32088(01-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 32088  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado    Acta:   191      

Bogotá, D. C, primero (1) de julio de dos mil  nueve (2009).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúnen  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación    discrecional  presentada   por   el  defensor  de  RODOLFO  PEÑUELA  RAMÍREZ, contra la sentencia  expedida  por  el  Tribunal  Superior           de           Bucaramanga1,     la    cual   confirmó2  el  fallo   adoptado   por  el  Juzgado  8  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad,  quien lo condenó,  a  la  pena  principal  de  12 meses de  prisión,  como  autor  del  punible  de  fabricación,    tráfico    y   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  narrados  por  las  instancias  de la  siguiente manera:   

“El  veinticuatro  de  julio de dos mil dos  algunos  ciudadanos  se  comunicaron  con  el  grupo  GAULA del ejercito (sic) e  informaron  sobre la posible negociación de un arma de fuego que se efectuaría  en   las   afueras   del   municipio  de  Girón,  para  lo  cual  se  aportaron  características  de  los  posibles  negociadores y su dirección. Atendiendo el  llamado,  unidades del referido grupo se desplazaron hasta la calle 43 No. 22-56  de  donde  salían  EUGENIO  RUEDA BUENO y RODOLFO PEÑUELA RAMÍREZ, el primero  portando  un  revólver  que le fue pasado afanosamente por RODOLFO cuando notó  la  presencia  de  las  autoridades.  Al no presentar licencia para el porte del  arma  se  le  condujo  y se lo dejó a disposición de la Fiscalía junto con el  revolver (sic) incautado”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 22 de julio de  2004,  la  Fiscalía 5 Delegada ante los Jueces Penales  del   Circuito  de  Bucaramanga,  dictó  resolución    de    acusación   contra  PEÑUELA  RAMÍREZ,  por  el  delito  de  fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego             o            municiones3.   

2. El 19 de abril de  2006,  el  Juzgado  8  Penal  del Circuito de la misma  ciudad,    condenó    al   procesado   PEÑUELA  RAMÍREZ, a la pena principal de  12  meses de prisión, por la  comisión   del   punible   de  imputado  y,  a  la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  por  el mismo lapso que  la  sanción  privativa  de la libertad; además lo requirió a  fin  de  prestar  caución prendaría de un (1) smlmv, para acceder al subrogado  de la suspensión condicional de la pena.   

3. El 11 de febrero  de   2009,  la  anotada  decisión  fue  ratificada4    por    el    Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bucaramanga,  con  base  en  la  apelación  formulada por la defensa técnica,  quien  –en igual forma- la  impugnó  y,  mediante  la  presentación  del  respectivo  libelo, sustentó el  recurso de casación, que hoy examina la Corte.   

L A  D E M A N D A  

Bajo   el   imperio   de   la  Ley  600  de  2000,  el  actor  atacó  la  decisión  de segundo nivel, dividiendo el libelo en cuatro capítulos. Los tres  primeros,  los  dedicó  a los “hechos”,   “actuación  procesal”,     y     “sentencia    impugnada…  fundamentos”;  después invocó la causal excluyente  de      responsabilidad,     “por     aplicación  indebida”  consagrada  en  el  artículo 32, numeral  10° (error invencible).   

Y,  en  el extraño título denominado por el  abogado    “concretización   de   la   censura”,  afirmó:   

“La sentencia se edificó sobre la base de  una  conducta  que  si  bien  es cierto se estructuro, también es cierto que se  estructuro  (sic)  la  causal  10 inciso primero del artículo 32 de la ley 599.  (sic)       de      2000…      RODOLFO      PEÑUELA      RAMÍREZ,  siempre  estuvo  bajo  ese  estado de  error  invencible  que en su comportamiento no estructuraba descripción típica  alguna,  el  (sic),  estaba  plenamente  convencido  que  su  actuar  era apenas  legitimo  (sic) su medio cultural en que se desarrollaba, no le podía dejar ver  de  otra  forma,  su  convicción  era  esa  y no otra es decir actuó con error  invencible,   luego   no   puede   ser   objeto  de  sanción  alguna.  En  esas  circunstancias  se dicto (sic) una sentencia condenatoria sin valorarse el error  invencible  en que actuó RODOLFO… comportamiento que conlleva a la exclusión  de responsabilidad penal”.     

Sin   ningún   otro  argumento  adicional,  finalizó   la   sustentación  del  ataque,  en  donde  solicitó  casar  la  sentencia  recurrida  y,  como  consecuencia     de    ello,    absolver    a    su    prohijado    del    delito    por    el    que    fue  condenado.      

C O N S I D E  R A C  I    O    N   E   S    

La Corte  advierte  que  el  ataque formulado contra la sentencia de segundo  nivel,    no    reúne    los    mínimos    presupuestos    de   coherencia   y  lógica-argumentativa  descritos  por la jurisprudencia para admitir la demanda,  pues  si  bien  se  alegó  una  causal excluyente de responsabilidad penal como  punto  de  partida para lograr su información; en el desarrollo y demostración  de  la  embestida,  incurrió  el recurrente en graves, múltiples y exacerbadas  falencias,  las  cuales  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario de casación.   

Menos  aún  puede entenderse la censura como  una  nueva  ruta  para  confeccionar  escritos  de  libre  factura  para ensayar  derrumbar   la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas en los proveídos; tampoco consiste en añadir un cúmulo  de  ideas  disgregadas  y  fragmentadas  en  el  libelo  en  búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo  o hipotético para asegurar un posible éxito, tal como lo  plasmó el defensor recurrente.    

Son múltiples y complejos los yerros hallados  en la demanda:   

Como  metodología,  la  Sala  abordará  el  estudio,  estableciendo aquellos puntos más preponderantes, a fin de determinar  de  manera precisa los desatinos de mayor impacto, con el objeto de brindarle al  memorialista  suficiente  claridad  en  torno  a  los dislates presentados en su  escrito.    

El           primer  desacierto  se  constata  en haber  olvidado  el  demandante  sustentar uno de los dos motivos que por ley se exigen  para    admitir    el   libelo,   contenido   en   el   artículo   –citado por él-  205, inciso 3 de  la    Ley   600   de   2000,   al   disciplinar   que   la   Sala   discrecionalmente  podrá  admitir ataques  contra  sentencias  expedidas  por  funcionarios  diversos  a los Magistrados de  Tribunales,  “cuando  lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás requisitos exigidos por la ley”.   

Se  hace  imperioso,  entonces,  motivar  y  discernir    la    consumación    en    instancias    de    una    vulneración    a    las    garantías  fundamentales, puntualizadas en  alguno  de  los sentidos expresados por la ley y la jurisprudencia; desde luego,  deberá  realizarse  tal  labor  jurídica, en el mismo contexto del libelo pero  delimitándolo  en  un  capítulo aparte, para después, atarlo coherentemente a  la  argumentación  propia  de  una  casación ordinaria: presupuestos que no se  satisfacen  por  el  sólo  hecho de haber sido citados por el memorialista o al  entenderlos   zanjados  por  si  mismos,  como  en  el  caso  en  estudio.    

Entraña,    además,   el   desarrollo   de   la  jurisprudencia,  una  ponderación  aquilatada  de  las tesis jurídicas que en juicio del actor deban  ser  perfeccionadas,  mejoradas o corregidas, naturalmente tomando como punto de  partida  y  fundamento  los  criterios  expresados por esta Sala en sus diversas  manifestaciones  judiciales  que  se  intentan  modernizar; aterrizados, como es  obvio, al caso debatido.   

El     injusto     de     fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones,  por  el  que  fue sentenciado  PEÑUELA  RAMÍREZ,  cómo se indicó atrás, tenía en  la  Ley 599 de 2000, artículo 365, una pena de prisión de uno (1) a cuatro (4)  años,  establecida  antes  de  la modificación incorporada al mismo por la Ley  1142  de  2007, canon 38; normatividad aplicable por estar vigente al momento de  la  consumación  del  acto  ilícito.  Luego  entonces,  debió el memorialista  ajustarse  al  contenido del precepto 205 de la Ley 600 de 2000, inciso tercero,  que  disciplina  la  casación excepcional,  por cuanto la descripción del tipo imputado tenía señalada una  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo no excedía los ocho años.    

La  ausencia  de  uno  de  los  presupuestos  señalados  es  suficiente  para  inadmitir  la censura, pues su desconocimiento  acarrea  un  yerro  de  elevada  magnitud  al  no  tener  presente  las mínimas  exigencias   temáticas   diseñadas   por   la   Ley  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia;  sin embargo, la Sala hará otras observaciones, con el especial  propósito     de     indicarle    al    abogado    las    falencias    de    su  ataque.        

2.  Sin  el  más  mínimo  esfuerzo  por construir la censura como lo tiene sentado la Corte desde  tiempos   remotos,   el   profesional   del  derecho,  en  un  nuevo  dislate  redujo  su  inconformidad  a un  simple  juicio  conjetural,  a  fin  de  aceptar sus especulativos argumentos en  remplazo  de los plasmados por las instancias; como cuando sostuvo, por ejemplo,  a  manera  de  enunciado, que  su  mandante  actuó  bajo el influjo de un error invencible, pero sin demostrar  en     absoluto     su     propuesta:     la     dejó    inconclusa,  como  si  la  Sala debiera aceptar una  hipótesis  de  ese  talante,  porque  así  lo  quiere  el  defensor: cuestión  equivocada,  irrisoria  e  insustancial, como es obvio.    

Jamás se refirió al juicio de tipicidad, ni  ¿por  qué  razón  debería  excluirse  el  dolo  del  actuar  de su protegido  jurídico?,  menos  aún  examinó  los  elementos descriptivos o normativos del  tipo,    tampoco    se    detuvo   en   el   “hecho  constitutivo”5;   además,   olvidó   desarrollar  los  elemento  subjetivo  para  verificar  la  atipicidad  alegada, entre otros supuestos ignorados por completo  por el demandante.   

Para  rematar  invocó la causal de casación  anunciando  la  “aplicación  indebida del artículo  32,  numeral  10,  inciso primero”, error exorbitante  del  libelista  puesto  que si ello es así, el cargo resulta contradictorio, al  atacar      una      norma      que      supuestamente      se      aplicó  al caso; lo deseable hubiese sido  partir   de   una   falta   de   aplicación  del  precepto  aludido.   

Desatendió  el  actor,  en  igual  forma, el  postulado   de   unidad   de   decisiones,  bajo  cuyo  amparo se debe cuestionar no solo el fallo de segunda  instancia  sino  también  el  de  primera,  por conformar los dos, un bloque de  identidad  temática  indiviso,  en  donde  el  uno es el complemento esencial e  idiomático   del   otro;   exceptuando,   como  es  incuestionable,  proveídos  contrarios  en  el  mismo  asunto;  dado  el  caso, únicamente será lidiada la  sentencia de segundo nivel.   

Siendo  ello  así,  las censuras deben tener  como  presupuesto  indiscutible,  atacar  las  dos  sentencias,  pues  ambas son  indisolubles  y se integran en forma apodíctica, hasta entender que los vacíos  de  una  los compensa la otra: se retroalimentan. En esas condiciones dejar a la  suerte  parte  de  la  motivación  que no se encuentra en la determinación del  Tribunal,  por  ejemplo,  cuando  el Juez la desmenuzó, estudió, puntualizó o  reflexionó,  significa –ni  más  ni  menos-  abandonar  el  cometido  casacional  y  vulnerar  el axioma en  comento.   

Con  base  en  este razonamiento y sin que se  entienda  como  una  respuesta de fondo sino en virtud del ejercicio pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala,  como  una  garantía  más  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales de las partes, se especificaran algunos aspectos  inherentes al caso en estudio:   

El Tribunal aseveró:  

“Pues bien, en relación con la prueba de  la  autoría  del  acusado  en  la  realización  del  hecho  punible  que se le  imputa…  preciso  es  advertir que ésta surge de todo un cúmulo de elementos  de  convicción  que  analizados  en  conjunto…  indudablemente  conduce  a la  conclusión  a  la  que arribó la cognoscente… De igual manera, ésta Sala no  comparte   los  planteamientos  presentados  por  la  defensa  en  el  hecho  de  considerar  la  existencia  de  un error de tipo por parte de su defendido… lo  que  no  se  presenta en este caso porque el mismo procesado acepta que conocía  que  se  requería  autorización  de  autoridad  competente  para  el  porte de  armas…  Ahora  el  hallazgo  del  arma  de  fuego  en su poder, indudablemente  constituye  un  indicio  de  extrema  gravedad  en  su  contra, pues con ello la  hipótesis  planteada  por  la  defensa  se  desvirtúa,  y por el contrario, se  descarta,  dado que la causal que alude argumentando error de tipo por el errado  e  invencible  comportamiento,  no  es admisible, conocía la prohibición legal  del  porte  de  armas  sin el permiso de la autoridad competente respectiva, sin  embargo,  su  voluntad  fue  la  de portarla, por ello la existencia del dolo es  evidente ”.   

El Juez de conocimiento, explicó:  

“De   hecho   ese  conocimiento  de  la  prohibición  legal  de  porte  de  arma  de  fuego  sin  permiso  de  autoridad  competente  hacía  parte  del patrimonio intelectual del Encartado (sic) según  lo  reconoció  en su injurada y aún con ese conocimiento de voluntad fue la de  portar  el  arma  en condiciones proscritas, en donde es palpable el dolo con el  que actuó. (…)   

La  conducta  atribuida  a RODOLFO PEÑUELA  RAMÍREZ,  es  antijurídica  porque  contrario  al  mandato  jurídico habiendo  dirigido  el  encartado  su  voluntad  a  la  realización  de  la  infracción,  generando  así  para  el derecho el desvalor de acción con la cual lesionó el  bien  jurídico  de  la  Seguridad  Pública”,  pues es sabido que el porte de  armas de defensa personal es un injusto de peligro presunto”.   

El  núcleo  defensivo, como bien se observa,  fue  precisamente  el  aludido  error  de tipo; siendo sorprendente que el actor  excluyera  los  argumentos expuestos por las instancias donde le respondían sus  cuestionamientos  sobre  la  teoría  por  él expuesta y su no aplicabilidad al  caso  en  comento;  como  fue  ignorada  toda  la  motivación  judicial en sede  extraordinaria   en   punto   de   demostrar   la  falencia  alegada,  la  arremetida  contra  la  sentencia  condenatoria       proferida      Tribunal      de  Bucaramanga, se torna anodina.   

Otro  axioma  desconocido  por el jurista: el  principio     de     trascendencia,    puesto  que  a través de él, se  constata  la  importancia,  lesividad  y  gravedad  del  error denunciado. No es factible, por  ende,   repetir  o transcribir iguales formulaciones jurídicas tanto en la  motivación  del  cargo como en el apartado destinado a la misma: con el primero  la  nulidad se identifica, detecta y se acopla a lo que debió ser y no se hizo;  bajo  el  segundo  rasero,  el  yerro  alegado se demuestra, señalando en forma  concreta  el  efecto  perjudicial  y dañino de este a la ley sustancial. Siendo  ello   así,  el  principio  en  comento,  fue  relegado  íntegramente  por  el  libelista,  lo cual implica, aunado a todo lo anterior, el inminente rechazo por  carencia  de los mínimos presupuestos exigidos por la jurisprudencia, para esta  clase de actividades jurídicas.   

Sala  advierte  y  lo  repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a tono con la ley y la jurisprudencia, por medio del cual, paso a  paso  se  vaya  destruyendo  la  valoración  -o  su  ausencia- otorgada por los  falladores  a  las  pruebas,  si  se  selecciona la vía indirecta; o quizás la  directa,  cuando el actor demuestre mediante una temática jurídica contundente  los  yerros  en  instancias al haber desbordado la aplicación o interpretación  del  derecho  en  relación con los hechos y pruebas aceptados, entre múltiples  alternativas de ataque.   

Finalmente, otro de los postulados del recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la Ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No     es    que    la    “técnica” por si misma tenga como fin  enervar  los  derechos  adquiridos a los intervinientes o sujetos procesales, ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los yerros conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  recurrente  presenta  una  alegación  producto  de  su  propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

En  consecuencia,  los  defectos sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  inadmitir  la  demanda  elevada     a     favor     de    RODOLFO  PEÑUELA  RAMÍREZ, de conformidad  con  lo  consagrado  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000. No se percibe en  la  actuación, por último, la vulneración de alguna garantía fundamental que  amerite  el  facultativo  ejercicio de la oficiosidad, en virtud de lo dispuesto  en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:           Inadmitir  la  demanda    de    casación   presentada   a   nombre  de    RODOLFO   PEÑUELA  RAMÍREZ,  en  virtud  de  lo  argüido  en  párrafos  precedentes.   

Segundo:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero: Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                               MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Permiso  

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                    

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                                      JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Las  sentencias  de primera y segunda instancia se profirieron el 19 de abril de 2006  y 11 de febrero de 2009, respectivamente.   

2  En  forma  exclusiva, modificó,  lo  concerniente  a la caución prendaría, la cual fijó en $ 50.000 mil pesos.   

3  Ley   599   de   2000,   artículo   365.  “El  que  sin  permiso de autoridad  competente   importe,  trafique,  fabrique,  transporte,  almacene,  distribuya,  venda,   suministre,  repare  o  porte  armas  de  fuego  de  defensa  personal,  municiones  o  explosivos,  incurrirá  en  prisión de uno (1) a cuatro años y  multa  de  diez  (10)  a cincuenta (50)” smlmv.  Modificado por la Ley 890 de 2004, 14.   

4  Sólo modificó  lo  concerniente  a  la  caución  prendaría, la cual fijó en $  50.000 mil pesos.   

5  Artículo  32, numeral 10°, (ausencia de responsabilidad), consagrado en la Ley  599 de 2000.     

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