31581(14-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                       Aprobado Acta No. 114   

Bogotá,  D.C.,  catorce (14) de abril de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación   interpuesto  por  el  defensor  de  Jesús  Eduardo  Ortiz  Pacheco  contra la sentencia proferida  por  el Tribunal Superior de Santa Marta el 6 de marzo de 2008, confirmatoria de  la  decisión  emitida  en  primera  instancia  por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  el  21  de  febrero de 2006, que condenó al aquí procesado a la pena  principal  de  cuatro  (4)  años  y  seis  (6)  meses de prisión y multa en el  equivalente  a  22  s.m.l.m.  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena principal, como responsable  del  delito  de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales y lo absolvió  por el de peculado por apropiación imputado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

A  través de informe de Auditoría realizado  por  la  Contraloría  General  de  la Nación, se dio cuenta de la presencia de  múltiples  irregularidades  en  la celebración de diversos contratos por parte  de        Jesús      Eduardo      Ortiz  Pacheco  cuando  se  desempeñaba  como  representante  legal  de  la  empresa Telesantamarta. Entre dichos hallazgos estuvo el contrato  de  prestación  de  servicios  de  interventoría  No.180-98 por $6’000.000  con Luciano Ribón Martínez,  en  relación  con  el cual logró saberse que este ciudadano en ningún momento  fue  beneficiario  del  mismo,  así  como  también  que  no  se  aportaron los  respectivos   informes   parciales   o  finales  de  las  labores  presuntamente  ejecutadas.   

El  2  de  julio de 2002 la Fiscalía Primera  Seccional  de  Santa  Marta dispuso la apertura de investigación, escuchándose  en  indagatoria  al  procesado  (fl.47).  Aportados  los  testimonios de Ricardo  Barrios  Pérez  (fl.62), Luciano Ribón Martínez (fl.64), ampliada la injurada  (fl.80)   y   efectuada   diligencia  de  inspección  judicial  en  la  empresa  Telesantamarta,   se   resolvió   la   situación   jurídica  del  incriminado  imponiéndosele   detención   preventiva   por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación    y    contrato    sin    cumplimiento   de   requisitos   legales  (fl.159).   

Adelantadas  nuevas  pesquisas  y allegado el  testimonio  de  Eduardo  Infante Gravier (fl.235), previo el cierre instructivo,  el  15  de  octubre  de  2004  se profirió resolución acusatoria en contra del  imputado  por  los delitos que ameritaron su detención (fl.1 c.2), en decisión  ratificada  por  la  segunda  instancia  el  3  de  junio  de 2005 con la única  modificación  consistente en sustituir el delito de contrato sin requisitos por  el de interés ilícito en la celebración de contratos.   

En  firme  los  cargos,  en  desarrollo de la  audiencia  preparatoria  la  Fiscalía  encontró  que debía procederse por los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  contrato  sin  el  cumplimiento  de  requisitos,  cuya  negativa por parte del Juez de conocimiento condujo el asunto  por  vía  de  apelación  ante  el  Tribunal,  disponiéndose por auto del 7 de  diciembre  de  2005  que se cumpliera con el trámite previsto por el art. 401.1  del   C.   de   P.P.,   esto   es,   al   de   variación  de  la  calificación  jurídica.   

Rituado el juicio, se emitieron las sentencias  de    primera    y   segunda   instancia   en   los   términos   glosados   con  antelación.   

DEMANDA  

Con fundamento en sendas causales tres   cargos  postula  el  defensor  del  procesado  contra  el  fallo  objeto  de  la  impugnación  casacional,  dos con  respaldo en la tercera y uno con asidero en la primera.   

El primer  reproche  acusa  la  sentencia  de  haberse proferido dentro de un  proceso   viciado   de  nulidad  por  desconocimiento  del  principio  de  doble  instancia,  toda  vez que no se había dado trámite al recurso impetrado por el  procesado   contra   la  resolución  que  resolvió  su  situación  jurídica,  constituyendo  esto  irregularidad  sustancial  que  vulnera  el  art.  29 de la  C.P.   

El           segundo  cargo, también esbozado por vía  de     nulidad,    acusa    quebrantado    el    principio    de    “preclusividad   de   las  actuaciones  procesales”,  que  dice  derivarse     del    hecho    de    “proferir  el  mismo  M.P.  el  auto por medio del cual se revocó la  decisión  del  juez  de  la causa, no aceptando la variación de la imputación  provisional  propuesta  sin  fundamento  por la Fiscal de Audiencias”.   

El  fallo impugnado confirmó la decisión de  primera  instancia,  pese  haberse quebrantado el anotado principio, como que el  calificatorio  de  segundo  grado  no podía modificarse ante la inexistencia de  error  alegable  ni prueba sobreviniente qué controvertir en términos del art.  404 del C. de P.P.   

El tercer   ataque   dice  encaminarse  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  del art. 39 de la Ley 80 de 1993, de acuerdo con el cual  para  los  contratos de mínima cuantía sólo se requiere la ordenación previa  y  por  escrito sin formalidades plenas. Sin embargo, la sentencia aludió a los  presupuestos  contenidos  en  el  literal  i  del Decreto 855/94, respecto de la  selección     objetiva     para     afirmar     una    responsabilidad    penal  inexistente.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

En  criterio  del Procurador Primero Delegado  para  la  Casación  Penal  ninguno  de  los  reparos propuestos está llamado a  prosperar.   

Es así que, en relación con la primera  tacha,  a  través  de  minuciosa  reseña  procesal,  hace  ver  el  Ministerio Público que la interposición del  recurso   de   apelación   en   contra   de  la  medida  de  aseguramiento  fue  extemporánea,  en  forma  tal  que  no  había  lugar a darle trámite conforme  procediera  la  Fiscalía  en  su  oportunidad,  por  lo que alegar en casación  quebranto  del  debido  proceso  cuando la decisión recurrida ya había cobrado  firmeza, carece de fundamento.   

Tampoco tiene razón la afirmada violación al  principio          de          “preclusividad”  a  que  alude  en  el  segundo  reparo el actor.   

Dado el carácter de conocida provisionalidad  que  tiene el calificatorio, nada obstaba para que durante la fase del juicio la  Fiscalía  lo  modificara,  al  margen,  desde luego, de que el mismo se hubiera  proferido    en    segunda    instancia.    Por    lo    demás,    “Quien  en  principio  no  aceptó  la  calificación  jurídica de la conducta punible por parte de la Fiscalía fue el  Juez  de  primer  grado  y  el  Tribunal  lo que hace es corregir ese yerro, sin  entrar  en  consideraciones  relativas  a  que  dicha modificación constituyera  revivir  un  cargo  descartado por la Fiscalía de segunda instancia”.   

El  reproche  se  formula  y  desarrolla  con  confusión  absoluta y sin fundamento, pues emergía legítimo para la Fiscalía  la variación de la calificación, conforme lo hizo.   

El tercer  reproche,  enfatiza  el  Procurador,  no  fue  demostrado  por  el  actor.   

La  precaria  disertación  del  actor  deja  indemne  el  notable  fundamento  de  la sentencia. Todo cuanto hace es sostener  aplicación  indebida  del Decreto 855 de 1994 y falta de aplicación del art.39  de  la  Ley  80 de 1993, pero sin reparar en que para el juzgador el contrato en  cuestión   desacató   preceptos   constitucionales  y  legales  que  rigen  la  contratación  y  el  deber  de  reflejarse  en  dicho  acto  la sujeción a los  principios  de  transparencia, economía y selección objetiva, al margen de que  se  estuviera  en  presencia  de  eventuales trámites de contratación directa.   

Este reproche tampoco es viable.  

CONSIDERACIONES  

1.  Las  nulidades,  como  sanciones  de  los  actos  procesales  desatentos  de  aquellas normas que  prescriben  las  condiciones de modo, tiempo y lugar en que debe manifestarse el  ejercicio   de   la   actividad   y  trámite  de  una  actuación  judicial  -o  administrativa-,  se han contemplado como un mecanismo de extremo rigor, que por  lo  mismo  suele sujetarse a taxativas causales y motivos que deben comportar un  agravio  sustancial para la ritualidad de las formas procesales o las garantías  de los intervinientes.   

De  esa  caracterización de las nulidades no  escapa,  desde  luego,  el motivo casacional fundado en la causal tercera cuando  quiera  que  se  procura  la  invalidación  de  lo  actuado  a  través  de  la  proposición   de   argumentos   que  se  asumen  fundantes  de  irregularidades  potencialmente   nocivas   para   el  debido  proceso  o  los  derechos  de  los  sujetos.    

Por eso bien se ha repetido en forma constante  y   reiterada   que  no  cualquier  pretendido  desajuste  de  trámite  en  las  condiciones    mencionadas   puede   entenderse   lesivo   de   las   garantías  procesales.     

2. Adujo el actor en  el     primer    reparo,  precisamente,  violación  del  debido  proceso por quebranto al principio de la  doble instancia.   

Lacónica es en forma resuelta la motivación  de  este  cargo  -lo  propio  se  afirma de los restantes-, en tanto simplemente  asegura  no  haberse  dado  trámite  al recurso de apelación incoado contra la  resolución   que   dispuso  detención  preventiva  en  contra  del  procesado.   

Y,  aun cuando no desapercibe que el Tribunal  se   ocupó  de  este  reparo  realzando  que  la  inconformidad  fue  propuesta  extemporáneamente  -de donde la irregularidad deprecada se entendió carente de  fundamento-,  omite expresar las razones de su inconformidad y la pertinencia en  términos de la viabilidad del recurso interpuesto.    

3.  A este respecto  vale  recordar  que  si  bien  ciertamente los recursos han sido concebidos como  instrumentos  idóneos  de  opugnación  de las decisiones judiciales, deben ser  propuestos  y  sustentados  dentro de las oportunidades señaladas en la ley, en  forma  tal  que  hacerlo  por  fuera de tal lapso apareja el mismo efecto que no  expresar oposición a las mismas.    

Similar  consecuencia es predicable frente al  vencimiento  de  la oportunidad para recurrir frente a una notificación inútil  -por  ya  haberse  surtido  y agotado con rigor el mecanismo señalado en la ley  para  la  publicidad  de la decisión judicial-, pues en éstos casos tampoco es  dable  entender que la fecha se habilita y que los términos son ampliados, pues  como     certeramente     lo     recuerda     el     Procurador     “La  equivocada  notificación  de  una  decisión   ya   ejecutoriada   no  habilita  nuevamente  los  términos  de  la  impugnación   y   por   ende   el   recurso  interpuesto  contra  ella  deviene  inexistente”.    

4. Ciertamente, en el  decurso  de  esta  actuación  se  tiene  que  la  definición  de la situación  jurídica  -contenida  en  resolución  del  12  de noviembre de 2003-,  se  notificó  personalmente  al Ministerio Público el día 14 de dicho mes y a los  demás  sujetos  mediante  remisión  de  sendos  telegramas  en  intento  de su  comparecencia   -dado  que  el  incriminado  no  se  encontraba  privado  de  la  libertad-,  para  finalmente  el  día 19 siguiente fijarse el estado respectivo  como  último  instrumento  de publicidad, cobrando ejecutoria consiguientemente  el 24 posterior.   

Presentada  petición para que se disminuyera  el  monto  de  la  caución  prendaria impuesta -elevada por el defensor-, de la  resolución  que  resolvió  la misma se envió entonces despacho comisorio para  que  se notificara al procesado -pues para entonces la defensa adujo encontrarse  residiendo   el  imputado  en  Bogotá-,  siéndole  notificado  a  Jesús  Eduardo Ortiz Pacheco el 6 de enero  de  2004,  no  solamente  el proveído que impuso medida asegurativa sino el que  menguó la caución aledaña a la misma.   

5. Aun cuando como se  ve  las  autoridades  judiciales  comunicaron al imputado junto con la decisión  que   atenuaba  la  caución  el  contenido  de  la  resolución  de  situación  jurídica,  es  muy  evidente  que esto no significaba -conforme se precisó con  antelación-,  estar  habilitando  un  nuevo  plazo  para  recurrir esta última  determinación,   siendo  oportuno  en  este  sentido  también  evocar  que  la  secretaria  judicial  dejó  constancia de la inocua irregularidad en el acto de  comunicación,  sirviendo  después  como  sustento  del  pronunciamiento que se  abstuvo  de  dar  trámite  al recurso de apelación -muy a destiempo-, entonces  impetrado  y  que,  en  casos  similares  permite  afirmar  su improcedencia por  encontrarse el término precluido.   

Suficientes  motivos  concurren  -bajo  este  entendimiento-,  para  rechazar el pretendido vicio de trámite reclamado por el  libelista,  con mayor razón cuando por no constituir la decisión cuya indebida  notificación   se   reclama  supuesto  procesal  inherente  a  las  posteriores  actuaciones,  tampoco tendría aptitud enervante invalidatoria del proceso en la  forma   como   lo   ha   concebido   el   cargo   que,   por  lo  mismo,  emerge  inepto.     

6.  El segundo   ataque   se  edifica  sobre  un  afirmado   quebranto  “al  principio    de    preclusividad    de    las    etapas   procesales”  y  dice  derivarse de la atadura que  como  ley del proceso imponía el calificatorio de segunda instancia -que lo fue  imputando  los  delitos  de  peculado por apropiación e interés indebido en la  celebración  de  contratos-,  en  forma  tal que no podía la Fiscal revivir la  calificación  de  primer  grado  que lo había sido por peculado y contrato sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y tampoco, consiguientemente, el Tribunal  imponer  al  juez  de  conocimiento  que  aceptara  dicha  variación, conforme,  asegura, procedió.   

7.   El  aludido  principio  de  la  preclusividad de las actuaciones procesales suele identificar  aquel  concepto  de  acuerdo  con  el cual el paso de un estadio procesal a otro  supone  la  definitiva  clausura  del  anterior, en forma tal que lo ya cumplido  cobra  firmeza  y  no es admisible volver sobre el mismo. Esto es, precisamente,  lo  que configura la preclusión, en tanto un estadio procesal cierra o clausura  el anterior.   

Así está presentado el escueto argumento que  de  manera   sintética postula el reproche con el errado convencimiento de  que  no  era  dable  provocar  por  parte  de  la  Fiscal  la  variación  de la  calificación  y,  consiguientemente,  que al desatar la apelación en contra de  la  decisión  en audiencia producida que inaceptó acudir a dicho mecanismo por  parte  del juez a quo, el Tribunal incurrió en desatención del mismo principio  procesal.   

8.  Se  equivoca el  demandante  en la base fundamental de la propuesta toda vez que la calificación  jurídica  -así  fuese  establecida  por decisión de segunda instancia-, no se  encontraba  exceptuada de ser mutante y eminentemente provisional y por lo mismo  susceptible  de  modificación  o  variación  dentro  de  los límites con este  propósito  señalados  por  el  artículo  404  de  la Ley 600 de 2000 -máxime  cuando  hasta  dicho  momento nada obstaba para que lo fuera argumentando prueba  antecedente,  error  en  la  calificación o por prueba sobreviniente-, sin que,  entonces,  aducir  una  pretendida  atadura  con  base en el destacado principio  tenga algún fundamento procesal.   

No  emergía  por  tanto  inmodificable  la  calificación  y  por  el  contrario conforme a la ley procesal, la propuesta de  variación  hecha  por  la  Fiscalía  y  avalada  por el Tribunal al revocar la  decisión  del juez de primer grado que negó dicha alternativa posibilidad -sin  que  tomara  partido  por  la  entidad del hecho valorado sino la viabilidad del  procedimiento  de  modificación  demandado-,  se reseña como respetuosa de las  formas inherentes al trámite infundido en esta actuación.   

Desestimable,  como lo peticiona el Delegado,  surge con notable claridad esta tacha.      

9.  El tercer  reparo  dice  tener  respaldo  en  quebranto  directo  de  la  ley  sustancial y específicamente lo normado por el  art.  39 de la Ley 80 de 1993 y Literal i del Decreto 855 de 1994 (referido a la  selección   objetiva   del   contratista),   pues  para  el  actor  la  primera  disposición  señala  que  en  los  contratos  de  mínima  cuantía  sólo  es  indispensable     ordenación     previa     y    por    escrito    “sin  formalidades  plenas”.   

Omite  en forma evidente el actor identificar  el  sentido  de  la  violación que -en abstracto postula-, con un reduccionismo  argumentativo  ostensible,  como que simplemente alude a la imposibilidad de que  en    contratos    de    mínima   cuantía   se   pueda   exigir   “selección     objetiva”,  sin reparar en que el fallo destaca  el  imperativo  de  que cualquier clase de contrato con la administración está  condicionado  por los principios generales de la contratación pública y que en  el  caso  concreto  el  contrato  180-98 de interventoría que estuvo a cargo de  Jesús    Eduardo    Ortiz    Pacheco   fue   inconsulto   de   la  totalidad  de  esos  altos  presupuestos  contenidos  en  el  capítulo  II  de  la  Ley  80  de  1993  y  en concreto fue  indiferente  con  el  marco  de  legalidad  en  la  contratación administrativa  concerniente  a  los  principios  de  igualdad,  moralidad, eficacia, economía,  celeridad, imparcialidad y publicidad.   

En  este sentido la jurisprudencia de la Sala  ha  tenido  oportunidad  de  precisar  -Sentencia  18754 del 20 de mayo de 2003-  que:   

“El  proceso de  contratación  administrativa,  el  mecanismo a través del cual el Estado y sus  entes   comprometen   sus   recursos,   como  función  administrativa  que  es,  “está al servicio de los  intereses  generales  y  se  desarrolla  con  fundamento  en  los  principios de  igualdad,   moralidad,   eficacia,   economía,   celeridad,   imparcialidad   y  publicidad…”(art.  209  C.N.),    a    través   de   ella   “las  entidades  buscan  el  cumplimiento  de los fines estatales, la  continua   y   eficiente  prestación  de  los  servicios  públicos”  (art.  4º Ley 80 de 1.993), por eso  se  trata  de un proceso reglado que necesariamente obedece a unos principios, a  unos  fines,  a  ciertas  competencias  e  ineludiblemente al agotamiento de una  serie  de  etapas  y  al  cumplimiento  de  ciertos requerimientos que tienden a  garantizar   los   fines   generales   del  Estado  y  los  específicos  de  la  contratación,  y  a que el erario sea comprometido en un juego de oportunidades  igualitarias  y  transparentes  que garantice, ante los administrados, que no se  va  a  arriesgar  por el capricho o arbitrio del mandatario de turno; en fin, el  proceso  de  contratación  administrativa  está  sometido  ineluctablemente al  principio  de legalidad, por ello el servidor público está obligado a hacer lo  que  en ese respecto le ordena el correspondiente estatuto, no puede, so pena de  incurrir  en  un  hecho punible, omitir tales deberes, ni inventarse, per se, un  proceso de contratación…”   

”Lo  que  se  protege,    entonces,    a    través    del    tipo   penal   de   “contrato    sin    cumplimiento   de  requisitos   legales”  es  precisamente    ese    principio    de    legalidad    de    la    contratación  administrativa”.   

10. Así entonces, en  lugar  de  desarrollar la censura dentro de los presupuestos propios del sentido  atinente  al  quebranto  aludido, aduce que la responsabilidad de su asistido es  “inexistente”,  mostrándose  inconforme  con  las  conclusiones  del  fallo según las cuales el dolo de su conducta es evidente en  la  actuación  cumplida,  postura  controversial  inaceptable  ante  esta sede,  máxime  cuando  se introduce, como fue advertido, dentro de los supuestos de la  violación  directa,  todo  lo  cual  conduce  a  la  evidente improsperidad del  reproche.   

En   razón   y   mérito  de  lo  expuesto  la  Corte  Suprema  de  Justicia  en Sala de Casación  Penal,   administrando   justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

No casar la sentencia impugnada.  

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   cúmplase,   notifíquese   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ             SIGIFREDO      ESPINOSA  PEREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                       AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                 YESID RAMÍIREZ  BASTIDAS                

JULIO         E.         SOCHA  SALAMANCA                              JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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