30714(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30714  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 348  

Bogotá,  D.  C., dos  (2) de diciembre de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de OVIDIO AYALA  ACEVEDO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Refiere RAFAEL  BUSTAMANTE  SÁNCHEZ, Subgerente Operativo del Banco Ganadero BBVA, que el 14 de  octubre  de  1999  se  presentó en esa oficina el oficio N° 010, el que había  sido  librado  el  día  anterior,  a  través  del  cual  se  autorizaba por la  Tesorería   y   la  Coordinación  del  Grupo  de  Giros  del  Departamento  de  Cundinamarca,  regentadas por las señoras CAROLINA RUEDA BUITRAGO y RUBY CALDAS  BARAHONA,   un   traslado   de   fondos  de  la  cuenta  corriente  309-95078-0,  perteneciente  al  Fondo  Educativo  de Compensación, a la cuenta corriente N°  074-00049-8  denominada  PAVIMENTOS  TÉCNICOS  Y  CIA.  LTDA.,  por un valor de  $984.535.000,  oficio  que  fue  verificado por un empleado del Banco Ganadero y  confirmado  vía  fax,  con  oficio  suscrito  por  la Coordinadora del Grupo de  Giros.   

“Los oficios que  autorizaban  el  traslado de fondos, resultaron ser falsos, situación de la que  se  percataron  los  empleados  del  Banco,  cuando de la cuenta beneficiaria se  debitó la suma de $97.527.000”.   

2.     Iniciada   y   agotada   la  investigación,  la  Fiscalía  Ciento Doce Seccional de Bogotá, el 14 de abril  de  2004,  profirió  resolución  de  acusación  en  contra  de los sindicados  Epifanio   Garzón  Álvarez,  Ovidio  Ayala  Acevedo  y     Álvaro    Barbosa    Rodríguez  como posibles coautores de los delitos  de  estafa,  falsedad  en documento privado y falsedad material de particular en  documento  público,  decisión  que,  por  virtud  del  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  Ayala  Acevedo,   fue   confirmada,   el  26  de  mayo  de  2005,  por  la  Fiscalía Veintiocho Delegada ante el  Tribunal Superior de Bogotá.   

3.   En el curso del juicio y con base  en  la  solicitud elevada por el procesado Epifanio Garzón Álvarez, coadyuvada  por  su  defensor,  el  10  de  febrero  de  2006 se llevó a cabo diligencia de  formulación   de   cargos,   dentro   de   la   cual  aceptó, de manera libre y voluntaria, los cargos que  le fueron formulados en la resolución de acusación.   

4.  El Juzgado Cuarenta y Cuatro Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  mediante  sentencia fechada el 29 de junio de 2007,  condenó a los acusados, así:   

4.1.   Epifanio  Garzón  Álvarez, de  manera  anticipada,  a  las penas principales de 40 meses de prisión y multa de  $80.000,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad y al  pago  solidario  de  los  perjuicios,  como  coautor  de los delitos de falsedad  material  de  particular  en documento público, falsedad en documento privado y  estafa.    

4.2.   Álvaro  Barbosa  Rodríguez  y  Ovidio  Ayala Acevedo a las  penas  principales  de  60 meses de prisión y multa de $120.000, a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  término  de  la pena privativa de la libertad y al pago solidario de los  perjuicios,  como coautores de los delitos de falsedad material de particular en  documento público, falsedad en documento privado y estafa.   

5.  Apelado el fallo por los defensores  de    los   procesados   Ayala   Acevedo  y  Garzón  Álvarez,  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 3 de  abril de 2008, lo confirmó en su integridad.   

Contra  esta determinación, el defensor de  Ayala  Acevedo  interpuso  recurso de casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  Ovidio  Ayala  Acevedo,  al  amparo  del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación,  presenta  tres   cargos  contra  la  sentencia  de  segundo    grado,    cuyos    argumentos   se   sintetizan   de   la   siguiente  manera:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho generado en la  “apreciación     errónea     del     dictamen  pericial”, yerro que conllevó a la vulneración de  los   artículos   237,   238,   249   y   254   del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Luego de transcribir las conclusiones de los  dos   estudios  grafológicos  que  realizó  el  criminalista  Jesús  Villalba  Izquierdo,   afirma   que  el  juzgador   le  otorgó  a  dichos  peritajes  “un  valor probatorio totalmente errado”,   toda   vez  que  “fue  distinto  conforme  a  la  apreciación racional y a la exigencia que hace el art. 232 del  C.  de  P. P., pues para dictar sentencia condenatoria se requiere que la prueba  conduzca  a  la  certeza  de  la  conducta punible”,  máxime   cuando   el  experto  fue  “enfático  en  señalar    que    existían   algunas   similitudes   caligráficas”.     

En  síntesis,  refiere  que  el  error del  juzgador  “consistió  en  valorar  equivocadamente  dicha experticia”.   

Segundo       cargo    

Acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en  violación    indirecta    de    la    ley    sustancial   por   “error   de   derecho  por  falso  juicio  de  legalidad”,  yerro  que conllevó a la vulneración de los artículos 232,  233, 238 y 239 del Código de Procedimiento Penal.   

Después  de  recordar  que es inválida de  pleno  derecho  la  prueba  obtenida con violación del debido proceso y, por lo  mismo,  la  misma es inexistente, afirma que el sentenciador utilizó como medio  de   prueba  el  “informe  confidencial”  que  rindió  el Departamento de Seguridad Operativa del Banco  Ganadero,     situación     que,     en     su     criterio,    “contrarió  abiertamente  el  principio de legalidad, regularidad y  oportunidad  de  la  prueba”,  generándose  de esa  manera  el  acusado  falso  juicio  de  legalidad, toda vez que le otorgó valor  probatorio  a  un medio de convicción que no cumplió los requisitos que la ley  prevé para su práctica y aducción.   

Refiere que “el  informe  confidencial  suscrito  por  Diego  Jair Espinosa G., como analista del  seguridad   del   Banco   Ganadero,  no  deja  de  ser  simplemente  un  informe  confidencial,  pero  el  juez,  bajo un falso juicio de legalidad, lo tomó como  prueba  legalmente  allegada  al  proceso,  y  con  base en ella equivocadamente  condenó    a   Ovidio   Ayala   Acevedo”.   

Asevera  que de no haberse presentado dicho  error  ostensible,  el  Tribunal hubiese absuelto a su defendido, pues no existe  ningún   otro   medio   de   prueba   que   vincule   la   responsabilidad  del  procesado.   

Tercer cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  “por  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  existencia,  por suposición y por  omisión  en  la  apreciación  probatoria”, lo que  conllevó  a  la  “falta de aplicación”  de los artículos 7° y 232 del Código de Procedimiento Penal  y 9° del Código Penal.   

Respecto de la prueba que no existe pero que  el  juzgador “tuvo como existente para determinar la  responsabilidad  del  procesado”,  sostiene  que el  Tribunal   afirmó  que  Ayala  Acevedo  pretendió  comprar  un vehículo en el concesionario LUZMAUTOS con  el  cheque  00028  de  la  cuenta corriente 07400049-8, la cual tenía el dinero  producto   de   la  defraudación  hecha  a  la  Gobernación  de  Cundinamarca,  aseveración  que,  en su criterio, es totalmente desacertada, por cuanto que no  existió  el  citado  título  valor  y  su  defendido nunca estuvo comprando un  vehículo  con  un  cheque  de  la  mencionada cuenta corriente, yerro que de no  haberse cometido hubiese conducido a la absolución del acusado.   

Así  mismo,  indica que el ad quem no  tuvo  en  cuenta  la indagatoria ni la “solicitud de  sentencia  anticipada  de  Epifanio Garzón Álvarez, pues en dichas diligencias  este  procesado  confiesa ser el tenedor del cheque N° 00028 y el girador de la  cuenta  corriente  N°  07400049-8”, “creyendo  que  el  decir  de  aquél  era  un  ardid para evadir la  supuesta   conducta   delictiva   que   se   le   estaba  endilgando”    a    Ayala   Acevedo,  error  de  apreciación  que  impidió  al  Tribunal  revocar la  sentencia condenatoria de primer grado.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  el fallo impugnado y, en su lugar, absolver a su defendido.   

ALEGATO     DEL     NO   RECURRENTE   

El   apoderado   de  la  Gobernación  de  Cundinamarca,  en  su condición de parte civil, se opone a las pretensiones del  demandante  en  casación,  pues  considera  que  en el proceso se demostró, en  grado  de  certeza, la existencia de las conductas punibles y la responsabilidad  del   procesado   Ovidio  Ayala  Acevedo.   

Luego  de  relacionar y comentar en detalle  los  medios  de  convicción  que,  en  su  criterio,  demuestran cabalmente que  Ayala    Acevedo    es  responsable  de  los  delitos  por  los que fue condenado en las instancias y de  recordar  que  éste cuenta con antecedentes penales, al punto que su captura en  Tunja  se  produjo cuando “trataba de timar el Banco  Colpatria”,  concluye  que  las  pretensiones  del  demandante no pueden prosperar.   

Además, estima que la mencionada demanda de  casación  “no  cumple  los  requisitos mínimos de  técnica”,  pues  no  desarrolla de manera adecuada  los   errores   que   se   invocan  ni  se  mencionan  las  normas  sustanciales  supuestamente  trasgredidas,  sin  olvidar  que  fuera  de  los medios de prueba  mencionados  por  el  actor,  existen  otros  que ratifican la existencia de los  delitos  y  la  responsabilidad  del  acusado,  motivos  suficientes para que la  Corte  desestime el libelo.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La Sala advierte que la demanda presentada a  nombre    del   procesado   Ovidio   Ayala   Acevedo  no  reúne  los  requisitos de claridad, precisión y  coherencia   que  para  ser  admitida  establecen  las  normas  que  regulan  la  casación.   

Ante todo debe reiterarse que la demanda de  casación  no  es  de libre formulación, por lo que no es procedente toda clase  de  cuestionamientos  a   una  sentencia  que por ser la culminación de un  proceso  está  amparada  por  la doble presunción de acierto y legalidad, sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico y sistemático en el que, al tenor de  los  motivos  expresa y taxativamente señalados en la ley, se denuncian errores  bien  sea  de  juicio  (in iudicando) o de procedimiento (in procedendo) en  que   haya   podido   incurrir   el  sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia.   

Tales  presupuestos no los reúne el libelo  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  pues  si  bien el actor anuncia que lo  sustenta  en el cuerpo primero de la causal primera de casación, de todos modos  en  su  desarrollo  no  se respetan los parámetros y las reglas lógicas que la  ley ha establecido para tal hipótesis.   

En  efecto,  en  cuanto   al       primer       cargo,    a    través    del   cual   se   acusa   al  Tribunal   de   haber   incurrido  en   “error      de      hecho”      originado      en     la    “apreciación     errónea”   de     los    dictámenes    grafológicos    rendidos   por    el   perito    Jesús    Villalba    Izquierdo,   observa    la   Sala,   en   primer   lugar,   que  el    libelista   no   indicó   cuáles   fueron   las         normas        sustanciales  quebrantadas  ni  su  sentido, es decir, si lo fueron  por  falta  de  aplicación o por aplicación indebida, ni señala ni se infiere  del  desarrollo  de la censura, por qué el juzgador las transgredió al momento  de elaborar el juicio de derecho.   

Además,  la  formulación  de  la  censura  quedó  imprecisa  e  incompleta,  pues el demandante no indicó el falso juicio  que,  en  su  criterio,  determinó  el anunciado error de hecho, esto es, si de  existencia,  de  identidad  o  de  raciocinio,  limitándose a afirmar de manera  lacónica  que  el  juzgador  le  otorgó  a  dichos  peritajes  “un  valor  probatorio  errado” o ajeno  “a    la    apreciación    racional”,  aseveraciones  que  en manera alguna consultan los derroteros  lógicos  que  la  ley  y  la jurisprudencia han precisado frente a la modalidad  casacional invocada.   

Ahora  bien,  y  si  se  entendiese  que el  reproche  fue  formulado  bajo  los  parámetros  del  error  de hecho por falso  raciocinio,  lo  que  se deduce cuando afirmó que los multicitados peritajes no  se    sujetaron    a    la    “apreciación   racional”,   de  todos  modos,   como   era  su  deber,  no enseñó cuál fue la regla de la  lógica,  de  la  ciencia  o  de la máxima de la experiencia vulnerada, de qué  manera  lo  fue  y  su  incidencia en la parte dispositiva del fallo, pues surge  evidente   que  no  dedicó  argumentación  alguna  tendiente  a  concretar  la  demostración y trascendencia de tal presunto yerro.   

Similar  es  la situación del segundo  cargo,  pues  si bien es cierto  que  el  libelista acusa la presunta existencia de un error de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  afirmando  que  el  sentenciador  utilizó como medio de  prueba    el   “informe   confidencial”  que  rindió  el Departamento de Seguridad Operativa del Banco  Ganadero,  el cual, en su criterio, no cumplió los requisitos que la ley prevé  para su práctica, también lo es que no lo demostró.   

En     efecto,     no   indicó   cuáles   exigencias   legales   no  se   cumplieron   en   la   aducción  del  mencionado   informe,     cómo     tal    omisión    afectó    la  validez   de   la  prueba  y  su  incidencia   frente  a  las  conclusiones  del fallo.   

Y  respecto  de  aquél último aspecto, es  decir,  la trascendencia como principio esencial de la lógica casacional, no se  preocupó  por  demostrar que con la exclusión de la citada prueba que califica  como  ilegal,  los  restantes  medios  de  convicción, los que no le merecieron  siquiera  mención  alguna, conducen a una decisión sustancialmente distinta de  la  que  es  objeto  de  ataque,  limitando su breve discurso a poner en tela de  juicio  la participación y responsabilidad de su defendido frente a los delitos  por los cuales fue condenado.   

Además,  el  demandante  no  ilustró a la  Corte  cuáles  son  las  normas  procesales  que  condicionan  la validez de un  documento     como     el     citado     “informe  confidencial”   rendido  por  el  Departamento  de  Seguridad  Operativa  del Banco Ganadero, preceptivas que al no ser acatadas por  el sentenciador conllevan ineludiblemente a su inexistencia.   

Por  último, el censor, en el tercer  cargo, acusa al Tribunal de haber  incurrido  en  errores de hecho por falsos juicios de existencia por suposición  y  omisión,  en  la  medida  en  que,  en  su opinión, supuso la prueba que le  permitió  aseverar  que  su  defendido, usando un cheque, pretendió comprar un  vehículo  con  los dineros defraudados y, a su vez, omitió la indagatoria y la  “solicitud  de  sentencia  anticipada  de  Epifanio  Garzón  Álvarez,  diligencias  en  las que confiesa ser tenedor del cheque N°  00028   y   el   girador  de  la  cuenta  corriente  N°  07400049-8”.   

Planteados  así  los  mencionados errores,  observa   la  Sala  que  la  formulación  de  la  censura  quedó  imprecisa  e  incompleta,  pues  si  bien  es  cierto  que  el actor señala cuáles medios de  convicción  fueron,  en  su opinión, dejados de valorar, también lo es que no  dedicó   argumentación   alguna  tendiente  a  concretar  la  demostración  y  trascendencia de tales presuntos yerros.   

Tampoco  indicó  cuál  fue  o  fueron las  pruebas  que  sin  haber  sido  allegadas  a  la investigación, el sentenciador  supuso   que   fueron   incorporadas   al   proceso,  ni  la  trascendencia  del  error.   

En  efecto, ha señalado insistentemente la  jurisprudencia  de  la  Corte que la postulación del falso juicio de existencia  por  omisión  en  el  recurso  extraordinario  debe iniciar con “la  constatación  objetiva  de que la prueba existe jurídicamente  en  el  expediente  y  que,  pese  a  ello, su contenido material  no   fue     sopesado     por     el    fallador.    A   continuación   se  precisa indicar  la  trascendencia   del    error,    de    modo   que   sin   su   influjo   el  fallo hubiera sido diferente; y todo ha de enlazarse con  la  violación  de  determinada  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida,  en  procura  de  verificar  que  el  fallo  impugnado es  manifiestamente contrario a derecho.   

“La  estructuración  de  la  censura en punto de la trascendencia del error de hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión no se cumple, como suele creerse,  con  la  sola  manifestación  que  al respecto haga el libelista, como si de su  opinión  personal  de trata; pues, de bastar aquél tipo de crítica el recurso  extraordinario no distaría en mucho de un alegato de instancia.   

“La  demostración  de  la  trascendencia  del yerro atribuido al ad quem comporta la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que  si  tal  falencia  no  se  hubiese  presentado,  entonces  el  sentido  del  fallo  sería  distinto, y para ello es  preciso  demostrar  que  si  la  prueba  omitida  se  hubiese apreciado en forma  correcta,  las restantes pruebas sopesadas por el Tribunal perderían la entidad  necesaria  y  suficiente  para  mover  hacia  la  convicción  declarada  en  el  fallo”.1    

A su vez, el error de hecho por falso juicio  de    existencia   por   suposición,   tiene   lugar   cuando   “la  providencia  judicial  se  edifica  con  fundamento en un medio  probatorio  trascendente  en  el  sentido de la decisión que nunca fue allegado  durante  el  trámite  investigativo,  esto  es,  por  que  sin  figurar  en  la  actuación  el  funcionario  judicial  supone  que  allí  aparece y lo tiene en  cuenta  en  el  proceso  de  valoración probatoria con efectos jurídicos en su  proveído,  evento  en  el  cual  corresponde  al  demandante  indicar la prueba  supuesta,  el  mérito  suasorio  que  le  fue  asignado y cómo su marginación  conduce  a  una decisión diversa a la impugnada y favorable a los intereses del  condenado”.2   

Teniendo   en   cuenta   los   anteriores  delineamientos,  se  observa que el actor se limitó a denunciar que el Tribunal  ignoró  unas  pruebas,  las  cuales relaciona. Sin embargo, dentro del discurso  que  utilizó no ilustró a la Corte cómo tales medios de convicción no fueron  objetivamente  valorados,  esto  es, que dentro de la valoración mancomunada de  los  elementos  de  juicio nunca fueron incluidos, sin que se hubiese tratado de  una  apreciación  innominada,  es  decir,  que  el  juzgador,  sin  precisar la  identificación   de   las   pruebas,  de  todos  modos  sí  fueron  objeto  de  consideración conjunta.   

Tampoco,   el   actor   consideró   ni  correlacionó  los  elementos  de prueba que el sentenciador tuvo en cuenta para  fundar,  en  grado de certeza, la existencia de los delitos de falsedad material  de  particular  en documento público, falsedad en documento privado y estafa y,  consecuentemente,  el  juicio de reproche. En otros términos, sin bien se duele  de  la  omisión  valorativa de determinadas pruebas, finalmente no precisó las  consecuencias  que  la  apreciación  de  aquellas (las supuestamente ignoradas)  hubiesen  tenido  frente  a  las  estimadas por el Tribunal, las que ni siquiera  menciona,  conllevando  ineludiblemente  a  la degradación de la certeza y, por  ende, a la absolución que ahora reclama.   

A  su  turno, el denunciado falso juicio de  existencia  por  suposición se quedó en el enunciado, pues, como anteriormente  se  precisó, no indicó las pruebas presuntamente supuestas ni la trascendencia  del  vicio,  limitándose  a  afirmar  que  el  fallador dio por demostrado, sin  estarlo,    que    Ayala    Acevedo    pretendió  comprar  un vehículo en el concesionario LUZMAUTOS con  el  cheque  00028  de  la  cuenta corriente 07400049-8, la cual tenía el dinero  producto   de   la  defraudación  hecha  a  la  Gobernación  de  Cundinamarca,  aseveración  que, en su criterio, es totalmente desacertada, argumentación que  surge  de  las  personales opiniones del censor y sin incluir las pruebas que el  ad  quem  tuvo  en  cuenta para arribar a la conclusión de la existencia de los  delitos contra la fe pública y el patrimonio económico.   

Además,   no  hizo  esfuerzo  alguno  el  libelista  por  demostrarle  a  la  Corte  su  afirmación,  según  la cual, no  existió  el  citado  título  valor  y  su  defendido nunca estuvo comprando un  vehículo  con  un  cheque  de  la mencionada cuenta corriente, pese a que en el  proceso  existe  clara  evidencia  que  contraría dicha aseveración, como así  acertadamente  lo  indicó el apoderado de la parte civil en su condición de no  recurrente.   

Por ello, debe recordarse al demandante que  dentro  del escenario propio de esta sede, no solo tiene el deber de cumplir con  los  lineamientos  que la ley y la jurisprudencia han diseñado para el correcto  entendimiento  de los fines del recurso de casación, sino que también recae en  él  la  carga  de demostrar la existencia del yerro que lo llevó a impugnar el  fallo,  aspecto  que necesariamente le impone sujetarse a la verdad que reflejan  tanto  la  actuación  procesal  como  el  contenido de la sentencia atacada, es  decir,  que  efectivamente  se  generó  la  irregularidad  in  iudicando  o  in  procedendo acusada, según el caso.    

En   fin,  observa  la   Corte    que    la    labor    demostrativa    de   las         tres       censuras    las    centró   el   actor   en   imponer   su   personal   valoración   de  los elementos de  juicio,  concluyendo  que  su  defendido  no  es  responsable  de  las conductas  punibles  imputadas,  desconociendo  que la simple disparidad de criterios   no       constituye      error      demandable      en   casación,   toda  vez  que  el juzgador,  dentro   del   método   de   persuasión  racional,  goza   de   libertad  para  apreciar   los  elementos  de prueba válidamente  allegados  a  la actuación, sólo  limitado por las reglas que estructuran  la  sana  crítica, sin que, en este caso, haya demostrado error de apreciación  alguno.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Cabe  señalar  que el estudio detenido del  expediente  permite  a la Sala concluir que no procede la casación oficiosa por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal  de nulidad ni vulneración de derechos  fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda    de    casación    presentada    por   el   defensor   del          procesado   OVIDIO   AYALA  ACEVEDO.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Ver,  entre otras, casación 18428 del 10 de noviembre de 2004.   

2  Casación 22177 del 26 de enero de 2005.     

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