30429(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30429   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 348.  

Bogotá  D.C.,  diciembre dos (2) de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

La   Sala  emprende  el  examen  sobre  el  cumplimiento  de las exigencias de lógica y suficiente acreditación dispuestas  por  el  legislador,  respecto  de las demandas de casación presentadas por los  apoderados     de     Menfis     Clarena    Guzmán  Suárez  y  Silvia  Heredia  Ramírez,   reconocidas   como   parte  civil  en  su  condición  de madres de las víctimas, contra el fallo de segundo grado dictado  por  el  Tribunal  Superior de Ibagué el 17 de enero de 2008, confirmatorio del  proferido  por  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de la misma ciudad el 7 de  septiembre  de 2006 por medio del cual absolvió a OVER  ROBERTO  GUTIÉRREZ  CASTIBLANCO  de los cargos por el  concurso   de   delitos  de  homicidio  culposo  en  los  jóvenes  Jhon  Gerley  Heredia  y Meyerson Eddie Carvajal Guzmán.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  el fallo de segundo grado se resumen los  sucesos   que   dieron   lugar   a   este   averiguatorio   en   los  siguientes  términos:   

“El  día  13 de  noviembre  del  año  2002, aproximadamente a las 10 de la noche, en la calle 25  con  carrera  4ª  Tamaná  de esta ciudad (Ibagué, se  aclara),  se  presentó una colisión entre una buseta  de   servicio   público   conducida  por  el  señor  OVER  ROBERTO  GUTIÉRREZ  CASTIBLANCO  y una motocicleta manejada por el señor JHON GERLEY HEREDIA, en la  que  también  de transportaba como parrillero el señor MEYERSON EDDIE CARVAJAL  GUZMÁN,  produciéndose,  a la postre, la muerte de éstos últimos”.   

          La  Fiscalía Seccional de Ibagué declaró abierta la instrucción,  en   curso   de   la   cual   vinculó   mediante   indagatoria  a  OVER        ROBERTO        GUTIÉRREZ        CASTIBLANCO.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  26  de  mayo  de  2003 con resolución de acusación en contra del procesado  como  presunto autor del concurso de delitos de homicidio culposo, decisión que  al  ser  impugnada  por  la  defensa,  la  Unidad  de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior de Ibagué se abstuvo de resolver mediante resolución del 26  de  enero  de  2005,  al  constatar  que el recurso de apelación fue presentado  extemporáneamente.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Ibagué, despacho que una vez realizada la  audiencia  pública,  en  cuyo marco la Fiscalía planteó la existencia de duda  razonable  a favor del incriminado, dictó sentencia el 7 de septiembre de 2006,  a   través  de  la  cual  absolvió  a  OVER  TOBERTO  GUTIÉRREZ   CASTIBLANCO  de  los  cargos  objeto  de  acusación.   

          El  Tribunal  Superior  de  Ibagué  confirmó  el fallo absolutorio  mediante  sentencia  del  17  de  enero  de  2008, al conocer de los recursos de  apelación  interpuestos  por  los apoderados de quienes fueron reconocidas como  parte  civil  en  la  actuación,  los  mismos  que  ahora interpusieron recurso  extraordinario  de casación contra el proveído del ad  quem.   

LOS LIBELOS  

          1.        Demanda  en  nombre de Menfis Clarena  Guzmán Suárez.   

El  demandante  propone  un  cargo único en  atención  a  que  el Tribunal “violó INDIRECTAMENTE  LA  LEY  SUSTANCIAL  por error de hecho y de derecho derivado de falso juicio de  legalidad”,  con  ocasión  de  lo  cual  infringió  “la  causal  segunda Art. 207 de la Ley 600 de 2000.  Cuando  la  sentencia  no  esté  en consonancia con los cargos formulados en la  resolución de acusación”.   

          En   el   desarrollo   de  la  censura  aduce  que  el  ad  quem valoró erróneamente las pruebas  para  concluir  que  el  procesado  no  actuó  con  negligencia “llegando  a la conclusión de que el acusado OVER ROBERTO GUTIÉRREZ  CASTIBLANCO  no  tubo (sic) la  oportunidad  de  observar  la  motocicleta  ni tomar las medidas necesarias para  evitar  el  impacto, por lo que es lógico, no existiera huella de frenada en el  asfalto”,   apreciación   contraria  a  la  prueba  recaudada  y debidamente valorada en la resolución de acusación, en la cual se  concluyó  que el sindicado conducía a exceso de velocidad cuando se produjo la  colisión.   

Considera  que de conformidad con las reglas  de  la  sana  crítica del testimonio resultan muy sospechosas las declaraciones  de  Mauricio  Rojas, Ferney Trujillo, Oscar Quintana y  Paola Sánchez.   

          De  lo anterior colige que erró el Tribunal al apreciar las pruebas  incurriendo  en un falso juicio de legalidad y por ello solicita a la Sala casar  el  fallo atacado, para en su lugar proferir sentencia condenatoria en contra de  OVER   ROBERTO   GUTIÉRREZ   CASTIBLANCO  como  autor  del  delito  de  homicidio  culposo  en  Meyersson         Eddie         Carvajal         Guzmán.   

2.             Demanda   en  nombre  de  Silvia Heredia Ramírez.   

          El  recurrente  formula dos reparos, los cuales postula y desarrolla  así:   

2.1.          Primer  cargo:  Violación  indirecta  de  la ley sustancial en cuanto el fallo de segundo grado  incurrió  en  “falsos  juicios  de  existencia,  de  identidad,  de raciocinio, de legalidad, de convicción y los cuales conllevaron  a   quebrantar   ostensiblemente   derechos   de   rango   fundamental   de   la  víctima”.   

          Asevera  que el Tribunal omitió apreciar varios medios probatorios,  tales  como la “prueba de embriaguez practicada a los  ultimados,   placas   topográficas   y   fotográficas   del   teatro   de  los  acontecimientos,  como  también,  el informe vertido por el funcionario del CTI  JORGE  HUMBERTO CASTILLO CUERVO” a quien Gildardo  Rengifo  Trilleros,  taxista que  transportó  a uno de los heridos, le dijo haber escuchado el comentario que los  muchachos  de  la motocicleta habían parado en la carrera cuarta detrás de una  camioneta  y  cuando  iban  a  arrancar  la  buseta  no  los vio y los arrolló,  circunstancia  con la cual se desvirtúa que fuera Jhon  Gerley,  el  conductor  de  la  motocicleta,  quien al  desplazarse  a  exceso  de  velocidad  chocó contra la buseta produciéndose su  deceso y el del parrillero.   

          También  aduce  que  el Tribunal distorsionó algunas pruebas, pues  “deduce  que  el  señor  JHON  GERLEY  HEREDIA  se  transportaba  con  exceso de velocidad en la motocicleta, por el hecho de que no  se  halló  en  el  teatro  de  los  acontecimientos  huella de frenada, ni para  esta  (sic),  ni mucho menos  dejada  por la buseta, de donde se infiere que probablemente no acató la señal  de  pare, apreciaciones ellas que se hallan estructuradas bajo un falso reproche  de  identidad probatoria”, en especial si se tiene en  cuenta  que  las  víctimas  se  encontraban  en la carrera cuarta cuando fueron  atropelladas por la buseta.   

          Acerca  del  falso raciocinio en la decisión atacada, el recurrente  dice   que   aquél  “se  puede  inferir  de  varias  apreciaciones   probatorias,   como,  por  ejemplo,  que  no  se  puede  colegir  científicamente  mediante  un  elemento técnico a qué velocidad transitaba el  conductor   de  la  buseta,  silogismo,  que  si  se  aplicara  en  igualdad  de  condiciones  al  maniobrante  de  la motocicleta quedaría destruida, per se, la  convicción  de  esa  misma  autoridad  judicial  en  el  sentido de atribuir la  ocurrencia  de los hechos al obrar desprovisto de la víctima, joven JHON GERLEY  HEREDIA,  de  quien promulga venía con exceso de velocidad por el solo hecho de  no haber dejado huella de frenada”.   

          Agrega  que  no  se  tuvo  en  cuenta la topografía del lugar donde  ocurrió  la colisión y por tanto, la valoración de las pruebas no se sometió  a las reglas de la sana crítica.   

          Considera  que  el  Tribunal  tampoco  se  percató  de las mentiras  expuestas  por  el  sindicado, como cuando dijo que las víctimas iban en estado  de  embriaguez, o que chocaron contra la buseta, o bien, que iban en contravía,  todo  lo  cual  no se ajusta a las exigencias del artículo 284 de la Ley 600 de  2000 para edificar indicios en contra de aquél.   

          Concluye   el   demandante  que  “no  se  cumplieron  los  protocolos  y  métodos necesarios aplicables a la lógica, las  leyes  propias  de  la  ciencia  y  las  reglas  de  la  experiencia”,  pues  debió  el  Tribunal  “haber  observado  de  acuerdo  a las placas fotográficas y topográficas, así como el  informe  investigativo  de  CTI,  si  era consecuente viable acogerse o no a los  planteamientos  justificantes  del  sindicado.  Ahora, conforme igualmente a las  reglas   de  la  lógica  y  la  experiencia,  debió  haber  avistado  que  muy  probablemente  había un aleccionamiento de los testigos traídos e incorporados  en     el     encuadernamiento     por     el     propio     acusado”.   

          Colige  de  lo  anterior que “se edificó  un  fallo  absolutorio  amparado  bajo  un falso raciocinio y que apoyándose en  estos  (sic),  se  imprimió  erradamente  legalidad  mediante  una (sic)  mecanismo  de  hecho y de derecho, por lo que es acertado casar la  correspondiente  sentencia  y  acoger plenamente las pretensiones elevadas en la  demanda”.   

          2.2.  Segundo cargo: Inconsonancia entre la  acusación  y  el  fallo,  pues  en aquella providencia se acusó a OVER   ROBERTO   GUTIÉRREZ  mediante  la  adecuada  valoración  de  las  pruebas,  como  responsable  de  los  homicidios  culposos  investigados,  sin  que  posteriormente obrara medio probatorio alguno  que  desvirtuara  esa  atribución  de responsabilidad, pues lo que ocurrió fue  que  el  Tribunal  incurrió  en  “falsos juicios de  raciocinio,   de   existencia,   de   identidad   y   de   legalidad”   los   cuales   lo   condujeron   a  conclusiones  equivocadas,  particularmente  en  cuanto  se refiere a lo que en verdad pudieron observar los  testigos.   

A partir de los planteamientos anteriores, el  impugnante  solicita  a  la  Sala  casar  el fallo absolutorio, para en su lugar  proferir sentencia de condena en contra del procesado.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

          Dentro  del  traslado dispuesto para los no recurrentes, el defensor  del  procesado  expresó que como se procede por el delito de homicidio culposo,  cuya  pena máxima no supera los seis (6) años de prisión, correspondía a los  demandantes  acudir  a  la  casación  discrecional,  procediendo  a exponer las  razones  por las cuales debía intervenir excepcionalmente la Sala, labor que no  emprendieron.   

Acerca  de  las  demandas  señala  que  no  tuvieron  en  cuenta  que  en  la audiciencia pública la Fuiscalía retiró los  cargos  contra  su  asistiudo, de manera que no tiene sentido alegar la falta de  consonancia entre los cargos y el fallo.   

          También  añade  que  en punto de la valoración de lo expuesto por  el   testigo   Gildardo  Rengifo  Trillero   es   necesario   destacar   que  no  declaró  en  el  curso  del  diligenciamiento,  sino  que fue entrevistado por un miembro del Cuerpo Técnico  de  Investigación,  quien a su vez rindió el respectivo informe, de manera que  lo  dicho  por  aquél  no  comporta  una  prueba  válidamente  obrante  en  el  proceso.   

          En  suma,  el  defensor  solicita  a la Sala inadmitir los libelos y  subsidiariamente,  no  casar  la  sentencia  absolutoria proferida a favor de su  representado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  sentado  la  Sala  que en el examen sobre la admisibilidad de  los  libelos  casacionales le corresponde constatar que los recurrentes formulen  sus   censuras   con   sujeción  a  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda    no    reúne    los   requisitos   se   inadmitirá”.   

Según el inciso 1º del artículo 205 de la  Ley  600 de 2000, este recurso extraordinario es viable contra las sentencias de  segunda  instancia  proferidas  “por  los tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por el Tribunal Penal Militar”,  siempre que se proceda por “delitos  que    tengan   señalada   pena   privativa   de   la   libertad   cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años”  (subrayas fuera de texto).   

Tratándose  de  sentencias  de  fallos  de  segundo  grado no proferidos por los mencionados tribunales (como ocurre en este  asunto)  o  cuando  el  delito por el cual se procede tiene pena privativa de la  libertad  inferior  al  quantum señalado en precedencia (como también acontece  en  este  caso)  o  sanción  no  restrictiva  de la libertad, el inciso 3º del  artículo  205  del  estatuto  procesal  penal  faculta a esta Sala para admitir  discrecionalmente   los   libelos   de  casación  presentados,  “cuando   lo   considere   necesario   para   el   desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los      demás      requisitos      exigidos     por     la     ley”.   

          Para  acudir al recurso de casación por la vía discrecional es del  resorte  del  impugnante  señalar con claridad y precisión las razones por los  cuales  debe intervenir la Corte, ya para pronunciarse con criterio de autoridad  respecto   de  un  tema  jurídico  específico,  bien  para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  dual  utilidad  de brindar solución al asunto y servir de guía a la  actividad judicial.   

Si el censor pretende asegurar la garantía  de  derechos  fundamentales, tiene el deber de acreditar la violación e indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  demostrar    su    desconocimiento    en    el    fallo    recurrido.   

Es improcedente plantear simultáneamente las  dos  especies  de casación (ordinaria y discrecional), pues son excluyentes, en  cuanto  la  segunda  es  sucedánea de la primera, es decir, sólo procede en la  medida en que no resulte viable la casación ordinaria.   

         En  el  caso  examinado  advierte  la Sala que en punto del recurso  extraordinario  de  casación  se  impone acudir a la vía discrecional, pues se  procede  por dos delitos de homicidio culposo, cuya pena máxima privativa de la  libertad  no  supera  los  referidos ocho (8) años dispuestos para acceder a la  casación común.   

         Así  las cosas, establece la Sala desde un comienzo que ninguno de  los  demandantes  acudió  a la referida casación discrecional, omisión que de  entrada   permite   advertir   serias  falencias  en  la  presentación  de  los  libelos.   

Adicional  a lo expuesto, tampoco del cuerpo  de  las  demandas  consigue  advertirse  el  quebranto  de las garantías de las  progenitoras de las víctimas, como sigue:   

          1.        Demanda  en  nombre de Menfis Clarena  Guzmán Suárez.   

Inicialmente   observa   la  Sala  que  la  confusión  del  recurrente es mayúscula, toda vez que reclama simultáneamente  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial “por  error  de  hecho  y de derecho derivado de falso juicio de legalidad”,  sin  percatarse, de una parte, que el referido yerro no es una  especie  de  error  de  hecho,  sino  de  derecho,  y de otra, que en virtud del  principio  de  claridad con el cual es su obligación concurrir a este mecanismo  impugnaticio  extraordinario,  no  puede  referirse indistintamente a errores de  hecho  o  de  derecho, como si se tratara de sinónimos, pues la acreditación y  estructura de uno y otro son sustancialmente diversas.   

          Afirma  en  el  mismo  planteamiento  del  reproche que se violó el  principio  de  congruencia  entre  acusación y fallo, postulación propia de la  causal  segunda de casación establecida en la Ley 600 de 2000 y no de la causal  primera  a  la  cual  aludió,  circunstancia  que  permite advertir una mixtura  irregular  e  incoherente,  como  que  la  problemática  propia  de la falta de  consonancia  entre acusación y fallo es diferente del error por falso juicio de  legalidad  que  denuncia,  con mayor razón si el recurrente no dice, ni la Sala  observa  de qué manera se violó el mencionado principio, pues lo cierto es que  el  procesado  fue  absuelto  por  los  cargos  objeto  de  acusación  y no por  otros.   

          Si  bien  el  actor  expone  que  se  violaron las reglas de la sana  crítica,  no  se  detiene  a  señalar cuáles, ni de qué manera se produjo su  quebranto,  omisión  que le impide señalar cuál sería la regla correctamente  aplicada  y cómo con ello se cambiaría sustancialmente el sentido del fallo de  manera beneficiosa a los intereses de su representada.   

          Sin  dificultad  encuentra  la  Corte  que  el demandante orienta su  esfuerzo  a  plasmar en desorden su particular aprehensión del asunto en pro de  los  intereses  de la parte civil, pero no atina a señalar en qué consistieron  los  yerros  de  los juzgadores, pues como ya de antaño ha sido dicho, no basta  en  este  trámite  extraordinario  anteponer  la valoración de las pruebas por  parte  del  censor  a  la  apreciación  que  de  las  mismas hayan plasmado los  falladores,  dada  la presunción de acierto y legalidad de la cual se encuentra  revestida la sentencia objeto del recurso.   

          Tampoco  el  recurrente encamina su labor a atacar todos los pilares  del  fallo  absolutorio,  pues nada dice en punto de la prelación que tenía el  conductor  de  la  buseta  al  transitar sobre la carrera cuarta “Timaná”,   según   lo   informó   la  Secretaría de Tránsito y Transporte Municipal.   

          Bastan  las  razones expuestas para concluir que el impugnante no se  sujeta  a  las  reglas  de  lógica  y  suficiente acreditación dispuestas para  acceder  a  esta  impugnación, circunstancia que impone inadmitir el libelo con  tales falencias presentado.   

2.             Demanda   en  nombre  de  Silvia Heredia Ramírez.   

2.1.              Acerca      del     primer   cargo  observa  la  Sala  que  el  demandante  se  refiere  indiscriminadamente a toda clase de errores pues afirma  que  el  ad quem incurrió en  “falsos  juicios  de  existencia,  de  identidad, de  raciocinio,  de  legalidad, de convicción y los cuales conllevaron a quebrantar  ostensiblemente   derechos  de  rango  fundamental  de  la  víctima”,  no  obstante,  al  adentrarse a acreditar el reproche sólo se  refiere  a  los  errores de existencia, identidad y raciocinio, pero no se ocupa  de los demás.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  el  censor no se sujeta a las reglas  definidas  para  atacar  el fallo absolutorio, pues si bien invoca la violación  indirecta   de   la   ley  sustancial,  no  encamina  su  discurso  a  demostrar  correctamente  los errores sobre la apreciación de las pruebas que denuncia, en  cuanto  se  limita a exponer su personal, sectorial y no demostrada apreciación  de  algunos  medios  probatorios, para acto seguido intentar confrontarla con la  ponderación  de  dichos  elementos  de convicción por parte de los falladores,  proceder  inadmisible  en el curso de este medio impugnaticio extraordinario, no  dispuesto  para  prolongar  el trámite de las instancias, como ya se dijo, dada  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de la cual se encuentra revestido el  fallo,  sino  para señalar concreta, clara y puntualmente errores trascendentes  de   los   sentenciadores   con   incidencia  en  la  declaración  de  justicia  cuestionada.   

Así  pues, el casacionista no indica si los  funcionarios  judiciales  cometieron  un  error  de hecho al apreciar la prueba,  bien  sea  porque  pese  a  obrar  en el diligenciamiento no fue valorada (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya  porque sin figurar en la actuación  supusieron  su  presencia  allí  y la tuvieron en cuenta en su decisión (falso  juicio   de   existencia   por   suposición);   ora   porque   al  considerarla  distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola o tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando sin incurrir en alguno de los  yerros  referidos  derivaron  del  medio probatorio deducciones contrarias a los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

          Tampoco  precisa  si  se trató de un error de derecho, en cuanto se  negó  a  determinado  medio  probatorio  el valor conferido por la ley o le fue  otorgado   un   mérito   diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio  de  convicción),  o  bien,  porque  los  falladores  al  apreciar  alguna prueba la  asumieron   erradamente   como   legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos  en la ley para su práctica o aducción  (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada, el mérito demostrativo al cual se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no asumió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si la pretensión era invocar un falso juicio  de  identidad,  era  su  deber  identificar  a través del cotejo objetivo de lo  dicho  en  el  medio  probatorio  y  lo asumido en el fallo, el aparte omitido o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos  a  partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es  la  trascendencia del yerro en la parte resolutiva de la  sentencia   atacada,   tópico  de  improcedente  demostración  con  el  simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del recurrente sobre el medio de prueba  cuya   tergiversación   denuncia,   en   cuanto  es  su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro  en  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial en el fallo, esto es, señalar la  modificación  sustancial de la sentencia atacada con la corrección del yerro y  la debida valoración de la prueba, en conjunto con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, era deber del recurrente identificar el  medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicar  las disposiciones legales o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

          También  se tiene que si la pretensión del impugnante era plantear  un  falso  juicio de convicción, era su obligación demostrar la infracción de  la  tarifa  de  valoración dispuesta por el legislador, así como su injerencia  en el sentido del fallo, labor que tampoco emprendió.   

          Además  de  las  falencias  anteriores,  ni  siquiera el recurrente  identifica   las   normas   de   carácter   sustancial   que   estima  violadas  indirectamente,  amén  de  que  tampoco  precisa en que consistió el quebranto  indirecto  de  las  mismas,  es  decir,  por  aplicación  indebida  o  falta de  aplicación.   

Si  bien  el casacionista hace explícito su  interés  por  atacar la prueba indiciaria, no se percata que para emprender tal  cometido  debía  identificar  con  claridad  si  la  equivocación  se cometió  respecto  de  los  medios demostrativos de los hechos indicadores, la inferencia  lógica,  o  en el proceso de valoración conjunta al apreciar la articulación,  convergencia  y  concordancia de los varios indicios entre sí, o entre éstos y  las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una   conclusión   fáctica  desacertada.   

          Las  razones anteriores irrumpen como suficientes para inadmitir el  cargo analizado.   

          2.2.                       En  punto  del segundo  reparo  encuentra la Sala que el impugnante plantea la  inconsonancia  entre  la  acusación  y  el fallo, la cual tiene lugar cuando se  afecta  la  estructura  lógica del proceso, en cuanto el fallo introduce nuevas  conductas   punibles,   agrega   circunstancias  específicas  o  genéricas  de  agravación,  desconoce  las  específicas  de  atenuación tenidas en cuenta al  momento  de  calificar  o  hace  más  gravosa  la  forma de intervención en el  delito,  motivo  por  el cual, corresponde al actor aceptar que la acusación es  correcta  y  la  sentencia  incorrecta  y  que  por ello, la solución al asunto  precisa  de  un  nuevo  fallo  que  se  sujete  al  marco  fáctico –       jurídico       de      la  acusación.   

No obstante, el actor no procede a acreditar  la  razón  de  su  aserto, pues como ya se advirtió, los cargos por los cuales  fue absuelto el procesado, son los mismos objeto de acusación.   

Ahora,  si deplora que la prueba para acusar  también  era  suficiente para condenar, le correspondía acudir a la violación  indirecta  de  la  ley sustancial, asumiendo desde luego, los deberes señalados  al  analizar  su  primer  reproche, labor que no emprendió, argumento adicional  para inadmitir el reproche.   

De   acuerdo   con   las  consideraciones  precedentes, habida cuenta  que     el   libelo   de   casación  no  corresponde  a  alegatos  de  libre e  informal  elaboración,  su presentación con base en  meras  apreciaciones personales e indemostradas de los  recurrentes  y  sin  atenerse  a alguna de las reglas  lógicas  y argumentativas que gobiernan el   mecanismo  impugnaticio  extraordinario,  como  ha  ocurrido  en  este  asunto,    impone    la    inadmisión    de  las  demandas  de  acuerdo  con  lo  dispuesto en el  artículo  213  de  la Ley  600  de 2000, porque   en   virtud  del  principio  de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales falencias.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento   o   en  la  sentencia  objeto  del  recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  de  quienes    fueron   reconocidas   como   parte   civil   ni   del   procesado            GUTIÉRREZ  CASTIBLANCO,    como    para    que    ello  determinara  ejercer  la  facultad  oficiosa  que en punto de  asegurar    su    protección    le   confiere   el  legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR        las          demandas  de  casación interpuestas   por  los  apoderados     de     Menfis    Clarena    Guzmán  Suárez  y  Silvia Heredia  Ramírez,   reconocidas   como  parte  civil  en  su  condición  de  madres  de  las  víctimas,  por  las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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