30392(10-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30392  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  70                                                                                                Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá,  D.  C.,  diez  de  marzo de dos mil  nueve.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el apoderado de la parte civil contra  la  sentencia  dictada  por el Tribunal Superior de Cali el 29 de abril de 2008,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del  Circuito  de la misma ciudad el 31 de mayo de 2007, que absolvió a la procesada  Luz    Marina    Caicedo    Montoya    por el delito de estafa.   

Hechos.  

En  el  mes  de  marzo  de  2004 Luz  Marina  Caicedo  Montoya, profesora de  yoga  y  guía  espiritual,  le  ofreció  en  venta  a  su  alumna Diana  Marcela  Gómez  Losada  la casa de  habitación  ubicada  en  la carrera 82 No.5-142 barrio Mayapán de Cali, por la  suma  de  $180’000.000, de  los     cuales     la    promitente    vendedora    recibió    $110’000.000.  Días  después, por razones  que  cada  una de las partes atribuye a incumplimiento de la contraria, se mutó  el  negocio  inicialmente  pactado  por  un  contrato de arrendamiento del mismo  inmueble,  entre  las  mismas  partes,  con  fecha  1°  de  julio  de  2004. La  arrendadora  devolvió  parte  de dinero que le había sido entregado y declaró  recibido  por  concepto  de  cánones  de  arrendamiento  anticipados la suma de  $60’000.000.  A  raíz de  nuevos    inconvenientes    entre    las   partes,   la   señora   Diana   Marcela   Gómez  Losada  declaró  unilateralmente  terminado  el  contrato  de  arrendamiento  y formuló denuncia  penal  contra  Luz Marina Caicedo Montoya el  24  de  septiembre  de  2004,  por el delito de estafa. El 28 de  octubre  siguiente,  las  partes  suscribieron  un contrato de transacción, con  base  en  el  cual  la arrendadora hacía devolución de los dineros recibidos a  título  de  cánones  de  arrendamiento anticipados, con los descuentos por los  períodos causados y otros valores.    

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  Luz  Marina  Caicedo  Montoya,  y  el 24 de octubre de 2005 calificó el  mérito  probatorio  del  sumario con resolución de acusación en su contra por  el  delito de estafa, descrito  en  el  artículo  246  del Código Penal. Esta  decisión  fue  apelada  por  la  defensa  y confirmada por la  Unidad   Delegada  ante  el  Tribunal  mediante  proveído  de  30  de  mayo  de  2006.1   

2.  El  31 de mayo de 2007, el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Cali  absolvió a la acusada del delito imputado en la  acusación,  por  considerar  que  no había logrado probarse la tipicidad de la  conducta.  El  apoderado  de  la  parte  civil  recurrió en apelación, pero el  Tribunal  Superior  de  Cali, mediante el suyo de 29 de abril de 2008, que ahora  el  mismo  sujeto  procesal  recurre  en  casación,  lo  confirmó en todas sus  partes.2   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  prevista  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, cuerpo primero,  el  demandante  acusa la sentencia impugnada de violar en forma indirecta la ley  sustancial,   debido a “UN ERROR DE HECHO POR FALSO JUICIO DE APRECIACION  cometido en la apreciación de las pruebas”.   

Sostiene,   después   de  transcribir  los  argumentos  principales  de  la  sentencia  del  tribunal,  que  los  juzgadores  incurrieron  en  la causal invocada, “por CONCULCAMIENTO DE LA LEY SUSTANCIAL,  porque  se  DEFORMO EL HECHO JUZGADO tanto por el JUEZ PLURAL Y SINGULAR, porque  la  prueba  existente  en  el PLENARIO se dejó de apreciar y además se valoró  erróneamente”.   

En concreto, las instancias jurisdiccionales  concluyeron  erráticamente que no hubo venta, “cuando la evidencia documental  de  la  PROMESA DE VENTA en conjunto con las declaraciones de los ofendidos y de  los  testigos de cargo, se concluye que la infractora VENDIO, pero no asistió a  la  cita  notarial  en donde se protocolizaría el NEGOCIO JURIDICO, muy a pesar  de haber recibido el dinero de la compra”.   

Desistió   del  negocio,  pretextando  una  sanción  con  origen  en el más allá, por causa de la desconfianza del esposo  de  su  discípula, razón por la cual “el incumplimiento de esta obligación,  NO  debe  resolverlo  (sic)  la  jurisdicción  civil, sino la penal, ya que las  relaciones  que  rigieron  a  las  partes  contratantes,  se  soportaron  en  la  confianza  y  en la honestidad urdida por la MAESTRA DE YOGA, para articular las  maniobras fraudulentas del negocio”.   

Entender, por tanto, que no hubo artificios o  engaños  desde el lado de la GUIA ESPIRITUAL, condujo a la trasgresión mediata  de  los  artículos  246  del  Código  Penal y 232 del Código de Procedimiento  Penal,  por  falta  de  aplicación, y también de los artículos 233, 238, 244,  249 y 287 ejusdem, como normas medio.   

Si  el  tribunal  hubiese apreciado la prueba  testimonial,  documental, pericial e indiciaria, no hubiera cometido dicho yerro  de  apreciación  probatoria, y hubiera dictado sentencia condenatoria contra la  procesada,  “ya  que  ésta  urdió  toda una MENTIRA EFICAZ, que gracias a la  línea    de    subordinación    de    respeto    de    Maestra    – Alumna, pudo afectar el patrimonio de  la odontóloga y el ingeniero”.   

Las sentencias declararon una verdad distinta  de  la  que  revela  el  proceso al concluir que se trataba de un incumplimiento  contractual,  sin  decantar con ortodoxia la prueba testimonial y la indiciaria.  Por  eso,  el ataque se orienta “por los senderos del ERROR DE HECHO POR FALSO  RACIOCINIO,  también  llamado este cargo, como ERROR POR FALTA DE APRECIACIÓN,  en  donde  se  parte  del  supuesto  de  que la PRUEBA existe en el proceso y es  válida,  no  obstante  el  JUZGADOR  la ignora, excluyendo el JUZGAMIENTO de la  prueba…”.   

Agrega que uno de los fines de la casación es  la  UNIFICACION DE LA JURISPRUDENCIA NACIONAL, para mantener el orden justo, por  lo  que  resultaría interesante redefinir una línea jurisprudencial en materia  de  DESEQUILIBRIO  CONTRACTUAL, puesto que existen dos líneas jurisprudenciales  que  chocan,  la  adoptada  en la decisión de 23 de junio de 1982, con ponencia  del  Doctor Luis Enrique Romero Soto, que acepta la estafa en los negocios, y la  adoptada  en  decisión de 10 de junio de 2008 con ponencia de la doctora María  del  Rosario  González,  que  no  acepta  su  configuración cuando la víctima  “ostenta la posición de garante”.   

Es  importante oír la posición de la Corte,  “para   orientaciones  futuras,  pues  las  ALIENACIONES,  las  MASIFICACIONES  MENTALES,  LAS  SUBORDINACIONES  Y  LAS  INCIDENCIAS BIZARRAS bien aprovechadas,  CALAN   cualquier  estructura  mental,  sin  importar  que  la  VICTIMA  sea  un  genio”.   

Reproduce el contenido de los artículos 232,  238,  277,  284  y  287  de  la  Ley  600  de  2000,  y agrega, citando doctrina  comparada,   que   “el   LIBRE   CONVENCIMENTO   no   puede   confundirse  con  discrecionalidad,   ni  mucho  menos  con  la  arbitrariedad;  no  se  trata  de  concederle  al  juez un absoluto e incondicionado poder de valoración, en tanto  que  la  CONVICCION,  deberá  ser  razonada,  resultante  lógica  de un examen  analítico  de  los  hechos  y  una apreciación crítica de los elementos de la  prueba…”.   

Un  juicio  razonado  no es, como se piensa a  menudo,  un  simple acercamiento a este u otro lado, sino una evaluación exacta  de  los hechos, un ajuste preciso a la forma como se presentaron en la realidad.  Por  ello  no  sólo  se  deben  tener  en  cuenta  las condiciones personales y  sociales  de  los  testigos,  o  las  del objeto, o las circunstancias en que el  objeto  haya  sido  percibido  y  en  las que se rinde la declaración, aspectos  externos  fáciles  de reconocer, sino el contenido de la versión, el apoyo que  tenga en los antecedentes y en las derivaciones del hecho narrado.   

Insiste   en  que  el  error  del  tribunal  consistió  en  tener  como  una  realidad   indiscutible,  que los asuntos  originados  en un contrato civil se resuelven siempre ante la justicia civil. Es  más.  El tribunal niega incluso la existencia de la venta, aspecto que el a quo  no  discutió,  pues  en  verdad  existió  un contrato de compraventa. También  sostuvo,  en  “calificante  imprecisión,  que  al  obrar  la  confianza  y la  honestidad  en  las  relaciones  de los contratantes, se conjuraba la existencia  del  engaño”  y  que  en  este  caso  no  podía presentarse estafa porque la  negociación se realizó entre dos personas inteligentes.   

El Tribunal, en la apreciación de la prueba,  no  tuvo  en cuenta el dictamen contable del Cuerpo Técnico de Investigaciones,  donde   se  evidencian  las  artimañas  financieras  de  la  infractora  y  las  erogaciones  que  empobrecieron  a las víctimas. A esto se suma, otro desatino,  que  riñe  con  las  máximas  de  la  experiencia,  “consistente  en  que el  incumplimiento   del   contrato   de   compraventa  debió  resolverse  ante  la  jurisdicción  civil,  toda  vez que, frente a este puntual aspecto, la Corte ha  reiterado  que  hay eventos en que el negocio jurídico constituye el medio más  idóneo  para  hacer  incurrir  a  la  víctima  en  error  y, por consiguiente,  vulnerar   el   bien   jurídico   tutelado   del  patrimonio  económico…”.   

Cita jurisprudencia sobre el punto y solicita  a  la  Corte  casar la sentencia impugnada y dictar en su lugar una de carácter  condenatorio,  donde  se fije la respectiva “pena pecuniaria” conforme a las  directrices  de  la  parte  civil,  con  la correspondiente indexación. Para el  evento  de  que  la  Corte  desestime  el  cargo  por defectos de técnica, pide  casarlo  de  oficio  teniendo en cuenta que la línea jurisprudencial en materia  de  DESEQUILIBRIO  CONTRACTUAL  y  LA  POSICION  DE  GARANTE  DE  LA VICTIMA son  tópicos enfrentados.     

   

Alegaciones de los no recurrentes.   

El defensor de la acusada solicita a la Corte  inadmitir  la  demanda  presentada  por  el  apoderado  de  la  parte civil, por  considerar  que incurre en flagrantes errores de técnica que impiden su estudio  de  fondo.  Sostiene  que el actor plantea inicialmente violación directa de la  ley,  pero  termina  sustentando  una  violación  indirecta, en cuyo desarrollo  mezcla  los  conceptos  de  error  de derecho con los de hecho y las especies de  error  de  identidad  y  de  raciocinio,  dejando  por consiguiente incólume la  presunción   de  acierto  y  legalidad  que  ampara  la  sentencia.     

SE        CONSIDERA.   

La Corte ha sido insistente en sostener que el  recurso  de casación se rige por la norma vigente cuando sucedieron los hechos,  y  por  tanto,  que  es  con fundamento en ella que corresponde determinar si la  casación  susceptible  de  ser invocada para el caso concreto es la ordinaria o  la discrecional.   

Los hechos investigados ocurrieron en el año  2004.  Para entonces, se hallaba vigente el artículo 205 de la Ley 600 de 2000,  que  exige  para  la  procedencia de la casación ordinaria que el delito por el  que  se  juzga tenga señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de ocho (8) años.   

En  materia  sustancial  regía la Ley 599 de  2000,   que  adscribía  para  el  delito  de  estafa,  en  su  artículo  246, prisión de dos (2) a ocho (8)  años,  es  decir,  una  pena  inferior a la requerida para la procedencia de la  casación ordinaria.   

Luz  Marina  Caicedo  Montoya  fue      acusada      por      el     delito     de     estafa, sin agravantes. Esto significa que  la  pena  máxima  aplicable  no  podía  exceder  de ocho (8) años y que no se  cumplía  por  tanto  la  exigencia  de  carácter  punitivo  requerida  por  la  normatividad legal para la procedencia de la casación común.   

Ante  esta  realidad,  el  actor  no  tenía  alternativa  distinta que la de acudir a la casación excepcional, y someterse a  las  exigencias  de  demostración  exigidas  por  la  ley  para  su admisión a  trámite,  a saber, (i) acreditar que la intervención de la Corte era necesaria  para  la  preservación  de  los  derechos  fundamentales  o el desarrollo de la  jurisprudencia,  y  (ii) presentar una demanda en forma. Pero el casacionista no  invoca   esta   vía   de   ataque,   ni   acredita  los  presupuestos  para  su  procedencia.    

En  el  desarrollo de la censura, invita a la  Corte  a  que  en ejercicio de la facultad que la ley le confiere de unificar la  jurisprudencia  nacional,  estudie  la demanda con el fin de redefinir la línea  jurisprudencial  en  materia  de  “desequilibrio contractual y la posición de  garante  de la víctima”, pues, en su  criterio, las tesis que se esbozan  sobre  la  materia  en  las decisiones de la Sala de 23 de junio de 1982 y 10 de  junio de 2008, son contradictorias.   

Dentro  del  marco  de  una  interpretación  generosamente  amplia, podría asumirse que el actor invoca como justificante de  la  casación  excepcional  la necesidad de que la Corte se ocupe de desarrollar  la  jurisprudencia  en  este  punto,  pero  la  verdad  es  que  no  acredita la  contradicción  que  proclama, ni apuntala sus contenidos con los fundamentos de  la  decisión  absolutoria  con  el  fin  de  acreditar las implicaciones que la  redefinición  jurisprudencial  podría  llegar a tener en la solución del caso  concreto.   

En  el proceso de demostración del error, el  casacionista  tampoco  logra  salir  avante.  En  un  esfuerzo  por cumplir este  propósito,  sostiene  que  los  juzgadores de instancia incurrieron en un error  “de  hecho  por falso juicio de apreciación”, pero no demuestra la clase de  error  cometido,  y  aunque  en  algunos pasajes de la fundamentación pareciera  invocar  un  error  de  raciocinio, resulta evidente la falta de precisión y de  claridad conceptual en su formulación.    

Muestra  de  ello  es  el  párrafo en el que  sostiene  que  el  ataque  lo orienta “por los senderos del ERROR DE HECHO POR  FALSO  RACIOCINIO,  también  llamado  este  cargo,  como  ERROR  POR  FALTA  DE  APRECIACIÓN,  en  donde  se  parte  del  supuesto de que la PRUEBA existe en el  proceso  y  es  válida,  no  obstante  el  JUZGADOR  la  ignora,  excluyendo el  juzgamiento  de  la prueba”, en el cual la confusión y el desorden conceptual  se erigen en la característica central del discurso.   

Preciso   es   recordar,  para  mostrar  la  incorrección   formal   y  material  del  planteamiento,  que  los  errores  de  apreciación  probatoria  llamados  de  hecho,  a  los cuales el casacionista se  refiere,   se   agrupan   en  tres  especies,  (i)  de  existencia,  que  se presenta cuando el juzgador omite  considerar  una prueba que hace parte del proceso o supone una inexistente, (ii)  de   identidad,  que  surge  cuando  pone a decir a la prueba lo que  ella no dice, y (iii) de  raciocinio,  que se materializa cuando  el  juzgador  desconoce  las reglas de la sana crítica en la valoración de las  pruebas.   

Cada  una  de  estas  especies reclama formas  específicas  de  demostración.  Si  es  de  existencia,  el  casacionista debe  identificar  la  prueba  que  fue  objeto  de omisión o suposición, indicar el  hecho  que  la prueba acredita o que los juzgadores supusieron que acreditaba, y  mostrar  las  implicaciones que el error tuvo en las conclusiones probatorias de  los fallos de instancia.   

Si el error es de identidad, debe identificar  con  precisión  la prueba que fue objeto de tergiversación, señalar qué dice  su  contenido,  precisar qué lectura hicieron los juzgadores del mismo, indicar  en   qué   consistió   la  tergiversación  de  la  prueba,  y  demostrar  las  implicaciones del error en las conclusiones del fallo.    

Y  si  es  de raciocinio, debe identificar la  prueba  o la operación inferencial en la cual se cometió el error, precisar el  principio  lógico, la regla de  experiencia o el postulado científico que  fue  objeto  de  desconocimiento  por  parte  de los juzgadores, y acreditar las  consecuencias   de   esta   errada   valoración   en   análisis  del  conjunto  probatorio.   

Este  proceso  demostrativo  es  totalmente  ignorado  por  el  casacionista.  Sus  alegaciones,  como  se  dejó visto en el  resumen  que  se  hizo  de  la  demanda,  se  circunscriben  a  un  conjunto  de  afirmaciones  deshilvanadas  y  etéreas,  de  las  que  nada  en concreto logra  establecerse,  y  que  resultan, por ende,  muy distantes del rigor lógico  jurídico que debe acompasar una demanda en esta sede.   

Visto, entonces, que la demanda presentada por  el  apoderado  de  la  parte  civil  no  cumple las exigencias mínimas de orden  formal  y sustancial requeridas para su estudio de fondo, se la inadmitirá y se  ordenará  devolver  el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no advirtiéndose  violaciones  a  las  garantías  fundamentales que la Corte esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por el apoderado de la parte civil.    

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.    

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   

                      

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ DE LEMOS            

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                             

                                       

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios  58,  89, 245-252 del cuaderno original 1 y 329-356 del cuaderno original  2.   

2  Folios 601-619 y 671-683 del cuaderno original 3.     

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