipo   de   Bono  Promocional  y  Social  Aso-Dedcom  Eat,  la  conducta  no  corresponde  a  la  definición  típica de que trata el artículo 312  del  Código Penal     

Considera que como  los  juzgadores  obviaron  el análisis de las normas  que  integran  el  tipo  penal  aplicado  al  caso,  incurren  en  el  error  de  identificar  la  conducta investigada como objeto de reproche penal, máxime que  los  incriminados,  en  su  ignorancia  jurídica  se  limitaron  a  aceptar  el  acaecimiento de un imposible jurídico.   

Concluye que el error cometido determinó la  emisión   de   una   sanción   penal  por  una  conducta  atípica,  incurriendo  de este modo en violación de la ley sustancial por  exclusión  evidente del artículo 6º del Código Penal, y del artículo 5º de  la   Ley   643  de  2001,  configurándose  con  ello  la  causal  de  casación  invocada.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  el  fallo  impugnado  y  absolver  al  acusado JAIRO AUGUSTO DÍAZ  DÍAZ  de los cargos que  le fueron formulados.   

     

En  el  segundo  cargo, también enunciado  como   violación  directa  de  la  ley,   denuncia   que   el  sentenciador  incurrió  en  falta  de  aplicación de lo dispuesto por el artículo 9º de la  Ley  599  de  2000  “en  tanto  que  la  decisión  demandada  no  satisfizo  los  requerimientos  de la punibilidad al no verificar  como  era  necesario  la  tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, y asumir la  causalidad   como  suficiente  para  la  imputación  jurídica  del  resultado,  inaplicando  por  defecto  lo  dispuesto  por los artículos 10, 11, 12 y 13 del  C.P.”.   

Señala      que      “pese  a  hacerse  alusión a la tipicidad, la antijuridicidad y  la  culpabilidad, en verdad la instancia no procede al estudio conceptual, serio  y  concienzudo  de  los  mismos  al  interior  del  proceso  y  por el contrario  convalida  el  actuar  del  a quo, que en igual sentido, por el hecho de existir  allanamiento  a  los cargos de la Fiscalía, entendió como innecesario precisar  el  alcance  y  la contextualización de cada uno de  los  elementos  de  la punibilidad, confrontándolos con el acontecer fáctico y  el acervo probatorio recaudado”.   

Después   de   hacer   algunas   otras  consideraciones,  estima  que  “en el evento en que  un  juzgador  de  instancia  no proceda al juicioso análisis de la punibilidad,  con  la  precisa  verificación de la tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad,  como  elementos  integrantes  de  la misma, según lo enseñan los artículos 9,  10,  11  y  12  del  CP;  no  obstante  el  allanamiento  de  los procesados; se  quebrantaría  el  principio  de  legalidad de la función pública y las normas  legales  pertinentes.  Luego  el  mencionado  análisis  deberá  ser  entendido  siempre  como un proceder necesario, connatural e inherente a la garantía de la  libertad    de    las    personas    y    al    debido    proceso”.   

A   manera  de  conclusión  reitera  que  “si  el fallador de instancia hubiera realizado el  análisis  de  tipicidad que se alude carente; hubiera advertido necesariamente,  según  la lectura del artículo 312 del CP., que este tipo penal es de aquellos  que  la  doctrina  ha  denominado como abierto y por ello de necesaria remisión  interpretativa  a  otros  ordenamientos,  como la ley 643 de 2001 y sus decretos  reglamentarios,  rectora  del monopolio de arbitrio rentístico de los juegos de  suerte y azar”.   

Solicita  casar  la  sentencia  recurrida y  absolver  al  acusado  de  los  cargos que le fueron  formulados.        

Respecto      del      tercer     cargo,       que      el      casacionista      denomina     “primero  subsidiario” esta  vez  formulado  al  amparo de la  causal   segunda   de   casación,   sostiene   que  se  presentó  “desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial  de  la  garantía  debida  a  mi  cliente Jairo Augusto Díaz Díaz, como sujeto  procesal,  en  tanto  que la decisión no satisface la necesidad considerativa y  apreciativa   del  orden  jurídico,  sobre  la punibilidad, tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, en  relación  con  el  acontecer  fáctico   y probatorio, según lo ordena el  artículo  7,  162,  380,  381  de  la  Ley  906 de 2001 y 29 CPN”.   

Manifiesta  que  de  la  sola lectura de la  sentencia  se  puede  concluir “que no existe   al  interior  de  la  decisión  cuestionada,  la  consideración y el análisis  suficiente  sobre  estos  elementos  estructurales  antes  señalado, del que se  pueda   derivar   satisfecha   la   garantía   procesal  aludida”.   

Concluye  que a  los procesados se les  lesionó  el debido proceso “al menoscabárseles la  garantía   de   conocer   las   razones  y  fundamentos  elucubrativos   o  considerativos  y  apreciativos  de  orden  jurídico,  sobre la punibilidad, en  relación  con  el acontecer fáctico y análisis probatorio, en contraposición  a  lo ordenado por los artículos 7, 172, 380, 381 de la Ley 906 de 2001 (sic) y  29  CPN, y con ello se produjo un abierto desconocimiento al debido proceso, por  afectación  sustancial  de  las  garantías a los sujetos procesales, causal de  nulidad  y configurativa de la causal de casación invocada, al no existir en la  sentencia  la  fundamentación  fáctica, probatoria y jurídica con indicación  de  los  motivos  de  estimación  y  desestimación de las pruebas válidamente  admitidas    en    el    juicio   oral   exigida   por   la   ley”.   

Solicita,  casar  la  sentencia recurrida y  decretar  la  nulidad  de todo lo actuado a partir de la sentencia de instancia,  para  que  en su lugar se provea conforme a derecho3.   

SE CONSIDERA  

             

1.-    La  jurisprudencia       de       esta       Corte4,         tiene   establecido   que  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación, en el marco del  sistema  procesal  de  que  trata  la  Ley  906  de  2004, está condicionada al  cumplimiento  de  ciertos  presupuestos  de  carácter  procesal,  sustancial  y  formal,  que  la  propia  normatividad establece, entre los que se mencionan, de  manera  expresa,  la  existencia de interés para recurrir, la indicación de la  causal  de casación que se invoca, la debida sustentación del cargo planteado,  y  la  demostración  de  la  necesidad de que la Corte asuma su estudio para la  realización   de   los   fines   de  la  casación5.   

Ha  precisado  asimismo,  que la existencia o  inexistencia  de  interés  para  recurrir,  aspecto  que importa destacar en el  presente  caso,  se  vincula con el concepto de agravio. Si la parte procesal ha  sufrido  perjuicio con la sentencia de segunda instancia, porque es en todo o en  parte  desfavorable  a  sus  pretensiones,  tendrá  en  principio  derecho para  impugnar  y,  por  el  contrario,  si  no  recibe  daño  alguno  con  la citada  decisión,  por  ser en todo favorable a sus pretensiones, carecerá de interés  para demandar su revisión.   

En  aplicación  de  estas  directrices,  la  doctrina  y  la jurisprudencia penal han entendido que el sujeto procesal carece  de  interés  para recurrir en casación cuando la sentencia impugnada satisface  integralmente  sus  pretensiones,  bien  porque  acoge  sus  posturas defensivas  o  porque  se  dicta  en total correspondencia con los  acuerdos   realizados   en  el  marco  de  la  justicia  consensuada,  y  que  tampoco  tiene  interés  para  hacerlo cuando, siendo la  decisión    desfavorable,    es    consentida   por   el   afectado6.   

Por esto tiene establecido que la limitación  al  derecho a controvertir los aspectos aceptados o concertados con la Fiscalía  se  erige en garantía de seriedad del acto consensual y expresión del deber de  lealtad  que  debe  guiar  las  actuaciones de quienes intervienen en el proceso  penal,  única  manera  de que el sistema pueda ser operable, pues de permitirse  que  el  implicado  continúe discutiendo ad infinitum su responsabilidad penal,  no  obstante  haber  aceptado  los  cargos  imputados,  el  propósito político  criminal   que   justifica   el   sistema   de   lograr  una  rápida  y  eficaz  administración  de  justicia a través de los acuerdos, y de obtener ahorros en  las    funciones    de    investigación    y    juzgamiento,    se    tornaría  irrealizable.     

La  Corte  ha  indicado  igualmente,  que  la  limitación  a  la  posibilidad  de discutir o controvertir los términos de las  aceptaciones  o  acuerdos,  ha sido normativamente regulada por la ley a través  de  lo  que  la  doctrina  y  la  jurisprudencia  han  denominado  principio  de  irretractabilidad7,  que  comporta, precisamente,  la  prohibición de  desconocer el convenio realizado, ya en forma directa,  como  cuando  se  hace  expresa  manifestación  de  deshacer  el convenio, o de  manera   indirecta,  como cuando a futuro se discuten expresa o veladamente  sus términos.    

La  aceptación  o  el  acuerdo  no  sólo es  vinculante  para  la  fiscalía  y el implicado, sino que también lo es para el  juez,  quien  debe proceder a dictar la sentencia respectiva, de conformidad con  lo  convenido  por  las  partes,  a  menos que advierta que el acto se encuentra  afectado  de  nulidad  por vicios del consentimiento, o que desconoce garantías  fundamentales,  eventos  en  los  cuales debe anular el acto procesal respectivo  para  que  el  proceso  retome los cauces de la legalidad, bien dentro del marco  del   procedimiento   abreviado,   o   dentro  de  los  cauces  del  juzgamiento  ordinario.        

Y  si  bien  es  cierto  que por estos mismos  motivos,  es  decir,  cuando  el proceso abreviado se adelanta con fundamento en  una  aceptación  o  acuerdo  ilegal,  o  con  quebrantamiento de las garantías  fundamentales,   los  sujetos  procesales  están  legitimados  para  buscar  su  invalidación  en  las  instancias  o  en  casación, también resulta claro que  estas  nociones  difieren  sustancialmente  del  concepto  de retractación, que  implica,  como  se  ha  dejado  visto,  deshacer  el acuerdo, arrepentirse de su  realización,  desconocer lo pactado, cuestionar sus términos, ejercicio que no  es  posible  efectuar  cuando  su  legalidad  ha  sido verificada y la sentencia  dictada.   

2.- En el caso que se estudia, en virtud de un  preacuerdo  a  que  llegaron  con la Fiscalía, los procesados aceptaron libre y  voluntariamente  en  la  audiencia preliminar de imputación, los cargos que les  formuló  la  Fiscalía  por  el  delito  de  ejercicio  ilícito  de  actividad  monopolística  de  arbitrio  rentístico,  definido  por  el  artículo 312 del  Código  Penal,  modificado  por  la  Ley  1142  de  2007.  Esto  significa  que  reconocían  la  realización  de la conducta típicamente antijurídica que les  fue  imputada,  que admitían la responsabilidad por dicho delito, que aceptaban  que  se  les  condenara  por  el mismo, y que renunciaban al derecho de tener un  juicio  público, oral, contradictorio, concentrado e imparcial;  también,  a  la garantía de no autoincriminarse, a la facultad de presentar pruebas en su  favor  y  a  controvertir  las  evidencias recaudadas y las que eventualmente el  órgano  acusador pudiera allegar en su contra; así como a discutir el fallo en  relación  con los aspectos unilateral y voluntariamente admitidos, es decir, su  responsabilidad  penal  por los cargos que les fueron imputados, careciendo, por  tanto,   de   interés   jurídico   para  impugnar  las  sentencias  por  estos  motivos.      

Si  son analizados tanto individualmente como  de  conjunto los tres cargos formulados en la demanda presentada por el defensor  del  procesado  JAIRO  AUGUSTO DÍAZ DÍAZ, claramente se establece que en todos  se  discute,  por  vías distintas, la responsabilidad penal del procesado en el  delito  por  el   cual  libre,  voluntariamente  y asistido de su defensor,  aceptó  cargos,  a  partir  de  la  afirmación  de  que  en la sentencia no se  demostraron  en  debida  forma  los  conceptos  de  tipicidad, antijuridicidad y  culpabilidad  de  la  conducta,  al  dejar  de considerar que  el artículo  5º   de  la  Ley  643 de 2001 establece que los sorteos promocionales  que  los  comerciantes  realicen para impulsar sus ventas están excluidos de la  ley  de  monopolio  y  que en el fallo no existe “la  fundamentación   fáctica,  probatoria  y  jurídica  con  indicación  de  los  motivos   de  estimación  y  desestimación  de  las  pruebas válidamente  admitidas  en  el juicio oral exigida por la ley”, en  alegación   que   resulta   inaceptable   en  esta  sede,  por  constituir  una  retractación  velada  de  la  aceptación  que  de  ella  hizo  en el curso del  proceso,   y  carecer  por  tanto  de  interés  jurídico  para  hacerlo.    

Exigir,  como  lo  plantea  el recurrente, la  existencia  en  el  proceso  de prueba incontrovertible de la responsabilidad de  los  procesados en los hechos, como presupuesto necesario para dictar sentencia,  no  es  serio,  pues  es  de  obviedad  suma  entender  que  si  en la audiencia  preliminar  de  imputación  se  presenta  acuerdo  o  aceptación de cargos, la  Fiscalía  cesa  automáticamente  en  su  actividad  investigativa,  y  que  la  sentencia  debe  dictarse  con  fundamento  en  la  evidencia recogida hasta ese  momento  y  la  aceptación  que  los procesados hacen de su responsabilidad, no  siendo  consecuente,  por  tanto,  que  la  parte  propicie  la  cesación de la  actividad  investigativa  argumentando que acepta la conducta imputada así como  la  responsabilidad  penal  en su realización, y luego demande el proferimiento  de  sentencia  absolutoria  o la nulidad de la actuación porque la Fiscalía no  realizó  una investigación integral o porque la evidencia recaudada debía ser  apreciada  de  manera  distinta a como se hizo al momento de la celebración del  acuerdo  con  la  Fiscalía,  del  allanamiento  a  los  cargos formulados o del  fallo.   

En  el caso analizado, la Fiscalía presentó  ante  el  juez de garantías unos hechos y unos elementos materiales probatorios  legalmente  obtenidos,  como fundamento de la formulación de la imputación por  el  delito  de  ejercicio  ilícito  de  actividad  monopolística  de  arbitrio  rentístico,  definido por el artículo 312 del Código Penal, modificado por la  Ley  1142 de 2007. No se trataba, desde luego, de evidencia cierta e inequívoca  de  la responsabilidad de los detenidos en dicho delito, dado el precario estado  de  la  investigación, pero sí de elementos de juicio suficientes para inferir  razonablemente  que  podían  estar  incursos  en  el  mismo,  y  por  tanto, de  evidencia  jurídicamente  apta  para  acusar y dictar sentencia de aceptarse la  imputación,  como  finalmente aconteció. De suerte que deviene impertinente su  desconocimiento  sobre  la  base  de  que  el delito no se demostró, como si la  sentencia  hubiere  sido  proferida en el marco de un juicio oral y no de manera  anticipada  como  sucedió  en  este  caso,  cuestión  que  al parecer no logra  diferenciar el demandante.        

En  síntesis, se inadmitirá por ausencia de  interés  la  demanda formulada en lo relativo a los cargos formulados al amparo  de  la violación directa de la ley sustancial, pues con ella lo que se pretende  por  el  censor  es introducir una ilegal retractación de la libre y voluntaria  aceptación  de responsabilidad penal en los cargos que le fueron formulados por  la  Fiscalía, sin que en este caso resulte necesario  superar  sus  defectos  para  cumplir  con los fines de la casación mediante la  emisión   de   un   fallo   de   fondo.   

3.- Igual ocurre con la pretensión de anular  la  sentencia  por  presuntos defectos de motivación, sin que pueda perderse de  vista  que  bajo el mismo supuesto, aunque de manera independiente, formula tres  censuras  sustancialmente  idénticas.  Las dos primeras, al amparo de la causal  primera  de  casación  por violación directa de la ley sustancial y la tercera  por  nulidad,  de  suerte  que  la  presentación  de  las mismas en modo alguno  responde  al  principio  de  prioridad  de obligatorio acatamiento en esta sede,  porque  la  anulación  del trámite procesal que conlleva la postulación de la  causal  segunda  obliga darle prioridad sobre los reproches que se formulen bajo  las otras causales, cuestión que en este caso no se cumple.   

Pese   a   este   desacierto,  de  suyo  suficiente para que la censura no supere el necesario  juicio  de  admisibilidad  que por ley le corresponde realizar a la Corte, es lo  cierto  que  el  demandante  deja  de considerar que  cuando en sede de casación se plantea nulidad de la  sentencia  por  defectos de motivación, no basta alegar que la decisión, en su  conjunto  o  en  relación  con  un  determinado aspecto, adolece de este vicio.  Resulta  indispensable  demostrar que se está en presencia de una cualquiera de  las  situaciones que dan lugar a su configuración, a saber: 1) Que la decisión  carece  totalmente  de  motivación;  2)  que la fundamentación que contiene es  incompleta;  3)  que  es  dilógica  o  ambivalente  y,  4)  que  se sustenta en  supuestos   fácticos   aparentes   o  sofísticos8.   

La  primera  hipótesis se presenta cuando el  funcionario  judicial  omite  precisar las razones de orden fáctico o jurídico  que  sustentan  su  decisión.  La  segunda, cuando el análisis que contiene de  estos  aspectos  es  deficiente, al extremo de no permitir su determinación. La  tercera,  cuando  se fundamenta en argumentaciones contradictorias o excluyentes  que  impiden conocer su verdadero sentido, y la cuarta cuando la fundamentación  es manifiestamente especulativa.   

Tomando  en cuenta estas precisiones, en sede  extraordinaria  no  resulta  procedente  equiparar  las  nociones  de  falta  de  motivación  y  falsa  motivación  probatoria,  y  considerar  que ambos vicios  pueden  ser  atacados  en casación por la vía de la causal segunda prevista en  el artículo 181.2 de la Ley 906 de 2004.   

La  falta  de motivación, determinante de la  nulidad,  se  presenta  cuando  el  juzgador  no  expone las razones fácticas o  jurídicas  que  sustentan  su  decisión,  o  lo  hace  de  manera deficiente o  incompleta.  La  falsa  motivación  probatoria  surge,  en  cambio,  cuando  la  fundamentación  existe,  es  decir cuando la decisión se encuentra formalmente  motivada,  y es inteligible, pero equivocada debido a errores de apreciación de  las pruebas.   

En el primer evento, se está en presencia de  un  error  in  procedendo que debe ser planteado dentro del ámbito de la causal  segunda.  En  el  segundo, de uno in iudicando, que sólo puede ser propuesto en  el marco de la tercera.   

Siempre que el juzgador incurra en errores de  apreciación  probatoria,  porque,  por ejemplo, deja de considerar pruebas  válidamente  practicadas  en  el juicio oral, o supone existentes medios que no  hicieron  parte  del  mismo,  o  distorsiona,  cercena  o adiciona su expresión  fáctica,  o  valora su mérito persuasivo con transgresión de las reglas de la  sana  crítica,  o  cree  equivocadamente  en  la  legalidad  o ilegalidad de la  prueba,  se  estará en presencia de un error in iudicando, que debe ser atacado  en  casación  por la vía del motivo tercero, con indicación del tipo de error  cometido,  la  prueba  o  pruebas  sobre las que recae, y la demostración de su  trascendencia  para  variar las conclusiones fácticas del fallo y, por ende, la  declaración   del   derecho   contenida   en  su  parte  resolutiva9.   

En este caso, el  casacionista  no  cumplió  el  deber  de  presentar  clara  y  precisamente  el  fundamento  de su reparo, dejó de acreditar de qué manera se configuró, y por  qué,   al  haber  procedido  el  Tribunal  en  la  forma como lo menciona,  resultaron      afectados      negativamente     los     intereses     de     su  representado.   

Es de tal entidad la precariedad del ataque,  que  no  se  da a la tarea de mostrarle a la Corte si de lo que se trató fue de  ausencia  absoluta  de motivación, de motivación ambivalente, o de motivación  precaria  o  incompleta.  Y  aunque  pareciera  que  alude  al  último  de  los  mencionados  motivos,  pues insistentemente sostiene que el fallador no analizó  los  elementos  probatorios demostrativos de la responsabilidad de los acusados,  del  propio  sustento del cargo se establece que, en realidad, el desacuerdo del  demandante  con  la  sentencia  no  es  por  adolecer  de  motivación, sino por  haber  considerado que el  allanamiento   a   la   imputación   tornaba   innecesario   realizar   un  profundo  y    abundante   estudio   sobre   la  realización de la conducta y la responsabilidad de los imputados.   

Al  efecto  es  de  observarse, cómo es el  propio   demandante   quien   no   solamente   menciona   que   la  presunta  irregularidad sustancial que  según  él  afecta  el  debido   proceso   y   el  derecho  de  defensa  de  su  asistido,  deriva    de    la    ausencia    de  confrontación  de los elementos que integran el tipo  penal   “con   el  acervo  probatorio  allegado  al  proceso”     (sic),     sin    percatarse  que  no  hubo juicio porque los acusados renunciaron a  su   realización  y  sin  mencionar  para  nada  la  argumentación    expuesta   por   los   juzgadores   de   instancia  en  sus  respectivos  fallos, con lo  cual    el    reparo    queda    ayuno   de   desarrollo   y,   por   ende,   de  demostración.   

En   este   sentido   resulta  pertinente  reiterar  que  no  es lo  mismo  que  una  providencia  judicial  adolezca de defectos de motivación, por  ausencia  absoluta  de  las razones de orden probatorio y jurídico que soportan  la  decisión, a que la argumentación traída por el fallador no cumpla con las  expectativas  del  sujeto  procesal,  que  la tilda de inadecuada, desacertada o  insuficiente  en su fundamentación fáctica, jurídica o probatoria, hipótesis  que  se  refleja  precisamente  en  el  ataque elevado por el demandante en este  asunto.   

Sólo  en  la  primera  hipótesis el error  será  susceptible  de  ser  atacado  dentro del marco de la causal segunda, mientras que en el segundo el  error  es  de  juicio,  caso  en  el cual debe ser ventilado en el ámbito de la  causal     tercera,  demostrando  los errores de fundamentación fáctica, jurídica o probatoria que  llevan a tildarla de inadecuada, desacertada o insuficiente.   

Pero  aún  de  llegar  a  suponerse que en  verdad  la  censura  pretende  noticiar  que  la motivación es incompleta, debe  decirse   que  en  dicha  hipótesis  el  cargo  cae en el vacío, en cuanto no encuentra comprobación en  el  fallo,  como  se  establece  con  la simple lectura del siguiente aparte, en  donde,    después    de    relacionar    uno    a    uno    los    fundamentos   probatorios   del   fallo   de   primera  instancia,  concluyó  el  Tribunal  su  pleno  acuerdo  con  el  análisis   realizado   por   el   sentenciador   a  quo:   

“1.  No  es  cierto, como lo aseguran los  recurrentes,  que en el fallo apelado se hubiera afirmado que por haber existido  allanamiento  a  la imputación formulada por la Fiscalía resultara innecesario  verificar  lo  relativo a la tipicidad, la antijuridicidad y culpabilidad de los  procesados.  No  lo  que se indica en la sentencia es que por haber aceptado los  procesados  la  existencia  del  tipo penal y el daño causado al bien jurídico  del   orden  económico  y  social,  ‘no   hay   necesidad   de   hacer   profuso   pronunciamiento   al  respecto’.   

“Decir  que  no  requiere  de  un profuso  estudio,  no  significa  que  no  se  necesite  del  mismo, simplemente se está  aclarando que ese pronunciamiento no será copioso o abundante”.   

“2.  Y  aunque en verdad el análisis que  propone  el  juez  a quo sobre los elementos que estructuran la conducta punible  por  la  que  se  procede  y  que  se encuentra descrita en el artículo 312 del  Código  Penal  no  es en modo alguno exuberante ni extensa, sí permite colegir  que  al  hacerlo  el  fallador  tenía  un conocimiento más allá de toda duda,  acerca  del  delito  y  de  la  responsabilidad  penal  de los acusados, fundado  precisamente  en  el  caudal probatorio que sirviera de soporte a la imputación  formulada  por  la  Fiscalía  en  la  audiencia  realizada  el  13  de junio de  2008.   

“Por   eso  en  la  sentencia  se  dice  textualmente:   

‘Además de la  anterior  aceptación  por  parte  de  los  procesados,  la  culpabilidad  en la  conducta  de  los acriminados se encuentra confirmada con la existencia material  de  los documentos incautados al momento del allanamiento que se verificó en la  residencia  aludida, donde precisamente se hallaron papeles correspondientes con  la  actividad ilícita ejecutada: talonarios con el logotipo de BONO PROMOCIONAL  Y  SOCIAL  ASO-DESCOM  EAT,  dinero  en  efectivo por la venta de los mismos, un  cuaderno  argollado  con  un  listado  de  cuentas;  tres más argollados con el  listado  de personas; una carpeta morada con el registro de las ventas mensuales  2007-2008  y  otros  instrumentos necesarios para llevar a cabo la conducta como  son  esferos,  grapadoras, etc. Material que los acusados aceptaron son aquellos  que  utilizaron  para  realizar  la  ilicitud  contra  el  monopolio de arbitrio  rentístico  del Estado’  (fl. 122 de la Carpeta).   

“Más   adelante  analiza  la  conducta  desplegada  por  los  procesados  como  administradores  de la venta de bonos de  chance  en  blanco  a la luz de la Ley 643 de 2001 y del Decreto 2483 de 2003, y  establece  la  ilicitud  de esa conducta con base en prueba documental, como son  la  Certificación  de  Comercio  (Cámara)  del  Sur  y  Oriente del Tolima, la  Certificación   de   la   Secretaría   del   Municipio  de  Purificación,  la  Certificación  del  Gerente de la Lotería del Tolima, y con base en esa prueba  documental  concluyó  que  la  venta  de  los  bonos  que  estaban haciendo los  encartados  no  contaba  con  la respectiva autorización legal, pues ADESCOM no  aparece  inscrita  en  la  Cámara  de  Comercio, ni contaba con autorización o  permiso  vigente  para  el expendio o venta de los bonos promocionales, y que la  única  empresa  que actualmente está autorizada para la operación de apuestas  permanentes  o chance en el Departamento del Tolima es REAPTO S.A. El estudio de  esos  documentos  de  la  actividad  desplegada  por los acusados a la luz de la  normatividad  antes  citada  le permitió colegir que esa actividad se enmarcaba  en  el  tipo penal de ejercicio ilícito de actividad monopolística de arbitrio  rentístico,  juicio de tipicidad que se hizo respetando la complejidad del tipo  penal  que  para su cabal dilucidación remitía a la ley y decreto que regulaba  el  monopolio  rentístico  de  juegos  de suerte y azar, como lo es la venta de  chance.   

“Esos mismos documentos le permitió (sic)  al  fallador  concluir  sobre la antijuridicidad material del proceder realizado  por      los      acusados,     al     concluir     que     con     ‘la  venta  del  chance  en  blanco  dentro  de  la  Población  de  Purificación, que atraída por el azar y con el  afán  de  ganarse algunos pesos, apostaban parte de sus ingresos, fortaleciendo  ese  tipo  de  empresas  que  no  están  autorizadas  para  dicha  labor  y por  consiguiente   disminuyendo  los  ingresos  destinados  para  la  salud  de  los  tolimenses’.   

“3.  Todo lo anterior permite concluir de  manera  categórica  que no es cierto que el fallador se hubiera apartado de las  exigencias  contenidas  en  el  artículo  381  del  C.  de  P.P. ni que hubiera  comprometido  la  presunción  de  inocencia  únicamente  con  base  en el mero  allanamiento  a  la  imputación,  pues  además  de  ella se basó en la prueba  documental aportada por la Fiscalía”.   

De  este  modo  resultan  manifiestos  los  defectos  formales  que  el  mencionado cargo   acusa,   pues   no  solamente  su    desarrollo   no   corresponde   al   que   debería   ser   llevado  a  cabo  acorde  con  la causal seleccionada, sino   que  adicionalmente, con transgresión del principio  de   lealtad,    el   demandante   no   es   fiel  a  los  fundamentos  del  fallo.   

Lo  que  se  aprecia  entonces,  no  es  la  intención  concreta  de  denunciar  la  configuración  de una irritualidad con  capacidad  de  lesionar el debido proceso,  o  la existencia de una irregularidad de incidencia negativa en  las  garantías  procesales  de  la  parte  que  representa, sino simple y llana  oposición  del  demandante  a  la  actuación de la judicatura tan sólo porque  no  se  le dio la razón  cuando   impugnó   la  sentencia  condenatoria de  primera  instancia,  lo cual resulta inadmisible en sede extraordinaria e impone  a la Sala tener que inadmitir las censuras.   

10.-   Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma  y  términos  precisados  por  la  Corte, que a continuación se indican:   

a)  La insistencia es un mecanismo especial  que  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de los cinco (5) días  siguientes  a la notificación de la providencia que inadmite la demanda, con el  fin de que la Sala reconsidere su decisión.   

También  puede  ser  promovido  dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal  (siempre  que  el  recurso  no  haya  sido  interpuesto por un  Procurador  Judicial),  el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado que no haya  participado en los debates o suscrito la providencia inadmisoria.   

b)  La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya salvado el voto en  relación  con  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda,  o  ante  uno  de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c) Es potestativo del Magistrado disidente,  del  Magistrado  que  no intervino en los debates, o del Delegado del Ministerio  Público,  ante  quien  se formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de  la  Sala,  o  no  presentarlo para su revisión, evento este  último   en  que  informará  de  ello  al  peticionario  en  un  plazo  de  15  días.   

d) El auto que inadmite la demanda trae como  consecuencia  la  ejecutoria de la sentencia de segunda instancia contra la cual  se  formuló  el  recurso  de  casación,  salvo  que  la insistencia prospere y  determine  la  prosecución  del  trámite casacional para un pronunciamiento de  fondo10.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada por el defensor del acusado  JAIRO     AUGUSTO     DÍAZ     DÍAZ,  por  las razones expuestas en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal del origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ           SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fl.  112 carpeta original   

2 Fls.  5 y ss. cno. Corte   

3 Fls.  159 y ss. carpeta original.   

4 Cfr.  Auto de casación de 10 de mayo de 2006. Rad. 25248.   

5  Artículo 184 de la ley 906 de 2004.   

6  Casación  15488  de  16  de julio de 2001 y Casación 24026 de 20 de octubre de  2005.   

7  Artículo  37 B numeral 4° del Decreto 2700 de 1991, artículo 40 de la ley 600  de 2000 y 293 de la ley 906 de 2004.   

8 Cfr.  cas de mayo 22 de 2003. Rad. 20756   

9 Cfr.  por   ejemplo,  aunque  con  las  precisiones  necesarias  sobre  el  modelo  de  juzgamiento, Cas.  de 4 de septiembre de 2003. Rad. 17257   

10  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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