30576(24-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30576  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº   339  

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de noviembre  de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor     del     procesado     JORGE     GÓMEZ  GONZÁLEZ.   

H E C H O S  

Así  los  resumió  el juzgado a-quo:   

“El  día  14 de  septiembre  de  2002, aproximadamente a las 5:00 p.m., en la Avenida 20 de julio  (San  Andrés  Islas),  en la antigua bomba Kelly, donde se encontraba el señor  OCTAVIO  RAMÍREZ  OSORNO,  llegó  la  señora DORIS HERRERA MESTRE, esposa del  sindicado,  a  cobrarle  una  factura  que  éste  debía  por  concepto de unos  repuestos  por  valor  de $20.000; como el señor RAMÍREZ OSORNO le dijo que no  tenía  dinero, que regresara otro día, se suscitó entre ellos un forcejeo con  unas  herramientas  que  se  encontraban  en el lugar, como a los quince minutos  después  se  presentó  el  sindicado  JORGE  GÓMEZ  GONZÁLEZ  en  una  motocicleta,  acompañado  de otra  persona,  y  con  un  machete  agredió  al señor OCTAVIO RAMÍREZ OSORNO,  ocasionándole   heridas   en   los   brazos,   hombros,  manos  y  cara,  quien  inmediatamente  presentó  la respectiva denuncia. Posteriormente se dictaminó,  al  señor  OCTAVIO  RAMÍREZ OSORNO, una incapacidad definitiva de noventa (90)  días, sin secuelas funcionales”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  la  Fiscalía  Local  27 de San Andrés Islas, a través de  resolución  del  24  de  enero  de  2005,  (fl.  56-60,  c.o.  1), acusó  a  JORGE  GÓMEZ  GONZÁLEZ como autor de la conducta punible de  lesiones     personales  (artículos   111,   112   inciso   2º,  113  inciso  1º  de  la  ley  599  de  2000).   

En  contra  de  la  anterior  decisión,  el  defensor  del procesado interpuso recurso de reposición como principal, y el de  apelación  de manera subsidiaria; denegado el primero, por medio de resolución  del  18 de abril de 2005, la Fiscalía 1ª Delegada ante el Tribunal Superior de  Cartagena,  en decisión de segunda instancia del 30 de  agosto  de  2006,  confirmó la acusación (fl. 79-82,  c.o. 1).   

2.   La etapa  del  juicio  la  tramitó  el  Juez 1º Promiscuo Municipal de San Andrés Islas  que,  el  23  de abril de 2007, dictó sentencia (fl. 116-123, c.o. 1) por medio  de    la    cual    condenó    a    JORGE    GÓMEZ  GONZÁLEZ   a   las   penas   principales  de 30  meses  de  prisión,  multa  de  20  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  al  pago  de  los  perjuicios  morales, como autor de la  conducta  punible  de lesiones personales (artículos 112 inciso 2º, 113 inciso  1º  del  Código  Penal),  al  tiempo  que  le  concedió  la suspensión   condicional de la ejecución de la pena.   

3.  Apelada la  anterior  decisión  por  el  defensor  del  procesado,  el  Juez  Penal  del Circuito del Archipiélago de San  Andrés,  Providencia  y Santa Catalina, a través de fallo de segunda instancia  del  13  de  agosto  de  2007, la modificó,  en  el  sentido  de  reducir la pena de prisión a 27 meses   (fl. 3-14, c. de 2ª instancia), y la confirmó en todo lo demás.   

Dentro del término de ejecutoria del fallo,  el  defensor  de  JORGE  GÓMEZ GONZÁLEZ interpuso   recurso   extraordinario   de   casación  por  la  vía  discrecional,  el  cual  fue  concedido  por  el  ad-quem a  través de auto del 19 de mayo de 2008.    

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

El  apoderado  del  procesado  JORGE    GÓMEZ    GONZÁLEZ,   presentó  demanda   extraordinaria   de   casación,  por  medio de la cual postula dos cargos  principales          por          nulidad     y     uno     subsidiario      por      violación  indirecta de la ley sustancial,  cuyos argumentos se sintetizan así:   

Primer  cargo: violación al debido proceso,  derecho de defensa y de contradicción.   

De conformidad con la causal 3ª de casación  que  describe  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, en concordancia con el  artículo  306-3 del mismo estatuto, el demandante acusa que la sentencia violó  el  debido  proceso  y  el  derecho de defensa, toda vez que la declaración del  testigo  FEDERICO ALFONSO Mc´CLEAN fue suspendida en el momento en que confesó  ser  el  autor  de  los  hechos,  pero no fue reanudada en la sesión siguiente,  impidiéndose  al  defensor  la posibilidad de controvertirla.  Agrega que,  de  haber continuado el juez con la práctica del testimonio de Mc´CLEAN, en el  cual  éste  se autoincriminó, lo más seguro, lógico y jurídico era declarar  la inocencia de JORGE GÓMEZ.   

Critica  que  el juzgador de primer grado no  hubiese  realizado una apreciación de la prueba, sino que se hubiera limitado a  relacionar  los  elementos  de  convicción;  también, que el juez ad-quem  hubiese dicho que el a-quo    apreció   el   testimonio   de  Mc´CLEAN   como  no  creíble,  cuando  en  realidad el fallador de primer  grado  no  lo  apreció.  Reprocha, además, que el hecho de no disponer el  juez  de  la causa la culminación del testimonio autoincriminatorio de FEDERICO  Mc´CLEAN,  equivale  a  haber  rechazado la práctica de la prueba, sin un auto  interlocutorio  que  pudiera ser recurrido.  “Lo  procedente,  pertinente  y  conducente –agrega- era que el juez ad-quem procediera  a  declarar  la  nulidad  del cierre de la etapa probatoria y ordenar recibir la  declaración  o versión de FEDERICO Mc´CLEAN, y no justificar a la juez a-quo,  en  las  razones,  ciertas  o  no,  de  haber  desestimado la versión de aquel,  cuando,  se  repite,  ni  siquiera  así  lo  manifiesta en su providencia dicha  juez.”   

Estima  vulnerado  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  los  artículos  8   y  2-b  de  la  Convención  Americana  sobre  Derechos Humanos, así como el 235, 189 y 191 de la Ley 600 de  2000.   

Como  consecuencia  del  yerro  acusado,  el  demandante  solicita a la Corte que declare la nulidad de lo actuado a partir de  la audiencia pública, suspendida el 1º de marzo de 2007.    

Segundo   cargo:   nulidad  por  falta  de  motivación  de  la  sentencia,  “al  no establecer  ningún  juicio  de  valor  a  las  pruebas  ordenadas y practicadas”.   

El  censor  señala que la juez a-quo  no  realizó  ningún  esfuerzo  de  valoración  de  las  pruebas  practicadas,  tal  como la defensa lo planteó al  ad-quem  en  el  escrito  de  apelación,   recurso  que  tenía  por  objeto  que  se  decretara  la  nulidad  correspondiente.    

Por su parte, el Juez Penal del Circuito, al  resolver  el  recurso  de  alzada, se limitó a enlistar y a resumir las pruebas  practicadas  y a señalar que hubo una valoración suficiente en la sentencia de  primer  grado, “pero de ninguna manera aparece la tan  ponderada  valoración  de  cada  una  de las pruebas. Pereciese ser que resulta  suficiente  transcribir  una  y  otra  vez lo que cada uno de los testigos dijo,  pero  sin  hacer  el  más  mínimo esfuerzo de confrontación entre los mismos,  qué  es  lo  que inferiría razonablemente, cuál de las versiones es creíble,  qué  parte  de  las mismas y la razón o razones que se tuvieron en cuenta para  descartar una u otra.”   

Aduce  que  el  juez de primer grado omitió  hacer      apreciación      probatoria     alguna     y     el     ad-quem  no  pudo precisar “en  qué  párrafo aparece el tan ponderado juicio de valoración de  alguna  de  las  pruebas,  para  bien  o  para  mal,  para controvertir o no tal  reflexión,  sin  incurrir  en  especulaciones,  es  decir,  tanto en la primera  instancia  como en la segunda, como unidad inescindible del proceso, incurren en  la  nulidad  que  por el presente se sustenta”.   Agrega   que   el   fallador  de  segundo  grado  afirmó  que  el  a-quo desestimó el testimonio de FEDERICO  Mc´CLEAN,  pero  en  realidad  dicha  prueba  no  fue  apreciada  por  los  juzgadores de instancia.    

El casacionista solicita a la Corte que case  la   sentencia  recurrida  y  declare  la  nulidad  desde  el  fallo  de  primer  grado.   

Cargo subsidiario: Violación indirecta de la  ley sustancial.    

El casacionista señala que los juzgadores de  instancia  “incurrieron  en yerro en la apreciación  conjunta   de   la   prueba.    Aduce  que  en  el  proceso solamente obran las  apreciaciones  incriminatorias  de  la  fiscalía,  las  cuales tampoco permiten  condenar  a  JORGE GÓMEZ GONZÁLEZ, toda vez que del testimonio de ARNUEL HENAO  ESCUDERO  se  desprende que fue Mc´CLEAN quien hirió a OCTAVIO RAMÍREZ OSORNO  y,  además,  existen  importantes  inconsistencias  entre  el dicho del aludido  declarante  y  el  de   ÁLVARO  IVÁN  PACHECO,  que  el  sentenciador  no  apreció.   

Respecto  de  las  aludidas inconsistencias,  estima  que  no es creíble el dicho de HENAO ESCUDERO, toda vez que éste calla  el  hecho  de que ÁLVARO PACHECO golpeó a JORGE GÓMEZ con un tubo; afirma, en  contra  de  lo  que  se  desprende  de  las  demás  pruebas,  que la esposa del  procesado  se  hallaba  presente al momento de los hechos, al tiempo que refiere  una  conversación entre Mc´CLEAN  y ÁLVARO IVÁN PACHECO “que  no  es  propia  de una persona que a estas alturas hubiese sido  víctima de heridas con machete”.   

El  censor  señala  que,  por  su parte, el  testigo  ÁLVARO  IVÁN  PACHECO  ocultó  el  hecho  de  haber golpeado a JORGE  GÓMEZ,  hecho  que  confirmó  el  denunciante,  así como la participación de  Mc´CLEAN  en  los  hechos.   Asevera  que  la razón para que los testigos  incriminaran  a  GÓMEZ  GONZÁLEZ es que éste, al contrario de lo que ocurría  con  FEDERICO  Mc´CLEAN,  tenía  recursos económicos para responder pagar una  eventual  indemnización,  hipótesis  que  encuentra  asidero en la enorme suma  que, sin ningún sustento, se pidió en la demanda de parte civil.   

Los  falladores  de instancia se limitaron a  transcribir   el  contenido  del  reconocimiento  médico  legal  practicado  al  procesado,  lo  cual  no permite inferir la responsabilidad de GÓMEZ GONZÁLEZ,  ya  que  no  se  evidencia que las declaraciones de los  versionistas  encuentren apoyo en el aludido dictamen,  al  tiempo  que  la  peritación médica no permite per  se  acreditar  que  los  hechos ocurrieron tal como lo  refieren los declarantes.   

Apoya   el   anterior  aserto  en  que  el  sentenciador  omitió  precisar cuáles lesiones fueron las que ocasionó GÓMEZ  GONZÁLEZ  y cuáles la esposa de éste.  Concluye en que las declaraciones  de  los  testigos  de  cargo  no  constituyen  plena  prueba, ni su apreciación  individual  o  conjunta  ofrecen  certeza  sobre la manera en que ocurrieron los  hechos,  y  que  la sentencia solamente se soporta en el peritaje médico legal,  al   tiempo  que  desconoce  las  exculpaciones  del  procesado,  así  como  el  testimonio  autoincriminatorio  de  FEDERICO  ALFONSO  Mc´CLEAN, que la juez de  conocimiento   se   abstuvo   de   practicar,  y  que  encuentra  apoyo  en  las  declaraciones de THALIA BOLAÑOS FONTALVO y ÁLVARO IVÁN PACHECO.   

Estima violados los artículos 232, 233, 234,  238  de  la  Ley  600  de  2000,  “infiriéndose así  sobradamente  que  JORGE  GÓMEZ  no  pudo  en  manera  alguna haber lesionado a  OCTAVIO   ALBERTO   RAMÍREZ  OSORNO,  y  por  tal  razón  habría  de  casarse  favorablemente  el  presente recurso, pero claro está para ello tendríamos que  haber  contado  con  la valoración de las pruebas en cada una de las instancias  juzgadoras”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   En  primer  término,  vale  destacar  que  en el presente asunto sólo procede la casación  excepcional  en  los  términos  del inciso 3º del artículo 205 del Código de  Procedimiento  Penal,  en  tanto que la sentencia impugnada fue proferida por un  juez   penal   del  circuito,  por  un  delito  que,  como  el  de  lesiones   personales  consagrado  en  los  artículos  111,  inciso  2º  del 112 e inciso 1º del 113 del Código Penal de  2000,  tiene  legalmente  fijada una pena distinta a aquella que exige el inciso  1º  del  citado  artículo,  como  presupuesto  para la casación común.    

2.  Comoquiera  que  la vía de ataque en sede de casación contra la sentencia proferida dentro  de     la     presente     actuación     es     la    modalidad    discrecional, el casacionista, en estricto  acatamiento  de  la  ley  y  la  jurisprudencia de la Sala, debe cumplir con las  cargas establecidas para este medio de impugnación extraordinario.   

Recuérdese  que,  cuando  de  la  casación  excepcional  se  trata,  el  demandante debe exponer, así sea de manera sucinta  pero  clara,  qué  es  lo  que  pretende con el recurso, teniendo en cuenta que  solamente  procede para el desarrollo de la jurisprudencia o para garantizar los  derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación  de  la sentencia de segunda instancia persigue que la  Corte  unifique posturas conceptuales, actualice la doctrina o aborde un tópico  aún  no  desarrollado,  precisando, en todo caso, la manera en que la decisión  solicitada  tiene la utilidad simultánea de brindar solución al asunto y, a la  par, servir de guía a la actividad judicial.   

Y, respecto de la protección de los derechos  fundamentales,  el  casacionista está obligado a desarrollar una argumentación  lógica  dirigida  a evidenciar el desacierto, siendo necesario que demuestre el  desconocimiento  de  una  garantía por quebrantamiento de la estructura básica  del  proceso  o  por  violación  de  un derecho fundamental, al tiempo que debe  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreta infracción a través de la sentencia.   

3.  En  el caso que ocupa la atención de la  Sala,   surge   nítido   que   el   argumento   que  sustenta  el  primer  cargo  de nulidad no cumple con los  presupuestos  anteriores, toda vez que, aunque el casacionista atina al señalar  que  orienta  la  crítica hacia la violación al derecho de defensa, y ésta es  una  garantía  fundamental  consagrada  en  el artículo 29 de la Constitución  Política,  el  reproche parte de presupuestos fácticos equivocados, razón por  la     cual    resulta    intrascendente  para  demostrar  la  necesidad  de un pronunciamiento en esta sede  extraordinaria.   

En  efecto,  el  casacionista señala que la  declaración  del  testigo  FEDERICO  ALFONSO  Mc´CLEAN  fue  suspendido  en el  instante  en  que  se  declaró autor de los hechos, y que la práctica de dicha  prueba  no  fue  continuada  en  la  sesión  siguiente,  lo  que le impidió al  defensor ejercer su controversia.   

El  argumento  del  libelista  no es exacto,  porque  se  funda  en  supuestos equivocados, puesto que aunque es cierto que el  testimonio  de  Mc´CLEAN,  recibido  durante la etapa probatoria del juicio fue  suspendido  cuando  aquél  dijo  haber  ocasionado  las  lesiones  al ofendido,  también  lo  es que dicho medio de convicción no estaba llamado a ser retomado  o continuado en la sesión siguiente.    

La Corte advierte, a partir de la lectura de  la  audiencia pública del 1º de marzo de 2007 y su continuación en la sesión  del  27  del  mismo  mes,  que  el  motivo  que  dio  lugar a la suspensión del  testimonio  de  FEDERICO  Mc´CLEAN  fue que, tal como lo adujo la fiscalía, el  deponente  se  atribuyó la conducta punible de lesiones personales que aquí se  investiga,  y no por el hecho de que el juez de la causa tuviera urgencia de dar  por   terminada   la   diligencia  para  atender  una  acción  de  habeas corpus.   

Lo  que  el  proceso  demuestra es que en la  primera  sesión  de  audiencia  pública,  esto es, la del 1º de marzo de 2007  (fl.  103-107,  c.o.  1), en realidad se produjeron dos suspensiones: la primera  fue  la  de  la práctica de la declaración de FEDERICO Mc´CLEAN, por el hecho  de  autoincriminarse,  y  tuvo  por  objeto  que se le hicieran las advertencias  legales procedentes en tales casos.   

La  segunda suspensión recayó, ya no sobre  la  práctica  de la prueba sino sobre la diligencia de vista pública como tal,  y  tuvo  lugar  cuando,  una vez terminada la declaración de Mc´CLEAN, el juez  puso  fin  a  la  sesión,  luego  de  conceder el uso de la palabra a todos los  sujetos  procesales,  resolver  las  peticiones  pendientes  formuladas  por  la  fiscalía  y fijar fecha para la continuación de la audiencia, todo ello con el  objeto  de  darle  curso  prioritario  a  una  acción  urgente  de habeas corpus.    

Significa  lo anterior, que la diligencia de  audiencia  pública  estaba  llamada  a  proseguir,  no  con la declaración del  citado   testigo   –pues  lógicamente   ya  no  podía  intervenir  como  testigo  ni  mucho  menos  como  investigado-  sino  con  la  recepción de los demás medios de convicción, tal  como efectivamente ocurrió en la sesión del 27 de marzo de 2007.   

En  efecto,  el testimonio del mentado   FEDERICO  Mc´CLEAN   terminó y, en consecuencia, no podía ser reanudado,  debido  a  que –tal como lo  sustentó  la  fiscalía-  el  deponente  se  autoincriminó  de  los  hechos  y  “no  se  puede  juramentar  a  quien  más  adelante  podría  verse  sometido  a una investigación penal”  (fl.  107, c.o. 1); además, porque la fiscalía solicitó la compulsa de copias  para  que  se  investigara  al  testigo  por  posible  falso testimonio y fraude  procesal   “que   se  configuraron  al  momento  de  relatar   unos hechos completamente distintos a los expuestos el día 10 de  diciembre  de  2002”, como también para que el juez  de  la  causa  le  hiciera  las  advertencias  legales sobre sus manifestaciones  autoincriminatorias (fl. 108, c.o. 1).   

De otra parte, la Sala encuentra que de todas  maneras   resultaba   del   todo  ilógico  que  el  testimonio  de  Mc´CLEAN  se reanudara dentro de la  misma  actuación  procesal,  porque  significaría recibirle juramento para que  depusiera  sobre  hechos  en  los  cuales, según él mismo lo manifestó y, tal  como    lo    advirtió    la   fiscalía,   él   mismo   pudo   haber   tenido  participación.   

Y si, como lo sugiere el casacionista, lo que  la   juez   debió   hacer   era   escucharlo   en   declaración   injurada  para  así permitir a la defensa  controvertir  su  dicho,  tal  cosa  no sería nada distinto a una extemporánea  vinculación  a  este  proceso,  de  manera que el interrogatorio del defensor a  quien  en semejantes condiciones rendiría indagatoria, constituiría una manera  inadmisible de ejercer la controversia de su dicho.    

De manera que ninguna irregularidad existió  cuando,  en  sesión  del  27  de  marzo  de 2007 (fl. 110-114, c.o. 1), la juez  reanudó  la  etapa probatoria del juicio con el testimonio de DORIS DEL ROSARIO  HERRERA MAESTRE, y no con el del aludido Mc´CLEAN.   

Aún  cuando,  en  gracia de discusión, el  cargo  se  apoyara sobre fundamentos ciertos, el reproche todavía carecería de  la  trascendencia  necesaria  para  ser  admitido a esta sede extraordinaria, toda vez que, como consta en las  actas  correspondientes,  el  entonces  defensor  de  JORGE  GÓMEZ GONZÁLEZ no  objetó   la   suspensión   de   la  diligencia  de  declaración  –por  el contrario, expresó su acuerdo  con  la  misma-, tampoco la manera en que se reanudó la práctica probatoria e,  incluso,  ejerció  la  controversia del dicho del testigo FEDERICO Mc´CLEAN al  presentar  el  alegato de conclusión, al término de la audiencia pública (fl.  113-114, c.o. 1).   

Es así como surge claro que la suspensión  de   la   declaración   no   le   representó    al    defensor   perjuicio   alguno   y   el   derecho  a  la   defensa   no  le  fue  vulnerado,  habida  cuenta   que,    como    la   Sala   lo   tiene   definido,  el   interrogatorio   al   deponente   no  es  la   única    manera   de   controvertir   el   medio   de    convicción,    toda    vez    que    dicha   garantía    también   encuentra   satisfacción   cuando,   como    en   este   caso,   el   sujeto   procesal  ofrece       al      funcionario      judicial      su   apreciación   de   la   prueba.    En   últimas,  lo   que   el  impugnante  pretende  con  su   censura   es  reabrir  una  etapa probatoria  que   ya  ha  sido  superada.   

En   conclusión,   por  las  ostensibles  falencias   en   su  desarrollo,  el  argumento  que  sustenta  el  primer   cargo   de   nulidad   no  puede  ser  admitido a esta sede extraordinaria.   

4.  Por otra parte, el razonamiento con que  el      libelista      desarrolla      el     cargo  subsidiario,     postulado     como    violación    indirecta    de    la    ley    sustancial,   no cumple  los  presupuestos  que  permiten  su  admisión  por  vía  de  la  casación           discrecional,  razón por la cual desde ya  se  anuncia  la inadmisión de  dicho cargo.   

Lo  anterior encuentra fundamento en que el  razonamiento  del  censor no se aviene a los fines de la casación discrecional,  toda  vez  que  no precisa de qué manera los yerros de  apreciación  conjunta  de  la  prueba incidieron en la  violación  de derechos fundamentales del procesado, menos aún señala cómo la  corrección  del  supuesto  vicio habría de generar un cambio jurisprudencial o  doctrinal.   

Y ni siquiera enfocado el reproche bajo los  presupuestos  de  la  casación común tendría vocación de ser admitido a esta  sede  extraordinaria,  toda  vez  que  desconoce  el  principio  de debida  y  suficiente fundamentación, pues  se  limita  a señalar que el supuesto yerro constituye una violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  pero  no  precisa  con  claridad  la  modalidad  de la  violación, esto es, si por error de hecho o de derecho.    

Ahora  bien,  toda  vez que el casacionista  menciona  que  el  fallador  no  advirtió ciertas contradicciones probatorias e  incurrió  en  apreciaciones equivocadas, podría inferirse, en indebido auxilio  a  la  deficiente  argumentación  del  demandante,  que el recurrente invoca un  error   de   hecho.   Pero,  aún  así,  el  recurrente  persiste  en  una  insuficiente fundamentación,  toda  vez  que  omite el deber  de  indicar  el  sentido  de  la  violación,  es decir, si se trata de un falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio, comoquiera  que  una  crítica  genérica  como  la que plantea, según la cual el   juzgador  incurrió  en  yerros   en   la  apreciación  conjunta  de  la  prueba,   bien   podría   encuadrar  indistintamente  en  la  omisión  o  suposición  probatoria,  en la tergiversación de medios de convicción o en su  ponderación por fuera de máximas de la sana crítica.   

Más  aún,  el  reproche  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial adolece de una grave falencia de lógica  en  su  concepción, toda vez que  tras  intentar  una  crítica  a  la apreciación conjunta de la prueba, termina  afirmando  que en realidad los falladores de instancia no realizaron valoración  probatoria  alguna,  lo  que naturalmente, por sustracción de materia, deja sin  base el fundamento del cargo.     

Aún cuando -con extrema dificultad- la Sala  superara  los  ostensibles yerros señalados, y admitiera que el casacionista se  refiere  a  falsos  juicios  de  existencia,  de identidad y falsos raciocinios,  cuando  censura  que el fallador cercenó unos testimonios, omitió otros, pasó  por  alto  inconsistencias  probatorias,  y  no  vio  que el dicho de uno de los  declarantes  no se acoge a lo que suele ocurrir con quien ha sido golpeado, como  tampoco  que la incriminación contra GÓMEZ GONZÁLEZ -y no contra el verdadero  autor  de  los  hechos-  se debió a que su situación económica le permitiría  responder   económicamente,   tampoco   así   el   cargo  puede  tenerse  como  adecuadamente sustentado.   

En  efecto,  con  dicha  argumentación  el  libelista       incurre       en      otra      inconsistencia      lógica,  toda  vez  que en el mismo cargo  reprocha  simultáneamente todas las modalidades de violación de hecho de norma  sustancial,  lo  cual  resulta  manifiestamente improcedente por lo contradictorio,  así  como violatorio del  principio  de la autonomía de las causales.   

En últimas, la manera en que el impugnante  desarrolla  la censura se limita a oponer su propia interpretación probatoria a  la  del  juzgador,  sin  demostrar un yerro ostensible en esta última que fuera  decisivo para orientar el sentido del fallo.     

Por  último, resulta impertinente, como lo  hace  el  recurrente,  entrar  a  criticar  en  esta  sede  las  consideraciones  probatorias  formuladas  por la fiscalía en la acusación, toda vez que aquello  que  es  objeto de reproche en esta sede extraordinaria a través de la fórmula  de  la violación indirecta de la ley sustancial, no es el fundamento probatorio  de  la acusación, sino el de la sentencia, integrada en una unidad inescindible  por   la   decisiones   de   instancia,   en   lo   que   la   del  ad-quem   no   contradiga   a   la   del  a-quo.   

En           conclusión, por las ostensibles falencias  en    su    fundamentación,     la   Corte   no  admitirá    el    cargo  subsidiario.   

5.   La   Sala   encuentra   formalmente   ajustado   a   derecho   el  segundo   cargo  principal,  postulado  como  nulidad por  indebida     motivación     de     la    sentencia  impugnada,  toda  vez  que cumple con los presupuestos  fijados  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de 2000, habida cuenta que el  casacionista   sustentó   el   motivo   por  el  cual  considera  necesario  un  pronunciamiento  de  la  Sala,  razón  por la cual el cargo será admitido y se  correrá  traslado a la Procuraduría Delegada para la Casación Penal, a efecto  de que se pronuncie sobre su viabilidad.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

1.                                   INADMITIR      el      primer  cargo principal y el cargo   subsidiario  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de JORGE GÓMEZ  GONZÁLEZ.    

2.                       ADMITIR        el       segundo   cargo   principal  de  la  misma  demanda.    En  consecuencia,  córrase  el  traslado  a  la  Procuraduría  Delegada  correspondiente,  por  el  término  y para los fines señalados en el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÀÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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