31511(01-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  31511   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.191  

Bogotá  D.C., primero (1º) de julio de dos  mil nueve (2009)   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de JORGE HERNÁN LÓPEZ GONZÁLEZ, contra  la  sentencia  de  segundo  grado  de  29 de octubre de 2008 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó la emitida por el Juzgado Noveno Penal  del  Circuito  del mismo Distrito Judicial por cuyo medio lo condenó como autor  penalmente  responsable del delito de acceso carnal abusivo con menor de catorce  años en el grado de tentativa.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  20  de  junio de 2003 la progenitora del  menor      de      cuatro      años      J.S.R.1   

,  puso en conocimiento de la autoridad que  ese  mismo  día  JORGE  HERNÁN  LÓPEZ  GONZÁLEZ  (invidente y de 60 años de  edad),  intentó  accederlo  carnalmente vía oral en la habitación que ocupaba  el  victimario en el mismo inquilinato donde residía el niño con su familia en  el barrio Perseverancia de Bogotá.   

La  Fiscalía  General  de la Nación abrió  formal  investigación en contra de JORGE HERNÁN LÓPEZ GONZÁLEZ y lo vinculó  a  través de indagatoria. Por proveído de 26 de junio de 2003 al resolverle la  situación  jurídica  no le impuso alguna medida de aseguramiento por cuanto la  pena  mínima para el delito de acceso carnal abusivo con menor de catorce años  agravado,  en  el  grado de tentativa, no superaba los cuatro años de prisión.   

Clausurado  el ciclo instructivo, el mérito  probatorio  fue  calificado el 23 de marzo de 2006 con resolución de acusación  por  el  referido  ilícito,  decisión  que  adquirió  firmeza  el  10 de mayo  siguiente al no ser objeto de impugnación.   

La  fase  del juicio la adelantó el Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  despacho que luego de surtir el acto  público  de  juzgamiento, mediante sentencia de 9 de noviembre de 2007 condenó  a  JORGE  HERNÁN LÓPEZ GONZÁLEZ por el delito objeto de acusación, a la pena  principal  de  cuarenta y cinco (45) meses de prisión, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  término,  sin  concederle la suspensión condicional de la ejecución de  la pena, ni la prisión domiciliaria.   

En virtud del recurso de apelación promovido  por  el defensor, el Tribunal Superior de Bogotá por decisión de 29 de octubre  de  2008  confirmó  la sentencia, por lo que insiste el mismo sujeto procesal a  través  de  la  impugnación  extraordinaria  con la  respectiva    demanda   de   casación,   de   cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal primera de casación,  prevista  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, postula un solo cargo por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial “en la  modalidad  de  aplicación indebida” del artículo 38  de la Ley 599 de 2000.   

Seguidamente indica que el cargo “se  sustrae a la Exclusión evidente”  del  aludido  artículo  en concordancia con el artículo 44 de la Constitución  Política  al  haber  entendido  el  Tribunal que como el procesado vivía en un  sitio  en  el que también residían niños no era posible otorgarle la prisión  domiciliaria,   sin   considerar   que   él   estaba  dispuesto  a  cambiar  de  domicilio.   

Para  el  censor,  si  bien es cierto que el  delito  amerita  el  reproche  social,  como  acto  de  humanidad  debieron  ser  consideradas  las  circunstancias  personales  del  condenado, al tratarse de un  invidente  de  65  años  de  edad,  que no se puede valer por sí mismo, siendo  “inhumano”   el   no  permitirle  tener  su  casa  por  cárcel,  poniéndolo  así  en  un  estado de  indefensión.   

Igualmente,  indica  que a su asistido se le  puede  fijar  un  domicilio  donde  no  haya  niños, situación planteada en el  recurso    de   apelación   que   no   mereció   alguna   consideración   del  Tribunal.   

Por  lo  tanto, solicita a la Corte casar el  fallo    a   fin   de   concederle   la    prisión   domiciliaria   a   su  representado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Si bien le asiste interés al recurrente para  interponer el recurso de   

casación  contra  el fallo de segundo grado  ante  la  identidad  temática de las alegaciones del  recurso ordinario de  apelación  y la formulada en su libelo demandatorio en lo que tiene que ver con  su  pretensión  de  concesión  del  instituto  sucedáneo  de  la prisión, la  precaria  argumentación del reparo fundado en la violación indirecta de la ley  sustancial   le  resta  la  idoneidad  necesaria  para  su  admisión,  como  se  verá:   

En  primer  lugar,  anuncia  dos sentidos de  violación  de la ley tanto la aplicación indebida, como la exclusión evidente  del  artículo  38 de la Ley 599 de 2000 que contempla la prisión domiciliaria,  planteamiento    que    se    constituye    en    una    aporía    (contradicción  indisoluble),  al versar  sobre  el  mismo precepto. Si añoraba el censor la concesión de tal instituto,  se  trataría  en  todo  caso  de la falta de aplicación de la norma y no de su  aplicación  indebida como lo  refirió.   

En segundo término, es sabido que cuando la  discrepancia  versa sobre la actividad probatoria y la valoración por parte del  juzgador,  la  vía  de  ataque legalmente adecuada es la indirecta, ya que a la  infracción  de  la  ley  sustancial  se llega a través de la violación de las  normas  que  regulan  el ámbito probatorio, pero el exiguo desarrollo del cargo  le  impide al recurrente demostrar la clase de error probatorio en que incurrió  el juzgador y el elemento de convicción en el cual recayó.   

En este orden, debió indicar si se trató de  un  yerro  fáctico  o  de  derecho  y  la  modalidad  de  falso  juicio que los  determinó,  además,  demostrar  la  trascendencia  de  los  mismos en la parte  dispositiva  del  fallo  y  cómo  tras  su  respectiva corrección la decisión  sería  sustancialmente  diversa de la adoptada por el Tribunal, aspectos que el  demandante desdeño en este caso.   

El recurrente, entonces, debió precisar si  el   juez   plural   al   momento   de   apreciar   la  prueba  la  ignoró,    desconoció    u   omitió   pese   a   obrar   en   el  diligenciamiento,   o   si   la   supuso  o  imaginó  (falso     juicio    de    existencia);  o  si al momento de fijar su contenido  la  distorsionó,  cercenó  o  adicionó en su expresión fáctica, haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecían de ella (falso   juicio   de  identidad);  o  si  ya  en  el  momento  de  su  apreciación al asignarle  mérito  persuasivo  contrarió los principios lógicos, las leyes de la ciencia  o    las    reglas    de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

O  si  se trataba de la contemplación ya no  fáctica,  sino  jurídica  de  las  pruebas,  debió  clarificar si el fallador  apreció  una  que  no  cumplió  con  las reglas normativas para su aducción o  producción  al  interior del diligenciamiento o le negó validez al suponer que  no  reunía  los  requisitos  legales,  pese  a que sí los llenaba (falso   juicio   de   legalidad),  o  si  tratándose  de  medios  probatorios a los cuales el legislador expresamente les  ha  asignado  un específico valor demostrativo, el juzgador se apartó de tales  parámetros,  bien por asignarles un alcance diferente o por negarles el mérito  que    expresa    y    normativamente   se   les   ha   señalado   (falso          juicio          de         convicción).   

Así  las  cosas,  lejos de demostrar algún  yerro  judicial,  el  defensor  se  limita  a  exponer su personal criterio para  anhelar  la  concesión de la prisión domiciliaria para su asistido, lo cual se  corrobora  cuando resalta la edad avanzada y la limitación visual de éste para  indicar que como acto de humanidad merecía su otorgamiento.   

El   demandante   no   repara   en   las  consideraciones  tenidas  en  cuenta por el Tribunal para ratificar la necesidad  de  la ejecución intramural de la pena por parte del procesado, pues si bien se  satisfacía  el factor objetivo por cuanto la pena mínima del delito en estudio  no  traspasa  el  límite  de  los  cinco  (5)  años,  al  estudiar el elemento  subjetivo  concurrente  concluyó que precisamente la condición de adulto mayor  del   enjuiciado   no   lo   frenó   moralmente   para   vulnerar  “las  ilusiones  y  futura  vida sexual de un infante (4 años de  edad),  a quien pretendió  someter a comportamientos execrables, sobre los  que  muy  difícilmente  reaccionará,  y  a los que, de mantenerlo en libertad,  quedará  expuesta la población de este género que permanente u ocasionalmente  pueda  rodearle”,  ni  tampoco  lo  relacionado con  limitación  visual  la  cual  fue  obstáculo para la  afrenta contra la formación sexual de la víctima.   

De  la  misma  forma,  el  Tribunal para dar  respuesta  al  disenso  del  defensor  en  relación  con  el  aludido instituto  sucedáneo  de  la  prisión,  evidenció  la carencia de valores del enjuiciado  frente  a la comunidad, generando por ello alarma social, para concluir así que  “la  prevención  general  y  reinserción  social,  sólo  serán  posibles mediante la privación intramural, pues no puede dejarse  de  lado  que  a través de la prevención general se advierte a los miembros de  la  comunidad  sobre  las consecuencias que puede acarrear incurrir en conductas  similares,  lo  que  genera  obviamente  un  efecto  disuasivo  y la consecuente  reinserción  social, funciones que en este caso sólo se cumplirán a cabalidad  con la aplicación de la privación de la libertad intramural”.   

Tampoco  el  impugnante ataca la valoración  judicial  relacionada  con la posibilidad de que el procesado ponga en peligro a  la  comunidad  en  razón  a la forma de vivienda generalmente por él utilizada  –inquilinato-  en la cual  hay   presencia   de   niños,   circunstancia  de  cohabitación  que  fue  precisamente  aprovechada  dada la confianza de los habitantes, específicamente  porque el niño se movilizaba libremente por la casa.   

En  suma,  no demuestra el impugnante algún  yerro  del  juzgador  y  por  el  contrario,  asume  una simple oposición a las  conclusiones  del  juez  colegiado  al  enfrentar  su  criterio  a  la fuerza de  convicción  del  material  probatorio,  cuando  la  Sala ha insistido en que la  simple  crítica  a  los  criterios  judiciales no es suficiente para motivar el  análisis  de  la  legalidad  del  fallo,  porque debe sujetarse a las técnicas  establecidas  para  probar la existencia de yerros manifiestos y esenciales, con  incidencia en el sentido de la decisión.   

Dado  que las falencias destacadas no pueden  en  modo  alguno  ser  enmendadas  por  la  Corte  en  virtud  del  principio de  limitación  que  rige  el  trámite casacional, se impone la no admisión de la  demanda  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

Finalmente,  la  Sala  no observa dentro del  curso  procesal  o en el fallo que le dio culminación, violación alguna de los  derechos  fundamentales  o  garantías del procesado LÓPEZ GONZÁLEZ, como para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa de  naturaleza    legal    que    le   asiste   a   esta   Corporación   sobre   el  particular.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  JORGE   HERNÁN   LÓPEZ   GONZÁLEZ  por  las  razones  dadas  en  la  anterior  motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

      

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                       MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS                                                                                                Permiso   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID        RAMÍREZ  BASTIDAS                           JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Se  omite  identificar al niño y a su progenitora por  respeto  a su dignidad y a su derecho a un nombre de acuerdo con la Declaración  de  los Derechos del Niño y  en   acatamiento   a   los   Principios  fundamentales     de     justicia    para    las   víctimas      de      delitos       y       abuso        de       poder (Asamblea  General  de  la  ONU,  Resolución  No.  40/34  del  29 de noviembre de 1985) al  contemplar  que  los  procedimientos  judiciales y administrativos deben adoptar  medidas  para  evitar nuevamente su victimización, en concordancia también con  lo  normado  en los artículos 47, numeral 8°; 192 y 193, numeral 7º de la Ley  1098 de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia).     

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