30609(24-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30609  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 339  

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de noviembre  de dos mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de ISRAEL  ANDRÉS  VÉLEZ SADOVNIK contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Cali, el 3 de junio de 2008,  mediante  la cual confirmó la dictada por el Juzgado Doce Penal del Circuito de  la  misma  ciudad,  el  9  de  noviembre  de  2007  y,  lo  condenó a las penas  principales  de  30  meses  de  prisión y multa de 54 salarios mínimos legales  mensuales    vigentes    y    a    la   sanción   accesoria   de   interdicción   de   derechos   y   funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la sanción privativa de la libertad, como  autor de la conducta punible de estafa.   

H E C H O S  

El   Juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El  29  de junio de 2001, el señor JAIRO  OCAMPO  MEJÍA,  quien  ocupa  el cargo de revisor fiscal de la empresa FRÍOS Y  CONGELADOS  LTDA,  fue  designado  por  las  directivas  para  la  venta  de  30  semovientes  de la sociedad y, por tal motivo, se trasladó al matadero de Yumbo  Valle,  donde  debían  ser  pesadas  y  entregadas a su comprador señor ISRAEL  ANDRÉS  VÉLEZ  SADOVNIK,  a  quien había recomendado el señor CÉSAR AUGUSTO  MUÑOZ,  funcionario  de  Rica Rondo, estableciéndose la compra por un valor de  $20.482.000.oo,  cifra  que  pagó  el  comprador  con el cheque No. C4722059 de  Bancafé,  oficina  Unicentro,  fechado  el  1° de junio de 2001, que llenó en  presencia  del  señor JAIRO OCAMPO MEJÍA, y al ser consignado fue devuelto por  carencia  absoluta de fondos, siendo el cuentacorrentista el señor LUIS ANTONIO  MOSQUERA TORRES.   

“Al  proceder  a  ubicar  al señor ISRAEL  ANDRÉS  a  través  de su teléfono celular, no se obtuvo respuesta alguna y no  contestaba  los  mensajes que se le dejaban en el buzón, por lo que recurrieron  al  señor CÉSAR AUGUSTO MUÑOZ, persona que lo recomendó porque había tenido  negocios  con  él, y éste, a través del propietario de los camiones en que se  trasladó  el  ganado  al procesado, pudo establecer que los semovientes habían  sido  llevados a la finca Santander del municipio de Puerto Tejada Cauca, por lo  que  procedieron  a  formular la denuncia y a ordenar el decomiso del ganado con  un funcionario del CTI.   

“Vinculado mediante indagatoria, el señor  ISRAEL  ANDRÉS VÉLEZ SADOVNIK, a través de Interlocutorio 012 del 17 de abril  de   2002,   se  le  resolvió  situación  jurídica  imponiéndole  medida  de  aseguramiento   de   detención   preventiva   y   concediéndole   la  libertad  provisional,   con   caución   de   dos  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la Unidad de  Fiscalía  Seccional  156  de  Yumbo  (valle del Cauca), el 19 de marzo de 2004,  acusó  a  Israel  Andrés Vélez Sadovnik  por  la  conducta  punible de estafa, decisión que fue confirmada  el  30 de junio del mismo año.   

2.   El Juzgado Doce Penal del Circuito  de  Cali,  el  9 de noviembre de 2007, dictó sentencia de primera instancia, en  la  que  lo  condenó  a Israel Andrés Vélez Sadovnik  a  las  penas  principales  de  30 meses de prisión y  multa  de  54  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y a la sanción  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones  públicas  por el mismo lapso de la sanción privativa  de la libertad, como autor de la conducta punible de estafa.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor de  Israel    Andrés    Vélez    Sadovnik,  el   Tribunal  Superior  de  Cali, el 3 de junio de 2008, al  desatar el recurso, lo confirmó.   

Contra  la  anterior  decisión, el defensor  de   Israel  Andrés  Vélez Sadovnik, interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  la  causal  primera  de  casación,  presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

El  defensor  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado  “las  reglas  de  la  sana  crítica  en la  valoración  probatoria  y en la falta de recepción de pruebas, que conllevó a  dictar  una  sentencia  condenatoria… basándose en un sólo testimonio de una  persona  que  falta a la verdad en cuanto a la negociación real y la forma como  ésta  se  realizó,  como  a  la negativa de realizar otras pruebas como mira a  reconstruir  los  hechos  para  determinar  la veracidad de la versión de JAIRO  OCAMPO MEJÍA”.   

Después de argumentar sobre la culpabilidad,  el  delito de estafa, los hechos y las pruebas obrantes en el proceso, aduce que  su  defendido ofreció a los vendedores de los semovientes (demostrando su buena  voluntad  de  pago)  el  cheque  en  garantía,  aclarando siempre que era de la  cuenta  personal  de  un  tercero  y que lo otorgaba con el ánimo de recogerlo,  esto  es,  que  no se hiciera efectivo o que se presentara para su cobro como se  realizó.   

Anota  que  el  hecho  de haberse adelantado  solicitud  de  devolución  del  ganado  y obtenido la resolución a favor de la  empresa  FRÍOS  Y  CONGELADOS  LTDA, desvirtúa la existencia de una estafa por  cuanto  se  demuestra  que  dicha empresa siempre fue conocedora del sitio donde  fueron llevadas las reses, las cuales posteriormente vendieron.   

Por   lo   anterior,   señala   que   se  “duda  de  la autoría y de la responsabilidad penal  de  Israel  Andrés  Vélez  Sadovnik  y corresponde por ello su absolución por  imperiosa  aplicación  del  IN DUBIO PRO REO y por no haberse degradado toda la  investigación  y  no  se  desatan  las  pruebas solicitadas…”. Arguye  que no se tuvieron en cuenta, entre otros, que Ocampo Mejía  suministró  el  número  de  la  cuenta  de  ahorros  a su defendido, que éste  conocía  el  sitio  donde  se  encontraba  los  semovientes,  que no se hizo un  estimativo  del  mayor  valor  del  ganado  y  que  no  se  valoró  la forma de  contratación verbal, etc.   

Recalca que el cheque fue girado únicamente  como   garantía   y   que   el   juzgador   de  primera  instancia  derivó  la  responsabilidad  de  su defendido en la declaración de Jairo Ocampo Mejía y en  el hecho que el título valor fue devuelto por falta de fondos.   

Anota  que los juzgadores no accedieron a la  práctica  de  algunas pruebas testimoniales y documentales, como que tampoco se  tuvo  en  cuenta  lo manifestado por la Fiscalía que señaló que se trataba de  un  proceso  de  resolución  de  contrato y  no de la jurisdicción penal.   

Insiste   en   que   se   debe    absolver    a    su    procurado,    dado   que   éste  “cometió el hecho  sin   dolo”,   y  afirma  que  la   prueba     indiciaria    no    es    suficiente    para  deducir   el   grado   de   certeza   de  su   responsabilidad  en  el  delito  de estafa.   

Luego de referirse al método de apreciación  de  las  pruebas,  reitera que el negocio del ganado fue de manera verbal, y que  éste  debía  ser  pagado  mediante  consignación  en una cuenta de ahorros de  Davivienda.   

Afirma que se vulneraron los artículos 244,  245,  249,  266,  277  y  280 del Código de Procedimiento Civil, 63 del Código  Penal,  483  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  122  de la Constitución  Política.   

En  lo  que  llamó sustentación del cargo,  anota  que  la  violación  de  las reglas de la sana crítica en la valoración  probatoria  llevó  a  dictar sentencia condenatoria, al existir un falso juicio  de legalidad y concluye argumentando sobre la carga de la prueba.   

A continuación explica nuevamente que no se  tuvieron  en  cuenta  unos  hechos.  Acota que no se llamó a declarar al señor  Luis Antonio Mosquera Torres.   

Después   de  reiterar  lo  anteriormente  expuesto,  añade  que  a  la  investigación  se aportaron unos testimonios que  permiten  dudar de la realidad de los hechos  o que simplemente es un   mal entendido.   

Considera  que  nunca  se  estableció si su  defendido  era  o  no  una persona ampliamente reconocida en el sector ganadero,  como tampoco se tuvo en cuenta la costumbre mercantil.   

Una  vez  que  reseña  apartes del fallo, a  algunos  doctrinantes  y  de  realizar  unos  ejercicios sobre la sana crítica,  expresa que la carga de la prueba la tiene el Estado.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,   por   lo  tanto,   absolver  a  su  defendido.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  De  conformidad  con  lo previsto por el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede  contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional,  que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

En  el  evento  que ocupa la atención de la  Corte,  fácil resulta advertir que sólo procedía la casación excepcional, en  la  medida en que la conducta por la que fue condenado el procesado, esto es, la  de  estafa,  según  lo  previsto  por  el  artículo 246 de la Ley 599 de 2000,  comporta  como  pena  máxima  privativa  de  la  libertad  la  de  8  años  de  prisión.   

Es  decir, que la sanción máxima privativa  de  la  libertad  no  superó  el  quantum de 8 años a que se refiere el citado  artículo 205 de la Ley 600 de 2000.   

De  otro  lado, la jurisprudencia de la Sala  también  ha  sostenido,  de  manera  incansable,  que  cuando  de  la casación  excepcional  se  trata,  el  demandante  debe exponer así sea de manera sucinta  pero  clara  qué  es  lo  que  pretende con el recurso, teniendo como norte que  solamente  procede para el desarrollo de la jurisprudencia o para garantizar los  derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de los de  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento  de  una garantía por quebrantamiento de la  estructura  básica  del  proceso  o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

2.   Así,   entonces,  resulta  cierto  e  indiscutible  que  el  actor  equivocó  la  vía del ataque, en tanto que sólo  procedía  la casación excepcional y no la común como la postuló. De ahí que  también  le  era  imperioso  al  libelista  que  cumpliera con la otra carga de  informar  cuál era la finalidad que perseguía con la impugnación, esto es, el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

De  otro  lado,  en  el  evento  en  que  se  concluyera  que el casacionista cumplió con los mentados presupuestos, de todos  modos  el  único  cargo  presentado contra la sentencia de segunda instancia no  reúne   los  presupuestos   de   lógica   y   debida   fundamentación  para su admisibilidad.   

En efecto, el demandante enunció que acusaba  la  sentencia  de haber violado en forma indirecta la ley sustancial por errores  de  hecho  por  falso  raciocinio,  en  tanto  que  considera que las pruebas se  apreciaron  con  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica. Sin  embargo,  si se revisa los fundamentos de la argumentación se avizorará que se  quedó  sin  desarrollar,  en la medida en que la dedicó a presentar personales  opiniones  frente  a  la  valoración  de  la  unidad  probatoria  hecha  por el  Tribunal,  en  procura que la Corte concluya, entre otras cosas, que la conducta  desplegada   por   el  acusado  resulta  atípica,  puesto  que  se  trató  del  incumplimiento de una obligación civil.   

Desde  la perspectiva de los presupuestos de  lógica  y  debida fundamentación, debe insistirse que las impugnaciones que en  casación  penal  se  efectúen  por  la  modalidad del error de hecho por falso  raciocinio,  el  cual  se  materializa  por  la  violación  que  efectúan  los  juzgadores  a los postulados de la sana crítica, no pueden quedarse en el plano  de lo enunciativo.   

Como  lo  ha dicho la Sala, la sana crítica  conforme  a  rigores conceptuales se identifica en sus contenidos materiales con  los  ejercicios  de  verificabilidad  por los que transita el conocimiento en su  camino  hacia  la  aprehensión  de  la  verdad,  sendero en los que el juzgador  habrá  de  ser  fiel  a  las  máximas  generales  de   la     experiencia,     las     leyes    de    la   lógica   o  de  la  ciencia que al ser correctamente aplicadas permitirán  efectuar     inferencias      acertadas,      llegar      a   conclusiones      lógicas,      correctas     y    otorgar   credibilidad        a        los       medios       de   convicción.   

En  tratándose de esta clase de censura, es  decir,   de   los   errores  de  hecho  por  falso  raciocinio,  corresponde  al  casacionista     no     quedarse    –como   aquí   ha   ocurrido-   en   meros   enunciados   pregonando  genéricamente  que  se  violaron  las  reglas de la sana crítica como concepto  global  e indeterminado sobre la unidad probatoria, sino que por el contrario se  torna  obligatorio  identificar  con  puntualidad  si  la trasgresión se dio de  manera  específica  en  una  máxima  de  experiencia, en una ley de la lógica  formal  o  en  una  ley  de  la ciencia y determinarla, además adentrarse en la  incidencia  de  dichos  errores  en el fallo, demostrando en vía de lo probable  que  de  no  haber ocurrido dichas falencias valorativas otro habría podido ser  el  sentido  de  lo  sustancialmente  sentenciado, aspectos estos que en un todo  omitió el casacionista.   

Cumplido  con  el  anterior  cometido  y en  procura  de demostrar la trascendencia del vicio, debe evidenciar los errores en  los  que  se  ha incurrido en la sentencia impugnada, enjuiciamiento desde luego  discursivo   que  no  es  de  libre  formulación,  habida  cuenta  que  en  sus  desarrollos  y fundamentos debe abstenerse de plasmar sus particulares criterios  de  apreciación  de  los  hechos  o  de  las  pruebas  en contraposición a las  realizadas  por  el  Tribunal, pues de forma reiterada se ha dicho por esta Sala  que la casación penal no es una tercera instancia.   

Al  respecto  valga nuevamente reiterar que  los  argumentos  presentados  por  el  libelista  tienden  a  plasmar que de las  pruebas  allegadas  al  proceso no se puede inferir los elementos integrantes de  la  conducta  punible de estafa, que aflora la duda respecto de la autoría y la  responsabilidad  de  su  representado,  que  la  conducta  se realizó sin dolo,  etc.   

De  otro  lado, avasallando el principio de  autonomía,  según  el  cual,   al interior de un mismo cargo no se pueden  mezclar  ataques  correspondientes   a  causales  distintas,  pues cada una  tiene   características  y  reglas  técnicas  de  demostración  diferentes  y  producen    diversas    consecuencia   jurídicas,1     argumenta     que    al  diligenciamiento  no se incorporaron  varios  elementos  de   juicio,     hipótesis     que     ha     debido     de  postular,    respetando    también    el    principio   de     prioridad,    como    cargo   principal,    por   violación    del    postulado    de    investigación   integral.   

Así  las  cosas, dadas las inconsistencias  que presenta la demanda, la misma se indamitirá.   

Del  estudio  del  proceso  no se vislumbra  violación    de    derechos    fundamentales    o    garantías   de   ISRAEL  ANDRÉS  VÉLEZ   SADOVNIK    que     determine     el   ejercicio    de    la    facultad   oficiosa   de   índole   legal   que  al   respecto   le  asiste   a    la    Sala   en   punto   de   asegurar   su  salvaguarda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de ISRAEL  ANDRÉS   VÉLEZ   SADOVNIK,  por  lo  anotado  en  la  motivación    de    este    proveído.   En   consecuencia,   se   DECLARA  DESIERTO  el recurso.     

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, rad. 11963, sentencia del 22 de  agosto de 2002.     

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