30669(16-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30669   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Bogotá,  D.  C.,  dieciséis   (16) de  octubre de dos mi ocho (2008).   

V I S T O S  

De   conformidad   con   los  lineamientos  consagrados   en  el  artículo  7°  de  la  Ley  1095  de  2006,  el  despacho  resuelve   el   recurso   de  apelación  interpuesto  contra  la providencia del 7 de octubre de 2008 por un  Magistrado  del Tribunal Superior de Arauca, mediante la cual negó el amparo de  hábeas corpus presentado por  la   apoderada   de   JHON   FREDDY   MOLINA   DE  LA  OSSA,    quien   se   encuentran   privado   de   la  libertad.   

FUNDAMENTO DE LA PETICIÓN  

La apoderada de JHON  FREDDY  MOLINA  DE  LA  OSSA,  a  través  de  escrito  presentado  el  6  de  octubre de 2008, solicitó al Tribunal Superior de Arauca  ordenar   la  libertad  de  aquel  “por  padecer  de  prolongación  ilegal  de  la  privación  de  la  libertad  por vencimiento del  término  a  que  se  refiere  el numeral 5º del artículo 317 de la Ley 906 de  2004,  modificado  por  la  Ley 1142 de 2007, sin haber iniciado la audiencia de  juicio  oral,  en concordancia con el artículo 30 de la Constitución nacional,  y los artículos 28, 29, 85, 282.”   

En  sustentó de su petición, la accionante  señaló  que  la  audiencia  de  formulación de acusación se inició el 10 de  abril  de  2008  y  se  suspendió  por  razón del recurso interpuesto, y luego  desistido,   por   la   defensa   de   MOLINA  DE  LA  OSSA   en   contra   de  la  decisión  del  juez  de  conocimiento,   mediante  la  cual  denegó  las  nulidades  impetradas  por  la  defensa.    Así   las   cosas,  para  el  día  2  de  septiembre  habían  transcurrido  135  días  hábiles sin que se hubiera celebrado la audiencia del  juicio  oral,  término  superior a los  90 días de que trata el artículo  317-5 de la Ley 906 de 2004.    

DECISIÓN      DEL    TRIBUNAL   

El   Tribunal   Superior   de  Arauca,  en  providencia  del  7  de  octubre  de  2008,  luego  de advertir los antecedentes  procesales,  concluyó  en  que  la  privación  de  la  libertad  del procesado  MOLINA  DE  LA  OSSA es legal  toda  vez  que,  aunque es cierto que se superó el término de 90 días sin que  tuviera  lugar la audiencia del juicio oral, también lo es que el retardo en el  trámite  procesal,  desde  el  inicio  de  la  investigación,  se  produjo por  actuaciones  dilatorias  de  la  defensa,  quien “dio  inicio  a  las  varias  peticiones  de  aplazamientos  de  audiencias, aduciendo  diferentes  causas,  pasando por las peticiones de nulidades impetradas, para ya  en  últimas  y  después  de  haberse  detenido  el  curso  del proceso para la  remisión  de tales solicitudes al superior funcional, desistiera a última hora  de  tal recurso o sustentación, no obstante el considerable retraso, parálisis  y  afectación  al  decurso procesal que ello conlleva, tal como se precisara en  esta  decisión  al  punto  de  calificar  el  Tribunal  de esta ciudad tal  actuación   como táctica dilatoria, temeraria y de mala fe…”   

Adujo el Tribunal, además, que la acción de  hábeas  corpus no es la que  se  debe  invocar  para  obtener  la  libertad  del  procesado,  toda vez que el  vencimiento   de   términos   es   “una  situación  inherente  al desarrollo procesal del asunto, que por lo mismo debe ser resuelta  al  interior  del  proceso,  como no se ha hecho por la defensa… los vicios de  procedimiento  o  controversias  acaecidas  con  posterioridad  (a  la medida de  aseguramiento)   deben  ser decididas y corregidas al interior del trámite  procesal,  a través de los medios propios establecidos por el legislador, tales  como  el control de legalidad, la revocatoria directa, la nulidad y los recursos  ordinarios,  como ha sucedido en el presente caso en tratándose de la medida de  aseguramiento,   pero   no   de   la   libertad.   ”   

En consecuencia, concluye el Tribunal negando  la  acción  de  hábeas  corpus  instaurada  por  la  defensora de JHON FREDDY MOLINA DE LA OSSA.   

LA   IMPUGNACIÓN  

Refiere   la   apoderada   del   procesado  JHON   FREDDY   MOLINA   DE   LA   OSSA  que  para  el 9 de octubre de 2008 han transcurrido más de 90 días  desde  la  presentación del escrito de acusación por parte de la fiscalía sin  que  se  haya  celebrado la audiencia de juicio oral, motivo por el cual se hace  necesario  otorgarle  la libertad a aquél, de conformidad con lo ordenado en el  artículo 317-5 de la Ley 906 de 2004.   

En  apoyo  de  lo  anterior,  la  accionante  sostiene  que  existe  una  privación  ilegal  de  la  libertad,  por cuanto el  trámite  procesal  no  ha  respetado los términos consagrados en la ley 906 de  2004.     Precisa    que    el    escrito    de  acusación fue radicado ante el Centro de Servicios el  17  de marzo de 2008, y la audiencia de formulación de  acusación  se  inició  el  10  de abril, tras sendos  aplazamientos  solicitados  por  la defensa y la fiscalía.   En dicha  diligencia,  la  defensa propuso nulidades las cuales fueron negadas por el juez  de   conocimiento,   decisión   contra  la  cual  la  defensa  de  MOLINA  DE  LA  OSSA presentó recurso de apelación.    

Señala  que,  tras  reintegrar  la Sala del  Tribunal  -por razón del impedimento manifestado por dos de sus magistrados- se  fijó  como  fecha  para  la sustentación del recurso de alzada el 21 de julio;  agrega  que el 2 de septiembre siguiente se reanudó la  audiencia  de  formulación  de cargos, y para entonces  ya  habían  transcurrido  118 días hábiles desde la presentación del escrito  de  acusación.   La  audiencia  de  formulación  de  cargos fue convocada  nuevamente  para  el  24 de septiembre de 2008 por solicitud de la defensa, y la  audiencia  preparatoria  del  juicio  fue  fijada  para  el  29  de  octubre  de  2008.   No obstante, la accionante aduce que el 8 de octubre fue notificada  que  la diligencia preparatoria tendría lugar el próximo 20 de octubre, motivo  por  el  cual anuncia que requerirá al funcionario judicial para que respete la  fecha inicialmente fijada.   

La     apoderada    de    MOLINA  DE  LA OSSA contradice el contenido  de  la  certificación allegada por el Centro de Servicios, según la cual allí  no  se  había  recibido  solicitud alguna por parte de aquél o de su defensora  para   audiencia   de   control   de   garantías,  toda  vez  que  –según dice la accionante-, por razón  del  paro  judicial,  en  dicha  dependencia  solamente  se  tramitan audiencias  preliminares.   

Reprocha que se encuentra vencido el término  previsto  en  el  numeral  5  del   artículo  317  de  la Ley 906 de 2004,  modificado  por  la  ley  1142 de 2007, lo que permite pregonar la existencia de  una  prolongación  ilícita  de  la  libertad  y  acceder  a  la  solicitud  de  hábeas corpus.   

CONSIDERACIONES    DEL    DESPACHO   

1.   En primer lugar, cabe precisar que  el  suscrito  Magistrado  es  competente para conocer en segunda instancia de la  impugnación  interpuesta  contra  la  providencia  del  7  de  octubre de 2008,  mediante  la  cual  un  Magistrado  del  Tribunal  Superior  de  Arauca negó la  solicitud    de    hábeas    corpus    presentada   por   la  defensora  del  procesado   JHON  FREDDY MOLINA DE LA OSSA, según así  lo  dispone  el  numeral 2° del artículo 7° de la Ley 1095 del 2 de noviembre  de 2006.    

2.  De otra parte, como lo ha precisado  la  jurisprudencia  de  la  Corte, el artículo 30 de la Constitución Política  consagra    el   derecho   fundamental   de   hábeas  corpus,  acción  reconocida  en  varios  instrumentos  internacionales,  tales  como la Declaración Universal de los Derechos Humanos,  el  Pacto  Internacional  sobre  Derechos  Civiles  y Políticos, la Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  y  la  Declaración Americana de Derechos y  Deberes del Hombre.   

De  igual  modo,  el  artículo  27.2  de la  Convención  Americana  de  Derechos Humanos y el artículo 4° de la Ley 137 de  1994  (Estatutaria  sobre  Estados  de  Excepción),  contempla  el hábeas  corpus  dentro  de  los  derechos  intangibles.   

Así,    entonces,    el    hábeas  corpus es un derecho intangible y  de  aplicación inmediata consagrado en la Constitución Política y reconocido,  además,  en los tratados internacionales que forman parte del denominado bloque  de constitucionalidad.   

En  síntesis, se trata de la garantía más  importante  para  la  protección  del  derecho  a la libertad, consagrado en el  artículo  28  de  la Cata Política, el cual reconoce en forma expresa que toda  persona  es  libre,  que  nadie  puede   ser  molestado  en   su   persona   o   familia,  ni  reducido  a   prisión    o    arresto,    ni    detenido,   ni   su   domicilio   registrado,  sino  en  virtud  de  mandamiento  escrito  de  autoridad  judicial  competente,  con las formalidades  legales y por motivo previamente definido en la ley.   

Ahora bien, el derecho a la libertad, pese a  su  indiscutible consagración constitucional, no es un derecho absoluto, según  se  desprende de lo previsto en el citado artículo 28 de la Constitución, pues  si  bien  el  habeas corpus es  el  medio  por  excelencia para su protección, como así venía considerándose  tradicionalmente   por  la  legislación  y  la  jurisprudencia,  la  naturaleza  fundamental  de  este derecho implica que dicha acción es una garantía no solo  del   derecho   a  libertad,  sino  que  igualmente  lo  es  de  otros  derechos  fundamentales  de  la  persona privada de la libertad, como son los de la vida y  la  integridad  personal.1   

Es  por  ello  que,  como se ha indicado, el  derecho  a la libertad no es absoluto, pues éste afronta su restricción cuando  el  ciudadano es objeto de un proceso penal  adelantado con base en el respeto del debido proceso y del derecho  de defensa también constitucionalmente reglados.   

3.   Teniendo  en cuenta las anteriores  precisiones,  cabe  también  recordar  que  el hábeas  corpus, como lo establece la Constitución Política y  lo  desarrolla la Ley 1095 de 2006, es un derecho constitucional fundamental que  tutela la libertad personal en los siguientes casos concretos:   

3.1.   Cuando  la  aprehensión  de una  persona  se  lleva  a  cabo  por fuera de las formas constitucional y legalmente  previstas  para ello, como sucede con la orden judicial previa (artículos 28 de  la  Constitución   Política,  2°  y  297  de  la  Ley  906  de 2004), la  flagrancia  (artículos  345 de la Ley 600 de 2000 y 301 de la Ley 906 de 2004),  la  captura  públicamente  requerida  (artículo 348 de la Ley 600 de 2000), la  captura  excepcional  (artículo  21  de  la  Ley  1142  de  2007)  y la captura  administrativa  (sentencia  C-24  del  27  de  enero  de 1994), esta última con  fundamento  directo  en el artículo 28 de la Carta y, por ello, de no necesaria  consagración  legal,  tal como sucedió -y ocurre- en vigencia de la Ley 600 de  2000.   

3.2.   Cuando,  obtenida  legalmente la  captura,  la  privación  de la libertad se prolonga más allá de los términos  previstos  en la Constitución y en la ley.  En tal supuesto, la acción de  hábeas  corpus  tiene  por  objeto   que   el  servidor  público:  a)  lleve  a  cabo  la  actividad  a  que está obligado (por ejemplo:  escuchar  en  indagatoria,  dejar  a  disposición  judicial el capturado, hacer  efectiva     la     libertad    ordenada,    etc.)    o    bien,    b)  adopte la decisión correspondiente al  caso  (definir  su  situación  jurídica  dentro del término legal, ordenar la  libertad   frente  a  la  captura  ilegal,  entre  otras  hipótesis  posibles).   

4.   De otra parte, debe reiterarse que  dirigida  la  acción  constitucional  a  proteger a la persona de la privación  ilegal  de  la  libertad  o  de  su indebida prolongación, es claro que al juez  constitucional,  en  el  examen  puesto  a  su  consideración,  le está vedado  incursionar  en  terrenos  extraños a este específico tema, so pena de invadir  órbitas  que son propias de la competencia del juez natural al que la ley le ha  asignado  su conocimiento, pues de lo contrario desbordaría la naturaleza de su  función   constitucional   destinada   a   la   protección   de  los  derechos  fundamentales.   

En otros términos, como de manera reiterada  lo  ha indicado la jurisprudencia de la Corte, la procedencia de esta acción se  encuentra  supeditada  a que el afectado con la privación ilegal de la libertad  o  con  su ilícita prolongación haya acudido primero a los medios previstos en  el  ordenamiento  legal dentro del proceso que se le adelanta, pues, se reitera,  lo  contrario  conllevaría  a  una injerencia indebida sobre las facultades que  son propias del juez que conoce de la causa.   

Al respecto la Corte ha dicho:  

“Evidentemente la  acción  de  hábeas  corpus  fue  concebida  como  una  garantía esencial cuyo  ejercicio  de  carácter  informal, en principio demanda el estudio de cualquier  situación  de  hecho que indique la privación de la libertad sin la existencia  de  una  orden  legalmente  expedida por la autoridad competente, pero de manera  alguna  implica  su  uso  indiscriminado,  esto es, la  pretermisión    de    las    instancias    y    los    mecanismos    judiciales  ordinarios,  pues ella se encuentra instituida como la  última  garantía fundamental con la que cuenta el perjudicado para restablecer  el derecho que le ha sido conculcado.   

“Sobre   el  particular,  la  jurisprudencia de la Sala ha sido consistente en determinar que  la  procedencia  excepcional  de  la acción de hábeas corpus debe responder al  principio  de  subsidiaridad,  pues  roto éste por acudir primariamente a dicha  acción  desechando  los  medios  ordinarios  a través de los cuales es posible  reclamar  la  libertad  con fundamento en alguna de las causales contempladas en  la   ley,   aquella  resulta  inviable”. 2   

Sobre el mismo tema, la jurisprudencia de la  Sala indicó:   

“El  núcleo del  hábeas  corpus  responde  a  la necesidad de proteger el derecho a la libertad.  Pero  cuando  la  misma  ha  sido  afectada  por  definición  de quien tiene la  facultad  para hacerlo y ante él se dan, por el legislador diferentes medios de  reacción  que  conjuren  el  desacierto, nadie duda que el hábeas corpus está  por   fuera   de  este  ámbito,  y  pretender  aplicarlo  es  invadir  órbitas  funcionales  ajenas.  Su inmediatez, su perentoriedad, su efecto indiscriminado,  al  punto  que  no hay fuero o especialidad de competencia en el cual no incida,  no  impone  ni  auspicia  el que se le haga actuar en donde no es el radio de su  intervención”.3   

Del mismo modo, respecto del mismo asunto la  Corte volvió a pronunciarse así:   

“Cuando   la  libertad  personal,  que se considera violada, ha sido afectada en virtud de una  decisión  judicial  dentro  de  un  proceso  penal, conforme a criterio de esta  Sala,  el  cual igualmente fue indicado por la Corte Constitucional en sentencia  C-301  de  1993,  la  acción   de  Hábeas  Corpus  se torna improcedente,  ateniendo  que  es  el  mismo  proceso  penal  el que provee de mecanismos a las  partes  para  restablecer  este derecho, entre los que se menciona el control de  legalidad,  si  se  trata  del  procedimiento previsto en la ley 600 de 2000, la  interposición  de  recursos  contra la decisión que impone la privación de la  libertad  o su limitante, e igualmente, cuando de vulneración al debido proceso  se  trata,  la  solicitud  de nulidad que se invoca ante el funcionario judicial  que  adelanta  el  proceso,  en  los  términos  previstos en el artículo 306 y  siguientes  de  la  ley  aludida,  a  menos  que  se  incurra  en  una  vía  de  hecho”.4   

A  similar  conclusión  llegó  la  Corte  respecto de los procesos adelantados conforme a la Ley 906 de 2004:   

“Acorde  con  lo  expuesto,  a  partir  del  momento  en que se impone la medida de aseguramiento,  todas  las  peticiones  que tengan relación con la libertad del procesado deben  elevarse   al  interior  del  proceso  penal,  no  a  través del mecanismo  constitucional  de  Hábeas  corpus,   pues esta acción no está llamada a  sustituir el trámite del proceso penal  ordinario.   

“Al  respecto ha  sostenido la Corte Suprema de Justicia:   

“El  núcleo del hábeas corpus responde a  la  necesidad  de  proteger el derecho a la libertad.  Pero cuando la misma  ha  sido afectada por definición de quien tiene la facultad para hacerlo y ante  él  se  dan,  por  el legislador diferentes medios de reacción que conjuren el  desacierto,  nadie  duda que el hábeas corpus está por fuera de este ámbito y  pretender   aplicarlo   es   invadir   órbitas   funcionales  ajenas.   Su  inmediatez,  su  perentoriedad,  su  efecto  indiscriminado, al punto que no hay  fuero  o especialidad de competencia en el cual no incida, no impone ni auspicia  el   que   se   le   haga   actuar   en   donde   no   es   el   radio   de   su  intervención”5.   

“Es  que resulta  inaceptable   la   existencia   de   dos  medios  judiciales  alternativos  para  controvertir  las  decisiones  que afectan la libertad,  cuando tal como se  ha  venido  insistiendo,   existen  los  recursos  legales  ordinarios  que  garantizan   la   protección   del   derecho  fundamental  dentro  del  proceso  penal.   

“Así lo planteó  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia   C-301 de 1993 al estudiar la  exequibilidad de la Ley 15 de 1992:   

“En  suma,  los  asuntos  relativos  a  la  privación  judicial de la libertad, tienen relación  directa  e  inmediata  con  el  derecho  fundamental  al  debido  proceso  y  la  controversia  sobre los mismos debe, en consecuencia, respetar el presupuesto de  este  derecho  que  es  la  existencia de un órgano judicial independiente cuyo  discurrir  se sujeta necesariamente a procedimientos y recursos a través de los  cuales  puede  revisarse  la  actuación  de  los jueces y ponerse término a su  arbitrariedad.  De  este  modo  no  se  restringe  el hábeas corpus, reconocido  igualmente  por  la Convención Americana de Derechos Humanos, pues se garantiza  el  ámbito  propio  de  su  actuación:  las  privaciones  no  judiciales de la  libertad.  En  lo  que atañe a las privaciones judiciales, el derecho al debido  proceso,  desarrollado  a  nivel  normativo  a  través  de  la consagración de  diversos  recursos  legales,  asegura  que  la  arbitrariedad judicial pueda ser  eficazmente  combatida  y  sojuzgada  cuando  ella  se  presente. Lo anterior no  excluye  la  invocación  excepcional  de la acción de hábeas corpus contra la  decisión  judicial  de  privación  de  la  libertad  cuando ella configure una  típica     actuación    de    hecho”6.   

Sobre  la naturaleza de la acción de habeas  Corpus, la Corte reiteró:   

“(ii)            El derecho  – acción de habeas corpus  es  de  carácter fundamental y de aplicación inmediata. También el derecho al  debido        proceso       tiene       tales       características.   

“Por tanto, en la  tensión  entre  los  referidos  derechos fundamentales, se impone reconocer que  los  procesos judiciales deben ser adelantados con “observancia de la plenitud  de  las  formas  propias  de  cada  juicio”, de manera que la referida acción  constitucional  no  puede  de  ningún modo sustituir o desplazar los mecanismos  dispuestos   por   el   legislador  al  interior  de  cada  trámite.   

“(iii)           No es viable  confundir  la  naturaleza  jurídica de la petición de libertad provisional con  el  ejercicio  de  la  acción  de  hábeas  corpus,  pero  lo  cierto  es  que,  precisamente  dentro  de  la  comprensión  del  derecho  fundamental  al debido  proceso,  argumentos jurídicos y de razón práctica permiten colegir que antes  de  acudir  a  los  mecanismos  constitucionales o legales de protección de los  derechos,  su  reclamación  debe  efectuarse,  siempre que ello sea posible, al  interior  de  las  actuaciones ordinarias, todo lo cual dota al proceso penal de  unos  mínimos de coherencia, reconoce su progresividad y a la vez, proscribe la  posibilidad  de  eventuales decisiones contradictorias de la jurisdicción sobre  una            misma            temática7.   

5.   Teniendo  en cuenta los derroteros  anteriores,  y  acorde  con la información allegada a este diligenciamiento, no  cabe  duda  que  la  providencia  impugnada  y  a través de la cual el Tribunal  Superior  de  Arauca  negó  la  solicitud  de  hábeas  corpus   que   elevó   la  apoderada  del  procesado  JHON    FREDDY   MOLINA   DE   LA   OSSA, se ajusta a derecho.   

En efecto, el asunto a resolver –según  lo  plantea  la accionante- se  contrae  a  verificar  si se acreditan los presupuestos de la causal de libertad  descrita  en  el  numeral 5 del artículo 317 de la Ley 906 de 2004, frente a la  imposición  de  la  medida de aseguramiento.  Las causales previstas en el  aludido  artículo  317  para obtener la libertad del procesado, cuando ésta ya  ha  sido  afectada  por una medida de aseguramiento, deben tramitarse, según ya  se  ha  precisado, ante el juez de control de garantías, quien deberá resolver  lo  pertinente  dentro  de  una audiencia preparatoria, petición que la defensa  del    procesado,    según    la    prueba    documental   que   obra   en   la  actuación8, no ha formulado.    

Siendo  ello  así,  el   juez   constitucional   competente   para   atender  la  acción         de        hábeas   corpus   no   puede   inmiscuirse   en     las     específicas    funciones    que    son   propias   del  juez  natural  de  la  causa,   siendo   éste,  en  primera  y segunda instancia, el llamado a resolver la  petición  de  libertad,  por  aquellos  específicos  motivos  descritos  en el  artículo 317 de la Ley 906 de 2004.   

En conclusión, el amparo pretendido no tiene  vocación  de éxito a través de la acción de hábeas  corpus,  toda  vez  que  la  libertad  sólo puede ser  dispuesta  dentro  del  mismo proceso, pues es en él donde se debe plantear una  petición  de tal naturaleza, a efectos de que sea el funcionario judicial quien  determine  si en verdad se acreditan los presupuestos fácticos y jurídicos que  permiten  conceder  la  libertad  por  virtud del artículo 317 de la Ley 906 de  2004  y  si,  en  el  caso  específico  de  la  causal 5ª que desarrolla dicho  artículo,  la  omisión  de  la celebración de la audiencia del juicio oral se  debe  a  negligencia,  incuria,  descuido  o  a  un  acto  doloso  del  juez del  conocimiento.    

Recuérdese  que,  como  lo  tiene  dicho la  Corte,   la  acción de hábeas corpus  es  un mecanismo extrasistémico, es decir, que opera sólo cuando  el  desconocimiento  de las garantías fundamentales alegadas tiene su origen en  causas externas al proceso mismo.   

6.  Ahora bien, aún cuando en gracia de  discusión  el mecanismo del hábeas corpus  fuera  el  procedente  para  obtener la libertad del procesado por  virtud  del vencimiento del término de que trata el artículo 317-5 del Código  de  Procedimiento  Penal,  tampoco  en  semejante hipótesis cabría conceder el  amparo que solicita la accionante.   

En  efecto,  véase  que  el  parágrafo del  referido  artículo  317  precisa,  en  particular respecto de la causal 5ª -la  misma  que  invoca  la  accionante-,   que:  “No  habrá  lugar  a  la  libertad  cuando  la  audiencia del juicio oral no se haya  podido  iniciar  por  maniobras  dilatorias  del  imputado  o  acusado,  o de su  defensor,  ni cuando la audiencia no se hubiere podido iniciar por causa justa o  razonable.”     

Tal  situación  es  la que concurre en este  caso  y hace desaparecer los presupuestos fácticos y jurídicos de la causal de  libertad   pregonada.    Véase   cómo   el   Tribunal,  al  ponderar  los  antecedentes  procesales  que  condujeron a la superación del lapso de 90 días  hábiles  -contados  desde  la  presentación del escrito de acusación- para la  celebración  de  la  audiencia  de  juicio  oral, encontró que la tardanza del  trámite     se     debió     a    las    maniobras  dilatorias  por  parte  de  la  defensora, la cual, de  manera  reiterada,  solicitó el aplazamiento de la audiencia de formulación de  acusación,  apeló la negativa del juez de conocimiento al decreto de nulidades  y,  el  día  anterior  a  la  fecha  de sustentación del recurso, desistió de  éste,  luego  de  que  se había integrado la Sala del Tribunal por un conjuez,  por razón del impedimento manifestado por dos de sus magistrados.   

Ante  el  desistimiento  de  la  defensa, el  Tribunal  dispuso  la  devolución  de  las  diligencias  con destino al juez de  conocimiento   para   que  éste  reanudara  la  audiencia  de  formulación  de  acusación, no sin antes recriminar a la recurrente que:   

“(…)  ante  tal  conducta procesal  asumida   por   la   defensa,   como  ‘atendiendo  el  desgaste  de  la  administración de justicia que ha  generado  la  profesional  del  derecho, el posible perjuicio que le haya podido  causar  a  su  cliente,  teniendo  en cuenta que la audiencia de formulación de  acusación  se  llevó  a  cabo  desde  el  día  10 de abril de 2008, en la que  solicitó  la  nulidad  de  todo  lo  actuado a partir de la legalización de la  captura  y  ante  la  negativa  del  juez  de conocimiento recurre la decisión,  siendo  allegada  la  actuación  a  esta  instancia  para  decidir  el  recurso  interpuesto,  sin  que  se hubiera podido conformar la Sala ante la declaratoria  de  impedimento  de  dos  de  los  Magistrados,  ordenando  para  ese momento la  conformación      con      el      nombramiento     del     conjuez’ … de este  recuento       se       advierte      –continúa  la  decisión  del Tribunal  que  dispuso remitir la actuación al juez de conocimiento, una vez desistido el  recurso     de     apelación-     que  desde  el  pasado  10  de  abril  de  2008,  se  encuentra  la  actuación  paralizada hasta hoy 22 de julio, cuando la  señora  abogada  mediante memorial de fecha 21 (de julio) decide manifestar que  renuncia   al   recurso   interpuesto,  actitud  que  puede  ser  descrita  como  maniobra    dilatoria,  atendiendo  los  deberes  de partes consagrados en la Ley 906 de 2004.  Del  actuar  desplegado  por  la  abogada de FREDDY MOLINA DE LA OSSA y de acuerdo al  ordenamiento  procesal,   se  evidencia  que pudo  haber  procedido  con  temeridad o mala fe, produciendo  todo   un   desgaste  a  la  administración  de  justicia  durante  el  periodo  comprendido  entre  el  10  de  abril pasado a la fecha (22 de julio de 2008), y  evitando   que   el  proceso  continuara  su  normal  desarrollo  en  perjuicio  del  procesado, pues para ese momento ya estaría muy  avanzada  la  actuación,  por  lo  que se ORDENA, por  intermedio  de  la oficina del centro de servicios del sistema penal acusatorio,  compulsar  copia  para el Consejo Seccional de la Judicatura, Seccional Norte de  Santander    –   Sala  Disciplinaria,   …a   fin   de   que   se   investiguen  las  posibles  faltas  disciplinarias  en  que  haya  podido  incurrir  la  doctora  LUZ  MARINA VARGAS  MARIÑO”    (subrayas    y   mayúsculas   en   el  original).    

Se  tiene  entonces que, conforme lo anotado  por  el  funcionario  judicial  llamado  a  resolver  el  recurso  de apelación  interpuesto  y desistido por la defensa de MOLINA DE LA  OSSA   durante   la   audiencia  de  formulación  de  acusación,  que  los  65  días  hábiles9 transcurridos  desde  el  10  de  abril  de  2008,  fecha  en que se suspendió la audiencia de  formulación  de  acusación  para  dar curso a la impugnación formulada por la  defensora,  hasta  el 22 de julio, cuando el Tribunal advirtió el desistimiento  y  resolvió regresar la actuación al juez de conocimiento para que prosiguiera  con  la  audiencia de formulación de cargos, en verdad transcurrieron gracias a  las  ostensibles  maniobras dilatorias de aquella, como también el término que  se  surtió  desde  dicha  fecha  hasta el 2 de septiembre, cuando finalmente se  retomó la audiencia suspendida.    

Es   verdad   que   el   ejercicio    de    los   recursos   ordinarios   contra   las   decisiones   judiciales     es    una    de    las    diversas   manifestaciones   en  que se  plasma  el  derecho   de   defensa,   pero  como  todo derecho, su ejercicio   no   puede   entenderse   como   absoluto,   toda   vez     que     encuentra    límites    en    la   lealtad    y    buena   fe   debida   a   la   pronta       y      eficiente       administración      de   justicia.     

Es   por   lo  anterior   que,     para     la     Corte,     razón     le   asistió   al   Tribunal  de Arauca  al  apreciar   el     uso     del     recurso    ordinario    de   apelación     por     la    defensa     de     MOLINA   DE  LA  OSSA,   así    como    posterior    desistimiento,   como  una  maniobra  dilatoria,  pues  no  resulta  razonable  que  luego  de invocar  una   posible   causal  de  nulidad  de  la actuación,   de   un momento a otro, después de advertir que dos magistrados expresaron  su  impedimento  y,  en  consecuencia,  la  necesidad  de  recomponer la Sala de  decisión  con  un  conjuez,  sea justamente la víspera de la fecha fijada para  sustentar  el  recurso  cuando  la  impugnante  desiste  del  mismo,  para luego  pregonar  que  se  acreditan  los  presupuestos  de  la  causal  de libertad que  describe el artículo 317-5 de la Ley 906 de 2004.    

7.       En      conclusión,  advirtiendo  que  el reclamo  realizado  por  la  apoderada del procesado JHON FREDDY  MOLINA  DE LA OSSA se encamina a discutir un asunto que  está  llamado  a  ser  resuelto  por  el  juez  del  proceso,  a través de los  mecanismos  ordinarios  que éste brinda para ello, y que, según lo plasmado en  la  actuación,  el  vencimiento  del  término  que pregona tuvo su génesis en  maniobras  dilatorias,  el  Magistrado  del  Tribunal  Superior de Arauca, en su  providencia  del  7  de octubre de 2008, obró acertadamente al negar la acción  pública  de  hábeas corpus,  razón por la cual se confirmará integralmente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  el  suscrito  Magistrado  de la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

CONFIRMAR   la  decisión  del  7  de  octubre  de  2008  a través de la cual un Magistrado del  Tribunal  Superior de Arauca negó el amparo de hábeas  corpus  presentado  por  la  apoderada  de  enjuiciado  JHON    FREDDY   MOLINA   DE   LA   OSSA.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen. Cúmplase.   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Magistrado  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Así  lo  ilustró la Corte Constitucional en sentencia C-187 de 2006, a través de la  cual  efectuó  el  control  previo  de  constitucionalidad  de  la  ley 1095 de  2006.   

2  Radicación 28747, sentencia del 15 de noviembre de 2007   

3  Radicación  14153,  sentencia  del 27 de septiembre de 2000.  Ver también  rad.  27577, auto del 29 de mayo de 2007;  rad. 28065, auto del 8 de agosto  de  2007;   rad.  28142,  auto  del 15 de agosto de 2007;  rad. 28228,  auto de 29 de agosto de 2007, entre otros.   

4 Rad.  28598, auto del 23 de octubre de 2007.   

5  Sentencia  de  segunda  instancia,  radicado  No.  14153  de  septiembre  27  de  2000.   

6  Sentencia C-301del 2 de agosto de 1993.   

7 Rad.  28993. sentencia del 19 de diciembre de 2007.   

8  En  tal  sentido  lo  informaron,  a  través de sendas comunicaciones, los juzgados  Tercero  Promiscuo Municipal de Arauca, Primero y Segundo Municipal de Saravena,  así   como   el   Jefe  de  Servicios  Judiciales  de  Arauca  y  su  asistente  administrativo,     quienes     hicieron     constar     que:    “Valga  aclarar  que  la Oficina del Centro de Servicios Judiciales,  pese  al  paro  que  se  realiza  por parte de Asonal Judicial, viene atendiendo  casos  referentes  a  solicitudes  de  audiencias  de  control  de  garantía  y  solicitudes de libertades”.    

9  La  accionante  señala  un  término  de135  días, no obstante el término aludido  resulta   ser  en  realidad  de  96  días  hábiles.   Y  aún  cuando  se  contabilizara  el término en días calendario, tampoco así se habría superado  el  límite  temporal  previsto  en  el  artículo  317-5 de la Ley 906 de 2004.     

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