30387(09-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30387  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 212                                                                                                        Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá D. C.,  nueve de julio de dos mil  nueve.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  defensor  de  Hernán   Darío   Vengoechea   Riascos  contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Santa Marta  el  31  de julio de 2007, mediante la cual confirmó la proferida por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 14 de diciembre de 2005, que  condenó  al  procesado  por los delitos de homicidio y  lesiones personales culposas.   

Hechos.  

El 7 de enero de 2002, alrededor de las 05:15  horas,  en  la  vía  turística  El  Rodadero  de  la  ciudad  de  Santa Marta,  colisionaron  los vehículos campero marca Toyota de Placa EUW-371 conducido por  Hernán    Darío    Vengochea   Riascos,  y  el  automóvil  Mazda  626  de  placa  ARM-709,  conducido por  Fulton    Gerardo    Gutiérrez    Rojas,  en  el  que se movilizaban María Yaneth  Gutiérrez   Rojas,  Silvia  Beatriz  Moscarela  Galvis  y los menores Juan   Felipe   Gutiérrez   Moscarela,  Natalia  Sofía  Gutiérrez  Moscarela   y  Luis  Carlos  Gutiérrez  Moscarela.  En  el  hecho  perdió la vida  María    Yaneth   Gutiérrez   Rojas   y   resultaron   heridos   los   demás   ocupantes   del  vehículo  Mazda.    

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  Hernán  Darío  Vengochea Riascos, y el 25  de  julio de 2003 calificó el mérito probatorio del sumario con resolución de  acusación  en  su  contra  por  los  delitos  de  homicidio  culposo y lesiones  personales  culposas, este último en concurso homogéneo. El superior funcional  revisó  esta decisión por vía de apelación y la confirmó mediante proveído  de      6      de      enero      de      2005.1   

2.  El  14  de  diciembre de 2005, el Juzgado  Primero   Penal   del   Circuito   de   Santa   Marta  condenó  a  Hernán  Darío  Vengoechea  Riascos  a la  pena  principal  de  3  años de prisión, multa de 30 salarios mínimos legales  mensuales  y  suspensión  del  ejercicio  de  la  actividad  de  conducción de  vehículos  automotores  por  4  años,  como  autor  responsable de los delitos  imputados        en       la       acusación.2    

3. La defensa apeló este fallo para solicitar  uno  de  carácter  absolutorio,  pero  el  Tribunal  Superior  de  Santa Marta,  mediante  el  suyo  de  31  de julio de 2007, que ahora el mismo sujeto procesal  recurren   en   casación,   le  impartió  confirmación  integral.3   

La         demanda.   

Se presenta con fundamento en el artículo 205  inciso  tercero  de  la  Ley  600  de  2000,  que  permite acceder al recurso de  casación  por  la  vía  excepcional  cuando  no  se  cumplen  los presupuestos  requeridos  en  su  numeral  primero para la procedencia de la casación común,  pues  se  afirma  que  en el presente caso ninguno de los delitos por los que se  procede  tiene  adscrita  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de  ocho (8) años .   

Sostiene  el  demandante  que  la  sentencia  impugnada  “no  soporta  el  examen del bloque de constitucionalidad necesario  para  predicar  de  ella  que  cumple  con  la efectividad de las garantías del  debido  proceso,  relacionadas  con  la integralidad de la investigación” por  cuanto  se  dejaron  de  considerar  pruebas  legal y oportunamente allegadas al  proceso,  que  tenían  la  virtualidad  de  desconceptualizar el fundamento del  fallo,  como  la  declaración del testigo presencial de los hechos Alberto        Martínez.     

Sustentado  en  esta premisa plantea un cargo  por  nulidad,  al  amparo  de  la  causal  prevista  en  el  numeral tercero del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, por violación del debido proceso, el  derecho  defensa  y  la  investigación  integral,  argumentando que el fallo de  segunda  instancia “se pronunció sin considerar y mucho menos valorar pruebas  evidentemente   exculpatorias   de  responsabilidad  penal,  fundamentales  para  adoptar    una   decisión   que   refleje   la   verdad   material   o   verdad  real”.   

Censura  también  que  hubiese  sido dictada  “sin  echar  de menos la investigación integral a la que obligatoriamente nos  contrae  el  artículo 20 del estatuto procesal”, de acuerdo con el cual “el  funcionario  judicial tiene la obligación de investigar tanto lo favorable como  lo  desfavorable  a  los intereses de imputado y de los demás intervinientes en  el  proceso”,  pues  afirma que los funcionarios judiciales se hicieron los de  los  oídos sordos frente al clamor de la defensa para que se apreciara el dicho  de   Alberto   Martínez  y  Alejandro   Santos   Ruiz,  quienes    son    concordantes    con    el   relato   del   procesado   en   la  injurada.   

Explica que la defensa redobló esfuerzos para  mostrarle  al  juez  que  existían  elementos  de  juicio  que indicaban que un  vehículo  que  se  desplazaba  en  contravía  obligó  al  procesado  a  girar  abruptamente  hacia  la  izquierda  provocando  el accidente que hoy se lamenta,  como    la    declaración    de   Alejandro   Santos  Ruiz,  quien sostiene que antes de llegar a la entrada  del  hotel Tamacá lo adelantó un automóvil y que  luego de ese sobrepaso  vio  encima  las  luces del Toyota blanco sobre él, lo cual lo obligó a dar un  timonazo a la derecha para evitar la colisión.   

El  relato  de  este testigo concuerda con el  decir  del encartado, quien en su declaración de indagatoria hace referencia al  vehículo  que  invade  su  carril  y  que lo obliga a maniobrar hacia el carril  contrario,  “declaraciones  que no son extrañas a la deposición posterior de  Alberto  Martínez y que por  el  contrario  la confirman y dotan de verosimilitud, pero que inexplicablemente  fue       tildada       de       ‘fantástica  e inverosímil’,  para  efectos  de  desecharla, sin que hubiera base fáctica para  tal  descalificación,  en  detrimento del derecho de la defensa del sindicado y  por  ende,  dando  al  traste  con  el  derecho  a  la investigación integral y  conculcando severamente el debido proceso”.   

Ante la presencia de esta prueba exculpatoria  de  responsabilidad,  que  justifica  el  hecho,  dado  el  imperioso  estado de  necesidad  que  determinó  la  conducta del procesado, el tribunal debió optar  por  revocar  la  sentencia  de primera instancia y absolverlo, pero no lo hizo,  tornando  más  gravosa  su situación, e incurriendo en la nulidad advertida en  el  numeral  3° del artículo 309 de la Ley 600 de 2000, y por esta vía, en la  causal   de   nulidad   prevista   en   el   numeral   3°   del  artículo  207  ejusdem.   

Argumenta   que   la   nulidad  alegada  es  trascendente  porque  resulta  de la violación de los principios consagrados en  el  artículo  29  de  la Constitución Nacional, por cuanto el fallo de segunda  instancia  se  emitió  “estando la causal afectada por la nulidad generada en  la  inobservancia  del  artículo  20  del estatuto procesal ante la ausencia de  apreciación    y    valoración    de    los    testimonios   de   Alberto    Martínez    y   Alejandro    Santos   Ortiz”.   Y   que  paralelamente  se  violaron  los artículos 1°,2°,6°,7°,11°,12° y 96 de la  Ley 599 de 2000.   

De  no haberse vulnerado estas disposiciones,  “se  habría respetado el derecho fundamental pluricitado y se habría evitado  una  odiosa  condena  emitida  por  quienes habían podido enmendar el yerro del  primer  juicio,  si  se  hubiere declarado la absolución del encartado, ante la  ausencia  de  responsabilidad  penal  por  haber  obrado en estado de necesidad,  frente  a la imposibilidad de asumir una conducta distinta o diferente de la que  asumió”.   

Sustentado en estas consideraciones, solicita  a  la Corte casar el fallo impugnado y dictar el de reemplazo, “declarando que  la  sentencia  de  segundo  grado,  respecto  del delito de homicidio y lesiones  personales  culposas,  en  concurso,  se  hallaba  viciada  de  nulidad  ante la  presencia   del   fenómeno  de  la  trasgresión  de  la  investigación  y  la  apreciación  integral  de  las  pruebas,  legal  y  oportunamente  allegadas al  proceso”.   

SE        CONSIDERA:   

La  procedencia  de la casación discrecional  presupone  el  cumplimiento  de  dos  condiciones, (i) demostrar la necesidad de  intervención  de  la  Corte  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la  protección  de  las  garantías  fundamentales  y  (ii) la presentación de una  demanda  que formalmente cumpla las exigencias mínimas de claridad, concreción  y fundamentación requeridas para su estudio de fondo.    

La exigencia de demostrar que la intervención  de  la  Corte  es  necesaria para la realización de los fines de unificación y  protección   indicados,   significa   que   la  demanda  debe  tener  idoneidad  sustancial,   es   decir,   que   esté   realmente   llamada   a  propiciar  un  pronunciamiento  unificador   alrededor  de  un tema trascendente, o uno de  infirmación  parcial  o  total  del  fallo por desconocimiento de una garantía  fundamental.   

En  el  caso analizado, el escrito de demanda  presentado  por  el  defensor  no cumple ninguna de estas condiciones, pues  no  dice  en concreto si lo que pretende con la casación discrecional es que la  Corte   se  pronuncie  sobre  un  tema  específico  que  requiera  unificación  jurisprudencial,   o   que   proteja   una   garantía  fundamental  violada.  Y  adicionalmente  a  ello,  el  libelo está distante de satisfacer los requisitos  mínimos  requeridos  para  estructurar  una demanda en forma.      

Por el contenido del escrito podría pensarse  que  lo  buscado con la impugnación es que la Corte proteja el principio rector  de  investigación integral consagrado en el artículo 20 de la Ley 600 de 2000,  como  expresión  material del derecho al debido proceso, pero la argumentación  que  acompaña  su  desarrollo  nada tiene que ver con el contenido del referido  postulado.     

El  deber  de investigación integral, que el  artículo  20  consagra,  impone  al  funcionario  judicial  la  obligación  de  investigar  tanto lo favorable como lo desfavorable al procesado. Esto significa  que  es  carga  suya  practicar las pruebas necesarias para establecer la verdad  real,  incluyendo  las que conducen a la demostración de la responsabilidad del  procesado,  como  las  que  pueden  llevar  a  su  atenuación  o  exoneración.   

Cuando se alega en casación la violación de  este  principio,  la  lógica  del  reparo  exige  al  demandante  señalar  con  precisión  las  pruebas  que  los  juzgadores  dejaron  de  recaudar estando en  condiciones   de  hacerlo,  los  hechos  que  ellas  probaban,  su  procedencia,  pertinencia,  utilidad  y  trascendencia,  y  las  implicaciones  probatorias  y  jurídicas  que  se  derivaron  de  su falta de recaudo.       

Estos  requerimientos  no son colmados por el  casacionista.  Sus  argumentaciones,  como  se  dejó visto en el resumen que se  hizo  de  la demanda, se orientan a cuestionar, no la labor investigativa de los  funcionarios,  como lo exigía el cargo propuesto, sino su labor de apreciación  probatoria,  por  haber  desestimado  el  dicho  del procesado y de los testigos  Alberto    Martínez    y  Alejandro  Santos Ortiz sobre  las  causas  del  accidente  y  no  haber  acogido  la tesis de que la colisión  sobrevino por un “estado de necesidad”.   

Siendo  este  el  motivo de inconformidad del  casacionista,   la   demanda   debió  haberse  orientado  a  demostrar  que  la  apreciación  que  los  juzgadores  hicieron  de  estos  testimonios contrariaba  abiertamente   las  reglas  de  la  sana  crítica,  por  desconocer  principios  lógicos,  reglas  de  experiencia  o  postulados de la ciencia que tornaban sus  conclusiones  valorativas  absurdas  o  ilógicas,  pero  esta  labor tampoco es  abordada                                  por                                 el  demandante.              

En  síntesis,  la  Corte  no advierte que el  derecho  fundamental  al debido proceso haya sufrido mengua en el caso analizado  por  desconocimiento  del principio de investigación integral. En consecuencia,  inadmitirá  la demanda presentada, y ordenará devolver el proceso a la oficina  de  origen, no advirtiendo infracciones a las garantías fundamentales que esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir   la  casación    discrecional    propuesta   por   el   defensor   de   Hernán Darío Vengoechea Riascos.      

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   

                      

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ DE LEMOS            

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                             

                                       

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios  29,31  y  461-474  del  cuaderno  original  1  y 6-10 del cuaderno de la  Delegada ante el Tribunal.   

2  Folios 594-606 del cuaderno original 1.   

3  Folios 5-26 del cuaderno del Tribunal.     

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