31492(02-04-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31492   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 104.  

          Bogotá D.C., abril dos (2) de dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

          Procede  la  Sala  a  definir  la  competencia  para  conocer  de la  audiencia  de  formulación  de  cargos  dentro  del  proceso  seguido,  bajo el  régimen   de  la  Ley  975  de  2005,  en  contra  del  postulado  EUGENIO    JOSÉ    REYES   REGINO.    

HECHOS     Y  ANTECEDENTES   

          La  Fiscalía  11  de  la  Unidad  de Justicia y Paz de Barranquilla  solicitó  audiencia  de  formulación  de  cargos  en  contra  de  EUGENIO  JOSÉ  REYES  REGINO (conocido con  los  alias  de  Geño,  Orejitas,  Carlos Alberto o El  Flaco),  postulado  por  el  Gobierno  Nacional  a los  beneficios  de  la  Ley de Justicia y Paz en su calidad de miembro desmovilizado  del  bloque  “Héroes  de  los  Montes  de María”  de  las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), a quien  se  le  imputaron  18 actos presuntamente cometidos durante y con ocasión de su  pertenencia a dicho grupo armado al margen de la ley.   

          Asignado  el conocimiento de la audiencia a la Magistrada de Control  de  Garantías  de la misma ciudad, doctora Zoraida Anyul Chalela, mediante auto  del  25 de febrero de 2009, fijó como fecha para su celebración el 10 de marzo  del año en curso.      

          Instalado  el  acto,  la  funcionaria  declaró no tener competencia  para  tramitarla  bajo la consideración de que tal actuación es del resorte de  la  única  Sala  de  Conocimiento  de  Justicia  y  Paz en el país con sede en  Bogotá,  motivo por el cual, con fundamento en el artículo 54 de la Ley 906 de  2004,  dispuso el envío de la actuación a la Corte con el fin de que defina el  asunto.   

RAZONES PARA PROMOVER EL INCIDENTE  

          La  declaración  de  incompetencia  para  tramitar  la audiencia de  formulación  de acusación expresada por la mencionada Magistrada de Control de  Garantías   se   deriva   de  la  inaplicación,  por  vía  de  excepción  de  inconstitucionalidad,  del  numeral  6  del artículo 13; inciso 3 del artículo  18;  inciso 2 del artículo 19 y el último párrafo del artículo 22, de la Ley  975 de 2005.   

          Lo  anterior,  en  cuanto  considera  que  tales  disposiciones  son  contrarias   al  artículo  250,  numeral  4,  de  la  Constitución  Política,  reformado  por el artículo 2° del Acto Legislativo 03 del 2002, según el cual  la   competencia   para   tramitar   la  audiencia  de  formulación  de  cargos  corresponde,  de manera privativa e inequívoca, al juez de conocimiento y no al  de control de garantías.   

          En  tal  sentido,  estima  equivalente  o sinónimo de los términos  “acusación”  o “escrito de acusación” la expresión “formulación de  cargos”  a  que  refieren  las  disposiciones  inaplicadas,  pues  aceptar  su  distinción   implicaría  tanto         como  admitir  que  en  el  trámite de justicia y paz se llegare a proferir sentencia  sin  acusación  previa, situación improcedente, como así lo ha destacado esta  Sala  reiteradamente  y  que,  además,  va  en contravía de lo establecido por  instrumentos  internacionales tales como los artículos 11 de la Declaración de  Derechos  Humanos, 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 14 del  Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.   

          De  ahí  que,  aduce  la  Magistrada,  se  viola la Carta Política  cuando  las  normas inaplicadas de la Ley 975 de 2005 establecen la formulación  de  cargos  ante  el  funcionario  de  control  de  garantías  y  no ante el de  conocimiento   

                 De   igual   modo,  sostiene,  contemplar  una doble audiencia para la formulación de cargos -una ante el juez  de  control  de  garantías  y  luego  ante  la  Sala  de conocimiento-, resulta  dilatorio  del  procedimiento,  cuando conforme con la Constitución Política y  los  instrumentos  internacionales esta fase debe ser eficaz en aras de proteger  las garantías de los intervinientes.   

          Por  lo tanto, agrega, si la labor del juez de control de garantías  se  reduce  a  verificar  que  no  haya  vicios  de  consentimiento, así como a  comprobar  que  el imputado fue informado de las consecuencias de la aceptación  y  contó  con la debida asesoría profesional, resulta claro que ello puede ser  cumplido directamente por el juez colegiado de conocimiento.   

          Además,  añade,  consagrar  la formulación de cargos primero ante  el  magistrado  de  control  de  garantías y luego ante la sala de conocimiento  “trae  distorsiones  y genera una usurpación de las  funciones    del    primero   en   la   labor   constitucional   del   juez   de  conocimiento”.   

          Ello,  en  tanto que el primero de los funcionarios cumple funciones  limitadas  que  le  impiden,  a  diferencia  del  juez de conocimiento, precluir  conductas,  ejercer  control  material  sobre  la  calificación  jurídica para  corroborar   el   correcto  nomen  iuris  de  los  hechos  constitutivos de la infracción penal y decretar la  ruptura  de  la  unidad  procesal  en  los  eventos  de  aceptación  parcial de  cargos.   

          De  ese  modo,  para  la  funcionaria,  este  argumento  refuerza el  anterior  en  cuanto  a  que  la  formulación  de cargos ante el funcionario de  control    de    garantías   es   inconstitucional,   en   tanto   “está    de    más,    elonga   innecesariamente   el   trámite  judicial”,  motivo  por el cual, en pro de los fines  de  la  Ley  de  Justicia  y Paz, es recomendable que dicha audiencia se realice  directamente por el funcionario de conocimiento.   

          Considera,  así  mismo, que las normas acusadas también desconocen  el  derecho  a  la  igualdad contemplado en el artículo 13 de la Carta, pues se  fracciona  la audiencia de formulación de acusación en dos momentos y ante dos  autoridades    jurisdiccionales    diferentes,   creando   una   situación   de  diferenciación  negativa  frente  a los trámites adelantados por la Ley 906 de  2004.   

          Estaría  justificado  ese  paso  adicional creado por la Ley 975 de  2005,  añade,  si  dicha  medida  estuviera diseñada para favorecer a un grupo  determinado  de  personas en circunstancias de debilidad o desigualdad material,  como  las  víctimas  de  los  delitos  cometidos  durante  y con ocasión de la  pertenencia  del  desmovilizado a los grupos ilegales, pero con esta adición lo  que  se  hace es prolongar el sufrimiento de las personas que esperan una pronta  reparación  “sin  audiencias  que  sobran y con una  repuesta   estatal  eficaz  y  célere”.     

          En  consideración  a  lo  expuesto,  depreca asignar la competencia  para  adelantar  la  presente  audiencia  de formulación de cargos a la Sala de  conocimiento   de   Justicia   y   Paz   del  Tribunal  de  Bogotá.     

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         1.  La  Corte es competente para conocer de la presente definición  de  competencia,  pues tratándose de asuntos adelantados bajo el régimen de la  Ley  975  de  2005  preserva la calidad de superior funcional tanto de las Salas  Especializadas  de  Justicia y Paz como de los Magistrados que cumplen funciones  de  Control de Garantías, de conformidad con la interpretación integral de los  artículos  26 ibídem y 32,  numeral 4°, y 54 de la Ley 906 de 2004.   

         

         2.  En  relación con los argumentos expuestos por la Magistrada de  Control  de  Garantías  de  Barranquilla,  sobre  los  cuales  edifica  su  solicitud  de  asignar  la  competencia  para conocer de la  audiencia  de  formulación  de cargos directamente a la Sala de conocimiento de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal de Bogotá para lo cual acude a la excepción de  inconstitucionalidad  respecto  del  numeral  6  del  artículo 13; inciso 3 del  artículo  18;  inciso 2 del artículo 19 y el último párrafo del artículo 22  de  la  Ley  975  de  2005,  la  Corte  ya  tuvo  oportunidad de pronunciarse en  providencia       de      reciente      factura1,   precisándose   que   tal  solicitud,  elevada  a través de un escrito de contenido idéntico al que ahora  concita  la  atención,  resulta  improcedente, con fundamento en las siguientes  razones jurídicas:   

          En  primer  lugar,  destacó  la Sala que si bien el mecanismo de la  excepción  de  inconstitucionalidad, consagrado en el artículo 4° de la Carta  Política  resulta  viable  para  sustentar  su  propuesta,  en  tanto permite a  cualquier  juez inaplicar preceptos de inferior jerarquía en caso de hallar que  son  contrarios  a  los de la Carta Política, su utilización exige una sólida  carga argumentativa, pues:   

          “…la  utilización  de  la  excepción  sólo  procede  ante  la  presencia   de   unos   presupuestos   mínimos   al   punto   que  ‘el  quebranto  objetivo  de  la  norma  constitucional  sea  de  tal  forma  flagrante  o  manifiesto  que no permita la  mínima  interpretación  en  contrario  y,  por   ende,  no se requiera de  sofisticados           argumentos          para          sustentarla’2,   pues   si  ello  resultara  necesario  se  estaría  haciendo un juicio propio de la jurisdicción facultada  para  tal  tarea,  la  cual  no es otra que la jurisdicción constitucional como  autoridad  encargada  de  definir  por  vía general y con efectos erga omnes el  ajuste  de  un  precepto legal a la Constitución”3   

.  

          A  pesar  de  la extensión del escrito presentado por la Magistrada  de  Control  de  Garantías no dimana tal demostración, toda vez que ninguno de  los  argumentos  allí expuestos pone de relieve la contradicción ostensible de  las normas que pretende inaplicar con el texto constitucional.   

         

          En   segundo   lugar,  porque  para  sustentar  su  disertación  la  Magistrada  parte del error consistente en asimilar el proceso en transición de  justicia  y  paz  con  el  ordinario  de  la  Ley  906  de  2004,  sobre lo cual  la  Sala  ha  puntualizado  que:   

“…[e]n   el   ámbito   la   justicia  transicional  la  interpretación  de  las disposiciones legales no se satisface  con  los  criterios  interpretativos  convencionales,  sino  que se nutre de los  principios  y  valores  constitucionales  imbricados en Tratados Internacionales  que  propenden  por  debilitar  el conflicto en aras de alcanzar el derecho a la  paz,  pero  que  también busca enjuiciar y reparar las graves violaciones a los  derechos   humanos   y   al   derecho   internacional  humanitario  mediante  el  esclarecimiento       de      la      verdad”4.    

Por  lo mismo, en la decisión que se ocupó  de  resolver la propuesta elevada por la Magistrada de Control de Garantías, se  precisó:   

         

          “Al   respecto   resulta   oportuno   señalar   que  cuando  se  define  la  naturaleza,  objetivos  y fines  de  la  Ley de Justicia y Paz  indicando  que  consagra  una  política  criminal especial de  justicia  restaurativa,  no  está  diciendo  cosa distinta a que con ella se busca la solución pacífica al  conflicto  a  través  del relativo perdón, la reconciliación y la reparación  del  daño,  involucrando  a la víctima, al victimario y a la sociedad, como lo  impone  el  plexo normativo internacional, a saber: Los  tratados  sobre  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional Humanitario, Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos5,  Convención  Americana de Derechos Humanos6,  Convención  contra   la   tortura   y   otros   tratos   o   penas   crueles,   inhumanos  o  degradantes7,   Convención   Interamericana   para   prevenir  y  sancionar  la  tortura8,  La  Convención  Interamericana  sobre  desaparición  forzada de  personas9, La Convención para la prevención y la  sanción     del     delito     de     genocidio10,   El  Estatuto  de  la  Corte          Penal          Internacional11,       que       hacen  parte de la Carta Fundamental en virtud del Bloque de  Constitucionalidad,    sin    dejar    de   lado   la  jurisprudencia  interamericana  relativa  al  Derecho  a conocer la verdad, a la  justicia  y  a la reparación de las víctimas y a la no repetición, que por su  relevancia  como  fuente  de  derecho  internacional  indudablemente vinculan al  país  en  tanto constituyen autorizada interpretación de las prescripciones de  la     Convención     Americana     sobre    Derechos    Humanos”.   

Es  que,  agréguese,  tan  sólo  porque el  artículo  62  de  la  Ley  975  de  2005  contempla una remisión al Código de  Procedimiento  Penal “para todo lo no dispuesto en la  presente  ley”,  no  implica  que comparte todos los  presupuestos   del   proceso   adversarial   previsto   en   la   Ley   906   de  2004.   

Al  respecto, empiécese por señalar que la  Ley  de  Justicia  y  Paz  surgió  ante la necesidad de emprender un proceso de  reconciliación  nacional,  para  cuya  puesta  en  marcha era imprescindible el  acercamiento  de  los  múltiples  integrantes de grupos armados al margen de la  ley  que  operaban  en  el  país,  como  única  forma  de  obtener la paz y la  reconciliación  nacional,  lo  cual supone un origen diferente al de las demás  leyes   ordinarias,   incluyendo,  desde  luego,  la  Ley  906  de  2004,  cuyos  destinatarios,  además, son diferentes a los de la normatividad ordinaria, pues  mientras  que  ésta se dirige a todos los ciudadanos que eventualmente llegaren  a  cometer  conductas  delictivas,  aquella  apunta,  como ya se señaló, a las  personas que conforman tales estructuras delictivas.   

         En  el  ámbito  procesal,  como  se reseñara en la providencia que  definió  la  misma  solicitud, también se advierten diferencias marcadas entre  los  dos  sistemas.  Así, por ejemplo, la  Ley  de  Justicia y Paz, contrariamente al sistema concebido en la  Ley  906  de  2004, no responde a la naturaleza de un proceso de partes, por ser  consecuente  con  un  modelo  de  justicia  transicional, y por ello no se ciñe  ciegamente  a  los   lineamientos  del  modelo  de  enjuiciamiento criminal  adoptado  mediante el Acto Legislativo 03 de 2002, no obstante que la Ley 975 de  2005   y   el  Decreto  Reglamentario  4760  de  2005  consagran,   como   ya   se   dijo,   normas  de  integración,  pero  ello  circunscrito a suplir vacíos legales.   

Por otro lado, el modelo al cual adscribe la  Ley  906  de  2004  tiene  por eje el principio adversarial, conforme al cual el  fiscal  investiga,  acusa  y solicita condena, al cabo que la prueba se practica  en  presencia  del juez de conocimiento, garantizándose, en todos los casos, su  contradicción.   

A   diferencia   de   este   sistema   de  enjuiciamiento,  en  el  implantado  con  la Ley 975 de 2005 la actuación no se  sigue  a  instancias  del  fiscal,  sino  a  partir  de  la  manifestación  del  integrante  del  grupo  armado ilegal al momento de desmovilizarse de acogerse a  sus  beneficios  y  con  su  postulación por parte del Gobierno Nacional.    

En el plano probatorio también se advierten  diferencias  vertebrales  porque  la  Ley  975  está  diseñada para obtener la  confesión  voluntaria y libre del postulado, bajo la condición de que efectúe  un    relato    completo    y   veraz   de  todos  los  hechos delictivos en los  cuales  participó o de los  que    haya   tenido  conocimiento  durante  y  con  ocasión  de  su  pertenencia  al  grupo  armado al margen de la ley,   por   lo  tanto  la  discusión  se  concentra  a  establecer  si tal versión reúne    o    no    tales   condicionamientos   que   lo        hacen       acreedor  a  la  pena alternativa.   Por  su  lado,  como  ya se indicó, en la Ley 906, el  debate     probatorio  es ilimitado en cuanto a su  contenido,  en  donde  cada una de la partes presenta  los     medios    de    persuasión    con  los  cuales  pretende  demostrar su  teoría          del         caso.             

En    esa  misma  medida,  igualmente  varía  de  manera   sustancial el rol de la  fiscalía  dentro  del  proceso,  pues en el especial de justicia y paz su labor  principalmente  se  supedita  a  constatar  la  certeza  de  lo confesado por el  postulado,  al  cabo  que  en  el trámite ordinario está compelida a presentar  ante  el  juez  los medios de prueba de los cuales emerja la responsabilidad del  procesado más allá de toda duda razonable.   

          

          Sobre  este  mismo  punto debe hacerse especial énfasis en cuanto a  que  en  el  procedimiento especial de justicia y paz, diferente al modelo de la  Ley  906,  no  hay  inmediación  ni  controversia  de la prueba ante el juez de  conocimiento,  básicamente porque el interés de todos los intervinientes, aún  de  la  defensa, apunta hacia el mismo cometido de lograr los axiomas de verdad,  justicia  y  reparación,  que junto a la contribución para la obtención de la  paz  nacional  y  la  garantía  de no repetición, constituyen el fundamento de  concesión de la pena alternativa.   

          De  lo  anteriormente  expuesto se desprende, como así se concluyó  en la providencia del pasado 31 de marzo, que:   

          “…indiscutiblemente  se  trata de un proceso de características  sustancialmente  distintas  el  previsto  en  la  Ley  de  Justicia y Paz, no es  posible  equipararlo al sistema acusatorio implantado con el Acto Legislativo 03  de  2002  reformatorio  del  artículo  250  de  la  Constitución Política, de  donde   se  desprende que el argumento medular esbozado en la decisión del  10  de  marzo  del  año  en  curso  por  la  Magistrada  de Justicia y Paz para  declararse  sin  competencia  carece  de  sustento  jurídico  y  por  ende debe  desecharse”12.   

          En  tercer  orden,  se  tiene  que  la  consagración  de  la  doble  audiencia  con  la  intervención de distintas autoridades judiciales, obedece a  la  potestad  constitucional  de configuración del legislador para diseñar los  procedimientos,  sin  que  se  advierta  exceso  o extralimitación alguna en su  ejercicio,   atendida,   como   ya   se  preciso  con  antelación,  su  diversa  naturaleza.   

          Corolario   de   lo   expuesto   en   precedencia,  no  se  advierte  contrariedad  de  carácter  ostensible  y  evidente  entre  las  normas legales  inaplicadas  y  las  normas  constitucionales  referidas por la funcionaria para  sustentar  su  tesis  de  sustraerse  al   conocimiento  de la audiencia de  formulación de cargos.   

En consecuencia, se dispone que la Magistrada  de  Control  de  Garantías  de la ciudad de Barranquilla, doctora Zoraida Anyul  Chalela,  asuma  el  trámite  correspondiente a la audiencia de formulación de  acusación  de  EUGENIO JOSÉ REYES REGINO.   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en sala de  Casación Penal,   

RESUELVE:  

          1.-     DECLARAR     que   la   competente  para  conocer  de  la  formulación  de  cargos dentro del  proceso  que  se  surte  contra  EUGENIO  JOSÉ  REYES  REGINO  es  la  Magistrada de la Sala Especializada de  Justicia  y  Paz  con  función  de  Control  de  Garantías  de  la  ciudad  de  Barranquilla,  doctora  Zoraida  Anyul  Chalela,  de conformidad con las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

          2.-    REMITIR,   consecuentemente,   el  expediente a la mencionada funcionaria para los fines pertinentes.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

          Cúmplase,   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

         Permiso                                                                                Permiso   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

Permiso  

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE     LUIS     QUINTERO     MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  de   definición   de   competencia   de   fecha   marzo   31   de   2009,  rad.  31491.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Colisión Radicado 19517, 2 de  julio de 2002.   

3 Auto  de   definición   de   competencia   de   fecha   marzo   31   de   2009,  rad.  31491.   

4  Cfr. Auto de colisión de competencias  de  fecha  19  de  octubre de 2006, rad. 25831.  En el mismo sentido, autos  del  7  de  diciembre  de  2005 y 28 de septiembre de 2006, rads. 24549 y 25830.   

5  Adoptado  por  la  Asamblea  General  de  las  Naciones Unidas en 1966. Aprobado  mediante la Ley 74 de 1968.   

6  Suscrita  en  San José de costa Rica en noviembre de 1969. Aprobada mediante la  Ley 16 de 1972.   

7  Adoptada  por  la  Asamblea  General  de  las  Naciones Unidas en 1984, aprobada  mediante la Ley 70 de 1986.   

8  Adoptada  por  la  Asamblea  General  de  la OEA en Cartagena de Indias en 1985,  aprobada  mediante la Ley 406 de 1997, declarada exequible mediante la Sentencia  C-351 de 1998.   

9  Adoptada  por la Asamblea General de la OEA en Belém do Pará. Brasil, en 1994.  Aprobada  mediante  la  Ley 707 de 2001, revisada mediante la Sentencia C-580 de  2002.   

10  Adoptada  por  la  Asamblea General de las Naciones unidas en diciembre de 1948,  aprobada por Colombia mediante la Ley 28 de 1959.   

11  Adoptado  por  la  Conferencia Diplomática de plenipotenciarios de las Naciones  Unidas  el  17  de  junio  de  1998, aprobado mediante la Ley 742 de 2002,   revisada mediante la Sentencia C-578 de 2002.   

12  Ibídem.     

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