30987(07-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 30987  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Aprobado Acta No. 216  

Bogotá,     D.    C.,    siete (7) de julio de dos mil diez (2010)   

V I S T O S  

Resuelve  la  Sala  el  recurso  de casación  discrecional  interpuesto  por  el  representante  de la parte civil  contra  el fallo del 6 de mayo de 2008,  por  medio  del  cual  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Barranquilla  revocó  la  sentencia  condenatoria proferida el 28 de noviembre de 2007 por el  Juzgado  Sexto  Penal  Municipal  de  esa  ciudad,  para  en su lugar absolver a  MARLON    ALFONSO    ACEVEDO   FANDIÑO  del  delito  de  lesiones  personales  culposas  en  la integridad  física de Germán Enrique Uribe Camaño.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El 17 de noviembre de 2000, aproximadamente a  las  3:10  a.m.,  la  camioneta  Toyota  Hilux  de  placas QGL 510 conducida por  MARLON    ALFONSO    ACEVEDO   FANDIÑO  que  se  desplazaba por la calle 76 sentido norte sur de la ciudad  de  Barranquilla  y  la  motocicleta  Honda  C-70 de placas EDC-03 en la cual se  movilizaba  Germán  Enrique Uribe Camaño por la carrera 46, colisionaron en la  intersección  de  ambas  vías. Como consecuencia del accidente, Uribe Caamaño  sufrió  lesiones  que  le  causaron  deformidades  físicas  en  su rostro y el  cuerpo,  perturbaciones  funcionales  del  órgano  de  la locomoción, todas de  carácter  permanente, y del sistema nervioso central que afectaron los órganos  de la visión y olfación.   

El  17  de  enero  de  2001,  la  Fiscalía  Veintitrés  de  Lesiones  Personales  de  Barranquilla,  con  fundamento  en la  denuncia  presentada  por  Edna Margarita Rua Llinas y el dictamen médico legal  de   lesiones,   dispuso   la   apertura  de  instrucción  contra  MARLON         ALFONSO         ACEVEDO         FANDIÑO.   

El  2 de febrero  del   mismo   año,   ACEVEDO   FANDIÑO fue oído en indagatoria.   

El  1º  de  marzo    de   2004,   la  Fiscalía   Veintitrés  Delegada  ante  los  Jueces  Penales   Municipales  de  Barranquilla   declaró   cerrada   la  investigación  y  el  28  de  junio  de  2005,  profirió    resolución    de   acusación  contra   MARLON  ALFONSO  ACEVEDO  FANDIÑO  por  el  delito  de lesiones personales culposas; determinación que el 20 de octubre del  mismo  año,  confirmó la  Fiscalía   Segunda   de  la  Unidad  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  al  resolver el recurso de apelación interpuesto por el defensor  del acusado.   

El       Juez       Sexto       Penal      Municipal   de   Barranquilla  a  quien  por     reparto    le  correspondió  adelantar  el  juicio,  en la audiencia preparatoria dispuso  la  práctica  de  las  pruebas  solicitadas    por    la   parte   civil,  ordenó  algunas  de  oficio  y fijó  fecha para la realización de la audiencia pública.   

El  28   de   noviembre  de  2007  dictó  sentencia  condenatoria  contra  el  procesado, fallo que  impugnado  por  la  defensa  fue  revocado  por  el  Superior  para  en  su  lugar  absolver     a     ACEVEDO    FANDIÑO,   siendo   éste   el  objeto  de  la  casación           discrecional.   

DE LA DEMANDA  

Cargo  Único. Con  fundamento  en  el numeral 1º del artículo 207 de la ley 600 de 2000, se aduce  la  violación  directa de la ley sustancial por aplicación indebida, en razón  al  error  del  juzgador al aplicar el artículo 314 de la ley 600 de 2000 y con  fundamento  en  él  considerar  “que el informe de  tránsito,  no tiene el valor de testimonio ni de indicios, solo puede servir de  criterio        orientador       de       la       investigación”.   

El  recurrente  señala  que en la sentencia  atacada   se  concluye  que  “el solo informe,  aún  ratificado por quien lo suscribió, no basta para imponer una condena, por  lo  que  se  procede a absolver a MARLON ALFONSO ACEVEDO FANDIÑO”,  sin  tener  en  cuenta  que  la  función  de  policía  judicial  encomendada  a  los  agentes  de  tránsito,  de  acuerdo con lo previsto en los  artículos  3,  4,  y  148  de  la  ley  769 de 2002, se adelanta inmediatamente  después   del   accidente  y  en  presencia  incluso  de  sus  protagonistas  o  autores.   

La  labor  desarrollada  por  los agentes de  tránsito  es  la  de  levantar  el  croquis con la ubicación de los vehículos  comprometidos,   describir   huellas   de   frenado,   recoger  información  de  transeúntes,  etc.,  cuyo  informe y descripción en copia debe ser entregado a  los   conductores,   tal   como  lo  dispone  el  artículo  149  de  la  citada  ley.   

En   cambio,   las   labores   previas  de  verificación  a  que  alude  el  artículo  314  de  la  ley  600  de 2000, son  averiguaciones  que se desarrollan tiempo después de la noticia criminal con el  fin  de establecer el posible autor de los hechos; indagación que por surgir de  la  iniciativa  propia  de policía judicial puede tornarse especulativa  o  caprichosa,  razón  por  la  cual  los  informes  no constituyen prueba y sólo  sirven como criterios orientadores de la investigación.   

A  su  juicio  los informes de tránsito, al  describir  una  realidad  material  y  ser elaborados por agentes que cumplen la  función  de  policía judicial, constituyen prueba documental, cuya valoración  por  el  funcionario  judicial  se  encuentra  sometida  a las reglas de la sana  critica.  En este caso, las normas aplicables son los artículos 315 y 319 de la  ley 600 de 2000.   

Expresa que el inciso 2º del artículo 7 de  la  citada  ley  también  fue aplicado indebidamente, de modo que con el reparo  denunciado  se  violaron  los  artículos  10, 11, 12, 23, 120 y 121 del Código  Penal,  148  de  la ley 769 de 2002, 249 del Código de Tránsito derogado y 252  del Código de Procedimiento Civil.   

Concluye  que  si  el  juzgador  no  hubiera  aplicado  de  forma indebida las normas sustanciales relacionadas en la demanda,  no hubiera revocado la sentencia condenatoria.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Para el Procurador  Primero     Delegado  en  lo  Penal la discusión  jurídica  propuesta  por  el  demandante,  se contrae a establecer si los informes suscritos por los agentes  de  tránsito  son pruebas documentales que deben ser  valoradas  de  acuerdo  con  el  método  de  la  sana  crítica,  o son simples  criterios     orientadores     de     la     investigación,     sin    eficacia  probatoria.   

Refiere  que  la  Corte    de    acuerdo  con        lo       previsto       en  el  artículo  314  de la ley 600 de  2000,  ha  venido  sosteniendo  que los informes de policía carecen de eficacia  probatoria,     criterio    que    la    Corte    Constitucional    avala   al  declarar   exequible  el  artículo  50  de  la  ley  504  de  1999,  el  cual  adicionó  el  inciso 4º del artículo 313 del Decreto  2700 de 1991.   

En     consecuencia,     no     existe    duda    que    las    exposiciones    o entrevistas realizadas por la policía  judicial  en  desarrollo  de su función previa de verificación, sirvan para el  recaudo  de  las pruebas que permitan el esclarecimiento de los hechos objeto de  investigación, pero carecen de valor probatorio.   

El  contenido  y  alcance     del     citado    precepto,  no  puede  confundirse  con las formalidades y requisitos legales  establecidos  en  el artículo 319 de la ley 600 de 2000, los cuales condicionan  la   validez   de  los  informes   de   policía  judicial  relacionados  con  las  labores  previas  de  verificación,  la  investigación previa realizada por iniciativa propia en los  casos   de   flagrancia  o  de  fuerza  mayor  y  la  actuación durante la investigación y el juzgamiento.   

En razón a que  esos   informes   son  rendidos  por funcionarios públicos mediante certificación jurada, se presumen  auténticos     mientras    no    se    les    tache    de    falsos,  conforme  con  las  previsiones del  artículo  252  del  Código  de Procedimiento Civil.  Esas  características  esenciales  le  imprimen  la  condición  de  documentos  públicos, a la cual la Sala había hecho referencia  en octubre 4 de 2001.   

Bajo  esas  consideraciones,   los  informes  de  los  agentes  de  tránsito   de  acuerdo  con  los  artículos  148  y  149  de  la  ley  769  de  2002,  son  documentos  públicos  que  se  presumen auténticos y sujetos a valoración probatoria bajo  las reglas de la persuasión racional.   

Precisado  ese  aspecto  de  la  demanda,  expresa  que  el  a  quo sustentó la condena en la valoración de los distintos  elementos  de  juicio aportados al proceso y no únicamente en el informe de las  autoridades  de  tránsito,  especialmente  en  la  credibilidad  otorgada a los  testimonios  de  la  víctima  Germán  Enrique  Uribe y del agente de tránsito  Ariel  de  Jesús Tejada,  como  a  la  inspección  judicial  y  al  dictamen  pericial,  que confirman la  información    suministrada    en    el   croquis   del   accidente.   

De ahí que la violación al deber objetivo  de   cuidado   la  haya  atribuido     a    ACEVEDO    FANDIÑO,   porque  además      de      no      aparecer     huellas     de     frenado,  el  procesado admitió haber tomado  dos  cervezas  y en cuanto entiende que el fundamento de la imputación no es la  embriaguez  por  sí  misma,  si  conlleva  a  la  disminución  de la capacidad  personal en el ejercicio de la actividad de conducir automotores.   

De  otro  lado, recuerda que en virtud del  principio  de  libertad  probatoria consagrado en el artículo 237 de la ley 600  de  2000,  no  se  requiere  del dictamen pericial para establecer la ingesta de  alcohol.   

Señala  que  la  versión de la víctima,  según   la   cual   ACEVEDO   FANDIÑO  pasó  el  semáforo  en  rojo,  encuentra  respaldo  en  lo  anotado  en  el croquis y en el testimonio del agente de  tránsito Ariel de Jesús Tejada.   

Como  el  informe  es  auténtico,  no fue  tachado  de  falso y encuentra confirmación con los demás elementos de juicio,  considera  que  asiste  razón  a  la parte civil cuando acusa a la sentencia de  segunda  instancia  de  violar  la  ley  sustancial;  yerro que se hace evidente  cuando    el    Juez    Primero   Penal   del   Circuito   fundamenta    el    fallo   en   que  “el  informe  de  tránsito,  no  tiene  el valor de testimonio ni de indicios, sólo  puede   servir  de  criterio  orientador  de  la  investigación”, a pesar de  reconocer  que  fue ratificado por el agente Tejada Polo y que existen elementos  que  confirman  su  contenido, en lo relacionado con el aliento alcohólico y la  manifestación  de  haber  sido  el  acusado,  quien  cruzó  la vía estando el  semáforo en rojo.   

El Delegado pide  casar  el fallo impugnado,  para  en  su  lugar confirmar la sentencia de primera instancia proferida por el  Juzgado Sexto Penal Municipal de Barranquilla.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Admitida  como  lo  fuera  la  demanda  de  casación   discrecional   conforme   a   los  presupuestos  señalados  por  la  Sala1,  se  pronunciará  de fondo sobre los reproches propuestos en ella  contra  la sentencia del Juzgado Primero Penal del Circuito de Barranquilla, sin  que  se  ocupe  en  puntualizar las falencias de técnica que pudiera presentar,  pues  una  declaración  de  tal  naturaleza  presupone  el  cumplimiento de los  requisitos mínimos para que se hubiera dispuesto su trámite.   

Cargo Único. En la  demanda  se  aduce  la  violación  directa de la ley sustancial por aplicación  indebida  del  artículo  314 de la ley 600 de 2000, en la medida que el ad quem  equipara  el informe de accidente de las autoridades de tránsito con el informe  de    policía    judicial    que    surge    de    las   labores   previas   de  verificación.   

A  juicio  del  recurrente,  el  informe  de  accidente  elaborado  por  los  agentes de tránsito es prueba documental que se  regula  por  lo previsto en los artículos 315 y 319 de la misma ley y por tanto  objeto de valoración probatoria.   

En el Decreto 2700 de 1991 bajo cuya vigencia  ocurrió   el   hecho   objeto   de  este  proceso2,  la  policía judicial estaba  facultada  para  adelantar la investigación previa por iniciativa propia en los  casos  de  flagrancia  y en el lugar de los hechos -artículo 312- y para actuar  en  la  instrucción  y  juzgamiento  por  comisión  del  funcionario  judicial  correspondiente.   

Mediante  el  artículo  50 de la ley 504 de  1999,  se  adicionó  un  inciso  final  al artículo 313 del citado Decreto, de  acuerdo  con  el  cual “en ningún caso los informes  de  la  policía judicial y las versiones suministradas por informantes tendrán  valor probatorio en el proceso.”.   

En   la   ley   600   de  20003,    las  funciones  de  la  policía judicial se extienden a un tercer momento. Se pasa a  regular  la  actividad anterior a la judicialización de las actuaciones, cuando  se  permite  a  la  policía judicial adelantar labores previas de verificación  -artículo  314-  y  se  la  faculta para ordenar y practicar pruebas cuando por  motivos  de  fuerza  mayor acreditada no pueda el Fiscal General de la Nación o  su delegado iniciar la investigación previa-artículo 315-.   

Al  mismo  tiempo  que  se  ampliaban  las  facultades  a la policía judicial, en desarrollo de lo previsto en el artículo  50  de  la  ley 504 de 1999, se establecía en el artículo 314 de la ley 600 de  2000  que  la  exposición o  entrevista obtenidas en las  labores  previas  de  verificación,  no  tienen valor testimonial ni indiciario  pero  podrán servir como “criterios orientadores de  la investigación”.   

Esto  es,  que  a  pesar  del  sistema  de  persuasión  racional  que regía y rige en materia probatoria, en la ley 504 de  1999  se establece una especie de tarifa legal negativa respecto de los informes  de   policía   judicial,   al   prevenirse   que  carecían  de  toda  eficacia  probatoria.   

La  Corte  Constitucional  en  el  juicio de  constitucionalidad  de  esa  disposición, señaló que la finalidad buscada con  la  norma  era legítima, en guarda de la presunción de inocencia que solamente  puede  ser  desvirtuada  con prueba legal y regularmente aportada al proceso que  pueda  controvertir  el  procesado,  lo  cual  no  ocurría  con los informes de  policía  judicial  a los que calificó de actuaciones extra procesales, sin que  el  funcionario  judicial  quedara impedido para producir pruebas a partir de lo  consignado en los mismos.   

En  la  sentencia  C-392  del  6 de abril de  20004 dijo que   

“Los  informes  de  la  Policía  si bien  muchas  veces  revelan  situaciones objetivas que han verificado sus agentes, en  otras,  son  producto de indagaciones con terceros, muchas veces indeterminados,  que  estructuran  conjeturas  o  apreciaciones que materialmente no son idóneos  para  fundar  una prueba; pero en todo caso en su producción no intervienen las  personas sindicadas que pueden verse afectados por ellos.   

El  legislador  ha  descartado  el  valor  probatorio  de  dichos  informes  sobre la base de conveniencias políticas, que  él  libremente  ha  apreciado, como podrían ser la unilateralidad de éstos, y  la  de  evitar que los funcionarios que deban juzgar se atengan exclusivamente a  éstos  y  no  produzcan otras pruebas en el proceso, en aras de la búsqueda de  la    verdad    real,    con    desconocimiento   de   los   derechos   de   los  sindicados.”.   

Con la reforma introducida por la ley 600 de  2000,  la  jurisprudencia  sostiene  de  manera  pacífica  y  regular  que  las  exposiciones  y  entrevistas  obtenidas  en  las  labores previas de la policía  judicial  no  tienen  valor probatorio, en tanto la ley les reconoce únicamente  la  condición  de  “criterios  orientadores  de la  investigación”5.   

Ahora bien, la reforma de 1986 al Código de  Tránsito  autoriza la intervención de las autoridades de tránsito en aquellos  casos  en  que  el  hecho pueda constituir una infracción penal, con las mismas  atribuciones  y  deberes que la policía judicial tiene con arreglo a las normas  del     Código     de    Procedimiento    Penal6.   

Así  mismo,  en  el  Decreto 050 de 1987 se  prevé  que  las  autoridades  de circulación y tránsito ejercen eventualmente  las  funciones  del  cuerpo técnico de policía judicial, en caso de urgencia o  cuando   por  cualquier  otra  circunstancia  no  intervenga  inmediatamente  el  funcionario  de  instrucción o esa entidad, en los hechos punibles causados con  vehículos de transporte.   

Las   sucesivas  reformas  al  Código  de  Procedimiento                 Penal7,     atribuyen    funciones  especiales  de  policía judicial en asuntos de su competencia a las autoridades  de  tránsito8.  Por  su parte la ley 906 de 2004, señala que de los órganos que  ejercen      funciones     permanentes  de  policía  judicial de manera especial dentro del ámbito de su  competencia,    hacen    parte    las    autoridades   de   transito9.   

De  las  disposiciones  legales  citadas  se  concluye  sin  ninguna  duda, que los agentes de tránsito actúan como policía  judicial,  en aquellos accidentes que puedan constituir una infracción a la ley  penal.   

Sin  embargo,  tal  actuación  se encuentra  reglada  por el Código Nacional de Tránsito bajo las atribuciones y deberes de  la  policía  nacional  que sean pertinentes con arreglo a las disposiciones del  Código de Procedimiento Penal.   

La ley 33 de 1986, modificatoria del decreto  ley  1344  de  1970, consagró que el agente de policía de tránsito o vial que  conociera  de  un  hecho  en que se produjera daños a las personas, vehículos,  inmuebles,   muebles  o  animales,  levantara  un  croquis  descriptivo  de  sus  pormenores  y  entregara  copia  del  mismo  a  los conductores, quienes debían  firmarlo    o    en    su    lugar   un   testigo10.   

Esa  disposición  que se encontraba vigente  para  la  fecha  en  la  cual  se  elaboró  el informe de tránsito11,   fue  reproducida    por    la    ley   769   de   200212   o   Código  Nacional  de  Tránsito  Terrestre,  que  en  su  artículo  7 de manera expresa le confiere a  cualquier  autoridad  de  tránsito  la facultad de avocar el conocimiento de la  infracción  o  de  un  accidente,  mientras  la  autoridad  competente asume la  investigación13.   

Igualmente   precisó   que   el  informe  descriptivo           y           croquis14,  o ambos, fueran entregados  inmediatamente  a  los  interesados  y  a las autoridades competentes en materia  penal15,  pudiendo  incurrir  en  falta  disciplinaria en caso de omitir el  mandato legal.   

De acuerdo con dicha reglamentación legal,  a  la  autoridad  de  tránsito  que conoce de un accidente que pueda constituir  infracción  penal  le  corresponde  (i) elaborar un informe descriptivo con los  pormenores  del  mismo, (ii) remitir inmediatamente dicho informe a la autoridad  penal competente y (iii) entregar una copia de él al conductor.   

El  informe  descriptivo     que  elabora   la  autoridad  de  tránsito  que  conoce  del     accidente16,  debe  contener como mínimo el lugar,  fecha  y hora en que ocurrió el hecho; clase    de    vehículo,    número   de   la   placa   y   demás  características;  nombre  del  conductor  o  conductores, documento de identidad, número de la licencia o  licencias   de   conducción,   lugar  y  fecha  de  su  expedición;  nombre del propietario o tenedor del  vehículo  o  de  los  propietarios  o  tenedores  de los vehículos;           nombre,             documento de identidad y dirección de  los  testigos;  estado de  seguridad  en  general  del  vehículo  o vehículos frenos, dirección, luces y  bocinas;  estado  de  la  vía,  huella  de frenada, grado de visibilidad, colocación de los vehículos y  distancia,  la cual constará en el croquis levantado  y    descripción    de   los   daños17.   

Este   informe  descriptivo  o  croquis  que  las  autoridades  de tránsito están obligadas a  elaborar,  no  puede  confundirse  con  los  informes  de policía judicial cuya  valoración  probatoria  impedía  el  artículo  50  de  la ley 504 de 1999, ni  tampoco  con  las exposiciones o entrevistas obtenidas por policía judicial, en  cumplimiento  de las labores previas de verificación señaladas en el artículo  314 de la ley 600 de 2000.   

Dicho informe escrito en cuanto es elaborado  por  un  servidor público en ejercicio de su cargo es un documento público, el  cual  se  presume  auténtico  mientras  no  sea  tachado  de  falso18.   

A  este  tópico  de  manera  tangencial se  había  referido  la  Sala,  para  responder a una supuesta violación al debido  proceso  porque  al croquis no se le había dado el trámite previsto por la ley  para el dictamen pericial, señalando que   

“lo cierto es  que  se  está  ante  un  informe  de  policía  judicial,  en los términos del  artículo  319  del  vigente  Código  de Procedimiento Penal (316 del derogado)  que,  como  lo  anota  la  Procuradora  Delegada, debe tenerse como un documento  público,  en  la  medida  en  que  fue  expedido  por  un  servidor público en  ejercicio    de    sus    funciones.”19.   

En esas condiciones, el informe descriptivo  o  croquis  es  prueba  documental -artículo 233 de la ley 600 de 2000-, legal,  regular  y  oportunamente aducida a la actuación, en razón a la obligación de  la  autoridad  de  tránsito de remitirla inmediatamente al funcionario judicial  competente  para  que  haga parte de la actuación, so pena de incurrir en falta  disciplinaria,  cuya  apreciación  en  cuanto  a  su contenido, se rige por las  reglas      de      la      sana      crítica20.   

La  conclusión anterior no modifica lo que  en  esa  materia  la  Sala  ha  sostenido. En efecto, son las exposiciones y las  entrevistas  realizadas por la policía judicial a los potenciales testigos, las  que  por  virtud  de  la  ley  carecen  de  valor probatorio y sólo sirven como  criterios  para  orientar  la  investigación,  pero no los informes de policía  judicial  en  razón de sus actividades, bien por iniciativa propia en los casos  que  la  ley  lo autoriza o bajo la dirección y control del Fiscal que adelanta  la averiguación.   

La  Corte  Constitucional  al  ocuparse  de  la  exequibilidad o no del artículo 149 de la ley  769   de   2002,   se   refirió  al  valor   probatorio   del   informe  descriptivo  señalando que   

“Este  informe de policía entonces, en  cuanto  a  su  contenido  material,  deberá  ser analizado por el fiscal o juez  correspondientes  siguiendo  las  reglas  de la sana crítica y tendrá el valor  probatorio  que este funcionario le asigne en cada caso particular al examinarlo  junto  con  los  otros  medios de prueba que se aporten a la investigación o al  proceso  respectivo,  como  quiera  que  en  Colombia se encuentra proscrito, en  materia   probatoria,   cualquier   sistema   de   tarifa   legal”21.   

La  Sala  frente a los informes de policía  judicial en general y a su valor probatorio ha dicho que   

“En  el  artículo  319  el  legislador  procesal  establece  una  serie  de  requisitos  formales que debe atender quien  ejerce  funciones  de  policía  judicial  cuando rinde sus informes. Pero no se  ocupa  de  la fijación del valor que los jueces deben conceder a esos escritos.   

Visto  así  el  asunto,  es claro que las  pautas  para  apreciar tales piezas procesales emanan de las reglas generales en  materia  probatoria:  las  pruebas deben ser asumidas de manera legal, regular y  oportuna  (artículo 232); el funcionario puede demostrar la responsabilidad del  imputado  con  cualquier medio probatorio (237); y su apreciación se debe basar  en  los  postulados  de  la sana crítica (238).”22.   

Es          preciso   aclarar   que  en  el  formato  del    informe    de    tránsito    utilizado  por  las autoridades de tránsito existe una casilla de  observaciones,     en     la     cual     se    acostumbra    a    consignar    la   versión   de   los  conductores  o  de  potenciales  testigos;  en  esos  eventos,  las  mismas carecen de valor probatorio en  los  términos  del  artículo  314  de la ley 600 de  2000,   porque   la   actuación   de  dichas  autoridades  se  rige  en  lo  pertinente  por  lo  previsto  en  el  capítulo del  Código  de  Procedimiento  Penal relacionado con las  funciones de policía judicial.   

En  este  sentido,  lo  que carece de valor  probatorio  no  es  el  informe  descriptivo  o croquis, sino las exposiciones o  entrevistas que se consignan en él.   

Bajo  las  anteriores  consideraciones,  el  vicio  reprochado  a  la sentencia de segunda instancia carece de sustento, pues  no  es cierto que el juzgador hubiera aplicado indebidamente el artículo 314 de  la  ley  600 de 2000 y por esa vía el inciso 2 del artículo 7 de la misma ley.   

Examinada la sentencia de segunda instancia,  se  observa  que  aun  cuando  el  Juez  refiere  que  el  informe  de tránsito  -descriptivo-  sólo  sirve  de  criterio  orientador  de  la  investigación, a  renglón  seguido puntualiza que la controversia se relaciona con la valoración  de las observaciones que constan en el informe.   

Se  advierte  entonces una confusión o una  contradicción  en  el  ad  quem,  al  equiparar  el  informe de accidente a las  observaciones  que  constan  en  él,  la  cual finalmente aclara o supera en el  proceso  valorativo  cuando  lo tiene en cuenta para inferir que el accidente no  se  produjo  en  las  circunstancias narradas por el lesionado, error que en esa  medida resulta intrascendente.   

Evidentemente lo que considera que no tiene  valor   probatorio   son   las   observaciones   contenidas  en  el  informe  de  transito23, mas no el informe propiamente dicho.   

De  ahí  que sostenga con fundamento en el  artículo  314  de  la  ley  600  de  2000  que  la  anotación en el informe de  tránsito,   que  se  reitera  en  el  informe  mediante  el  cual  se  dejó  a  disposición       del       Juez       Penal       Municipal       –reparto-        los        dos  vehículos24,  según  la  cual  “un testigo ocular  MIGUEL  VERGARA,  que  conducía el móvil de número interno 45 de la Estación  de  taxi  (sic)  ANDALUCÍA, manifestó que el conductor de la camioneta no hizo  el  pare  en el semáforo en rojo e iba despacio”25,   no  tiene  el  valor  de  testimonio ni de indicio.   

En  esa línea de argumentación, critica a  la  Fiscalía  por  no haber adelantado actividad tendiente a escuchar al citado  testigo  y  advierte  que  en  esas  condiciones la fuente de conocimiento de la  versión  no  existe,  de ahí que ni siquiera se le pueda tener como testigo de  oídas,  pues  el  agente  Ariel  de Jesús Tejada Polo encargado de elaborar el  informe  sostiene  que  no  escuchó esa manifestación, siendo su compañero de  patrulla   el   que   tomó   los   datos   relacionados   con  el  “testigo ocular”.   

Por eso llama la atención, que el Delegado  en  su  concepto  sostenga  que  tal circunstancia se encuentra demostrada en el  proceso,  si  en  cuenta  se  tiene  que el subintendente Enrique Herrera Ariza,  quien  supuestamente  se  encargara de entrevistar al testigo Miguel Guevara, no  declaró en la investigación.   

Y  en  cuanto  al  aliento  alcohólico del  conductor  de  la camioneta que percibió el agente Tejada Polo, advierte que no  se  cuenta  con  la  prueba técnica a que se refiere el artículo 151 de la ley  769  de  2002,  de  modo que de la aceptación del acusado según la cual había  tomado  dos  cervezas  tampoco se infiere que tal cantidad produzca un estado de  embriaguez,  en  razón a que factores relacionados con el consumo habitual o no  de    bebidas    embriagantes    relativizan    una    consideración   de   esa  naturaleza.   

No  obstante  señalar  que  el  informe de  tránsito  no constituye prueba, con fundamento en él constata que el vehículo  recibió  el impacto en la puerta derecha trasera “y  la  moto  en  todo el frente”, sitio de colisión que  dice  se  encuentra  corroborado mediante el experticio técnico practicado a la  camioneta;  luego lo confronta con la versión de la víctima, para concluir que  la  camioneta  no arrolló al motociclista sino que éste se estrelló contra el  vehículo.   

Además, señala que la versión del acusado  corrobora   “lo   que   consigna  el  informe   de   accidente,   debidamente  probado  con  el  experticio  practicado  a  la  camioneta, de que el impacto lo  recibe  en  la  parte  trasera  del  vehículo  lado  derecho, y estaba saliendo  prácticamente     de     la    carrera    46”26.    (Negrilla   fuera   de  texto)   

A partir de esas apreciaciones “concluye  que  el  motociclista  no  fue  arroyado  (sic) por la  camioneta,  como él dice, se estrella con la camioneta, ya que esta el golpe lo  recibió  en  la  puerta  derecha, ya que si las circunstancias se hubiesen dado  según  lo describe la víctima no hubiere sobrevivido, ya que por la fuerza del  impacto  hubieres  (sic)  sido  lanzado  y le hubiera causado la muerte en forma  instantánea,   ya   que   no  llevaba  el  casco  en  la  cabeza”27,  restándole    de    esa    manera    credibilidad   a   la   versión   de   la  víctima.   

De modo que no es cierta la afirmación del  casacionista,    según    la    cual    el   juez   absuelve   a   ACEVEDO   FANDIÑO  porque  “el  solo  informe,  aún  ratificado por quien lo suscribió, no  basta para imponer una condena”.   

Además del análisis probatorio reseñado,  en  el  que  sin  duda  alguna  tiene  en  cuenta  el  informe de tránsito para  sustentar  su  decisión,  justifica la revocatoria de la condena con fundamento  en  la duda razonable, debido a que en el proceso no se estableció cuál de los  conductores  omitió las señales de tránsito, que el estado de embriaguez haya  sido   causa   del   mismo   o   que   finalmente   el   lesionado   lo  hubiera  propiciado.   

Por  el  contrario,  el  ad quem corrige el  yerro  que  se  denuncia,  porque  el  a  quo  para  atribuir responsabilidad al  procesado,  tuvo  como  fundamentos probatorios las observaciones consignadas en  el  informe  de  tránsito, contrariando las previsiones del artículo 314 de la  ley 600 de 2000.   

Sin  estar demostrada la violación directa  de la ley sustancial que se denuncia, el cargo no prospera.   

En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

NO  CASAR  el  fallo  de  origen,   naturaleza  y  contenido indicados, de acuerdo con las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Contra   esta   decisión  no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARIA    DEL    ROSARIO   GONZALEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ             SIGIFREDO      ESPINOSA  PEREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                       AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                 YESID RAMÍIREZ  BASTIDAS                

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                              JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Auto  de  septiembre  16  de  2009  “está  justificada  su  viabilidad [de la  demanda]  con  miras  al desarrollo de la jurisprudencia y específicamente a la  ampliación  y  concreción  de  la  doctrina  de  la  Sala  en  torno  al valor  probatorio  de  los  informes  policivos,  especialmente de los rendidos por los  agentes de tránsito,”.   

2 El  hecho ocurrió el 17 de noviembre de 2000.   

3 En  virtud  de  su  artículo 535 que derogó el Decreto 2700 de 1991, el proceso se  adelantó por el procedimiento establecido en ella.   

4  Declaró exequible el artículo 50 de la ley 504 de 1999.   

5  Casaciones  noviembre  10  de  2004,  radicación 20429; y, diciembre 2 de 2008,  radicación 29021.   

6  Artículo 103 de la ley 33 de 1986.   

7  Decreto 2700 de 1991 y Ley 600 de 2000.   

8  Artículo  310  numeral  3.2,  decreto 2700 de 1991; artículo 312, numeral 3.2,  ley 600 de 2000.   

9  Artículo 202, numeral 2, ley 906 de 2004.   

10  “Artículo  250º.-  Modificado  mediante  el artículo 104 la Ley 33 de 1986,  así:  “En  los  casos  de  hechos  en  que  resulten  daños  a personas, a los  vehículos,  inmuebles, muebles o animales, el Agente de Policía de Tránsito o  Vial  que  conozca el hecho levantará un croquis descriptivo de sus pormenores,  con  copia  inmediata  a  los  conductores  quienes  deberán  firmarlas y en su  defecto la firmará un testigo.”   

11  Noviembre 17 de 2000, folio 27 cdno 1.   

12  Artículos  148  y  149  de  la  ley 769 de 2002 o Código Nacional de Tránsito  Terrestre.   

13  Artículo  7º  de  la  ley  769  de 2002… “Cualquier autoridad de tránsito  está  facultada  para  abocar  el  conocimiento  de  una  infracción  o  de un  accidente      mientras      la      autoridad      competente      asume     la  investigación”.   

14  Artículo  20  de la ley 769 de 2002. Definiciones. Croquis “Plano descriptivo  de  los  pormenores  de  un  accidente  de  tránsito  donde  resulten  daños a  personas,  vehículos,  inmuebles,  muebles o animales, levantado en el sitio de  los  hechos  por  el  agente,  la  policía  de  tránsito  o  por  la autoridad  competente”   

15  El  artículo  104  de  la ley 33 de 1986 se refería únicamente a la autoridad  policiva.   

16  En  los  formatos  que  utilizan  las  autoridades  de tránsito, se le denomina  “informe de tránsito”.   

17  Artículos 104 de la ley 33 de 1986 y 250 de la ley 769 de 2002.   

18  Artículos 251 y 252 del Código de Procedimiento Civil.   

19  Casación del 4 de abril de 2001, radicación 17173.   

20  Casación del 23 de febrero 23 de 2005, radicación 21193.   

21  Sentencia C-429 del 27 de mayo de 2003.   

22  Casación del 23 de febrero de 2005, radicación 21193.   

23  “El   conductor   de   la  camioneta  presentaba  un  fuerte  olor  o  aliento  alcohólico.  Un  testigo  ocular manifestó que el conductor de la camioneta se  voló el semáforo en rojo” fol. 28 cdno original 1.    

24  Suscrito  por  Enrique  Herrera  Ariza, comandante de la patrulla tránsito x-2,  folio 21 cdno original 1.   

25  Folio 6 de la Sentencia de Segunda Instancia.   

26  Sentencia de Segunda Instancia, folio 7.   

27  Ídem, folio 7.     

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