31966(03-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 31966  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 065  

Bogotá,  D.  C.,  marzo tres (3) de dos mil  diez (2010).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  las  demandas  de  casación presentadas por el defensor de los procesados Mario  Germán  Patiño  Oribe  y  Carlos  Humberto  Torres  Gómez contra la sentencia  proferida  el  20  de  agosto  de 2008 por el Tribunal Superior de Buga, que los  condenó   al   encontrarlos   responsables   de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  secuestro  agravado y  porte   ilegal   de   armas   de   fuego  (Código  Penal  de  2000,  artículos  103, 104-10, 168, 170-11 y  365).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. Respecto de los  primeros  se supo que el 2 de noviembre de 2004, en la calle 6 con carrera 19 de  la  ciudad  de  Buga,  fue  ultimado  mediante  disparos de arma de fuego Benhur  Ramírez  Rizo,  Presidente  del  Consejo  Municipal de Yotoco, al tiempo que se  produjo  el  secuestro  de  Alfredo Rivera Gutiérrez,  Jefe de la Umata de  esa  misma  población,  quien  fuera  rescatado  por  miembros  de  la Policía  Nacional  momentos  después en la Hacienda La Balastrera, oportunidad en la que  se  produjo  un  intercambio  de  disparos con varios individuos que huyeron del  lugar.   

En  sitio  aledaño  fueron capturados Mario  Germán  Patiño Oribe y Carlos Humberto Torres Gómez, quienes estaban en poder  de sendas pistolas 9 mm. Semiautomáticas.   

2.  Adelantada  la  instrucción  criminal  se  dispuso  el  cierre de la investigación y, el 16 de  junio  de  2005,  la Fiscalía Sexta Especializada Antisecuestro y Extorsión de  Tuluá,  Valle  del Cauca, profirió resolución acusatoria contra Mario Germán  Patiño  Oribe  y  Carlos  Humberto Torres Gómez, como posibles responsables de  los  delitos  de homicidio agravado, secuestro agravado  y  porte  ilegal de armas de  fuego  (Código Penal de 2000, artículos 103, 104-10,  168,  170-11  y  365).  En la misma providencia se precluyó la investigación a  favor  de  los indagados Alberto Castrillón, Luis Herney Vélez Penagos, Carlos  Julián   Ramírez   y   Marino  Bocanegra  Ampudia1.   

3.   El  11  de  noviembre  de  2005,  luego  de  verificadas  las  audiencias  preparatoria y de  juzgamiento,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado de Buga,  absolvió  a  los  procesados Patiño Oribe y Torres Gómez de los cargos porque  no se desvirtuó la presunción de inocencia.   

4.  La  anterior  decisión  fue  apelada  por  el  Agente  del  Ministerio Público y el Tribunal  Superior  de Buga, a través del fallo recurrido en casación, expedido el 20 de  agosto  de  2008,  la  revocó y dispuso condenar a los procesados Mario Germán  Patiño  Oribe  y Carlos Humberto Torres Gómez como responsables de los delitos  de  homicidio agravado, secuestro agravado y    porte    ilegal    de    armas   de  fuego,  imponiéndoles  las  penas  de  252  meses  de  prisión   y  multa  de  8.125  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  (s.m.l.m.v.).   

LAS DEMANDAS:  

El apoderado de los procesados Patiño Oribe  y  Torres Gómez presentó una demanda por cada uno de los poderdantes del mismo  tenor,   de   modo   que   sus   contenidos   se   resumen   de   la   siguiente  manera:   

Cargo   único:  Invocó  una  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por falso raciocinio  derivado de yerros de lógica.   

Critica las valoraciones que hizo el Tribunal  respecto  de  (i)  la credibilidad que merecía el dicho de los procesados sobre  la  tenencia de las armas, (ii) las inferencias sobre el tipo de personas que se  dedican  al  consumo  de  marihuana,  (iii)  la  falta  de reconocimiento de los  atacantes  por  parte  de  la  víctima,  (iv)  la  presencia  de la motocicleta  amarilla,    y,    (v)   la   no   incautación   de   estupefacientes   a   los  capturados.   

Dijo  que  de  haberse  dado  el mérito que  surgía  de la prueba indiciaria llevaría a un fallo absolutorio, razón por la  cual  solicita que se case la sentencia demandada y se revoquen todos los puntos  de la parte resolutiva.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         

1.  La casación se  concibe   como   un   recurso   extraordinario   y  como  un  medio  de  control  jurisdiccional  de la constitucionalidad y de la legalidad de los fallos, que en  los   términos   del   artículo   206   del  Código  de  Procedimiento  Penal  20002  pretende  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia.   

Al  seguir  siendo  un  recurso  se  puede  interponer  para  controvertir  la  sentencia de segundo grado antes que alcance  ejecutoria  material;  y,  la  connotación  de extraordinario la da el hecho de  surtirse   por   fuera   de  las  instancias  en  tanto  no  plantea  una  nueva  consideración  de  lo que fue objeto de debate en ellas sino un juicio de valor  contra  la  sentencia  que  puso  fin  al  proceso,  esencialmente,  por haberse  proferido  con  violación  de garantías fundamentales, materializado a través  de  una  demanda  que  no  es  de libre elaboración porque debe ceñirse a unos  parámetros  lógicos  mínimos,  a  causales  taxativas  y sólo procede contra  sentencias de segundo grado.   

La   casación   como   medio  de  control  constitucional  y  legal  implica  para la Corte Suprema de Justicia la tarea de  verificar  que  las sentencias de segunda instancia se ajusten a la normatividad  constitucional  especialmente  en  lo  referente  al  respeto  de  los  derechos  fundamentales  garantizados  a  cada uno de los intervinientes, y que los fallos  de los jueces se ciñan a la legalidad estricta.   

Esa  función  restaurativa del ordenamiento  jurídico  la  ejerce  la Corte, no sólo desde la perspectiva del entendimiento  clásico       de       la       función      nomofiláctica      (nomofilachia)  de  la  casación,  sino y,  sobre  todo,  en  torno  a la protección por vía de casación del ius   constitutionis  o  del  ius  litigatoris,  imperativos que definen  la  procedencia de la casación tanto en protección de la ley (nomofiláctica y  unificadora),  como  de los derechos del litigante (ius  litigatoris)  y  del  orden  justo  que  garantiza  la  Constitución3.   

2. La casación no  constituye  sede  adicional  para prolongar el debate probatorio cumplido en las  instancias  ordinarias  y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado, por el  contrario,   exige   para   la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales orientados a demostrar a través de un juicio  técnico  jurídico  que en la declaración de justicia allí contenida -la cual  llega  a  esta  sede amparada de la dual presunción de acierto y legalidad-, se  incurrió  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  ostensibles y relevantes o se  profirió  en un juicio viciado, ocurrencias una y otra que reclaman para sí el  necesario correctivo.   

3.  Las  reglas  establecidas  en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000 para la elaboración del  libelo   son   de   ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada formulación de los cargos y se omite indicar con  la  claridad  y  precisión  debidas  sus  fundamentos, la consecuencia procesal  inmediata  no  puede  ser  otra  que  su inadmisión4.   

4.  Este  marco  teórico  permite  afirmar  que  si  bien  el  censor  acertó  en la demanda al  identificar  los sujetos procesales, sintetizar los hechos juzgados y relacionar  brevemente  los  antecedentes procesales, desatendió los principios que regulan  el  recurso  extraordinario  de  casación  orientados  a  conjurar  confusiones  argumentativas  y  conceptuales  que  puedan  entorpecer  el entendimiento de la  propuesta.   

5.  El  cargo  único  plasmado  en  las dos  demandas: falso raciocinio:   

5.1.  Una  de  las  modalidades  de  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial     determinada     por     errores  de hecho, se tiene el falso  raciocinio,  que  en  caso  de  ser  invocado  le  compete  al demandante indicar (i) qué dice de manera objetiva el  medio  probatorio,  (ii)  qué se infirió de él en la sentencia atacada, (iii)  cuál  fue el mérito persuasivo otorgado, (iv) determinar el postulado lógico,  la  ley  científica  o la máxima de experiencia cuyo contenido fue desconocido  en  el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar  la proposición lógica, la regla  científica,   o  el  supuesto  de  experiencia  que  debió  considerarse,  (v)  identificar  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida  o  indebidamente  aplicada,  y  finalmente,  (vi) demostrar la trascendencia del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la correcta inferencia de la  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría    lugar    a    un    fallo   esencialmente   diverso   y   opuesto   al  ameritado.   

5.2.  En el asunto  objeto  de estudio evidencia la Sala sin dificultad que el defensor presentó el  cargo  sin  sujeción  a las obligaciones anotadas, porque se limitó a citar lo  dicho  por el Tribunal y criticar las aseveraciones que plasmó en el fallo, sin  hacer  mención  alguna al postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia cuyo contenido fue desconocido en la sentencia.   

5.3. Pero no sólo  olvidó  el libelista que cuando de falso raciocinio se trata resulta imperativo  indicar  la  proposición  lógica,  la  regla  científica  o  el  supuesto  de  experiencia  que  debió considerarse, sino que dejó de explicar y demostrar la  trascendencia  del  error  expresando  con claridad cuál debía ser la correcta  inferencia de la prueba.   

5.4.   Como  la  discusión  que  se  plantea  en la demanda tiene que ver con la prueba acopiada  para  demostrar  la  responsabilidad del procesado, la Sala resalta que la misma  tiene  coherencia  interna  y externa, su fuente es imparcial y reúne todos los  requisitos de legalidad exigidos.   

Con las pruebas analizadas por el Tribunal se  reconstruyó  lo  ocurrido  aquel  2 de noviembre de 2004 en la municipalidad de  Buga: Se trató de unos hechos en los que   

hubo   una   autoría   organizada,   una  preparación   de   los  crímenes  por  parte  de  una  organización  poderosa  ciertamente,  lo  que  se  refleja  en  la cantidad de elementos empleados en la  acción:   armas   automáticas,  con  varios  proveedores,  varios  vehículos,  teléfonos       celulares,       liquidez       monetaria       ($4’670.000,00  mcte),  una  motocicleta,  una cámara fotográfica, entre otros.   

Lo   anterior  permitió  al  ad  quem  señalar  que  los procesados no  podían  estar  dirigiéndose a pescar con toda una parafernalia de guerra, como  era la que poseían al momento de su captura, más bien iban a   

una  operación  comando  muy  bien dotados  logísticamente,  tratándose  de  personas  jóvenes,  de  sexo  masculino y de  ocupaciones  imprecisas.  Curiosamente  no  llevaban  nada  que correspondiera a  equipó      rudimentario      o      sofisticado      de      pesca.   

Y  con  base  en  lo  dicho  por la víctima  Alfredo  Rivera Gutiérrez pudo establecer que la organización que cometió los  crímenes  procedió  mediante  división  de  trabajo,  que  los  motociclistas  oficiaron  como  guías  cuando  los  vehículos  que participaron en los hechos  huyeron  de  la  persecución  policial,  versión  que  por  cierto, resalta el  Tribunal,  coincide  con las exposiciones de los policiales que comparecieron al  proceso.   

5.5.  Olvidó  el  casacionista  que  la  sana  crítica  o  persuasión  racional es el sistema de  valoración    probatoria    adoptado    por   el   legislador   colombiano   de  20045,  método  que no ha sido extraño a las codificaciones precedentes  porque,  por  ejemplo,  los  Códigos  de  Procedimiento Penal de 1991 y 2000 lo  recogieron  en sus artículos 254 y 238, respectivamente, y el estatuto procesal  civil que desde 1971 lo consagró en su artículo 187.   

La Sala ha dicho que  

La  sana  crítica  impone  al  funcionario  judicial  valorar la prueba contrastándola con los restantes medios, y teniendo  en  cuenta  la  naturaleza  del  objeto  percibido,  el estado de sanidad de los  sentidos  con  los  que  se  tuvo  la  percepción, las circunstancias de lugar,  tiempo  y modo en que se percibió y las singularidades que puedan incidir en el  alcance de la prueba examinada.   

El  examen  probatorio,  individual  y  de  conjunto,  además  de los criterios señalados, acude a los supuestos lógicos,  no  contrarios  con la ciencia, la técnica ni con las reglas de la experiencia,  para  inferir  la  solución  jurídica  que  la  situación  examinada amerita.   

En  consecuencia,  el  razonamiento  para  determinar  en  un proceso penal si un hecho dado ocurrió o no (facticidad), y,  en  la  primer  eventualidad,  las  posibilidades en que se ejecutó, solo puede  apoyarse  en  premisas  argumentativas  que  apliquen  las  reglas  de  la  sana  crítica,  en  los  términos  que  vienen  de  explicarse,  no  a través de la  personal   o   subjetiva   forma   de  ver  cada  sujeto  la  realidad  procesal  examinada6.   

5.6. Igualmente, las  inferencias   lógico-jurídicas   a  través  de  operaciones  indiciarias  son  pertinentes  dentro  de  la  sistemática procesal vigente para la época de los  hechos  investigadas,  y  le  pueden  permitir  al juez obtener certeza sobre la  ocurrencia  del  delito  y la responsabilidad del acusado, grado de conocimiento  que  cuando  se alcanza autoriza proferir sentencias de condena en contra de los  acusados, como aquí ha ocurrido.   

5.7. Quien promueve  demanda  de  casación  tiene  una carga argumentativa diversa que depende de la  orientación  del  ataque  que  dirige  contra  la  prueba  de indicios. En este  sentido tiene dicho la sala que   

i). Si el error radica en la apreciación del  hecho  indicador, dado que necesariamente éste ha de acreditarse con otro medio  de  prueba  de los legalmente establecidos, ineludible resulta postular  si  el  yerro  fue  de  hecho  o  de derecho, a qué expresión corresponde, y cómo  alcanza demostración para el caso;   

ii).  Si  el error se ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se  acredita  el  hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en  la   labor  de  asignación del mérito suasorio se apartó de las leyes de  la  ciencia,  los principios de la lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en  qué  consiste  y  cuál  es  la operancia correcta de cada uno de  ellos, y cómo en concreto esto es desconocido. Y,   

iii)  Si el yerro se presenta en la labor de  análisis  de  la  convergencia  y congruencia entre los distintos indicios y de  éstos  con  los  demás  medios,  o  al  asignar  la  fuerza demostrativa en su  valoración  conjunta,  es  aspecto  que  no  puede  dejarse  de  precisar en la  demanda,  concretando  el  tipo de error cometido, demostrando que la inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los  postulados de la sana crítica, y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se propone en su reemplazo,  permite   llegar  a  conclusión  diversa  de  aquella  a  la  que  arribara  el  sentenciador.   

5.8.  El  anterior  recuento  conceptual admite señalar que carece de razón la casacionista cuando  descalifica  la  sentencia del Tribunal Superior, dado que la prueba aportada al  proceso  y  las  inferencias  lógicas  que  se  hicieron a partir de los hechos  demostrados,  permite afirmar sin lugar a duda que Mario Germán Patiño Oribe y  Carlos  Humberto  Torres  Gómez  son  responsables  de  los delitos materia del  pliego de cargos.   

6. De lo expuesto se  sigue  que  el  Tribunal acertó al hacer las valoraciones probatorias porque el  acervo  demuestra  objetivamente  la  realización  del  punible investigado. La  censura se inadmite.   

7.  Finalmente es  oportuno  resaltar  que  la Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de derechos o garantías de los procesados  Patiño  Oribe  y Torres Gómez, como para que se hiciera necesario el ejercicio  de  la facultad legal oficiosa que le asiste a fin de asegurar su protección en  los términos del artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

A   mérito   de  lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

         1°.     INADMITIR     las     demandas  presentadas.   

2°.  ADVERTIR que  contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                                                             AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  La  resolución  acusatoria quedó ejecutoriada el 30 de junio de 2005 (Véase folio  50 del cuaderno N° 3).   

2  Corresponde al artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

3 Desde  antaño       la       jurisprudencia       ha      señalado:      “Al  lado  de  la  unificación  de la  jurisprudencia  y  la defensa del sistema jurídico a través del control de las  sentencias  judiciales,  se  une  entre  sus  fines  el de corregir los injustos  gravámenes  recaídos  sobre  las  partes,  lo  que  constituye el estímulo al  interés  particular  para que la casación sea viable poniéndole punto final a  un   perjuicio   particular   ocasionado   por  el  fallo  recurrido”  (Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación   Penal,   sentencias   de   casación   de  5  y  27  de  febrero  de  1976).   

4 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

5  Véase  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia de  casación, 30 de marzo de 2006, radicación 24468.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia de casación, 25 de  mayo de 2005, radicación 21068.     

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