35165(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35165  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 413.   

          Bogotá, D.C., nueve de diciembre de dos mil diez.   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  constatar  si  reúne  las  exigencias  y  condicionamientos previstos en los artículos 205 y 212 de la Ley  600  de  2000,  la  Corte examina la demanda de casación excepcional presentada  por   el   defensor   de   EDWIN   AUGUSTO   CAMARGO  VARGAS, contra la sentencia de segundo grado proferida  el  20  de  mayo  de 2010 por el Tribunal Superior Militar, por la que resolvió  revocar  la  absolutoria  que  dictó  el  23 de noviembre de 2009 el Juzgado de  Primera  Instancia  de  la  Inspección General de la Policía Nacional y, en su  lugar,  condenó  al procesado a la pena principal de ocho (8) meses de prisión  y  las  accesorias de separación absoluta de la fuerza pública e interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas;  por  haberlo  declarado autor penalmente  responsable  de  las  conductas  punibles  de  ataque  al  inferior  y  lesiones  personales    dolosas.    Al   sentenciado   se   le   concedió   la   libertad  condicional.   

H    E   C   H   O  S   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  por  el  Tribunal  Superior  Militar  en el fallo de  segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“Para el día 27  de  julio  de 2007 el Teniente EDWIN AUGUSTO CAMARGO VARGAS, en su condición de  Comandante  de  la  Estación de Policía Almaguer (Cauca) se hallaba en la zona  rural  del  municipio, en compañía de varios de sus hombres en la búsqueda de  unos  delincuentes  que  habían  perpetrado  un  asalto  a  unos  buses  que se  desplazaban  por  la  vía  San Miguel –  Le  Herradura.  Habiendo  capturado  a  dos de ellos y recuperado  varios  elementos  hurtados,  se  enteró  que  los  Auxiliares  Regulares  JHON  FERNANDO  VALENCIA  SUCERQUIA y JONATAN ZEA ARIAS habían saqueado las tulas que  llevaban  los  bandidos con los bienes hurtados y que de allí habían extraído  varios  objetos por lo que procedió a hacerlos desvestir y, al darse cuenta que  tenían  en  su  poder  un  celular  y  una  bolsa  con “perico” procedió a  insultarlos  y  golpearlos  en  presencia  de otros auxiliares. Por las lesiones  recibidas  los  policiales  fueron  incapacitados  para  trabajar, por parte del  Instituto  de Medicina Legal, durante 5 días.”    

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Luego  de formularse la denuncia1,  el  Juzgado  183  de  Instrucción Penal Militar con sede en Popayán, mediante auto del 5 de  septiembre             de            20072,  ordenó  la  apertura  de la  indagación  preliminar,  la  práctica  de  varias  pruebas  y, de considerarlo  necesario,    recibir    la    versión    libre   del   Teniente   EDWIN     AUGUSTO    CAMARGO    VARGAS.   

El  14  de  marzo de 2008, el Juzgado 183 de  Instrucción  Penal Militar, dispuso la apertura de investigación sumarial y la  vinculación,    mediante    diligencia    de   indagatoria,   de   EDWIN    AUGUSTO    CAMARGO    VARGAS3,  a quien se le recibieron los  descargos  el  día  18  de  abril  del  mismo  año4.   

El Juzgado 183 de Instrucción Penal Militar  resolvió  la  situación  jurídica  del  sindicado por auto del 23 de junio de  2008,   absteniéndose   de   imponerle   medida   de  aseguramiento5. La decisión  fue  recurrida  en  apelación  por  el Ministerio Público y la apoderada de la  parte  civil  y  revocada  por el Tribunal Superior Militar mediante providencia  del   2   de   septiembre  de  2008,  para  imponerle  al  procesado  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva sin beneficio de excarcelación por los  delitos   de  ataque  al  inferior  y  lesiones  personales  dolosas6.   

El expediente se remitió, por competencia, a  la  Fiscalía  144  Penal  Militar  con  sede  en  Bogotá,  que luego de asumir  conocimiento   el   21  de  julio  de  2008,  al  día  siguiente  clausuró  el  sumario7.    

El mérito de la instrucción fue calificado  por  la  Fiscalía 144 Penal Militar el 30 de diciembre de 2008, con resolución  de  acusación  en  contra  de  EDWIN AUGUSTO CAMARGO  VARGAS,  como  presunto autor de los delitos de ataque  al   inferior   y   lesiones   personales   dolosas8.   La   acusación   no   fue  impugnada.   

Le  correspondió  al  Juzgado  de  Primera  Instancia  de  la Inspección  General de la Policía Nacional adelantar la  etapa  del juicio. Esa autoridad judicial avocó el conocimiento el 2 de febrero  de    20099,  practicó las pruebas solicitadas por las partes, le concedió la  libertad       provisional      al      acusado10  y  realizó  la audiencia de  corte  marcial  el  10  de  noviembre del mismo año11.   

La  sentencia  de  primera  instancia  fue  proferida  el  23  de  noviembre de 2009, de cuya naturaleza y contenido se hizo  mérito  en el acápite inicial de esta providencia, la cual fue revocada por el  Tribunal  Superior  Militar de esta ciudad mediante la que es objeto del recurso  extraordinario.   

LA  DEMANDA   

En   el   que   denomina   “CAPÍTULO  PRIMERO”,  el  actor deja en  claro  el carácter excepcional del recurso instaurado, aduciendo que se acoge a  la  preceptiva  del  artículo 205, inciso tercero, del Código de Procedimiento  Penal,  por  la  violación  de  las garantías fundamentales al trabajo, debido  proceso  y  presunción  de  inocencia  consagradas  en  los artículos 53 y 29,  respectivamente, de la Constitución Nacional.   

Sustenta  la  procedencia  de  la  casación  discrecional   en   la   necesidad  de  procurar  los  mecanismos    protectores   de   las   garantías   fundamentales,   sosteniendo  que:   

“a)  El derecho  fundamental  al trabajo, (Art. 53 de la C.N.) pues en las penas accesorias se le  impone la separación absoluta de las Fuerzas Armadas.   

b) El derecho fundamental al debido proceso,  (Art.  29  C.N.)  uno de cuyos elementos es la facultad de exigir su juzgamiento  por las autoridades competentes.   

c)  El derecho fundamental a la presunción  de  inocencia,  (Art.  29  C.N.)  que  ha  sido atropellado sin las formalidades  procesales de orden constitucional.”   

Entonces, con fundamento en la causal tercera  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal, un cargo formula el  demandante  contra la sentencia recurrida en sede extraordinaria, acusándola de  haber  sido  dictada en un juicio viciado de nulidad por la falta de competencia  del funcionario judicial.   

En    desarrollo    de    la    censura,  aduce:   

“a)    La  Constitución  Política  que  nos  rige,  consagra en su artículo 221 el fuero  penal  militar  para  aquellos  delitos  cometidos  por  personal  de  la fuerza  pública en servicio activo y en relación con el mismo servicio.   

b)  El  artículo  1°  del Código Militar  contenido en la Ley 522 de 1999 reitera el mandato constitucional.   

c) El artículo 21 Ibídem, al referirse al  concepto  de  actos del servicio, precisa que son los cometidos por los miembros  de  la  fuerza  pública,  derivados  del  ejercicio  de  la  función militar o  policial  que  les  es propia. Y es aquí donde se impone examinar el alcance de  la   expresión  “derivados  del  ejercicio  de  la  función  militar  o  policial” pues considero que,  con  fundamento  en  la  amplia  jurisprudencia  de la Corte Constitucional, esa  derivación  debe remitirse al contenido de los artículos 217 y 218 de la Carta  que  se  ocupan  de  la soberanía, la democracia, la independencia e integridad  territorial,  así  como la convivencia pacífica y el ejercicio de los derechos  y  libertades,  nada  de lo cual tiene relación con la disciplina castrense que  está  protegida  por  reglamentos  internos  de  las instituciones.”   

Por  lo  demás,  el  libelista  limitó  su  desacuerdo  a  transcribir  apartes de la sentencia C-878 de 2000, proferida por  la  Corte  Constitucional  en relación con la demanda de inexequibilidad de los  artículos    1,    2   y   195   de   la   Ley   522   de   1999   –por  medio  de  la  cual se expide el  Código   Penal  Militar–  sobre  los  cuales  declaró  la  citada  Corporación que esas disposiciones se  ajustaban  a  la  preceptiva  superior,  en  consideración  a que la expresión  “relación     con    el    servicio”  que  los demandantes consideraban equívoca, debía entenderse,  con   el   fin   de   determinar  jurisdicción  competente  para  adelantar  la  investigación  y el juzgamiento, a partir de la distinción entre los actos que  ejecuta  un  miembro  de  la  fuerza  pública  en  ejercicio de las actividades  propias  del cargo y aquellos que puede llevar a cabo como cualquier persona que  tiene capacidad para delinquir.   

Y,  concluye  el  actor  que “Como   es   de   observarse,   el   hecho  de  haber  producido  la  calificación  su  marial  por  parte  de  un funcionario cuyas funciones están  reservadas  para  aspectos íntimamente relacionados con aspectos forales y esto  no   lo   es,   todo   lo   actuado   con   posterioridad   es   nulo  de  pleno  derecho.”   

En  consecuencia,  solicita  de  la Sala que  “…case  la  sentencia  y  se  ordene  rehacer  la  actuación  desde  el  cierre  de  investigación  por parte de la jurisdicción  ordinaria.”   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1. De conformidad  con   el   artículo   205  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  recurso  extraordinario  de  casación procede contra las sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  adelantados por delitos que tengan señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho años, aunque se haya  impuesto  como  sanción una medida de seguridad. Ésta es la que se conoce como  casación común.   

De  acuerdo con el inciso tercero del citado  precepto,  la  denominada  casación  excepcional  opera  frente a sentencias de  segunda  instancia  distintas a las mencionadas, es decir, las dictadas por esos  estrados  en  procesos  adelantados  por  delitos cuya pena máxima no exceda de  ocho  años,  o  por los juzgados penales del circuito. En estos casos la Corte,  de  modo  discrecional, puede admitir excepcionalmente una demanda de casación,  cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía  de  los  derechos  fundamentales,  siempre  que  el libelo reúna los  requisitos  previstos en la ley y se satisfagan los presupuestos de oportunidad,  legitimidad e interés.   

1.1. En el presente  asunto,  la  sentencia  de  segunda  instancia  fue  proferida  por  el Tribunal  Superior  Militar el 20 de mayo de 2010, dentro de un proceso adelantado por los  delitos    de    ataque   al   inferior12     y  lesiones      personales      dolosas13,  definidos  en  los  artículos  119 y 188 de la Ley 522 de 1999, y sancionados con penas de  prisión  cuyo  máximo  es de 3 años y de 18 meses, respectivamente, según la  normativa  que  los jueces aplicaron en las instancias, por ser la que regía el  caso   en   consideración   a   la  fecha  de  realización  de  las  conductas  (27      de     julio     de     2007).   

De  conformidad con lo anterior, es evidente  que  no  tiene cabida la casación común, puesto que tanto para la fecha de los  hechos  como para la del fallo de segunda instancia, la ley procesal establecía  como  requisito  para  acceder  a  la  misma que la pena prevista para el delito  excediera de los ocho (8) años.   

1.2. El demandante  invocó  el  inciso  tercero  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, es decir,  fue  explícito  en  indicar  que  la  demanda  de  casación  era  excepcional,  señalando  la necesidad de que la Corte la admita para procurar la garantía de  los  derechos  fundamentales  al  trabajo, el debido proceso y la presunción de  inocencia  de  su  defendido.  Sin  embargo,  no pasó de los simples enunciados  sobre  supuestas irregularidades, porque no expuso de manera adecuada, al menos,  uno de los dos motivos que la permiten.   

1.3.  En  efecto,  tiene  dicho  la  Corte14, y ahora lo reitera, que la  demanda  de  casación  discrecional,  aparte de las exigencias de orden general  relacionadas  en  el  artículo  212 del Código de Procedimiento Penal de 2000,  debe  satisfacer  los requisitos señalados en la parte final del inciso tercero  del artículo 205 ibídem.   

Ese  precepto  señala  que  dos  son  los  propósitos  de  esta  modalidad  de  impugnación  extraordinaria: (i) obtener de la Corte nuevos elementos  de  análisis  que  incidan en el desarrollo de la jurisprudencia y (ii) procurar los mecanismos protectores  de las garantías fundamentales.   

En  cualquier  caso,  debe  el  impugnante  exponer  en  un  capítulo  separado,  con suficiente sustento lógico, cuál de  esas  dos  finalidades  –o  ambas– pretende alcanzar  por medio de la demanda.   

1.3.1. Entonces,  si  su  propósito  es  la  protección de garantías  fundamentales,        como        aparentemente  se  deduce  del  libelo,  el  esfuerzo  dialéctico  del  actor  debió  encaminarse  a mostrarle a la Corte  mediante    una    argumentación    lógica,    el  desconocimiento  de  esos  derechos  que asegura violentados por las instancias,  por  haberse  quebrantado  la  estructura básica del proceso o la actividad del  juzgador,  e  indicar  las normas constitucionales que los protegen, su concreto  conculcamiento  con  la  sentencia  y  por  qué  el  procesado  fue  privado de  oportunidades   que  le  permitieran  sacar  avante  posturas  favorables  a  su  situación.   

En    ese    sentido,    insistentemente  se  ha dicho que cuando  se  aduce  violación  del  debido proceso, debe comprobarse la existencia de la  irregularidad  sustancial  que  afecte la estructura del sistema que lo inspira,  vr.  gr., falta de apertura de investigación, no vinculación del procesado, no  definición  de  la situación jurídica cuando ella sea obligatoria, o ausencia  de  la  decisión de cierre de la investigación; desconocimiento de la etapa de  investigación  y/o juzgamiento; dentro del juicio: de la fase probatoria y/o de  debate  oral;  de  formulación  de  cargos  o  sentencia,  o  la posibilidad de  recurrir en segunda instancia.   

1.3.2. Empero, si  la  finalidad perseguida es propiciar el desarrollo de  la         jurisprudencia,        su        planteamiento        debió ser preciso y claro en dos sentidos:  el  señalamiento  de  la  utilidad  inmediata  de  la  decisión  pedida  y  su  proyección sobre la jurisprudencia.   

En  el  caso  de que su ánimo sea unificar  criterios  jurisprudenciales,  apoyándose  en  que  ha  descubierto  dentro del  acervo   de   pronunciamientos  de  la  Sala  posiciones  encontradas  sobre  un  determinado   aspecto   de   derecho,   así   debe   demostrarlo,  mediante  la  confrontación  objetiva  y  conceptual  de  las  piezas jurídicas que han sido  objeto de conocimiento.   

Si  su  intención  es provocar que la Sala  asuma  una posición sobre una determinada tesis doctrinaria en torno de la cual  no  ha  tenido oportunidad de hacerlo, o acerca de la cual ha plasmado conceptos  vagos  o  inacabados,  igualmente debe dejarlo establecido, luego de efectuar un  seguimiento  minucioso  de  la  jurisprudencia  con  el  objeto  de destacar las  carencias señaladas.   

Ahora  bien,  si lo que ambiciona es que la  Corte  actualice  su  postura  frente  a un determinado problema jurídico, bien  porque  la  doctrina ha depurado sus elaboraciones al respecto, o bien porque el  devenir  social y humano así lo reclaman, su discernimiento en orden a crear la  necesidad  de  esa  innovación  ha  de  ser  de  más  amplio  espectro y mayor  profundidad.15   

1.4. En todo caso,  es  competencia  exclusiva  de  la  Corte,  en ejercicio de su discrecionalidad,  ponderar  la fundamentación expuesta por la parte que acude a dicho mecanismo y  decidir    si    admite    o    rechaza   el   trámite   de   la   casación  excepcional,  conforme  lo ha  dicho la Sala:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

Aunque  finalmente  todo  depende  de  la  discrecionalidad  reglada  de  la  Corte, lo cierto es que el peticionario ha de  exhibir  la  argumentación  autosuficiente  para  mostrar  la  necesidad  de un  desarrollo  jurisprudencial  o  de  la  protección  de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a partir del señalamiento concreto de  falencias  puede  el órgano decisor avanzar dialécticamente sobre temas que de  otra  manera  le  están  vedados  por  obra de la legalidad y el acierto que se  presumen      en      el      debate      de     las     instancias.”16   

1.5.  Aún  en el  evento  de  que se dijeran superados esos escollos, para la Sala es claro que el  cargo  postulado  por  el  demandante  no  resiste  el  análisis de la adecuada  fundamentación,  pues, la censura propuesta al amparo de la causal de casación  contemplada   en   el   numeral   tercero  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  es  decir,  que la sentencia ha sido dictada en un juicio  viciado  de  nulidad,  se  queda en el simple enunciado, porque ningún esfuerzo  hace  para  demostrar  que  los  delitos  de ataque al  inferior    y   lesiones  personales  dolosas  previstos  en la Ley 522 de 1999,  son  de  competencia  de  la  jurisdicción  ordinaria  y, en razón de ello, no  debieron ser investigados y juzgados por la justicia penal militar.   

La argumentación del demandante se quedó,  en  fin,  en  el  simple  señalamiento  general  de la posible existencia de la  irregularidad  denunciada,  pero  sin  que  tenga la capacidad de desarrollar un  discurso  jurídica y lógicamente coherente para fundamentar en el escenario de  la  casación  la  violación argüida, dando por sentada su ocurrencia a partir  de  la  simple enunciación, situación que conlleva a la evidente incursión en  el  error  lógico  denominado  petición de principio, al dar por demostrado lo  que apenas era el objeto de sus comprobaciones.   

2.  Lo  que  en  últimas  descubre la demanda, es la inconformidad del  recurrente  con  la declaración de los hechos y el mérito persuasivo conferido  por  el  fallador  a  los medios de prueba recaudados en el proceso,  con  los que se desvirtuó legalmente la presunción de inocencia  que  ahora  asegura  “…ha sido atropellado sin las  formalidades  procesales  de  orden constitucional”,  sin  llegar  a demostrar la necesidad de que la Corte  proceda     a     garantizar    derechos    fundamentales    del    sentenciado  presuntamente  menoscabados  en  las instancias, como para que la Sala dé cabida a la casación discrecional  en    un    caso   que  no    tiene   prevista  la vía común.   

3. Haciendo  referencia  al  tema  que  constituye  la  esencia  de la  impugnación,  se  tiene  que  el defensor cuestiona la  competencia  de  la  justicia  penal  militar  para  conocer  de  los delitos de  ataque   al   inferior  y  lesiones  personales dolosas  atribuidos  a  su  defendido  EDWIN  AUGUSTO  CAMARGO  VARGAS,  por  considerar  que  la  calificación  del  mérito  del  sumario  y  el  juzgamiento  le  correspondían a la jurisdicción  ordinaria.   

La  Corte  ha  señalado reiteradamente, al  referirse  al  fuero que consagra el artículo 221 de la Constitución Política  para  efectos  del  conocimiento de los delitos cometidos por los miembros de la  fuerza  pública en servicio activo y con ocasión de la función, que un delito  tiene  relación  con  el  servicio  siempre  y  cuando  se  ejecute  durante el  ejercicio de las labores propias que cumplen tales servidores.   

La  Policía Nacional, conforme lo señalan  los  artículos 216 y 218 de la Constitución Nacional, forma parte de la Fuerza  Pública,  y  su  naturaleza  es  la de un cuerpo armado permanente de carácter  civil,  cuya finalidad es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el  ejercicio  de  los  derechos  y  libertades  públicas y asegurar la convivencia  pacífica.   

Se itera, el citado artículo 221 establece  que  las  cortes  marciales o los Tribunales Militares conocerán de los delitos  cometidos  por  los  miembros  de  la  fuerza  pública  en servicio activo y en  relación  con  el  mismo  servicio  de  conformidad  con  las disposiciones del  Código Penal Militar.   

Entonces, son las especiales circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar en que se lleve a cabo la conducta punible por parte  los  miembros  activos de la fuerza pública, las que determinan si se radica el  conocimiento  del  asunto en la justicia castrense, siempre que permitan deducir  racionalmente    que    tal    comportamiento    tiene    relación    con    el  servicio.   

Precisamente,  cuando  de  controvertir  la  competencia  de  los  funcionarios  judiciales  se  trata,  la Sala ha dicho, de  acuerdo  con  las  disposiciones  de  la  Ley 600 de 2000, que tal denuncia debe  presentarse  como  motivo  de  nulidad,  es  decir,  que  debe enmarcarse en los  lineamientos  de  la  causal tercera de casación, empero desarrollarse conforme  con  la  preceptiva  de  la  causal  primera,  esto  es,  por  la vía directa o  indirecta  de violación de la ley sustancial a fin de precisar cómo se produjo  el error de juicio por parte del fallador.   

A  partir  de ahí, para demostrar el yerro  judicial  consistente en atribuirle la competencia de la jurisdicción ordinaria  para  investigar y juzgar el delito, a la justicia militar o viceversa, al actor  se  le  exige  que  afirme  y  pruebe  que  el  juzgador de segunda instancia ha  incurrido   en   error   (i)  por    falta    de    aplicación    o    exclusión  evidente,  que  se  presenta  cuando  el  funcionario  judicial  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al  caso  específico  que  la  reclama;  ignora  o  desconoce  la ley que regula la  materia  y  por  eso  no la tiene en cuenta habiendo incurrido en error sobre su  existencia   o   validez   en   el   tiempo   o   en  el  espacio;  (ii)    por  aplicación  indebida que se origina cuando el juzgador  por  equivocarse  al  calificar  jurídicamente  los  hechos  o, cuando habiendo  acertado   en   su   adecuación,   yerra,  sin  embargo,  al  elegir  la  norma  correspondiente   a   la  calificación  jurídica  impartida;  o,  (iii)    por  interpretación  errónea,  que  ocurre cuando el Juez  selecciona  bien  y adecuadamente la norma que corresponde al caso sometido a su  consideración,  pero  se  equivoca  al  interpretarla  y le atribuye un sentido  jurídico  que  no  tiene  o  le  asigna efectos contrarios a su real contenido.   

Pero,  si  el  ataque  se  orienta hacia la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  al  tenor de lo dispuesto en el  cuerpo  segundo  del  artículo  207-1°  del Código de Procedimiento Penal, en  primer  lugar  le  incumbe  al demandante identificar con exactitud el yerro, es  decir,  establecer  si  se trataba de un error de hecho o de derecho al apreciar  la prueba.   

Tratándose  de los primeros, debe precisar  si  se produjo (i) bien porque  pese   a   obrar   en   el   diligenciamiento   no  fue  valorada  (falso  juicio de existencia por omisión);  porque  sin  figurar en la actuación se supuso su presencia allí y la tuvieron  en  cuenta en la decisión (falso juicio de existencia  por          suposición);         (ii) porque al considerarla distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso    juicio    de   identidad);   o,  (iii)  atendiendo a que, sin  incurrir  en  alguno  de los desatinos referidos, derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia      (falso     raciocinio).   

En  relación  con el error de derecho, era  necesario      que      afirmara      y      demostrara     que     (i)  se  le  había  negado  a determinado  medio  probatorio  el  valor  conferido  por la ley o le fue otorgado un mérito  diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio de  convicción),          o          (ii)  que  los  funcionarios  al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron  erradamente  como legal aunque no satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o  aducción   (falso  juicio  de  legalidad).   

En   este   caso   el  libelista,  aunque  seleccionó     adecuadamente    la    causal    de    casación    –la         tercera–,  de  ninguna  manera explicó, ni en  desarrollo  de  ésta ni con fundamento en la primera, como le correspondía, en  qué  consistió  el  yerro  denunciado, pues, conforme se señaló en párrafos  precedentes,   ningún   esfuerzo   hizo  para  demostrar  que  los  delitos  de  ataque   al   inferior  y  lesiones  personales dolosas  previstos  en  la  Ley  522  de  1999,  son  de  competencia de la jurisdicción  ordinaria  y,  en razón de ello, no debieron ser investigados y juzgados por la  justicia  penal  militar,  porque  apenas  limitó  su discurso a transcribir el  contenido   de   una   providencia  de  exequibilidad  proferida  por  la  Corte  Constitucional  –la C-878  de   2000–  como  si  los  argumentos  expuestos  en  ese fallo, se avinieran a los supuestos fácticos que  se juzgaron en este proceso.   

4.   Se   concluye   que   el       libelista       omitió  fundamentar  clara  y  precisamente  los  motivos que  lo   llevan   a   invocar   el   ejercicio   de  la  discrecionalidad  por  la  Corte.  En  consecuencia,  el  cargo que formula no  sólo      resulta      desconectado   de  la  realidad  jurídica  que  el  fallo  ofrece,    sino    que   acusa  inocultables  defectos  de  orden  técnico  y,  además,  de la  revisión  de  lo  actuado  no se observa violación de garantías fundamentales  que  tornen  viable  el  ejercicio  de  la  oficiosidad  por la Sala.   

Página que contiene  parte resolutiva y firma de la Presidenta de la Sala   

Casación  N°  35.165   -Inadmite  demanda-  

En esas condiciones, resulta inexorable la  inadmisión   de   la   demanda,   razón   para  disponer  la  devolución  del  diligenciamiento al Tribunal de origen.   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E             S             U             E             L             V             E   

INADMITIR  la  demanda   de  casación  a  nombre  de  EDWIN  AUGUSTO  CAMARGO  VARGAS, por su  defensor.   

Contra  este  auto  no  procede  recurso  alguno,  conforme lo disponen los artículos 213 y 187, inc. 2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

Página que contiene  firma de 7 Magistrados   

Casación   N°  35.165   -Inadmite  demanda-  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                               JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Folios 2 y 3, C.  No. 1   

2  Folios 13, ídem   

3  Folios 129 y 130, C. No. 1   

4  Folios 165 al 177, ídem   

5  Folios 247 al 258, ídem   

6  Folios 367 al 382, C No. 2   

7  Folios 321 y 322, ídem   

8  Folios 440 al 470, ídem   

9  Folios 530, ídem   

10  Folios 634 al 642, C. No. 3   

11  Folios 765 al 805, ídem   

12  Artículo  119.  Ataque  al  inferior.  El  que  en  actos  relacionados  con el  servicio,  ataque  por  vías  de  hecho  a  un inferior en grado, antigüedad o  categoría,  incurrirá,  por  ese  solo  hecho, en prisión de seis (6) meses a  tres (3) años.   

13  Artículo  188.  Lesiones  personales  dolosas.  El que intencionalmente cause a  otro  daño  en el cuerpo o en la salud que implique incapacidad para trabajar o  enfermedad  que no pase de treinta (30) días, incurrirá en arresto de seis (6)  a dieciocho (18) meses.   

14  Corte  Suprema  de Justicia. Sala de Casación Penal. Auto del 5 de diciembre de  2002. Rad. No. 19.961.   

15  Tales  precisiones  las  ha refrendado la Sala, entre  otros  pronunciamientos,  en los realizados el 30 de junio de 2004, Rad. 21.770;  el  6  de  julio  de  2006,  Rad.  24.810; y el 3 de agosto del mismo año, Rad.  25.812.   

16  Corte  suprema  de  Justicia. Sala de Casación Penal. Auto del 25 de septiembre  de 1997, Rdo. 13.401     

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