31183(14-04-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31183  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

                 Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                     Aprobado Acta No. 110.   

Bogotá,  D.C.,  catorce de abril de dos mil  nueve.   

V    I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  HERNÁN  ALONSO  OSORIO  MEJÍA  contra  el fallo de segundo grado de fecha 2 de  septiembre  de 2008, por cuyo medio el Tribunal Superior de Medellín, confirmó  la  sentencia  proferida  el  30  de  agosto de 2007, por el Juzgado Veinticinco  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, que condenó al mencionado procesado a  las  penas principales de 8 años de prisión y multa de 1.000 salarios mínimos  legales  mensuales,  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por lapso igual a la pena principal, como autor  del  delito  previsto  en  el  artículo  376,  inciso  1º  de  la  Ley  599 de  2000.   

ANTECEDENTES   

De  manera  acertada,  los  hechos objeto de  juzgamiento  fueron  reseñados  así  en  la  sentencia  de  segunda instancia:   

“Atendiendo  información  anónima  que  revelaba  el  almacenamiento  de  estupefacientes en la residencia ubicada en la  calle  19B  No. 81B-105 de esta ciudad, agentes de policía judicial solicitaron  a  la Fiscalía orden de allanamiento para su verificación, la que obtuvieron y  fue  así  como  a  las  19:00  horas  del  mismo  día  18 de julio de 2005, se  registró  dicho  inmueble  hallando  en la habitación de Hernán Alonso Osorio  Mejía,  una  bolsa  contentiva  de  34  cápsulas de sustancia, que sometida al  experticio  de  rigor arrojó resultado positivo para heroína, con un peso neto  de  205  gramos.  Para  ese  momento  el  señor  Osorio  Mejía  se  encontraba  hospitalizado   por  una  intoxicación  con  sustancias  psicoactivas”.    

Con  base  en los resultados obtenidos de la  diligencia  de  allanamiento  y registro, la Fiscalía ordenó la apertura de la  investigación,  vinculando mediante indagatoria a HERNÁN ALONSO OSORIO MEJÍA,  a  quien  le  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de  detención  preventiva,  bajo  la  sindicación  de  ser  autor  del  delito  de  tráfico,             fabricación             o             porte            de  estupefacientes.        

Fenecido  el  término instructivo, mediante  resolución  del  30  de  marzo  de  2006  se  calificó el mérito del sumario,  acusando  a  OSORIO  MEJÍA  como  autor  del delito de tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes,  de  acuerdo  con  la  tipificación contenida en el  artículo 376, inciso 1º, del Código Penal.   

El   conocimiento   del   juicio   estuvo  inicialmente  a  cargo  del  Juzgado 18 Penal del Circuito de Medellín, que fue  incorporado  como  de  conocimiento  al  sistema penal acusatorio, razón por la  cual  el  expediente  se  remitió  al Juzgado 25 Penal del Circuito de la misma  ciudad,  despacho  que  luego  de los trámites pertinentes evacuó la audiencia  pública  de  juzgamiento,  al  cabo  de  la cual dictó la sentencia de primera  instancia  el  30 de agosto de 2007, condenando a HERNÁN ALONSO OSORIO MEJÍA a  las  penas  antes reseñadas, decisión que fue impugnada por el defensor siendo  confirmada  en  su  integridad  en  el  fallo  que  es  ahora objeto del recurso  extraordinario de casación.   

    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

     

El  defensor de HERNÁN ALONSO OSORIO MEJÍA  formula  un  único cargo al amparo de la causal primera del artículo 207 de la  Ley  600  de 2000, alegando que el fallador incurrió en un error de derecho por  falso   juicio   de   legalidad,  vicio  que  recayó  sobre  la  diligencia  de  allanamiento y registro practicada en el domicilio del procesado.   

Como  normas  violadas cita, por aplicación  indebida,  el  artículo  376  del Código Penal y, por falta de aplicación, el  artículo 29 de la Carta Política.   

En  orden a fundamentar el cargo presenta en  primer   lugar    algunos   fundamentos  teóricos,  que  divide  bajo  los  siguientes enunciados:   

a)  “La orden de  allanamiento   es   una  norma  jurídica  vinculante  en  el  procedimiento  de  allanamiento”.   

Bajo  el anterior enunciado, sostiene que la  “orden  de allanamiento”  es  el nivel más concreto de normas aplicables al caso, la cual debe respetarse  y  cumplirse  por  los ejecutores del procedimiento para garantizar la legalidad  del procedimiento.   

b)”La existencia  de  una  orden  legítima  de  allanamiento a un inmueble no justifica cualquier  procedimiento      de      allanamiento      a      ese     inmueble”.   

Sostiene que quienes ejecutan el allanamiento  no  pueden  proceder  de  cualquier  forma  so pretexto de que se cuenta con una  orden,   pues   ésta  se  entiende  expedida  en  un  marco  de  legitimidad  y  proporcionalidad   que   deben   respetar  las  autoridades  al  momento  de  su  ejecución.   

c) “La autoridad  encargada  de  llevar  a  cabo  el  allanamiento  descrito en una orden judicial  expedida   para   tal  efecto  cuenta  con  cierto  margen  de  discrecionalidad  –que  no  arbitrariedad-  para ejecutarlo”.   

Reconoce  que la autoridad encargada de un  operativo  de  allanamiento goza de prudente juicio acerca de la forma de llevar  a  cabo  la  diligencia,  por  lo  que  en  ciertas ocasiones, puede, según las  circunstancias,  “ejecutar  actos  que  no  se  avengan  estrictamente  con lo  ordenado”,   siempre  y  cuando  tales  acciones  estén  justificadas  en  la  necesidad  de  evitar  la  ocurrencia  de  hechos  que  afecten  los fines de la  diligencia,   como   cuando  se  pretende  evitar  la  fuga  de  personas  o  la  destrucción de evidencia.   

A continuación, aborda el censor el estudio  del   caso   concreto,   en   el   que  dice,  se  evidenciaron  los  siguientes  aspectos:   

i)  La  orden  de  allanamiento  aquí  proferida,  condicionó  el  ingreso  a  la inexistencia de  permiso  voluntario para registrar el inmueble. Esta condición, impuesta por el  Fiscal  177  Seccional  de  Medellín,  es  una norma jurídica vinculante en el  procedimiento de allanamiento.   

ii) El coordinador  del  allanamiento  requirió  y  obtuvo  el  permiso  del  morador  para  que la  autoridad  penetrara  por  la  puerta  de ingreso al inmueble. Así consta en el  acta  de  la diligencia; en el informe rendido por el coordinador del operativo;  en  la declaración del único morador presente en el inmueble, señor Francisco  Hernán  Osorio;  y  en la declaración jurada del coordinador del allanamiento,  Fabio Henao Aya.   

iii) No   obstante,   la   autoridad   pública   ingresó   al  inmueble  subrepticiamente  y  de  facto  antes de que el morador diera su consentimiento.  Tal   hecho,   dice,  aparece  acreditado  en  el  expediente  a  partir  de  la  declaración  de  Javier Colorado, funcionario que participó en el registro del  inmueble, según la trascripción que trae de su declaración.   

iv)   En   las  circunstancias   del   caso  concreto,  bajo  la  doctrina  del  “prudente  juicio”,  desarrollada por la  Corte  en  la  sentencia  del 3 de diciembre de 2003, no existía justificación  razonable  para  ingresar  al inmueble subrepticiamente por el balcón, antes de  obtener  el  consentimiento,  ya  que  no  se  conocía dato objetivo alguno que  permitiera  inferir  razonablemente  que  se requería de una acción sorpresiva  para contrarrestar otra equivalente.   

En este punto, agrega, debe considerarse que  la  información  que  sirvió  de  base  para  solicitar  el allanamiento, hizo  alusión  a la conservación de una sustancia estupefaciente y a la presencia de  una  persona  intoxicada  en  el  inmueble,  quien  resultó  ser  el procesado,  recluido  en  un  hospital  por  esa causa. Además, la vigilancia previa que se  venía  ejerciendo  en  el lugar permitió conocer que el mismo era habitado por  ancianos,  y  el morador atendió la solicitud de permiso para ingresar, aspecto  en  el  cual  debe  darse  pleno  crédito  al  jefe  del  operativo Fabio Henao  Haya.   

v) Para sujetarse a  la   legalidad,  la  autoridad  debió  cumplir  estrictamente  las  condiciones  impuestas  en la orden de allanamiento y registro expedida previamente, y en ese  caso,  solicitar,  como  lo hicieron, el consentimiento del anciano morador para  ingresar al inmueble, absteniéndose de ingresar subrepticiamente.   

Bajo  esas  premisas,  sostiene que el si el  fallador  hubiese  admitido  que  la  existencia de una orden de allanamiento no  justifica  por  sí  sola  la  legalidad  del  procedimiento  posterior, habría  concluido  que  el  allanamiento  fue  irregular  por  cuanto  la  autoridad  se  introdujo  subrepticiamente en el inmueble antes de que el morador materializara  su  consentimiento  abriendo  la  puerta  del  inmueble,  como en efecto lo hizo  cuando se lo solicitaron.   

Por  lo tanto, agrega, el Tribunal ha debido  reconocer  que  se  desconocieron  los  términos  propios  de la orden misma de  allanamiento  y  que  en el caso concreto no se acreditó el prudente juicio del  jefe del operativo para justificar el ingreso subrepticio.   

De haberse procedido de esa manera, dice, la  sentencia  habría  sido de carácter absolutorio por atipicidad de la conducta,  por  afectación de la única prueba de la materialidad del delito, porque en el  caso no se acredita la excepción de descubrimiento inevitable.   

En  orden  a  fundamentar el último aserto,  apoyándose  en  la  sentencia  de  la  Corte Constitucional SU-159 de 2002 y el  concepto  del  tratadista  Ernesto  Chiesa  Aponte,  afirma  que la doctrina del  descubrimiento  inevitable,  es  en  realidad  una  aplicación  o  especie  de  la  doctrina  de  la  fuente  independiente,  pues  el otro medio que permitiría el hallazgo “inevitable”  de  la  prueba tiene una fuente u origen distinto al del medio ilegal con el que  se   encontró   la   prueba.   Se  trata,  agrega,  de  dos  medios  o  fuentes  independientes.   

          En  este  caso, señala, tanto el medio lícito a disposición de la  autoridad  para  obtener  la prueba (ingreso con el consentimiento del morador),  como  el  medio  ilícito  utilizado  en  concreto  (ingreso  subrepticio por el  balcón),  conformaban  una  sola  y  única  fuente,  a saber, la diligencia de  allanamiento  a  cargo de la misma autoridad, en un mismo espacio-tiempo. Por lo  tanto,  reitera,  no  hubo  una  fuente  independiente  por  la  cual se hubiese  descubierto la sustancia estupefaciente.   

          De  otro  lado, enfatiza, no existió convalidación del error, pues  en  las  distintas etapas procesales la defensa viene alegando que la diligencia  de   allanamiento   y   registro   es  ilegal,  así  como  los  “frutos”     encontrados     en    la  diligencia.   

          Frente   a   la  trascendencia  del  error,  manifiesta  que  si  el  allanamiento  y  registro  es  ilegal,  también lo son las pruebas derivadas de  él,  como la diligencia de identificación y pesaje de la sustancia. Por tanto,  insiste,  ante  la  inexistencia  de prueba demostrativa del delito, el fallo ha  debido ser absolutorio.     

          Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  el  fallo impugnado y en su  lugar,  en  reconocimiento  del  principio positivo de exclusión probatoria, se  dicte    sentencia    absolutoria    a    favor   de   HERNÁN   ALONSO   OSORIO  MEJÍA.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  Sala  ha  de  rechazar la demanda que se estudia, tras observar,  objetivamente,  que  la queja del censor no pone en evidencia la vulneración de  garantía fundamental alguna.   

          En  efecto,  la diligencia de allanamiento y registro llevada a cabo  por  funcionarios  del D.A.S. en el inmueble ubicado en la calle 19B No. 81B-105  de  la  ciudad  de  Medellín,  cuya  legalidad  se  cuestiona  en el libelo, se  cumplió  con  fundamento en las formalidades establecidas en los artículos 294  y  296  del  Estatuto  Procesal Penal que rigió el caso (Ley 600 de 2000), pues  como  se  afirma  en  la  sentencia de primera instancia, que conforma con la de  segunda  una  unidad  inescindible, después de haberse obtenido información en  el  sentido  de  que  en  dicho lugar se almacenaban alcaloides, los mencionados  funcionarios  solicitaron  y  obtuvieron del Fiscal Seccional de turno, orden de  allanamiento  y  registro,  en cuyo ejecución entraron al inmueble, hallando en  su  interior  la  sustancia  estupefaciente que propició la judicialización de  HERNÁN  ALONSO  OSORIO MEJÍA, aspectos estos que no admiten discusión, ni son  objeto de controversia por parte del  casacionista.   

La  inconformidad  del  demandante  guarda  relación   con  el  procedimiento  observado  en  el  desarrollo  mismo  de  la  diligencia,  porque  considera  ilegal  que,  atendidas  las circunstancias, las  autoridades              hayan             penetrado             “subrepticiamente”  al  lugar, cuando al  mismo  tiempo  obtuvieron  el  consentimiento del único morador, lo cual, dice,  desbordó  las  atribuciones  conferidas  en  la  orden  misma,  porque allí se  condicionó  el  ingreso  a la inexistencia de permiso voluntario para registrar  el inmueble.   

Esa  misma  alegación  fue  expuesta  con  insistencia   ante   los   falladores  de  instancia,  recibiendo  una  adecuada  respuesta,  a la que se opone ahora el demandante sin acreditar la trascendencia  que  pudo  tener  en las garantías fundamentales el procedimiento observado. En  efecto,  sobre  la  diligencia  de  allanamiento,  en  la  sentencia  de primera  instancia se reseñó que:   

“…agentes   del   DAS  en  asocio  del  representante  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  para  la data de la  ocurrencia,  el  Fiscal  177  Delegado,  acudieron  al  inmueble  referenciado e  ingresaron  al  mismo.  Ahora  bien,  el  hecho  que unos hayan ingresado por el  mirador  de  la  casa  mientras  el  resto  del  personal esperaba que el señor  FRANCISCO  HERNÁN  OSORIO  CASTAÑO, padre del hoy procesado abriera la puerta,  no  da  al  traste  con  la legalidad del allanamiento, pues, esto no constituye  irregularidad,  no  es  un  atropello  como  lo  destaca  con  ahínco el señor  defensor,  sino  que  puede asimilarse con una estrategia policial para asegurar  el  éxito  del  operativo,  ya  que  nada  del garantizaba a los policiales que  mientras  se  les  permitiera  el ingreso por la puerta principal, los moradores  desaparecieran  los  elementos  buscados,  en  este caso, la droga alucinógena;  además, para evitar posibles fugas de personas involucradas”.   

“(…)  

“Y  es  que cuando se pretende efectuar un  allanamiento  no  es obligación de los miembros de la policía tocar primero la  puerta  y esperar a que se les abra, no, la orden faculta el ingreso al inmueble  aún  contra  la  voluntad  de  sus  moradores, además en el caso que nos ocupa  intervino  el  Fiscal  177  Seccional,  quien estuvo presente durante el aludido  registro  y como funcionario judicial es garante de su legalidad”.     

Si el allanamiento es la forma legal mediante  la  cual  la  autoridad  pública  penetra  a  lugares  que gozan de protección  jurídica,  contra  la  voluntad  de  sus  moradores,  con  el  fin  de producir  determinados  resultados, entre otros, la captura de alguna persona, el decomiso  de  una  cosa,  el  registro de un bien, la obtención de pruebas, el control de  una  perturbación,  etc., es claro que la orden judicial que para tales efectos  se  expida  con  las formalidades debidas, no puede, de antemano, condicionar la  utilización   de   la  violencia  connatural  a  la  diligencia  que  en  tales  circunstancias  ha sido dispuesta en forma legal, ya que ello dependerá siempre  de  las  circunstancias  específicas  a  las  que deba enfrentarse la autoridad  ejecutora,  las  cuales  no puede prever anticipadamente el funcionario judicial  al momento de autorizar el operativo.    

          Precisamente,   sobre   el  punto  se  pronunció  la  Sala  en  los  siguientes                 términos1:   

“En  la  lucha  contra la criminalidad, la  evaluación  de  este tipo de exigencias (requerimiento previo, anuncio mediante  la  utilización   de golpes a puerta, timbres o altoparlantes) corresponde  finalmente al prudente juicio del jefe del operativo.   

“Lo contrario sería desconocer la realidad  a  la  cual  deben  enfrentarse  ordinariamente  los servidores encargados de la  práctica  de este tipo de situaciones, donde la especialización y capacidad de  reacción de los grupos criminales constituye la nota predominante.   

“Exigir a la autoridad, por ejemplo, que en  diligencias  donde  se  pretenda  el  rescate  de  personas  secuestradas  o  la  incautación  de  estupefacientes  y  en  las  cuales  de  antemano se prevé la  posibilidad  de la muerte del plagiado o el vaciado de la sustancia a través de  conductos  sanitarios,  la  obligación  de   anunciarse  o  requerir a los  ocupantes   para   que   permitan   el  ingreso  al  inmueble,  resulta  de  una  desproporción  mayúscula.  En  tales  eventos  cuenta indudablemente el factor  sorpresa,  por  lo  que  en  últimas corresponderá al prudente juicio de quien  dirige  el  operativo  evaluar  en  cada  caso  las circunstancias que rodean su  realización  en orden a la adopción de medidas oportunas y eficaces tendientes  al éxito del mismo”.   

Para que el allanamiento y los resultados que  de  allí  se derivan se vean afectados de invalidez, es indispensable que se de  una  causa  sobre  aquél  o  estos.  Pero lo que apenas fue una eventualidad no  esencial,  no irradia consecuencias nocivas o aniquilantes a la actuación. Ello  porque,   independientemente  de  que  en  el  curso  de  tales  operativos  los  servidores  públicos  incurran  en  actos que penal o disciplinariamente puedan  ser  relevantes (por ejemplo, el exceso de la fuerza, el hurto de bienes propios  de  los  moradores, etc.), la legalidad misma del acto no se altera cuando éste  se  sujeta  a  las  previsiones que establece la ley, y tales irregularidades no  tocan su esencia.   

         Para  que la  crítica  del demandante pueda tener alguna vocación de prosperidad es menester  demostrar   que   esa   supuesta   irregularidad   trascendió   hacia  derechos  fundamentales   y,   específicamente   para   lo   discutido,  injirió  en  la  recolección    de    la    prueba    de    cargos,    al   punto   de   obligar  desestimarla.   

        Lo  demás,  como aquí sucede, no pasa de constituir un ejercicio académico inane,  bajo  el  errado concepto de que la formalidad constituye un fin en sí misma y,  en  consecuencia,  cualquier  modificación  de  lo inicialmente ordenado por el  Fiscal,  se  erige en violación, a pesar de no hallarse ningún efecto concreto  en   punto   del   descubrimiento   del   material   ilícito   guardado  en  la  residencia.    

Por  esa  razón,  el  juicio  ex  post que trae el demandante acerca de  lo  acaecido  en el desarrollo del operativo, no resulta válido para afectar la  legalidad  del  acto, pues no pone de presente la violación de alguna garantía  fundamental  de los sujetos involucrados, y menos del derecho a la intimidad del  morador  de  la  vivienda  allanada,  derivada  de  una  injerencia arbitraria o  abusiva,  porque  la  penetración al inmueble no tuvo tales connotaciones, sino  que  fue  consecuencia  de  una  orden expedida por autoridad competente con las  formalidades legales y por razones previamente definidas.   

Además,  la  situación  de  apremio que  autoriza  a las autoridades policiales a adelantar procedimientos de registro en  las   condiciones   aquí  acaecidas  –con   penetración   intempestiva   al   inmueble,  sin  esperar  la  autorización  previa del morador-, no necesariamente está autorizada cuando se  está  en  presencia  de  un  peligro  inminente,  como  equivocadamente  parece  entenderlo  el  casacionista. También es procedente cuando la amenaza se cierne  sobre  los  resultados  de  la  investigación  criminal, porque existen motivos  fundados  para  creer  que  el  aviso  previo  puede provocar la desaparición o  pérdida     de     la     evidencia     probatoria,     o     la    fuga    del  implicado.       

En  el presente caso, los hechos declarados  como  probados  en  los  fallos  de  instancia,  ponen  de presente que  la  acción  policial  se  sustentó  en  uno  de los últimos motivos relacionados,  razón  por la cual las argumentaciones del casacionista relativas a la ausencia  de  un  riesgo  inminente  que  justificara el procedimiento observado, resultan  inaceptables,  como quiera que se trataba de asegurar la evidencia probatoria de  un  delito en ejecución, y la eventual captura de los  responsables.    

         Resta  recabar  que  en  el operativo estuvo presente el funcionario  judicial,  garante  de  su  legalidad,  por  lo  que no puede sostenerse que los  funcionarios  de policía excedieron la orden encomendada, pues fue en presencia  y   con   la  anuencia  del  Fiscal  que  procedieron  en  la  forma  reseñada.   

           Vale   decir,  en  estricto  sentido  lógico  jurídico,  si  se tiene claro que de la esencia del  allanamiento,  en  la  generalidad  de  los  casos,  es  el elemento sorpresa, y  además  se  advierte  que  por  excepción  el legitimado para expedir la orden  indicó  a  los  encargados  de  hacerla  operativa,  que  primero se llamara la  atención  del morador, ninguna irregularidad se advierte cuando se reconoce que  el   mismo   Fiscal,   haciéndose   presente  en  la  diligencia,  facultó  la  penetración intempestiva en el inmueble.   

             Así   las   cosas,   las  circunstancias  concretas,  como  se  reseña  en  la  jurisprudencia  de la Sala arriba transcrita, junto con la directa intervención  del  Fiscal modificando lo originalmente indicado, muestran evidente que ninguna  irregularidad operó en el trámite del allanamiento.    

En   tales   condiciones,   se  inadmitirá  la  demanda  objeto de estudio, advirtiéndose, de  otro  lado,  que  no se observa violación a garantía  fundamental  alguna que en virtud del artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal conduzca a la Sala a actuar oficiosamente.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado HERNÁN ALONSO  OSORIO     MEJÍA,    por    las    razones    expuestas    en    la    anterior  motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno, salvo lo dispuesto en el numeral segundo.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

Permiso  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ             SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES            

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación del 3 de diciembre de 2003, radicado No. 19.751.     

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