30301(23-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30301   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 306  

Bogotá, D.C., veintitrés de octubre de dos  mil ocho.   

VISTOS  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  por  cuyo  medio la defensora de  HUMBERTO  GARZÓN  MARÍN  y  HOMER  GUILLERMO  POVEDA RANGEL, dice sustentar el  recurso  extraordinario  que  interpuso  contra  la  sentencia  de segundo grado  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el 19 de  diciembre  de 2007, mediante la cual confirmó el fallo condenatorio emitido por  el  Juzgado  17  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, el 27 de noviembre de  2006,  en  el  que declaró a los mencionados procesados responsables del delito  de  receptación  y,  en  consecuencia,  les  impuso las penas principales de 36  meses  de  prisión  y  el  equivalente  a 5 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  de  multa,  y  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso.   

HECHOS  

En   la   sentencia   impugnada,  quedaron  consignados de la siguiente manera:   

“El  16  de enero de 2004 al interior del  establecimiento    de    comercio    ‘VIDRIOS     DEL     SOL’  ubicado  en  la  carera  (sic) 22 No. 7-70 de esta ciudad, fueron  aprehendidos  HUMBERTO  GARZÓN  MARÍN  y HOMMER (sic) GUILLERMO POVEDA RANGEL,  cuando  teniendo  en  su  poder  81  cajas  contentivas  de pegante uretano para  vidrios  de  carros  marca  Power  Bond, pretendían comercializarlas a mitad de  precio,  mercancía  en  días anteriores hurtada de las oficinas de la sociedad  CONSULTORES        LATINOAMERICANOS        EN        COMERCIO       –C.L.C. LTDA.-”.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Por  los hechos anteriores, la Fiscalía 279  Seccional  de  Bogotá  dictó  resolución de apertura de instrucción el 17 de  enero  de  2004,  ordenando  la  vinculación de los capturados HUMBERTO GARZÓN  MARÍN  y HOMER GUILLERMO POVEDA RANGEL, quienes el mismo día fueron escuchados  en  indagatoria,  por  su  posible  participación  en  la  conducta  punible de  receptación.   

Como  el  delito  imputado  no  requería la  resolución  de  la  situación  jurídica,  el ente instructor dispuso en igual  fecha  la  libertad  de  los sindicados, quienes suscribieron sendas diligencias  compromisorias.   

Perfeccionada en lo posible la instrucción y  decretado  su  fenecimiento,  por  resolución  del  15 de septiembre de 2004 la  Fiscalía  instructora  acusó  a  los  procesados  como presuntos coautores del  delito  de  receptación,  tipificado  en  el  artículo  447  de  la Ley 599 de  2000.   

La  resolución de acusación fue confirmada  por  la  Fiscalía  38  Delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá, el 27 de  abril de 2006.   

De la etapa del juicio conoció el Juzgado 17  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  despacho que luego de evacuar las audiencias  públicas       de       preparación       y      juzgamiento      –el 29 de septiembre y 1° de noviembre  de  2006,  respectivamente-, profirió sentencia condenatoria el 27 de noviembre  siguiente,  declarando la responsabilidad penal de los sindicados en el ilícito  por el cual se les acusó judicialmente.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A   quo   impuso   a  los  sentenciados  las  penas  principales y accesoria reseñadas en la parte inicial  de  este  proveído,  se  abstuvo  de  condenarlos  al  pago  de perjuicios, les  concedió  el  subrogado penal de la suspensión condicional de la ejecución de  la  condena  y  decretó el comiso del vehículo de placas CIF-754, de propiedad  del procesado GARZÓN MARÍN.   

El  fallo en comento, que fue apelado por el  defensor  de los acusados, lo confirmó íntegramente la Sala Penal del Tribunal  Superior   de  Bogotá,  mediante  el  que  hoy  es  objeto  del  extraordinario  recurso.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo único.  

Luego  de  citar genéricamente el artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000  y  un  pronunciamiento  de la Sala acerca de la  fundamentación         en         casación1,  la  defensora  aduce  que el  juzgador  de  segunda  instancia incurrió “en error  por  la  falta  de  aplicación  (exclusión evidente o infracción directa) por  aplicación   indebida  (falso  juicio  de  selección)  o  por  interpretación  errónea  (sobre  la  existencia  material sobre la validez o sobre el sentido o  alcance) de la ley sustancial”.   

Ello,  agrega, porque la sentencia recurrida  rompió  con  el  derecho de defensa y el principio In  Dubio   Pro  Reo,  como  quiera  que  en  la  fase  de  juzgamiento  no  se  allegó  una prueba solicitada por el Ministerio Público y  decretada   por  el  juzgado  de  conocimiento  en  la  audiencia  preparatoria,  tendiente  a  obtener  de  la  empresa  “Vidrios El  Sol”,    los   soportes  “donde  conste  a  nombre de quien y por que valor giró el cheque por el pago  de la mercancía negociada el 16 de enero de 2004”.   

Para la casacionista, dicho medio probatorio  era  fundamental  para  despejar  las  dudas acerca del destinatario del título  valor,  según  lo  declarado  por  los empleados del mencionado establecimiento  comercial.   

Por  lo anterior, destaca a continuación, a  partir  del  precedente  citado, existe una “vía de  hecho,  por  falso  juicio  de  existencia,  que  se presenta cuando el fallador  ignora,  desconoce  u  omite  el  reconocimiento  de  la presencia de una prueba  procesalmente  válida”. Esta circunstancia, concluye  la  demandante,  acarrea  nulidad  por  violación del derecho a la defensa y al  debido proceso.   

Fuera  de  ello,  critica  seguidamente  la  impugnante,  en  el  fallo  se tuvo en cuenta el informe de policía, a pesar de  que  allí  se  hace constar “que la fuerza policial  no  fue  testigo  de  la  supuesta  negociación”. De  igual  modo, cuestiona que se haya llamado a declarar a personas con interés en  la   condena   de   sus   prohijados  –cita  a  Gustavo Adolfo Cubides Salas, Juan Manuel Cárdenas Tovar y  Ernesto  González Garnica-, y que se haya dejado de lado a otras que depusieron  acerca  de  las  costumbres  mercantiles  en  el  negocio del acarreo y sobre el  comportamiento       social       de       los      sindicados      –refiere a Luís Hernán Vargas y Nelsy  María Alfonso Pico-.   

Sobre  los primeros testimonios, asevera que  la  sentencia  demandada  se  limita  a decir que son creíbles, sin realizar un  estudio de fondo sobre los mismos.   

Por   último,   señala  que  existe  una  “incongruencia  tajante”  al  confirmarse  el  comiso  sobre  el  vehículo  de  propiedad  de  uno de los  procesados,   cuando   al  mismo  tiempo  se  decide  no  condenar  al  pago  de  perjuicios.   

Solicita,  en consecuencia, se case el fallo  impugnado  “por violación al derecho a la defensa,  al  debido  proceso  y  al  hacerse  presentes  vías  de hecho que alteraron el  sentido    de    la    sentencia    desconociendo    la    inocencia    de   mis  prohijados”,  y  se  revoque  la  orden  de  comiso  reseñada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Como   la  defensora  se  limita  a  hacer  afirmaciones   genéricas,   sin  ningún  tipo  de  argumentación  o  respaldo  demostrativo  –véase  el  completo  resumen efectuado en líneas precedentes-, ello es más que suficiente  para  desatender  el  cargo,  en  cuanto, no cumple los mínimos presupuestos de  fundamentación  exigidos  en  esta  sede, impidiendo de la Corte, por elemental  sustracción  de materia, cualquier tipo de pronunciamiento sobre el particular,  teniendo    en    cuenta,    además,    que    no   le   permite   conocer  cuál  en  concreto  es  la violación trascendente que se  reputa de los fallos de instancia.   

Sin embargo, no está de más acotar que del  vago  e  inconexo  escrito  allegado  por la casacionista se puede adivinar, con  bastante  esfuerzo,  que su inconformidad se centra en la valoración probatoria  realizada  por  los juzgadores, pues, a su juicio, se presentan varias dudas que  debieron   resolverse   con   la  aplicación  del  principio  del  In Dubio Pro Reo.   

La  dificultad  de dicho examen radica en la  imprecisión   de  la  demandante,  cuyo  escrito  se  caracteriza  por  la  profusión en la definición de  los   supuestos   yerros   atribuidos   al   Tribunal,   recorriendo  varios de los  cargos que facultan este medio extraordinario de controversia.   

En  efecto,  la impugnante parte   por   señalar  que  el  juzgador  de  segundo  grado  incurrió  “en  error  por la falta de aplicación (exclusión  evidente  o  infracción  directa)  por  aplicación  indebida  (falso juicio de  selección)  o  por interpretación errónea (sobre la existencia material sobre  la validez o sobre el sentido o alcance) de la ley sustancial”.   

Luego  de  ello,  sin  hacer ningún tipo de  análisis,  denuncia  una  “vía de hecho, por falso  juicio  de  existencia”,  ya que no se practicó una  prueba    oportunamente   solicitada   y   decretada,   para   luego   criticar,  genéricamente, la forma en que fue valorada la prueba testimonial.   

Es  decir,  al  comienzo de su disertación,  pareciera  que  la recurrente estuviese apelando a una cualquiera de las figuras  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  las  cuales enuncia, pero  seguidamente  invoca un error de hecho por falso juicio de existencia, propio de  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, que tampoco es desarrollado por  la  libelista.  Como  si  ello  fuera poco, critica a continuación, también de  manera  abstracta  e  indeterminada,  la  forma  como  fue  apreciada  la prueba  testimonial,  todo  para  concluir  que existen dudas en el proceso que debieron  haber conducido a la absolución de sus defendidos.   

Sin  embargo,  todos  los  planteamientos se  quedaron  en el mero enunciado, ya que la censora apenas entiende suficiente con  formular  las  solicitudes,  sin preocuparse de abordar las razones que tuvieron  en   cuenta  los  juzgadores  para  arribar  a  la  certeza  y  condenar  a  sus  representados  por el delito de receptación, como es exigencia básica en estos  casos.   

Es  claro  que la actora no cumplió con las  rigorismos  de  fundamentación propios del recurso extraordinario de casación,  en  tanto,  debe  relevarse,  el  fallo  de segundo grado llega a este escenario  prevalido  de  una  doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que solo puede  desvirtuarse  cuando de forma lógica, con argumentos suficientes sustentados en  los  hechos,  el decurso procesal y las normas jurídicas aplicables al caso, se  demuestra  un  error evidente, con la trascendencia suficiente como para revocar  o modificar lo decidido por las instancias.   

Lo  relacionado  por  la  defensora  en  su  escrito,  además  de  carente  de  argumentación  mínima  e incluso confuso y  descontextualizado,  ni siquiera puede entenderse alegato de instancia, dado que  no  sustenta  su pretensión y mucho menos da a conocer qué es lo no compartido  de  la  decisión  de  las  instancias,  pues,  se  limita  a hacer afirmaciones  genéricas.   

Apenas para ejemplificar, reitérese como en  su  discurso,  la  demandante acusa a la sentencia de haber violado directamente  la  ley  sustancial,  pero  a renglón seguido lo sustenta apoyada en una figura  propia    de    la    violación   indirecta,   al   aducir   una   “vía  de  hecho,  por  falso juicio de existencia”.   

En  la  violación  directa,  reitera  la  Sala2,  el  impugnante  debe  tomar  el texto de la sentencia y sobre su  construcción,  sin referirse a los hechos establecidos, los cuales debe aceptar  a  plenitud,  mostrar  el  error  de  juicio  en  que incurrió el sentenciador,  fenómeno  que  no  acontece  en  el  evento  que  nos  ocupa,  en  tanto que la  recurrente  cita  como  fuente  de sus aseveraciones la omisión de práctica de  una   prueba,   con   desprendimiento   de   los   razonamientos   y  relaciones  argumentativas  contenidas  en  la  sentencia,  por manera que el ataque resulta  ininteligible  y,  en consecuencia, se demanda imperiosa su desestimación, ante  la   falta   de   claridad   y  precisión  en  su  indicación,  exposición  y  fundamento.   

Además, como la actora omite transcribir los  apartados  pertinentes de las sentencias de primer y segundo grados, impide a la  Corte  conocer  el  contenido íntegro de los razonamientos de los falladores y,  en  especial, la forma en que abordaron el análisis probatorio que condujo a la  certeza  acerca  de la existencia de la conducta punible y la responsabilidad de  los acusados.   

Y,  en caso tal de que efectivamente hubiese  dirigido  la  censura  a  través  de  la violación indirecta, no bastaba, para  fundamentar      el     “falso     juicio     de  existencia”    planteado,    con    que   afirmase  genéricamente  que  hubo  una  omisión  de  práctica  probatoria –totalmente   ajena  a  esta  vía  de  ataque-,  que  es  muy diferente a la omisión de valoración -presupuesto en el  cual  se  parte  de que estamos en presencia de una prueba legal y oportunamente  allegada al proceso-.   

La  censura en el primer evento –omisión  de  práctica-, debió         encaminarse   a  través  de  la  nulidad  por  violación al principio de la investigación integral  y   para   ello   era   imperioso  que  la  casacionista  indicara  cómo    el  ignorado elemento de juicio  incide   de   tal   manera   en   lo  decidido,  que  necesariamente  se  hubiera  presentado  un cambio favorable para sus        representadas            legales.   

En     el     segundo     –omisión de valoración de la prueba-,  ha         señalado         la         Corte3  que  es  deber del recurrente  concretar  en  qué  parte  del expediente se ubica ésta, qué objetivamente se  establece  en  ella,  cuál  es  el  mérito  que  le  corresponde siguiendo los  postulados  de  la  sana  crítica y cómo su estimación conjunta en el arsenal  probatorio  que  integra  la  actuación, da lugar a variar las conclusiones del  fallo  y,  por  tanto,  modificar  la parte resolutiva de la sentencia objeto de  impugnación extraordinaria.   

Nada, en el libelo de casación, argumenta la  defensora  para  considerar  configurado alguno de ellos, pues, se itera, apenas  aludió  de  manera  genérica  a  la  equivocada apreciación probatoria de los  juzgadores,  citando indiscriminadamente errores de valoración y violaciones al  derecho  de  defensa  y debido proceso, sin detenerse a analizar y dar a conocer  los  planteamientos  de  ellos,  por  lo  cual,  no  resta más que inadmitir la  demanda  presentada  a  favor  de los procesados HUMBERTO GARZÓN MARÍN y HOMER  GUILLERMO POVEDA RANGEL.   

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  los  procesados  HUMBERTO  GARZÓN MARÍN y  HOMER  GUILLERMO  POVEDA  RANGEL,  conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

Cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                            AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  memorialista   refiere   auto   del   30   de   noviembre   de   1999,  Radicado  14.535.   

2 Auto  del 27 de junio de 2007, Rad. 27.226, entre otros.   

3  Sentencia   del   26   de   junio   de   2002,  Rad.  11.451.     

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