31900(24-08-09).COHECHO.FAVORABILIDAD,NULIDAD PRUEBAS

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 31900  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta número 266  

Bogotá,  D.C.,  agosto  24   de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  sobre el recurso de  apelación  interpuesto   por  el defensor y el acusado contra la decisión  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá por medio de la cual negó  el  decreto  de nulidad del proceso,  elevada  por el defensor de ex fiscal local JOHAY CONTRERAS AGUDELO, acusado por  la       supuesta       comisión      del      delito      de      cohecho.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Así  fueron  relatados  los  hechos  en  el  escrito de acusación:   

“En  la Fiscalía  34   Delegada  ante  los  Jueces  Penales  Municipales  de  Bogotá,  cuyo  titular era el Doctor JOHAY CONTRERAS AGUDELO, se adelantaba  la  investigación  No.  110016000050200705515,  por  el  delito de abuso  de  confianza, cuyo objeto material  fue  un vehículo de propiedad  de  la  señora  IBETH  GUTIERREZ  OVIEDO; el vehículo Renault Megane de placas  BSA-481,  fue recuperado en Neiva, hecho del cual fue informada la víctima, por  lo  que  el  18  de  enero de 2008 radicó petición de  devolución  ante la Fiscalía 34 Local, quedando a la  espera de que se le ordenara la devolución del mismo.   

A  principios de febrero de 2008, la señora  IBETH    GUTIERREZ    fue    contactada    por    el  titular  de la Fiscalía 34 Local, Dr. JOHAY CONTRERAS  AGUDELO,  quien  le  manifestó  que  era  necesario  que  se  encontraran  para  acordar    como   debía  procederse  a  la  entrega  del vehículo, razón por la cual se reunieron en el  Restaurante  LA  TERRAZA  de Bogotá, lugar en el cual almorzaron y en el que el  Fiscal  le  hizo exigencia de la suma de CINCO MILLONES  DE  PESOS ($ 5.000.000.00), parte de la mencionada suma  sería  para las personas que lograron la recuperación del vehículo; en razón  a  que  la  señora  GUTIERREZ  no  contaba con tal suma, así se lo informó al  Fiscal   iniciando   esta   las  gestiones  tendientes  a  la  consecución  del  dinero.   

El  5 de febrero de 2008, acudió la señora  GUTIERREZ  OVIEDO  a  las instalaciones de la Fiscalía 34 Local y en la oficina  del  fiscal JOHAY CONTRERAS AGUDELO le entregó la suma  de  DOS  MILLONES  DE PESOS ($ 2000.000) en efectivo y  dos cheques posfechados de su  cuenta  corriente  No.  17526828752  del  Banco  de  Colombia,  Títulos valores  girados     para     garantizar    el    pago    del  excedente,  así:  1.-GB526178 por Un Millón de pesos  para  el  5  de marzo de 2008 y el GB526179 por la suma de Dos millones de pesos  para el mismo mes y día.   

Por   el   cheque   GB526178,  la  señora  IBETH  GUTIERREZ  le consignó al Fiscal 34 Local en  la  cuenta  de  ahorros  que  éste  posee  en  BBVA  No.  126120070  la  suma  de  UN  MILLON  DE  PESOS MCTE  ($1.000.000.00)  DISCRIMINADOS  EN  DOS  CANTIDADES  A  SABER:  una de ellas por  NOVIENCIENTOS  MIL  PESOS  y  la  otra  por CIEN MIL PESOS, consignación que se  efectuó el 5 de marzo de 2008.   

Respecto  del  segundo  cheque,  o  sea el GB526179, que fue girado posfechado por un valor de DOS  MILLONES  DE  PESOS,  se adelantaron conversaciones a efectos de poder cubrirlo,  una  de  las  reuniones se llevó a cabo el 12 de julio de 2008 en CARULLA de la  116  con  carrera  15  de  Bogota, lugar en donde le solicitó la víctima, más  plazo  para  conseguir el dinero, acordando que el pago se efectuaría en el mes  de agosto, lo cual no ocurrió.   

Como  quiera que el Fiscal la requirió para  el  pago de la suma excedente, la que no ha podido reunir, decidió instaurar la  denuncia.”   

Luego  de  adelantar  las  fases  procesales  correspondientes  y  de  que  la  Fiscalía  radicara el escrito respectivo, fue  convocada  la  audiencia   para  formulación  de  la acusación, en la cual el defensor solicitó que  se   declarara  la  nulidad  del  proceso  y  en  consecuencia  se  ordenara  la  libertad  de  su defendido,  fundamentado   en   la  supuesta  ilegalidad  de  tres  situaciones   que  se  vivieron  al  interior  de  la  investigación:  i)  la  autorización  que  hizo  la  Fiscalía  de la entrega vigilada de un dinero, cuando  dicha  actividad  está  reservada  exclusivamente frente a la investigación de  organizaciones  criminales; ii) la captura se realizó  por  fuera  de situación de flagrancia y sin orden de  autoridad    judicial   competente;   y,   iii)   la  celebración   de  dos  audiencias  preliminares  reservadas  sin  la  presencia  de   CONTRERAS  AGUDELO,  no obstante encontrarse  para  esa  fecha  privado  de  la  libertad,  aspecto  este  con base en el cual  solicita   la   “aplicación   retroactiva   favorable”   de   la  sentencia  C-025  de  2009,  que  autoriza la participación del  imputado  y  la  de  su  defensor en las audiencias de  control posterior de control de legalidad.   

La solicitud de nulidad fue denegada por el  Tribunal  al  considerar: i)  que  los  aspectos  cuya  discusión  se  proponía eran propios de la audiencia  preparatoria  y no de la de formulación de acusación,  en  tanto  que  todos  los  temas  planteados  por  la defensa tenían relación  directa  con  la  legalidad de las pruebas,   y  que  tales  eventos  únicamente  generaban  la  nulidad  del  proceso  en las situaciones  previstas por la Corte Constitucional en la Sentencia  C-591  de  2005  ninguna  de  las cuales se encontraba  acreditada  en  este  caso; ii) que no se presentó una  entrega  vigilada  sino un operativo en el que, con la  participación  de  la  víctima,  se  pretendía  sorprender  en  flagrancia al  indiciado;   y,  iii)  que   la  captura  se  realizó  en flagrancia, vale decir, en momentos en que  CONTRERAS  AGUDELO  recibía  el dinero producto de la concusión, pero que  en  todo  caso,  aún  en su ausencia, la Corte ha sostenido que la irregularidad   de   la   aprehensión   no   afecta   la   validez  procesal.   

Contra  tal decisión, tanto la defensa como  el  acusado,  interpusieron  recurso de apelación, el cual les fue concedido en  el efecto suspensivo.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN ORAL  

En   uso   de   la   palabra  el  defensor, luego de resumir la decisión  impugnada,  planteó  su  inconformidad con la misma, a partir de los siguientes  argumentos:   

En  primer  término  aclaró  que  lo  que  cuestiona  con  su solicitud de nulidad no   es   la   legalidad   de   la   prueba,  sino  las  garantías  fundamentales  de  que  es  titular  el  procesado, de  acuerdo  con  el  contenido del artículo 276 de la Ley  906  de  2004;  en  tanto  que  el delito de   concusión   no   admite   la   posibilidad   de   la  entrega  vigilada,  actividad investigativa que está reservada  para la desmembración de bandas criminales.   

En  segundo lugar,  encuentra  que  se  contrarió el debido proceso de CONTRERAS AGUDELO, en cuanto  que  el  Tribunal corrigió el  yerro  de  la Fiscalía al manifestar que no se estaba desarrollando propiamente  una   actividad   de   entrega   vigilada,  con  lo  que  está  también en desacuerdo al considerar que con  ello  el  Tribunal  se  acercó  peligrosamente  a la posición de la Fiscalía,  rompiendo  su  imparcialidad,  porque   convalidó   tal  actuación,   no  obstante  ser  claro  que  ese  no   era   el   procedimiento   adecuado    para    esta    investigación,    lo   cual   es   inaceptable      en     un     proceso     de     partes.   

Agregó  que  el  delito  de  concusión  es  de  mera  conducta  y  de  ejecución  instantánea  que  se  consuma  cuando  el servidor público hace la  exigencia   económica;  todo  para  concluir  que  en  ese  orden  no   podía   producirse   una  captura  en  flagrancia,  varios meses después de haberse realizado la supuesta exigencia,  por lo que captura se tornó en ilegal.   

Indicó igualmente que la entrega vigilada no  era  el  procedimiento  previsto, razón por la cual, con su práctica se violó  el  debido  proceso, conculcación que se extendió a la omisión de comunicarle  al   indiciado   de  su  realización,  no  obstante  estar  ya  privado  de  la  libertad.    Aseveró igualmente que un acto  ilegal  no puede permanecer en el proceso, revestido de  la  legalidad que no le corresponde, no siendo posible solicitarse su ilegalidad  en  la  audiencia  preparatoria,  por  haber  sido  ya  objeto  de un control de  legalidad.   

Respecto    de   supuesta   ilegalidad  de  la captura aseguró que su  defendido   no  fue  capturado  en  situación  de  flagrancia,  por  cuanto  su  aprehensión  se  produjo por fuera de los eventos previstos en el artículo 302  del  Código  de  Procedimiento Penal,  ya que si el delito de concusión  es  instantáneo,  se  consumó  cuando  se  produjo la  exigencia  económica.   Ni  hubo  situación  de  flagrancia,  ni  tampoco se capturó en cumplimiento de la orden de la autoridad  judicial competente, concluyó.   

Frente a la presunta vulneración del debido  proceso  recordó  que  la  Corte Constitucional en la sentencia  C- 025 de  febrero  de  2009,  ordenó  la  citación  y  comparecencia del indiciado a las  audiencias  reservadas;  lo  cual  se le desconoció a CONTRERAS AGUDELO, con lo  que   se   afectó   el   derecho   de   defensa   y    contradicción  del  acusado.   

A su turno,  el  acusado   concretó  su  desacuerdo  en  la  supuesta  violación  de  sus  derechos  fundamentales.   Esto porque el Tribunal, de  manera     equivocada,     irracional,     parcializada,     contradictoria    y  descontextualizada adoptó la decisión impugnada.     

Señaló el acusado apelante que el Tribunal  se   inventó   una  actividad  investigativa  innominada  con  el  objetivo  de  convalidar  una  ilegalidad  de  la Fiscalía, al afirmar que no se adelantó un  procedimiento  de  entrega  vigilada, y,  haciendo un malabarismo jurídico  para  legitimar  ese  procedimiento justificó el operativo como mecanismo   para  capturarlo  en flagrancia, pero sin indicar de qué acto de investigación  se  trataba,  no  obstante  que  estos son taxativos, y rodeados de formalidades  legales,  garantías  cuyo  titular  era precisamente el ciudadano procesado, lo  cual  le  desconoció el Tribunal al legitimar unas audiencias reservadas sin la  presencia del indiciado.    

Y  si  no  hubo  entrega  vigilada, agregó,  resulta  irrelevante  la  audiencia  de  control  posterior, con lo que está en  juego  el  derecho  a  la  defensa,  al  debido  proceso  y a la libertad.   Reclamó  que  se  le  negó el derecho de defensa por cuanto no se le permitió  asistir  a  la  audiencia de control de legalidad del acto de investigación con  fundamento  en  el cual se le capturó, no obstante tener ya para ese momento la  condición de imputado con ocasión de su captura.   

Concluyó  manifestando  que se le conculcó  sus  derechos a la defensa y al debido proceso y en consecuencia insistió en la  pretendida  declaratoria de nulidad y solicitó que en consecuencia se ordene su  libertad inmediata.   

   

La  delegada  de  la Fiscalía General de la  Nación,   luego  de  hacer  un  recuento  de las  incidencias  jurídicas  y  procesales  del  hecho investigado afirmó  que  la  conducta de concusión se actualizó cada vez que  el  entonces  fiscal  exigía  el  pago  de  dinero  a  su  víctima,  lo  cual la llevó  a defender el uso de la entrega vigilada  en  casos  como el que aquí se analiza, el cual no es exclusivamente utilizable  para   desarticular  organizaciones criminales, ya que el artículo 243 del  Código  de  Procedimiento  Penal  prevé  otra posibilidad, en desarrollo de la  cual fue que se acudió a tal actividad investigativa.    

Agregó  que  la  entrega  vigilada  está  autorizada   como mecanismo para la lucha contra la corrupción, en delitos  como  el  investigado  en  este  proceso,  de  acuerdo  con  lo  indicado por la  Ley   970  de  2005 por  medio  de  la  cual  se  aprobó  la  Convención  de  Naciones  Unidas  contra  la  Corrupción,  en  cuyo  artículo  50 se  incorporan  las  técnicas  utilizables,  entre  las  cuales  se  encuentra la entrega vigilada.   

Recalcó que la captura de CONTRERAS AGUDELO  sí  se realizó en situación de flagrancia, cuando se encontró en su poder el  dinero  que  previamente  se  había  incluido  en  el  procedimiento de entrega  vigilada;  sin  dejar de reconocer que el constreñimiento se inició en febrero  de  2008, y  se prolongó hasta el 14 de noviembre de 2008, actualizándose  en varias ocasiones.   

Manifestó  que  la  oportunidad  para  la  discusión  en torno de la flagrancia era la audiencia de control de la captura,  cuando  el  juez 14  Penal Municipal con Funciones de control de garantías  declaró  legal la captura, sin que en aquella audiencia hayan manifestado nada,  ni el capturado, ni su defensor.   

De   las   cuestionadas    audiencias  reservadas  indicó  que  las mismas se realizaron el 13 de septiembre, esto es,  el  día de la captura y un día antes de la imputación; con lo que, de acuerdo  con  el  parágrafo del artículo  237 de la Ley 906 de 2004, no obligaba a  la  participación  de  quien  aún  no  tenía  la  calidad  de imputado.    

Agregó que los efectos de la sentencia C-025  de  27  de enero de 2009 no podían extenderse al 13 de noviembre de 2008,   solicitando a la Corte confirmar la decisión apelada.   

El    representante    del    Ministerio  Público  inició  manifestando  su  desacuerdo con la  posición  de  la  defensa  al solicitar la nulidad con fundamento en la posible  ilegalidad  de  las  pruebas,  por  cuanto  tal  situación  conlleva  es  a  la  exclusión y no la nulidad del proceso.   

En   relación   con   la   entrega   vigilada   señaló   que  tal  procedimiento  nació   para  combatir  el  delito  macro  y  es propio del  narcotráfico,  y  no puede aplicarse a la concusión  por cuanto el dinero no es  el objeto material de  la  conducta;  pero no obstante  no se vulneró con dicha actividad ningún  derecho,  en  tanto  que  se  hizo  con  las  formalidades  propias  del acto de  investigación  de  entrega vigilada.  Añadió que si lo que se valora con  estos  procedimientos  son  los  resultados,  en cualquier momento la defensa ha  podido  solicitar  la  exclusión  de  las  pruebas,  pero  en  todo caso, no se  vulneró ningún derecho.   

Frente     a     la     concusión,   manifestó   que   es   un  delito  pluriofensivo puesto  que   protege  la  probidad  de  la  administración  pública,  además  de  la  autonomía   personal   y   de   paso   el  patrimonio  económico   de  la  víctima.   Siendo  así, el acto inició en febrero de 2008 y se prolongó  hasta  noviembre  del  mismo  año,  de  donde  se  deduce  claramente  que hubo  flagrancia  en  la  captura  por  cuanto  la  vulneración del bien jurídico se  prolongó  en  el  tiempo;  y  no es que se haya agotado con el constreñimiento  como  lo planteó la defensa, sino que se extendió hasta cuando se materializó  la  captura.  Agregó  que  se  trató de un procedimiento que si bien no era el  apropiado  para  este  tipo  de delitos, con el mismo no se produjo vulneración  alguna de los derechos de CONTRERAS AGUDELO.   

Respecto  de  la posible vulneración de los  derechos  del  acusado  al  no  habérsele permitido el acceso a la audiencia de  control  de  legalidad  posterior,  manifestó  que  no  se  podía  aplicar  en  noviembre de 2008 una sentencia que aún no se había producido.   

Solicitó  finalmente  que  se confirmara el  auto impugnado.   

La  representante de la víctima  demandó  que  se  confirmara  la providencia  impugnada, por  cuanto  no  existió  ninguna  vulneración  al  debido proceso, en tanto que la  entrega  vigilada  era  apropiada  en  desarrollo  de la Ley 970 de 2005 para la  investigación  de  delitos  como el de concusión, además de haberse realizado  el  control  de  legalidad  de  manera  apropiada de acuerdo con la normatividad  vigente;  añadiendo  además que la captura fue en flagrancia, para reiterar su  solicitud de que se confirmara el auto recurrido.   

   

CONSIDERACIONES  

La  Corte  es competente para conocer de los  recursos  de apelación interpuestos contra los autos y sentencias que profieran  en  primera  instancia  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial,  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 32.3  de la Ley 906 de  2004.   

En  la  sustentación, los sujetos procesales  inconformes  entrecruzan indistintamente los eventuales  efectos   de   la   prueba   ilegal  con  las   causas   y   los   efectos   invalidantes  de  la  actuación  investigativa,  al  plantear  que  debe  decretarse la  nulidad  del  proceso  toda  vez  que,  a su juicio,  la investigación que  adelantó la Fiscalía estuvo plagada de ilegalidades.   

Tres  problemas   jurídicos se ponen a  consideración  de la Sala: i)  cuál  es el alcance anulatorio de las actividades de investigación  y de captura y cuál la oportunidad para  su  proposición;   ii)  si  la  entrega  vigilada  es  una  actividad exclusiva para desarticular bandas  criminales  o  si  su utilización es permitida en delitos de entidad diferente;  y, iii) si la sentencia C-025  de 2009, produce efectos hacia el pasado.   

Primer  problema.   Sobre  el  alcance  anulatorio  de las ilegalidades cometidas en las actividades de investigación y  de captura y la oportunidad para el control judicial de las mismas.   

Las  causales y los principios de la nulidad  procesal  siguen vigentes no obstante no existir norma  expresa   que   así   lo   determine   en   la   Ley  906  de  2004,     por    lo    que    tal  omisión  se  cubre  con los lineamientos normativos de la Ley  600   de  2000,  los  cuales  continúan  vigentes   en  este  aspecto  particular,  porque,  además,  pertenecen a la teoría general del  proceso penal.   

De  suerte,  que de  acuerdo  con lo normado por el artículo 339 de la Ley  906  de  2004, las nulidades  de  la  fase  investigativa se deben proponer en la audiencia de formulación de  acusación,  para  que sea esta el escenario en que se debatan,  ya que tal  audiencia tiene una función, ante todo, de saneamiento:   

“Trámite.   Abierta   por  el  juez  la  audiencia,  ordenará el traslado del escrito de acusación a las demás partes;  concederá  la  palabra  a  la fiscalía, Ministerio Público y defensa para que  expresen    oralmente    las    causales    de    incompetencia,   impedimentos,  recusaciones,  nulidades,  si las hubiere,  y las observaciones sobre el escrito de acusación, si no reúne  los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  337,  para  que  el  fiscal lo  aclare,  adicione  o corrija de inmediato.   

Resuelto  lo anterior concederá la palabra  al fiscal para que formule la correspondiente acusación.”   

Frente a  esta audiencia tiene dicho esta  Corporación que:   

“De  la  simple  lectura  del artículo se  observa   que   en   dicha   audiencia   las  partes  tienen  unas  posibilidades    limitadas    dirigidas  solamente    a    enderezar    el    trámite   del  proceso,   y,  por  esa  razón,  se  les  otorga  la  posibilidad  de  expresar causales de incompetencia, plantear  impedimentos  y     recusaciones,    proponer    nulidades    si  existieren,  y  las  observaciones sobre el escrito de  acusación,  si  es  que  no reuniere los requisitos establecidos para él en el  artículo 337.   

Así las cosas resulta oportuno decir que, de  acuerdo  con la Ley 906 de 2004,  la audiencia de  formulación  de  acusación  tiene como objetivo fundamental el saneamiento del  proceso,  tanto  en  relación con el juez como con la  estructura  procesal.    

En relación con el juzgador, la audiencia de  formulación  de la acusación resulta ser el escenario pertinente y la ocasión  oportuna  para la discusión y fijación definitiva del juez natural -a través,  tanto   de  la  impugnación  de la competencia (promovida por las partes e  intervinientes  a  la  luz  del  artículo  339),  como  de  la  definición  de  competencia,  promovida  por  el  mismo juez (según lo normado por el artículo  54)-;   y  la  discusión  de  la  posible  parcialidad  del  juez  –a   través  de  la  formulación  de  impedimentos  (artículos  56  a  60)   y  recusaciones  (artículos  61  a  65).   

Frente a la consolidación de la estructura  del  juicio, la audiencia de formulación de acusación  se   convierte   en   el   espacio   en  el  que  se  verifica  la  satisfacción   de  los  elementos  fundamentales  del  escrito  de  acusación  (previstos en el artículo 337), ya que son  los  presupuestos  necesarios  para activar el juicio  contradictorio   y   concentrado,   y   contiene  las  bases   sobre  las  cuales  se  va  a  construir  la  sentencia:   

    

* En  primer   término  la  individualización del acusado;   

* Además,   los   hechos   jurídicamente  relevantes,  con  los  cuales  debe  ser congruente la  sentencia,  puesto  que  son, precisamente, los que se  prueban,    y    sobre   los   cuales   se juzga (artículo 448);   

* El  descubrimiento  de las pruebas, con las que pretende la  Fiscalía  persuadir  al  juez sobre la existencia y trascendencia de los hechos  jurídicamente  relevantes;  de  manera que la defensa  conozca  previamente  todo el arsenal probatorio con el  que  el  acusador  se  presentará  a la contienda, precisamente para prepararse  para el enfrentamiento con igualdad de armas;   

* También  la  constancia  de  la garantía  del derecho de defensa técnica;   

* Y,  finalmente,  la  relación  de  los bienes y recursos  afectados con fines de comiso.     

De suerte que la posibilidad que se tiene por  la  defensa  y  los intervinientes frente al escrito de acusación, es verificar  la existencia y satisfacción de sus requisitos…”   

Así,   se  tiene  claro  que  las  nulidades  que pueden proponerse en la  audiencia   de  formulación  de  acusación  están  limitadas  a  irregularidades  que  afectan  la estructura del proceso  a  partir  del  cuestionamiento  de  alguno  de  los  aspectos   constitutivos   del   escrito  de  acusación,    en   el   cual,   a   su   vez,   se   fundamentará    la  sentencia.   

A    su    turno,    la    vulneración  de   garantías en desarrollo de un procedimiento  investigativo,  de  acuerdo  con  la  intensidad de la  misma,  produce  como  consecuencia  la exclusión del  producto  de  dicho  acto y de  todo  de  lo que de él se derive; dejando a salvo solo  aquello   cubierto  por  las  excepciones,   legales  y las previstas en el artículo 455 de la Ley 906  de     2004,    vale    decir,    el    descubrimiento   inevitable,  la  fuente  independiente  y vínculo atenuado.   

Excepcionalmente la ilegalidad de las pruebas  se  traducen  en  nulidad del proceso según lo indicó  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-591 de  2005,  al  limitar  tal  consecuencia  a  los  eventos  de  crímenes  de lesa  humanidad   como   la   tortura,   la  desaparición  forzada  o  la  ejecución  extrajudicial,  supuestos  que  se salen del acontecer  fáctico analizado.  Así se pronunció la Corte:   

“Al respecto la Corte considera, que cuando  el  juez de conocimiento se encuentra en el juicio con una prueba ilícita, debe  en    consecuencia    proceder    a    su    exclusión.    Pero,   deberá  siempre declarar la nulidad del proceso y excluir la prueba  ilícita  y  sus  derivadas,  cuando  quiera  que  dicha prueba ha sido obtenida  mediante  tortura,  desaparición forzada o ejecución extrajudicial.  En  efecto,  en estos casos, por tratarse de la obtención de una  prueba  con  violación  de los derechos humanos, esta  circunstancia  por  si  sola  hace  que  se rompa cualquier vinculo con  el  proceso.  En  otras  palabras,  independientemente de si la  prueba  es trascendental o necesaria, el solo hecho de  que   fue   practicada   bajo   tortura,   desaparición  forzada  o  ejecución  extrajudicial,  es decir, mediante la perpetración de  un  crimen  de  lesa  humanidad  imputable  a  agentes  del Estado, se  transmite a todo el proceso un vicio insubsanable que genera la  nulidad  del proceso, por cuanto se han desconocido los  fines  del  Estado  en  el curso de un proceso penal, cual es la realización de  los  derechos  y  garantías  del individuo. Además, como queda ya comprometida  la  imparcialidad  del  juez  que  ha  conocido del proceso, debe proceder además a  remitirlo                      a                     un                     juez  distinto.            

En  efecto,  tradicionalmente  en  derecho  colombiano  se  ha  entendido  que  la  aplicación de la regla de exclusión no  invalida        todo        el        proceso1,  sino  que la prueba ilícita  no  puede  ser  tomada  en  cuenta  al  momento  de  sustentar una decisión. No  obstante  lo  anterior,  entiende  la  Corte  que tal  principio  debe  ser  exceptuado cuando quiera que se pretenda hacer valer en un  juicio  oral  una prueba que ha sido obtenida en flagrante desconocimiento de la  dignidad  humana, tal y como sucede con las confesiones  logradas  mediante  crímenes  de  lesa  humanidad  como  lo  son la tortura, la  desaparición   forzada   o   la   ejecución  extrajudicial.  Al  respecto,  la  Corte  Interamericana de Derechos Humanos,  ha  considerado que adelantar procesos judiciales sin las debidas  garantías,  como  lo es la exclusión de la prueba obtenida con violación a la  integridad   física   del  sindicado,  “motiva  la  invalidez  del proceso y también priva de validez a la  sentencia,  que  no  reúne  las  condiciones  para  que subsista y produzca los  efectos   que   regularmente   trae  consigo  un  acto  de  esta  naturaleza.”  (Subrayas  por  fuera del texto original)   

Y  el  momento  oportuno  para  cuestionar la  legalidad   de   tales   procedimientos,   es  inicialmente  en  las  audiencias  preliminares  de  control previo o posterior, según el  tipo  de  evento,  ante  los  jueces  con función de  control  de  garantías,   y  en  la audiencia  preparatoria  ante  el  juez de conocimiento,  así se haya cuestionado su legalidad en  las audiencias preliminares.   

Esto    por    cuanto   la   arquitectura  del sistema acusatorio en la  pretensión      de     garantizar     un     juez  imparcial,  esto es, lo menos  informado     posible     de    las    incidencias    de    las    labores    de  investigación,   dispuso   que    lo  que  tiene que ver con garantías esté  vigilado  y  controlado  precisamente  por  el juez de  control  de  garantías,  mientras que el juez  de  conocimiento,  básicamente juzga  de  manera libre y fresca, sin estar atado a informaciones y discusiones previas  que  posiblemente  motivaron  posiciones procesales en  favor de una u otra  parte,  y  por  eso mismo, el juez que ejerza el control de garantías, no puede  ser, en ningún caso, el mismo del juicio.   

Así     las     cosas,    cuando   el   juez   de   conocimiento  en  sede  de  audiencia  de  formulación   de   acusación   analiza,   por  ejemplo,  la  legalidad  de  la  captura para efectos de determinar si el acusado fue o  no  capturado en flagrancia,  se compromete con la  tipicidad,  el  grado  de  ejecución   y  así se acerca peligrosamente al  juicio  de  responsabilidad, que fue justamente lo que  el  Legislador  quiso evitar  al  haber  distribuido  de  la  manera  que  lo  hizo, las funciones del juez de  control de garantías y el de  conocimiento.   

En ese orden,  señalan los apelantes que  la  nulidad  debe  prosperar por cuanto la captura se realizó de manera ilegal,  esto  es,  por  fuera  de  las situaciones previstas en la ley para describir la  flagrancia,  y  sin  orden  escrita de autoridad judicial competente emitida con  las formalidades de ley.   

Si fue ilegal o no la captura, tiene dicho la  Corte  desde  antaño,   tal situación tiene efectos exclusivamente frente  al  derecho a la libertad, de suerte que de comprobarse  tal  situación, corresponde restablecerla,   para  lo  cual existen mecanismos constitucionales y legales  específicos,   pero  que  en  todo  caso,   tal  eventual  ilegalidad no tiene  efectos directos y automáticos en la validez del proceso penal.   

Así, de tiempo atrás la Corte tiene dicho  que2:   

“De   manera   pacífica,   uniforme  y  reiterada,  la  Sala  ha  señalado  que  toda captura  ilegal,  prolongación  ilícita  de  la  detención  preventiva  o, en general,  cualquier  afectación  al  derecho  de  libertad,  de  ninguna manera tiene la fuerza de viciar de nulidad el  proceso:   

“[…]  una  vez  superado  el hecho que se  estima  irregular  […], la oportunidad para reclamar  la  libertad  por  captura  ilegal  o  la  prolongación ilegal de ella no sólo  precluye  sino  que carece de  pontencialidad  para anular la actuación, en tanto que  dicho  defecto  no  constituye  mácula  que  afecte  las  pruebas y diligencias  válidamente  recaudadas y practicadas, al punto que, en el evento de que alguno  de  tales  desaciertos  se  hubiere  configurado,  por  virtud  del principio  de trascendencia, carecería de sentido tener que anular  lo   actuado”3”   

Por   lo  anterior  la  Corte  se   abstendrá   de   realizar   cualquier   análisis  frente  a la eventual ilegalidad de la captura,  en  el  entendido  de  que lo que se está  apelando  es  la  decisión  de  no  decretar  la  nulidad con fundamento en tal  situación,   que   acertadamente  fue  despachada  de  manera  adversa  por  el  a  quo,  razón por la cual  dicha decisión será confirmada.   

Segundo  problema.   La  capacidad  de  rendimiento de la entrega vigilada.   

En  el campo internacional  el artículo  11  de  la  Convención de Viena contra la producción  uso  o  tráfico  de  estupefacientes  y  sustancias  psicotrópicas   incluye   la   entrega   vigilada  como  actividad  investigativa  utilizable,  tratado  que  fue  revisado  por la Corte Constitucional y aprobado  mediante sentencia C-176 de 1994.   

También   se incluye en la Convención   Interamericana   contra  la  fabricación  y  el  tráfico  ilícitos  de armas de  fuego,   municiones,  explosivos  y  otros  materiales  relacionados,  convención  que  suscrita  por nuestro país fue revisada por la  Corte   Constitucional  mediante  sentencia  C-764  de  2002,  la  que  posteriormente  se  incluyó en la Ley  737 de 2002.   

De    igual   manera,   la   Ley    970   de   2005   aprobó  la  Convención    de    Naciones   Unidas   contra   la  Corrupción,       en      cuyo      artículo  50 se incorporan las técnicas  utilizables,  entre las cuales se encuentra la entrega  vigilada.    

Esta  actividad de investigación no es nueva  en  nuestro  procedimiento  penal  patrio, de suerte que también existía en el  artículo  263  de  la  Ley  600  de  2000,  y  por  esa  vía  se puede decir que tampoco es que sea propia y  característico  de  un  sistema  procesal  específico,  sino  que es   una   modalidad  de  búsqueda  de  la  verdad  que  rinde  sus  frutos  en el ejercicio de la acción penal.   

Se   puede   observar   que   la  fuente  de  autorización  del  uso de la entrega vigilada puede  provenir  de  varias  fuentes, distintas al Código de  Procedimiento  Penal,  como sucede en el caso que ahora se analiza, lo  cual,  no  lo  hace  ilegal,  como lo  plantean los recurrentes.   

Ahora,  superada la  autorización  de  la utilización de la entrega vigilada a eventos diferentes a  los  previstos  en  el  artículo  243  del Código de  Procedimiento     Penal,     hay     que     decir    que    las    formalidades  con que tales diligencias se  adelantan  tienen  que  consultar  en su integridad la  normatividad   procesal   penal,  de  suerte  que  su  legalidad    pueda    ser    cuestionada  en  los  mismos términos previstos  para la entrega vigilada  en  la  normatividad  procesal,  de  acuerdo  con lo preceptuado en el artículo  276  de  dicho  texto,  y  su  control ante el juez de  control   de   garantías,  también  dentro  de  los  términos señalados en la misma normatividad.   

En síntesis, en la investigación que condujo  a  la  captura de YOHAY CONTRERAS AGUDELO si se apeló  a  la  entrega  vigilada, contrario a lo que manifiesta  el  a  quo,  sin que, por las razones atrás anotadas,  pueda  analizarse en este momento procesal la legalidad de la misma;   la  cual  puede  ser,  en  todo  caso,  cuestionada en la audiencia preparatoria.   

La  Corte  se  abstiene de realizar cualquier  análisis  en torno de la situación expresa en que se  vio   envuelto   CONTRERAS   AGUDELO,   como   manifestación  del  absoluto  respeto que profesa por  la  independencia   judicial   del  Tribunal  llamado  a pronunciarse sobre dicha materia en el momento procesal  oportuno,   además  de  la garantía de la doble  instancia  que  tienen  los  sujetos  e intervinientes  procesales     en    los    términos    señalados    por    el    ordenamiento  jurídico.   

Al   resolver   el   problema,   coherente   con   lo   anteriormente  manifestado,  la  Corte  se limita a reconocer que la entrega vigilada no solo es  procedente  en  relación con actividades de narcotráfico, sino que se extiende  a       otras       situaciones,      evitando   pronunciarse   sobre   la  legalidad  del  procedimiento  específico   en   el   caso   de  CONTRERAS  AGUDELO,  precisamente  para  no  comprometer  su  criterio  ni  desconocer  la  independencia  del  Tribunal  a  la  hora  de   definir tal  situación  en desarrollo de la audiencia preparatoria,  escenario   natural   donde   tal   situación  debe  plantearse.   

Tercer problema. La extensión en el tiempo de  los efectos de la sentencia C-025 de 2009.   

Hace parte de la censura del apelante también  que  la  Fiscalía adelantó audiencias reservadas sin la presencia de CONTRERAS  AGUDELO,  cuando  ya  estaba capturado, y por tanto,  ya se había activado  su  derecho  a  la  defensa,  ya  que  por  medio  de  la sentencia C-025  la  Corte  Constitucional  condicionó  la exequibilidad del  artículo  a  que  se  entendiera  que  se  debía  garantizar  la presencia del  indiciado cuando estuviera capturado.   

Argumentaron  los  recurrentes   que  la  Corte  Constitucional  por  medio  de la sentencia C-025 de 27 de enero de 2009,  autorizó la presencia del indiciado y su defensor en  las  audiencias  de  control  posterior  de  legalidad  siempre     que    estuviera    privado    de    la  libertad,   y  que  no  obstante  la  captura  y  las  audiencias  que  tacha  de  ilegales  tuvieron  ocurrencia con anterioridad a la  expedición  de  dicha  providencia, invoca la nulidad  alegando  la aplicación retroactiva favorable de la mencionada sentencia.    

Frente   a  este  aspecto  la  Corte  Constitucional  tiene  dicho que la  sentencia  de  constitucionalidad  solo produce efectos  hacia  el futuro, a menos que  en  su  texto se haya indicado otra cosa, lo cual tiene  todo   el   sentido   para   garantizar  la  seguridad  jurídica  y el principio de  legalidad  de  los  procedimientos.   En reciente  providencia    la    Corte,   en   un   asunto   similar,   señaló4:   

“El  inciso  segundo del artículo 21 del  Decreto 2067 de 1991 indicaba:   

“Los  fallos  de la Corte sólo tendrán  efecto  hacia  el futuro, salvo para garantizar el principio de favorabilidad en  materias  penal, policiva y disciplinaria y   en   el   caso   previsto   en   el   artículo   149   de   la  Constitución.”   

Dicha norma fue declarada  inexequible  por  cuanto  la  Corte  Constitucional  consideró  que era contraria a la Carta  Política  la limitación incluida en la norma; por lo  que    el    efecto    de    sus   fallos   debía   ser   declarado   por   esa  Corporación5:   

“f).  ¿CUAL  ES  LA AUTORIDAD LLAMADA A  SEÑALAR LOS EFECTOS DE LOS FALLOS DE LA CORTE?   

Para  responder  esta  pregunta,  hay  que  partir de algunos supuestos, entre ellos estos.   

El  primero, que  los  efectos  de  un  fallo,  en  general,  y  en  particular de los de la Corte  Constitucional  en asuntos de constitucionalidad, se producen sólo cuando se ha  terminado  el  proceso,  es  decir  cuando  se  han  cumplido  todos  los  actos  procesales.  En otras palabras, cuando la providencia  está ejecutoriada.   

El  segundo, que  la  propia Constitución no se refirió a los efectos  de    las    sentencias   de   inconstitucionalidad,  limitándose  a  declarar en el inciso primero del citado artículo 243, como se  indicó,  que  los  fallos  que  la  Corte  dicte  en  ejercicio    del    control    jurisdiccional    hacen    tránsito    a    cosa  juzgada.  Pero,  bien  habría  podido  la  Asamblea  Constituyente  dictar  otras  normas  sobre  la  materia.  No lo hizo porque, en  rigor, no eran necesarias.   

Pero,  fuera  del poder constituyente, ¿a  quién   corresponde   declarar   los   efectos   de  los  fallos  de  la  Corte  Constitucional,  efectos que no hacen parte del proceso, sino que se generan por  la   terminación   de   éste?.   Únicamente    a   la   propia   Corte   Constitucional,  ciñéndose,  como  es  lógico,  al  texto y al espíritu de la  Constitución.    Sujeción   que  implica  tener  en  cuenta  los  fines  del derecho objetivo, y de la Constitución  que  es  parte  de  él,  que  son  la  justicia y la seguridad jurídica.   

En     conclusión,     sólo    la   Corte   Constitucional,   de   conformidad   con   la  Constitución,  puede,  en  la  propia sentencia, señalar los efectos de ésta.  Este  principio,  válido  en general, es rigurosamente exacto en tratándose de  las sentencias dictadas en asuntos de constitucionalidad.”   

Así  las  cosas,  la sentencia sólo puede  producir  efectos a partir de la terminación del proceso de constitucionalidad,  a  menos  que  la  Corte, en ejercicio del poder deferido por la Carta Política  como  su  suprema  guardiana,  le  asigne  efectos  hacia  el pasado; lo cual no  sucedió con la sentencia C-336 de 2007.   

No   podría  ser  de  otra  manera  para  garantizar    la   seguridad   jurídica    de   todos   los   destinatarios   de   la   ley,   para  ofrecer ex ante la certeza de que la  única      forma      de      la      limitación  excepcional  de  los derechos habría de ser la que se  indica   en   su   texto,   como   mecanismo   para   excluir   la  arbitrariedad    y    garantía    del  in  dubio  pro  libertatis,  dirigida,  tanto  a  los  servidores  públicos llamados a aplicarla, como a los  particulares  titulares  de  la  legalidad y el debido  proceso.   

La  interpretación  a  la  que  invita  el  casacionista  va  por la senda de la contrariedad de los principios de legalidad  y  debido  proceso,  lo  cual  se  enfrenta  con  los  postulados  del Estado de  derecho.”   

Bastan estas consideraciones para concluir que  la apelación no está llamada a prosperar.   

En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

Primero:    CONFIRMAR    la    decisión  apelada.   

Segundo:       DEVOLVER  el proceso al tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ   

Excusa justificada  

ALFREDO         GÓMEZ   QUINTERO               MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS        

Excusa justificada  

AUGUSTO   J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                     JORGE             LUIS            QUINTERO  MILANÉS              

YESID   RAMÍREZ BASTIDAS                                                                      JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                Permiso   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, sentencia del 1º de febrero de  1993 y auto de 5 de mayo de 1997.   

2  Sentencia   de   casación   de   9   de  abril  de  2008  dentro  del  radicado  23022.   

3  Sentencia de 11 de julio de 2002 dentro del radicado 12447.   

4  Sentencia   de   casación   de   27   de  mayo  de  2009  dentro  del  radicado  30711.   

5 Corte  Constitucional, Sentencia C-113 de 1993.     

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