31407(25-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  31407   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 267.  

Bogotá  D.C., agosto veinticinco (25) de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

Una vez promovido sin éxito el mecanismo de  insistencia  por  parte del defensor de LORENA LISBETH  HERNÁNDEZ  SÁNCHEZ contra la providencia de esta Sala  adoptada  el 12 de mayo del año en curso, a través de la cual se inadmitió la  demanda  de  casación interpuesta en su nombre contra el fallo de segundo grado  dictado  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga el 7 de noviembre de 2008,  confirmatoria   de  la  dictada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad  el 16 de junio del referido año, por cuyo  medio  condenó  a  la referida ciudadana como autora penalmente responsable del  concurso  de  delitos  de tráfico de estupefacientes y concierto para delinquir  agravado,  procede  la Sala, conforme se decidió en el numeral segundo de dicha  providencia    inadmisoria,   a   pronunciarse   oficiosamente   “en  punto de verificar si en la imposición de la pena se incurrió  en       quebranto       del       principio       de      legalidad”.   

HECHOS  

A través de varias diligencias tendientes a  individualizar   a   los   integrantes   de   la  banda  ilegal  “Los      Capaburros”,     consiguió  establecerse  que  en  el  municipio de San Gil, aproximadamente desde el mes de  abril  de  2006  y hasta el 31 de enero de 2007, cerca de veinte personas, entre  ellas  LORENA LIZBETH HERNÁNDEZ SÁNCHEZ,  se  concertaron  para  comercializar  estupefacientes  desde  sus  residencias,  a donde concurrían los consumidores; en otras ocasiones prestaban  el   servicio   de   entrega   de  bazuco  a domicilio a través de motociclistas que conformaban el grupo de  trabajadores     del     establecimiento     conocido    como    “Domicilio Sangileño”.   

          A  instancia de la Fiscalía Seccional de la referida municipalidad,  el  Juez  Tercero  Promiscuo  Municipal  con  función  de control de garantías  impartió  las  correspondientes  órdenes  de  captura,  las cuales se hicieron  efectivas el 31 de enero de 2007.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada en la citada data, el  Juez  Segundo  Promiscuo  Municipal con función de control de garantías de San  Gil  declaró  la  legalidad  de  las  aprehensiones. En la misma oportunidad se  formuló  a  los  capturados imputación por el concurso de delitos de concierto  para  delinquir (numeral 2º del artículo 340 de la Ley 599 de 2000) y tráfico  de    estupefacientes    (numeral    2º    del   artículo   376   ejusdem)   a   la  cual  no  se  allanó  LORENA  HÉRNÁNDEZ,  y  a  petición  del  ente  acusador  les  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva  de carácter intramural, decisión confirmada en segunda  instancia   al   ser   impugnada   por   el   defensor   de   algunos   de   los  incriminados.   

          El  1º  de  marzo  siguiente  se  presentó escrito de acusación y  ulteriormente  en  la  audiencia de formulación de acusación varios procesados  se  allanaron a los cargos, salvo, entre otros, LORENA  LISBETH  HERNÁNDEZ,  motivo por el cual se dispuso la  correspondiente  ruptura  de  la  unidad procesal y se continuó con la fase del  juicio.  El  16  de  junio  de  2008  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga profirió sentencia por medio de la cual condenó  a  la  mencionada  ciudadana,  así  como  a  Euclides  Bayona    Rivera,    Leydy   Yurany   Moreno   Amado   y   Nini   Johana   Díaz  Chacón  a  la pena principal de ciento treinta y ocho  (138)  meses  de  prisión  y  multa  de  cuatro mil quinientos (4.500) salarios  mínimos  legales mensuales, como coautores penalmente responsables del concurso  de    delitos   de   concierto   para   delinquir   agravado   y   tráfico   de  estupefacientes.   

          En  la misma providencia condenó a Martha  Ramírez  Florez a ciento ocho (108) meses de prisión  y  multa  de  cuatro mil (4.000) salarios mínimos legales mensuales como autora  del delito de concierto para delinquir agravado.   

          También  condenó  a Jorge Eliecer Bayona  Rivera,  Fredy  Bayona  Rivera,  Abelardo  Bayona Rivera y María Eugenia Araque  Calderón  a  la  pena principal de ciento cincuenta y  seis  (156)  meses  de  prisión  y  multa de seis mil (6.000) salarios mínimos  legales,  como  coautores  del  concurso  de delitos de concierto para delinquir  agravado y tráfico de estupefacientes.   

Impuso  a los sentenciados la pena accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la libertad, y les negó tanto la  condena  de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva de  la intramural.   

Mediante fallo del 7 de noviembre de 2008 el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga confirmó la sentencia de condena al conocer  del recurso de apelación propuesto por la defensa.   

Contra   el   fallo   del   ad  quem el defensor interpuso recurso de  casación,  cuyo  libelo  fue  inadmitido  por  esta  Sala a través de auto del  pasado   12   de   mayo,   oportunidad  en  la  cual  se  dispuso  oficiosamente  “verificar  si  en  la  imposición  de  la pena se  vulneró  el  principio  de  legalidad,  puntualmente  en  cuanto  se refiere al  tránsito  de  las  leyes  733 de 2002 y 1121 de 2006, pues si bien se trata del  concierto  para  delinquir que corresponde a un delito de ejecución permanente,  se  aplicó  la  última  de las legislaciones mencionadas, la cual resulta más  gravosa         para        la        acusada1,  así  como  para los demás  condenados”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Para   comenzar  es  pertinente  señalar  que  como  el  motivo  de  constatación  en  este asunto se circunscribe a verificar si por tratarse de la  comisión  del delito de concierto para delinquir, el cual tiene el carácter de  permanente,  resultaba  o  no  viable  dosificar  la pena de conformidad con los  extremos  establecidos  en  la  Ley  1121  de  2006,  es  necesario precisar las  nociones  de  delito  permanente, instantáneo y continuado, para luego acometer  la solución del asunto propuesto.   

A  diferencia  del delito instantáneo en el  cual  la  consumación tiene lugar en un momento específico, esto es, cuando de  conformidad  con  la  teoría  de  la acción adoptada en el artículo 26 por el  legislador   del   2000   se   ejecuta   la  conducta  o  debió  realizarse  el  comportamiento  omitido,  en el delito permanente la consumación se prolonga en  el  tiempo hasta cuando cesa el atentado al bien jurídico objeto de tutela, sin  que corresponda a una realización del comportamiento por tramos.   

Para  la  comisión  de  este  punible  es  necesario  que  el  estado  dañoso  o  de  peligro, provenga de la conducta del  sujeto  activo  de  manera  continua,  es  decir,  que  no  se  agote en un solo  instante,  sino que prosiga durante determinado tiempo, y que la prórroga de la  situación  antijurídica se deba a la exclusiva conducta voluntaria del sujeto,  quien  persiste  en  ella  ininterrumpidamente  después  de la realización del  hecho que constituye el inicio del punible.   

Así,  por  ejemplo,  el delito de secuestro  inicia  cuando  la  víctima  es  arrebatada,  sustraída  o  retenida  por otra  persona,  y  culmina por razones materiales, cuando las autoridades consiguen su  liberación,  el  plagiario  desiste  de  continuar  en  su  acción, escapa del  control  del  secuestrador  o  fallece,  o  por  razones  jurídicas,  cuando se  clausura  la  fase  instructiva,  caso  en  el  cual,  el atentado a la libertad  personal  tiene  lugar  de  manera  constante y sin interrupción alguna durante  todo el tiempo.   

          El  delito  permanente  es  diferente del delito continuado, pues en  éste  hay  pluralidad  de  comportamientos similares que recaen sobre idéntico  bien  jurídico  tutelado,  del que por regla general es titular un mismo sujeto  pasivo,  pero  tales  acciones  se  articulan en virtud de la unidad de designio  criminal  o  unidad  de propósito del delincuente, lo cual permite advertir que  se  trata  de  una  segmentación de la acción, como ocurre en el conocido caso  del  cajero  de  una  entidad  bancaria que desea apropiarse de diez millones de  pesos,  pero  para  impedir  la  detección  del  faltante,  sustrae diariamente  cincuenta mil pesos durante doscientos días.   

          Es  claro  que  en el ejemplo citado, si la finalidad de cada una de  las  apropiaciones  es  diversa,  no  se configura un delito continuado, sino un  concurso   material   homogéneo   sucesivo  de  delitos  contra  el  patrimonio  económico,  situación  que  se verá reflejada en la dosificación de la pena,  pues  la  sanción más grave de uno de tales comportamientos será incrementada  hasta   en   otro   tanto,  mientras  que  tratándose  del  delito  continuado,  “se  impondrá  la  pena  correspondiente  al  tipo  respectivo   aumentada   en   una   tercera   parte”  (parágrafo del artículo 31 de la Ley 599 de 2000).   

Advertido   lo   anterior   se  tiene  que  LORENA     HERNÁNDEZ,  Euclides  Bayona  Rivera,  Leydy Yurany Moreno Amado,  Nini     Johana    Díaz    Chacón,    Jorge  Eliecer  Bayona Rivera, Fredy Bayona Rivera, Abelardo Bayona  Rivera   y  María  Eugenia  Araque  Calderón  fueron  acusados  y  condenados  por  el concurso de delitos de concierto para delinquir  agravado    y   tráfico   de   estupefacientes,   mientras   que   Martha  Ramírez  Florez sólo fue acusada  y condenada por la primera de las referidas conductas.   

En  punto  del  aspecto  temporal del delito  contra  la  seguridad  pública  se observa que la imputación fáctica ubica su  comisión  “aproximadamente desde el mes de abril de  2006  y hasta el 31 de enero de 2007”, época durante  la  cual  estuvieron  vigentes  las Leyes 733 de 2002 y 1121 de 2006, las cuales  entraron  a regir por disposición del legislador al ser publicadas, esto es, el  31  de  enero  de  2002  (Diario Oficial No. 44693) y el 30 de diciembre de 2006  (Diario Oficial No. 46497), respectivamente.   

          La  sanción  dispuesta  en  el  artículo 8º de la Ley 733 de 2002  para  el delito de concierto para delinquir con el propósito de “cometer   delitos   de   (…)   tráfico   de   drogas   tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas” era de  “prisión  de seis (6) a doce (12) años y multa de  dos  mil  (2.000)  hasta veinte mil (20.000) salarios mínimos legales mensuales  vigentes”.   

La   pena   establecida   para   el  mismo  comportamiento  en  el artículo 19 de la Ley 1121 de 2006 es de “prisión  de  ocho  (8)  a  dieciocho (18) años y multa de dos mil  setecientos   (2700)   hasta  treinta  mil  (30000)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes”.   

          Como  viene  de  verse  es claro que si una parte de la consumación  del  delito  de  concierto  para  delinquir  que  motivó  este averiguatorio se  desarrolló  en  vigencia de la Ley 733 de 2002 y otra bajo el imperio de la Ley  1121  de  2006, se impone establecer cuál de tales normas es aplicable en punto  de la dosificación de la pena.   

          En  tal  cometido  se  tiene  que  la  posición de la Sala sobre el  particular  no  ha sido pacífica, pues en ocasiones ha dicho que tratándose de  delitos  permanentes rige la nueva ley más gravosa, pero en otras oportunidades  ha  puntualizado  que  se aplica la normativa inicial más beneficiosa en virtud  del principio de favorabilidad.   

          Ejemplo  de  la  primera postura se observa en providencia del 26 de  septiembre  de  2002  (Rad.  11885),  reiterada en fallo del 20 de mayo de 2008.  (Rad. 23538) en la cual se expresó:   

“Es  clara  la  vigencia  del criterio rememorado por el ad quem, sobre la aplicación de la ley  cuando   los  delitos  son  de  ejecución  permanente,  en  la  medida  en  que  ‘continúan  perfeccionándose  en  tanto  el sujeto agente persista en mantener en el tiempo  las  circunstancias  que  permiten  estructurar  la  conducta  a la descripción  abstracta    que    de    ellos    ha    realizado   el   legislador’,  durante  cuya   ejecución,   eventualmente,   ‘pueden  ser  objeto  de  modificación  en  su quantum punitivo con  motivo      de      la     vigencia     de     leyes     posteriores’  (agosto  12  de  1993,  M. P. Edgar  Saavedra Rojas)”.   

“Si  bien,  la  acción  inicial  del  secuestro  se  ejecutó  el  6  de  diciembre de 1992, en  vigencia  del decreto 2266 de 1991, que convirtió en legislación permanente el  artículo  6°  del  decreto  2790  de 1990, no se puede desconocer que, dada su  naturaleza,  se renovó durante todo el tiempo que la  víctima  permaneció  en  cautiverio,  hasta  el 5 de abril de 1993”        (subrayas        fuera       de       texto).   

          A  su  vez,  en  sentido similar se dijo en fallo del 24 de junio de  2009 (Rad. 31401):   

“Por manera que  al  prolongarse  en  el  tiempo  la ejecución de las conductas por medio de las  cuales  se  mantenía  en  error  a la concesionaria Los Coches S.A. de modo que  alcanzaron  a  ser  cubiertas  por  un  precepto  penal  que  les  dispensó  un  tratamiento   más   riguroso,   ninguna  afrenta  se  proyecta  ni sobre la legalidad ni sobre la favorabilidad, pues la severidad del  nuevo   castigo,   que   ya  para  entonces  surgió  como  preexistente  a  los  comportamientos  que se siguieron realizando, no fue obstáculo para llevarlos a  cabo” (subrayas fuera de texto).   

         Muestra          de         la         segunda         postura  se verifica en el proveído del  30   de  marzo  de  2006  (Rad.  22813),  reiterada  en  auto  del  29  de  julio  de  2009 (Rad. 30166) y sentencia del 19 de agosto de  2009  (Rad.  31790), así como en fallos del 19 de agosto de 2009 (Rad. 28542) y  del 7 de octubre de 2009 (Rad. 32732).   

          En    la   primera   de   las   citadas   decisiones   señaló   la  Sala:   

“Si durante todo  el  tiempo  de  realización de la conducta, han transitado varias disposiciones  que   regulan   el   asunto  de  diversas  maneras,  se  debe  aplicar  la  más  favorable    [pues   los  artículos  29  de  la Constitución Política, 44 de la Ley 153 de 1887, 6° de  la  Ley  599  del  2000,  6°  de la Ley 599 600 del 2000, 9° de la Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos,  15.1  del  Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos]  se  refieren al principio de  favorabilidad  de  manera considerablemente generosa, vasta, por cuanto, como se  percibe  sin esfuerzo, de una parte, no limitan en ningún caso a la aplicación  de  una  u  otra  disposición.  Simplemente  es  seleccionada  aquella  que, de  cualquier  forma,  incrementa,  para bien, la situación del reo; y, de la otra,  porque  no  excluyen  de  su  contenido  ningún evento de benignidad, o sea, no  aluden  a  excepciones  a la benignidad, [razón por la  cual,  el inciso 2º del artículo 6º del Código Penal del 2000], dispone      que      ‘La   ley  permisiva  o  favorable,  aun  cuando  sea  posterior  se  aplicará,  sin excepción,  de  preferencia  a  la  restrictiva  o desfavorable. Ello también rige para los  condenados’”  (subrayas  fuera de texto).   

          Advertido  lo  anterior,  considera  la  Sala oportuno reexaminar el  tema  a fin de cumplir con una de las finalidades del recurso de casación, esto  es,  la unificación de la jurisprudencia (artículo 180 de la Ley 906 de 2004).   

En  dicha labor encuentra la Colegiatura que  tratándose  de  delitos  permanentes cuya comisión comenzó en vigencia de una  ley,  pero  que se postergó hasta el advenimiento de una legislación posterior  más  gravosa,  se  impone aplicar esta última normatividad, de acuerdo con las  siguientes razones:   

Primera,   no   tienen   ocurrencia   los  presupuestos  para  dar aplicación al principio de favorabilidad por vía de la  ultraactividad  de  la norma vigente para cuando inició el comportamiento, pues  dicho  principio  se  aplica cuando dos legislaciones en tránsito legislativo o  coexistentes  se  ocupan  de regular de manera diferente, entre otros casos, las  consecuencias  punitivas  de un mismo comportamiento determinado, de modo que se  acoge la sanción más beneficiosa para el procesado.   

          Siendo  ello  así,  palmario  resulta  que  no  opera el mencionado  principio  tratándose  de  delitos  permanentes, pues el tramo cometido bajo el  imperio  de  una  legislación benévola, no es el mismo acaecido en vigencia de  una  nueva  ley  más  gravosa,  en  cuanto difieren, por lo menos en el aspecto  temporal,  así  se  trate del mismo ámbito espacial, pues el tiempo durante el  cual  se  ha lesionado el bien jurídico objeto de protección penal en vigencia  de  la  nueva  legislación más severa, es ontológicamente diferente del lapso  de  quebranto  acaecido  bajo  el  imperio  de  la  anterior  normatividad  más  benévola.   

Segunda, si en materia de aplicación de las  normas   penales   en   el   tiempo   rigen   los   principios  de  legalidad  e  irretroactividad,  en virtud de los cuales, la ley gobierna los hechos cometidos  durante  su  vigencia,  es  claro  que  si  se  aplicara  la  norma inicial más  beneficiosa,  se dejaría impune, sin más, el aparte de la comisión del delito  que   se   desarrolló   bajo   la   égida   de   la  nueva  legislación  más  gravosa.   

          Tercera,  si  de acuerdo con el artículo 6º de la Carta Política,  las  personas  pueden realizar todo aquello que no se encuentre expresa, clara y  previamente  definido  como punible, es evidente que cuando acomodan su proceder  a  un  tipo  penal  sin  justificación atendible, se hacen acreedoras a la pena  dispuesta en el respectivo precepto.   

Cuarta,   obsérvese   que  si  a  quienes  comenzaron  el  delito  en  vigencia  de  la ley anterior se les aplicara la ley  benévola  de manera ultraactiva con posterioridad a su derogatoria, obtendrían  un  beneficio  indebido,  pues  si  otras personas cometieran el mismo delito en  vigencia  de  la nueva legislación se les impondría esa pena más grave, trato  desigual  que  impone  corregir  la inequidad, con mayor razón si en virtud del  principio  de  proporcionalidad  de  la pena, el delito cuya permanencia se haya  extendido  más  en  el tiempo debe tener una sanción superior a la derivada de  un punible de duración inferior.   

          Quinta,   si   uno   de   los   propósitos   de   la   lex  previa  se  orienta a cumplir con la  función  de  prevención  general  de la pena, en el entendido de que cuando el  legislador  dentro  de su libertad de configuración normativa eleva a delito un  determinado  comportamiento está enviando un mensaje a la sociedad para que las  personas  se  abstengan  de  cometer  tal  conducta, so pena de estar llamadas a  soportar  la sanción anunciada, no hay duda que el aumento de punibilidad de un  delito  como  producto  de la política criminal del Estado, supone para quienes  se  encuentran  en  tal predicamento dos posibilidades: Una, dejar de cometer la  conducta  antes  de  que  empiece  a regir la nueva punibilidad, v.g. liberar al  plagiado  en  el  delito  de  secuestro,  abandonar el alzamiento en armas en el  punible  de  rebelión,  o  dejar  el  grupo acordado para cometer delitos en el  ilícito  de  concierto  para delinquir, respondiendo únicamente de conformidad  con la pena establecida en le ley para tal momento vigente.   

La  otra,  continuar  con  la  comisión del  delito   permanente   dentro   de   su  autonomía  y  posibilidad  efectiva  de  determinación,  pero,  desde  luego, asumiendo los nuevos costos punitivos más  gravosos  dispuestos  por  el  legislador,  pues  no se aviene con una política  criminal  coherente  que  el incremento de penas para los delitos permanentes ya  iniciados  no  se  traduzca  efectivamente  en  su  imposición,  con lo cual se  estimularía  la  prolongación  en  el  tiempo  de tales comportamientos con la  correlativa  afrenta  persistente  para  el  bien  jurídico  objeto  de tutela.   

          A  manera  de  ejemplo  destáquese  que  si una persona tiene en su  poder  determinada  sustancia,  cuya  tenencia  a  partir de cierta fecha futura  será  punible  al  ser  incluida  como  precursora  para  el  procesamiento  de  estupefacientes,  esa  tenencia lícita inicial no la faculta para continuar con  la  sustancia  una vez entre en vigencia la prohibición, pues por el contrario,  está  llamada a deshacerse de tal producto para no incurrir en la comisión del  delito,  y  obviamente,  de  no proceder a ello, esa inicial licitud no tiene la  virtud  de  volver  también  lícita  la  fase  del  comportamiento  permanente  cometida  bajo  el  imperio  de  la  nueva  legislación,  y por tanto, se hará  acreedora a la condigna pena.   

En  este  sentido  ha  expuesto  la doctrina  nacional:   

Cuando   “la  acción  se  realiza  en  tiempo de diversas vigencias legales, no hay en verdad  razón  alguna,  ni  técnica ni humanitaria, para ultractivar una ley favorable  pese  a  que  el  agente  continuó  cometiendo el hecho bajo una nueva ley más  gravosa  para él, que tampoco bastó para intimidarlo  o   disuadirlo.   Tal  posición  equivale  a  dejar  impune  la  parte  del  hecho ejecutado bajo la nueva  ley,   solución   absolutamente   inequitativa  con  respecto  a  quienes hayan comenzado a realizar el hecho después de expirada la  vigencia     de     la    ley    anterior,    resultando    así    injustamente    favorecido    el    delincuente    que    más   ha  perseverado  en el mantenimiento o la reiteración de  la    consumación”2    (subrayas    fuera    de  texto).   

          También   el   profesor   Clauss   Roxín   ha   dicho   sobre   el  particular:   

“En  el caso de  los  delitos permanentes puede ocurrir que se modifique la ley durante el tiempo  de  su  comisión,  p.  ej.  que  se  agrave la pena para determinadas formas de  detención  ilegal durante el transcurso de una detención ilegal prolongada; en  tal  caso  se aplicará la ley que esté vigente en el  momento   de   terminación  del  hecho”3   (subrayas  fuera de texto).   

Sexta, la mencionada interpretación respecto  de  la  sanción  en  los  delitos  permanentes  cometidos  en  vigencia  de dos  legislaciones  es  acogida  en  el  derecho comparado. Así, el Tribunal Supremo  español  en  sentencia  de  casación del 14 de noviembre de 2000. (Rad. 1741),  señaló:   

“3.–La   integración  en  banda  armada  constituye  una  categoría  de  delitos  de  los  que se denominan permanentes,  en los que se mantiene una  situación  de  antijuridicidad  a  lo largo de todo el tiempo en el que, por la  voluntad  del autor, se renueva continuamente la acción típica. En estos casos  existe  una modalidad de consumación ininterrumpida, hasta que el sujeto activo  decide  abandonar el espacio antijurídico al que estaba dando vida, manteniendo  persistentemente  la  renovación  de  la  conducta  antijurídica.  Los delitos  permanentes  tienen,  como  es lógico, una continuidad en el tiempo, por lo que  no  es  extraño  que,  como sucede en el caso presente, el espacio temporal que  abarca  la  totalidad  de la acción, se desarrolle en el ámbito de vigencia de  diferentes  legislaciones,  cronológicamente sucesivas, por lo que es necesario  optar  por  una u otra en función del momento consumativo. Como se ha dicho, la  consumación  termina  en  el momento en que el sujeto activo decide poner fin a  la  situación  antijurídica,  abandonando  la  banda armada, como sucede en el  caso  presente. Ello nos sitúa en una fase en la que,  ya  estaba  vigente  el  nuevo  Código  Penal, por lo que el tramo de conductas  realizado  a  partir  de su vigencia atrae hacia sí las consecuencias punitivas  derivadas  de la aplicación de sus previsiones, sin que sea posible descomponer  la  figura  delictiva en dos tramos diferenciados, a los que le sería aplicable  los  diversos  Códigos  vigentes durante todo el espacio temporal que ha durado  la  situación  de  permanencia  delictiva” (subrayas  fuera de texto).   

Más recientemente reiteró el mismo Tribunal  en  sentencia de casación del 22 de mayo de 2009 (Rad. 480) respecto del delito  de   pertenencia   o   integración   de   una   banda  armada  u  organización  terrorista:   

“En   el  delito  permanente  la realización de la conducta típica se  prolonga  en el tiempo más allá de la inicial consumación, manteniéndose por  voluntad  del  sujeto activo la lesión del bien jurídico. En su estructura, la  conducta  típica  persiste  en  una  fase consumativa más allá de esa inicial  consumación.  Por  ello  en  el  ámbito  de aplicación de la Ley en el tiempo  tiene   importancia  la  naturaleza  permanente  del  delito  pues  en  caso  de  modificación  de  la  Ley en el periodo consumativo, cabe plantearse cual será  la  aplicable.  La  STS. 21.12.90 (RJ 1990, 9871) resuelve la cuestión en estos  términos:  ‘tratándose  de  delitos  permanentes,  se están cometiendo o perpetrando a lo largo de toda  la  dinámica  comisiva,  si  durante  ese  periodo de infracción sostenida del  ordenamiento  penal,  y  antes  del  cese  de  los  efectos antijurídicos de la  infracción,  entra  en  vigor  una  norma penal más  rigurosa,   ésta   será   aplicable   a   esa   porfiada  conducta,   sin   que   ello  suponga  retroactividad  alguna  ‘ad     malam    partem’.  En  similar sentido SSTS. 532/2003  de  19.5  (  RJ  2003, 4454) , 918/2004 de 16.7 (RJ 2004, 5127) y 31.5.2006 ( RJ  2007,  1676). En efecto si nos hallamos ante un delito permanente, que tiene una  continuidad  en  el  tiempo  como  situación  que se adquiere, se mantiene y se  consolida   en  el  ejercicio  constante,  no  puede  efectuarse  separación  o  división  temporal alguna en relación a la actividad  delictiva,  y  por  lo  tanto  el espacio temporal que  abarca  la totalidad de la acción puede desarrollarse en el ámbito de vigencia  de  diferentes  y cronológicamente sucesivas legislaciones, por lo que si parte  de  los  hechos acaeciera cuando ya esta vigente el Código Penal de 1995, atrae  hacia  sí  las  consecuencias  punitivas  derivadas  de  la  aplicación de sus  previsiones,  sin  que  sea  posible  descomponer  la  figura  delictiva en dos tramos diferenciados, a los que le sería aplicable los  distintos  Códigos  vigentes  durante todo el espacio temporal que ha durado la  situación  de  permanencia delictiva, pues desde luego, tal solución llevaría  a  la  consideración  de dos delitos diferenciados, lo que supone una solución  más  perjudicial para el recurrente. En definitiva la  especial  naturaleza de los hechos que se someten a nuestro análisis, nos lleva  a  considerar  ajustada  a derecho la solución dada por la Sala de instancia al  aplicar  el Código Penal de 1995” (subrayas fuera de  texto).   

          Por  su  parte el Tribunal Constitucional de Perú, en sentencia del  18 de marzo de 2004, expediente 2488-2002 señaló:   

“(…)  en  los  delitos  permanentes,  pueden  surgir  nuevas  normas  penales, que serán   aplicables   a   quienes   en   ese  momento  ejecuten  el  delito,   sin   que   ello   signifique  aplicación  retroactiva  de  la  ley  penal”  (subrayas fuera de  texto).   

          La  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos respecto del delito  permanente  de  desaparición  forzada  de  personas señaló en fallo del 26 de  noviembre  de  2008  en  el caso Tiu Tojin contra Guatemala:   

“Por tratarse de  un   delito   de  ejecución  permanente,  es  decir, cuya consumación se prolonga en el tiempo, al entrar  en  vigor la tipificación del delito de desaparición forzada de personas en el  derecho  penal  interno,  si  se mantiene la conducta  delictiva,       la       nueva      ley      resulta      aplicable”.   

En  sentido  similar  dijo la misma Corte en  fallo  del 23 de noviembre de 2009, en el caso Rosendo  Radilla     Pacheco     contra    Estados    Unidos  Mexicanos:   

“El  Tribunal  reitera,  como  lo  ha hecho en otros casos, que por tratarse de un delito   de  ejecución  permanente,  al  entrar  en  vigor  la  tipificación  del  delito  de  desaparición  forzada de  personas  en el Estado, la nueva ley resulta aplicable  por  mantenerse en ejecución la conducta delictiva, sin que ello represente una  aplicación retroactiva”.   

“(…)   Al  respecto,  cabe reiterar que por tratarse de un crimen de ejecución permanente,  es  decir,  cuya consumación se prolonga en el tiempo, al entrar en vigor en el  derecho  penal  interno,  si  se mantiene la conducta  delictiva,  la nueva ley resulta aplicable” (subrayas  fuera de texto).   

          Impera   resaltar   que   si  la  nueva  ley  se  aplica  cuando  el  comportamiento  no  era  considerado antes de su vigencia como delito, con mayor  razón  habrá  que  hacerlo  cuando  en  la  legislación  anterior  tenía  el  carácter de punible, pero su sanción era menor.   

          De  conformidad  con  lo expuesto, concluye la Sala en primer lugar,  que  cuando  se  trata  de  delitos permanentes iniciados en vigencia de una ley  benévola  pero  que continúa cometiéndose bajo la égida de una ley posterior  más  gravosa,  es  ésta última la normativa aplicable, pues en tal caso no se  dan  los  presupuestos para acoger el principio de favorabilidad, sino que opera  la  regla  general,  esto  es,  la ley rige para los hechos cometidos durante su  vigencia.   

          En  segundo  término,  si  la  situación  es  inversa, esto es, el  delito  permanente  comienza  bajo  la  vigencia  de  una ley más gravosa, pero  posteriormente  entra  a  regir  una  legislación  más  benévola, también se  aplicará  la nueva ley conforme con la anunciada regla, en cuanto expresión de  la política criminal del Estado.   

En  tercer  lugar, que asistió razón a los  falladores  para  dosificar  la  pena  derivada  del  delito  de  concierto para  delinquir  con  el propósito de “cometer delitos de  (…)    tráfico    de    drogas   tóxicas,   estupefacientes   o   sustancias  sicotrópicas” a partir de los parámetros punitivos  establecidos  en la Ley 1121 de 2006, y no con base en la punibilidad reglada en  la  Ley  733  de 2002, de manera que se preservó el principio de legalidad y en  razón de ello, no hay lugar a la casación del fallo.   

En  mérito  de  lo  expuesto, la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

   Impedido  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cfr.  Sentencia del 7 de octubre de 2009. Rad. 32732.   

2  Fernández  Carrasquilla  Juan.  Derecho  Penal  Fundamental.  Volumen I. Temis.  Bogotá. 1986. pgs 127 y 128.   

3  Derecho   penal.   Parte   general.   Tomo   I.   Civitas.   Madrid.  1997.  pg.  162.     

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