30700(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30700  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                          Magistrado          Ponente   

                                     Dr. AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

Aprobado Acta No. 348  

Bogotá,  D.  C., dos (2) de diciembre de dos  mil ocho (2008)   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  del  procesado  Javier   Darío   García   González,   contra  la  sentencia  dictada el 3 de marzo de 2008 por el Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de  Neiva,  mediante  la  cual  adicionó  parcialmente  la  proferida  el  15  de noviembre de 2007 por el Juzgado Segundo  Penal   del   Circuito   de   la  misma  ciudad,  que  condenó  a  García   González  por  los  delitos  de  estafa  agravada,  en  concurso  con  falsedad  material en documento público y  falsedad en documento privado.   

HECHOS.  

El  Grupo  de  Automotores  de  la  Policía  Judicial  Seccional Huila (SIJIN) capturó el 19 de septiembre de 2002 al señor  Javier   Darío   García   González   y  otro, luego de  haber  comercializado  entre  varias  personas más de 10 carros en la ciudad de  Neiva  a  precios  muy  económicos,  a las cuales les dijeron que se trataba de  remates   de  aduana  para justificar  su menor costo, recibiendo  la  mayor parte del valor y quedando pendiente  el saldo para el momento de  la entrega de la documentación del bien negociado.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE.   

1. La Fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos,  vinculó  a  Javier Darío García  González  al proceso mediante indagatoria,  y el 26 de febrero de 2004 calificó el  mérito  probatorio del sumario con resolución de acusación por los delitos de  estafa  en  concurso  con  falsedad  material en documento público, falsedad en  documento   privado   y   uso   de  documento  falso1,    decisión   que   cobró  ejecutoria    el    12    de    abril    de   20042.   

2.  El  15  de  noviembre de 2007, el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Neiva condenó al procesado y otros a la pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  80 meses de prisión, al pago de una  multa  equivalente  a  $  60.000.000,  como  autor  responsable  de  los delitos  imputados en la acusación.   

Como    penas    accesorias   impuso   la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  tiempo  de la principal, y  adicionalmente lo condenó junto con los  otros procesados, al pago solidario de los perjuicios causados.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el apoderado del  señor  Javier  Darío  García  González,  los  demás procesados y por la parte civil, el Tribunal Superior  de  Neiva  lo  confirmó  parcialmente  el 3 de marzo de 2008, para adicionar el  ordinal  tercero,  en  el  sentido  de  condenar  a los procesados  al pago  solidario   del  equivalente   a cinco (5) s.m.l.m.v para la época de  los  hechos,  por  concepto de perjuicios  morales  a favor de Medardo  Garzón  Polanía3.  Inconforme  con  esta  decisión,  el  apoderado  de García     González     recurre    en  casación.   

LA         DEMANDA.   

El  defensor acusa la sentencia proferida por  el  Tribunal  Superior de Neiva por haber violado directamente la ley sustancial  con  apoyo  en la causal primera cuerpo primero del artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal de 2000. De esta causal el censor refiere cuatro cargos los  cuales denomina “causales”. Así:   

Cargo Primero.  

A  los  acontecimientos fácticos demostrados  con  los  medios  de  pruebas  legalmente  allegados  al proceso el juez, “les  atribuye  erróneamente  consecuencias  jurídicas  frente al derecho sustancial  diferentes  a  las que legalmente les corresponde  por EXCLUSIÓN EVIDENTE,  por  la  no aplicación del artículo 37 y 42 del código de procedimiento penal  y el principio de favorabilidad”.   

Afirma    concreta   la   violación  directa   porque  el  fallador no aplicó la norma que debía regular   el  caso  -artículo  42 del Código de Procedimiento  Penal-,  por estar demostrado en el expediente el pago  de  la  indemnización  integral hecha a los afectados quienes desistieron   de los cargos.   

El  señor magistrado obvió dicha situación  fáctica  protuberante  y no hizo ninguna referencia en el fallo en especial con  el  señor  Álvaro  Vargas  Gómez quien desistió mediante memorial auténtico  dirigido al juez de primera instancia.   

No  se  analizó  la  condición personal del  recurrente  ni  las  circunstancias en que actuó, ya que su personalidad revela  una  profunda  ingenuidad en negocios de carros. El procesado fue utilizado como  instrumento  para la venta ilícita de los carros, convencido en que su proceder  se  ajustaba  a  la  ley  y  con desconocimiento de la dudosa procedencia de los  mismos.   

Si  el  juzgador de segunda instancia hubiese  tomado  en  consideración  el desistimiento por indemnización integral  a  los  afectados,  analizado  a  fondo la condición personal del enjuiciado y las  circunstancias  en  que  actuó,  no  habría  caído en la falsa conclusión de  encontrarlo  responsable  penalmente,  ni  hubiese violado la ley sustancial por  exclusión   evidente   de   los    artículos  37  y  42  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000 por dejar de aplicar las normas que deben regular  el caso.   

Cargo Segundo.  

Acusa  la  sentencia  del  Tribunal  de haber  violado   directamente   la  ley  sustancial  por  “APLICACIÓN  INDEBIDA  del  artículo   287  del  Código  Penal  –falsedad    material    en    documento   público-,   por  haber  incurrido  en  la  causal  primera,  cuerpo  primero, de  casación,  prevista  en  el  artículo  205  (sic) del Código de Procedimiento  Penal”.   

Afirma que hay violación directa  porque  el  sentenciador  aplicó  la  norma  correctamente  pero  se  le dio un alcance  diferente  al  artículo 287 del Código Penal, porque no está demostrada en el  expediente  la  participación de Javier Darío García  González   en cambios, supresiones o adiciones a  algún  tipo  de  documento  de  los  que  remitía y recibía el otro procesado  Carlos Alberto López Quezada.   

Está  probado,  por  quienes  compraron  los  vehículos,  que  los  documentos  fueron  entregados  directa y únicamente por  Carlos  Alberto  López  Quezada  al momento de recibir los carros; así como lo  expresaron  las  víctimas   en las denuncias y ampliaciones de las mismas.  El    señor    García    González    nunca fue autor de algún documento de tránsito.   

No   obstante,  de  extremar  el  análisis  jurídico  respecto  al  comportamiento  del  procesado,  por  lo  menos  habrá  de    aceptarse   a   título   de   culpa  en  sana  lógica  jurídica  y  equidad.   

El  ad  quem  en su fallo afirma que no se le  comprobó  al  señor  García  González su  intervención  material  en  la  elaboración de las tarjetas de  propiedad,  las  certificaciones  de gases, así como tampoco en la regrabación  de los números de chasis y motor de los vehículos inmovilizados.   

Cargo Tercero.  

El  Tribunal  violó  directamente  la  ley  sustancial  por  “APLICACIÓN  INDEBIDA  del  artículo  289 del Código Penal  –falsedad  en  documento  privado-,  por  haber  incurrido en la causal primera,  cuerpo  primero, de casación, prevista en el artículo 205 (sic) del Código de  Procedimiento Penal”.   

Sostiene  que  las probanzas  no arrojan  responsabilidad  plena   del recurrente  en el ilícito de falsedad en  documento  privado.  El  mismo  fallador  estipula  que “no se le comprobó al  señor  García González, su intervención material en la elaboración  de  las  tarjetas  de  propiedad, las certificaciones de gases, así como tampoco en  la  regrabación   de  los  números  de  chasis  y motor de los vehículos  inmovilizados”.   

El tribunal debió tipificar el comportamiento  del  procesado  a  título de cómplice, dado que sirvió de intermediario   para  la  venta  de  los  automotores,  como  el  mismo  lo  ha ratificado en su  indagatoria  y  aseveran  los  denunciantes,  confirmado  también   por el  señor López Quezada.       

Cargo Cuarto.  

El  Tribunal  infringió  directamente la ley  sustancial  por  “APLICACIÓN  INDEBIDA  del  artículo  8° del Código Penal  –prohibición de la doble  incriminación-,  en  concordancia con el inciso final  del   artículo  29  de  la  Constitución  Política,  por  haber  incurrido  en  la  causal primera, cuerpo  primero,   de   casación,   prevista   en  el  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento Penal”.   

Y,  sostiene  que  el  fallador no aplicó la  norma   que  debió regular el caso en concreto que es el artículo 8° del  código    penal    por   estar   demostrado   en   el   expediente   la   doble  incriminación.    

SE CONSIDERA  

La competencia.  

De  conformidad  con  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, la Sala inadmitirá la demanda porque  no  reúne  las  condiciones de procedibilidad previstas en el artículo 212 del  mismo Estatuto.   

Será  precisar en esta ocasión que la norma  aplicable  es  el artículo 205 de la ley 600 de 2000 inciso segundo que prevé:  “La  casación   se  extiende  a  los  delitos  conexos,  aunque  la pena prevista para éstos sea inferior a la señalada en el  inciso  anterior”,  vale decir que la pena privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

Al  observar  los  delitos por los cuales fue  condenado  el  procesado  se  tiene que la estafa agravada, falsedad material en  documento  público  y falsedad en documento privado, se encontraban sancionados  para  la  época de los hechos con pena máxima privativa de la libertad de doce  (12)  años  de  prisión  para  el  primero,  y  de seis (6) años para los dos  últimos.  Lo  que  significa que por el delito de estafa agravada, se cumple el  requisito  punitivo  antes  expuesto  y extiende el recurso extraordinario a los  dos delitos conexos.   

El caso concreto.  

El  recurrente sujetó su libelo en los tres  primeros   cargos,   sólo   a   transcribir   la   causal   primera  y  afirmar  repetitivamente   que   “Acuso  la  sentencia   condenatoria,  del  Tribunal Superior del Distrito del Neiva, del 03 de marzo de  2008,  con  ponencia  del  Honorable  Magistrado Dr. ALVARO ARCE TOVAR, de haber  violado  sustancialmente la ley sustancial por … ”.  Además,  el desarrollo de los cargos dista de las exigencias técnicas que debe  cumplir  la  demanda,  pues de la lectura detallada de la misma se desprende que  debió   postular   una   violación  indirecta  de  la  norma  sustancial,  sin  embargo   a  nada  de  ello  hace referencia y por el contrario se dedica a  valorar  desde  su personal punto de vista el conjunto probatorio contraponiendo  su  juicio  al  del  sentenciador  olvidando  que éste se halla amparado por la  doble  presunción de acierto y legalidad, de modo que en esas circunstancias el  censor  no  tiene claridad acerca de la vía de ataque, como que así pasa de la  causal  primera  por  violación  directa  a  la  violación indirecta, pero sin  lograr  el  desarrollo  de  una  u  otra  o de alguna especie de error propio de  aquella.   

No   por   ser  ampliamente  conocidos  los  principios  que rigen el recurso extraordinario sobra recordar al impugnante que  la  sustentación  de  éste  no  es  de  libre  postulación.  Se  trata de una  impugnación  sometida a exigencias formales y sustanciales de cuya observación  pende  la  facultad  de  la  Corte  para  emitir  un  pronunciamiento  de fondo,  principalmente  porque  se  trata  de un recurso rogado, lo que implica que cada  una  de  las  causales  debe  ser  clara y precisamente expuestas, demostradas y  fundamentadas, so pena de estar destinada al fracaso.   

Tales exigencias obedecen a lo especialísimo  del  recurso, como quiera que su finalidad es la de sustraer los cimientos sobre  los   cuales   está   edificada  la  sentencia  impugnada,  protegida  por  dos  presunciones,  las de legalidad y acierto. De manera que es tarea del recurrente  desvirtuar  una  de  las  dos  presunciones,  o ambas, mediante la demostración  lógico   jurídica   de   la   concurrencia   de  alguna  de  las  causales  de  casación   previstas  por  el  legislador,  cuya argumentación en ningún  caso  puede  limitarse  a la exposición de opiniones subjetivas, diversas a las  asumidas por los falladores.   

En  el  presente  caso,  el  censor  ataca la  sentencia    del    Tribunal   a   través   de   cuatro   cargos   –la   defensa   los   denomina   como  causales-   por  violación  directa  de  la  ley  sustancial por exclusión evidente y aplicación indebida.   

Es de destacar, por  los    argumentos   de  los  cargos,  que   aunque   se   orientan  por  denunciar  la  violación  directa  de la ley sustancial por  falta    de    aplicación    de    los    artículos   37,   42,   de   Código  Procedimiento    Penal  y por aplicación indebida de los artículos 8, 287 y  289  del  Código Penal, lo  cierto   es   que   existe  confusión  entre            las        modalidades  en  que  se puede demostrar   la   violación  directa  y  a  su  vez  entremezcla ésta  con    la    violación  indirecta.   

El   error  del  casacionista   radica  en  referirse  a  la  causal  primera del artículo 207 del  Código   de   Procedimiento   Penal   de   2000  y,  al   combinar   las   dos   hipótesis    allí  referenciadas     en    contravía    al     principio    de    no  contradicción  que caracteriza este  recurso       extraordinario,       conforme  lo ha  sostenido    pacíficamente    esta    Sala de Casación:   

“La lógica que  gobierna   el   recurso   y   el   principio  de  no  contradicción      que      lo      preside,   impone   la   formulación  y  sustentación,  por  separado,  de cada una de las causales aducidas,  si  fueren  varias,  y  de  los  cargos  respecto  de  cada  uno  presentados,  de  manera  independiente  si fueren excluyentes, pues cada uno de  los  motivos  de  invalidación de las sentencias previstos en la ley, obedece a  una   naturaleza   y  alcance  que  le  son  propios  y  ameritan  desarrollo  y  demostración  con  absoluta  autonomía  respecto de los restantes.”4   

No  basta,  en  consecuencia,  afirmar que se  ataca  la  sentencia por ser violatoria de una norma de derecho sustancial, pues  tan  genérica  acusación  le  impondría  a  la  Corte  la  imposible labor de  seleccionar  de manera específica la causal, el motivo, el sentido del ataque y  los  argumentos que servirían de fundamento; es decir, confeccionar la demanda,  en un todo.   

Precisamente  porque  “la  Corte  no podrá  tener  en cuenta causales de casación distintas a las que han sido expresamente  alegadas  por  el  demandante”  (art. 216 C.P.P.), y además se ha de observar  que  uno de los requisitos formales del libelo consiste en “la enunciación de  la  causal  y  la  formulación del cargo indicando en forma clara y precisa sus  fundamentos  y  las  normas  que  el demandante estime infringidas” (artículo  212-3 ibídem); exigencias que en este caso no se cumplieron.   

En  efecto,  se propone violación directa de  una  norma  sustancial,  pero  aclara  que  ello  obedeció  a  que se omitió o  tergiversó  una  prueba,  asunto  este  que debió enfocarse en dirección a la  violación indirecta.   

Se equivoca el censor al pretender cuestionar  las  pruebas  allegadas al proceso,  cuando no es viable, al amparo de esta  causal;  discutir aspectos relativos a la valoración probatoria o a la forma en  que  los hechos fueron considerados por los fallos de instancia, en tanto que el  casacionista debe aceptarlos tal como se consignaron.   

Y, por último, con relación al cargo cuarto,  imprescindible  es,  sin  embargo, que el libelista además de aludir a aquellas  normas  legales  que  asegura fueron omitidas o desconocidas por los falladores,  demuestre  la  trascendencia  de  las  mismas, probando que de haberse tenido en  cuenta  su contenido, el fallo habría sido de exoneración de responsabilidad y  no   de   condena,   situación    que   no   encuentra   reflejo   en   la  demanda.   

Visto  entonces,  que  la  demanda  ostenta  insalvables  defectos  de  orden  técnico  y  de fundamentación, y dado que la  Corte  no  puede  corregirla  para  ajustarla  a  los  presupuestos que la hagan  admisible  por prohibirlo el principio de limitación que preside el instrumento  a  que se acude, no cabe más alternativa que disponer su inadmisión y devolver  el  proceso  a  la  oficina  de  origen, no advirtiendo violación de garantías  fundamentales  que  esté  en  el  deber  de  proteger de manera oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   apoderado   del   señor   Javier    Darío    García    González.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

Comisión de servicio  

JOSE  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                    ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN     

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                                          YESID RAMIREZ BASTIDAS         

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                   Teresa Ruiz Núñez   

                                                       Secretaria   

    

1 Folios  155-176 Cuaderno No 1.   

2 Folio  184 vuelto Cuaderno No 1.   

3 Folios  5-30 Cuaderno del Tribunal.   

4  Casación 24451 del 15 de mayo de 2008     

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