31491(31-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 31491  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

                   Aprobado Acta No. 96   

Bogotá,  D.C., treinta y uno de marzo de dos  mil nueve (2009)   

VISTOS:  

Define la Corte la competencia para conocer de  la   audiencia   de  formulación  de  cargos  en  contra  de  OMAR  ENRIQUE  MARTÍNEZ OSSIAS, dentro del  trámite que se surte conforme con la Ley 975 de 2005.    

ANTECEDENTES:  

1.  La titular de la Fiscalía Tercera de  Justicia  y  Paz  solicitó  el  12  de  febrero de 2009 audiencia preliminar de  formulación  de  cargos en contra de OMAR ENRIQUE MARTÍNEZ OSSIAS –alias   “Maicol”,   postulado  del  gobierno  para los beneficios de justicia y paz y quien fuera miembro del Bloque  Norte  de  las  AUC,  por  221  hechos constitutivos del delito de deportación,  expulsión,  traslado o desplazamiento forzado de población civil (Art. 159 del  C.P.) y 55 hechos que se le imputan por delitos varios.   

2.  Sometida  a  reparto  dicha  solicitud,  correspondió   su  conocimiento  a  la  doctora  Zoraida  Anyul  Chalela,  como  Magistrada  de  Control de Garantías del Tribunal Superior de Barranquilla -por  conocimiento  previo-, quien mediante auto del 25 de febrero de 2009 convocó la  celebración  de la respectiva audiencia para el 11 de marzo del corriente año.   

3.  Llegada  la  fecha  y  hora  señaladas y  habiendo  concurrido  las  partes  interesadas  en el trámite, la Magistrada de  Control    de   Garantías   resolvió   hacer   uso   de   la   excepción   de  inconstitucionalidad  e inaplicar el numeral 6 del artículo 13, el inciso 3 del  artículo  18,  el inciso 2 del artículo 19 y el último párrafo del artículo  22,  todos  de  la  Ley 975 de 2005 al considerarlos contrarios al artículo 250  numeral  4  de  la Constitución Política, declarándose así incompetente para  presidir  la  audiencia  peticionada;  en  consecuencia ordenó el envío de las  diligencias  a  esta Corporación para que se surta el trámite previsto para la  definición de competencias.   

FUNDAMENTOS DE LA INCOMPETENCIA  

En  un  extenso  escrito  la  Magistrada  de  Justicia   y  paz  presenta  los  siguientes  argumentos  como  sustento  de  la  excepción propuesta.   

Basa  su  decisión  en que de acuerdo con el  artículo  250 la Carta Política la competencia para conocer la formulación de  los  cargos  está  asignada inequívocamente al juez de conocimiento y no al de  control  de garantías, al estar reconocida jurisprudencialmente la equivalencia  de dicha aceptación con la acusación.   

De igual manera, que una doble audiencia para  la  formulación de  formulación de cargos -una ante el juez de control de  garantías  y  luego  ante  la  Sala  de  conocimiento-,  resulta  dilatoria del  procedimiento,   cuando   conforme  con  la  Constitución  y  los  Instrumentos  Internacionales  debe  tornarse esta fase eficaz en defensa de las garantías de  los  intervinientes,  pues  si  la  labor  del  juez de control de garantías se  resume  a la verificación de ausencia de vicios de consentimiento, así como la  comprobación  de si es informada y además contó con la asesoría profesional,  ello  podría  ser  cumplido directamente y sin escalas por el juez colegiado de  conocimiento;  cuando  con mayor razón la actuación debe estar inspirada en el  respeto  de  un  debido  proceso  sin dilaciones injustificadas, que lleve a una  pronta   reparación   del   daño   que   hayan   sufrido   las  víctimas  del  injusto.   

Por  otra  parte  que  las normas acusadas de  inconstitucionalidad  riñen  con el derecho a la igualdad, pues se fracciona la  audiencia  de  formulación de acusación en dos momentos y ante dos autoridades  jurisdiccionales  diferentes, creando una situación de diferenciación negativa  frente a los trámites adelantados por la Ley 906 de 2004   

CONSIDERACIONES:  

Conforme   a   lo   ya  expuesto  por  esta  Corporación  en decisiones del 30 de mayo y 8 de junio de 2006 (radicados 24964  y  25525), es competente esta Sala para conocer de la definición de competencia  ya  sea  por  manifestación  de la autoridad jurisdiccional o a petición de la  defensa1   en  aquellos  momentos  procesales  en  los  cuales  procede  tal  petición,  debiéndose  dar   trámite  por  parte  del  Juez al incidente  planteado  ante  el  superior  jerárquico  indicado2.   

De  igual  manera  la  Sala  ha  aceptado la  procedencia  de la figura de la definición de competencia en trámites rituados  bajo  la Ley 975 de 2005, toda vez que la Corte no pierde la calidad de superior  funcional  de las Salas Especializadas de Justicia y Paz a las cuales compete la  resolución   de   los   litigios   sometidos  a  su  consideración3.   

Habilitada  entonces  la  Corporación  para  pronunciarse,  procede  a  decidir  si  conforme  con  los  planteamientos de la  Magistrada  a  cuyo  cargo está la función de control de garantías es posible  declarar  su incompetencia para adelantar la audiencia de formulación de cargos  dentro  del  proceso  que se surte contra OMAR ENRIQUE MARTINEZ OSSIAS y de esta  manera  adjudicarla  a  la  Sala  Especializada  de  Justicia y Paz del Tribunal  Superior de Bogotá, con funciones de conocimiento.    

La fórmula empleada por la funcionaria es la  excepción  de  inconstitucionalidad  consagrada  en  el artículo 4 de la Carta  Política  Colombiana,  conforme  con  la cual en todo  caso  de  incompatibilidad  entre  la  Constitución  y  la  ley  u  otra  norma  jurídica,  se aplicarán las disposiciones constitucionales;  de  allí  que  resulte  válida  la manifestación de la Magistrada  actuante  en tanto todo juez debe hacer un juicio de constitucionalidad anterior  a  la  aplicación  de  la  ley  en  procura  de  hacer prevalecer los preceptos  superiores.   

Sin embargo no debe perderse de vista que el  empleo  de la misma supone una carga argumentativa sólida, dado que con ella se  pretende  desconocer  un mandato legal al cual igualmente está sometido el juez  en  consonancia  con el art. 230 de la misma norma de normas, razón por la cual  se  ha  considerado  que  la utilización de la excepción sólo procede ante la  presencia   de   unos   presupuestos   mínimos   al   punto   que  “el  quebranto  objetivo  de  la  norma constitucional sea de tal  forma  flagrante  o  manifiesto  que  no  permita  la mínima interpretación en  contrario  y,  por   ende,  no  se requiera de sofisticados argumentos para  sustentarla”4,  pues  si  ello  resultara necesario se  estaría  haciendo  un  juicio  propio  de  la  jurisdicción facultada para tal  tarea,  la  cual  no  es otra que la jurisdicción constitucional como autoridad  encargada  de  definir por vía general y con efectos erga omnes el ajuste de un  precepto legal a la Constitución.   

Al  amparo de lo anterior es claro que tales  postulados  no  se  cumplen  en el caso en cuestión, pues aunque la funcionaria  presente  un  extenso escrito en el cual se incluyen las razones, considera esta  célula   judicial   que   ninguno  de  ellos  muestra  la   contradicción  ostensible  y  palmaria  de  las  normas  que  pretende  inaplicar  con el texto  Constitucional;  además que se parte del error que entraña asimilar el proceso  transicional de Justicia y Paz con el procedimiento ordinario.   

Al  respecto  resulta  oportuno señalar que  cuando   se   define   la  naturaleza,  objetivos  y  fines de la Ley de Justicia  y  Paz  indicando  que consagra una política criminal  especial   de   justicia  restaurativa,  no  está  diciendo  cosa  distinta  a  que  con  ella  se busca la  solución   pacífica   al   conflicto   a  través  del  relativo  perdón,  la  reconciliación  y  la  reparación  del  daño,  involucrando a la víctima, al  victimario  y  a la sociedad, como lo impone el plexo normativo internacional, a  saber:  Los  tratados sobre Derechos Humanos y Derecho  Internacional   Humanitario,   Pacto   Internacional   de   Derechos  Civiles  y  Políticos5,  Convención  Americana       de       Derechos       Humanos6, Convención contra la tortura  y   otros   tratos   o   penas   crueles,  inhumanos  o  degradantes7,  Convención  Interamericana  para  prevenir y sancionar la tortura8,  La  Convención  Interamericana  sobre  desaparición  forzada             de            personas9, La  Convención    para    la    prevención   y   la   sanción   del   delito   de  genocidio10,   El  Estatuto  de  la Corte Penal Internacional11, que hacen  parte de la Carta Fundamental en virtud del Bloque de  Constitucionalidad,    sin    dejar    de   lado   la  jurisprudencia  interamericana  relativa  al  Derecho  a conocer la verdad, a la  justicia  y  a la reparación de las víctimas y a la no repetición, que por su  relevancia  como  fuente  de  derecho  internacional  indudablemente vinculan al  país  en  tanto constituyen autorizada interpretación de las prescripciones de  la Convención Americana sobre Derechos Humanos.   

De  manera  que  si  en  el  ámbito  de la  justicia  excepcional  y  transicional  se  abandonó el concepto de delito como  infracción  a  la norma del Estado cuya vigencia se reafirma con la imposición  de  una  pena,  para adscribirse al concepto moderno de injusto como acción que  produce  fundamentalmente  un  daño a otro, base y fundamento de la reparación  que  se  obtiene  a través del mecanismo de la negociación, con la aceptación  de  la  responsabilidad  por  parte  del  desmovilizado  y garantizándose a las  víctimas  la  efectiva  reparación  del  daño, no podría desconocerse que se  está   frente   a  un  procedimiento  sustancialmente  distinto  del  referente  ordinario consagrado en la Ley 906 de 2004.   

Evidentemente  la  Ley  de  Justicia  y  paz  no  regula  un proceso de partes como incorrectamente  parece  entenderlo  la  Magistrada  de  Justicia  y  Paz de Barraquilla, sino un  proceso   especial,   particular   y   transicional;   si   se   repara  en  sus  características  al  rompe  se  advierte que no sigue los mismos derroteros del  sistema  implantado  por  el  Acto Legislativo 03 de 2002, a pesar de que la Ley  975  de  2005  y  el  Decreto  Reglamentario  4760/05 hayan consagrado normas de  integración.   

En  efecto,  Ley  906  de  2004  regula  un  procedimiento  dispositivo  regido por el principio adversarial donde el fiscal,  titular  de  la acción penal, investiga, acusa y demanda una condena, la prueba  se  practica  en  presencia  del  juez  de  conocimiento  y  con  desarrollo del  contradictorio,  al  paso  que en el proceso consagrado en la Ley 975 de 2005 la  actuación  tiene  lugar  a  iniciativa  del  integrante del grupo armado ilegal  desmovilizado  y  previa  postulación  del  Gobierno  Nacional,  acudiendo a la  audiencia  de  versión  libre  de  manera  voluntaria  para  confesar de manera  completa  y  veraz todos los hechos delictivos en los  que  participó  o  de  los  que  tenga  conocimiento,  ocurridos  durante y con  ocasión  de  su  pertenencia  al  grupo  armado  organizado  al  margen  de  la  ley,  activando  en  la  fiscalía  el  mecanismo  de  verificación de la certeza de lo confesado.   

En   este  procedimiento  especial  no  hay  inmediación   de  la  prueba  por  parte  del  juez  de  conocimiento  y  menos  controversia  de  la  misma, o debate en torno a teorías antagónicas sobre los  hechos  develados  porque  invariablemente  los  intervinientes van por el mismo  sendero   en   busca  de  los  componentes  de  verdad,   justicia  y   reparación,  que junto a la contribución para la obtención de la paz nacional  y  la garantía de no repetición, constituyen el fundamento de concesión de la  pena alternativa.   

En el proceso previsto en la Ley de Justicia y  Paz  se  impone  una  pena  alternativa sustancialmente reducida, que funge como  contraprestación  por la colaboración del desmovilizado al logro de la paz, al  conocimiento  de  la  verdad de lo sucedido, a la reparación de las víctimas y  al compromiso de no repetición.    

Tampoco  se puede desconocer que a diferencia  del  procedimiento ordinario, el objetivo específico que persigue el proceso de  Justicia y Paz es:   

“…  facilitar  los  procesos  de  paz  y  la  reincorporación individual o colectiva a la vida  civil  de  miembros  de  grupos  armados  al  margen de la ley, garantizando los  derechos    de    las    víctimas    a    la   verdad,   la   justicia   y   la  reparación.”   

Desde  esa óptica indudablemente se trata de  un  proceso  de características sustancialmente distintas el previsto en la Ley  de  Justicia  y  Paz  y,  en  consecuencia, no es posible equipararlo al sistema  acusatorio  implantado  con  el  Acto  Legislativo  03  de 2002 reformatorio del  artículo  250 de la Constitución Política, de donde  se desprende que el  argumento  medular  esbozado  en  la decisión del 11 de marzo del año en curso  por  la  Magistrada  de Justicia y Paz para declararse sin competencia carece de  sustento jurídico y por ende debe desecharse.   

De  otra parte, si en cuenta se tiene que el  legislador  -en  virtud  del  amplio  poder  de configuración que le asiste- es  quien  debe  diseñar  los  procedimientos  (y aquí lo está haciendo), ninguna  duda  surge  al  estimar  como válido, legal y con fundamento constitucional el  señalamiento  -con  respecto  de  la formulación de cargos- de dos audiencias,  con  la  intervención  de  distintas autoridades judiciales, vale recordar, una  preliminar    ante   el  Magistrado  de  Garantías  en  la  cual  se formulan los cargos, sirviendo este  funcionario  de  garante  a  la manifestación de aceptación, y otra posterior,  pública, a cargo de la Sala  de  conocimiento  en  cuyo  desarrollo  examinará  la libertad, voluntariedad y  espontaneidad  que debieron guiar la aceptación de los cargos, características  que   una   vez   verificadas   darán  paso  a  la  audiencia  de  sentencia  e  individualización de pena.   

Así  pues,  la  doble  audiencia,  exigida  normativamente  respecto de los cargos en su doble manifestación de aceptación  y  verificación de presupuestos de legalidad, encuentra justificación no sólo  en  que  es  expresión  autónoma  del  legislador  sino en el realce que éste  quiere darle a lo que será el fundamento de la sentencia.   

En  ese  contexto  no  encuentra  esta Corte  contrariedad    evidente,   manifiesta,  con  normas  superiores  como para prohijar el planteamiento de la  señorita magistrada.   

De lo anterior se concluye que la competencia  para  conocer  de la audiencia de formulación de cargos radica en la Magistrada  de  Control  de  Garantías, no hallándole acierto a la pretensión que propuso  en la audiencia del 11 de marzo del año en curso.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.-          Declarar     que     la   competente  para  conocer de la formulación de cargos dentro del proceso que se  surte  contra  OMAR  ENRIQUE  MARTÍNEZ  OSSIAS  es  la  Magistrada  de  la Sala  Especializada  de  Justicia  y  Paz  con función de Control de Garantías de la  ciudad   de   Barranquilla,  doctora  Zoraida  Anyul  Chalela;  en  consecuencia  remítasele el expediente para los fines pertinentes.   

Contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Cúmplase   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

      JOSÉ          LEONIDAS          BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                       

             

        ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                 MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                   

       AUGUSTO           J.           IBAÑEZ  GUZMÁN                   JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                           

             YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS                             JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1 Art.  54 Código de Procedimento Penal.   

2  En  igual  sentido  Auto  Definición  de  Competencia Rad. 29035 del 23 de enero de  2008.   

3  Algunas  definiciones  que  se  han resuelto respecto de procesos sometidos a la  Ley  de  Justicia y Paz son radicados 25831 del 22 de agosto de 2006 y 25830 del  28 de septiembre de 2009.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Colisión Radicado 19517, 2 de  julio de 2002.   

5  Adoptado  por  la  Asamblea  General  de  las  Naciones Unidas en 1966. Aprobado  mediante la Ley 74 de 1968.   

6  Suscrita  en  San José de costa Rica en noviembre de 1969. Aprobada mediante la  Ley 16 de 1972.   

7  Adoptada  por  la  Asamblea  General  de  las  Naciones Unidas en 1984, aprobada  mediante la Ley 70 de 1986.   

8  Adoptada  por  la  Asamblea  General  de  la OEA en Cartagena de Indias en 1985,  aprobada  mediante la Ley 406 de 1997, declarada exequible mediante la Sentencia  C-351 de 1998, M.P Fabio Morón Díaz.   

9  Adoptada  por la Asamblea General de la OEA en Belém do Pará. Brasil, en 1994.  Aprobada  mediante  la  Ley 707 de 2001, revisada mediante la Sentencia C-580 de  2002, M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

10  Adoptada  por  la  Asamblea General de las Naciones unidas en diciembre de 1948,  aprobada por Colombia mediante la Ley 28 de 1959.   

11  Adoptado  por  la  Conferencia Diplomática de plenipotenciarios de las Naciones  Unidas  el  17  de  junio  de  1998, aprobado mediante la Ley 742 de 2002,   revisada   mediante  la  Sentencia  C-578  de  2002,  M.P  Manuel  José  Cepeda  Espinosa.     

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