30047(08-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30047  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 255.  

         

          Bogotá    D.C.,    septiembre    ocho   (8)   de   dos   mil   ocho  (2008).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala sobre la admisibilidad de las demandas de casación  presentadas    por    los    defensores    de    los   procesados   ÓSCAR        IVÁN       RODRÍGUEZ       PÉREZ       y      HAROLD     FERNANDO     CARDONA  AGUDELO,  contra la sentencia del Tribunal Superior de  Cali  de fecha septiembre 17 de 2007, por virtud de la cual confirmó la dictada  por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad del  28  de  septiembre  de  2006,  que los condenó como coautores de los delitos de  secuestro  extorsivo  agravado  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa  personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  sucesos que originaron la presente actuación fueron declarados  por el Tribunal en la sentencia impugnada, así:      

          “A.-  El  26  de  julio de 2004, a eso de las 3 de la tarde, en la  calle   83B   No.  4N-53  de  esta  ciudad  (Cali,  se  refiere),   4   sujetos  utilizando  armas  de  fuego  obligaron  al  señor  Valentín  Aguirre  Obregón  a  subir a un vehículo, en  desarrollo  de  lo  cual -y ante la oposición del mismo- recibió un disparo en  la   rodilla   derecha,  lo  metieron  debajo  del  asiento  trasero  del  mismo  automotor;   lo  llevaron  a  una casa en donde lo mantuvieron en un cuarto  esposado  a  una cama custodiado por tres sujetos y exigieron por su liberación  $ 50.000.000.   

          B.-  el  29  de  julio,  a  eso de las  5:30 de la tarde, en la  calle  9ª.  con carrera 56 de esta ciudad en cumplimiento de lo exigido por los  secuestradores-  el  Gaula  montó  un  operativo  encubierto en virtud del cual  capturó  a  ÓSCAR IVÁN RODRÍGUEZ quien recibió el paquete de dinero exigido  y  HAROLD  FERNANDO  CARDONA  AGUDELO  quien  conducía  la moto en que ambos se  transportaban.   

          C.-  Con  ocasión de las aludidas capturas, ese mismo día a eso de  las  7 de la noche, previa orden judicial, el Grupo Gaula allanó y registró el  inmueble  ubicado  en  la  carrera  4  No.  2-07  Oeste de Cali en el que (i) se  rescató  al  secuestrado;  (ii) se hallaron documentos a nombre de ÓSCAR IVÁN  RODRÍGUEZ  y  (iii)  se  capturó  a  Nelly Amparo Maya Lagos y a Óscar Duván  Peña     Beltrán,     arrendatarios    del    mismo    inmueble”.         

Sirvieron  de fundamento los acontecimientos  anteriormente  narrados  para  que  se  dispusiera  la  apertura  formal  de  la  investigación,   en  cuyo  marco  fueron  vinculados,  mediante  diligencia  de  indagatoria,      ÓSCAR      IVÁN     RODRÍGUEZ  PÉREZ,   HAROLD  FERNANDO  CARDONA  AGUDELO, Nelly Amparo  Maya  Lagos y Óscar Duván Peña Beltrán a quienes se  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva, sin beneficio de libertad provisional.   

          Clausurada  la  instrucción, se profirió resolución de acusación  el   10   de  mayo  de  2005  en  contra  de  todos  los  sindicados  como  presuntos  coautores del delito de  secuestro  extorsivo agravado (art. 169 de la Ley 599 de 2000, modificado por el  2°  de  la  Ley  733  de  2002,  agravado por el num. 10° del art. 170).   Adicionalmente,   a   los   procesados   ÓSCAR  IVÁN  RODRÍGUEZ    PÉREZ    y  HAROLD   FERNANDO   CARDONA   AGUDELO   se  los convocó a juicio por las conductas punibles de porte ilegal  de  armas de fuego de defensa personal y lesiones personales, sancionadas en los  artículos   365   y   116               del Código Penal, respectivamente.   

          Contra  esta  decisión se interpuso recurso de reposición pero, en  vista  de  que  no fue sustentado, se declaró desierto mediante resolución del  1° de junio siguiente.    

La   fase   de  juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de Cali, donde  se  dispuso  la práctica de las audiencias preparatoria y pública, luego de lo  cual,  el  28  de septiembre de 2006, dictó sentencia por cuyo medio condenó a  los   acusados   ÓSCAR   IVÁN   RODRÍGUEZ   PÉREZ  y  HAROLD  FERNANDO  CARDONA  AGUDELO  a  las penas principales de treinta y un (31)  años  y  diez  (10)  meses  de  prisión  y  multa  por valor de 6.250 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes como coautores penalmente responsables de  las  conductas  punibles de secuestro extorsivo agravado y porte ilegal de armas  de fuego de defensa personal.   

Así   mismo,   condenó   a  Nelly   Amparo  Maya  Lagos  a  las  penas  principales  de  treinta  y un (31) años de prisión y multa por el mismo valor  indicado  como coautora exclusivamente del primer delito referido en el párrafo  anterior.   

En dicha decisión absolvió de todo cargo al  acusado     Óscar    Duván   Peña   Beltrán  y,  a los restantes procesados, del delito de lesiones  personales,   al   tiempo   que   condenó,   a   quienes  encontró  penalmente  responsables,  a  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un término de veinte (20) años, al pago de  perjuicios  morales  por  valor  equivalente  a  800  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes,  negándoles,  a  su  vez,  el  subrogado de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

          Impugnada   la   anterior  determinación  por  la  defensa  de  los  procesados  ÓSCAR IVÁN RODRÍGUEZ PÉREZ,   HAROLD   FERNANDO   CARDONA   AGUDELO  y  Nelly  Amparo  Maya Lagos  y  por esta última directamente, el Tribunal Superior  de   Cali,   mediante  providencia  de  fecha  17  de  septiembre  de  2007,  la  confirmó.             

Contra  esta  determinación,  interpusieron  recurso  extraordinario  los  defensores  de RODRÍGUEZ  PÉREZ,    y      CARDONA     AGUDELO.   A  fin  de  sustentarlo,  allegaron al proceso las demandas  sometidas  a  estudio sobre su admisibilidad.  En el término previsto para  los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  presentó  escrito  el  defensor  de  Nelly      Amparo      Maya      Lagos.   

LAS DEMANDAS  

Con  fundamento  en  la  causal  primera del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, el defensor técnico de RODRÍGUEZ   PÉREZ  formula  dos  cargos  contra  el  fallo  recurrido.  El  primero  de ellos tiene sustento en el motivo  segundo  de  esta preceptiva por violación indirecta de la ley sustancial y, el  segundo, por violación directa.   

Por  su  parte,  el  defensor de  CARDONA  AGUDELO formula un único cargo  fundamentado    en    la    causal    de    violación   directa   de   la   ley  sustancial.   

Con el objeto de no incurrir en repeticiones  innecesarias,  la  Sala  en  el siguiente capítulo sintetizará el contenido de  los  cargos  y,  de inmediato, expondrá su criterio en torno al cumplimiento de  los  presupuestos exigidos para su admisión.  En desarrollo de esa labor y  como  encuentra  puntos  en  común  entre  los  cargos  segundo  de  la demanda  presentada   por  el  defensor  de  RODRÍGUEZ  PÉREZ  y   único   propuesto   en   la   de   CARDONA  AGUDELO,  acometerá su análisis  conjuntamente.   

Ahora está que, antes de abordar el estudio  de  las  demandas, a manera de “cuestión previa”, se aludirá brevemente al  escrito  presentado  dentro  del  término  previsto  para los no recurrentes en  casación  por el defensor de la procesada Nelly Amparo  Maya Lagos.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

    

1. Cuestión previa, sobre el escrito  de no recurrente:     

La Sala no se ocupará del escrito presentado  por  el defensor de Nelly Amparo Maya Lagos  pues  su  propósito  está  dirigido,  como  así  lo  manifiesta  expresamente,  a  presentar  libelo  con  el  objeto  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  “pese a que mi poderdante no lo hizo,  por  lo  tanto  ella  es  un  sujeto no recurrente, oportunidad que da la ley al  derecho   a   la   igualdad”,  sin  referir  a  las  demandas    oportunamente   presentadas   por   los   defensores   de   los  procesados ÓSCAR IVÁN RODRÍGUEZ PÉREZ y      HAROLD     FERNANDO     CARDONA  AGUDELO.   

De  tiempo  atrás  se  ha  dicho  por  esta  Corporación  que  el  no recurrente en casación está circunscrito a alegar en  relación  con los libelos de casación y que, por manera alguna, puede utilizar  este  término  para presentar una nueva demanda, pues ello no sólo implicaría  atentar  contra  el  principio  de preclusión de los actos procesales, en tanto  esa  oportunidad, esto es, la de interponer y sustentar el recurso de casación,  ya  expiró,  sino  que  entrañaría  desequilibrio frente a los demás sujetos  procesales  quienes,  respetuosos  del  rito  procesal,  activaron  el  medio de  impugnación dentro de los términos previstos.   

Con esa actitud, además, se pretende revivir  una  oportunidad  que  se  ha  dejado vencer precisamente por la negligencia del  sujeto  procesal,  en  claro  desconocimiento, a diferencia de lo que plantea el  defensor   de  Nelly  Amparo  Maya  Lagos, del principio de igualdad.   

2. Primer cargo de la demanda presentada por  el    defensor    de    ÓSCAR   IVÁN   RODRÍGUEZ  PÉREZ.  Violación indirecta de la ley sustancial por  error de derecho por falso juicio de legalidad:   

A  juicio  del  casacionista la sentencia es  violatoria,  por  falta de aplicación, de los artículos 29 de la Constitución  Política,   232   y  235  del  estatuto  procesal  penal,  normas  sustanciales  reguladoras  del  principio  de  legalidad  de la prueba, por admitir y conferir  valor   probatorio   “al   medio   de   convicción  irregularmente   aportado   al   proceso,   por  omisión  de  las  formalidades  sustanciales  que  la  ley  exige  para  su  admisión y que tuvo en cuenta para  proferir   y   sustentar  la  condena  en  contra  de  ÓSCAR  IVÁN  RODRÍGUEZ  PÉREZ”.   

Las  pruebas sobre las cuales el censor hace  recaer  el  error  de  apreciación  señalado  las separa en dos apartes, de la  siguiente manera:      

1.   El  informe  de  policía de fecha  julio  29  de  2004 por medio del cual se dejó a disposición de la Fiscalía a  los   capturados   ÓSCAR   IVÁN  RODRÍGUEZ  PÉREZ  y  HAROLD  FERNANDO  CARDONA  AGUDELO, una motocicleta y documentos, suscrito por el  teniente    Marín    Eldjue   Alexander,  funcionario  investigador,  con certificación del comandante del  Gaula  en  el  sentido de que dicho funcionario es miembro activo de la unidad y  cumple funciones de policía judicial.   

Según  el  demandante,  en  este informe se  “omitió      indicar      el      ‘número   del   documento   que   lo  identifique   como  policía  judicial’…”,  requisito  sustancial  que la ley  exige  para  todos  los  informes  de  policía  judicial, en virtud de que esta  función  se  ejerce bajo la coordinación de la Fiscalía General de la Nación  y,  por  ello,  “no  está al azar del destino o del  capricho  del  funcionario  de  la  entidad  que  cumple  funciones  de policía  judicial  (A.  312-1,  CPP),  determinar  quiénes cumplen funciones de policía  judicial  en  concreto  sino que esta función legal es una labor coordinada con  el   director  de  la  entidad,  directamente,  con  el  Fiscal  General  de  la  Nación”.   

De  esa  manera,  entonces, al apreciarla se  vulneró  el  principio  de legitimación de la prueba, pues ésta debe provenir  de  un  sujeto  legitimado  para  aducirla  y,  si no tiene esa calidad, el juez  necesariamente  debe rechazarla, porque además se quebranta el principio de las  competencias   “dado   que   sólo  los  servidores  públicos,  expresamente  señalados  e  identificados  con su número asignado,  pueden     cumplir     funciones     de     policía     judicial”.   

A   pesar   de   lo  expuesto,  añade  el  casacionista,  en  la  sentencia se tuvieron en cuenta los hechos narrados en el  informe  “a  veces  sin  mencionarlo  y,  en  otras,  expresamente    mencionado,   para   sustentar   la   providencia”,  como lo corrobora transcribiendo algunos pasajes del fallo (Fols.  14-17, 21).   

Acto seguido, se ocupa del criterio plasmado  en   la   sentencia  atacada  en  el  sentido  de  que  dicha  irregularidad  es  insustancial  porque  los  datos  sobre la captura fueron tomados por el juez de  instancia  del  testimonio  de  la  subintendente  Elsy  María  Ayus  López quien intervino en el operativo y  porque  el  informe  no  constituyó  elemento  de  juicio  exclusivo para   proferir la sentencia.   

Contrario  a  esta tesis, sostiene el censor  que  el juez a-quo sí tuvo en  consideración  el informe aludido como elemento de convicción para proferir el  fallo,  de  tal  trascendencia  que,  sin  esos  elementos,  no  hubiera  podido  construir  la  decisión,  pues  no habría llegado a la certeza de la comisión  del  hecho,  infiriendo  de  ella el lugar de la supuesta denuncia del secuestro  por  un  familiar  del  plagiado,  la  existencia  del informante, la captura en  flagrancia   de   ÓSCAR   IVÁN   RODRÍGUEZ  PÉREZ  y  HAROLD  FERNANDO  CARDONA  AGUDELO,   la   ubicación   del  inmueble  donde  se  encontraba  el  secuestrado  y  la  aceptación  de  su  participación  por los  capturados,  hechos  que  únicamente  están relatados en el informe policial y  que no aparecen en ninguna otra prueba aducida al proceso.   

2.  Todas las pruebas practicadas durante la  investigación  realizada  por el Gaula “y de las que  da  cuenta  el  informe  policial”,  en  tanto no se  practicaron  bajo la coordinación de un fiscal, desconociéndose lo previsto en  los  artículos  4  a   6  de  la Ley 282 de 1996, así como los requisitos  contemplados   “en   el   artículo   315  del  CPC  (sic)”.   

En   este   caso,   destaca   “el  informe  de  policía  da  cuenta que, ante la denuncia de un  familiar  del  secuestrado,  que  omitió  su  identificación  por  razones  de  seguridad,  el  Gaula,  con  la  Coordinación  del  Comandante  de  la  Unidad,  resolvió  adelantar  labores investigativas y operativas para la captura de los  infractores  y  la  liberación  del  secuestrado,  pero  es  lo cierto que, los  servidores  públicos  del  Gaula,  nunca  solicitaron  la  actuación directa y  exclusiva  de  la  fiscal 19 especializada ante el Gaula de la Policía de Cali,  que  por  ley  debía autorizar y asumir esta investigación previa para dar con  la  captura  de  los responsables y la liberación del secuestrado como manda la  ley  en cita en los casos de secuestro extorsivo como el reseñado en el informe  de        policía       judicial”.             

Los  funcionarios  de  policía  judicial,  agrega,  no  se  encontraban en el sitio de ocurrencia de la flagrancia, a donde  posteriormente   se  trasladaron  en  desarrollo  de  un  operativo  planeado  y  encubierto,  tampoco  acreditaron  la  existencia de motivos de fuerza mayor que  impidieran  la  actuación de la fiscal para iniciar la investigación previa y,  sin  embargo, obtuvieron orden de trabajo del comandante de esa unidad a través  de  la  cual expresamente se les indicó que debían actuar bajo la dirección y  coordinación  de  un  fiscal  delegado,  lo  cual  también  se  plasmó  en el  informe.   

No   obstante   lo  anterior  ordenaron  y  practicaron    las    siguientes    pruebas    y    diligencias:    “1)   la  captura  de  dos  personas,  entre  ellas  ÓSCAR  IVÁN  RODRÍGUEZ  PÉREZ;  2)  Acta de derechos de los capturados;  3) Informe de  captura  suscrito  por  el  señor  Ag. Ruíz Romero Óscar, que anunciado en el  escrito  como  anexo  no  aparece  en el expediente; 4) Acta de incautación del  dinero   y   el   dinero   mismo;   5)   Acta  de  inmovilización,  inventario,  documentación  y el mismo elemento material de la motocicleta Yamaha 100, y, 6)  cadena de custodia”.   

Aduce,  a  continuación, que de conformidad  con  el  artículo  316 del estatuto procesal penal la actuación de la policía  judicial  durante la investigación sólo puede realizarse por orden del fiscal,  quien  podrá  comisionar  para  la práctica de pruebas técnicas o diligencias  que  surjan  del cumplimiento de la comisión, pero teniendo prohibido practicar  capturas,  allanamientos,  interceptación  de comunicaciones que atenten contra  la  intimidad  o  cualquier  actividad  que  represente  la  vinculación de los  implicados a la actuación procesal.   

A lo anterior, según el actor, se aúna que  la  investigación  previa,  conforme  lo  señala el artículo 322 ibídem,  está  a  cargo  de la Fiscalía  General  de la Nación, y que, en tratándose del delito de secuestro, como así  lo  prescriben  los  artículos  250  de  la  Carta  Política,  113 y 114-1 del  estatuto  adjetivo penal “es exclusiva la competencia  para  la  investigación  previa y unificada la dirección de la investigación,  en  cabeza  del  fiscal  delegado  ante  las  unidades del Gaula de la Policía,  conforme con el A. 4 a 6, L. 282/96”.   

De  ahí  que,  en  este  caso,  la  Unidad  Antisecuestro  del  Gaula no podía autónomamente decretar ni practicar pruebas  en  la  etapa  previa, ni en la de instrucción, ni en la de juzgamiento sin que  se   presentara   el   evento   previsto   en   el  artículo  315  ibídem,  por cuanto no estaba en el sitio  de  ocurrencia  de  la flagrancia, ni se acreditaron los motivos de fuerza mayor  para   justificar  la  falta  de  intervención  del  fiscal  delegado  ante  el  Gaula.   

Vicio éste que, desde su punto de vista, es  trascendente  porque  si  el  sentenciador  hubiere  inadmitido  esas  probanzas  “otros    serían   los   resultados   del   fallo  impugnado”,  máxime cuando el proceso no cuenta con  otras  válidamente  practicadas,  motivo  por  el  cual  debe  optarse  por  la  sentencia  absolutoria  y  no  por  la  nulidad y reposición de lo actuado, por  primar   en   este   materia  los  principios  de  presunción  de  inocencia  e  in dubio pro reo.   

De  esa  manera, prosigue, se afectó (i) la  denuncia  instaurada  por  un  familiar  de  la  víctima  quien  por razones de  seguridad  omitió  revelar  su  nombre,  además  porque tampoco cumple con los  presupuestos  que  debe  reunir  toda  denuncia  a  tenor  de lo dispuesto en el  artículo  29  del estatuto procesal penal, como lo es que deba ser rendida bajo  juramento,  verbal  o  por  escrito  y  si  los  hechos  fueron  puestos  o no a  conocimiento  de  otro  funcionario  y;  (ii)  el  informe suscrito por la   subintendente   Elsy  María  Ayus  López,  pues  la  fiscal que lo recibió sólo tenía facultad, según el  art.  6  de la Ley 282/96, para decretar la apertura de investigación y oír en  indagatoria  a  los  capturados, diligencias que hubieran sido procedentes si la  fiscal hubiera decretado previamente la investigación previa.   

De  inmediato,  asevera  que  el  acta de la  diligencia    de   testimonio   de   la   última   en   mención   “omitió  indicar la hora de celebración de la diligencia, que es  requisito    sustancial    ordenado   en   la   ley   procesal,   A.   147,  CPP”,  la cual no tuvo el carácter de ratificación  del  informe  policial,  pues  aun  cuando  esta  uniformada  participó  en  el  operativo   no   firmó   el   informe   de   policía   judicial   “y  de  haberlo hecho no indicó el número que la identifica como  policía    judicial,    todo   lo   cual   conduce   a   tampoco   (sic)  por este aspecto la sentencia pueda  considerar  como  válida la prueba testimonial como ratificación de un informe  policial”.   

Situación a la cual se suma que los informes  de  policía no pueden tenerse como pruebas válidas sino como simples guías en  la   investigación,   según  así  lo  ha  precisado  esta  Sala  y  la  Corte  Constitucional.   

Añade,  enseguida,  que  en  cuanto  a  las  sindicaciones  directas  en  contra  de  su  prohijado  por parte de los agentes  investigadores  Javier  Pedraza  González,   Efraín   Guillermo   Romero  Mendoza  y  del  testigo  presencial de los hechos Julio  Cesar Fuenmayor Girón, las primeras  no  obran en el expediente, puesto que los citados no comparecieron al proceso a  declarar  mediante testimonio aducido en debida forma y, respecto de la última,  nunca  fue  decretada  por  ninguno  de  los fiscales, ni siquiera por la fiscal  delegada   ante   el   Gaula   quien   tuvo   a   su   cargo  la  investigación  previa.      

Respecto de la captura en flagrancia remite a  lo  ya  fundamentado  en  torno  a  las  irregularidades  del  procedimiento  de  investigación  previa  y,  en cuanto a la confesión de los capturados ante las  autoridades  de  policía,  insiste  en  que  no cumple con los presupuestos del  artículo  282 del ordenamiento procesal, además de que dichos funcionarios, de  conformidad    con    lo    normado   en   el   artículo   349-2   ejusdem,  no   tienen   facultades   para   entrevistar  a  los  capturados.   

Tampoco  puede  la  sentencia fundamentarse,  sostiene,   en las diligencias de allanamiento y registro al lugar en donde  se  encontraba  el plagiado, sitio en el cual se encontraron documentos a nombre  de   ÓSCAR   IVÁN   RODRÍGUEZ   PÉREZ,  pues,  sumado  a lo ya expuesto, el acta suscrita para tal efecto  tampoco indica la hora de la diligencia.   

Menos  aún  puede  encontrar  sustento  la  responsabilidad  de  su prohijado en su dicho durante diligencia de indagatoria,  a  la cual se llegó fruto de un procedimiento irregular y en tanto no indica la  hora de la diligencia.   

Por  otra  parte,  añade, en su versión en  audiencia  pública  su defendido aduce que fue sometido a tortura por parte los  miembros  de  la  fuerza pública que lo capturaron, lo cual se corrobora con el  reconocimiento  forense  que le fuera practicado después de ser aprehendido, la  denuncia  formulada  por los procesados en relación esos hechos, la aceptación  parcial  al  respecto  contenida  en el informe de policía judicial en cuanto a  que  los  capturados se resistieron a la captura y por el hecho de haber tardado  su  remisión ante el funcionario judicial competente más allá del término de  la  distancia,  ante  lo  cual  se  debe  considerar  esta prueba como ilícita,  despojada  de  todo  valor,  como  así se desprende de la legislación interna,  instrumentos  internacionales  y  de  la  jurisprudencia  constitucional y penal  sobre la materia.   

Acto  seguido,  discurre  en  torno  de  la  declaración  y  ampliación  de  la víctima Valentín  Aguirre  Obregon  porque “no  se  indica  la  hora en que ésta se realizó” y cuya  práctica  también  estuvo  precedida  de  los  mismos  defectos  señalados en  precedencia.   

Después  de aclarar que las irregularidades  denunciadas  afectan  por  igual la imputación por el delito de porte ilegal de  armas,  concluye que como “todas las pruebas aducidas  al  proceso  que  fueron  tenidas  en  cuenta en los fallos de primera y segunda  instancia,  adolecen  de irregularidades sustanciales que afectan su legalidad y  que         no  debieron por tanto tenerse en  cuenta  para  fundamentar  el  fallo  impugnado”  es  preciso  casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar,  absolver  a  su  defendido.   

Consideraciones  de  la  Sala:   

El cargo objeto de estudio no cumple con los  presupuestos  previstos  en  el  artículo  212  de la Ley 600 de 2000 y, en esa  medida,   la   decisión   que   en   derecho   corresponde  adoptar  es  la  de  inadmitirlo.   Tal  conclusión tiene apoyo en los siguientes razonamientos  que  emanan  de  la confrontación de la demanda con el fallo de segundo grado y  con el proceso:   

El  censor orienta el reproche por la causal  primera  de casación del artículo 207 de la Ley 600 de 2000 porque a su juicio  la  sentencia  transgrede en forma indirecta la ley sustancial a consecuencia de  un  error  de  derecho  por  falso juicio de legalidad en la apreciación de los  medios   de  prueba  fundamento  de  la  decisión  recurrida,  por  haber  sido  recaudados  sin  tener  en  cuenta  las  formalidades  legales previstas para su  formación y aducción al proceso.   

En  punto  del  error  de  derecho por falso  juicio  de  legalidad,  propuesta elegida por el actor para emprender el ataque,  ha  precisado la Sala, a través de su reiterada jurisprudencia, que tiene doble  connotación.   La  primera,  también  conocida  como aspecto positivo, se  verifica  cuando  a  un  medio  de  prueba se le confiere validez jurídica tras  suponer  que  satisface  las  exigencias  formales  de  producción  sin  que en  realidad  las  cumpla  y,  la  segunda, o aspecto negativo, se configura ante la  situación   contraria,  esto  es,  porque  se  considera  que  no  las  reúne,  cumpliéndolas.   

El actor enfoca la propuesta por el aspecto  positivo,  el  cual,  de cara a su demostración, exige individualizar la prueba  sobre  la  cual  recae el vicio, especificar la formalidad legal omitida, siendo  necesario  referir  a  la  norma  que la contiene y señalar su trascendencia en  relación  con  el fallo o, dicho de otro modo, que al marginarla y confrontarla  con  las  demás  pruebas  cuya validez no se encuentra comprometida, en caso de  que  existan, las conclusiones y el sentido de la sentencia sufren modificación  de manera favorable para el interesado.   

Para  ello, se subraya, es preciso que  la  formalidad  desconocida  sea de carácter sustancial, esto es, que sea de la  esencia  de  la  prueba pues, de no ser así, es claro que  carecerá de la  entidad necesaria para socavar su legalidad.   

Con  fundamento  en lo expuesto, empiécese  por  señalar  que  la  inconformidad  del actor contenida en el cargo objeto de  estudio  se  origina  en  tres  aspectos,  los  cuales, independientemente de la  clasificación  utilizada  en  el  reproche,  se  pueden extraer de la siguiente  forma:   

Por  una parte, el demandante encuentra que  algunas    pruebas  carecen  de  requisitos  sustanciales,  situación  que      pone   en   entredicho   su   legalidad.   Se   refiere,  específicamente,  al  informe  de  policía por omitir consignar el número del  documento  que identifica a quien lo suscribe como miembro de policía judicial,  al  testimonio  de  la  subintendente  Elsy María Ayus  López,  la  diligencia  de  allanamiento  y  registro  verificada  en la vivienda en donde fue hallado el secuestrado, a la indagatoria  de  su defendido y la declaración y posterior ampliación de la víctima, estas  últimas   en   cuanto   omiten   indicar  la  hora  de  su  realización.    

Como  bien  lo  señaló  el Tribunal en la  decisión  impugnada,  las  formalidades omitidas a las que refiere el actor son  insustanciales  o,  lo que es lo mismo, no son de la esencia de la prueba y, por  ello,  no  tiene  la  virtud  de  afectar su legalidad. Situación que afecta la  trascendencia   de   la   prédica   y   determina  su  inadmisión.     

Con  la  postura  del  actor se rinde culto  excesivo  a  las  formas  por referir a aspectos que, por ejemplo en cuanto a la  prueba   testimonial,  sólo  tendrán  peso  para  cuestionar  la  apreciación  prodigada  en  la  medida  en que desvirtúen lo dicho por el testigo, pongan en  tela  de  juicio  la  sanidad del sentido o los sentidos a través de los cuales  tuvo  la  percepción,  las  circunstancias  de  tiempo,  modo y lugar en que se  percibió,   su   personalidad,   la   forma   como   hubiere   declarado,   sus  singularidades,  la  naturaleza  del  objeto  percibido o corroboren que para su  valoración  no  fueron  tenidas  en cuenta las reglas de la sana crítica (art.  277),  ejercicio  que,  no  obstante  la  extensión  del discurso del actor, no  desarrolla en el cargo.   

Simplemente pretende que el desconocimiento  de  formas insustanciales (número de identificación del suscriptor del informe  y  constancia de la hora de las diligencias de allanamiento y registro así como  de  algunos  testimonios)  desvinculado  totalmente  de  los  criterios  para su  apreciación, socave su legalidad.      

En   el   segundo  cuestionamiento  a  la  apreciación   de  las  pruebas  contenido  en  la  censura,  sostiene  que  las  diligencias  realizadas  por  los  funcionarios del Gaula sin la coordinación y  dirección  de  un  fiscal  son  ilegales,  por  desconocer  lo  previsto en los  artículos  4  a   6  de  la  Ley  282  de  1996,  así como los requisitos  contemplados  en  el  estatuto  procesal  penal  sobre las funciones de Policía  Judicial.   

Este aspecto de la censura no se expone con  la  necesaria  claridad  pues  si  bien en un comienzo cuestiona las diligencias  practicadas  motu proprio por  los   funcionarios   de   Policía   Judicial   previamente  a  la  apertura  de  investigación,  a  la  par  involucra  las practicadas por la fiscal 19 ante el  Gaula  de  Cali,  con  lo  cual  trae  confusión  conceptual  y dificultad para  individualizar    las    pruebas    sobre    cuya    apreciación    versa    la  inconformidad.   

Aunque   la   falencia  anterior  resulta  suficiente  para  rechazar  esta  censura,  en el mismo sentido ha de tenerse en  cuenta  que  las  diligencias  practicadas  por  los  funcionarios  de  Policía  Judicial  previas  a la realización de la diligencia de allanamiento y registro  decretada  por la fiscal 19 delegada ante el Gaula de la ciudad de Cali al lugar  en  donde  se  mantenía  retenido al plagado, ninguna trascendencia ostentan de  cara  a  rebatir  la  responsabilidad  penal  de ÓSCAR  IVÁN  RODRÍGUEZ  PÉREZ  declarada en el fallo, como  quiera  que  los  aspectos  fundamentales contenidos en tales diligencias están  refrendados   con   otras   pruebas   practicadas   en  el  proceso.     

Además,  si lo que se pretende es discutir  en  torno  de  la falta de competencia de dichos funcionarios para adelantar las  diligencias  que  a  la  postre  concluyeron  en  la  captura  de los procesados  ÓSCAR    IVÁN   RODRÍGUEZ   PÉREZ   y      HAROLD     FERNANDO     CARDONA  AGUDELO  es  preciso reseñar que ese debate ha debido  plantearlo  oportunamente  a través de los mecanismos idóneos para ese efecto,  pues   en  este  momento  dista  de  incidir  en  la  responsabilidad penal  declarada en el fallo impugnado.   

No  obstante lo anterior, conviene advertir  que  el  operativo  desplegado  por  los funcionarios del Gaula, el cual arrojó  como  resultado  la  captura de los mencionados y la información sobre el lugar  en  donde se mantenía retenido a   Valentín  Aguirre  Obregón  fue  absolutamente  regular bajo la  consideración  de  que  no  requería orden judicial previa por tratarse de una  situación      de     flagrancia     permanente1,  como  así lo ha estimado la  Sala,  en  virtud  de la naturaleza del delito de secuestro, por ser conducta de  ejecución  permanente  que  se  prolonga  hasta  cuando  la víctima recobra su  libertad2.   

Además, no necesariamente esa situación de  flagrancia  permanente  se  circunscribe, como erróneamente lo aduce el censor,  al  lugar  en  donde permanece el plagiado sino, también, indiscutiblemente, se  extiende  a  donde  se  produce  la  extorsión, de modo que ninguna duda asalta  sobre    la   legalidad   del   procedimiento   de   captura   de   RODRÍGUEZ     PÉREZ     y   CARDONA   AGUDELO  precisamente  cuando  recibían  el  pago  indebido, aunque fuera en un lugar distinto, como es apenas  obvio, al de retención de la víctima.   

Ahora,  en  lo  que  toca  con  el reproche  enderazado  hacia la  legalidad de las pruebas practicadas por la fiscal 19  delegada  ante  el Gaula de Cali por desbordar la facultades otorgadas en la Ley  682  de 1996, se observa como el censor no individualizó tales medios de prueba  con  claridad  y mucho menos estableció su repercusión frente a los contenidos  del  fallo  impugnado, circunstancia que determina su rechazo por no cumplir los  presupuestos  atrás  vistos  para desarrollar adecuadamente el error de derecho  por falso juicio de legalidad.   

Al  margen  de lo anterior, en todo caso se  advierte  que  la  fiscal actuó de conformidad con los parámetros establecidos  en  dicha  ley,  pues tan pronto recibió indagatoria a los aprehendidos dispuso  el  envío  de  las  diligencias  al  fiscal  de  conocimiento,  funcionario que  resolvió  la  situación  jurídica  de  los  implicados  y  prosiguió  con el  trámite de la instrucción.   

En  último lugar, el demandante afirma que  es  ilícita la aceptación de responsabilidad de su prohijado al momento de ser  capturado  de  la  cual  dan  cuenta  los funcionarios de policía judicial y el  informe  de  policía por haberse obtenido bajo tortura;  sin embargo, como  ocurrió  con  los  anteriores  medios  de  convicción,  se  advierte  que  esa  manifestación,  a  salvo  de su mención frecuente en el fallo de primer grado,  se  debió  más  a  su  vínculo  con  la  captura en flagrancia de    RODRÍGUEZ    PÉREZ    y   CARDONA  AGUDELO,  pero  no  constituye  per   se   sustento  de  la  responsabilidad  de  su  defendido,  como  sí lo es el indicio derivado de que,  merced  a  la información suministrada por el primero de ellos en ese instante,  permitió  dar  con  la ubicación del inmueble en donde mantenían al ciudadano  plagiado,  lo  cual,  según  lo  explican  con  suficiencia las instancias, los  involucra  como  coautores  de  las  conductas punibles deducidas en los fallos.   

En  virtud de las incorrecciones referidas,  surge  diáfana,  como  se  había  anunciado,  la  inadmisión de este reproche  contenido   en   la   demanda   presentada   por  el  defensor  de  ÓSCAR  IVÁN  RODDRÍGUEZ  PÉREZ, por no  cumplir  con  los  presupuestos contemplados en el numeral 3° del artículo 212  de  la  Ley  600  de  2000  en  aras  de  demostrar  con suficiencia el error de  apreciación probatoria atribuido al fallo.   

3.  Segundo  cargo de la demanda presentada  por  el  defensor  de  ÓSCAR IVÁN RODRÍGUEZ PÉREZ  y  único  del  libelo  presentado  por el defensor de  HAROLD    FERNANDO    CARDONA   AGUDELO.  Violación directa de la ley sustancial.   

Según   el   defensor   de  RODRÍGUEZ   PÉREZ   el  fallo  impugnado  incurre  en  esta  causal  por  falta  de  aplicación  de  la  circunstancia de  atenuación  punitiva  contemplada en el artículo 171 del CPP (sic), modificada  por  el  artículo  44  de  la Ley 733 de 2002 “en el  evento  de  que,  dentro  de  los  15  días  siguientes al secuestro, se dejare  voluntariamente  en  libertad  a la víctima, sin que se hubiere obtenido alguno  de  los  fines  previstos  para  el  secuestro extorsivo… lo que deviene en un  flagrante   desconocimiento   del   derecho   al  debido  proceso”.   

Lo  anterior, aduce, porque en la sentencia  de  primera  instancia  se  reconoce  que  ÓSCAR IVÁN  RODRÍGUEZ  PÉREZ  colaboró  voluntariamente con los  funcionarios  del  Gaula  para  llevarlos  al  sitio  en  donde se encontraba el  secuestrado  con  resultados positivos tras haberse dispuesto la práctica de la  diligencia de allanamiento y registro a ese lugar.   

A  la  par,  añade,  en la misma decisión  también  se admite que en virtud del operativo desplegado por los policiales se  impidió   el   cumplimiento   de   los  fines  del  secuestro  extorsivo.   Igualmente,  “se  reconocen  las  fechas  en que fue  secuestrada  la víctima y la fecha de su rescate, gracias a la ayuda voluntaria  del  sindicado,  de  la  que resulta un tiempo menor a los 15 días de secuestro  que  es  el  presupuesto  fáctico  de  la  norma  legal  en cita”.   

El reconocimiento a la colaboración eficaz  y  voluntaria de su protegido, asegura, fue consignado en todas las providencias  judiciales  de la actuación procesal, tan sólo oponiéndose a ella el fallador  de  segunda  instancia  “aduciendo  que la evidencia  indica  que el rescate no fue voluntario, pero ese es su parecer. Lo real es que  en  la  sentencia  del  a  quo  y  en  todas  las  providencias  del proceso, se  reconoció  que  la  colaboración  voluntaria de conducir a los policiales para  que  rescataran  a  la  víctima  es  atribuida  al sindicado y no existe prueba  legal,  regular  y  oportunamente allegada a la actuación que demuestre que ese  hecho no se debió a un supuesto informante de la policía”.   

Por  lo  anterior,  depreca  casar el fallo  recurrido,  pues  “de  haber  tenido  en  cuenta  la  sentencia  demandada  los  hechos reconocidos en la sentencia del a quo sobre la  liberación  voluntaria  del  ofendido  gracias  a  la  actividad  desplegada en  positivo  por  ÓSCAR  IVÁN RODRÍGUEZ PÉREZ, debió aplicar la atenuación de  la    pena    impuesta   y   diminuirla   hasta   en   la   mitad”.      

Por  su  parte, el defensor de HAROLD  FERNANDO  CARDONA  AGUDELO  en  el  único  reproche  contenido  en  el libelo, acude a la misma causal, pues estima  que  de  conformidad  con  los  hechos  aceptados  en  la decisión impugnada se  aplicó  de  forma  indebida el artículo 29 de la Ley 599 de 200 referente a la  responsabilidad  como  coautor de su defendido y se inaplicó el 30 ibídem   alusivo   a  la  figura  de  la  complicidad  “y  coetáneamente  el artículo 62 del  Código   Penal,  en  su  inciso  segundo,  valga  decir, en su aplicación  negativa,   teniendo   en   cuenta  el  desconocimiento  de  las  circunstancias  agravantes  de  índole  material  por  parte  del  cómplice  al momento en que  hiciese  su participación”.   

Tras referir que la censura es trascendente  por   los   efectos   punitivos   del  vicio  demandado,  alude  a  “los  contenidos  de las premisas de las instancias que denotan la  indebida   aplicación   del   artículo  30  del  Código  Penal”,  en  el  sentido  de  que,  según  la  sentencia de primer grado,  CARDONA  AGUDELO  fue llamado  para  recoger a un muchacho a quien esperaba en una motocicleta cercana al lugar  de  la  entrega, la víctima fue liberada gracias a la información suministrada  por   ÓSCAR  IVÁN  RODRÍGUEZ  PÉREZ  y  que,  de  acuerdo  con  lo  narrado por el procesado Óscar  Dubán  Peña Beltrán,  su esposa había alquilado la casa a dos  jóvenes    conocidos    como    Mike   y            Jorgito.    

Acto  seguido,  aborda  los  “contenidos  de  las  premisas probatorias que denotan la indebida  aplicación  del  artículo  30  del  Código Penal”,  transcribiendo  algunas apartes de las declaraciones de la víctima Valentín   Aguirre   Obregón,   de   la  subintendente  Elsy  María  Ayus  López,   de   Óscar   Dubán   Peña  Beltrán  y de la diligencia de allanamiento y registro, de cuya  confrontación   concluye   que   la  actividad  de  su  defendido  “se  circunscribe a lo que la jurisprudencia considera una acción  que  por  sí  misma  no  es constitutiva de delito, prestando una ayuda  o  colaboración  a  lo  que  se  considera  un  hecho punible ajeno”.   

Igualmente,  que  la  actividad  desplegada  por  HAROLD  FERNANDO  “no  estuvo finalísticamente  ligada   a   la   conducta   del  secuestro”  y  que  “no  iba a ser tenido en cuenta para la repartición  del  botín”,  al  limitarse su conducta a la simple  conducción de la motocicleta.   

De  esa  manera,  solicita  casar  el fallo  recurrido  con  el  objeto  de  que se condene a HAROLD  FERNANDO CARDONA AGUDELO como cómplice.   

Consideraciones de la Sala:  

Como  se  señaló  previamente, la Sala ha  tomado  la  determinación  de  asumir el estudio paralelo de estas dos censuras  por  encontrar falencias comunes que conducen hacia su inadmisión, básicamente  por  desconocer  los  presupuestos  de la causal de violación directa de la ley  sustancial invocada.     

Este  motivo  específico  de  casación es  absolutamente   incompatible   con  una  alegación  fundada  en  vicios  en  la  apreciación  de  los  medios  de prueba bien a consecuencia de errores de hecho  -por  falsos  juicios  de  existencia, identidad o raciocinio- o de derecho -por  falsos juicios de legalidad o de convicción-.   

Lo  dicho  en  precedencia porque cuando se  acude  a  esta  causal  el  debate  debe  girar  en  derredor  del yerro que sin  mediación  alguna  recae  frente  a  una normativa de derecho sustancial por su  falta     de     aplicación,    aplicación    indebida    o    interpretación  errónea.   

En  la  primera  hipótesis,  es decir, por  falta  de  aplicación o exclusión evidente, el fallador incurre en  error  acerca  de  la  existencia  del precepto sustancial, de tal forma que lo margina  para  solucionar  el  caso  a  pesar  de  ser  el llamado para tal efecto; en la  segunda  opción,  esto es, por aplicación indebida, el funcionario realiza una  equivocada  adecuación  de los hechos probados a los supuestos que contempla la  norma  sustancial  y,  en  la última alternativa, es decir, por interpretación  errónea,  atribuye  a  la  disposición  aplicable un sentido que no tiene o le  asigna efectos diversos o contrarios a su contenido.   

Por  tanto,  cualquiera sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  se  proponga, el yerro de los  juzgadores   debe  recaer  necesaria  e  inmediatamente  sobre  la  normatividad  sustancial,  circunstancia  que  traslada  el  debate a un ámbito estrictamente  jurídico  que  exige  como  punto  de  partida  la  aceptación  de la realidad  fáctica y probatoria definida en el fallo.   

De suerte, entonces, que si el desacuerdo se  predica  de  la actividad probatoria y su ulterior ponderación por parte de los  funcionarios  judiciales, la vía de ataque legalmente adecuada no es la directa  sino  que  lo será la indirecta, dado que la infracción a la ley sustancial se  lleva  a  cabo de manera mediata, de conformidad con las diversas modalidades de  error  atrás indicadas en que pueden incurrir los sentenciadores al apreciar la  prueba.   

Clarificados los derroteros sobre los cuales  resulta   viable   el   motivo  de  casación  esgrimido,  deviene  evidente  su  desconocimiento  por  parte  de los demandantes en las dos censuras que concitan  la atención.   

Así,  empiécese  por  señalar  que  el  defensor  de ÓSCAR IVÁN RODRÍGUEZ PÉREZ  manifiesta  expresamente  apartarse  de los hechos aceptados en el  fallo  de  segunda  instancia impugnado por haber inaplicado la circunstancia de  atenuación  punitiva  prevista  artículo 171 del Código Penal, modificada por  el  44  de  la  Ley  733  de  2002  para lo casos en que, dentro de los 15 días  siguientes  al  secuestro,  se dejare voluntariamente en libertad a la víctima,  sin  que  se  hubiere  obtenido  alguno de los fines previstos para el secuestro  extorsivo.   

Esa aseveración del recurrente, plasmada a  lo  largo  de  todo  el  reparo,  en  el  sentido  de renegar tanto del supuesto  fáctico   como   del   análisis   probatorio   que   condujo  al  ad-quem   a  no  reconocer  en  favor  del  mencionado   la   diminuente   punitiva   en   cuestión,   deja   entrever   el  desconocimiento  de  las  pautas  señaladas inherentes a la causal de casación  seleccionada contra el fallo, determinando su inadmisión.   

A  esa  misma conclusión se llega también  porque,  en  todo  caso,  resulta  incorrecto  el  ejercicio del casacionista de  partir,  para  invocar  esta  causal,  de  los  hechos  y  pruebas supuestamente  reconocidos  en  el fallo de primer grado, desconociendo que la decisión objeto  del  recurso extraordinario es la de segunda instancia, de manera que cuando por  vía  jurisprudencial  se  ha  precisado  que  es  presupuesto de esta causal la  aceptación  de  los hechos y pruebas de la sentencia, se refiere a ésta y no a  aquélla.   

A  lo  anterior  se  suma  el  hecho de ser  inveraz  que  en  la  sentencia  de  primer  grado  y en las demás providencias  proferidas   durante  el  proceso,  como  así  lo  sostiene  el  libelista,  se  reconocieron  los  elementos  de  la  atenuante  en  cuestión,  en  especial el  referente   al   animo   voluntario  de  ÓSCAR  IVÁN  RODRÍGUEZ  PÉREZ  para liberar al ciudadano plagiado  antes  del  término  dispuesto,  pues,  como  a  lo  largo  del  proceso  se ha  señalado,   sin   que  constituya  excepción  la  sentencia  del  a   quo,   tal   acto   se  produjo  como  consecuencia  de su captura en flagrancia y no por un gesto de mera liberalidad.   

Ahora bien, en cuanto al reproche propuesto  por   el   defensor   de   HAROLD   FERNANDO  CARDONA  AGUDELO es todavía más evidente el distanciamiento a  las   directrices   del   motivo  de  casación  invocado  porque  a  partir  de  descontextualizadas  e  insulares  citas del fallo de primera instancia pretende  demostrar  que se reconoció la complicidad con el argumento de que su actuar se  limitó   a   la   simple   conducción  del  vehículo  que  transportaría  al  coprocesado    RODRÍGUEZ   PÉREZ  hasta  el  sitio  donde debía dejar un paquete, sustrayéndose a la  argumentación  integral  plasmada en la misma decisión que no deja duda alguna  sobre  su  responsabilidad  a  título  de  coautor  de  las  conductas punibles  imputadas, al señalar, por ejemplo, que:   

“Con entera claridad se vislumbra como el  acusado   CARDONA  AGUDELO,  quiere  hacerse  pasar  ajeno  a estos hechos,  cuando  la  realidad  es  totalmente  distinta,  prueba de ello lo constituye el  informe  del  investigador  Martín  Eldjue, quien fue encargado del operativo y  con  el  apoyo  de  sus  colaboradores  presenciaron cuando el señor RODRÍGUEZ  PÉREZ  fue  el  que  recibió el paquete de la panadería, mientras que CARDONA  AGUDELO  lo estaba esperando en la esquina con la moto, de ahí que no le asiste  razón  al  acusado  frente  a sus argumentaciones exculpativas carentes de todo  respaldo”.   

Como,  a  raíz de lo expuesto, no consulta  con  la  realidad  del fallo la premisa sobre la cual se funda la argumentación  del  actor,  en  cuanto  a  que  el  sentenciador reconoció los elementos de la  figura   de  la  complicidad,  porque  contrasta  con  el  compromiso  atribuido  claramente  a  título de coautor, resulta evidente que el cargo está despojado  de  la  trascendencia  requerida  para  dar  al  traste  con  la legalidad de la  sentencia impugnada.   

4. Conclusión:  

Las  falencias  indicadas en los capítulos  precedentes  evidencian  el  incumplimiento  de  los  requisitos previstos en el  artículo  212,  numeral  3°  de  la  Ley 600 de 2000, para admitir los libelos  objeto  de  análisis y, como el principio de limitación que regenta este medio  extraordinario    de    impugnación,    consagrado    en    216    ibídem,  impide  a esta Sala subsanarlas,  se  decreta  su  inadmisión, procediendo en el acto a devolver el expediente al  despacho   de  origen,  tal  como  lo  señala  el  artículo  213  ejusdem.   Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías fundamentales que torne necesario la intervención oficiosa de la  Sala.         

         

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   las   demandas  de  casación  presentadas    por  los  defensores  de  los  procesados  ÓSCAR        IVÁN       RODRÍGUEZ       PÉREZ       y      HAROLD     FERNANDO     CARDONA  AGUDELO,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Comisión de servicio  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.,  entre  otras, sentencias del 9 de noviembre de 2006, rad. 23327 y del 2 de marzo  de 2003, rad. 16823   

2 Cfr.  entre  otras,  sentencias del 21 de julio (rad. 14226), 25 de marzo (rad. 18383)  y 23 de abril (rad. 20029) de 2004.      

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