30760(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  30760   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 348  

Bogotá D.C., dos (2) de diciembre de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el defensor de WILSON  EMILIO     BARRIENTOS     ACEVEDO     contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior   de   Medellín,  el  24 de julio       de      2008,     mediante    la    cual  modificó la dictada por el Juzgado  Quinto  Penal del Circuito  Especializado  de la misma  ciudad,    el    16   de  mayo  de  2008,   y   lo  condenó  a  la  pena  principal  de 280.5 meses de  prisión  y  a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de  20  años,  como coautor de las conductas punibles de  homicidio,  homicidio  en grado de tentativa y fabricación, tráfico y porte de  armas y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“En asocio con otros sujetos que no han  sido  identificados,  Wilson  Emilio  aprovechó  que  algunos integrantes de la  familia  RAMÍREZ  AGUDELO  se  dirigían  al municipio de Barbosa a reclamar el  cadáver  de  Marisol  Ramírez  Agudelo,  y disparó repetidamente contra todos  ellos.   

“José  Antonio  Ramírez,  Juan  Nelson  Agudelo,  José  Jurado  Medina  y  Andrés  Felipe  Taborda utilizaban para ese  particular  efecto,  el  11 de diciembre de 2007, el taxi con placa TPU-866, que  es  propiedad  de la familia. Cuando se desplazaban por la autopista norte, a la  altura  del  municipio  de  Copacabana,  Wilson  Emilio y otros delincuentes los  alcanzaron  y  les  dispararon  de  manera  fiera  y  repetida, ellos en actitud  desprevenida  e  indefensa,  con  lo cual acabaron con la vida de José Antonio,  pues a los restantes los dejaron gravemente heridos.   

“Wilson  Emilio  fue  casi inmediatamente  capturado  cuando  pretendía huir en un bus intermunicipal, instante en el cual  le incautaron el arma homicida”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Ante  el Juez Dieciséis Penal Municipal con  funciones  de  control  de  garantías  de  Medellín, la fiscalía legalizó la  captura,  solicitó  la  medida  de  aseguramiento  y  le formuló imputación a  Wilson  Emilio  Barrientos  Acevedo   por  los  delitos de homicidio,   homicidio  en grado de tentativa y fabricación,  tráfico y porte de armas  y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas.   

En  virtud  del  acuerdo  celebrado  entre  la  fiscalía  y  Barrientos  Acevedo, el   Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  Especializado     de     Medellín,    el  16  de  mayo de 2008, profirió fallo  de  primer  grado  en  el  que condenó a   Wilson   Emilio  Barrientos  Acevedo  a    la    pena    principal    de    302.5         meses        de  prisión  y  a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por  el   lapso  de  20  años,  como  coautor de las conductas  punibles  de homicidio, homicidio en grado de tentativa y fabricación, tráfico  y   porte   de   armas   y   municiones   de   uso   privativo  de  las  fuerzas  armadas.   

Apelado    el    fallo    por   el  defensor,  el  Tribunal  Superior de  Medellín,  al  desatar el  recurso,    el   24   de  julio  de  2008,         lo        modificó  y,  por  lo  mismo,  condenó a Wilson Emilio Barrientos  Acevedo   a   la   pena  principal  de  280.5   meses  de  prisión   y   a   la   sanción  accesoria  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  por  el   lapso de 20  años,  como  coautor  de  las  conductas punibles de  homicidio,  homicidio  en grado de tentativa y fabricación, tráfico y porte de  armas y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Sin señalar la causal de casación sobre la  cual  sustenta la censura, el  libelista  recuerda  que el  sentenciado  celebró  acuerdo  con  la  fiscalía  en  el  que indemnizó a las  víctimas.  Así  mismo,  recalca  que  su defendido no tiene  antecedentes  penales.   

Dice que el juzgador de primera instancia al  determinar     la     sanción     tuvo    en    cuenta    la    “reparación  integral”  realizada por su  defendido,  situación  que  le acarreó que se le dedujera una circunstancia de  menor  punibilidad reglada en el numeral 6° del artículo 55 del Código Penal,  aspecto que fue confirmado por el Tribunal.   

No  obstante,  afirma  que  no  comparte  la  decisión  adoptada  por  el  fallador, en tanto que dicha circunstancia como la  carencia  de  antecedentes penales constituyen unas de menor punibilidad, motivo  por  el  cual  se  impone  que  se parta del primer cuarto dentro del ámbito de  movilidad.   

De  ahí  que no comparta los otros factores  tenidos   en  cuenta  para  determinar  la  sanción,  tales  como  “el  daño  real  o  potencial creado, la intensidad del dolo, la  preterintención  o  la   culpa,  la necesidad de la pena y la función que  ella debe de cumplir…”.   

Además,  aduce  que  la  Sala anotó en una  decisión  que  cita  que la indemnización integral se erige en un mecanismo de  reducción de pena y no en una atenuante de responsabilidad.   

Se  pregunta si su defendido fue asaltado en  su  buena  fue  cuando indemnizó a las víctimas bajo la premisa de obtener una  rebaja de pena.   

Dice  que  los  juzgadores  afirmaron que la  rebaja  de pena consagrada en el artículo 269 del Código Penal  sólo era  para  los delitos contra el patrimonio económico, aspecto que tampoco comparte,  “por considerar que el artículo trae aparejado una  confusión,  toda vez que el establecer el artículo 6° de la Ley 599 de 2000 y  6°  de la Ley 906 de 2004 el principio de favorabilidad, y estatuyó que la ley  permisiva  o favorable, aun cuando sea posterior, se aplicará sin excepción de  preferencia      a      la     restrictiva     o     desfavorable…”.   

De  la  misma  manera,  manifiesta  que  el  fallador  no  respetó el acuerdo, en la medida en que no acogió lo preceptuado  en el inciso 5° del artículo 61 del Código Penal.   

En  síntesis,  anota  que se cometieron los  siguientes yerros:   

“1.VIOLACIÓN  DIRECTA DEL DEBIDO PROCESO  ART 29 CONSTITUCIÓN NACIONAL CONCISO ARTÍCULO 4 C.N.   

“2.  DESCONOCIMIENTO  DEL  PRINCIPIO  DE  LEGALIDAD ART 6 LEY 906 DE 2004 Y 6 DEL CÓDIGO PENAL COLOMBIANO.   

“3.  DESCONOCIMIENTO  DEL  PRINCIPIO  DE  FAVORABILIDAD ART 6 CODIGO PENAL COLOMBIANO.   

“4. PREVARICATO.  

“5. APLICACIÓN INDEBIDA DE LA LEY 599 DE  2000 ART 269.   

“6.  VIOLACIÓN DIRECTA DEL ARTÍCULO 351  DE LA LEY 906 DE 2004.   

“7. APLICACIÓN INDEBIDA DEL ARTÍCULO 61  DEL CÓDIGO PENAL COLOMBIANO Y ARTÍCULO 3 LEY 890 DE 2004.   

“8.  VIOLACIÓN  DEL  ARTÍCULO  13  DEL  CÓDIGO PENAL COLOMBIANO.   

“9. INAPLICABILIDAD DEL ARTÍCULO 14 DE LA  LEY 599 DE 2000 TERRITORIALIDAD.   

“10. INAPLICABILIDAD DEL ARTÍCULO 230 DE  LA CONSTITUCIÓN NACIONAL”.   

Por  lo  expuesto,  pide a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y, en su lugar, se “conceda la  rebaja  de  las  tres cuartas partes del artículo 269 del C.P. Por principio de  favorabilidad  y se modifique la sentencia a favor de mi patrocinado con base en  el  acuerdo  celebrado  entre la fiscalía y la defensa, es decir, se realice la  dosimetría  penal  acogiendo  que  no se aplicará el sistema de cuartos por el  acuerdo     celebrado     entre     las     partes    del    proceso”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.   En  el  nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que  no sustentó los presuntos vicios que le atribuye a la sentencia  de  acuerdo con las causales de casación establecidas en el artículo 181 de la  Ley  906  de 2004. De ahí que la demanda carezca de los presupuestos de lógica  y debida fundamentación para su admisibilidad.   

En efecto, recuérdese que dada la naturaleza  de  la  casación  se  advierte  que  se  trata de una impugnación de carácter  rogada,  en  tanto  que  sólo procede para denunciar los vicios de derecho o de  actividad   cometidos  en la  construcción de la sentencia  o en  el  trámite,  reparos  que  sólo se pueden postular, según lo previsto por el  citado artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

Por  manera  que  no  resulta atinado que el  demandante  postule vicios sin  que los funde en cualquiera de las causales  de  casación  establecidas para el efecto, puesto que no se trata de un alegato  de  instancia  en  cuya  formulación  se admitan plurales argumentos sin que se  puntualice   la   clase   de  error,  de  acuerdo  con  un  discurso  lógico  y  argumentativo  del  que  necesariamente  habrá  de  inferirse  el  mismo  y  su  trascendencia frente a las decisiones adoptadas en la sentencia.   

De otro lado, del discurso argumentativo que  presenta  el libelista tampoco se puede advertir con claridad el vicio, en tanto  que  si se tiene en cuenta los pedimentos hechos en el acápite correspondiente,  se  colegirá que podría tratarse de una falta de aplicación del artículo 269  del  Código  Penal.  Sin embargo, tampoco se avizora las razones de derecho del  por  qué en este asunto para efecto de la determinación de la sanción se debe  aplicar lo reglado por el citado artículo.   

Si  bien  el  casacionista  hace  una  breve  referencia  al principio de favorabilidad, de todos modos no da las motivaciones  de  orden  jurídico  en  procura  de evidenciar que se está en presencia de un  tránsito  de  legislación, motivo por el cual se debe aplicar el contenido del  mentado  artículo  269  del Código Penal, rebaja punitiva que también se hace  extensiva  a  este  caso,  por cuanto dicha norma no se circunscribe únicamente  para las conductas punibles contra el patrimonio económico.   

Así mismo, del discurso tampoco se advierte  en  qué consistió la trasgresión del principio de congruencia referente a que  no  se  respetó  el  acuerdo  celebrado entre la fiscalía y el procesado en lo  atinente  a  la  rebaja  de  pena,  toda vez que la labor de fundamentación del  reparo  el  actor  la centró en informar que no se aplicó lo preceptuado en el  inciso  5°  del artículo 61 del Código Penal, pero en manera alguna demuestra  que  efectivamente no se respetó lo acordado y que este asunto se debió reglar  por  el  contenido  de  dicha  norma,  máxime  cuando  no se pactó un guarismo  determinado como sanción.   

Así  mismo, tampoco dio las razones por las  cuales  se  vulneraron  los  artículos  4°,  29  y  230  de  la  Constitución  Política,  6°,  13  y  14  del  Código  Penal  y   351  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

En otras palabras, las plurales denuncias en  que  se  sustenta  el  único  cargo  presentado  contra  sentencia  de  segunda  instancia  se  quedaron  en  el  plano  de  la  enunciación  sin que se hubiese  demostrado las infracciones a la ley.   

De  otro  lado,  el  juzgador  de  segunda  instancia  dio  las razones de derecho frente a los motivos de inconformidad del  libelista. Veamos:   

En lo relativo a la rebaja de pena consagrada  en  el  artículo  269  del  Código Penal, textualmente la Corporación anotó:   

“Importa recordar  que  el tema específico de la reducción de pena por la restitución del objeto  material  del  delito o su valor, e indemnización de los perjuicios ocasionados  al  ofendido  o  perjudicado,  en los términos del artículo 269, está tratado  dentro  del  capítulo noveno del título séptimo del código penal, denominado  ‘Disposiciones comunes a  los      capítulos      anteriores’  y  en ese título consagra el legislador los tipos penales contra  el ajeno patrimonio económico”.   

Así  mismo, para el sentenciador de segundo  grado  fue  claro  que  su  inferior  sí respetó el acuerdo celebrado entre la  fiscalía  y  la defensa, puesto que al procesado se le rebajó el 50 por ciento  de la pena a imponer. Allí se dijo:   

“El  error  de  la  defensa  se  pone  en  evidencia,  claro  está,  si  se  repara  en  que  en  la  tal negociación esa  acordaron  la  reducción  de la pena en la mitad, pero por supuesto la mitad de  la  pena  imponible. De lo contrario, ha debido mostrar cuál fue el monto de la  pena allí previsto.   

“Esa manera errática de ver las cosas le  hace  decir  al  defensor  que  la  pena  imponible  para  ese horrendo, cruel y  desalmado  episodio  criminal no puede superar los ciento veintiocho (128) meses  de prisión”.   

Y,   por  último,  también  el  Tribunal  advirtió  que  el  sentenciador  de  primer  grado  se  equivocó al momento de  deducir  el  monto de la pena por razón del concurso de delitos; por manera que  procedió  a  ajustar  la  sanción  dentro  de los parámetros del principio de  legalidad de la pena en los siguientes términos:   

“La razón no está pues de su parte de la  defensa  técnica  en  referencia  a  los  puntos  objeto  de  inconformidad. No  reparó,  empero,  en  que  hay un visible quebranto de garantías al abordar el  juez  el incremento de la pena en razón al concurso delictual, en los términos  del  artículo 31 del código penal, asunto que en todo caso se va a remediar de  manera  oficiosa,  auspiciada  la  Sala  por el mensaje de eficacia procesal que  está contenido en el artículo 228 de la Constitución Política.   

“El que con una sola acción u omisión o  con  varias acciones u omisiones infrinja varias disposiciones de la ley penal o  varias  veces  la  misma  disposición, quedará sometido a la que establezca la  pena  más  grave  según  su naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que  fuere  superior  a la suma aritmética de las que correspondan a las respectivas  conductas  punibles  debidamente  dosificadas  cada una de ellas (inciso primero  del  artículo  31  del   Código Penal). La pena más grave, en efecto, la  encontró  el  juez en el homicidio simple y consumado, esto es, en 280.5 meses.  Sin  embargo, superó el doble de esta cifra al concretar la pena imponible para  las  restantes  ilicitudes,  sea  decir,  605.5  meses  (cfr. f. 46 deI cuaderno  número  2).  Es  entonces  este  punto específico el que debe corregir la Sala  simplemente  manteniendo  doblada  aquella inicial cifra de 280.5 meses, para un  subtotal  de  quinientos  sesenta y un (561) meses de prisión que, reducidos en  la  mitad como respuesta del Estado jurisdicción a su actitud de manifestación  de  culpabilidad,  arroja  finalmente  un total de 280.5 que es entonces la pena  que en definitiva habrá de imponerse al acusado”.   

Cono quiera que la demanda no cumple con los  presupuestos de lógica y debida fundamentación, se inadmitirá.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  del  procesado  Wilson  Emilio  Barrientos  Acevedo,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Wilson   Emilio  Barrientos  Acevedo   procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  artículo   186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar  que  como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de   WILSON   EMILIO  BARRIENTOS  ACEVEDO,     por     las     razones    expuestas    en    la    anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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