30232(29-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30232   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 312.   

Bogotá D.C., octubre veintinueve (29) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la Sala en punto de la admisión de  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por la defensora del   procesado   JULIO   CÉSAR  MOJICA  EGEA  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Barranquilla el pasado 26 de febrero, a través de la cual  confirmó  la  dictada  el  31  de  mayo de la anualidad anterior por el Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad que condenó al mencionado como  autor del delito de homicidio culposo.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  Tribunal  en  la  providencia  impugnada,  de  la  siguiente  forma:     

“Tuvieron  ocurrencia el día primero (1)  de  junio  del  año 2002 a las 6:50 horas, en la intersección de la calle 70 B  con  la diagonal 34, donde colisionaron los vehículos bus de servicio público,  placas  UVZ-588,  marca  Dahiatsu,  modelo  98, color azul y rojo, adscrito a la  empresa  SODETRANS,  número  interno  318, motor No. 1563905, chasis V11857475,  conducido  por JULIO CÉSAR MOJICA EGEA; y la motocicleta marca JINCHENG, modelo  2000,  placas  GCM-19,  motor  No.  PBW07570,  chasis  No.  JJCPA601DOW2000 476,  propiedad  del  señor  Boris  Esteban  Mauri Aguilar, la cual era piloteada por  Harold  Campis  Elles,  quien falleció como consecuencia de la colisión.   En  la  calle  70  B  hay  una  señal  de  PARE,  al llegar los vehículos a la  intersección  de  estas vías, el bus detuvo la marcha y envistió (sic)     la     moto”.   

Por razón del accidente se presentaron las  autoridades  de tránsito, quienes levantaron el respectivo informe y pusieron a  disposición  de  la  Fiscalía  a JULIO CÉSAR MOJICA  EGEA.  De esa forma, se dispuso la apertura formal de  investigación,   dentro   de  la  cual  se  vinculó,  mediante  diligencia  de  indagatoria, al mencionado.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  se  calificó  el  mérito  del  sumario el 19 de octubre de 2004 con resolución de  acusación  en  contra  del procesado como posible autor del delito de homicidio  culposo.   

Ejecutoriada la anterior determinación, la  actuación  se  remitió  a  los juzgados de conocimiento con el objeto de   surtir  la  fase  del  juicio,  correspondiéndole  al  Juzgado  Sexto Penal del  Circuito  de  Barranquilla,  en  donde,  agotado  del  trámite legal, se dictó  sentencia  el  31  de  mayo  de  2007, por medio del cual condenó a   MOJICA  EGEA  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  por  el  cual  se  le formuló acusación, a las penas  principales  de  dos  (2)  años de prisión, multa por valor de un mil pesos ($  1.000)  y  suspensión en el oficio de conductor por un (1) año, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de la libertad. En la  providencia  también  lo  condenó  al  pago  de  perjuicios  y  le  otorgó el  subrogado   de    la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.   

Esta  decisión generó inconformidad en el  defensor  del  procesado  y  en  los  apoderados  de la parte civil, del tercero  civilmente  responsable  y  del  llamado  en  garantía,  quienes  la impugnaron  mediante  recurso  de apelación, los cuales fueron resueltos por el Tribunal de  Barranquilla   el  26  de  febrero  de  2008,  impartiendo  confirmación  a  la  decisión.   

Contra el anterior fallo, exclusivamente la  defensora  del  procesado  interpuso  recurso extraordinario de casación por la  vía  discrecional,  mediante  demanda,  cuya  admisibilidad  analizará la Sala  luego  de  compendiar sus argumentos en el siguiente acápite, así como los del  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable en su calidad de no recurrente.   

LA DEMANDA  

          En   el   capítulo   de   “cuestión  previa”  la  casacionista expone los motivos que la  llevan   a  interponer  el  recurso  extraordinario  por  la  vía  excepcional,  advirtiendo   en   tal   sentido   que   acude  a  esta  modalidad  “ante  la  evidencia  de afectación a derechos fundamentales del  procesado  y  garantías procesales en especial por la inversión de la carga de  la  prueba  y  la  contradicción  indiscutible  a  la  presunción de inocencia  contemplada  en  el  artículo  29  constitucional  llevada  a grado sumo en las  valoraciones  que sirvieron de sustento a las sentencias que se atacan, en igual  forma  se pretende con este recurso el discernimiento del Máximo Tribunal sobre  la  valoración  del  testimonio  frente al incumplimiento de las reglas para su  recepción   contempladas    en   el   artículo  276  de  la  ley  600  de  2000”.   

Esto último, agrega, por la valoración del  testimonio     de     César    Movilla,     “pilar    de    la    condena  impuesta”,  dado que el funcionario encargado de su  recepción  no  le  informó  sucintamente  acerca  de  los  hechos objeto de su  declaración  “suponiendo que era suficiente con la  afirmación  del  testigo  de  conocer  el  por  qué  era llamado a declarar”  de  modo que, aún con toda la flexibilidad existente  sobre  la  materia,  se hace imprescindible que la Corte se pronuncie para tener  criterios  unificados  “en la forma de preservar las  reglas  contenidas  para  la  práctica  del testimonio (276 CPP)”.   

Igualmente  “es  válido  tal  pronunciamiento”  porque el testimonio  no  fue  recibido  con  inmediatez  “y suelen pasar  meses  y  años  como  en  el  caso que nos ocupa, que el testimonio angular del  proceso   fue   recepcionados   (sic)   dos  años  y algunos meses después de la ocurrencia del siniestro  que dio origen al proceso”.   

Lo  anterior,  añade,  porque  luego  del  estudio  de  las  diversas  decisiones  proferidas  por  la  Corte  “no   se   observa  que  el  tema  haya  sido  avocado  desde  la  perspectiva  que orientara la discusión en el sentido que si el deber que tiene  el  fiscal  o  funcionario de cumplir con lo ordenado por el numeral segundo del  art.  276  puede  ser  suplido  con la afirmación que expresa el declarante que  conoce   los   hechos   sobre   los   cuales   ha   sido  llamado  a  rendir  su  testimonio”.   

Y,   “si  es  válido  y  suficiente  argüir a favor del juez o Tribunal el que al momento de  apreciar  la prueba acudió a los lineamientos contenidos en el 277 es decir las  reglas   de  la  experiencia,  y  los  principios  de  la  sana  crítica  entre  otros”.   

Por  consiguiente, considera preciso que la  Corte  se  pronuncie  acerca  del  grado  de  flexibilidad  frente  a las reglas  impuestas  por  el  legislador  en  punto  de  la recepción de testimonios y su  conocimiento  de  los  hechos,  tema que no puede ser tomado a la ligera por los  jueces  “dado  que como ocurrió en este caso tales  falencias  distorsionaron en grado sumo la prueba hasta tal punto que el testigo  termino  (sic)  declarando  cosas  genéricas,  impersonales,  sin  identificación de las circunstancias de  tiempo, modo y lugar”.   

Además  porque,  prosigue,  “siendo  aun  generosos  en exceso se observa que se ha procedido  contra  la  sana  crítica  y  las reglas de la lógica de la no contradicción,  dado  que  el testimonio aludido y cimiento de la condena contiene elementos que  contradictorios            (sic)”.                          

Acto  seguido,  refiere  que los argumentos  sustento   del   cargo   único   formulado   son   trascendentes   “para  efectivizar el derecho material en especial la presunción  de  inocencia,  para  hacer  respetar  las  garantías de las partes frente a la  recepción  de  pruebas  testimoniales  y  por  ende,  para reparar los agravios  inferidos  por la justicia con la sana aspiración que provenga el desarrollo de  la      jurisprudencia      (sic)     convergente  en  el  tema  probatorio  que nos ocupa”.   

En capítulo posterior, la libelista formula  un  único  cargo  contra el fallo impugnado con fundamento en la causal primera  de  casación  prevista  en  el  numeral  1° del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,   por   violación   indirecta   de   la   ley   sustancial   “por  falso  raciocinio por falso juicio de convicción frente al  testimonio  rendido  por  el  señor  César  Movilla y del informe de accidente  99-08791,  los  cuales  fueron  el sustento probatorio de la condena impuesta al  procesado”.   

A  continuación,  alude  que  “dentro  de  esta  censura  invocaremos  errores  de  hecho  y de  derecho  en  forma  separada,  porque según lo reconocido por la jurisprudencia  del  alto  tribunal  que me dirijo es viable siempre y cuando los cargos no sean  contradictorios   y   se   refieran   a   un   medio   de  prueba”.   

Los  anteriores  yerros,  desde su punto de  vista,  condujeron  a  la transgresión de los artículos 23 y 109 de la Ley 599  de  2000 y, en forma indirecta, de los artículos 13, 232, 234, 238, 276, 277 de  la Ley 600 de 2000 y el 29 de la Constitución Política.   

Para  demostrar  su  aserto,  comienza  por  señalar  que el fundamento del fallo lo constituyeron dos elementos probatorios  que   fueron   apreciados  vulnerando  reglas  de  la  experiencia  “y    en    especial    de    la    sana   crítica   y   de   la  lógica”,   motivo   por   el   cual  “es   necesario   detenernos  a  identificar  que  reglas  o  que  criterios     de    valoración    contravinieron    las    sana    (sic)   crítica  y  las  reglas  de  la  experiencia en concreto”.   

Destaca,  en  primer  lugar,  “la  forma  antitécnica”  como  fue  rendido  el  testimonio de Cesar Augusto Movilla Niño  más  de  dos años después de ocurridos los hechos,  siendo  el declarante un persona de 66 años al momento de declarar, sin existir  otro   elemento   de  juicio  que  corrobore  que  efectivamente  presenció  el  accidente,  de  modo  que “por lo menos en ejercicio  de  la sana crítica la declaración del testigo parte de un espectro de duda”  y  cuando  ya  estaban  vencidos  los  términos para  calificar el mérito sumarial.   

Acto  seguido,  se  ocupa  de  identificar  in  extenso  las múltiples  contradicciones  en las que incurre este deponente que impedían, de acuerdo con  las  reglas  de  la  experiencia,  de  la  ciencia  y  de  la lógica, otorgarle  credibilidad, configurando un falso raciocinio.   

Lo   expuesto  le  lleva  a  colegir  que  “el  juzgador  desconoció el contenido material de  la  prueba  toda  vez  que  condeno (sic) con    base    un    testimonio   (sic)  que   no   acreditaba   el   hecho   y  además  era  contradictoria  el cual no señaló de manera personal y directa a alguien, como  responsable   de   los   crimen   (sic)  y    le    agregó    (sic)     una     trascendencia     que     no     tenia    (sic),  distorsionando  su  contenido  o  cercenar          (sic)          dándole   un  valor  de  verdad diferente como ocurrió en el  caso  de  la  valoración  del  informe  de accidente (el cual fue valorado como  prueba  sin  haber  sido ratificado dentro del proceso, violentando el ejercicio  del    derecho   a   la   contradicción,   además   previniendo   (sic)  de  un funcionario administrativo  que  no  le  constan  los hechos y que al no ratificar tal contenido, no podría  ser   valorado   el   informe  como  prueba  en  la  medida  que  el  desarrollo  jurisprudencial  y  las  normas  sustanciales  le asignan una carga negativa del  (sic) mismo)”.   

Más  adelante, subraya que se invirtió la  carga  probatoria  cuando  se sostiene que “será el  (sic)  (refiriéndose  al  procesado)  quien  le  corresponda  probar  que a pesar de estar allí la señal  allí   (sic)   no  tenia  (sic)porque   respetarla  porque      otro      hecho      llevaba      a      desconocerla”.   

De  otro  lado,  añade,  la  fiscalía  al  momento  de  practicar  la prueba testimonial no tuvo en cuenta las indicaciones  contenidas  en  el  artículo 276 del estatuto procesal penal, lo cual condujo a  distorsionar  el  medio  de prueba “y por ende evoca  el  falso  raciocinio”,  pues  dicho funcionario ha  debido   al   menos   informar   sucintamente   al  interrogado  acerca  de  los  hechos.   

Para  culminar,  la  demandante  acota  que  “aflora la vulneración del principio de lógica de  razón  suficiente  toda  vez que la declaración sostén de la condena no logra  explicarse  por  sí  misma,  aflorando  la duda y el restante caudal probatorio  tampoco   permite  demostrar  en  calidad  de  certeza  la  responsabilidad  del  procesado”.   

De  conformidad  con  lo expuesto, solicita  casar   el   fallo  impugnado  “para  en  su  lugar  modificarlo    y    absolver   al   procesado   de   las   penas   impuestas   e  indemnizaciones     concedidas  a  favor de la parte civil y de a  (sic)  las  accesorias  de  rigor”.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

El   apoderado   del  tercero  civilmente  responsable  allega  oportunamente escrito dentro del traslado previsto para los  sujetos  procesales no recurrentes, en el cual aduce que es viable acudir a este  medio   de   impugnación   por   la   vía   excepcional   porque  “la   recurrente  justificó  en  buena  forma  la  necesidad  de  intervención  de la Corte y presenta la demanda respectiva en los términos del  artículo      212      del      estatuto      procesal     penal”.   

Para  este  sujeto  procesal,  como así lo  señala  a  continuación,  “se  demostró  que  el  estudio  del  caso  es  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la  preservación  de las garantías fundamentales, aspectos que tienen el carácter  de  condiciones  de  precedibilidad (sic) de   la   casación  excepcional”;  lo  último  en  mención por demostrarse la violación del principio de la carga de  la    prueba    conectado    al    desconocimiento    de   la   presunción   de  inocencia.   

Así    mismo,    considera   necesario  pronunciamiento  de la Corte “sobre la forma como la  irregular  recepción  del  testimonio  obviando  las reglas establecidas en por  (sic)  el legislador en el  Código  de  Procedimiento  Penal, se toma como fundamento no solo para condenar  sino  para  validar  otra prueba también irregularmente aducida como el informe  de  accidente  que  no  fue  ratificado,  validado  ni  controvertido dentro del  proceso”   

Especialmente  en este caso, afirma, porque  no  es  válido  que  el  funcionario  supla el contenido deficiente de  la  prueba  con su conocimiento personal, afectando los principios de presunción de  inocencia y favorabilidad.   

En   consecuencia,  estima  legítima  la  aspiración  de  la  casacionista al procurar no sólo la reivindicación de los  derechos  y  garantías  de su defendido sino que pretenda pronunciamiento de la  Corte  “en  materia  de las formas propias que debe  tenerse  en  la  recepción  de  los  testimonios  y que no quede al arbitrio de  quienes  practican  tales  pruebas  si retoman lo contemplado en el art. 276 CPP  Ley  600  o lo aplicaban a su antojo”, condenándose  con  un  testimonio  vertido  casi  tres  años después de ocurridos los hechos  contentivo  de  una  narración parcializada y genérica, en cuya valoración se  desatendieron las reglas de la sana crítica.   

Concluye,  de  esa forma, que la demandante  “desarrolló  sin  duda  una argumentación lógica  dirigida  a  patentizar  la transgresión, indicando las normas constitucionales  que  consagran  y  protegen el derecho invocado y su concreto conculcamiento con  la sentencia ameritada”       

Además, advierte que la demandante cumplió  con  los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  212 del estatuto procesal  penal,  motivo por el cual “coadyuvo las solicitudes  expresadas   por   la  respetada  apoderada  del  procesado  dentro  del  libelo  sustentatorio  de  la  casación”  y, en ese orden,  depreca  se  admita  la  demanda y se case el fallo impugnado para, en su lugar,  absolver  al  procesado  “y se libere tanto a éste  como  al  tercero que represento de las condenas patrimoniales impuestas a favor  de  quienes  se  constituyeron  como  parte  civil”.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         El  asunto  que origina la atención de la Sala en esta ocasión no  permite  el  acceso  al  medio  extraordinario  de  casación por la alternativa  normal  o  tradicional,  sino por la denominada vía excepcional o discrecional,  como  así  se  infiere  tras analizar la normatividad procesal que regula dicho  recurso,  esto  es,  las  preceptivas contenidas en la Ley 600 de 2001, dado que  los hechos tuvieron ocurrencia el primero de junio de 2002.   

         Precisamente  el  inciso  1º del artículo 205 de esa normatividad  establece  que  este  medio  de  impugnación  es  viable  contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Por  su  parte,  el  inciso 3° de la misma  disposición  prevé  que  cuando  el fallo de segundo grado no es proferido por  los  mencionados  Tribunales  o  el  delito  por  el  que  se procede tiene pena  privativa   de   la   libertad  inferior  al  quantum  señalado en precedencia o sanción no restrictiva de  la  libertad, se faculta a esta Sala para admitir discrecionalmente las demandas  de  casación  presentadas,  “cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los demás requisitos exigidos por  la ley”.   

         

         En  el  asunto  objeto  de estudio se advierte que si bien el fallo  impugnado  fue  proferido  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Barranquilla,  el  procesado  JULIO CÉSAR MOJICA EGEA  fue  condenado  por  el  delito de homicidio culposo,  cuya  sanción  no  satisface  el  requisito  punitivo  para  acceder al recurso  extraordinario por la vía tradicional.   

         Ciertamente,  dicha  conducta  punible, de acuerdo con el artículo  109  de  la  Ley 599 de 2000, se sanciona con una pena máxima de seis (6) años  de  prisión,  monto  inferior  a los ocho (8) años que para acceder al recurso  extraordinario  de  casación  por  la vía ordinaria o común exige el referido  artículo  205,  inciso  1º,  de  la  Ley  600  de  2000,  según  lo ya visto.   

         En  ese orden de ideas, asiste razón a la casacionista cuando para  acceder al medio extraordinario opta por esta alternativa.   

Ahora,  en  punto  de  esta  modalidad  de  casación,  de  manera  enfática  se  ha  precisado  por la Sala que compete al  demandante   expresar  con  claridad  y  precisión  los  motivos  por  los  cuales debe intervenir la Corte  contemplados  en  el  inciso  3°  ibídem,  en virtud de la naturaleza eminentemente rogada de este medio de  impugnación.   

               Así, al casacionista le asiste  el  deber  de  persuadir a la Sala que es preciso el pronunciamiento de fondo en  beneficio  de  la  jurisprudencia  de  la  Sala  o  para salvaguardar garantías  fundamentales  de  las  partes  o intervinientes procesales y, sólo después de  verificar  ese  aspecto, se ocupará del aspecto formal de la demanda, es decir,  de   que   cumpla  con  los  presupuestos  de  presentación  lógica  y  debida  argumentación  acorde  con  lo  estipulado en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000.    

         De  ahí  que  si lo pretendido por el actor es el desarrollo de la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  de  demostrar  con  claridad  y precisión la  necesidad  de  proveer  un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto de  un   tema  jurídico  especial,  ya  sea  para  unificar  posturas  conceptuales  encontradas  o  con  el  fin de actualizar la doctrina o para abordar un tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar de qué manera la decisión  solicitada  tiene la utilidad de brindar solución al asunto y, a la par, servir  de guía a la actividad judicial.   

Empero,  si el objetivo trazado es asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  con  la misma claridad y precisión  tiene   la   obligación  de  demostrar  la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho invocado, así como su desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias  que, como ya lo ha reiterado la Sala,  deben   evidenciarse   con   la   sola   referencia   descriptiva  hecha  en  la  sustentación.   

Pues  bien, a diferencia de lo expuesto por  el  apoderado  del tercero civilmente responsable en su alegato de no recurrente  en   casación,   la  justificación  de  los  motivos  para  acceder  al  medio  extraordinario  de impugnación contenida en la demanda no goza de un mínimo de  precisión y claridad que permita franquear su acceso.   

Comiéncese por señalar al respecto que no  obstante  exponerse  las  razones  en  un  capítulo  previo e independiente, la  confusión surge como nota característica.   

Así,  a la gran dificultad que dimana de  encarar  una  redacción casi indescifrable, dicho sea de paso, no sólo en este  acápite  sino en la demanda en general, se suma el hecho consistente en invocar  los  dos motivos con fundamento en una misma circunstancia, propuestos de manera  atropellada y entremezclada.     

Refuerza   la   misma   conclusión,   la  multiplicidad  de  aspectos que de forma desordenada la demandante incluye en el  capítulo  previo  -aunque también procede así en el desarrollo del cargo- con  el  objeto  de  demostrar  la  concurrencia  de  los  dos motivos invocados para  acceder a la casación discrecional.   

De esa forma, la casacionista no sólo hace  alusión  al  irrespeto  de  la  formas  contenidas  en  el  inciso  segundo del  artículo  276  del  estatuto procesal penal para la práctica del testimonio en  cuanto  no  se  informó  al  deponente César Augusto  Movilla  Niño  sobre los hechos acerca de los cuales  debía  atestar  bastando  con  interrogarlo  sobre  su  conocimiento,  sino que  además   advierte   que  fue  tergiversado  por  el  mismo  motivo,  no  merece  credibilidad  por  haber  sido rendido más de dos años después del accidente,  así  como  por  la  avanzada  edad  del  testigo, y porque en su valoración se  contrariaron  reglas  de  la  sana  crítica  -que  ni  siquiera  identifica con  claridad-.    Adicionalmente,   en  algunos  aislados  pasajes  del  libelo  también  cuestiona la apreciación del informe levantado por las autoridades de  tránsito luego de la colisión.   

Sin  embargo,  ninguno de estos argumentos  propuestos  de  forma  deshilvanada  encasilla  en alguno de los motivos legales  tantas veces referidos que abren paso a la casación excepcional.   

En tal sentido, téngase en consideración  que  todos  los  reclamos  apuntan  hacia yerros de apreciación probatoria, los  cuales,  como  de  forma  reiterada  lo  tiene  dicho  la  Sala,  no  configuran  vulneración   de  garantías  fundamentales,  salvo  en  aquellos  particulares  eventos   en   que  se  adviertan  defectos  graves  de  motivación1, punto sobre  el  cual  nada se dice en la demanda, y máxime cuando, como así se constata en  el  desarrollo  del reproche ulterior, en últimas lo que persigue la censora es  la  anteposición  de  su criterio personal sobre el expuesto por los falladores  de instancia.   

Tampoco encuentra la Corte la necesidad de  pronunciarse  en  derredor  de  la  supuesta  inobservancia  de los presupuestos  contenidos  en el inciso segundo del artículo 276 de la Ley 600 de 2000 para la  práctica  de  la  prueba  testimonial,  planteamiento de mayor desarrollo en la  demanda,  no  sólo porque son múltiples las decisiones a través de las cuales  la  Sala  se  ha  ocupado  de  los criterios legales para la valoración de este  medio  de  prueba,  así como de sus requisitos de validez, sino porque se trata  de un tema totalmente ayuno de trascendencia.   

En  efecto,  no  se  ve de qué manera, ni  tampoco  ello dimana con claridad de la demanda, pueda afectar a la credibilidad  del  testimonio  no  informar al testigo en todos los casos los hechos objeto de  su  declaración,  si  éste  manifiesta  recordarlos  y  el funcionario así lo  deduce a partir de las respuestas brindadas, como aquí ocurrió.   

Es más, la Corte ha avalado tal práctica  en  cuanto  no  la encuentra lesiva de las formalidades legales exigidas para su  realización, según pasa a verse:   

“La  experiencia  enseña  que cuando un  declarante  se refiere a una vivencia de varias horas y de muchos protagonistas,  no  se  detiene  a rememorar por su propia iniciativa aquello que hizo cada uno.  Por  eso  se  establece  en  la  ley  como  regla del  interrogatorio  solicitarle  que  relate  libremente  los  hechos percibidos y a  partir  de  allí  el  interrogador,  quien se supone que conoce el caso y tiene  definidos  sus  aspectos  relevantes  y  los  puntos que deben ser aclarados, va  profundizando  en  el conocimiento del testigo a través de preguntas puntuales,  que  en  hipótesis  de varios implicados deben encontrarse dirigidas a intentar  la   mayor   información   posible   sobre   la   conducta   precisa   de  cada  cual,  en atención a que la responsabilidad penal es  individual”2 (subrayas fuera de texto).   

Así  las cosas, la actitud asumida por la  demandante         deviene   inane  frente  a  los  propósitos  de la casación excepcional al no desarrollar en forma adecuada los  motivos  que  justifican  la  necesidad de ejercer la facultad discrecional y de  esa  manera  posibilitar  el acceso a la impugnación extraordinaria, lo cual se  traduce  en  la  ineptitud  de  la demanda presentada y, por consiguiente, torna  inviable  el  recurso extraordinario; circunstancia que impide que la Sala entre  siquiera  a  revisar  si  los cargos formulados contra el fallo de segundo grado  atacado  se  ajustan  a  los  presupuestos  de lógica y adecuada argumentación  exigidos para su admisión.   

         

         

        En  consecuencia,  la  Sala  procederá  a  la  inadmisión  de  la  demanda,  de  acuerdo con la consecuencia procesal señalada en el artículo 213  de  la  Ley  600  de  2000.   Además, porque no se advierte que dentro del  presente  trámite  o  en  la  sentencia  se  hubiera incurrido en violación de  garantías  fundamentales que reclame su intervención oficiosa en los términos  previstos  en  el  artículo  216  ibídem.   

     

         

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del procesado JULIO  CESAR MOJICA EGEA, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.   

2  Sentencia de fecha julio 21 de 2004, rad. 16984.     

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