30924(10-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30924   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    Nº    070   

Bogotá D.C.,  diez (10) de marzo de dos  mil nueve (2009),   

VISTOS  

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad  del  recurso  de  casación  interpuesto por la  defensora de  LUIS    ANTONIO    CAICEDO    BARACALDO   contra   la   sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  el  16  de  julio  de  2008,   mediante   la   cual   confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento  de   Villeta,         el         15     de  mayo    de    2008,  y   lo  condenó  a las  penas principales de 78 meses  de  prisión y multa   equivalente   a  52  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible  de  receptación.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“…tuvieron  ocurrencia  el  13  de  diciembre  del  año  pasado en el municipio de San Francisco (Cundinamarca), en  la  Finca La Candelaria, ubicada en la Vereda El Muña habitada por Luis Antonio  Caicedo  Baracaldo,  cuando  tropas  del  Ejército  Nacional  dieron aviso a la  Policía  que  dentro  del  predio  antes  citado  hallaron partes de vehículos  automotores   en   diferentes  lugares,  algunas  de  ellas  enterradas  en  los  alrededores  de  la  edificación. Al practicar inspección al lugar encontraron  herramientas  de  mecánica  entre ellas, un equipo de oxicorte y un diferencial  empleados  para  el  desmantelamiento  de  los  automotores que hasta allí eran  llevados”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Ante  el  Juez  Promiscuo  de  San Francisco  (Cundinamarca)  con  funciones  de  control  de  garantías,  y  en  virtud a la  petición  de  la  fiscalía se legalizó la captura y  se impuso medida de  aseguramiento a Luis Antonio Caicedo Baracaldo.   

El 11 de enero de 2008, ante el Juzgado Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de Villeta (Cundinamarca), el Fiscal  Seccional  de  la  misma  ciudad, presentó escrito de acusación, razón por la  cual  la  audiencia  de  formulación  de la acusación se llevó a cabo el 4 de  marzo siguiente.   

Cumplido  con los trámites del juicio oral,  el  Juzgado  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de Villeta, el 15  de  mayo  de  2008,  dictó  sentencia de primera instancia en la que condenó a  Luis  Antonio  Caicedo Baracaldo a las penas principales de 78 meses de prisión  y  multa  equivalente  a  52 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la sanción privativa de la libertad, como  autor de la conducta punible de receptación.   

Apelado    el    fallo    por   la   defensa   técnica,   el  Tribunal  Superior de Cundinamarca, el 16 de julio de 2008, lo confirmó.   

Contra   la   anterior   decisión,   el  entonces   defensor  del  acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con  base en la causal tercera de casación,  establecida  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, la defensora de Caicedo  Baracaldo presenta tres cargos contra la sentencia, así:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  violado, de  manera  indirecta, la ley sustancial derivada de yerros en la apreciación de la  prueba,  en tanto que a su juicio se cometió error de hecho por falso juicio de  identidad,   al   haberse   concluido   que  su  defendido  era  morador  de  la  vivienda.   

Argumenta  que la inscripción en el SISBEN  de  su  representado  fue  la  prueba  fehaciente  para   inferir   su  responsabilidad.   

Sin  embargo,  considera que dicha probanza  fue  mal  apreciada,  toda  vez  que  si él residía en la Finca La Candelaria,  necesariamente  tal  situación  no  lleva  a colegir en su autoría, pues dicho  acontecer resultaba predicable para el año 2004.   

Por  tal  motivo,  manifiesta  que  pone de  presente   una   duda   razonable  en  cuanto  al  lugar  de  residencia  de  su  representado.  Es  decir, que contrario a lo manifestado en el fallo no se puede  predicar  que vivía en la finca La Candelaria, máxime cuando el informe de los  militares    es    claro    en   cuanto   a   que   el   inmueble   se   hallaba  desocupado.   

Así mismo, indica que su representado sólo  se  hizo presente en el mentado inmueble a las 4:30 de la tarde, “lo  que  comprueba  que lo tenía en arriendo…, situación que la  fiscalía  se  limitó  a establecer al señalarlo como propietario de la finca,  situación  que en ningún momento fue negada por el condenado, como lo explicó  en  el  desarrollo  del  proceso,  en  donde advirtió que dicha finca era de su  propiedad  pero  que  se  encontraba arrendada al señor JOSÉ ANTONIO CASTAÑO,  ratificando  este  señalamiento  con  la  existencia  del  contrato de arriendo  original…”.   

Dice  que  como  segunda  prueba  en que se  fundó  la  responsabilidad  de su procurado consistió en que el  arriendo  de  la  finca  no  afectó  la  totalidad del predio. De ahí que no comparta la  afirmación,  según  la  cual, el dueño del inmueble debía tener conocimiento  de  los  actos  ilícitos  que  allí  se  cometían,  puesto  que arribar a tal  afirmación  constituye  un  acto   subjetivo y carente del correspondiente  respaldo probatorio.   

Anota que si bien los vecinos aluden que su  representado  vivía  allí, de todos modos se pasó por alto que él siempre ha  residido  en  la  vereda y resulta lógico que se relacione con las personas del  lugar.   

De  otro lado, afirma que Caicedo Baracaldo  es  una  persona  ingenua y desprevenida, de escasa instrucción o preparación,  signos  que,  en  su  criterio,  ponen  de  relieve  su  buena fe al arrendar el  inmueble.  Ahora  bien,  que él  tuviera las llaves de la finca no lo hace  responsable del delito por el que fuera condenado.   

Insiste  en  sostener  que  de la unidad de  prueba  aflora  el  grado  de  conocimiento de la duda razonable, máxime cuando  ninguno  de  los testigos que desfilaron en el juicio oral lo señalaron como el  autor de los hechos.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  de  común acuerdo con los fines de la  casación,   proferir   una   donde   se   restaure   el   derecho   fundamental  afectado.   

Segundo cargo  

La  defensa  técnica, acusa al Tribunal de  haber  violado,  de  manera  indirecta, la ley sustancial por error de hecho por  falso  juicio de existencia. Luego de resaltar un fragmento del fallo recurrido,  asevera  que  no es cierto que la puerta de la casa estuviera entreabierta y que  por  esa  razón  los  militares  percibieron  los  bienes  hurtados,  siendo la  incautación   un   resultado   de  mera  causalidad,  situación  que  fue  calificada  como  cierta  y  que  por  ello  no  fue  ratificada  en  el  juicio  oral.   

Como  un  segundo  error  que califica como  irregular,  fue  la  contaminación  de  la  escena  del crimen por miembros del  ejército  nacional  quienes ingresaron al predio sobre las 5 de la mañana; que  el  patrullero  de  la  policía sólo arribó al lugar sobre la 4 de la tarde y  que  su  defendido  media  hora  después.  De  ahí que afirme que los primeros  contaron  con  11  horas para informar a la institución del segundo; por tanto,  concluye, existió una demora injustificada.   

De  igual  manera, insiste en que la escena  fue  contaminada  por  la  unidad  militar,  motivo  por  el  cual los elementos  hallados  no  pueden ser tenidos como evidencia. A continuación sostiene que el  informe  del  ejército  fue  valorado parcialmente, situación que no condujo a  verificar  la legalidad de la evidencia recaudada, omitiéndose, en su criterio,  lo preceptuado en el artículo 200 de la Ley 906 de 2004.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada y de esta manera realizar un control constitucional con  el fin de proteger los derechos de su defendido.   

Tercer cargo  

Acusa  al Tribunal de cometer en el acto de  apreciación  un  error  de  hecho por falso raciocinio, en la medida en que las  pruebas  no  fueron  valoradas  en  su  conjunto, puesto que no se refirió a lo  dicho  por  su  defendido en el acto del juicio oral. Es decir, no se dieron las  razones     para     no     darle    credibilidad    a    sus    “alegatos”,  vulnerándose  el  debido  proceso.   

Dice  que  al  trámite  no  se vinculó al  señor   Castañeda,   persona   arrendataria   de   la  finca,  por  cuanto  la  responsabilidad  del  delito  de  receptación  estaría  en  su “cabeza;    supuesto    que    no    fue    desvirtuado    por    la  fiscalía…”.   

Luego  de  insistir  en  lo  anteriormente  expuesto,  dice que no comparte la afirmación del juzgador, según la cual, fue  una  excusa  del procesado decir que puso en conocimiento de las autoridades las  irregularidades  que  se  estaban  cometiendo  en  la  finca,  puesto que no era  posible  de  verificar  en  el  juicio  oral,  habida cuenta que su representado  señaló    el   nombre   del   uniformado   al   que   le   suministró   dicha  inquietud.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la sentencia impugnada y, en su lugar, absolver a su representado   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que  no  demostró la existencia del vicio y, menos, los conectó con  los  fines  que informan la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado  en la Ley 906 de 2004.   

En  efecto,  en  primer lugar, vale destacar  que   el  error  de  hecho consiste en la incongruencia entre la prueba que  existe  y  no  existe y la idea contraria del juez, esto es, subyace una actitud  frente  a  lo  descriptivo,  en  el sentido de que se transgrede la información  suministrada    por    la    prueba    o    se   finge   la   que   ella   pueda  suministrar.   

En  tales  condiciones, el error de hecho lo  generan tres falsos juicios, a saber:   

a)  Falso  juicio  de  existencia, según el  cual,  el  juzgador,  al  momento  de  valorar  conjunta  y mancomunadamente las  pruebas,  supone  una que no fue incorporada al juicio o excluye otra que si fue  recibida  en el acto público, que tenían la capacidad de probar circunstancias  que  eliminaban,  disminuían  o  modificaban  la  decisión  absolutoria  o  de  condena.   

b)  Falso juicio de identidad consistente en  que  el  juzgador en el acto de apreciación  de un determinado elemento de  juicio  le  hace  decir  lo  que ella objetivamente no reza, erigiéndose en una  tergiversación  o  distorsión  por  parte  del  contenido  material  del medio  probatorio,  bien  por  que  se  le coloca a decir lo que su texto no encierra u  haciéndole expresar lo que objetivamente no demuestra.   

c) Falso raciocinio, cuando el juzgador en el  acto  de  apreciación  de los medios de convicción se aparta de los postulados  que  informan la sana crítica, esto es, las leyes de la lógica, los principios  de la ciencia y las máximas de la experiencia.   

Ahora bien, en lo que atañe al primer  cargo, resulta fácil advertir que  la   libelista  postula  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  consistente  en  la  afirmación  respecto que su defendido era el morador de la  finca   basado   supuestamente   en  una  información  que  el  propio  acusado  suministró  al  SISBEN en el año 2004. Empero, en lo que podría entender como  la  demostración  de  la  censura,  en  vez  de demostrar en qué consistió la  tergiversación  del  contenido  material  de  la  prueba,  arremete  contra las  consideraciones  probatorias  de  los juzgadores que concluyeron que el inmueble  sí estaba bajo el dominio del acusado.   

En  efecto,   para  el  fallador fue un  hecho   cierto   e  indiscutible  que  había  “una  convivencia  así  fuera periódica del presunto arrendatario con el arrendador,  sí  revela  que CAICEDO BARACALDO estaba al tanto de las labores de desguace de  vehículos  que  allí  se  realizaban  y que había dado su consentimiento para  ello,  pues no de otra manera se explica que durante los meses del año 2007, en  que  se concretó la conducta desviada, ningún reparo formulara, dando muestras  de      aquiescencia     con     lo     que     allí     acontecía”.   

De  la  misma  manera  advirtió  que  si se  hubiese  arrendado parcialmente el predio desde el mes de mayo de 2007, de todos  modos  del  contrato  se  avizora  que  el  mismo  debía ser utilizado para las  labores  del  campo.  No  obstante, éste cuando fue objeto de inspección no se  “detectaron  cultivos  o pastajes de animales, sino  por  el  contrario,  un  terreno enmontado o cubierto de maleza propicio para el  ocultamiento  del  camión  hurtado  y  su  desguace,  como  al parecer de otros  automotores  no  individualizados,  algunas  de  cuyas  partes fueron detectadas  enterradas  bajo  una  piedras o en la maleza a no más de veinticinco metros de  distancia de la vivienda…”   

El juzgador sí apreció el dicho del acusado  referente  a  que había arrendado la finca; sin embargo, le dio una valoración  distinta a la que pretende la casacionista.   

Frente a esa discrepancia de criterios, surge  nuevamente   oportuno  destacar  que  la  simple  desarmonía  de  criterios  no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  a  menos  que  se advierta que se  vulneraron los postulados que informan la sana crítica.   

Así,  para los sentenciadores de instancia,  de  acuerdo  con  los  plurales  elementos de juicio que desfilaron en el juicio  oral  y  público, arribaron al grado de conocimiento de más allá de toda duda  razonable  en  cuanto  a  la  existencia  del  hecho  y  la  responsabilidad del  procesado.   

Por manera que los argumentos que presenta la  demandante  como  sustento de su denuncia se erigen en una apreciación personal  de  cómo  debieron  apreciarse  las  pruebas,  en  especial el testimonio de su  representado,  disparidad de criterios que no constituye como se dijo yerro para  ser atacado en sede de casación.   

En   lo   que   atañe   al   segundo  cargo que soporta la libelista en  un  presunto  error  de  hecho por falso juicio de existencia, advierte la Corte  que  equivocó  la  vía  para  demandar  la irregularidad del informe policivo,  puesto  que  plantea  que los militares contaron con 11 horas para informar a la  policía  y  que  los  uniformados  contaminaron  la  escena del crimen, sin que  tampoco   del   discurso   se   advierta   la   existencia   de   las   mentadas  irregularidades   y, menos, cómo de haber sido excluido el mentado informe  en  el  acto  de  apreciación necesariamente el fallo habría sido favorable al  procesado.   

En  síntesis  la censura la debió postular  por  la  vía  del  error  de  hecho  por  falso juicio de legalidad y no por el  denunciado error de hecho por falso juicio de existencia.   

De esa manera, en el campo de la logicidad y  debida  argumentación  en la presentación del reproche, la casacionista debió  dar  las  razones por las cuales el juzgado al momento de apreciar los medios de  prueba  omitió  una probanza y que ésta tenía la fuerza persuasiva suficiente  para   desvirtuar   los  juicios  de  responsabilidad  hecho  en  contra  de  su  representado.   

Y,     respecto    del    tercer  cargo que la libelista presenta por  la  vía  del  error de hecho por falso raciocinio, además que no indicó cuál  fue  la  ley  de  la  lógica,  el  principio de la ciencia y/o la máxima de la  experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue  y su incidencia con la parte  dispositiva   de   la   sentencia,   critica  la  orientación  dada  a  la  investigación  y  al  juicio  oral,  basada  en  las explicaciones dadas por el  propio   acusado   en   su   testimonio;   y  de  ahí  colegir  que  se  debió  “vincular  “  al señor  Antonio  José Castañeda, persona que fungía como arrendataria, y que su dicho  resulta  verificable  en  cuanto  a  que  informó  a  las  autoridades  de  las  actividades ilícitas que ocurrían en su predio.   

En otras palabras, sin informar cuál fue el  postulado  que  sustenta  la  sana   crítica  vulnerando  en  el  acto  de  apreciación   probatoria,   arremete  contra  el  juzgado  por  no  haber  dado  credibilidad  al  dicho  de  su  representado en el cual se mostraba ajeno a los  hechos por los cuales fue condenado.   

Entonces,  frente  a  esa  discrepancia  de  criterios,  surge  nuevamente  reiterar  que  el fallo impugnado llega esta sede  precedido  por la doble presunción de acierto y legalidad, es decir, los hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente  apreciados  y  el  derecho estrictamente  aplicado,  presunción  que  sólo  es  desvirtuable  a través de las estrictas  causales  de  casación  y  demostrando  el  vicio  y su incidencia con la parte  resolutiva de la sentencia.   

Por  manera  que ante la falta de claridad y  precisión  en la formulación de los tres cargos se impone la inadmisión de la  demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías   del   procesado   Luis  Antonio  Caicedo  Baracaldo,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Luis   Antonio   Caicedo  Baracaldo,   procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  artículo   186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar  que  como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  LUIS    ANTONIO    CAICEDO    BARACALDO,     por     las     razones     expuestas    en    la    anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados atrás por la Sala.   

.  

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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