30960(14-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 30960  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

                     ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

                                        Aprobado acta N°. 114   

Bogotá  D. C., catorce (14) de abril de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

Decide  la  Sala  el  recurso  de apelación  interpuesto   por   el   defensor  técnico  y  por  el  procesado  CARLOS  ARTURO  PARRA  CALIXTO  contra  la  sentencia  del  treinta  (30) de octubre de dos mil ocho (2008), por  medio  de  la  cual  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja lo condenó a  las  penas  de  cuatro  (4)  años  de  prisión,  interdicción  de  derechos y  funciones  públicas  por sesenta y dos (62) meses, multa en cuantía de ochenta  y  cuatro  (84)  salarios  mínimos   mensuales  vigentes y le concedió la  sustitución  de  prisión  efectiva  por  prisión  domiciliaria,  por hallarlo  penalmente   responsable   del   delito  de  prevaricato  por  acción  agravado  (artículos  413  y  415 de la ley 599 de 2000), conducta en la que incurrió el  8  de  junio  de  2004 cuando  –al   momento   de   la  calificación  del  sumario en el proceso radicado con el número 560- profirió  la  resolución  que anuló toda la investigación desde su fase preliminar, con  el  argumento  de  que la fiscalía local de Otanche no notificó la resolución  de  apertura  de  investigación  previa  a  los  imputados  individualizados  e  identificados,  y  que por ello se afectó la estructura del proceso, el derecho  de  defensa  y  el  principio  de  igualdad  (cfr. resolución en los folios 350  – 359 / 1).   

Así:   i)  decretó  la  nulidad  del  proceso  penal  desde  la  resolución  que  dispuso  la  investigación  preliminar,  anulando  tanto  las  ampliaciones  de  denuncia  como  las pruebas de cargos recaudadas, ii)  ordenó  la  libertad  inmediata del  único  sindicado  detenido  (Orlando Augusto López Gallego) y libró la boleta  de  libertad,  iii) dejó sin  efectos   las  declaraciones  de  persona  ausente  de  otros  tres  implicados,  iv)   levantó   las medidas cautelares contra los  bienes,   v)  invalidó  la  medida  de  aseguramiento  contra el único detenido en el proceso, vi)  canceló  las  órdenes  de  captura  libradas  contra tres sindicados ausentes (Norbey Orlando López Caicedo, Milton  López  Salinas y William Núñez Páez), y vii)   anuló  la resolución de cierre de investigación, no  obstante   existir   sindicación   precisa   contra   cuatro   implicados  como  responsables  del  delito  de  homicidio  del que fuera víctima Laureano Obando  López,  de  lesiones personales ocasionados a José Vicente  Obando López  y de porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

1.   El 29 de  junio  de  2003 en la Inspección de Santa Bárbara, jurisdicción del municipio  de  San  Pablo  de  Borbur  (Boyacá),  alrededor  de  las  once de la noche, se  desarrollaba  una  actividad popular con la finalidad de recaudar fondos para la  construcción  del templo religioso de la región, cuando Orlando Augusto López  Gallego,  en  asocio  de  Norbey Orlando López Caicedo, Milton López Salinas y  William  Núñez  Páez  (además de otras personas no identificadas) dispararon  en  múltiples  oportunidades  (doce  veces) contra Laureano Obando López quien  perdió  la  vida  en el instante, al tiempo que le propinaron un disparo en una  pierna a José Vicente Obando López.   

En  el curso de la investigación preliminar  abierta  el 3 de julio de 2003 por el Fiscal Local de Otanche, se recibieron las  denuncias  de  María  Alicia  Martínez  Roncancio  y  de  José Vicente Obando  López;   el  fiscal 24 Seccional de Chiquinquirá profirió resolución de  apertura  de investigación el 15 de julio de 2003 y recibió los testimonios de  Rodolfina  Medina  Ortiz,  Yenifer  Buitrago,  María Elva Delgadillo Lancheros,  Martha  Mendoza  Martínez  y  Tarcisio  Buitrago  Lancheros,  quienes  en forma  concordante  dijeron que el autor del homicidio de Laureano Obando López fue el  reconocido  comerciante  de  esmeraldas  Orlando  Augusto  López  Gallego quien  actuó  de  manera  conjunta  con  sus  escoltas  Norbey Orlando López Caicedo,  Milton Laureano López Salinas, William Antonio Núñez Páez.   

La  víctima Laureano Obando López recibió  al  menos  doce disparos de armas de fuego (cfr. informe centro de Salud, del 30  de  junio  de  2003,  folios  62 – 65), mientras que José Vicente Obando López  recibió  un  impacto  en  una  pierna;   además de la denuncia formulada,  comparecieron   a  la  investigación  como  testigos  María  Alicia  Martínez  Roncancio  (cónyuge  de  la víctima) y José Vicente Obando López (tío de la  víctima), quienes ratificaron los cargos.   

En el curso de la investigación la Fiscalía  declaró  personas  ausentes  y  nombró  defensores  de oficio a los imputados,  profirió  órdenes  de  captura  contra Orlando Augusto López Gallego y Norbey  Orlando  López  Caicedo;   el  6  de  agosto  de  2003 reconoció de forma  expresa  la  personería jurídica al defensor nominado por el sindicado Orlando  Augusto López Gallego y ordenó que se le diera posesión.   

El  17  de  octubre  de  2003,  el Fiscal 24  Seccional  de  Chiquinquirá  definió  la situación jurídica de los imputados  con  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva y libró las boletas de  encarcelación,  conforme los artículos 354 y 355 de la ley 600 de 2000 (folios  143  – 158 / 1);  el  11  de  febrero  de  2004  fue  capturado  Orlando Augusto López Gallego, quien  rindió  indagatoria  el  3 de marzo siguiente con la asistencia del defensor de  confianza  (folios  206  –  228  /  1);   el  22  de  abril  de  2004  se  decretó  el  cierre  de  la  investigación    (folios    279    – 286 / 1).   

Por  resolución  del  26  de  marzo de 2004  (folios  374  –  380)  el  fiscal   Porras   Ahumada  (antecesor  del  procesado  en  el  cargo)  se  abstuvo de decretar la “cesación de procedimiento”   (sic.),   medida  que  el  acusado  confirmó  el  22  de  abril  siguiente  (folios  407  –  415), mientras que por  resolución    del    8    de   junio   de   2004   (folios   350   –   359)   (en  la  que  se  funda  la  imputación por prevaricato) dispuso anular el proceso.   

2.    El  procesado   CARLOS  ARTURO  PARRA  CALIXTO,  a  cuyo cargo estuvo la instrucción del proceso en su fase final  (asumió  el  cargo  el  19 de abril de 2004), profirió la resolución del 8 de  junio  de  2004  en  la que decretó la nulidad de toda la actuación, invalidó  inclusive  las  pruebas  de  cargos que hacían parte del proceso penal (número  560)  contra  Orlando  Augusto López Gallego y otros, sindicados de los delitos  de    homicidio    agravado   y   lesiones   personales,   porque   –según  él-  se afectó el derecho de  defensa  por  practicar  pruebas  a espaldas del sindicado cuando aún no había  sido  vinculado  al proceso, como también del defensor técnico;  en suma,  porque  el imputado no contó con una defensa integral, ininterrumpida, técnica  y  material  desde  la  fase  previa  de  la investigación (cfr. artículos 306  – 3 conc. art. 310 del C.  de P.P.).   

Sostuvo  en la providencia de anulación del  sumario  que  si  bien  es  cierto  que  el defensor técnico de Orlando Augusto  López  Gallego  presentó el poder ante el fiscal instructor, su reconocimiento  se  hizo  con  posterioridad,  de  manera  que  no  se  integró  debidamente la  contradicción  y  el  defensor  técnico  no  intervino  en la práctica de las  versiones  de  cargos  recaudadas,  porque  para  ese  momento  no  había  sido  reconocido  como  sujeto  procesal;   alegó  que  era  irregular  que  los  testimonios  incriminatorios  se  recibieran  antes  de  reconocer  al  defensor  técnico de Orlando Augusto López Gallego.   

Recordó  que  en  el  curso del proceso y a  instancias  de  la  actividad  defensiva  los  testigos  fundamentales de cargos  María  Alicia  Martínez Roncancio y José Vicente Obando López se retractaron  (cfr.  declaraciones  del  4  de  marzo  de  2004  y  11  de  febrero  de  2004,  respectivamente);   alegó  que  al  declarar  la  nulidad de la actuación  desde  la resolución que ordenó la investigación preliminar, y de las pruebas  de  cargos  inclusive  cumplió  su  deber constitucional y legal de declarar la  violación  del  debido  proceso  y  del  derecho  de defensa, y que por ello su  comportamiento  no fue prevaricador porque la resolución proferida se ajusta al  ordenamiento   jurídico  (Constitución  Política,  Código  de  Procedimiento  Penal,    sentencias    de   la   Corte   Constitucional   y   a   la   doctrina  jurídica).   

“Dígase lo que  se  quiera”  –dice-  las pruebas son nulas porque se  recibieron  en  la  fase  preliminar  de  la  actuación  sin haber vinculado al  sindicado  al  proceso  y  coartando  la  posibilidad de contra interrogar a los  testigos,  no  obstante  contar con imputado conocido desde la fase previa de la  investigación  penal.  Por manera que la conducta del fiscal es atípica y  de   ninguna   manera  afectó  el  bien  jurídico  de  la  Administración  de  Justicia.   

ANTECEDENTES  

El 23 de marzo de 2005 la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal de Tunja profirió resolución de acusación por el delito de  prevaricato  por  acción  agravado,  de que tratan los artículos 413 y 415 del  C.P.  (folios  584  – 644 /  1),  tramitado  el  juicio,  el 30 de octubre de 2008 la Sala Penal del Tribunal  Superior   del  Distrito  Judicial  de  Tunja  profirió  sentencia  de  primera  instancia  (folios  515  –  580  /  5),  cuya  impugnación presentada de manera  oportuna,  tanto  por  el  procesado  como por el defensor técnico, corresponde  dirimir  a  la  Sala  Penal  de  la  Corte.   El proceso fue radicado en el  Despacho  por  reparto  del  8  de  diciembre  de  2008  (fol.  3 cuaderno de la  Corte).   

IDENTIDAD DEL PROCESADO  

CARLOS  ARTURO  PARRA  CALIXTO  identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía número 7217447 de  Tunja,  nacido  el  3  de noviembre de 1959 en Tunja (Boyacá), hijo de Tomás y  María  Inés,  casado con Luz Mireya Mendieta Pineda, abogado de la Universidad  INCA  de  Colombia,  especializado  en Derecho Penal en la Universidad Nacional,  estudió  Maestría  en derecho procesal en la Universidad Libre de Colombia, se  desempeñó  como Fiscal 24 Seccional de Chiquinquirá (ib. pág. 62l fallo de 2  instancia).   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

El  Tribunal  fundamentó  la  decisión  de  condena  en  la  demostración  de  que  la conducta del procesado (de   anular   el   proceso  penal  por  homicidio,  anular  pruebas  legítimamente  aducidas,  anular  medidas cautelares, las órdenes de captura y  las  medidas  de  aseguramiento,  en  lugar  de calificar el sumario como era lo  indicado  en  el  procedimiento  penal),  no  fue producto de un error involuntario,  sino  consecuencia  de  la  actuación “deliberada,          libre          y         consciente”   de   favorecer  indebidamente  los  intereses de uno de los procesados.   

LA IMPUGNACION  

Tanto  el  defensor técnico como el acusado  fundamentaron   la   impugnación   contra   la   sentencia  en  los  siguientes  puntos:   

Sostienen  que la declaratoria de nulidad en  el   sumario   radicado   con   el  número  interno  560  de  la  Fiscalía  de  Chiquinquirá,    a    cargo    del    fiscal   PARRA  CALIXTO,  se profirió con fundamento en la violación  de  las  garantías fundamentales del debido proceso y del derecho de defensa de  Orlando  Augusto  López  Gallego,  toda  vez  que  en la fase de investigación  preliminar  se  recaudaron  testimonios  en  contra  del  imputado  –léase  pruebas  de cargos- cuando era  obligatoria  la  vinculación  formal  a  la  investigación  porque  se  tenía  plenamente establecida la individualización del imputado.   

Insistieron  en que el ex fiscal aplicó una  teoría  garantista,  en coherencia con la propuesta de la parte defensiva en el  proceso  560  según  el memorial de alegaciones precalificatorias, atendiendo a  la  aducción  ilegal de los testimonios de cargos, toda vez que para el momento  del  recaudo  de  esas  versiones  el imputado no tenía la condición de sujeto  procesal  (porque  no había sido vinculado formalmente), luego la nulidad de la  actuación  se  profirió  para  garantizar  el  derecho de defensa, teniendo en  cuenta  que  la  parte  defensiva  tenía la facultad de contra interrogar a los  testigos  y  que  se  demostró  con  excesiva referencia jurisprudencial que la  providencia del fiscal fue acertada.   

Resaltan  que  la  sentencia  condenatoria  eludió  el  tema de la corrupción del funcionario como motivo para proferir la  providencia,  además,  afirman  que  no  existe  argumento alguno sobre cuál o  cuáles   fueron   las  razones  que  llevaron  al  fiscal  a  querer  favorecer  supuestamente  al  sindicado Orlando Augusto López Gallego, porque la sentencia  no asumió ese interrogante.   

Pidieron   revocar  el  fallo  y  proferir  sentencia  absolutoria, sencillamente porque la decisión del fiscal se contrajo  a  una  mera  diversidad  de  criterios  en  relación con la determinación que  debió  adoptarse  (si  calificar  el  sumario,  precluir  la  investigación  o  decretar  la  nulidad  desde  la  fase  en  que  se  presentó  la violación de  garantías defensivas).   

De  manera alternativa, el defensor técnico  pidió  que  se  declare la nulidad de la sentencia impugnada para que se ordene  al   juez   colegiado  de  primera  instancia  que  resuelva  íntegramente  las  inquietudes de la parte defensiva.   

LA CORTE CONSIDERA  

Es  competente  la Corte Suprema de Justicia  para  resolver  el  recurso  de  apelación propuesto por el opugnador contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Barranquilla (artículo 75  –  3  de  la  Ley  600 de  2000).   

Respuesta   a   los   argumentos   de  los  recurrentes   

Dentro   de  márgenes  razonables  en  la  interpretación  de  la  ley sustantiva en relación con la labor de decidir (de  decir  el  derecho), lo que el ordenamiento jurídico espera de los funcionarios  de  las  distintas  Ramas  del  poder público, entre ellas la rama judicial por  antonomasia  (fiscales, jueces, unidos los agentes del Ministerio Público) y en  general  de  quienes  cumplen funciones que tienen que ver con la contemplación  probatoria  y  la  aplicación  del ordenamiento jurídico, es que acierten a la  hora  de  la valoración material y jurídica de las pruebas del proceso y en la  aplicación  del derecho vigente al caso específico.  Así, cuatro son los  referentes de exigibilidad:   

Acierto  en  la  contemplación material de las pruebas   

Acierto  en  la  contemplación jurídica de las pruebas   

Acierto     en     la     legalidad de los procedimientos   

Acierto     en     la     aplicación      de      las      normas     sustantivas.   

Ello  es  lo  que  se  conoce como el amparo  presuntivo   de   acierto   y  legalidad  del  que  gozan  las  decisiones  judiciales;   el  delito de  prevaricato  por  acción se estructura cuando el servidor público en ejercicio  de   sus   funciones   profiere   dictamen,  resolución,  acto  administrativo,  providencia  judicial  o concepto que de manera manifiesta se aparte del sentido  de  la  norma  jurídica  llamada a regular el caso, con lo cual afecta tanto la  credibilidad   y   la   integridad   de  la  administración  pública  como  el  funcionamiento     del     sistema     jurídico1.   

1.  La nulidad es la máxima sanción al  proceso   

A  nivel  teórico,  es pertinente decir que  cuando  se  declara  una  nulidad  en el curso del proceso penal, quien hace tal  declaración  asume el rol de juez constitucional (léase de garantías), por el  simple  hecho de que el referente fundamental para adelantar el proceso penal es  la  observancia  plena  de  las  formalidades  procesales  y  el  respeto de las  garantías  debidas  a  los sujetos intervinientes, es decir, el cumplimiento de  la     Constitución     y     de     la     Ley2.   

La  declaratoria  de  nulidad es sin lugar a  dudas  una  medida  de  excepcional carácter, de mayúscula trascendencia en el  proceso  judicial, teniendo en cuenta que la anulación es el mayor castigo a la  actuación,  tanto  que  obliga  a rehacerla;  luego, una determinación de  dicha  magnitud  sólo  procede  cuando  la  irregularidad que se detecta afecta  realmente  garantías  de  los  sujetos procesales, ora porque se desconocen las  bases    fundamentales    del    debido   proceso   (instrucción   –  juzgamiento) ya porque se desconocen  garantías     defensivas.     Principio    de  trascendencia.   

Por   lo   demás,   cuando   se  detecten  irregularidades  nimias  (porque  no  se  libró una comunicación, porque no se  surtió     una    notificación),    no    obstante    advertir    –concluir-  que el interviniente conoce  la  decisión,  la imputación, la existencia del proceso y la trascendencia del  debate  así  como  sus  derechos  como  sujeto  procesal,  el  principio que en  términos   generales   orienta   el   adelantamiento  del  trámite  es  el  de  convalidación     (la  rectificación  del  yerro)  en  la  medida  que  hacer  las  correcciones  a la  ritualidad  –con respecto  de  las  garantías  de  parte-  propicia el buen desarrollo de los procesos las  intervenciones  judiciales, la eficacia y la eficiencia de la Administración de  Justicia.   

2.  El ejercicio del derecho de defensa  (el caso concreto)   

Como  especie del género debido proceso que  es,     el     derecho    de    defensa    no    se    garantiza    –por  sí-  con  la  declaratoria de la  nulidad  (máxima  sanción  al  proceso  penal),  sino con la oportunidad a las  partes de contradecir las evidencias aportadas:   

Al revisar el sumario radicado con el número  560  de  la  fiscalía,  la Sala advierte que la ritualidad instrumental (debido  proceso) se adelantó de conformidad con la ley; en efecto:   

El  hecho sucedió el 29 de junio de 2003 en  la   inspección   de   Policía  de  “Santa        Bárbara”,  del Municipio de San Pablo de Borbur (Boyacá), y con ocasión de  aquella  muerte  la  fiscalía profirió la resolución de investigación previa  en  la  que  dispuso escuchar los testimonios de las personas que conocieron del  episodio (folio 10).   

En desarrollo del diligenciamiento preliminar  la  fiscalía  recibió  las  denuncias  formuladas  por  José  Vicente  López  (víctima  de  un disparo en una pierna) y de Alcira Martínez Roncancio (esposa  del  occiso)  quienes  hicieron  una sindicación precisa contra Orlando Augusto  López  Gallego,  Norbey Orlando López Caicedo, Milton López Salinas y William  Núñez Páez:   

El denunciante José Vicente Obando López al  presentar  su  queja  refirió  lo  ocurrido  en los siguientes términos:    

… “ahí  fue  cuando  él miró hacia la  esquina  de  la  agencia  y miró a mi sobrino Laureano Obando López que estaba  con  un  muchacho  y  lo miraba fijamente por unos minutos y me dijo Vicente, el  problema  es  con  este  catrehijueputa  que  esta  parqueado  allá, que era mi  sobrino  y  si  quiere  píntela como quiera y yo le contesté porque se la va a  montar  a mi sobrino, si está quieto, está lejos y no lo está ofendiendo para  nada… y se fue acercando  a  mi  sobrino  y  le dijo Laureano, usted tiene un problema conmigo…  fue  cuando  le disparó, cuando mi  sobrino  cayó  él  voltió la pistola y me pegó un tiro en una pierna y yo me  volé  para  el puesto de policía porque no encontré ninguna alternativa más,  pues  yo  estaba  desarmado y sonaban muchísimos tiros, y le dije al comandante  vaya    y    coja   a   Orlando   López  porque  mató  a  mi sobrino Laureano Obando López y me hirió a  mí   de   rasponazo   en   la  pierna…  después de caer al suelo muerto por los tiros de Orlando López,  fue     rematado    por    su    hijo    Norbey    Orlando    López”  (folios 15 y 16).   

En  el  mismo  sentido,  Alcira  Martínez  Roncancio   (viuda   del   occiso   Obando   López)  denunció  como  coautores  responsables  de  los  mismos  hechos  a  William Núñez Páez, Orlando López,  Norbey  Orlando  López,  Milton  López  Salinas,  William Núñez Páez, Raúl  González y Jorge Camacho (folios 18 y 19).   

Esas  querellas  fueron la base para que la  Fiscalía  24  Delegada  ante los Juzgados Penales del Circuito de Chiquinquirá  profiriera  la  resolución de apertura de investigación el 15 de julio de 2003  (folios 20 y 21).   

En  desarrollo  de  las  averiguaciones, el  21   de   julio   siguiente  rindieron  testimonio  María  Alcira Martínez Roncancio (folio 32 –  34),  José  Vicente  Obando  López  (folios   35   –   37),  Rodolfina  Medina  Ortiz  (folios  38  –     39),     Yenifer     Buitrago     (folios    40    – 41), María Elva Delgadillo Lancheros  (folios  42  – 43), Martha  Mendoza   Martínez   (folios   44   –  45).   Todos  ellos  (testigos  de cargos) involucraron a las  personas  referenciadas  por  los  denunciantes. Tarcisio Buitrago Lancheros fue  escuchado el 30 de julio de 2003 (fls 53-56).   

En síntesis, los testigos fueron contestes  en  señalar  entre  los responsables del homicidio de Laureano Obando López al  reconocido  comerciante  de  esmeraldas  Orlando  Augusto  López  Gallego quien  actuó     de     manera     conjunta     con    sus    escoltas    “pájaros”,  entre  quienes  citaron  a  Norbey  Orlando  López Caicedo, Milton Laureano López Salinas, William Antonio Núñez  Páez.   

El 6 de agosto de 2003 la fiscalía declaró  personas  ausentes  a  Orlando  Augusto  López  Gallego y Norbey Orlando López  Caicedo  (folios 66) no obstante, por advertir que el primero de ellos, desde el  22  de  julio anterior había  hecho  llegar  un  poder  conferido a su defensor de confianza (folio 49), en la  misma   determinación   lo  reconoció  como  tal  y  lo  nombró  –además-  como  defensor de oficio del  contumaz;   el  1  de octubre de 2003 declaró personas ausentes y designó  defensor  de  oficio  a  los sindicados Milton Laureano López y William Antonio  Núñez Páez (fol. 150)   

2.1.   El  17  de  octubre de 2003, el  Fiscal  Seccional  que  tenía  a  cargo la instrucción, definió la situación  jurídica  de los imputados con medida de aseguramiento de detención preventiva  y  libró  las  boletas  de encarcelación, conc. artículos 354 y 355 de la Ley  600  de  2000  (folios  156 – 169 / 1);  el mismo funcionario resolvió una  solicitud  de “cesación de  procedimiento”   (sic.)  –léase   petición  de  preclusión  de la investigación- (artículo 39 de la ley 600 de 2000) el 26 de  marzo  de  2004  en  la que negó el requerimiento defensivo, con los siguientes  argumentos    que   ya   revelaban   dos   corrientes   probatorias   claramente  definidas:   

“La fiscalía  por  resolución  del  17 de octubre de 2003 decretó medida de aseguramiento de  detención  preventiva  en  contra  de  Orlando  Augusto  López Gallego, Milton  López  Salinas  y  William  Antonio  Núñez Páez por los delitos de homicidio  agravado  y  para  Norbey López Caicedo por el mismo punible en concurso con el  de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

…se tomó tal  decisión  con  fundamento  en las denuncias y posteriores exposiciones que bajo  juramento    rindieran    Alcira    Martínez    Roncancio,    esposa    de   la  víctima…  José Vicente  Obando  López  tío  del  occiso  y  lesionado,  así  como  de los testimonios  rendidos  por los presenciales Rodolfina Medina Ortiz, Yenifer Buitrago Medina y  Tarcisio  Buitrago  Lancheros,  exposiciones  coherentes  que  dan  cuenta de la  presencia  en el lugar de los hechos de los implicados, portando armas de fuego,  y  ya  en el desarrollo de los hechos dan a conocer las actividades que cada uno  de estos desarrollaron…   

En el curso de la investigación acudieron  una  vez  más  José  Vicente  Obando  López  y Alcira Martínez, compañera y  esposa  de la víctima e indicaron que sus aseguraciones primarias no son reales  sino  fueron  el producto de una farsa o maquinal montaje preparado por personas  que  se  encuentran  a la sombra y buscan ansiadamente atribuir la causación de  la conducta criminal a Orlando López…   

Pareciera  que a partir de este momento la  investigación  sufriera  un  cambio  radical  en cuanto a la contundencia de la  prueba  que  oportunamente  sirvió  como  sustento  de la decisión de mantener  detenidos  a  los implicados, precisamente ante las retractaciones de los cargos  directos  que  inicialmente hicieran Alcira y José Vicente en contra de Orlando  López  y  los demás sindicados como autores del homicidio de Laureano, pero en  honor  a  la  verdad  tales  ampliaciones  dejan  entrever  la existencia de una  manipulación,  puesto  que adicional a las revelaciones primarias militar en el  infolio  las  declaraciones de Yenifer Buitrago Medina, Rodolfina Medina y la de  Tarcisio    Buitrago    y    el    mismo    informe    de   policía…  en  donde  claramente  atribuyen la  causación  del homicidio a los implicados en comento, basado en la información  que  momentos  después  en el lugar de los hechos el mismo José Vicente Obando  López  les señalara a Orlando López Gallego como el autor del homicidio junto  con    cuatro    o   seis   individuos   que   trabajan   para   él…”   (folios  374  – 380).   

2.2.   El  aquí  acusado CARLOS  ARTURO  PARRA  CALIXTO  asumió el  cargo  de Fiscal 24 Seccional de Chiquinquirá (Boyacá) desde el 19 de abril de  2004,  y  el  22  de  abril  de  2004  resolvió  el  recurso de reposición que  presentó  la defensa contra la anterior determinación (folios 385 –  393).   Esto  dijo  en  aquella  ocasión    en    la    que,    al    mismo    tiempo,    clausuró   el   ciclo  investigativo:   

“…Vinculados  en  legal  forma  todos  los  citados  en  el  inciso  que  antecede  (se  refiere  a Orlando Augusto López  Gallego,  Norbey  Orlando López Caicedo, William Antonio Núñez Páez y Milton  Laureano  López  Salinas), esta agencia investigativa  les  resolvió  la  situación  jurídica  imponiéndoles  a  cada uno de ellos,  medida  de  aseguramiento  consistente en detención preventiva sin beneficio de  la libertad.   

La defensa técnica y particularmente la de  Orlando  Augusto  López  Gallego, ha sido acuciosa en  el  desarrollo  de  la  prueba  testimonial  ejerciendo a plenitud el derecho de  contradicción3,  razón  por  la  cual,  al hacer un análisis de la misma, en su  sentir,  expresa  en el memorial que obliga a la presente determinación, que la  situación  fáctica  ha  variado  y  que  por  ende  lo  dable  es acceder a la  preclusión  de  la  investigación  o en forma subsidiaria revocar la medida de  aseguramiento.   

…argumenta  que la prueba de cargo está  desvanecida  o  desdibujada  por completo en atención a que las atestaciones de  José  Vicente Obando López y María Alcira Martínez Roncancio, como en efecto  lo  expusieron  en su segunda salida procesal, son las sinceras y que merecen la  credibilidad del caso…   

Como siempre, respetados son los argumentos  expuestos     por    las    defensas…  pero en esta oportunidad, a pesar del advenimiento de la clausura  de   la   investigación,  con  el  más  profundo  respeto  disentimos  de  sus  apreciaciones  y  por  ello desde ya anunciamos que las súplicas demandadas con  las  formalidades  de  caso,  son  denegadas,  así  las  manifestaciones de los  señores  José  Vicente  Obando  López y María Alcira Martínez Roncancio, en  sus  últimas salidas procesales dejen entrever, igualmente con el más profundo  respeto,  pero  en forma mendaz una contradicción abiertamente opuesta a la que  suscribieron  en  las noticias criminosas arrimadas en  forma  legal  al  paginario,  como  además  en  las ratificaciones que en forma  puntual    y    en    legal    forma    hicieron   en   sus   primeras   salidas  procesales, pues el despacho atiende positivamente la  circunstancia  a  que  en  efecto  no  redactaron esas noticias criminosas en un  computador  en  forma  directa, pero también es cierto que esa información que  reposa  en  esos escritos, en sana lógica,  son  el  fiel reflejo de lo que le informaron al que la redactó  en  el  computador y que de acuerdo a la sana crítica  y   a   alas  reglas  de  la  experiencia,  antes  de  suscribirla,   tuvieron  que  haber  sido  leídas,  esto  en  atención  a  que  verdaderamente   advirtieron  el  desenlace  de  los  hechos  y  más  aún  por  el grado de afinidad y el  grado   de   consanguinidad   con  el  occiso,  dicha  situación,  con  lujo  de detalles en forma coherente e hilada fue narrada ante  esta  delegada  con  las formalidades legales y en las  que  particularmente  por  ese  grado de afinidad y consanguinidad con el señor  Orlando  Augusto  López  Gallego,  se  osaron  de señalarlo directamente y sin  titubeo  alguno,  circunstancias  que desde los albores de la investigación les  asistía  el  interés  legal  para  que  la  muerte de su sobrino y cónyuge no  quedara  en  la  impunidad,  así  se  tratara de un allegado el responsable del  deceso inmisericorde de Laureano Obando López.   

…  

Lo  expuesto  por los citados en el inciso  que  antecede,  es  avalado en su totalidad por las aseveraciones que en sus dos  oportunidades  ha  tenido  el  señor Tarcisio Buitrago Lancheros.  Este es  coherente,  se  predica  y  se  sostiene que estuvo presente en el insuceso, que  incluso   fue   vinculado   en   este  diligenciamiento  por  haber  participado  activamente  en  la  protección  de  su propia vida, hasta el punto, que cuando  advirtió  que  iba  a  tener  la  misma  suerte  de su ex amigo Laureano Obando  López,   tuvo   que   refugiarse   para   en  último  término  hacer  algunos  disparos.   La presencia de Tarcisio Buitrago Lancheros en el teatro de los  hechos,  y  en  el  desarrollo de los mismos, no ha sido desvirtuada, lo que nos  hace  pregonar  que  su información junto con la de los testigos que contrae el  inciso  que  antecede,  merecen aprobación por parte  del despacho…   

El   señor   Agente   del   Ministerio  Público… demanda de esta  delegada  el cierre de la investigación arguyendo que se dan las exigencias que  contrae  el artículo 393 del C. de P.P., súplica que  se     atenderá    positivamente…”      (Destaca    la    Sala,    folios    407    – 415).   

Como en la decisión anterior se decretó el  cierre  de la investigación, sin alteraciones probatorias de naturaleza alguna,  se  recibieron las alegaciones defensivas previas a la calificación del sumario  (folios     466     –  497).   

2.3.   En  tales  condiciones,  lo que  marcaba   la  ritualidad  procesal  (contando  con  evidencias  de  cargos  cuya  legalidad  –contemplación  jurídica  de la prueba- no mereció reparo alguno, tal y como se destacó en la  trascripción  anterior)  era  entrar  a  apreciar materialmente las pruebas del  proceso  –tanto de cargos  como  de  descargos-  en sede de la calificación del sumario, que es la lógica  secuencia  procesal después del cierre de la clausura de la investigación (Ley  600 de 2000).   

Reitérese:     Lo    perceptible  procesalmente  era  que  el  fiscal  calificara  la investigación, como así lo  anunció  en la resolución transcrita y lo ordenaba el procedimiento (artículo  393 del C. de P.P.).   

No  obstante,  en lugar de proceder como lo  ordena  la  ley,  el  fiscal  PARRA CALIXTO  profirió  la resolución del 8 de junio de 2004 por la que anuló  i)  el proceso a partir de la resolución de apertura de investigación, ii) los  testimonios  de  cargos  (mantuvo  eso sí las retractaciones y otras evidencias  que  de  alguna  manera  se identifican con la corriente probatoria que propende  por  la  exclusión  de  responsabilidad penal), anuló las órdenes de captura,  anuló  las medidas cautelares. También ordenó la libertad del único detenido  “con  el  compromiso  de  presentarse      cuando      la      fiscalía      lo      requiera” y le expidió boleta de libertad, con  argumentos que se contraen a lo siguiente:   

i)    Se  desconoció  el  derecho de defensa porque no se les comunicó a los procesados,  debidamente  individualizados,  sobre la iniciación de la investigación previa  o   formal   en  su  contra  para  que  asumieran  a  plenitud  la  facultad  de  contradicción;  se desconoció el principio de igualdad.   

ii)  Declaró  la  invalidez  de  las  pruebas  de  cargos:  es decir, las ampliaciones de  denuncia  que  hicieran  José  Vicente  López  (víctima  de un disparo en una  pierna)  y  Alcira  Martínez  Roncancio (esposa del occiso), los testimonios de  imputación  recaudados  el  21  de julio de 2003 con ocasión de la apertura de  investigación                 formal4,  de  Rodolfina  Medina Ortiz,  Yenifer  Buitrago, María Elva Delgadillo Lancheros, Martha Mendoza Rodríguez y  Tarcisio       Buitrago       Lancheros       (folios      518      – 527).   

3.   El  fundamento  arbitrario  de la  resolución del 8 de junio de 2004:   

Encuentra  la  Sala  que  efectivamente  la  decisión   objeto   de  análisis  (del  8  de  junio  de  2004)  se  profirió  manifiestamente    contraria    al   ordenamiento   jurídico   por   múltiples  razones:   

3.1.   Inexistencia  de  nulidad  por  violación del derecho de contradicción.   

Si  bien  es  cierto que los testimonios de  cargos  se  recaudaron con ocasión de la investigación penal, la verdad es que  pretender  –como lo hiciera  el   procesado-   que   el  defensor  de  uno  de  los  implicados  –o  la  defensa  de  todos ellos- fuese  notificada  de  la  apertura  de  investigación  con  miras  a  que el defensor  técnico  asistiera  a la práctica de tales declaraciones recibidas5 con el fin de  contra  interrogar  al  atestante,  resulta  ser  una  exigencia que desborda el  ordenamiento  jurídico  procesal penal en la medida que el testimonio lo recibe  la  fiscalía, sin la obligatoria intervención de la contraparte, y en el curso  de  la instrucción y del juicio lo somete a la contradicción de las partes con  fundamento  en el principio de publicidad de las pruebas.   

El  derecho de contradicción probatoria no  se  ejerce  de  manera  exclusiva  con  la  formulación  de contra preguntas al  declarante,  como pretende hacerlo ver el impugnante;  no debe desconocerse  aquí  que  el  defensor  de  los  implicados  participó activamente en la fase  investigativa  del sumario, que impugnó las decisiones que adoptó la Fiscalía  en  ese trámite, que controvirtió las pruebas de cargos, que presentó pruebas  de  descargo,  que  adujo  alegaciones previas a la calificación del sumario, y  desde  esa  perspectiva,  lo pertinente a la hora de calificar el sumario no era  la  anulación  del  proceso  sino evaluar el mérito del eventual llamamiento a  juicio  como  lo  manda  el  procedimiento  de  la  ley  600 de 2000 que rige la  investigación6.   

Lo  exigible  al  funcionario era actuar de  conformidad      con      la     legalidad     del  procedimiento,  y  evidentemente  que  al  decretar la  nulidad  desbordó  la exigencia de la ley en el sentido de que el procedimiento  penal  imponía  al  fiscal  la  calificación  del sumario con acusación o con  preclusión  de  la  investigación según el caso (cfr. artículos 393 y 395 de  la ley 600 de 2000).   

3.2. La anulación de pruebas  

En  relación  con  la  anulación  de  una  corriente  probatoria  del  sumario  (ampliaciones de  denuncia  de  José  Vicente  López  y  Alcira Martínez Roncancio, testimonios  recaudados  el 21 de julio de 2003 con ocasión de la apertura de investigación  formal  de  Rodolfina  Medina  Ortiz,  Yenifer  Buitrago, María Elva Delgadillo  Lancheros,  Martha  Mendoza Rodríguez y Tarcisio Buitrago Lancheros),  encuentra  la  Sala  que  tal  decisión  (adoptada  en la misma  providencia)  también se profirió manifiestamente contraria a la ley.  La  legitimidad  de las pruebas es irrebatible, inclusive el mismo fiscal acusado lo  reconoció  de  manera  expresa en la decisión del 22 de abril de 2004 (apartes  arriba transcritos, destacados).   

Los  testimonios  se  adujeron  de  manera  oportuna,  a  pocos  días  de  ocurrido  el  hecho,  a  instancias  del  fiscal  instructor;   el fundamento constitucional y legal del recaudo es innegable  (artículo  250  de  la  C.  Pol.  conc.  artículos 113 y 114 de la ley 600), y  –además-  el  aporte  se  efectuó  de conformidad con la ley que gobernó la instrucción (artículos 275  y 276 ib.)   

De   manera   que   al   anular   pruebas  legítimamente   aducidas,  contravino  abiertamente  el  deber  que  tenía  de  contemplarlas  jurídicamente  de  manera  correcta,  de  verificar  que  su aducción respetó el ordenamiento  jurídico,    siendo    claro    que    el   procesado   conocía   –y   ya  lo  había  expresado  en  la  decisión  transcrita-  de  la  legalidad  de  esas  evidencias;  sabía  que no  existía razón alguna para que las anulara.   

Manifiestamente ilegal resulta entonces que  invalidan  lo  actuado,  dando al traste con una investigación que en términos  de acopio probatorio no ofrecía réplica.   

3.3.     La    calificación   del  sumario   

Lo que correspondía al fiscal –así  lo impone el procedimiento penal  en  sus  artículos  232,  234,  237, 238, 277, 282- era encarar la controversia  probatoria  en  sede  de  calificación del sumario (apreciación material de la  prueba),  es  decir,  contemplar  el  mérito  de  las  pruebas  de  cargos (que  ilegítimamente   anuló)   y   de   las  de  descargos  (cuya  validez  mantuvo  intangible),  para  llamar  a  juicio si era esa la determinación pertinente, o  para  precluir  la  investigación  si  existían  pruebas  que  refrendaran tal  medida.   

Flagrante   atropello   al   ordenamiento  jurídico  (penal  y procesal penal) cometió el instructor cuando, apartándose  del  material  probatorio  TOTALMENTE LEGÍTIMO con el que contaba el proceso, y  que  daba  cuenta  clara de la comisión de un homicidio (imputación fáctica),  con  dos  corrientes  probatorias  definidas,  la una de cargos representada por  testigos  que estuvieron presentes en el momento del hecho y otra, de descargos,  fundada  a  instancias  de  una  activa  labor defensiva que logró inclusive la  retractación   de   los  denunciantes,  en  lugar  de  acometer  la  discusión  probatoria  para  proferir  la decisión que en derecho correspondiera (como era  la  exigencia  legal,  artículos  393  y  395  del C. de P.P.), deliberadamente  eludió  ese  compromiso  legal  para  proferir  una  decisión  manifiestamente  contraria a la ley.   

Con  el  recaudo  válido  de pruebas en el  sumario,  con  la  ejecutoria  de  la  definición  de situación jurídica y la  clausura  de  la  fase  investigativa  (no  hubo  cierres  parciales), lo que se  perfilaba  como  única  medida  procesal  ajustada al  ordenamiento  jurídico  era auscultar las alegaciones  precalificatorias,  evaluar  materialmente las pruebas de cargos y de descargos,  teniendo  en  cuenta  la  validez  del  aporte  tanto  en  la  fase previa de la  investigación  como  en  la  fase  formal  de  la  misma  por  parte del fiscal  instructor.   

La actuación en derecho para el momento de  la  calificación  del  sumario  era acusar  con  fundamento  en  las  pruebas  de  cargos validamente aducidas  (artículo  397 del C. de P.P.), o precluir   con   apoyo   en   las  pruebas  de  descargos  (entre  ellas  la  retractación  de los testigos) (artículos 39 y 399 ib.), o con base en la duda  si ella existiera.   

Sin  embargo,  en  una decisión totalmente  consciente  y voluntaria (que no vacila la Sala en calificar como una talanquera  al  proceso penal), el fiscal optó por anular el proceso, las pruebas válidas,  las  medidas  de  aseguramiento,  en  fin,  desconoció  de  forma  flagrante el  procedimiento,  contravino  de forma abierta la ley que regula su actividad como  representante del órgano investigador del Estado.   

La  calificación  del  sumario  (bien  en  sentido     de     llamar    a    juicio    o    de    precluir)    –que   era   lo  exigible  legalmente-  habría  permitido  no  sólo  el  curso  normal  del  proceso  penal,  sino  la  intervención  de  los  demás  sujetos  procesales  en  aras  de  impugnar  una  cualquiera  de  las  medidas  que  debió  tomar, para encarar el juicio como lo  impone       el       proceso      debido      (constitucional      – penal).   

Tanto  más cuanto la fiscalía contaba con  fundamento  probatorio  legítimo y suficiente para decidir sobre el llamamiento  a  juicio  en  el  delito  de  homicidio con múltiples personas identificadas y  formalmente  vinculadas  (una  por indagatoria, tres por declaración de persona  ausente).   

4.  El favorecimiento a un tercero como  motivo para proferir la decisión contraria a la ley   

La defensa del procesado insistió en que la  sentencia  condenatoria  eludió  el  tema  la  corrupción del funcionario como  motivo  para  proferir  la  providencia;   recalcó  que no se demostró la  razón  que  llevó  al  fiscal  a querer favorecer al sindicado Orlando Augusto  López Gallego, porque la sentencia no asumió tal interrogante.   

Respóndase  a  ello  que el fundamento del  tipo  penal  del  prevaricato  activo  no es precisamente la demostración de un  interés        subjetivo        –favorecer  a  alguien-,  sino  la  prueba  de la voluntad dirigida a  desconocer   el   ordenamiento   jurídico  de  manera  arbitraria,  ostensible,  grosera.   

Lo injusto del comportamiento se fundamenta  en  que  la  decisión  del  juez  (funcionario)  se  aparta ostensiblemente del  derecho,  sin  que  importen  los  motivos que el empleado tuvo para ello;   dicho  de  otra  manera,  la  adecuación  típica  de  una  acción  u omisión  prevaricadoras  no  está  determinada  por  los  móviles  del juez sino por la  justificación   jurídica   de   lo  que  hizo  o  dejó  de  hacer7.    

En  síntesis,  basta  con demostrar que la  intención  del  actor fue la de agraviar el ordenamiento jurídico, para que se  configure  la  conducta  punible  de prevaricato, de donde surge acertado que el  juzgador  de  primera  instancia  no  abordara el tema, en tanto no determina la  adecuación típica de la conducta ni el fundamento del reproche.   

Por   las  anteriores  razones,  La  Sala  CONFIRMARÁ la decisión de primera instancia.   

5.   La  intervención  del agente del  Ministerio Público   

El  procurador 215 judicial penal advirtió  con  claridad  lo  ilegítima  que  era la resolución del 8 de junio de 2004, y  mediante  memorial  del  16  de  junio  siguiente sustentó la impugnación a la  resolución  de  la  fiscalía (como era debido, artículo 277 numerales 1, 3, 7  de   la   C.  Pol.);   allí  expresó  de  manera  clara  los  motivos  de  inconformismo   y   requirió   de   la   segunda   instancia  que  revocara  la  decisión:   

“…Para  el Representante del Ministerio  Público   cree   que  no  había  justificación  alguna  para  decretar  dicha  nulidad.   Sabido  es  por  todos nosotros que una persona que es dejada en  libertad  y  más  en esta región y que tenga poder económico, es muy difícil  que  vuelva  a  ser  capturada.  Pido con el mayor respeto a la justicia de  Chiquinquirá  Boyacá  que hechos como este, no se vuelvan a repetir, para bien  de  la  misma,  de  la  sociedad,  etc. porque debido a esto, es que la gente ha  perdido  credibilidad  en la justicia, y de ahí que muchos de los delitos no se  denuncian  y  la  gente  prefiera  hacerse  justicia  por  su cuenta”.   (Firmado:    Gerardo   Pinzón   Molano,   Procurador   215)   (folios  534  – 541).   

No  obstante  la  claridad  que  tenía  el  representante  de  la  Procuraduría  General de la Nación en el sentido de que  providencias  de  la  naturaleza  que  critica  no  se  deben  volver  a repetir  “para   bien   de   la  Justicia”, sorprende a la  Sala  que  el  nueve (9) de julio de 2004, mediante un memorial de escasas siete  líneas     desistió    del    recurso…              “con  el único fin de darle celeridad  a  la  investigación,  para que haya pronta solución al asunto.  Toda vez  que  actualmente  una  apelación  en  la  segunda  instancia se está demorando  bastante   tiempo   y   eso   trae   consecuencias   para  la  misma”.             (Firmado:    Gerardo   Pinzón   Molano,   Procurador)   (folio  563).   

Al  encontrar  irregular  la  conducta  del  señor  representante del Ministerio Público en este proceso, la Sala REMITIRÁ  copia  tanto de esta decisión, como de la resolución del 8 de junio de 2004, y  de  los  memoriales  del procurador judicial del 16 de junio de 2004 (folios 534  – 541) y del nueve (9) de  julio  de  2004  (folio  563),  a  la  Fiscalía  General  de  la Nación y a la  Procuraduraría General, para lo de sus competencias.   

No  desconoce  la  Sala  que  la  eventual  conducta  irregular  del  funcionario  del  Ministerio Público sucedió el 9 de  julio  de  2004,  y  que los términos de instrucción resultan de alguna manera  apremiantes.     Sin   embargo,   con   idénticos   argumentos…              “que  hechos como este no se vuelvan a  repetir   para   bien  de  la  Justicia,  de  la  sociedad,  para  preservar  la  credibilidad  en  la Justicia, para que no se promueva la ideología en la gente  al  punto  que… prefiera  hacerse   justicia   por   su   cuenta”  la  Sala EXHORTA  tanto  a la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Tunja como a la Procuraduría  General  de  la  Nación  –  Delegada  para  el  Ministerio  Público,  a que instruya las diligencias con la  mayor  celeridad  posible,  bajo el entendido de que la prueba documental que se  remite no es de difícil interpretación.   

En  mérito de lo dicho la Corte Suprema de  Justicia,  en  Sala  de Casación Penal y administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

1.     CONFIRMAR    la sentencia objeto de apelación.   

2.   REMITIR  copia  de  esta  decisión, de la resolución del 8 de junio de 2004 (folios 518  – 527), de los memoriales  del  Procurador  215  Judicial  Penal  del  16  de  junio  de  2004  (folios 534  – 541) y del nueve (9) de  julio  de 2004 (folio 563) a la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Tunja y a  la      Procuraduría      General      de      la      Nación     – Delegada para el Ministerio Público,  de   conformidad   con   las   motivaciones   de   esta  sentencia  (supra, num. 5).   

3.  COMUNICAR  la  sentencia  a  las autoridades encargadas del registro de las condenas (artículo  472 de la ley 600 de 2000).   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno;   ejecutoriada  REMÍTASE  al Juez de Ejecución de Penas y Medidas  de Seguridad (R.) para lo de su competencia.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                 SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

       ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE      LUIS     QUINTERO  MILANÉS                    YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO      ENRIQUE     SOCHA  SALAMANCA                             JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sentencia  del  18  de  junio  de  2008,  rad.  núm.  23051.   

2Cfr.  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sentencia  del  11  de  abril de 2007, Rad. núm.  26128.   

3El  defensor  técnico  de  los  sindicados  Orlando Augusto López Gallego y Norbey  Orlando  López  Caicedo  solicitó  la práctica de pruebas mediante memoriales  del  26  de  agosto de 2003 (folios 69 –  72),  10  de  septiembre de 2003 (folio 91), requirió definir la  situación  jurídica mediante memorial del 24 de septiembre de 2003 (folios 142  – 149), el 3 de marzo de  2004  asistió  en  la  indagatoria  de  uno  de los procesados (Orlando Augusto  López)  que  fuera  capturado  por  las  autoridades  (folios  323 –  331);   el  5 de marzo de 2004  pidió  la  “cesación de  procedimiento” a favor de  sus    defendidos    (folios   345   – 348).   

El  defensor  de  confianza asistió en la  indagatoria  a  Orlando  Augusto  López Gallego, tuvo acceso a las diligencias,  participó  en  el  decreto  de  pruebas y en la práctica de las que solicitó,  presentó   alegaciones  previas  a  la  definición  de  situación  jurídica,  impugnó  la  resolución  que  decretó  la  medida de aseguramiento, presentó  alegaciones  previas a la calificación del sumario, inclusive, a instancias del  defensor     técnico    se    allegaron    las    declaraciones    –retráctiles-  de  los denunciantes y  asistió como defensor de oficio a los demás implicados.   

4La  fiscalía  24  Delegada  ante los Juzgados Penales del Circuito de Chiquinquirá  profirió  la  resolución  de apertura de investigación el 15 de julio de 2003  (folios 20 y 21).   

5Cinco  testigos  declararon un día antes de que presentara el poder que otorgó uno de  los sindicados.   

6Cfr.  CORTE  SUPREMA,  Sala de casación penal, sentencia 4 de noviembre de 2009, rad.  núm.  26500;   del  23 de enero de 2008, rad. núm. 25855;  sentencia  del  12  de  septiembre de 2007, rad. Núm. 21144;  ib. sentencia del 30 de  noviembre de 2006, rad. Núm. 25185;  entre otras.   

7CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, auto del 16 de junio de 1981 (cfr. Régimen Penal Légis,  envío  número  97,  junio de 2008, & 3972);  sentencia del 18 de mayo  de  1999,  rad.  núm.  13827 (ib. Légis & 3973);  sentencia del 20 de  mayo  de  1997, rad. núm. 6746 (ib. Legis & 3979);  sentencia del 4 de  abril   de   2002,  rad.  núm.  17  008  (ib.  Legis  &  3979  –   3);    sentencia  del  3  de  septiembre  de  2002,  rad.  núm.  15  513  (ib.  Legis & 3979 – 4).     

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