31574(17-06-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 31574  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº  180   

Bogotá,    D.    C.,    diecisiete (17) de junio de dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la admisibilidad de la  demanda   de   casación   dentro  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación,       presentada        a       nombre      del       procesado      CARLOS  ANDRÉS  HERRERA  CAMPOS  contra la sentencia del 28    de  noviembre      de  2008,  por  medio  de la cual el Tribunal Superior de  Bogotá   confirmó   la  dictada     por     el     Juzgado    Veintiocho   Penal   del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de la misma ciudad, el 28  de  febrero del  mismo  año;  y   lo   condenó   a   la   pena  principal  de  150  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para    el    ejercicio    de   derechos   y   funciones   públicas,   como  autor     de     las  conductas  punibles  de  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de catorce años   y   actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años,           agravados.   

ANTECEDENTES   

1.  Los  hechos  fueron sintetizados por el Tribunal de la siguiente manera:   

“…tuvieron  ocurrencia entre los meses de julio y septiembre de 2006,  lapso  en  el  que  el  acusado  CARLOS  ANDRÉS  HERRERA  CAMPOS,  cónyuge   de  CLAUDIA  CECILIA  ZAPATA  ARCILA,  madre  de  la menor… de 8 años de edad, la  accedió  carnalmente  y  ejecutó  diferentes  actos  sexuales  aprovechando  que  la  niña  en  algunas  ocasiones  se  quedaba  a dormir allí, aunque estaba bajo el cuidado y custodia  de  su abuela AMPARO ARCILA DE ZAPATA, a quien informó lo sucedido, e instauró  denuncia el 15 de octubre del mismo año”.   

2.   Por los anteriores hechos y luego  de  formulada  la imputación, la Fiscalía General de la Nación, el 31 de mayo  de  2007,  presentó   escrito  de  acusación  en contra de Carlos Andrés  Herrera  Campos  por  los  delitos de acceso carnal abusivo con menor de catorce  años y actos sexuales con menor de catorce años, agravados.   

Cumplido  con  el  trámite de la audiencia  preparatoria  y  el  juicio  oral  y  anunciado el sentido del fallo, el Juzgado  Veintiocho   Penal del Circuito con función de conocimiento de Bogotá, el  28  de  febrero  de  2008, dictó  sentencia de primera instancia en la que  condenó  a  Carlos Andrés  Herrera  Campos  a  la pena principal de 150 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,   como  autor de la conducta punible de acceso carnal  abusivo  con  menor  de catorce años y actos sexuales  con menor de catorce años, agravados.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el 28 de noviembre de 2008, lo  confirmó en su integridad.   

Contra  la  anterior  decisión, la defensa  técnica interpuso recurso de casación.   

LA       DEMANDA       DE  CASACIÓN   

El defensor de Herrera Campos, al amparo de  las  causales primera y tercera de casación, según lo previsto en el artículo  181   de   la  Ley  906  de  2004,  formula  dos  cargos  contra  la  sentencia,  así:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  violado, de  manera  directa,  la  ley  sustancial,  toda  vez  que la sentencia se fundó en  prueba  de  referencia, desconociéndose el sistema con tendencia acusatoria que  rige  en Colombia y que prohíbe que se profiera fallo de carácter condenatorio  con base en esa clase de probanza.   

Acota   que   al   desarrollar  el  cargo  segundo   analizará   la  actividad  probatoria cumplida en el juicio  oral,   razón   por   la   cual   considera   que  el  cargo  está  llamado  a  prosperar.   

Segundo cargo  

Aduce  que  la  sentencia  se  fundó sobre  elementos  de  juicio  que se incorporaron al juicio oral con desconocimiento de  las reglas de producción y apreciación de la prueba.   

Después  de  transcribir  un fragmento del  fallo  impugnado, argumenta que en el diligenciamiento obra una retractación de  la    menor    que    nunca    fue    tenida    en    cuenta,    “siendo…digna   de   toda   credibilidad,   la   niña  en  sendas  oportunidades  aclaró el porqué había dicho a la abuela que Carlos Andrés la  había abusado…”.    

Así  mismo,  dice  que  al  trámite  se  incorporó  el  testimonio  de  Leidy Lorena Olaya Ramírez, quien informó a la  justicia      que      la      abuela      de      la     menor     “odiaba”  al  procesado  y  que  la  víctima  fue  determinada  por  ella  para  que  realizara cargos en contra del  acusado.   

De la misma manera, dice que el juzgador no  apreció  el  testimonio  de  Adriana  María  Yuste Buitrago, quien dijo que la  menor  le  había  dicho  que la abuela la determinó para que dijera que había  sido  abusada  por el sentenciado. En el mismo sentido se manifiesta respecto de  Orlando Zapata.   

Aduce  que  en  el  diligenciamiento  obra  experticia  fechada  el  17  de  julio de 2007 en torno a los varios eventos que  podían  causar  la  disminución del tono anal, generando, en su criterio, duda  respecto a la existencia del hecho.   

Argumenta  que  hay  ambigüedad  entre  la  experticia  siquiátrica  y  la valoración sicológica hecha a la menor, que no  constituye  verdad  absoluta, máxime cuando ni siquiera genera grado de certeza  sino de probabilidad.   

En  un  acápite  posterior,  el  libelista  procede  a  criticar  las  razones  que  tuvo  el  juzgador para dictar fallo de  carácter  condenatorio  en  contra  de  su defendido, acto en el cual procede a  resaltar  fragmentos del dicho de varios testimonios que comparecieron al juicio  oral.   

Por  ejemplo,  dice  que  el  testimonio de  Orlando  Zapata  fue  desestimado;  empero, en su personal opinión, es digno de  toda credibilidad e imparcialidad.   

De igual manera, califica que los argumentos  del  Tribunal  en  determinado  momento  son  ambiguos,  habida  cuenta  que  se  contradice  en  sus  apreciaciones, al punto que algunos de los actos realizados  por  la  menor  se  les  otorga  credibilidad,  pero  le  resta  mérito  a  sus  afirmaciones  cuando  se  retracta  de  los  cargos  hechos en contra de Herrera  Campos.     

En síntesis, la censura se edifica sobre el  entendido  que  la  prueba  allegada al juicio oral no logra arrojar el grado de  conocimiento  de  certeza, motivo por el cual pide a la Corte casar la sentencia  impugnada   y,   en   su   lugar,   absolver   a   Carlos  Andrés  Herrera  Campos.      

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.   En  el nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también   deberá   formular   y   desarrollar    los    correspondientes    cargos    y,   por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos  de los fines establecidos para la casación, según lo previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es decir, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que,  como  lo  tiene  dicho  la  Corte, son los mismos del proceso  penal,  lo  que explica que las causales de casación tengan un diseño dirigido  a lograr esos fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de la casación”.1   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento que permita continuar con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciado  su  trascendencia,  para  de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.  Aclarado lo anterior procederá la  Corte  ha  verificar los presupuestos de lógica y debida fundamentación de los  dos cargos formulados en la demanda de casación, así:   

Recuérdese que cuando la censura se postula  por  la  vía  de  la  infracción directa de la ley sustancial, el casacionista  está  aceptando  que  los  hechos  y las pruebas declaradas como probadas en el  fallo   fueron  correctamente incorporadas y apreciadas, razón por la cual  el  debate  se  circunscribe a la aplicación del derecho, sin que tengan cabida  aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del  acontecer fáctico.   

Así,  la  labor  de  demostración  de  la  trascendencia  del  vicio deberá estar sustentada en evidenciar que el juzgador  seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto, que omitió  otra  que  sí  resolvía los extremos de la relación jurídico procesal o, que  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se  deriva del texto de la ley.   

De  acuerdo con lo anteriormente expuesto y  respecto  al  primer cargo,  la  Sala  advierte  que el actor equivocó la vía para demandar que el fallo de  carácter  condenatorio  proferido  en  contra  de  su representado se apoyó en  prueba  de  referencia,  en  la  medida  en  que  dicho vicio se debe postular a  través  de  la  causal tercera de casación derivada de un error de derecho por  falso juicio de legalidad, evento que aquí no ocurrió.   

Además,  tampoco advierte la Sala cómo el  mentado  error  se  logra conectar con los fines de la casación, máxime cuando  indica que la sustentación la hará en el segundo cargo.   

En  otras  palabras,  de acuerdo como está  edificada  la censura no se puede advertir que el juzgador incurrió en un error  en la aplicación del derecho, tal como lo postula el libelista.   

De    manera    que   la   censura   se  inadmitirá.   

En    lo   relativo   al   segundo  cargo  que  el  libelista funda  basado  en  la  causal  tercera  de  casación,  el  actor pasa por alto que los  errores  en la actividad probatoria pueden tener como génesis yerros de hecho o  de  derecho. Los primeros, relacionados con la contemplación o apreciación del  medio  de  prueba,  en  tanto  que  se  excluye un medio de convicción allegado  validamente  al juicio oral o, se supone otro que no desfiló en el debate, o se  tergiversa  su  contenido  material haciéndose derivar una verdad que no emerge  del  mismo o, cuando se aprecia en abierta contrariedad con las reglas que rigen  a la sana crítica.   

En cambio, el error de derecho se configura  en  dos  momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y adución de la  prueba  se  desconoce  el  rito  establecido en la ley que condiciona su validez  y/o   cuando  el  juzgador  al  valorar  la probanza se aparta de la tarifa  legal de pruebas o se inventa una que no regula la ley.   

Así  mismo,  el censor desconoce que en el  punto  de  la  postulación  de la censura debe enseñar a la Corte la clase del  error  y  el  falso  juicio  que  lo  determinó. De igual manera, respecto a la  trascendencia  del  vicio,  debe  evidenciar cómo los medios de prueba de haber  sido  valorados  correctamente, necesariamente el fallo habría sido favorable a  los intereses que representa.   

Y, por último, también debía indicar a la  Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

De  acuerdo con el discurso que presenta el  casacionista  como  sustento del cargo, se colige que su inconformidad radica en  el  mérito dado a los elementos de juicio en que se fundó el fallo de condena,  en   especial lo referente a la retractación que hizo la víctima frente a  los cargos que  inicialmente le había hecho al sentenciado.   

Es  decir,  ninguno  de  los argumentos que  presenta  el  libelista  llevan  a la Sala a inferir en qué consistió el error  del  juzgador  al  apreciar  la unidad probatoria allegada al juicio oral, en la  medida  en  que  presenta  una personal opinión en cuanto al mérito dado a los  plurales  medio  de  convicción,  discrepancia  de  criterios que no constituye  yerro  para  ser atacado en sede de casación, máxime cuando la sentencia llega  precedida  de  la doble presunción de acierto y legalidad, es decir, los hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente  apreciadas,  y  el derecho estrictamente  aplicado.   

De manera que la Sala inadmitirá la demanda  de  casación  presentada  a  nombre de Carlos Andrés  Herrera  Campos, puesto que ninguno de los dos cargos  cumplieron      con     los     presupuestos     de     lógica     y     debida  fundamentación.   

Resta    señalar    que   no   se   observa   que   con  ocasión  del   fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  violaron los derechos o las  garantías  del  procesado Carlos Andrés Herrera  Campos,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  Carlos   Andrés   Herrera  Campos   procede el mecanismo de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal                –siempre     que     el     recurso     no   hubiera    sido    interpuesto   por   el   Procurador   Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la      demanda      de      casación      presentadas     por     el    defensor    de    Carlos    Andrés    Herrera   Campos.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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