31575(01-06-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31575   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 158.  

Bogotá D.C., junio primero (1º) de dos mil  nueve (2009)   

VISTOS  

Emprende  la  Sala  la  constatación de las  exigencias  de  lógica y adecuada argumentación del libelo casacional allegado  por  el  defensor de la acusada ADRIANA CAROLINA CASTRO  BERMÚDEZ,  contra  la  sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el 9 de septiembre de 2008,  confirmatoria  de la dictada por el Juzgado Cincuenta y Cinco Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad  el  12  de  julio  de  2007, por cuyo medio condenó a la  mencionada  ciudadana,  junto  con  Luz Dary Rodríguez  Hernández  como coautoras penalmente responsables del  concurso  de  delitos  de falsedad material de particular en documento público,  falsedad en documento privado y fraude procesal.   

HECHOS  

Los sucesos que motivaron este averiguatorio  fueron  sucintamente  declarados  en el fallo de segundo grado en los siguientes  términos:   

“El 12 de mayo de  2001    ADRIANA   CAROLINA   CASTRO   BERMÚDEZ   se   inscribió   (como  aspirante al cargo de Alcaldesa Local, se aclara)  y  el  16 siguiente fue incluida por la Junta Administradora Local  de  Puente  Aranda  en  la  terna  remitida  al Alcalde mayor de Bogotá ANTANAS  MOCKUS  SIVICKAS. Luego de la entrevista fue nombrada alcaldesa de esa localidad  mediante  Decreto  585 del 16 de julio de 2001, acto revocado posteriormente por  el   Decreto   663   del   29  de  agosto  de  2001  al  no  haber  aceptado  la  designación”.   

“Para acreditar el  cumplimiento   de  uno  de  los  requisitos  legales,  ADRIANA  CAROLINA  CASTRO  BERMÚDEZ  allegó  con  autenticación  de  firmas  en  notaría un contrato de  arrendamiento  de  una  habitación  del  inmueble  de la transversal 47 B No. 8  –  05  sur,  barrio  La  Ponderosa  de  la  localidad de Puente Aranda (suscrito  con   Luz   Dary   Rodríguez  Hernández  como  arrendadora,  se  precisa), el cual  resultó falso”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia presentada por  el  Director Nacional de la Red de Veedores y Veedurías Ciudadanas de Colombia,  la   Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  declaró  abierta  la  instrucción,  en  desarrollo   de   la   cual   vinculó   mediante   indagatoria  a  ADRIANA       CAROLINA       CASTRO      BERMÚDEZ      resolviéndole  su  situación  jurídica  absteniéndose de imponer  medida de aseguramiento.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario  fue  calificado  el  25  de  septiembre de 2003 con resolución de  acusación  en  contra  de  la  procesada  como posible coautora del concurso de  delitos  de  falsedad  material de particular en documento público, falsedad de  documento  privado  y fraude procesal, decisión que fue objeto de confirmación  el  25  de junio de 2004 por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de  Bogotá, al conocer de la impugnación interpuesta por la defensa.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Cincuenta  y  Cinco Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una  vez  surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el  12 de julio de 2007, a  través  del  cual  condenó  a  la incriminada ADRIANA  CAROLINA  CASTRO a la pena principal de treinta y seis  (36)  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como coautora penalmente  responsable   del  concurso  de  delitos  objeto  de  acusación.  En  la  misma  providencia le otorgó la condena de ejecución condicional.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior de Bogotá la confirmó mediante fallo del 9 de septiembre de  2008,  contra  el  cual  se  dirige ahora el recurso extraordinario de casación  interpuesto por el defensor de la mencionada ciudadana.   

LA DEMANDA  

Contra  el fallo de segundo grado la defensa  propone    tres    censuras,    cuya   postulación   y   desarrollo   son   los  siguientes:   

          Primer cargo: Violación del debido proceso   

Al amparo de la causal tercera de casación,  el  recurrente  aduce que se violó el derecho al debido proceso de su asistida,  toda   vez   que  ni  la  Fiscalía  en  la  instrucción,  ni  el  a  quo en el juicio, lograron demostrar que  aquella  no  residía  en  el  lugar  mencionado en el contrato de arrendamiento  aportado  una  vez  la  Junta  Administradora  Local la colocó en la terna para  elegir  alcalde en la localidad de Puente Aranda, pues ninguna incidencia tenía  si tales documentos eran falsos.   

          Deplora  que  los  funcionarios  judiciales  no  hayan  cumplido  el  “principio   de   actividad  probatoria”,  con mayor razón si el derecho de acceder a la administración  de  justicia  comporta  materializar  los  artículos  29, 229 y 230 de la Carta  Política,  de  modo  que  en  este  asunto el fallador no tuvo en cuenta que el  instructor  no  desplegó  la  actividad  probatoria  en procura de arribar a la  verdad.   

          Acto  seguido,  el  demandante  afirma  que  en el fallo se analizan  in  extenso  los  documentos  públicos  y privados para colegir la comisión de los delitos por los cuales se  condenó  a  la  acusada,  “no  obstante  que  en el  plenario  se  cuenta  con otros medios de prueba sobre los cuales no procuró el  análisis ni valoración crítica”.   

          También   afirma   que   no   fue   ponderada  la  declaración  de  Marco Fidel Castro Torres, la  certificación  de  la Asociación Comunal de la Junta de la Localidad de Puente  Aranda,  así  como  las  certificaciones  expedidas por los Ediles Fernando   León,   Norma   López,   Carlos   Ramírez   y   Cirano  Cardona,  el  acta  de  constatación  de  residencia  realizada    por    el    doctor    Rafael    Ospina  Riaño    y    el    testimonio    de   Rigoberto  Olivella Arzuaga, funcionario de  la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios.   

          “Hechos  y  cargo  que  no  pueden  ser  confundido  (sic) ni forzarse  a  que  se contraigan o que deben ser formulados al amparo de la causal primera,  parte  segunda  como  violaciones  indirectas  de  la ley sustancial, lo cual de  obligarse  sería  un  error grave, dado, que al ponderarse las razones y normas  violadas,  prevalecen  las  de  rango  constitucional  que,  por lo mismo no son  violaciones  indirectas  verdaderos  vicios  de  nulidad,  sobre  todo que al no  relacionarse  ni  valorarse  dichos  medios  y  contenidos  probatorios,  que de  haberse  hecho  hubieran  invalidado  o por lo menos puesto en tela de juicio la  conclusión  a  la  cual  arribaron los sentenciadores, que por lo mismo, por no  haberse  hecho  obstaculizaron  la defensa a favor de la sentenciada”.   

A  partir  de  lo  anterior,  el  recurrente  solicita  la  invalidación del diligenciamiento desde la resolución acusatoria  inclusive,  a  fin  de que se rehaga lo actuado para garantizar el derecho de su  representada   de   acceder   a   la   administración   de   justicia  y  a  la  verdad.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  Violación  indirecta de la ley sustancial por falso raciocinio   

          Bajo  la  égida  de la causal primera de casación, cuerpo primero,  el  censor asevera que los falladores incurrieron en un error de hecho por falso  raciocinio  al  valorar  el  contrato de arrendamiento aportado por ADRIANA     CAROLINA     CASTRO,    pues  “la  regla  de  la  lógica  impone  que  para poder  afirmar,  con grado de certeza, que esa numeración VU-6230718, para la fecha en  que  se  confeccionó el contrato en documento LEGIS, no existía, y con base en  ello  afirmar  la  falsedad,  previamente  debía  estar  probado  que  el papel  contrato  VU-6230718,  atribuido  a  LEGIS  como  su  fabricante,  efectivamente  provenía  de  esa  Empresa;  que  fue  impreso  por  LEGIS (…) ¿Qué tal que  alguien  haya  falseado  la  impresión  y puesto un número y salido al mercado  dicho papel contrato?”   

          Afirma   que  también  se  presentó  el  mismo  error  al  valorar  “el  documento  aportado  para  demostrar que no era  posible  arrendar la habitación” pues los falladores  tuvieron  en  cuenta  que  la  arrendataria  había  firmado  el  contrato meses  después    del   suscrito   con   ADRIANA   CAROLINA  CASTRO,    cuando    en    verdad    “para  poder  concluir  en ese raciocinio es menester que previamente  se  precise en grado de certeza si dicho documento fue firmado con posterioridad  a  que  la  señora  ya  había  entrado  en  posesión  de la casa, o si por el  contrario  todavía  no.  Una  persona  puede  entrar en posesión en calidad de  arrendataria  de una casa, y un año después o dos o más de estar habitando la  casa  como  arrendataria  firmar un contrato de arrendamiento, y entonces, si se  toma  como  prueba  ese documento de arrendamiento obvio es que la conclusión a  la  cual  se ha de llegar es que tiene la calidad de arrendataria a partir de la  fecha  en  que  se  firmó  tal  documento de arrendamiento, pero nunca, en sana  lógica   se   puede  concluir  que  con  antelación  no  lo  fuera”.   

          Concluye      que      en      “sana  lógica”  lo  que  debió  establecerse  es  si  la  arrendataria  de  la  casa  tenía  en  su  posesión  el  inmueble  para cuando  suscribió   el   contrato   de   arrendamiento   con  la  acusada  CASTRO  BERMÚDEZ,  circunstancia  que  de  ninguna manera se acreditó.   

          Con  base  en  tales  argumentos,  el  impugnante solicita a la Sala  casar  el  fallo  atacado, para en su lugar dictar sentencia absolutoria a favor  de su asistida.   

          Tercer  cargo (subsidiario): Violación directa de la ley sustancial   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, el  defensor  manifiesta  que  los  falladores violaron directamente “los   artículos   220   y   221   del   Código   Penal”   por  aplicación  indebida  al  condenar  a  ADRIANA  CAROLINA  CASTRO  por los delitos  contra la fe pública.   

          En  el  desarrollo  del  reproche  indica  que  si  las falsedad del  contrato  de  arrendamiento, así como de su autenticación notarial, configuran  el  medio  para  inducir  en  error  al funcionario administrativo en procura de  conseguir  el  nombramiento  como alcaldesa de la localidad de Puente Aranda, es  claro  que  tales  comportamientos  corresponden  a  elementos estructurales del  delito   de   fraude   procesal,   situación   que   comporta   “una   adecuación   típica  doble”,  de  manera  que  no  se  configuró  el  concurso de delitos por el cual se acusó y  condenó  a la procesada en el curso de las instancias, irregularidad que se vio  reflejada en la dosificación punitiva.   

          A  partir  de  lo  expuesto,  el  demandante  depreca casar el fallo  impugnado,   en   el   sentido   de   excluir   los   delitos   contra   la   fe  pública.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          De  tiempo  atrás  ha  puntualizado la Sala que en el examen de las  exigencias   de   admisibilidad  de  los  libelos  casacionales  le  corresponde  verificar  que los recurrentes formulen sus reparos conforme a los requisitos de  lógica  y  adecuada  argumentación definidos por el legislador y desarrollados  por  la  jurisprudencia, con el propósito de que este recurso extraordinario no  se  convierta  en  una instancia más. Tales imperativos se orientan a conseguir  que  las  demandas  se  desarrollen  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación y desenvolvimiento de los reproches propuestos,  de  suerte  que  resulten  inteligibles en cuanto precisos y claros, dado que no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si el demandante carece de interés o la demanda no  reúne los requisitos se inadmitirá”.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, este medio impugnaticio extraordinario procede contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos  “por los  tribunales   superiores   de   distrito   judicial   y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia (como ocurre en este asunto) o sanción no restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso  3º del artículo 205 del estatuto procesal penal  faculta  a  esta  Sala  para  admitir discrecionalmente los libelos de casación  presentados,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

Dilucidado  lo  anterior  se  tiene que para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al recurrente  expresar  con  claridad  y precisión los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte,  ya  para  pronunciarse con criterio de autoridad respecto de un tema  jurídico  específico, bien para unificar posturas conceptuales o actualizar la  doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de  indicar  de  qué  manera  la  decisión  solicitada  tiene  la dual utilidad de  brindar   solución   al   asunto   y   servir   de   guía   a   la   actividad  judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

         En  el  caso  objeto  de  estudio advierte la Sala que en punto del  recurso  extraordinario  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional,  pues  se  procede  por  los  delitos  de falsedad  material de particular en documento público, falsedad en  documento  privado y fraude procesal, cuyas            penas           máximas          privativas  de  la libertad no superan  en  el  estatuto punitivo  los  referidos  ocho  (8)  años  dispuestos  para  acceder  a la  casación común.   

         Pese  a  lo expuesto, el censor no cumple  con  su  obligación de ofrecer argumentos encaminados a demostrar alguna de las  posibilidades  dispuestas  por  el  legislador para admitir discrecionalmente su  demanda,  omisión  de  la  cual  se  deriva  la  imposibilidad  de identificar  en  concreto  la  temática objeto del pronunciamiento.  Tampoco  dice  si  sobre  el  particular  ya  hay jurisprudencia y, de ser así,  cuáles  son  las  decisiones que se ocupan del asunto y cómo se relacionan con  el  caso  objeto  de  estudio, falencia que a la postre le impide identificar el  punto  dudoso,  la  existencia de providencias contradictorias, o el vacío cuyo  análisis  supone  un  planteamiento  jurisprudencial  y cómo el desarrollo del  concepto  reclamado tiene la doble utilidad de servir, tanto para este trámite,  como para la solución de casos similares.   

Adicionalmente,  del  libelo examinado no se  consigue  establecer con precisión la denuncia de agravio alguno a los derechos  fundamentales  de  la acusada, pues aunque en el primer  cargo  el  actor  plantea la violación del derecho al  debido   proceso   con   el  argumento  de  que  no  se  realizó  una  adecuada  “actividad  probatoria”,  sin  dificultad  puede  constatarse  que  en  últimas  alega  la violación del  principio  de  investigación  integral, caso en el cual era su deber relacionar  expresamente  las  pruebas  supuestamente  omitidas, pues es preciso señalar la  fuente,  conducencia, pertinencia y utilidad, además de su incidencia favorable  en  los  intereses de la persona acusada frente a las conclusiones del fallo, en  cuanto  la  omisión  de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o  superfluas,  no  constituye  menoscabo  del  derecho  a la defensa, labor que no  emprendió.   

          Adicionalmente,  es  necesario  demostrar que las pruebas echadas de  menos,  al  ser  cotejadas con el acervo probatorio, varían sustancialmente las  conclusiones  de  los  falladores,  así como el sentido de la sentencia, razón  por  la  cual resulta imprescindible invalidar la actuación a fin de allegarlas  y   contar   con   la   posibilidad   de   valorarlas,   actividad  que  tampoco  acometió.   

Como  en  el mismo cargo el actor manifiesta  que  se  dejaron de valorar pruebas obrantes en la actuación, incursionó en el  discurso  propio del error de hecho por falso juicio de existencia por omisión,  el  cual tiene lugar cuando pese a obrar la prueba en el diligenciamiento no fue  valorada,  surgiendo  entonces  para  el  demandante  el  deber  indeclinable de  indicar  el  medio  probatorio  omitido,  cuál es la información objetivamente  suministrada,  el  mérito  demostrativo  al  que  se  hace  acreedor y cómo su  estimación   conjunta  con  el  resto  de  pruebas  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones   de   la   sentencia   censurada,  deberes  cuyo  cumplimiento  no  asumió.   

          En  efecto,  en  manifiesto  olvido  de  la presunción de acierto y  legalidad  del  fallo impugnado, el censor pretende que sólo se tenga en cuenta  su  percepción particular del asunto, pero nada dice respecto de otras pruebas,  como  por  ejemplo,  lo  informado  por  Legis  en el sentido de que el contrato  VU-6230718  fue  impreso  el 3 de octubre de 2000 y entregado en bodega el 12 de  diciembre  del  mismo año, luego no pudo ser diligenciado por la procesada el 5  de mayo de 1999.   

Tampoco   trae   a   colación   que   la  autenticación  de  firmas  no pudo haberse realizado el 6 de mayo de 1999, pues  Francisco  Eladio  Villalba,  empleado  que  diligenció tal acto, no trabajaba para esa época en la notaría  y  además,  el  Notario titular no laboró ese día por estar de permiso, amén  de  haberse  acreditado  que  el  texto “6 de mayo de  1999”  se  estampó  con  un  fechador diverso al de  dicha entidad.   

          Es  necesario  destacar que el defensor pretende imponer sus propias  reglas   para   demandar   en  casación,  sin  tener  en  cuenta  la  decantada  jurisprudencia  de  esta Sala, según la cual, si lo que se alega es la indebida  apreciación  de  las  pruebas  se debe acudir a la causal primera de casación,  cuerpo  segundo, esto es, a la violación indirecta de la ley sustancial, y no a  la  causal  tercera,  como sin mayor argumentación lo pretende el casacionista,  pues  ésta  se  ocupa  de  la  estructura  de  las  formas  propias y ritos del  trámite,  así  como  del  derecho  de defensa técnica y material, además del  quebranto de otras garantías.   

Respecto del segundo  reparo  encuentra la Sala que al postular la presencia  de  error de hecho por falso raciocinio, el cual acontece cuando las pruebas son  tenidas  en  cuenta,  pero  en  su  valoración  los funcionarios quebrantan las  reglas  de la sana crítica, esto es, los principios de la lógica, las leyes de  la  ciencia  y  las  máximas de la experiencia, era su deber expresar qué dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar  la  norma  que  indirectamente  resultó  excluida o de aplicada de  manera  indebida  y  finalmente, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación  de  aquella prueba,  acreditando  que  la  enmienda  del  yerro daría lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de su representada, proceder que tampoco  emprendió el defensor.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  el  recurrente  se  queda en el mero  enunciado  especulativo  como  cuando  plantea  sin  razón  suficiente  alguna:  “¿Qué  tal que alguien haya falseado la impresión  y  puesto  un  número  y  salido  al  mercado dicho papel contrato?”,   proceder  inadmisible  en  este  trámite  extraordinario  no  dispuesto  para  alargar  los  debates de las instancias, y tanto menos para dar  cabida    a    irrazonables    suposiciones    o    conjeturas   ajenas   a   la  actuación.   

          Finalmente,   respecto   de   la   tercera  censura  logra  advertir  la Sala que el demandante no  explica  por  qué razón, tratándose del quebranto efectivo de diversos bienes  jurídicos,  esto  es,  la  fe  pública con los delitos de falsedad material de  particular  en documento público y falsedad de documento privado, y la eficaz y  recta  impartición  de  justicia  con  el delito de fraude procesal, sólo debe  procederse  por  éste,  más  aún  si  no  explica  con base en qué principio  podría  eliminarse  el  supuesto  concurso  aparente  de  delitos  a  fin de no  quebrantar  el  principio  non bis in ídem.   

Así las cosas, encuentra la Sala que si el  actor  no  ajusta  su  demanda  a  las mencionadas exigencias dispuestas, de una  parte,  para  acceder  a  la  casación discrecional y, de otra, para postular y  demostrar  los  reproches  contra  el  fallo  de  segundo grado y, en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la  inadmisión del libelo.   

         Para  concluir es oportuno destacar que la  Sala  no observa en el curso del diligenciamiento o en  la  providencia  impugnada,  violación  de derechos o garantías de la acusada,  como  para  que tal circunstancia impusiera el ejercicio de la facultad oficiosa  que  sobre  el  particular le confiere el legislador en  punto de asegurar su protección.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   ADRIANA  CAROLINA  CASTRO  BERMÚDEZ, por  las  razones  expuestas  en  la  parte  motiva de este  auto.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  contra  esta    decisión   no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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