31145(22-04-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31145  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                    Aprobado Acta N° 119.   

Bogotá, D. C., abril veintidós (22) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS:  

Se procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado Diego  Alexander  Valencia Cabrera, condenado en fallos proferidos por el Juzgado Penal  del  Circuito  Especializado  y  el  Tribunal Superior de Popayán, como coautor  responsable   de   las  conductas  punibles  de  homicidio  agravado  con  fines  terroristas,   concierto   para   delinquir   agravado   por   la   finalidad  y  desplazamiento forzado.   

Se declarará la prescripción de la acción  penal  y la consecuente cesación del procedimiento en relación con los delitos  de  concierto  para delinquir agravado por la finalidad y desplazamiento forzado  -frente  al  impugnante  por  este  delito  y otros coacusados por los dos tipos  penales  que  se acaban de citar-, situación que se consolidó en el traslado a  los    no    recurrentes    dispuesto   por   el   ad  quem,  Corporación  que  no  advirtió  tal  aspecto.   

De manera oficiosa se casará parcialmente el  fallo  impugnado  por  cuanto  omitió  pronunciarse  sobre la responsabilidad o  inocencia  del procesado Melquisedec Fajardo Ospina, acusado como coautor de los  delitos  de  homicidio múltiple con fines terroristas, concierto para delinquir  agravado  por  la  finalidad  y  por  haber  pertenecido  a la fuerza pública u  organismo de seguridad del Estado y por desplazamiento forzado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Los primeros fueron tratados en el fallo  de segunda instancia de la siguiente manera:   

Los hechos motivo de juzgamiento se remontan  al  mes  de  abril  de 2001, cuando tropas paramilitares ingresaron en la cuenca  hidrográfica  del  Río  Naya,  zona del litoral del pacífico del Departamento  del  Cauca,  asesinando  indiscriminadamente  a  miembros  de  comunidades  afro  colombianas,   indígenas  y  campesinas  que  habitaban  en  esa  región,  los  asesinatos  se  cometieron  con armas blancas y con armas de fuego, sometiendo a  sus  víctimas  a  torturas  y sufrimientos indiscriminados, ante la zozobra que  sembraban  a su paso, dieron la orden a la comunidad de evacuar la región en un  término  de  cinco  horas, mostrando con hechos, que al menor incumplimiento de  su  orden  serían  masacrados. La población temiendo por su vida, desalojó el  lugar  escapándose  hacia  el oriente ubicándose días después en la cabecera  municipal de Jamundí y Santander de Quilichao.   

El  objetivo  del  grupo  insurgente,  era  rescatar  un  grupo  de  personas  secuestradas  por la guerrilla y dar muerte a  miembros  de  las  guerrillas del ELN y a sus colaboradores, la incursión duró  varios  días  consecutivos, siendo los más cruentos miércoles y jueves santo,  11  y  12  de abril de 2001, las poblaciones afectadas fueron las de las veredas  de  Patio  Bonito,  El  Ceral,  La  Silvia, La Mina, El Playón, Alto Seco, Palo  Grande  y  Río  Mina,  las  cuales  quedaron  desoladas,  los cadáveres fueron  quedando  a  la  orilla  de  los  caminos  y  en  ocasiones para ocultarlos eran  lanzados  hacia  el  fondo  de  los  abismos,  así se constató por las huellas  hemáticas encontradas sobre los bordes de estos.   

Finalizados los reprochables actos y cuando  los  habitantes  habían  desalojado días atrás la región y los paramilitares  dominaban  la  zona, las fuerzas de la Marina Colombiana ingresaron por el río,  cercando  sus  riberas  y  acorralando  en  lugar  selvático a quienes después  fueron  capturados  y  judicializados,  quienes  la  mayoría fueron hallados en  pequeños  grupos  y  en  algunos  casos  se  les encontró elementos de guerra.  Ayudó  a  truncar  la  fuga  de  los  captores  la  constante  presión militar  realizada  desde  el  río  y la creciente del río que les impidió cruzarlo, y  como  se  narra  en  las indagatorias, aquellos que intentaron cruzarlo murieron  ahogados.   

2.   Por  los  anteriores  episodios,  una  Fiscalía  Especializada  de  la  Unidad Nacional de Derechos Humanos de Bogotá  adoptó las siguientes determinaciones:   

2.1.  El  26  de  abril de 2002 (cuaderno de  copias  número  16,  fls.  41  a 122) profirió resolución  de acusación  contra  Wilson  Raúl  Agudelo  Matallana,  Ricardo  Dagua Guejía, Luis Alberto  Muñoz  Martínez,  Jairo Bienvenido Buendía Torres, Jhon Dairo Marín Dávila,  Gilberto  Sánchez  Zapata,  José  Antonio  Morales  Galindo, Hugo León Molina  Tabares,  Gumersindo  Patiño Valencia, José Norbey Cometa Yandy, Luis Fernando  Martínez  Ramos, Vladimir ó Rodrigo Pechené y Jhon Fredy Pérez Jiménez, por  los  delitos  de  homicidio  con  fines  terroristas  y  desplazamiento forzado,  “teniendo  en  cuenta  que los mismos se acogieron a  sentencia  anticipada  por  el delito de concierto para delinquir”, situación que  originó la ruptura de la unidad procesal.   

2.2.  Contra  Hamilton  Martínez González,  Jorge   Luis  Sánchez  Ramírez,  Manuel  de  Jesús  Guachetá  León,  Ramón  Vallecilla  Escobar, Francisco Manuel Jiménez Hernández, Carlos Andrés Campo,  Julio  César  Mosquera,  Edilson Bedoya, Jhon Fredy Pérez Jiménez, John Jairo  Echeverri,  Holman  Ovidio  Cartagena,  Luis  Miguel  Terán  García, Manuel de  Jesús  Guerrero  Mato,  José  María  Erazo  Sarmiento,  Raúl Fernando Vélez  Sánchez,  Edinson  Duarte  Londoño,  Diego Alexander  Valencia     Cabrera,  (“comandante   de  grupo  conocido  como  alias  ÓSCAR”),  José Didier Duque  Bernal,  Alcides  Botero  Cardona,  Diego  Alexander  Pulgarín  Caro,  Vladimir  Sánchez  Pechené, Manuel Pereira Peralta, Reinaldo Ceballos Serna, John Freddy  Montoya  Monsalve,  Diego  Alberto Pérez López, José Joaquín García Correa,  Elsuar  de Jesús Caro Higuita, Albeiro Enrique Serna Ortiz, Fabián Andrés Roa  Palacios,  Eduardo  Rafael  Torres  Balceiro,  Antonio  García  Capataz, Alonso  Giraldo  Usuga,  Andrés  Felipe  Hernández  Alegría, Sandro Fernando Villegas  Riaño,  Delio  Gerardo Muñoz Garcés, Antidio Guachetá Camayo, Jair Alexander  Muñoz   Borga,   (“segundo  comandante  del  bloque  Pacífico   alias   SISAS”),  Nilson  Javier  Pérez  Grandet,     (“comandante    de    grupo    alias  PÁJARO”),  Francisco Manuel Ramos Montalvo, Andrés  Felipe   Solarte,   Javier   Golu   Carabalí,   Luis   Felipe  Arce  Martínez,  (“comandante    del    bloque    Pacífico   alias  CHILAPO”),  Emerson  Angulo Bustamante, César Tulio  Gutiérrez  Raigosa,  Jairo Viáfara Lucumí, Wilfrido José Medrano Hoyos, John  Jairo  Posso  Giraldo,  José  Edwin  Peralta  Tovar,  Félix  Anselmo  Jiménez  González,  Héyber  González  Muñoz,  Francisco  Armando Velasco Campo, Arley  Ruiz     Gaviria,     Jorge     Enrique     Julio     Hoyos,    (“Comandante   de   grupo   alias   TURBO  ó  CUERVO”),  Óscar  Fernando  Niño  Naranjo y  Mario Orrego Ocampo, como  coautores  de  los  delitos  de  homicidio  múltiple  con fines terroristas, en  concurso   con  concierto  para  delinquir  “(inciso  segundo  para los patrulleros nombre utilizado dentro de la organización y para  los  Comandantes  del  Bloque y grupo inciso 3°, con el agravante del artículo  342  del cp por haber pertenecido a la fuerza pública u organismos de seguridad  del   Estado,   respecto   de   los   procesados)”;  Francisco  Manuel  Jiménez  Hernández, Holman Ovidio  Cartagena,  Raúl  Fernando Vélez Sánchez, José Didier Duque Bernal, Reinaldo  Ceballos  Serna,  Eduardo  Rafael  Torres  Balceiro,  Antidio  Guachetá Camayo,  Nilson  Javier  Pérez  Grandet,  Francisco  Miguel  Ramos Montalvo, Luis Felipe  García  Martínez,  Melquisedec Fajardo Ospina, Aycardo Ocampo y Jairo Viáfara  Lucumí, y por desplazamiento forzado.   

2.3. Precluyó la investigación en relación  con Calixto José Gutiérrez Madera.   

2.4.  Esa  providencia  fue  apelada  y  el  22  de  noviembre  de  2002  (folios  39  a  118 cdo. Corte) una Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de     Bogotá     resolvió     lo     siguiente1:   

2.4.1. Revocó la acusación proferida contra  Fabián   Andrés   Roa   Palacios,   y   en   su  lugar,  dispuso  precluir  la  investigación.   

2.4.2. Modificó la providencia recurrida en  cuanto  a  Manuel  Francisco  Jiménez Hernández, para ordenar que en relación  con  él  no  procede  la  agravante  prevista  en  el  artículo  342  del  cp.  Y,   

2.4.3.  Confirmó  la resolución apelada en  todo  lo demás “que acusara a los sindicados por los  delitos   de   homicidio  agravado,  desplazamiento  forzado  y  concierto  para  delinquir,     esta     última    conducta    punible    sólo    en    algunos  eventos.”   

2.5.  El  11 de julio de 2002 (fs. 168 a 187  cd.  de  copias  número  18)  la  misma Fiscalía Especializada de la Unidad de  Derechos  Humanos  y  Derecho Internacional Humanitario, como consecuencia de la  declaratoria  de una nulidad parcial, profirió resolución de acusación contra  César  Tulio  Gutiérrez  Raigosa,  como  coautor  de  los delitos de homicidio  múltiple  con  fines terroristas, concierto para delinquir agravado (artículos  340,  inciso  2°,  y  324  cp,  por  haber  pertenecido  a la fuerza pública u  organismo de seguridad del Estado) y desplazamiento forzado.   

2.5.1.  Esa  decisión  fue recurrida por el  defensor  del  procesado Gutiérrez Raigosa, y el 29 de  noviembre  siguiente  (fls.  90  a  97,  cd. Corte) la  Fiscalía    Delegada    ante    el    Tribunal    Superior    de   Bogotá   la  confirmó2.   

   

2.6. El 3 de octubre de 2002 (fls. 156 a 189,  cd.  de  copias  número 19) la Fiscalía Especializada de la Unidad de Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario  dictó acusación contra Weimar  Ambuila  Caracas  por  las  conductas  punibles de homicidio múltiple con fines  terroristas,  concierto  para  delinquir  agravado  (art.  340, inciso 2° cp) y  desplazamiento  forzado,  y contra José Jaime Pillimue Pillimue por los delitos  de  homicidio múltiple con fines terroristas y desplazamiento forzado, teniendo  en  cuenta  que en relación con la conducta punible de concierto para delinquir  el mencionado sindicado se acogió a sentencia anticipada.   

2.6.1.  Esa providencia fue recurrida por el  defensor  de  Pillimue Pillimue y el 29 de noviembre de  2002  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de   esta   ciudad   la   confirmó   (fs.  98  a  106,  cd.  Corte)3.   

3.   El   Juzgado   Penal   del   Circuito  Especializado  de  Popayán  el 21 de febrero de 2005 dictó sentencia (fls. 1 a  138,  cd.  original  número  16),  decisión  en  la  cual tomó las siguientes  determinaciones:   

3.1.  Condenó  a  José  Antonio  Morales  Galindo,  Gumersindo  Patiño  Valencia,  Hámilton  Martínez González, Wilson  Raúl  Agudelo  Matallana,  Ricardo Dagua Guegia, Luis Alberto Muñoz Martínez,  Jairo  Bienvenido  Buendía  Torres, Gilberto Sánchez Zapata, Hugo León Molina  Tabáres,  José  Norbey  Cometa  Yandi, Luis Fernando Martínez Ramos, Vladimir  Pechené,  José Jaime Pillimue Pillimue y Jhon Fredy Pérez Jiménez, a la pena  de   cuatrocientos   ochenta  meses  (480)  meses  de  prisión  como  coautores  responsables  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  con fines terroristas y  desplazamiento forzado.   

3.2.   Condenó   a   Hámilton  Martínez  González,  Jorge  Luis  Sánchez  Ramírez,  Manuel  de Jesús Guachetá León,  Francisco  Manuel  Jiménez  Hernández,  Carlos  Andrés  Ocampo,  Julio César  Mosquera,  Edilson  Bedoya,  John  Fredy  Pérez Jiménez, John Jairo Echeverri,  Holman  Ovidio  Cartagena,  Luis  Miguel  Terán  García,  José  María  Erazo  Sarmiento,   Raúl   Fernando   Vélez   Sánchez,   Edinson   Duarte  Londoño,  Diego    Alexander    Valencia   Cabrera,  “Comandante  del  grupo conocido como  alias  ÓSCAR”, José Didier  Duque  Bernal,  Alcides Botero Cardona, Diego Alexander Pulgarín Caro, Vladimir  Sánchez  Pechené,  Manuel Pereira Peralta, Reinaldo Ceballos Serna, John Fredy  Montoya  Monsalve,  Diego  Alberto  Pérez  López,  José Caro Higuita, Albeiro  Enrique  Serna  Ortiz,  Fabián  Andrés  Roa  Palacios,  Eduardo  Rafael Torres  Balceiro,   Antonio  García  Capataz,  Alonso  Giraldo  Usuga,  Andrés  Felipe  Hernández  Alegría,  Sandro  Fernando  Villegas  Riaño,  Delio Gerardo Muñoz  Garcés,  Antidio Guachetá Camayo, Jair Alexander Muñoz Borga, “segundo  Comandante del Bloque Pacífico alias Sisas”,      Nilson      Javier     Pérez     Grandet,     “Comandante   de  grupo  alias  Pájaro”,  Francisco  Manuel Ramos Montalvo, Andrés Felipe Solarte, Javier Golu Carabalí,  Luis    “Fernando”    (sic)   (Felipe)   Arce   Martínez,   “comandante   del   bloque  Pacífico  alias  Chilapo”,  Émerson Angulo Bustamante, César Tulio Gutiérrez Raigosa, Jairo  Viáfara  Lucumí,  Wilfrido José Medrano Hoyos, John Jairo Poso Giraldo, José  Edwin  Peralta Tobar, Félix Anselmo Jiménez González, Eyber González Muñoz,  Francisco  Armando  Velasco,  Arley  Ruiz  Gaviria,  Jorge  Enrique Julio Hoyos,  “comandante    de    grupo    alias    Turbo    o  Cuervo”,  Óscar  Fernando  Niño  Naranjo  y  Mario  Orrego  Ocampo,  a la pena de cuatrocientos ochenta meses (480) de prisión como  coautores  responsables  de  los  delitos  de  homicidio  con fines terroristas,  concierto  para  delinquir  agravado  por la finalidad y desplazamiento forzado.   

3.3.  Condenó  a todos los procesados antes  mencionados  a  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones  públicas por un término de diez (10) años.   

3.4. Se abstuvo de imponer condena al pago de  indemnización  de perjuicios por la muerte de Alexander Serna Quinayas, dejando  a  los  interesados  en  la  posibilidad  de  acudir  a la jurisdicción civil y  sentenció  a los acusados al pago de un mil salarios mínimos legales mensuales  vigentes  al momento de los hechos a favor de los afectados con la muerte de las  demás víctimas.   

3.5. Absolvió a Ramón Vallecilla Escobar de  los  cargos  de  homicidio  múltiple  con  fines  terroristas,  concierto  para  delinquir agravado y desplazamiento forzado.   

3.6.  Cabe destacar que en relación con los  procesados  Manuel  de  Jesús Guerrero Mato y Aycardo Ocampo, ordenó compulsar  copias  para  que  fueran juzgados por la jurisdicción de menores al establecer  su minoría de edad.   

4.  En  providencia  de  marzo  2 de 2005 el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Popayán  (fs.  169  a 171 cd.  original  número 26), puso de presente que en la sentencia del 21 de febrero de  ese  mismo año incurrió en errores al incorporar en el numeral 1° de la parte  resolutiva  al  procesado  Hámilton  Martínez González en lugar de Jhon Faver  Marín  Dávila, y en el numeral segundo incluyó a Jhon Fredy Pérez Jiménez y  Vladimir  Sánchez  Pechené  ó  Vladimir  Pechené en lugar de Wéimar Ambuila  Caracas  y  José  Joaquín García Correa, por tanto resolvió aclarar el yerro  sustancial  y  corrección de nombres contenidos en los puntos primero y segundo  del  fallo de 21 de febrero de 2005, los cuales quedarán en lo sucesivo bajo el  siguiente tenor:   

4.1. Condenar a José Antonio Morales Galindo  o  Luis Humberto Morales Galindo, Gumersindo Patiño Valencia, Jhon Faver Marín  Dávila,  Wilson  Raúl  Agudelo  Matallana,  Ricardo Dagua Guegia, Luis Alberto  Muñoz  Martínez,  Jairo  Buendía Torres, Gilberto Sánchez Zapata, Hugo León  Molina  Tabares,  José  Norbey  Cometa  Yandi,  Luis  Fernando Martínez Ramos,  Vladimir  Pechené  o  Sánchez Pechené, (José) Jaime Pillimue Pillimue y Jhon  Fredy  Pérez  Jiménez, a la pena de cuatrocientos ochenta meses (480) meses de  prisión  como  coautores  responsables de los delitos de homicidio agravado con  fines terroristas y desplazamiento forzado.   

4.2.  Condenar  a  Wéimar  Ambuila Caracas,  José  Joaquín  García  Correa,  Hámilton  Martínez  González,  Jorge  Luis  Sánchez  Ramírez,  Manuel de Jesús Guachetá León, Francisco Manuel Jiménez  Hernández,  Carlos  Andrés Ocampo, Julio César Mosquera, Edilson Bedoya, John  Jairo  Echeverri,  Holman  Ovidio  Cartagena,  Luis Miguel Terán García, José  María   Erazo   Sarmiento,  Raúl  Fernando  Vélez  Sánchez,  Edinson  Duarte  Londoño,  Diego Alexander Valencia Cabrera,  “comandante  del  grupo conocido como  alias  ÓSCAR”, José Didier  Duque  Bernal,  Alcides  Botero  Cardona, Diego Alexander Pulgarín Caro, Manuel  Pereira  Peralta,  Reinaldo  Ceballos  Serna, John Fredy Montoya Monsalve, Diego  Alberto  Pérez López, José Caro Higuita, Albeiro Enrique Serna Ortiz, Fabián  Andrés  Roa  Palacios, Eduardo Rafael Torres Balceiro, Antonio García Capataz,  Alonso  Giraldo  Usuga,  Andrés  Felipe  Hernández  Alegría,  Sandro Fernando  Villegas  Riaño,  Delio  Gerardo Muñoz Garcés, Antidio Guachetá Camayo, Jair  Alexander  Muñoz  Borga,  “segundo  comandante  del  Bloque  Pacífico  alias Sisas”, Nilson Javier Pérez  Grandet,     “Comandante     de    grupo    alias  Pájaro”,  Francisco  Manuel Ramos Montalvo, Andrés  Felipe  Solarte,  Javier  Golu  Carabalí,  Luis  Fernando  (sic)  (Felipe) Arce  Martínez,  “comandante  del  bloque Pacífico alias  Chilapo”,  Émerson  Angulo Bustamante, César Tulio  Gutiérrez  (Raigosa),  Jairo  Viáfara  Lucumí,  Wilfrido José Medrano Hoyos,  John  Jairo  Poso  Giraldo,  José  Edwin Peralta Tobar, Félix Anselmo Jiménez  González,  Éyber  González  Muñoz,  Francisco  Armando  Velasco,  Arley Ruiz  Gaviria,  Jorge  Enrique  Julio Hoyos, “comandante de  grupo  alias  Turbo  o Cuervo”, Óscar Fernando Niño  Naranjo  y  Mario  Orrego Ocampo, a la pena de cuatrocientos ochenta meses (480)  de  prisión  como  coautores responsables de los delitos de homicidio con fines  terroristas,   concierto   para   delinquir   agravado   por   la   finalidad  y  desplazamiento forzado.   

5.  Ese   fallo  fue  recurrido  por  varios  procesados  y  defensores,  incluido  Diego Alexander Valencia Cabrera  y  el  Tribunal  Superior  de  Popayán  el 30 de abril de 2008 lo  confirmó  (fls.  185  a  250,  cd.  original 1 de segunda instancia), decisión  contra  la  cual  el  procurador  judicial  de  Valencia  Cabrera interpuesto el  recurso  extraordinario  de  casación el cual fue concedido por el ad  quem en  auto del 24 de septiembre  siguiente,  surtido el traslado para el demandante entre el 6 de octubre y el 19  de  noviembre, la demanda fue presentada en esta última fecha, y entre el 20 de  noviembre  y  el  11  de  diciembre corrió el traslado para los no recurrentes,  habiendo  ejercido  ese  derecho  la  Procuradora  156  Judicial II, enviando la  Secretaría  del  Tribunal  el  proceso  incompleto a la Corte el 26 de enero de  2009  sin advertir al Despacho que la acción penal por los delitos de concierto  para  delinquir  agravado  por la finalidad y desplazamiento forzado prescribió  estando  el  asunto  en esa Corporación lo que aconseja el necesario correctivo  como adelante lo hará la Sala   

LA DEMANDA:  

Cargo  primero:  violación  indirecta de normas sustanciales  penales  como  consecuencia  de  error  de  derecho  cometido por el Tribunal al  momento de valorar las siguientes pruebas:   

1.  Evidencia  procesal de la flagrancia. De  los  cuatro  oficios suscritos por la Infantería de Marina, la ratificación de  algunos  de  ellos, la toma de fotografías individuales a los aprehendidos y de  la  diligencia  de indagatoria rendida por el vinculado Diego Alexander Valencia  Cabrera  se  infiere  que su captura se produjo días después de los hechos, es  decir,  no  ocurrió  en flagrancia sino que se afirmó en aquellos informes que  fue  privado de la libertad en la zona del Naya de lo cual se podía deducir que  pertenecía  al  grupo armado al margen de la ley denominado Autodefensas Unidas  de  Colombia,  AUC,  pero de las pruebas antes enumeradas no aparece imputación  concreta  y  precisa  que permita afirmar que su defendido es autor o partícipe  de  los  sucesos  averiguados, de donde surge forzoso concluir que su captura no  sucedió  en flagrancia ni podía entonces tenerse como evidencia procesal de su  participación  en  las  conductas punibles investigadas, como así lo dedujeron  equivocadamente  los  jueces de instancia frente a una privación de la libertad  a todas luces ilegal.   

2.  La  entrevista  de  video  de  la Armada  Nacional.  La  misma  exclusión  de  evidencia  procesal  de  la flagrancia por  nulidad  de  pleno  derecho  afecta  las  entrevistas que en medio magnético de  video,  realizaron  los  Infantes  de  Marina,  al  capturado,  porque cuando se  efectuaron  éstas  no  estaba en el lugar de los hechos, sino en Buenaventura y  los entrevistados tampoco fueron aprehendidos en flagrancia.   

3.  La fotografía del CTI. Las fotografías  individuales  y  numeradas que elaboró y aportó el organismo de investigación  antes  mencionado  se  deben  excluir  en atención a que ellas se explican como  consecuencia  de la captura en flagrancia la cual no cumplió con los requisitos  de ley.   

4.  Los indicios de presencia y de fuga. Los  hechos  indicadores  de  la  presencia en la zona del Naya diferente al sitio de  evacuación  de  la  mayoría de los pobladores del área y de la fuga frente al  operativo  militar,  derivan  su  existencia  procesal  de  la flagrancia que da  cuenta  el  informe de la Armada Nacional, luego si estos hechos indicadores que  sirven  para  conformar  el  indicio,  están demostrados mediante una evidencia  procesal  ilegal,  carecen  del  sustento  probatorio  regular  y  oportunamente  allegado a la actuación.   

5.  Las  declaraciones  de  los dos primeros  capturados,  Rubén  Darío  Rovira  Benítez  y  Ezediel  Henao Carmona. En los  fallos  de  primero  y  segundo  grado  se  tomaron  como  pruebas  válidas las  declaraciones  de  los antes mencionados que, en sus injuradas, individualizaron  a  Diego Alexander Valencia Cabrera como miembro perteneciente a las Auc, con el  alias  de Óscar, pero si se trataba simplemente de individualizar a una persona  aprehendida,  por  parte  de  los dos primeros aprehendidos, en la diligencia de  indagatoria   de   éstos,  como  lo  afirma  y  da  por  sentado  la  sentencia  condenatoria,  es  claro  que el juez descartó en su valoración probatoria que  esta  prueba  se  tratara  de un testimonio, como debió tomarse, por un lado o,  por  el  otro,  de  un reconocimiento de persona privada de la libertad mediante  fotografía,  que  tiene  otros requisitos que tampoco se cumplieron como era el  de presentar varias fotografías de la misma persona.   

Precisa que de acuerdo con las intervenciones  procesales  posteriores  de  Rovira  Benítez  y Henao Carmona, y la versión de  Francisco  Javier  Taborda  Gómez,  rendida en otro proceso donde se investigan  estos  mismos  hechos,  las  versiones  de  aquéllos  fueron obtenidas mediante  promesas  remuneratorias y oferta de beneficios judiciales, luego de lo anterior  se  infiere que sus declaraciones no fueron voluntarias, espontáneas, libres de  presiones  o  de  coacción psíquica, lo que acredita su ilegalidad y por tanto  debían excluirse de la actuación procesal.   

6. La diligencia de indagatoria. La injurada  rendida  por el procesado Valencia Cabrera en la Fiscalía Local de Buenaventura  con  base  en  el  hecho  supuesto de haber sido sorprendido en flagrancia, como  coautor  de  los delitos investigados, se debe excluir como presupuesto procesal  de  las actuaciones subsiguientes en tanto que es ilegal como consecuencia de la  inexistencia  de la captura en tales condiciones, como quedó establecido en los  argumentos antes expuestos.   

Al  marginar  del  caudal  probatorio  las  anteriores   pruebas   sobre   las   cuales  recaen  los  vicios  de  ilegalidad  denunciados,   no   existe   en   el  plenario  otra  prueba  legal,  regular  y  oportunamente  allegada a la actuación de la que surja compromiso directo sobre  la  responsabilidad  de  su  defendido  en  las  conductas punibles juzgadas, al  extremo  que  las  justificaciones  sobre  su  presencia  en  el  área del Naya  anterior  a  los  hechos  expuestas por Valencia Cabrera en la indagatoria, como  trabajador  en  una  finca  cocalera,  no  fueron  analizadas  por los jueces de  instancia,  como  tampoco  en  la etapa instructiva la Fiscalía cumplió con el  deber  de  verificar  las  citas  hechas  por  aquél en torno al patrón que lo  contrató  y el sitio de trabajo, de manera que se está frente a circunstancias  no confirmadas pero tampoco desvirtuadas.   

Por  lo  anterior, solicita casar el fallo y  dictar uno de reemplazo que absuelva al acusado.   

Cargo  segundo: violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  que llevó al Tribunal a considerar la  coautoría  y responsabilidad del procesado, con transgresión de las reglas que  exigen  la  prueba  para  condenar  y  las de la sana crítica en la valoración  conjunta de los medios de comprobación.   

Luego  de  transcribir  algunos  apartes del  fallo  de  segundo  grado, el libelista afirmó que contrario a la deducción de  certeza   sobre  el  compromiso  de  su  defendido  en  las  conductas  punibles  investigadas  lo  que  surgía  del  caudal probatorio era la duda que se debió  aplicar en su favor.   

Critica  que  la  judicatura  no  se hubiera  preocupado  por  atender  las citas expuestas por el vinculado en su indagatoria  que  justificaban  su  estadía  en  la  zona  del  Naya  como  “raspachín  o  trabajador  de  coca”,  y si bien en la fase del juicio la defensa solicitó y  obtuvo  el decreto de seis (6) pruebas testimoniales para corroborar sus dichos,  estas no fueron practicadas.    

Tampoco  se  allegaron  pruebas  en  orden a  demostrar  que  la declaración de Rubén Darío Rovira Benítez, quien señaló  a   su  defendido  de  pertenecer  a  las  AUC,  se  obtuvo  de  manera  ilegal.   

Pide que la Corte ante la duda probatoria que  surge  ordene  allegar  la lista de desmovilizados de las Autodefensas Unidas de  Colombia,  en  particular  del  Bloque  Pacífico,  elaboradas  en  virtud de la  desmovilización  de  ese  grupo  al  margen de la ley, en la cual no aparece su  defendido  como  elegible  para someterse al procedimiento alternativo de la ley  de justicia y paz.   

Otra irregularidad que advierte es que en la  parte  resolutiva de la resolución de acusación a su representado se le acusó  como  coautor  de  los  delitos  de homicidio múltiple con fines terroristas en  concurso   con  concierto  para  delinquir  agravado  y,  sin  embargo,  en  las  sentencias  de instancia se le condenó por esas mismas conductas punibles y por  desplazamiento forzado.   

Tampoco se tuvo en cuenta por los juzgadores  de  instancia  que  Rubén  Darío  Rovira  Benítez  en  la etapa del juicio se  retractó  de  las imputaciones que había formulado contra Valencia Cabrera, al  punto  que  en  diligencia  de reconocimiento en fila de personas no lo señaló  como  dirigente  de  las  AUC  ni  como  autor de las conductas punibles por las  cuales se le formuló acusación.   

Por  lo  anterior, solicita casar el fallo y  proferir uno de reemplazo que absuelva a su defendido.   

INTERVENCIÓN DE NO RECURRENTE  

La  Procuradora  156  Judicial II en materia  penal  pide  que  la  demanda  de  casación  presentada  por  el impugnante sea  inadmitida  porque  en su parecer, contrario a lo sostenido por el casacionista,  las  pruebas  a  las  que se refirió fueron debidamente revisadas, analizadas y  valoradas  en  los fallos de instancia, sin que frente a las mismas el libelista  atinara  a demostrar que se incurrió en los errores denunciados, limitándose a  rebatirlas   con   las   mismas  apreciaciones  esbozadas  en  la  audiencia  de  juzgamiento  y  en  el  alegato  de  sustentación del recurso de apelación que  interpusiera contra el fallo de primer grado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

I.    Aspecto  sustancial de la demanda.   

1.  Cualquiera  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no es un escrito de libre elaboración en tanto que debe  cumplir  con  los  requisitos  establecidos  en  el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se consideren infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

2.  Las  siguientes  son  las  falencias del  libelo  presentado  por  el  defensor  del  procesado  Diego  Alexander Valencia  Cabrera  que  impiden  tener por cumplida la exigencia referida a la indicación  clara   y   precisa  de  los  fundamentos  de  los  dos  reparos  formulados,  a  saber:   

2.1. El  impugnante  afirmó  que  la sentencia proferida por el Tribunal  violó indirectamente la ley sustancial.   

2.2. Lo primero que encuentra la Sala es que  el  demandante  omitió  indicar  las  normas  sustanciales  infringidas y si lo  fueron por aplicación indebida o falta de aplicación.   

2.3.  Cuando  se  invoca  la causal primera,  cuerpo  segundo,  esto es, la violación indirecta de la ley sustancial -que fue  precisamente  la  anunciada en este caso-, el recurrente debe concretar cada uno  de  ellos,  si  de derecho o de hecho, la prueba o pruebas sobre las que recae y  demostrar  su  trascendencia  o  incidencia  en  la  transgresión  de  la  ley.   

Si  se trata de un error de derecho, el cual  entraña  la apreciación material de la prueba por el juzgador, quien la acepta  no  obstante  haber  sido aportada al proceso con violación de las formalidades  legales  para  su  aducción,  o  la  rechaza  porque  a pesar de estar reunidas  considera   que   no   las  cumple  (falso  juicio  de  legalidad);    también,   aunque   de   restringida  aplicación  por  haber  desaparecido  de  la  sistemática procesal nacional la  tarifa  legal,  se  incurre en esta especie de error cuando el juez desconoce el  valor  prefijado  a  la  prueba  en  la  ley,  o  la eficacia que esta le asigna  (falso     juicio     de    convicción).   

Si  el  yerro  es  de  hecho, le corresponde  indicar  la  modalidad  y  especie del mismo, es decir, esta clase de errores se  pueden  presentar  cuando el juzgador se equivoca al contemplar materialmente el  medio,  bien porque omite apreciar una prueba que obra en el proceso, ora porque  la  supone existente sin estarlo o se la inventa (falso  juicio   de   existencia);   o   cuando  no  obstante  considerarla   oportuna  y  legalmente  recaudada,  al  fijar  su  contenido  la  distorsiona,  cercena o adiciona en su expresión fáctica, haciéndole producir  efectos   que   objetivamente   no   se   establecen   de   ella   (falso  juicio  de  identidad); o, porque al  apreciar  la  prueba  transgrede  los  postulados de la lógica, las leyes de la  ciencia  o  las  reglas  de  la  experiencia, esto es, los principios de la sana  crítica  como  método  de  valoración probatoria -existente en el trámite de  este     asunto-    (falso    raciocinio).   

Cuando  el  reparo  se  dirige por error de  hecho  derivado  de  falso  juicio  de  existencia por suposición de prueba, es  deber   del   casacionista   demostrar   el   yerro   mediante   la  indicación  correspondiente  de  la sentencia donde se alude a dicho medio que materialmente  no  obra  en el proceso; y si lo es por omisión de prueba, le compete concretar  en  qué  parte de la actuación se ubica ésta, qué objetivamente se establece  de  ella,  cuál  el  mérito  que le corresponde siguiendo los postulados de la  sana  crítica,  y  cómo  su estimación conjunta con el arsenal probatorio que  integra la actuación, da lugar a variar el sentido del fallo.   

Si   lo   pretendido   es   denunciar  la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  recurrente debe señalar qué en concreto dice el  medio   probatorio,   qué  exactamente  dijo  de  él  el  juzgador,  cómo  se  tergiversó,   cercenó   o   adicionó   haciéndole   producir   efectos   que  objetivamente  no  se  establecen de él, y lo más importante, la trascendencia  del  desacierto  en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva  de la sentencia.   

Y  si  se  denuncia  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de la sana crítica, se debe precisar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia  o  máxima de la experiencia fue desconocida, y cuál el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia   que  debió  tomarse  en  consideración  y  de  qué  manera;  y,  finalmente,  demostrar  la  consecuencia del desacierto indicando cuál debe ser  la  apreciación  correcta  de  la prueba o pruebas que cuestiona, y que habría  dado    lugar    a    proferir    un    fallo    sustancialmente   distinto   al  impugnado.   

2.4. Faltando a los requisitos de precisión  y    claridad    el    demandante    en    el   cargo  primero  anunció que el Tribunal habría incurrido en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de derecho cometido al  momento  de  valorar  algunas pruebas, pasando por alto que esta clase de yerros  corresponde  a  desaciertos  de  facto  que  versan  sobre  la  contemplación o  apreciación    de    la    prueba    -errores    de   hecho-   y   no  derecho o jurídicos que se relacionan  con la aducción o acopio probatorio.   

2.5.  Si se trataba de postular y demostrar  un  desacierto  de  derecho,  omitió  señalar  cuál es el valor que la ley le  otorga  a  las pruebas que cuestiona, por qué no se podía adelantar el proceso  sin  la  indagatoria  de su defendido que si bien en la normatividad procesal en  cuya  vigencia  cursó  el  presente  asunto  -decreto 2700 de 1991 y ley 600 de  2000-,  era  presupuesto  procesal de actuaciones subsiguientes, la misma podía  discurrir  sin  aquella  en  tanto que ha podido ser vinculado a través de otro  mecanismo  como  la  declaratoria  de persona ausente, el trámite podía seguir  con  o  sin  persona  privada  de la libertad  y si alguna irregularidad se  presentó  en  la  aprehensión  del  mismo  el  medio  de  definición  de  esa  controversia    lo   era   la   acción   de   habeas  corpus   y   no  la  exclusión  de  la injurada como medio de defensa o de prueba.   

2.6. Tampoco demostró el libelista por qué  en  la  situación  de  Diego  Alexander Valencia Cabrera no se dio la evidencia  procesal  de  la flagrancia y la consiguiente captura del mismo, si al efecto se  tiene  en cuenta que los fallos de instancia consideraron de manera razonada que  en  la  aprehensión  de  los  comprometidos  en  la  denominada “masacre  del Naya”, incluido el procesado  recurrente,  persistía  con  actualidad el amedrantamiento a la población y el  desplazamiento  de  la  misma cuando por razón de la intervención de la Armada  Nacional  se  realizó la retención de quienes fueron señalados como coautores  de las conductas punibles investigadas.   

2.7. En  relación con los indicios de  “presencia y de fuga”, el  casacionista  omitió  precisar  si el desafuero ocurrió en la prueba del hecho  indicador,  en  la  inferencia  lógica o en la valoración conjunta de aquellos  por  su  gravedad, concordancia y convergencia, y su relación con los medios de  prueba que obraban en la actuación.   

2.8.  Se quejó el libelista en este reparo  que  la  judicatura  no  atendió  las  citas  efectuadas por su defendido, tema  propio  de la causal de nulidad por transgresión al principio de investigación  integral,  pero no de la violación indirecta de la ley sustancial como aquí se  propuso.  No obstante este desacierto, omitió demostrar la trascendencia de las  pruebas echadas de menos en el sentido final del fallo.   

2.9.  En  el cargo  segundo   el   recurrente   denunció  la  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho derivado de falso raciocinio,  reparo  en  el  cual  omitió  señalar  sobre  cuál o cuáles pruebas recayó,  tampoco  indicó  el  postulado de la lógica, ley de la ciencia o máxima de la  experiencia  que  fue  desconocida  por  el  Tribunal, cuál la regla de la sana  crítica    que    se    debió   tomar   en   consideración   y   no   demostró   la   consecuencia   del  desacierto   en  la  declaración  de  justicia  plasmada  en  la  sentencia  de  instancia.   

2.10. Del mismo modo el libelista desatinó  al  no  precisar  en  cuál  o  cuáles  desaciertos  incurrió  el ad  quem  en  la valoración probatoria de  las  versiones señaladas en la demanda y por qué se le debía dar credibilidad  a  la  retractación  de  Rubén  Darío  Rovira  Benítez  expuesta  en la fase  probatoria del juicio.   

2.11. Sin señalar el error o errores en los  que   pudo  incurrir  la  Corporación  de  segundo  grado  en  la  apreciación  probatoria,  el  demandante simplemente afirmó que en el proceso no se recaudó  la  prueba  necesaria  para condenar por lo cual a favor de su defendido se debe  proferir  fallo  absolutorio  frente  a  las  valoraciones probatorias que en la  sentencia  llevaron  a  certeza  sobre  la coautoría y responsabilidad de Diego  Alexander  Valencia  Cabrera  en  las  conductas  punibles  por  las  cuales fue  sentenciado.   

El  impugnante  olvidó que la casación no  fue  instituida  para  anteponer  el criterio del recurrente al expuesto por los  jueces  de  instancia que llega a esta sede precedido de la doble presunción de  acierto  y  legalidad, sino para corregir verdaderos yerros trascendentales, que  deben  ser  enunciados  y establecidos clara y concretamente, cuya demostración  cabal  ha  de  tener,  además, la potencialidad de hacer cambiar el sentido del  fallo,  tarea  que  no  acometió  el  censor  como  bien lo puso de presente el  Ministerio Público en el traslado a los no impugnantes.   

2.12. En este cargo planteado al alero de la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  esto  es  la  violación indirecta de la ley  sustancial  debido  a  error  hecho por falso raciocinio el censor incurrió del  mismo  modo  en el desacierto de postular una posible transgresión al principio  de  investigación  integral  tema  propio  del  motivo  de nulidad en casación  -causal tercera- no así de la primera.   

No obstante esta deficiencia, el demandante  pasó  por  alto  que  cuando  se trata de proponer en casación una censura por  violación  al  principio  de  investigación  integral,  la  Sala  ha sostenido  invariablemente,  que  no  basta  con  indicar los medios de prueba que se dicen  omitidos,   sino  que  resulta  necesario  establecer  su  fuente,  conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  además de su beneficio a los intereses del procesado  respecto  de  las  conclusiones  del fallo reprochado o, dicho de otra forma, en  relación con la declaración de justicia contenida en el mismo.   

Se ha insistido en que lo anterior es así,  porque  de  la omisión de la práctica de determinada prueba no puede derivarse  per  se  violación  de  la  garantía  de  la  investigación integral, si en cuenta se tiene que en materia  de  ordenación  de pruebas el funcionario judicial, dentro de sus facultades de  director  de  la  investigación  penal  y  en  desarrollo  de  los criterios de  economía,  celeridad  y racionalidad, puede disponer de oficio o a petición de  parte  la  práctica  de  las pruebas que considere necesarias para acceder a la  verdad  que se intenta reconstruir a través del proceso. Es por lo anterior que  resulta  procedente  afirmar  que  la  omisión  en  la  práctica  de  aquellas  diligencias  que  razonablemente considere inocuas, superfluas o intrascendentes  a  los fines de la investigación, o de las que a pesar de haber sido decretadas  no  pudieron  ser  realizadas por circunstancias ajenas a los administradores de  justicia,  no puede originar menoscabo de los derechos de quien ha solicitado su  práctica o persistido en ella.   

En relación con la posible nulidad que tal  omisión   pudiera   generar,   se  impone  tener  en  cuenta  el  principio  de  trascendencia  de  su declaratoria, por virtud del cual se debe acreditar que la  prueba  o  pruebas  echadas  de  menos  al  ser  confrontadas  con  aquellas que  sirvieron  de  fundamento o pilar para construir el fallo atacado, tiene aptitud  suficiente  para  variar  la  declaración de justicia allí contenida y que por  tanto  la  única  forma  de  subsanar  el  yerro  advertido  es a través de la  invalidación  de  la  actuación surtida, desde el momento procesal que permita  la  aducción  del  medio  o  medios  omitidos  y su ulterior ponderación en la  decisión de mérito.   

2.13.   Ninguna   de   estas   exigencias  establecidas   para  la  adecuada  postulación  del  cargo  por  violación  al  principio  de  investigación  integral  cumplió el libelista, al punto que él  mismo  admitió  que  en la fase del juicio la defensa obtuvo el decreto de seis  (6)  testimonios  con  el fin de corroborar los dichos de su asistido, sólo que  por  razones  ajenas  a  la  administración  de  justicia  y a la defensa no se  acopiaron  en  tanto  que  los  declarantes citados no comparecieron, sin que el  recurrente  acreditara  cuál  la  incidencia  que  en  el  sentido  final de la  decisión  pudieran tener las declaraciones de quienes se rehusaron a comparecer  a pesar de las diferentes citaciones que les fueron enviadas.   

2.14.  Ahora:  si  se trataba del acopio de  pruebas  en  orden  a  demostrar  que  el  testimonio  de  Rubén  Darío Rovira  Benítez,  quien  señaló  a  Valencia  Cabrera de pertenecer a las AUC, siendo  conocido  como  el Comandante “Óscar”, se obtuvo de manera ilegal, tema que  tampoco  acreditó,  el  casacionista  no señaló  los  medios  que  se debieron practicar en ese sentido, su  conducencia,  pertinencia  y  utilidad  a  los  fines  de la investigación y si  reunían  tales  exigencias  dejó  a  la  Corte  sin  saber por qué la defensa  omitió  reclamar  su  recepción  y  la  razón  por  la  cual  a  pesar de esa  desatención la judicatura debió ordenarlas.   

2.15.  La  casación  constituye un control  constitucional  y legal a los fallos de segunda instancia, sometido a causales y  a  la  extensión que quiera darle el recurrente reflejada en el contenido de la  demanda,  o  cuando  a  pesar  de  las falencias del libelo la Corte advierte la  necesidad  de  superar  sus  defectos  en  orden  a la protección de garantías  fundamentales,  sin  que en su trámite sea posible la práctica de pruebas como  lo  pretende  el  recurrente  al reclamar que la Sala ordene allegar la lista de  desmovilizados  de  las  AUC sometidos al procedimiento alternativo de la ley de  justicia y paz.   

2.16.  Otro  desacierto  de  la  demanda lo  constituye  reclamar por la vía de la violación indirecta de la ley sustancial  la  posible falta de consonancia de la sentencia con los cargos formulados en la  resolución  de  acusación,  tema este propio de la causal segunda de casación  -art.  220  decreto  2700 de 1991, modificado por el art. 3° ley 553 de 2000, y  art. 207 ley 600 de 2000- no de la primera.   

Pese  a  esta  deficiencia,  la  falta  de  fundamentación  en  el  reparo  deviene trascendente en tanto que si bien en la  parte  resolutiva de la resolución de acusación dictada el 26 de abril de 2002  por  la  Fiscalía  de  la Unidad Nacional de Derechos Humanos a Diego Alexander  Valencia  Cabrera  se  le  imputaron  los  cargos  de  coautor de los delitos de  homicidio  agravado  con  fines  terroristas y concierto para delinquir agravado  por  la  finalidad  y  por  ser  comandante de bloque o grupo, no menos evidente  resulta  que  en  la  parte  motiva  también  se  le  atribuyó  el  delito  de  desplazamiento  forzado,  desarmonía que en todo caso quedó superada cuando el  22  de  noviembre  siguiente  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá  confirmó  la acusación precisando que los acusados, incluido el aquí  recurrente,  debían responder por los tres tipos penales antes indicados, salvo  algunas  excepciones frente a quienes se acogieron a sentencia anticipada por la  conducta punible de concierto para delinquir. Y,    

3.  Como  la  Corte  no  puede  suplir  las  deficiencias  ni  corregir  las  imprecisiones  de  la  demanda,  se  impone  su  inadmisión,  de  conformidad  con lo dispuesto por los artículos 221 y 213 del  Código  de  Procedimiento Penal, además que la Sala no encuentra violación de  garantías  fundamentales  que  deban  ser protegidas oficiosamente en relación  con el procesado Diego Alexander Valencia Cabrera.   

II.   Casación  oficiosa.   

De  la  actuación  procesal  a que se hizo  alusión  al  comienzo,  advierte la Sala la configuración de una irregularidad  que  por  ser violatoria de las garantías fundamentales debidas al procesado no  recurrente  Melquisedec  Fajardo  Ospina,  y  a  las  víctimas,  incentivan  la  facultad  oficiosa  de la Corte para controlar la legalidad y constitucionalidad  de  la  sentencia, sin que para dicha finalidad sea necesario correr traslado al  Ministerio                  Público4.   

En  la resolución proferida el 26 de abril  de  2002,  una  Fiscalía  de la Unidad Nacional de Derechos Humanos con sede en  Bogotá  acusó,  entre  otros,  a  Fajardo  Ospina como presunto coautor de las  conductas  punibles de homicidio múltiple con fines terroristas, concierto para  delinquir  agravado  de  conformidad  con  el  artículo  342  del  cp por haber  pertenecido  a  la  fuerza  pública  u  organismo  de  seguridad  del  Estado y  desplazamiento  forzado, decisión que el 22 de noviembre siguiente confirmó la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá.   

En el fallo de primera instancia dictado el  21  de  febrero  de  2005  por  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de  Popayán  si  bien  en los “VISTOS” se adujo que se proferiría el fallo que  en  derecho  corresponda  en  la  causa seguida, entre otros, contra Melquisedec  Fajardo  Ospina, en las consideraciones del mismo no se definió su compromiso o  ajenidad  frente  a  los  cargos  imputados,  razón  por  la  cual  en la parte  resolutiva  ninguna  mención  se  hizo  sobre  tal  imputado como tampoco en el  proveído  del  2  de  marzo  siguiente  a  través  del  cual  el  a  quo hizo algunas correcciones sobre los  nombres de algunos acusados.   

Esta  irregularidad  la  pasó  por alto el  Tribunal  Superior  de Popayán que en la sentencia del 30 de abril de 2008 dijo  al  comienzo  del  “ASUNTO”  por  resolver  que  se  trataba  de  decidir la  impugnación   interpuesta   contra   la  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  “Primero”  (sic)  Penal  del  Circuito  Especializado de esa ciudad el 21 de  febrero  de  2005,  decisión  a  través de la cual se condenó, entre otros, a  “Melquizedec  Fajardo Ospina alias cerrito”, como coautor responsable de los  delitos   de   “HOMICIDIO   MÚLTIPLE   CON   FINES  TERRORISTAS  EN  CONCURSO  CON  LOS DELITOS DE CONCIERTO PARA DELINQUIR AGRAVADO  POR  LA  FINALIDAD  Y  ESPLAZAMIENTO  (sic)   FORZADO”,  a  la  pena  de  cuatrocientos  ochenta (480) meses de  prisión,   cuando  tal  afirmación  no  consulta  la  realidad  procesal  porque,  como  quedó evidenciado,  sobre  tal  acusado  el  fallo  de  primer  grado  omitió definir su situación  jurídica.   

La  irregularidad  en  que  incurrieron los  jueces  de  instancia  al  omitir  pronunciarse  sobre uno de los extremos de la  relación  jurídico sustancial y procesal, con agravio no sólo de los derechos  del  acusado  Fajardo  Ospina,  sino  de  las  víctimas  a la verdad, justicia,  reparación  y  de  acceso a la administración de justicia, amerita que la Sala  case  de  manera  oficiosa y parcial el fallo recurrido, ordenando que el asunto  vuelva  inmediatamente  al juez de primera instancia para que dicte sentencia en  relación  con el acusado antes mencionado por los delitos de homicidio agravado  con  fines  terroristas y concierto para delinquir agravado por el artículo 342  del  cp  por haber pertenecido a la fuerza pública u organismo de seguridad del  Estado,  pues  la  conducta punible de desplazamiento forzado, como enseguida se  verá, prescribió.   

III. Prescripción  de  la  acción  penal  en relación con los delitos de concierto para delinquir  agravado por la finalidad y desplazamiento forzado.   

1.  Cuando  el  fenómeno  jurídico  de la  prescripción  se  presenta  con  posterioridad  a la sentencia de segundo grado  -como  ocurrió  en el presente caso únicamente frente a las conductas punibles  antes  indicadas-,  o  antes en los eventos de simple constatación objetiva, la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  definido que su declaración corresponde al  juez  de  segunda  instancia  o a esta Corporación, cuando aquél pasa por alto  tal situación.   

Es  así  como frente a esta temática, una  vez  constató  que la prescripción de la acción penal solicitada no implicaba  una verificación meramente objetiva, la Corte expresó:   

(…),  la  denuncia  en sede de casación  sobre  la  consolidación  del fenómeno de la prescripción de la acción penal  ocurrida  en  la fase instructiva o antes del proferimiento del fallo de segundo  grado,   debe  plantearse  en  la  demanda  al  amparo  de  la  causal  tercera.   

Y  es  que  de  haberse  continuado con el  ejercicio  del  poder  punitivo  del Estado después de que, por virtud del mero  transcurso  del  tiempo  perdió  dicha  facultad, la actuación posterior a ese  momento  deviene  inválida. Pero, además, su demostración corresponde hacerse  por  los  derroteros  de  la  causal  primera  en  cualquiera  de sus sentidos y  modalidades.   

(…).  Tal  ha sido el pacífico criterio  jurisprudencial  contenido,  entre  otros, en los siguientes pronunciamientos de  la Sala:   

(…) repugnaría a un sentimiento general  de  justicia  que  se  considerara válida una sentencia proferida en un proceso  que  no  podía  adelantar  el  juez  por  haberse extinguido en él la facultad  punitiva del Estado.   

Por otros aspectos, pretender la alegación  de  este vicio por la causal primera de casación resultaría contradictorio con  la  naturaleza  de  esa  formulación y el fin que en ese caso se persigue, pues  quien  alega  violación directa o indirecta parte del presupuesto de la validez  del  proceso  centrando  su ataque en la ocurrencia de errores al interior de la  sentencia,  y  además  persigue  la expedición de un fallo de sustitución que  obviamente  se  hace  de  imposible  proferimiento  a falta de una acción penal  vigente5.   

(…). Luego se indicó:  

La  Corte no advierte en esta propuesta de  ataque  contradicción intrínseca alguna que impida su estudio, como lo postula  el  Procurador  Delegado  en  su  concepto.  Por  el contrario, considera que la  solicitud  de  prescripción  al  interior  del mismo cargo resulta correcta, en  cuanto  se  presenta  como  consecuencia  de  su  prosperidad.  Tampoco advierte  equivocación  en la selección de la causal invocada, pues la prescripción, en  los  términos  que  ha  sido  planteada  en  la  demanda, solo se consolida con  ocasión  de  la  decisión  que  llegare a tomarse en esta sede como motivo del  recurso  de casación, situación que resulta ser distinta de aquella en la cual  el  fenómeno se ha consolidado antes de ser proferido  el fallo de segundo  grado,  en  cuyo  caso  la  causal  a  invocar  debe ser la tercera.6   

(…).En    posterior    ocasión   se  expresó:   

La  extinción  de  la  acción  penal por  razón  de  la  prescripción  debe  plantarse a través de la causal tercera de  casación  por  violación  del  debido  proceso,  no  obstante  que  se hubiera  admitido  en  providencia  del  21  de marzo de 2001 con ponencia del magistrado  Carlos  Eduardo  Mejía Escobar, Rdo. 17.106, que también podía hacerse por la  primera.   

Así, ha dicho la Sala que la prosecución  de  una  actuación  no empece haberse extinguido la acción penal constituye un  error  de  actividad  y  no de juicio, en cuanto al entrar a operar el fenómeno  prescriptivo  el  Estado pierde la facultad de adelantar el proceso. Cuando esto  ocurre,  lo pertinente es disponer la cesación de todo procedimiento criminal y  no  dictar  el  fallo  de  reemplazo,  que  sería  el resultado en el evento de  prosperar  un  cargo fundado en la causal primera, atribución de la cual carece  la  Corte  de  presentarse  el  caso  –Cfr.  Sentencia  del 29 de octubre de 2001, Rdo. 15.570, M.P. Jorge  E.  Córdoba  Poveda,  reiterada  en  la del 13 de enero del año en curso, Rdo.  20200, M.P. Álvaro Orlando Pérez Pinzón.   

De esta manera retomó la Sala la tesis que  de  antaño venía pregonando, al sostener, entre otros pronunciamientos, el que  la  Delegada evoca, de que la alegación de la prescripción de la acción penal  en  casación  debe  encausarse al auspicio de la causal tercera, por la vía de  la  nulidad”7.   

(…).  Cuando  la  prescripción  de  la  acción  penal ocurre durante la  etapa de instrucción o en el período de  la  causa,  pero  de  todas  maneras antes de proferirse la sentencia de segunda  instancia,  la  Sala  tiene  dicho  que   “recurrida ésta en casación y  admitida   la  respectiva  demanda  por  cumplir  con  los  requisitos  formales  señalados  en  la  ley (arts. 212 y 132 P.P., antes 225 y 226) lo procedente es  casarla  oficiosamente, …, si, como en este caso, no fue objeto de específica  acusación,  pues  resulta  incuestionable  que  fue  dictada  respecto  de  una  acción,  que  por  el fenómeno prescriptivo aludido, ya no podía proseguirse.  La  presunción de legalidad que ampara los fallos de instancia, se quiebra ante  la  vulneración  del debido proceso, dado que no pueden culminar las instancias  mediante  decisiones que jurídicamente no pueden proferirse y, como quiera que,  por  la calificación y admisión de la demanda se ha iniciado el debido proceso  de   la   casación,  éste  debe  culminar  en  sentencia  que  le  ponga  fin.   

Situación  distinta se presenta cuando la  prescripción  de  la  acción es sobreviniente a la sentencia del ad quem, caso  en  el  cual,  a  la  sentencia  de  segunda  instancia  no se le puede atribuir  ilegalidad  alguna,  pues  el  Estado  conservaba incólume su facultad punitiva  para  dictarla,  por  consiguiente, en dicha situación, lo indicado es acudir a  la       cesación       de       procedimiento8.   

(…).  Y,  en  reciente  oportunidad  se  precisó:   

(…) La prescripción desde la perspectiva  de  la  casación,  puede  producirse:  a)  antes  de  la  sentencia  de segunda  instancia;  b)  como  consecuencia  de  alguna  decisión  adoptada  en ella con  repercusión  en la punibilidad; o, c) con posterioridad a la misma, vale decir,  entre el día de su proferimiento y el de su ejecutoria.   

Si en las dos primeras hipótesis se dicta  el  fallo,  su  ilegalidad  es  demandable  a  través del recurso de casación,  porque  el  mismo  no  se  podía  dictar  en consideración a la pérdida de la  potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del tiempo.   

Frente a la tercera hipótesis la solución  es  diferente.  En  tal  evento  la  acción  penal estaba vigente al momento de  producirse  el fallo y su legalidad en esa medida resulta indiscutible a través  de  la  casación,  porque  la  misma  se  encuentra  instituida  para juzgar la  corrección  de  la  sentencia y eso no incluye eventualidades posteriores, como  la    prescripción    de    la   acción   penal   dentro   del   término   de  ejecutoria.   

Cuando   así   sucede,   es  deber  del  funcionario  judicial  de  segunda  instancia  o  de la Corte si el fenómeno se  produce  en el trámite del recurso de casación, declarar extinguida la acción  en  el  momento  en  el  cual  se cumpla el término prescriptivo, de oficio o a  petición  de  parte.  Pero  si  no  se advierte la circunstancia y la sentencia  alcanza  la categoría de cosa juzgada, la única forma de remover sus efectos e  invalidarla  es  acudiendo  a la segunda de las causales que hacen procedente la  acción            de            revisión9.10   

2.  De  conformidad con la preceptiva del artículo 80 del Código Penal  vigente  para  el  momento  de  los  hechos,  la acción penal prescribía en un  tiempo  igual  al  máximo  de  la pena fijada en la ley, si era privativa de la  libertad,  pero  en  ningún  caso  ese  lapso podía ser inferior a 5 años, ni  exceder de 20.   

La iniciación del término de prescripción  comenzaba  a  contarse,  para  los  delitos  instantáneos,  desde el día de la  consumación,  y  desde  la  perpetración  del  último  acto en los tentados o  permanentes.  Este tiempo se interrumpía por la resolución de acusación, o su  equivalente, debidamente ejecutoriada.   

Producida  la  interrupción  del  término  prescriptivo,  el  término  de prescripción comenzaba a correr de nuevo por un  período  igual  a  la  mitad  del señalado en el artículo 80 ibídem, pero en  ningún caso podía ser inferior a 5 años, ni superior a 10.   

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  85  del  anterior  Código  Penal (art. 84 del actual), cuando fueren  varias  las  conductas  punibles investigadas y juzgadas en un mismo proceso, la  prescripción  de las acciones se cumplirá en forma independiente para cada una  de ellas.   

3.  Las tres (3) resoluciones de acusación  que  hacen  parte  de  este  asunto  y la sentencia fueron dictadas, entre otras  conductas  punibles,  por  las  de  concierto  para  delinquir  agravado  por la  finalidad  (art. 340, inciso 2°) y desplazamiento forzado (art. 180, ley 599 de  2000),  preceptos  que  señalan una pena oscilante entre un mínimo de seis (6)  años  y un máximo de doce (12) años, aplicables por favorabilidad frente a lo  previsto  en  los  artículos  186  del  decreto 100 de 1980, modificado por los  artículos  8°  de  la  ley  365  de  1997  y  4°  de  la ley 589 de 2000, que  establecían  para  el concierto para delinquir agravado una pena de diez (10) a  quince  (15)  años,  y  284-B, adicionado por el artículo 1° de la ley 589 de  2000,  que  preveía para el desplazamiento forzado una sanción privativa de la  libertad  de  quince  (15)  a  treinta  (30)  años,  de manera que resulta más  favorable   para   efectos  de  determinar  la  prescripción  aplicar  aquellas  disposiciones de la ley 599 de 2000.   

Para efectos de establecer el término de la  prescripción  en  este  caso,  se  parte  del  máximo de pena señalado en las  normas  infringidas,  esto es, 12 años, término que disminuido en la mitad por  razón  de  la interrupción de la resolución de acusación ejecutoriada, queda  reducido  a  6  años,  lo  cual  significa  que  en  este particular asunto, el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción respecto de los delitos de concierto  para  delinquir  agravado  por la finalidad y desplazamiento forzado opera en un  término de 6 años (artículo 84, decreto 100 de 1980).   

4.  Como  las  resoluciones  de acusación,  alcanzaron  ejecutoria,  la primera, el 22 de noviembre  de   2002,  y  las  dos  restantes,  el  29  de ese mismo mes y año, esto significa  que  el tiempo mínimo señalado por la ley para que operara la prescripción de  la  acción  penal  en  el  juicio  (6  años),  se cumplió el 21 y 28 de   noviembre  de  2008,  es decir, dentro del lapso en que transcurrió el traslado  para  los no recurrentes (20 de noviembre y 11 de diciembre de 2008), sin que el  Tribunal  Superior de Popayán advirtiera la situación procesal de que aquí se  ha hecho referencia.   

5. Lo anterior, entonces, constituye razón  suficiente  para  que  la Sala proceda a declarar la prescripción de la acción  penal  derivada  de  esas  solas  conductas punibles, esto es, el concierto para  delinquir  agravado por la finalidad y el desplazamiento forzado, y a ordenar en  consecuencia,  la  cesación  del procedimiento adelantado contra los procesados  que  fueron acusados y condenados por tales delitos, determinación que se hará  efectiva  a los no recurrentes porque el fallo fue impugnado siendo improcedente  admitir  ejecutorias  parciales como así lo tiene definido la jurisprudencia de  esta Corporación.   

6.  Cabe  advertir que en relación con los  procesados      Diego      Alexander      Valencia  Cabrera,  Jair  Alexander  Muñoz Borga, Nilson Javier  Pérez  Grandet,  Luis  Fernando  Arce Martínez y Jorge Enrique Julio Hoyos, no  opera  la  prescripción de la acción por el delito de concierto para delinquir  porque  a ellos les fue imputada tal conducta punible bajo las circunstancias de  agravación  establecidas  en  los  inciso 2° y 3° del artículo 340 de la ley  599  de  2000,  evento en el cual la pena máxima es de dieciocho (18) años que  reducidos  a la mitad (9 años) por virtud de la ejecutoria de la resolución de  acusación no han transcurrido.   

Además,  a  Pérez  Grandet, Holman Ovidio  Cartagena,  Raúl  Fernando Vélez Sánchez, José Didier Duque Bernal, Reinaldo  Ceballos  Serna,  Eduardo  Rafael  Torres  Balceiro,  Antidio  Guachetá Camayo,  Francisco  Manuel  Ramos  Montalvo,  Luis  Felipe  Arce  Martínez y Melquisedec  Fajardo  Ospina,   se le atribuyó la circunstancia de agravación prevista  en  el  artículo  342 cp por haber pertenecido a la fuerza pública u organismo  de  seguridad  del  Estado, de manera que en tal hipótesis aumentada la pena de  una  tercera  parte  a  la  mitad,  el  fenómeno de la prescripción tampoco se  presenta  en  relación  con  estos  acusados  por  el  delito de concierto para  delinquir agravado.   

7.  En  ese  contexto,  y  con  miras  a la  claridad  que  merece  la  pluralidad de procesados y los delitos por los cuales  fueron  acusados y condenados, la declaración de prescripción y la consecuente  cesación del procedimiento quedará así:   

7.1.  Se  declarará la prescripción de la  acción  penal   y la consiguiente cesación del procedimiento en relación  con   todos  los  procesados  única   y   exclusivamente   por   el   delito   de  desplazamiento forzado.   

7.2.  Se  declarará la prescripción de la  acción  penal  y  la correspondiente cesación del procedimiento a favor de los  acusados  Wéimar  Ambuila  Caracas,  José  Joaquín  García Correa, Hámilton  Martínez  González,  Jorge  Luis Sánchez Ramírez, Manuel de Jesús Guachetá  León,  Francisco  Manuel  Jiménez  Hernández,  Carlos  Andrés  Ocampo, Julio  César  Mosquera,  Edilson  Bedoya,  John  Jairo  Echeverri,  Luis Miguel Terán  García,  José  María  Erazo  Sarmiento,  Édinson  Duarte  Londoño, Alcídes  Botero  Cardona,  Diego  Alexander  Pulgarín Caro, Manuel Pereira Peralta, John  Fredy  Montoya  Monsalve,  Diego  Alberto  Pérez  López,  José  Caro Higuita,  Albeiro  Enrique  Serna  Ortiz,  Fabián  Andrés  Roa Palacios, Antonio García  Capataz,  Alonso  Giraldo  Usuga,  Andrés  Felipe  Hernández  Alegría, Sandro  Fernando  Villegas Riaño, Delio Gerardo Muñoz Garcés, Andrés Felipe Solarte,  Javier  Golu  Carabalí,  Émerson  Angulo  Bustamante,  Wilfrido  José Medrano  Hoyos,  John  Jairo  Poso  Giraldo,  José  Edwin  Peralta Tobar, Félix Anselmo  Jiménez  González,  Éyber  González Muñoz, Francisco Armando Velasco, Arley  Ruiz  Gaviria, Óscar Fernando Niño Naranjo y Mario Orrego Ocampo, por  la  conducta  punible de conocierto para delinquir agravado por  la finalidad.   

8. Igualmente se procederá a la reducción  de  la  pena impuesta a los acusados y condenados por tales injustos penales, en  la  medida  que  ya  no  puede  haber incremento punitivo por el concurso de las  conductas  punibles  de  concierto  para  delinquir  agravado por la finalidad y  desplazamiento  forzado porque tal aspecto es el resultado obvio de la decisión  de prescripción que se adoptará.    

   

9.  En  el  fallo  de  primera  instancia  -confirmado  por  el  Tribunal-  en  el  proceso  de  dosificación  punitiva se  estableció  que  se  partía  de  la  conducta  punible  más  grave -homicidio  agravado  con  fines  terroristas,  arts. 103 y 104-8 cp-, y como no concurrían  circunstancias  de  agravación  ni atenuación lo procedente era moverse dentro  del  primer  cuarto  -300 a 345 meses-, los que al incrementarse por el concurso  homogéneo  de  homicidios  en 17 víctimas reportadas, los delitos de concierto  para  delinquir  agravado  y desplazamiento forzado, la pena con creces excedía  de  cuarenta  (40)  años  de  prisión  y  como  ese  era el límite máximo de  sanción  privativa  de  la  libertad  prevista por el legislador a ella quedaba  circunscrita esa clase de castigo punitivo.   

Esa  forma  de  proceder  desconoció  la  necesidad  de  fijar  los  límites  punitivos  de  todas las conductas punibles  concurrentes  con  el  homicidio  agravado,  que  en  el caso del desplazamiento  forzado  -art.  180  cp  de 2000- y del concierto para delinquir agravado por la  finalidad  -art.  340  inciso  2°, ibídem-, atinente al primer cuarto, oscilan  entre 72 a 90 meses.     

Por  lo  anterior,  al quedar excluidos los  delitos  de  desplazamiento  forzado  y concierto para delinquir agravado por la  finalidad  en  razón  a  la  prescripción que se declara, la pena que deberán  cumplir  los  procesados  a  quienes  se  condenó  por los delitos de homicidio  agravado  y  desplazamiento forzado se reducirá en doce (12) meses, para quedar  en  definitiva  en  cuatrocientos  sesenta  y ocho (468) meses por las conductas  punibles  de homicidio agravado. Y, los condenados por las conductas punibles de  homicidio  agravado,  desplazamiento forzado y concierto para delinquir agravado  por  la  finalidad  se  disminuirá  en  veinticuatro (24) meses, para quedar en  definitiva  en  cuatroscientos  cincuenta y seis (456) meses de prisión por los  delitos  de  homicidio  agravado. En lo demás, quedarán vigentes los fallos de  instancia.      

A  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.-  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada   en   defensa   del  procesado  Diego  Alexander  Valencia  Cabrera.   

2.-  CASAR OFICIOSA Y PARCIALMENTE el fallo  impugnado,   y,   en   consecuencia,   ordenar   que   el  asunto  sea  remitido  inmediatamente  al Juzgado Penal del Circuito Especializado de Popayán para que  dicte  el  fallo correspondiente en relación con el acusado Melquisedec Fajardo  Ospina,  por los delitos de homicidio agravado con fines terroristas y concierto  para delinquir agravado por el artículo 342 del cp.   

3.-  DECLARAR  PRESCRITA  la  acción  penal  derivada  de  la  conducta  punible  de  desplazamiento  forzado,  y ordenar, en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento  adelantado contra todos  los  procesados  por  tal  delito.   

4.-  DECLARAR  PRESCRITA  la  acción penal  deriva  del  delito  de concierto para delinquir agravado por la finalidad, y en  consecuencia,  ordenar  la  cesación  del  procedimiento seguido contra Wéimar  Ambuila  Caracas,  José Joaquín García Correa, Hámilton Martínez González,  Jorge  Luis  Sánchez  Ramírez,  Manuel  de  Jesús  Guachetá León, Francisco  Manuel  Jiménez  Hernández,  Carlos  Andrés  Ocampo,  Julio  César Mosquera,  Edilson  Bedoya,  John Jairo Echeverri, Luis Miguel Terán García, José María  Erazo  Sarmiento,  Édinson  Duarte  Londoño,  Alcides  Botero  Cardona,  Diego  Alexander  Pulgarín  Caro, Manuel Pereira Peralta, John Fredy Montoya Monsalve,  Diego  Alberto  Pérez  López, José Caro Higuita, Albeiro Enrique Serna Ortiz,  Fabián  Andrés  Roa  Palacios,  Antonio García Capataz, Alonso Giraldo Usuga,  Andrés  Felipe  Hernández  Alegría,  Sandro  Fernando  Villegas Riaño, Delio  Gerardo  Muñoz Garcés, Andrés Felipe Solarte, Javier Golu Carabalí, Émerson  Angulo  Bustamante, Wilfrido José Medrano Hoyos, John Jairo Poso Giraldo, José  Edwin  Peralta  Tobar,  Félix  Anselmo  Jiménez  González,  Éyber  González  Muñoz,  Francisco  Armando  Velasco,  Arley Ruiz Gaviria, Óscar Fernando Niño  Naranjo  y  Mario  Orrego Ocampo,  únicamente por  la conducta punible que se acaba de mencionar.   

5.-  PRECISAR que, como consecuencia de las  anteriores  decisiones,  la  pena  que  deberán cumplir los procesados será la  siguiente:   

5.1.  José  Antonio Morales Galindo o Luis  Humberto  Morales  Galindo,  Gumersindo  Patiño  Valencia,  Jhon  Fáver Marín  Dávila,   Wilson  Raúl  Agudelo  Matallana,  Ricardo  Dagua  Guegia, Luis  Alberto  Muñoz Martínez, Jairo Buendía Torres, Gilberto Sánchez Zapata, Hugo  León  Molina Tabares, José Norbey Cometa Yandi, Luis Fernando Martínez Ramos,  Vladimir  Pechené  o  Sánchez  Pechené,  José Jaime Pillimue Pillimue y Jhon  Fredy  Pérez  Jiménez,  la de cuatrocientos sesenta y ocho (468) meses de  prisión  como  coautores  responsables de los delitos de homicidio agravado con  fines terroristas.   

5.2. Wéimar Ambuila Caracas, José Joaquín  García  Correa,  Hámilton  Martínez  González, Jorge Luis Sánchez Ramírez,  Manuel  de  Jesús Guachetá León, Francisco Manuel Jiménez Hernández, Carlos  Andrés  Ocampo,  Julio  César  Mosquera, Edilson Bedoya, John Jairo Echeverri,  Luis  Miguel  Terán  García,  José  María  Erazo  Sarmiento, Édinson Duarte  Londoño,  Alcides  Botero  Cardona,  Diego  Alexander  Pulgarín  Caro,  Manuel  Pereira  Peralta,  John  Fredy  Montoya  Monsalve,  Diego Alberto Pérez López,  José  Caro  Higuita, Albeiro Enrique Serna Ortiz, Fabián Andrés Roa Palacios,  Antonio  García  Capataz,  Alonso  Giraldo  Usuga,  Andrés  Felipe  Hernández  Alegría,  Sandro  Fernando  Villegas  Riaño,  Delio  Gerardo  Muñoz  Garcés,  Andrés  Felipe  Solarte,  Javier  Golu  Carabalí,  Émerson Angulo Bustamante,  Wilfrido  José  Medrano  Hoyos,  John  Jairo  Poso Giraldo, José Edwin Peralta  Tobar,  Félix  Anselmo  Jiménez  González,  Eyber González Muñoz, Francisco  Armando  Velasco,  Arley  Ruiz  Gaviria,  Óscar  Fernando Niño Naranjo y Mario  Orrego  Ocampo,  la  de  cuatroscientos cincuenta y seis (456) meses de prisión  por los delitos de homicidio agravado.   

6.  Declarar  que  las restantes decisiones  adoptadas en el fallo impugnado, se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JULIO E. SOCHA SALAMANCA  

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                                SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO               MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                     

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                               JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                                 

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.   

    

1  Esta  actuación fue allegada el 9 de febrero de 2009  por  el  Tribunal  ante  pedido  de  la  Corte,  en  razón a que el proceso fue  remitido incompleto.   

2 Copia  de  esta  providencia  fue  remitida  a  la Corte por el Centro de Servicios del  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de Popayán el 20 de marzo de 2009.   

3  Copia  de esta providencia fue remitida a la Corte el  20  de  marzo  de 2009 por el Centro de Servicios del Juzgado Penal del Circuito  Especializado de Popayán.   

4  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  Sent.,  septiembre  12  de  2007, rad. 26967.   

5  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  Sent.  Cas.  Octubre 13 de  1994, rad. 8690.   

6  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  Sent.  Cas.  Mayo  28  de  2000,  rad. 16.441.   

7 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de Casación Penal,   Sent.  Cas. Marzo 24 de 2003, rad. 20.164., reiterada  en auto de junio 2 de 2004, rad. 21.484.   

8  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  Sent.  Cas.  Octubre 24 de  2003, rad. 17.466.   

9 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    Sent.  Cas.  Junio  30  de  2004,  rad.  18.368.   

10  CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación  Penal,   Auto     Cas.     sept.8/04,     rad.  22.588.     

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