29939(07-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 29939  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrada Ponente:   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 098.  

Bogotá,  D.C.,  abril  siete (7) de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto    por    la   defensora   conjunta   de   DAVID    ORLANDO    DURÁN    FLÓREZ   y  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS  contra  la  sentencia  dictada el 22 de octubre de 2007 por el Tribunal Superior  de  Bogotá,  confirmatoria  de  la  proferida  el 28 de febrero anterior por el  Juzgado  22  Penal del Circuito de la misma ciudad, por cuyo medio los condenó,  junto   con   Rogelio   Ardila   Ávila  y  Carlos Alberto Benjumea Max, como coautores del delito de estafa agravada.   

HECHOS  

El sentenciador de segundo grado los declaró  de la siguiente forma:   

“En  abril  de  1997,  María  del  Carmen  Caldas  Pareja,  en su condición de apoderada de la  sucursal  San  Martín del Banco Santander, puso en conocimiento de la Fiscalía  General  de la Nación, que de la cuenta No. 039-04900-2 a nombre de la sociedad  fiduciaria   ‘SANTANDER  INVESMENT    TRUST    COLOMBIA    S.A’,  el  12 de marzo de 1998, fue debitada ilícitamente la suma de $  187.191.211 pesos.   

Dicha  suma  de  dinero,  fue  consignada,  mediante  maniobras  ilícitas y transferencia bancaria sin soporte legal, en la  cuenta  corriente  número  491-01096-3  del  Banco  Santander, cuyo titular era  DAVID  ORLANDO  DURÁN  FLÓREZ,  quien dispuso de este dinero, haciendo retiros  sucesivos,  uno de los cuales fue por la suma de $ 136.697.011 pesos, cobrados a  través  de  cheque  número  140681  de 16 de marzo de 1998 a nombre de Rogelio  Ardila,  mismo  que  fue  girado  por  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS, cónyuge del  cuentacorrentista  y  quien  gozaba  de  autorización  para emitir este tipo de  títulos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con   fundamento   en   la   notitia  criminis,  la  fiscalía  dispuso  inicialmente  abrir  investigación  previa y luego instrucción formal, en cuyo  marco   vinculó,   mediante   diligencia   de   indagatoria,   a   DAVID     ORLANDO    DURÁN    FLÓREZ,  OLGA    LUCÍA    DÍAZ   TAPIAS,   Rogelio   Ardila  Ávila,   Carlos   Alberto  Benjumea  Max,  Nidya  Yasmín  Ortega  Poveda, José Efraín Chocontá Moreno y  Bernardo  Beltrán Rodríguez.   

Clausurada  la  investigación, la fiscalía  calificó  el  sumario  el  16 de abril de 2003 con resolución de acusación en  contra  de  los  cinco  primeros  como “coautores  de  los  delitos  de  estafa agravada por la cuantía, en  concurso  heterogéneo  con  falsedad en documento privado (artículos 356 y 221  del  C.P.)  de  conformidad  con  el  artículo 397 del Código de Procedimiento  Penal”.   A   los   dos  últimos,   por   su   parte,   les  precluyó  investigación  por  las  mismas  conductas.   

Impugnada  la  anterior  determinación,  la  Fiscalía  49  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Bogotá  la confirmó, mediante  providencia de junio 24 de 2004.   

La  etapa de la causa se asignó al Juzgado  22  Penal  del  Circuito,  ante  el  cual  se surtió la audiencia preparatoria.  Luego,  por solicitud elevada por el procesado Rogelio  Ardila,  dicho  despacho, con auto de 5 de septiembre  de  2005, cesó procedimiento por prescripción de la acción penal derivada del  delito  de  falsedad  en documento privado a favor de los procesados    DAVID    ORLANDO   DURÁN   FLÓREZ,  OLGA    LUCÍA    DÍAZ   TAPIAS,   Rogelio   Ardila  Ávila,   Carlos   Alberto  Benjumea  Max  y Nidya Yasmín  Ortega Poveda.   

Acto  seguido, se dispuso la realización de  la  diligencia  de audiencia pública, a cuyo término se dictó fallo de primer  grado  el  28  de  febrero  de  2007  mediante  el  cual  condenó  a    los    enjuiciados    DAVID     ORLANDO    DURÁN    FLÓREZ,  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS,  Rogelio  Ardila  Ávila  y  Carlos  Alberto  Benjumea  Max  a  las  penas  principales  de  tres (3) años de  prisión  y  multa  por  valor  de cien mil pesos ($ 100.000), así como a   la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un período igual al de la pena privativa de  la    libertad,    al   encontrarlos   coautores   responsables   del delito de estafa agravada por la cuantía.   

En  la  misma decisión los condenó al pago  solidario   de   perjuicios,  les  otorgó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  absolvió  a Nidya Yasmín  Ortega Poveda.   

Impugnado  el  fallo  por  la defensa de los  procesados       DAVID       ORLANDO       DURÁN  FLÓREZ   y  OLGA LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS, fue confirmado por el Tribunal Superior  de Bogotá el 22 de octubre de 2007.   

Contra   la  anterior  determinación,  se  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  por  la defensora conjunta de  DAVID    ORLANDO    DURÁN    FLÓREZ   y  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS,  el  cual  sustentó  mediante  demandas independientes que fueron  admitidas  con  auto  de  1°  de  julio  de 2008, motivo por el cual se dispuso  correr  traslado  al  Ministerio Público para que rindiera el concepto previsto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.  Obtenida  la opinión de la  Procuradora  Segunda  Delegada  para la Casación Penal, se procede a decidir de  fondo.   

LAS DEMANDAS  

En  la  demanda  presentada  a  nombre  del  procesado            DAVID  ORLANDO DURÁN FLÓREZ  se  postulan  dos  cargos  contra  el  fallo impugnado, ambos con sustento en la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  por  violación  indirecta de la ley sustancial. El primero, por error de  hecho   por   falso   juicio   de   identidad   y,   el   segundo,   por   falso  raciocinio.   

A  su  turno,  en  la  allegada  a nombre de  OLGA  LUCÍA  DÍAZ TAPIAS se  formula  un  único  reproche  sustentado en la misma causal, por error de hecho  por  falso juicio de identidad, cuyo fundamento, en lo esencial, es idéntico al  primero   de   la   demanda   a   nombre   de  DURÁN  FLÓREZ.   

Como   metodología   a  emplear  en  esta  decisión,  la  Sala,  en  el  siguiente  aparte  considerativo,  empezará  por  sintetizar  los  planteamientos de los cargos; acto seguido, hará lo propio con  el  concepto del Ministerio Público y, por último, expondrá su criterio. Todo  lo  enunciado  en  forma  individual  respecto  de  cada  uno  de  los reparos y  refiriéndose   simultáneamente   al   cargo   primero   del  libelo  a  nombre  de   DAVID   ORLANDO   DURÁN   FLÓREZ  y  al único de la allegada a favor de OLGA  LUCÍA    DÍAZ    TAPIAS,    dado   que,  como  ya  se  indicó,  su contenido es  sustancialmente igual.   

En  un  acápite  final,  se  expondrán los  motivos   que   conducirán   a   la   Sala   a  casar  de  manera  oficiosa  el  fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Cargo  primero de la demanda a nombre de  DAVID    ORLANDO    DURÁN   FLÓREZ   y  único  de  la allegada a favor de OLGA  LUCÍA DÍAZ TAPIAS.   

1.1. Planteamiento:    

La  demandante  comienza por señalar que se  incurrió  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho  originado  en  falso  juicio de identidad, que condujo a la indebida aplicación  de  los  artículos  356  y  372  del  Decreto Ley 100 de 1980, así como de los  artículos  232,  inciso primero (principio de necesidad de la prueba), y 238 de  la  Ley  600  de  2000,  en  la  apreciación  de la indagatoria de Carlos Alberto Benjumea Max.   

Para  la  casacionista  este  testimonio fue  cercenado  en  su  contenido  en cuanto predica la ajenidad de sus defendidos en  los  hechos,  “a partir de  su  manifestación  consistente  en aducir que el (sic)  fue  asaltado  en  su  buena fe y como resultado de lo  anterior  había  metido  en  todo  esto  a la señora OLGA LUCÍA DÍAZ TAPIAS,  declaración  que  cobra  vital importancia dentro del proceso, pues verifica el  desconocimiento  que  la  señora  DÍAZ tenía de la procedencia de los dineros  producto  de  la  transacción,  permitiendo así que se consignara en la cuenta  corriente  de  su  esposo,  señor DAVID ORLANDO DURÁN FLÓREZ, quien con mayor  razón    desconocía    su    origen”.   

Aclara  que  si  bien  el  Tribunal  ninguna  valoración  efectuó  sobre  esta  probanza,  ella  se encuentra en el fallo de  primer  grado,  en  donde únicamente la tomó para sustentar la responsabilidad  de  sus  prohijados,  pero  cercenando  apartes de su contenido en los cuales se  percibe      que      Benjumea     Max,  en compañía  de  Rogelio Ardila, utilizó a  la  señora  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPÍAS para  que  les  permitiera  el  uso  de  la  cuenta  de  su cónyuge  DAVID ORLANDO DURÁN FLÓREZ,  quienes desconocían la procedencia ilícita de la transacción.   

Específicamente,  estima,  se  cercenó  la  parte  de  la  indagatoria de Benjumea Max en   donde   manifestó   “que  fui  asaltado  en  mi  buena  fe por parte del señor Rogelio y  además  metí  en  el  paseo  a la señora OLGA LUCÍA DÍAZ TAPIAS”,  de  la cual se infiere “el  desconocimiento  del señor DURÁN  FLÓREZ  del origen de los dineros producto de la transacción, la ignorancia de  que  con  su  conducta estaba permitiendo que los señores Benjumea Max y Ardila  obtuvieran  el  provecho ilícito que estaban esperando con las maniobras que se  estaban   efectuando   desde  la  oficina  San  Martín  en  Bogotá”.   

De  esta  forma, añade, se comprueba que la  conducta  de  sus  protegidos  se  limitó  a  permitir  que, a título de favor  personal   con   el  señor  Benjumea  Max,   ex   jefe  de  la  cuñada  de  DURÁN  FLÓREZ   y   a  quien  conocía  de  tiempo  atrás,  consignara la suma de dinero producto de un supuesto contrato.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el  fallo impugnado y, consecuentemente, proferir fallo de carácter absolutorio  en favor de sus defendidos.   

1.2.     Concepto    del    Ministerio  Público:   

Señala  que el tema objeto de inconformidad  planteado  en  estas  cesuras también fue expuesto por la defensa en el recurso  de  apelación, motivo por el cual el Tribunal le dio respuesta en el sentido de  entender  que  tanto  DURÁN y  DÍAZ   como  Benjumea        y       Ardila  fueron  copartícipes  del  hecho  atribuido,  concurriendo de común acuerdo y con conocimiento y voluntad, por lo  que  “mal podría estimarse  el  dicho de Benjumea como si tuviera capacidad para exonerar de responsabilidad  a          los         primeros”.   

Acota  que  en  este caso las pruebas fueron  analizadas  y  valoradas  en  conjunto, de modo que aun cuando los juzgadores de  instancia  no  se  refirieron  en  concreto  a  la  parte  que la censora estima  excluida,  no  por  ello  puede  hablarse  de  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento  de la prueba, toda vez que la indagatoria en cuestión fue tenida  en   cuenta  y  correlacionada  con  las  demás  probanzas  para  llegar  a  la  conclusión  de  que  su  dicho  no desvirtúa la participación de DÍAZ      y      de      DURÁN.   

Además,  de  las  contradicciones entre los  procesados  sobre  las  razones  de  su  participación  en el devenir del hecho  ilícito  contenidas  en  sus injuradas, los jueces de instancia dedujeron tanto  su  existencia  como  la  responsabilidad  y  dado  que en la censura se omitió  elaborar el juicio de trascendencia, no se debe casar el fallo.   

1.3. Consideraciones de la Sala:   

          El  error  de hecho por falso juicio de identidad propuesto en estas  censuras,  sometidas  a  análisis  simultáneo,  según  pacífica e inveterada  jurisprudencia  de  la  Sala,  se  presenta  cuando  el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el  contenido objetivo de la prueba, atentando contra su expresión  fiel,  lo  cual,  en  términos  generales,  puede  ocurrir  por  adición o por  cercenamiento.      

Frente   a   cualquiera   de   esas   dos  eventualidades  se  trata  de  un  yerro de contemplación objetiva de la prueba  surgido  luego  de  confrontar  su  expresión material con lo consignado por el  sentenciador  sobre ella, para cuya concreción debe recaer sobre un elemento de  juicio  incidente,  esto  es,  que  tenga  la  entidad de variar la decisión de  manera  favorable  para  quien  lo  propone  y con repercusiones frente a la ley  sustancial,    ya   sea   por   falta   de   aplicación   o   por   aplicación  indebida.   

De  ahí que, para tenerlo por adecuadamente  demostrado,  ha  menester  individualizar  o  concretar  la prueba sobre la cual  recae  el  supuesto yerro; luego, evidenciar cómo fue apreciada por el fallador  señalando  de  qué forma esa valoración tergiversa o distorsiona su contenido  material,  esto  es,  puntualizando  la   supresión  o  agregación  de su  contexto   fiel   para   de   allí  inferir  que  en  realidad  se  alteró  su  sentido.    

Acto   seguido,   se  debe  establecer  la  trascendencia  del  yerro frente a lo declarado en el fallo, es decir, concretar  por  qué  la sentencia debe mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva  inmersa  la  obligación  de  demostrar  cómo  el  fallo  impugnado no se puede  mantener   con  fundamento  en  las  restantes  pruebas  que  lo  sustentan.  Y,  finalmente,  se debe demostrar que con el defecto de apreciación se vulnera una  ley sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

La  libelista  orienta  los reproches por la  modalidad  de  cercenamiento  del  contenido de la probanza, en cuanto encuentra  que  los  juzgadores  de  instancia  suprimieron un aparte de la indagatoria del  coprocesado  Carlos  Alberto Benjumea Max en   donde   manifestó   “que  fui  asaltado  en  mi  buena  fe  por  parte del señor Rogelio  y  además metí en el paseo a la señora OLGA LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS” (subraya  fuera  de  texto),  de  lo cual colige la inocencia de sus  representados,  quienes  se habrían limitado a facilitar la cuenta corriente de  DURÁN  FLÓREZ  sin  tener  conocimiento  acerca de la procedencia ilícita del dinero esquilmado a la firma  ‘SANTANDER   INVESMENT  TRUST        COLOMBIA        S.A’,  con  la simple intención de hacerle un  favor a una persona conocida.   

A  juicio  de  la Sala es evidente que estas  censuras  no  están  llamadas  a  prosperar,  por  dos razones fundamentales, a  saber:   

En  primer lugar, porque la prueba realmente  no  fue  tergiversada,  esto es, no sufrió cercenamiento alguno de su contenido  en los términos expuestos por la libelista.   

En  efecto,  si  bien es cierto que, como lo  destaca  la  Procuradora  Delegada, la afirmación referida de la indagatoria de  Carlos    Alberto    Benjumea    Max    no  fue  valorada en forma específica por ninguno de los juzgadores  de   instancia,   también   lo   es   que  las  exculpaciones  de  DURÁN     FLÓREZ     y    OLGA  LUCÍA  DÍAZ TAPIAS ofrecidas en sus  injuradas  en  el sentido de que simplemente facilitaron la cuenta corriente del  primero  sin  conocer  la  procedencia  ilícita  de  la suma consignada, no les  mereció  ninguna  credibilidad  a partir del análisis integral de los diversos  medios   de   prueba,  incluyendo,  desde  luego  dicho  medio  de  convicción,  concluyéndose,  contrariamente,  que  se  concertaron  en una empresa delictiva  para  cometer  el  delito.   Así lo coligió el a  quo:   

“Los elementos de  juicio  concurrentes  en  este  caso  contra los procesados DAVID ORLANDO DURÁN  FLÓREZ  y  OLGA  LUCÍA DÍAZ TAPIAS reportan certeza sobre su participación y  responsabilidad    penal    como    coautores   del   hecho   investigado.   Consecuencialmente,  en  su  contra se satisfacen los requisitos que para dictar  sentencia   condenatoria   demanda   el   artículo   232   de  la  Ley  600  de  2000”.   

En  ese  mismo  fallo  se llegó a idéntica  conclusión   cuando   se   analizó   la   situación  del  aludido   Carlos   Alberto   Benjumea   Max,  al  señalar:   

“En   estas  condiciones  es  inobjetable la participación de Carlos Alberto Benjumea en los  hechos  por  los  cuales se lo juzga en el presente caso.  Al respecto, con  los  elementos  de  juicio antes indicados se puede señalar la existencia de un  inicial  acuerdo  de  voluntades entre este acusado y Rogelio Ardila Ávila para  acudir  donde  la procesada OLGA LUCÍA DÍAZ TAPIAS y  con  ésta  celebran  un nuevo acuerdo a través del cual ella les suministra el  uso  de  la  cuenta corriente con las consecuencias ya conocidas.  Esto es,  que  habiéndose  realizado  a  ella  un  traslado  de  fondos  por  valor  de $  187.197.211,  producto  del  ilícito investigado, ésta suma fue posteriormente  retirada  y  repartida  entre  los  procesados  en  la forma en que se ha dejado  señalado  en  precedencia”  (subraya fuera de texto).   

Conclusión  reforzada  por  el  Tribunal,  cuando precisó:   

“Este tipo penal  no  se  desvirtúa  porque  se  diga  que la participación de OLGA LUCÍA DÍAZ  TAPIAS   y  DAVID  ORLANDO  DURÁN   FLÓREZ  consistió  solamente  en  prestar  la  cuenta  en  donde  fue  consignado   el   dinero,   para   luego  retirarlo,  comportamiento  que  visto  individualmente  podría considerarse como lícito, sin embargo, no lo es tanto,  cuando  hace  parte  de  unas  maniobras previas y concomitantes, advirtiéndose  así  una  división  de  trabajo criminal, como así lo consagra la ley y lo ha  entendido   desde  pretéritas  fechas  la  jurisprudencia  nacional…”.   

Se desprende de lo anterior que no es verdad  que  la  prueba  en  comento  haya  sido  tergiversada,  sino que al someterla a  valoración  conjunta  con  las demás obrantes en el proceso, se le otorgó una  aptitud  demostrativa  diversa a la pretendida por la libelista en el sentido de  colegir  que  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS y    DAVID    ORLANDO   DURÁN   FLÓREZ  no fueron engañados por los coprocesados Rogelio   Ardila   Ávila  y  Carlos  Alberto  Benjumea  Max,  sino  que  facilitaron  la  cuenta  bancaria  del  segundo  en  mención  a sabiendas de la  procedencia  ilícita  de los dineros, actuando como verdaderos coautores dentro  de   una   empresa   criminal   y   con   el   fin   de   obtener  un  beneficio  económico.     

Y,  en  segundo  lugar, porque el reparo no  tiene  ninguna  incidencia  para mutar el sentido del fallo impugnado en orden a  demostrar  la inocencia de la pareja de cónyuges condenados en instancias, toda  vez  que  omite  referirse  a  la  integridad  de  probanzas sobre las cuales se  edificó  el  juicio  de  responsabilidad  como  coautores  de  la  delincuencia  atribuida,  siendo  insuficiente  en esa dirección con emprender exclusivamente  contra   la   apreciación   de  la  referencia  contenida  en  la  injurada  de  Carlos     Alberto     Benjumea     Max.   

Ciertamente,  en  esta censura la libelista  nada  dice  sobre  el  testimonio  de  Elvinia  Galán  Pinilla,    gerente    del    Banco   Santander   en  Barrancabermeja,  en  cuya sede fue consignado el dinero irregularmente debitado  de  la  cuenta  perteneciente  a la sociedad fiduciaria  ‘SANTANDER   INVESMENT  TRUST   COLOMBIA   S.A’,  persona   ante   quien   el   procesado  DURÁN  FLÓREZ  constató la veracidad de  la  transacción.   Pero  tampoco  se  ocupó  de  importantes elementos de  juicio   de   naturaleza  indiciaria  debidamente  construidos  en  los  fallos,  principalmente   en   el   de   primer   grado,  que  reforzaron  el  juicio  de  responsabilidad, así:   

Por    haber    negado    DURÁN  FLÓREZ en la indagatoria cualquier  vínculo   con   Rogelio  Ardila  Ávila  y     haberle    manifestado    a    la    deponente    Galán  Pinilla  que  el dinero consignado  era  para  cubrir  una  obligación  que  tenía con éste, lo cual “evidencia  su interés personal de que  una  parte  del  dinero transferido ilícitamente a su cuenta corriente le fuera  efectivamente  entregado a Rogelio Ardila a través de los dos cheques girados a  nombre   de   éste  por  la  procesada  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS”.   

A  ello  se suma el hecho de haber retirado  los  dineros  consignados  dentro  de los tres días siguientes, mediante quince  transacciones  por  cajero electrónico y el giro de varios cheques cobrados por  ventanilla,  de  lo  cual  se  extrajo  no  sólo  que estos enjuiciados estaban  concertados  para  lograr  la  defraudación,  sino que obtuvieron un incremento  patrimonial indebido, dado que uno de los retiros fue a su nombre.   

Igualmente,   por   haber   autorizado  a  Rogelio Ardila a consignar la  suma  de  cincuenta  millones  de  pesos  en una cuenta personal de DURÁN   FLÓREZ    “cuando  entre  ellos  dos  no  existía  ninguna  relación laboral,  familiar  comercial  o  social que justificara tal autorización, máxime cuando  es  la  propia  acusada  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  quien  dice  en su versión que no  conocía  al  mencionado  Rogelio  Ardila  pues  solamente le fue presentado por  Carlos    Alberto    Benjumea   el   mismo   día   en   que   se   produjo   la  autorización”.   

A estos contundentes elementos demostrativos  de  la  coautoría  existente  entre  los  implicados,  añadió el Tribunal que  tampoco  resulta creíble que los partícipes hubieran arriesgado el producto de  la  ilicitud  en  una  cuenta  que  no  fuera  confiable para retirar el dinero,  “como en efecto ocurrió,  pues  el dinero consignado ilegalmente fue rápidamente retirado de esa cuenta y  así      terminó      en     manos     de     los     coprocesados”.         

Para   la  libelista  ninguna  acotación  merecieron  los  anteriores elementos de juicio sobre los cuales, en suma,   descansó  el  reproche de culpabilidad en contra de sus defendidos OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS  y   DAVID   ORLANDO  DURÁN  FLÓREZ,  cuya  desvirtuación  era  imprescindible  para  obtener  la mutación del fallo en el  sentido  pretendido. Insuficiente resultaba, por tanto, atacar exclusivamente la  apreciación  de  la  indagatoria  de  Carlos  Alberto  Benjumea Max.   

Los cargos no prosperan.  

2.  Cargo segundo de la demanda a nombre de  DAVID     ORLANDO    DURÁN    FLÓREZ.   

2.1. Planteamiento:  

Considera  la defensora que se incurrió en  violación  indirecta  de  la ley sustancial a consecuencia de un error de hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación  de la declaración de Elvinia  Galán  Pinilla, lo cual condujo a  la  aplicación  indebida de las disposiciones que tipifican el delito de estafa  agravada por el cual fue condenado su prohijado.   

Aduce la censora que al valorar esta prueba  el  sentenciador  desconoció  máximas  de  la  experiencia, incidentes para la  configuración  del  ingrediente  normativo  del  delito  de estafa de inducir o  mantener a otro en error a través de artificios o engaños.   

De  una parte, porque quien participa en la  conducta  delictiva no facilita su cuenta bancaria personal para el depósito de  los dineros objeto de la ilicitud.   

Y,  de  otra, dado que quien concurre en la  conducta  punible  no  suministra  información veraz acerca de las personas que  participaron   en   la  delincuencia,  como  ocurrió  con  su  defendido,  pues  “fue    diáfano   en  manifestar  el  nombre y la ubicación de las personas que le habían solicitado  el  favor  a  su  esposa de suministrar el número de su cuenta, la ubicación y  entrega  de las sumas transferidas y la manifestación de provenir según Ardila  de  la  compra  de  una maquinaria para él, no para mi representado”.   

El   análisis   de   esa   declaración,  conjuntamente  con las demás probanzas, añade la libelista, y específicamente  con  lo  expuesto  por  la  denunciante  Marcela Caldas  Pareja,  llevaba  a  conclusión  distinta frente a su  responsabilidad,   al  confirmar  que  desde  el  primer momento en que los  esposos  DURÁN  DÍAZ fueron  requeridos  por  los funcionarios del banco por la transacción efectuada, ellos  “sin  lugar  a equívocos  señalaron  al  señor  Rogelio  Ardila como la persona a la que iba dirigido el  producto   de   esa   transacción   y   donde  podía  ser  ubicado”.   

Situación  muy  distinta  habría  sido,  continúa,    si    DURÁN    FLÓREZ   hubiera  evitado,  ocultado  o  desviado  la información acerca del  origen  y  destino  del  dinero,  por  lo que nunca indujo o mantuvo en error al  banco,  reafirmando  con ello, además, que desconocía su procedencia ilícita.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el  fallo  recurrido  y, en su lugar, absolver a DURÁN  FLÓREZ     del     cargo     proferido    en    su  contra.      

2.2.    Concepto    del    Ministerio  Público:   

Para la Procuradora Delegada, la censora se  queda  en  el  mero  enunciado  del  cargo, puesto que no señala la regla de la  experiencia,  la  lógica  o  de  la  ciencia  que  resultó desconocida por las  instancias,  advirtiéndose  simplemente  una simple discrepancia valorativa con  las pruebas allegadas.   

Subraya,  a  continuación,  que en momento  alguno       DURÁN      FLÓREZ      admitió  que  los  caudales  fuera  lícitos. Al contrario, siempre  pretendió  deslindarse  de los demás partícipes y atribuirles la propiedad de  los  dineros  que ingresaron a su cuenta; sin embargo, otra cosa manifestó a la  gerente local del banco sobre la transacción.   

Además,  al resultar probado que parte del  capital  fue  descontado  para  el cuentacorrentista y su esposa, así como para  los  demás  condenados,  mediante  operaciones  rápidas,  resulta  evidente su  participación.   

Concluye  que  al  omitir  la  casacionista  realizar  el  juicio  de  trascendencia sobre el presunto yerro denunciado, toda  vez   que   la  condena  se  basa  en  múltiples  pruebas,  la  censura  no  es  procedente.   

2.3.     Consideraciones   de   la  Sala:   

En este reparo, postulado exclusivamente en  relación  con DAVID ORLANDO DURÁN FLÓREZ,  la  casacionista  estima  que  en  la  valoración  probatoria se  incurrió  en un error de hecho por falso raciocinio, razón por la cual, previo  a  darle  respuesta, se evocará su naturaleza y los presupuestos atinentes a su  demostración.   

Conforme a criterio recurrente de la Corte,  esta  modalidad  de  error  se  configura  cuando  en dicha labor apreciativa el  funcionario  judicial  desatiende  las  reglas  de  la  sana  crítica  esto es,  principios     lógicos,     máximas    de    la    experiencia,    o    reglas  científicas.   

Para  demostrarlo  en  forma  adecuada,  el  demandante  está  compelido  a  identificar  la  prueba  sobre la cual recae el  yerro;  luego,  a  establecer el mérito que se le otorgó en la sentencia, a la  vez  que  debe  señalar  cuál  es  el  postulado de la sana crítica que en su  criterio  fue  vulnerado, vinculando esa apreciación con la regla aludida en el  sentido de demostrar en dónde radica el desvío.   

Finalmente,  está  en  la  obligación  de  precisar  la  trascendencia  del  error  frente  a la ley sustancial, lo cual le  impone  exponer  los  argumentos  que  lo  conducen  a  estimar que la sentencia  impugnada  se  debe  modificar  en  favor  del  interés  que  representa,  como  consecuencia                 necesaria                 del                 error  alegado.           

         

Pues bien, a diferencia de lo que expone la  Procuradora  Delegada,  la  demandante  sí se ocupa de referir las reglas de la  sana  crítica  que  a  su  juicio  determinaron  la apreciación incorrecta del  testimonio   de   Elvinia  Galán  Pinilla,  con  la  entidad  o  incidencia,  según  dice,  de desvirtuar el  ingrediente  normativo  del  delito de estafa imputado en contra de su defendido  consistente  en  inducir  o  mantener  a otro en error a través de artificios o  engaños.   

Empero,  el  problema frente a su propuesta  radica  en  que,  por  una parte, las hipótesis presentadas como máximas de la  experiencia  o  simplemente  no  tienen  tal carácter o no se desconocen y, por  otra,  que  el  ataque,  por la forma como se aborda, conceptualmente no reviste  trascendencia.   

Las  máximas  de la experiencia traídas a  colación  por  la  libelista  se  condensan  en  que (i) quien participa en una  conducta  delictiva no facilita su cuenta bancaria personal para el depósito de  los  dineros  objeto  de  la  ilicitud  y (ii) que quien concurre en la conducta  punible   no   suministra   información   veraz  acerca  de  las  personas  que  participaron en la delincuencia.   

Por  máximas  de  la  experiencia  se  han  entendido  aquellos  juicios  aceptados  en  forma general y con pretensiones de  universalidad  por  una  colectividad,  mas no aquellas aprehensiones personales  fundadas  en  el  conocimiento  de  casos  análogos  que aunque puedan resultar  lógicas, sólo constituyen situaciones hipotéticas e inciertas.   

De  esa  forma,  aun  cuando  no  se  puede  desconocer  que  los  perpetradores  de defraudaciones como la aquí investigada  por  regla  general  optan por no utilizar sus cuentas bancarias personales para  consignar   los   dineros  producto  de  la  defraudación  y  así  evitar  ser  descubiertos,  por  lo  cual  podría  considerarse  tal comportamiento como una  máxima  de  la experiencia, igualmente que los sujetos agentes de esta ilicitud  en particular actuaron conforme a esa regla.   

Ello,  porque no debe perderse de vista que  la  responsabilidad penal en este asunto se ha atribuido a título de coautoría  impropia  dado  que los intervinientes acordaron la distribución de tareas para  lograr  el  cometido  criminal.  Así,  mientras algunos realizaban la maniobras  necesarias  tendientes  a  debitar  de  la  cuenta  bancaria  de la sociedad     fiduciaria    ‘SANTANDER  INVESMENT  TRUST  COLOMBIA  S.A’,   la   suma   de   $   187.191.211,  sin  la  autorización  correspondiente,  otros facilitaron la cuenta bancaria destino de  ese  dinero  que  permitiera  realizar la transacción electrónica, de donde se  retirarían  los dineros rápidamente para evitar su detección, por tal razón,  como  lo señaló el a quo, se  seleccionó una cuenta de otra ciudad.   

En   este   caso   está  demostrado  que  DAVID    ORLANDO    DURÁN    FLÓREZ   y  OLGA  LUCÍA  DÍAZ TAPIAS prestaron  la  cuenta  bancaria del primero, para cuyo manejo estaba  autorizada  la  segunda, constituyéndose precisamente esta labor en su aporte a  la  empresa delictiva, así como el retiro rápido de los dineros para evitar un  eventual  rastreo y con el fin de garantizar la obtención del provecho ilícito  para todos los individuos unidos en ese designio común.   

Nótese   así,   por   tanto,   que  los  realizadores  de  la  operación fraudulenta en el banco, basados en la regla de  experiencia  referida  por  la  libelista,  no  consignaron la cuantiosa suma de  dinero  en  sus  cuentas personales sino que buscaron una ajena que les brindara  la   posibilidad   de  materializar  la  transacción,  que  fuera  de  difícil  detección y que les asegurara el cobro de los dineros.   

De  ahí entonces, que la invocación de la  máxima  de  la  experiencia  frente  a  DAVID ORLANDO  DURÁN  FLÓREZ  resulta improcedente por desconocer el  rol  funcional  que  éste  cumplió  dentro de la empresa criminal.     

La  segunda  máxima  de la experiencia que  según  la  censora  fue  desconocida  por  los  juzgadores  radica en que quien  concurre  a  la  conducta punible no suministra información veraz acerca de las  personas  que  participaron  en  la  delincuencia  como  tampoco  su ubicación,  situación  que  no  se  verificó  en  DURÁN FLÓREZ  quien  al  ser  requerido  por  la  entidad financiera  brindó tal información.   

Lo  primero que se debe advertir en torno a  esta  hipótesis  es  que  no  guarda  relación,  ni  tampoco  la  libelista lo  evidencia,  con  la  declaración  de  Elvinia  Galán  Pinilla,  referida  como la prueba sobre la cual recae  el falso raciocinio.   

Realmente  en  la censura no se vincula ese  juicio  con  alguna  probanza  en  particular,  sino  que  se  formula  como  un  cuestionamiento  abierto  a una conclusión general de los juzgadores al valorar  integralmente  las  probanzas,  desconociendo  las  reseñadas  pautas del falso  raciocinio  que  imponen,  como  punto  de  partida,  identificar  el  medio  de  persuasión sobre el cual recae.   

     

Al  margen  de  tal  defecto, la hipótesis  planteada   dista   de   constituir   un   falso   raciocinio   acorde  con  las  características   señaladas  de  las  máximas  de  la  experiencia,  pues  el  comportamiento  de  delatar  a otros sujetos presuntamente responsables no puede  interpretarse,  tal  como lo entiende la censora, como una reacción inequívoca  de quien no está comprometido en el delito.   

Lejos  está  dicho  comportamiento  de ser  generalizado  y  por  tanto de ser considerado máxima de la experiencia, cuando  no  son  pocas  las  ocasiones  en que los partícipes de una ilicitud delatan a  otros  con  el objeto de desviar la atención frente a su propia responsabilidad  o  con  el  de  obtener beneficios, por lo que este comportamiento no ostenta la  relevancia   que   pretende   otorgarle   la   casacionista   para  exonerar  de  responsabilidad a su defendido.   

Aunado  a  ese  aspecto,  el cargo desde el  punto  de  vista conceptual carece de trascendencia, pues si, como lo señala la  libelista,  tiene  por  fin  desvirtuar  específicamente  la configuración del  ingrediente  normativo  del  delito  de  estafa  de inducir o mantener a otro en  error  por  medio  de  artificios  o  engaños,  desconoce  los  términos de la  imputación   y   de  la  forma  de  responsabilidad  endilgada  a  DAVID  ORLANDO  DURÁN FLÓREZ como coautor  de  la conducta, cuyo aporte, se ha precisado, consistió en haber facilitado su  cuenta  bancaria personal para la realización de la trasferencia y a través de  ella permitir la recuperación de los dineros.   

Es decir que la labor cumplida en la empresa  criminal  por  parte del procesado DAVID ORLANDO DURÁN  FLÓREZ,   así  como  de  su  cónyuge  OLGA   LUCÍA   DÍAZ  TAPIAS,  no  estuvo  orientada  específicamente  a desplegar los artificios o engaños para mantener  en  error  al  banco  en  donde se encontraban consignados los dineros, pues esa  función  la  desarrollaron  otros copartícipes vinculados al objetivo criminal  común,  sino  básicamente  al de asegurar la obtención del provecho ilícito,  en los términos del acuerdo previo celebrado para su consumación.   

Así   las  cosas,  deviene  evidente  la  improsperidad del presente reproche.   

Casación oficiosa:  

De  acuerdo  con  la potestad otorgada a la  Sala  para  casar  oficiosamente el fallo en tratándose de la causal tercera de  casación  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000 o cuando sea ostensible que  atenta   contra   garantías   fundamentales,   prevista  en  el  artículo  216  ibídem, se procederá en tal sentido.   

A  tal facultad se acude porque, sometido a  revisión  el  expediente,  se encuentra que en la sentencia de primer grado, al  momento  de determinar las consecuencias punitivas derivadas de haber encontrado  responsables  del  delito  de  estafa agravada reprimido en los artículos 356 y  372  del  Decreto  Ley  100  de  1980,  aplicado  por favorabilidad, tanto a los  procesados  recurrentes  en  casación  DAVID  ORLANDO  DURÁN  FLÓREZ  y OLGA LUCÍA  DÍAZ  TAPIAS,  como  a los no recurrentes  Rogelio  Ardila  Ávila  y  Carlos  Alberto  Benjumea Max, se incurrió  en   varias   incorrecciones,   inadvertidas  por  el  Tribunal,  que  afectaron  principios   y   garantías   tales   como   los  de  congruencia,  non  bis in ídem y legalidad de las penas,  que    imponen    casar    parcialmente    el   fallo   para   proceder   a   su  corrección.   

En  primer  lugar,  advierte  la  Sala,  se  dedujeron  las circunstancias genéricas de atenuación punitiva contempladas en  los    numerales    3    y    7    del    artículo    66    del    ibídem,  como  así  se les denominaba en  esa  legislación,  que  no fueron imputadas jurídicamente en la resolución de  acusación,  con  lo  cual  se transgredió el principio de congruencia que debe  existir entre acusación y  fallo.   

Previo  a  hacer referencia concreta a esta  situación,  la  Corte  estima oportuno precisar que en tratándose de la causal  de  casación  prevista en el numeral segundo del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  por incongruencia entre la sentencia y la acusación, se ha reiterado que  ella  tiene  lugar cuando se afecta la estructura lógica del proceso, en cuanto  el   fallo   introduce   nuevas   conductas   punibles,   agrega  circunstancias  específicas   o  genéricas  de  agravación,  desconoce  las  específicas  de  atenuación  tenidas  en  cuenta  al momento de calificar o hace más gravosa la  forma  de  intervención en el delito, en cuyo caso se impone un nuevo fallo que  se sujete al marco fáctico y jurídico de la acusación.   

          Sobre  esta  base, se observa que al desbordar la sentencia el marco  de  la  resolución de acusación de fecha 16 de abril de 2003, confirmada el 24  de  junio  de  2004  por  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal, es necesario  redosificar  la  pena  para  prescindir  de dichas circunstancias, acorde con la  incidencia  que  tuvieron  en  el  proceso  de  individualización  de  la pena.   

          Para  ello  es  menester  recordar que el a  quo  justificó su inclusión por cuanto las encontró  “derivadas   de   las  circunstancias  de modo y lugar en que cometieron la conducta punible los hechos  (sic),    las    cuales  indiscutiblemente  dificultaron  al  banco  ejercer  la defensa de su patrimonio  económico  afectado  pues,  de una parte, el traslado de los fondos materia del  ilícito  se  efectuó  de una ciudad a otra y, de otro lado, fueron extraviados  los  originales de las notas contables utilizadas para dicho traslado de fondos.  Finalmente  la  última  causal  de  agravación  es  evidente por el número de  personas  que  como  coautores  actuaron  en la comisión del delito”.   

          Empero,  lo cierto es que las circunstancias en cuestión, según ya  se  dijo,  no  fueron  deducidas  jurídicamente en el pliego acusatorio, lo que  obliga,  como se ha anunciado, a la enmienda del fallo, amén de que, una vez se  acotó  por  el  juzgador de primer grado que a favor de los procesados también  concurrían   circunstancias   de   atenuación   genérica   del  artículo  64  ejusdem,  por  ausencia  de  antecedentes  y  su  buena conducta anterior, tuvieron incidencia efectiva en la  dosificación  de la pena impuesta en contra de todos los procesados, concretada  en los siguientes términos:   

          “Siendo dos las circunstancias de mayor  punibilidad    que   en   este   (sic)   concurren  contra  los  procesados  Rogelio  Ardila  Ávila,  Carlos  Alberto  Benjumea  Max,  DAVID  ORLANDO  DURÁN  FLÓREZ  y  OLGA  LUCÍA  DÍAZ  TAPÍAS,  se  parte  de una  pena   de   dos   años   de  prisión”  (subraya  fuera  de  texto).     

          Es  decir  que  la repercusión concreta de dichas circunstancias en  el  procedimiento de dosificación punitiva realizado por el juzgador de primera  instancia,  elaborado con sujeción a las pautas previstas en el Decreto Ley 100  de  1980,  estribó en que no se partió de la pena mínima dispuesta en el tipo  penal  de  estafa  agravada  por  la  cuantía  (arts.  356  y  372 ibídem) de dieciséis (16) meses, sino de  dos (2) años.   

          Una  segunda  falencia  en el proceso de dosificación se evidenció  por  razón  de  que  tan pronto se estableció el anterior punto de partida, la  sanción    se    incrementó    en    un    (1)    año    más    “conforme   a   lo   dispuesto  en  el  artículo   372,   numeral   1°   de   la   codificación  en  cita”,  sin  reparar que esta circunstancia  de  agravación  genérica  para  los delitos contra el patrimonio económico ya  había  sido  considerada cuando, de forma atinada, se estableció el ámbito de  movilidad  de  la  pena,  por  tratarse  de una circunstancia modificadora de la  punibilidad, así:   

          “…se  tiene  que  el delito de estafa  conforme   a   lo  dispuesto  por  el  artículo  356,  inciso  primero,  de  la  Codificación  en  cita  es  sancionado con prisión de  uno a diez años y  multa  de  un  mil  a cien mil pesos, aumentada de una  tercera  parte  a  la mitad según lo dispuesto por el numeral 1° del artículo  372  ibídem, quedando convertida así en la de prisión que va de 16 meses a 15  años  y  la de multa que oscila entre un mil trescientos treinta y tres pesos y  setecientos   cincuenta   mil   pesos” (subraya fuera de texto).   

          Con   ese  proceder  es  claro  que  se  vulneró  el  principio  de  non  bis  in ídem, en cuanto  esa  circunstancia  agravante  tuvo  doble  repercusión  en el procedimiento de  individualización  de  la  pena  de  los  enjuiciados:   por una parte, al  servir  para establecer el ámbito de dosificación, a lo cual debió limitarse,  y  luego,  para  indebidamente  aumentarla  en  un  (1) año más, del cual debe  prescindirse para corregir la falencia.   

          En  suma,  una  adecuada  dosificación  atendiendo  al principio de  legalidad  de  las  penas reclama, en primer lugar, la supresión en el cómputo  de  las circunstancias genéricas de agravación, consideradas por el juzgador a  pesar  de  no  haber sido imputadas en la acusación, para partir, acorde con lo  expuesto  por  el a quo, de la  pena  mínima  establecida  para  la conducta, esto es, dieciséis (16) meses de  prisión  y,  en segundo orden, a marginar de la pena el año adicional impuesto  por  razón  de  la  agravante del artículo 372 (cuantía) del anterior Código  Penal.   

          En  definitiva,  entonces,  la  pena  a  imponer  a  los  procesados  recurrentes  en  casación DAVID ORLANDO DURÁN FLÓREZ  y  OLGA  LUCÍA DÍAZ TAPIAS  y   a  los  no  recurrentes  Rogelio     Ardila     Ávila     y    Carlos   Alberto   Benjumea   Max  por  su  responsabilidad  declarada  como  coautores  responsables  del  delito de estafa  agravada    es    de   dieciséis   (16)   meses   de  prisión.  En el mismo lapso se impondrá la pena  accesoria   de   inhabilitación   en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

          Los  yerros anteriores se reflejaron también en el señalamiento de  la  sanción  pecuniaria al establecerla en cien mil pesos ($100.000) y no en el  mínimo  previsto  para  la conducta de estafa agravada, según los lineamientos  de  los  referidos  artículos  356  y 372 del Código Penal de 1980, por lo que  la sanción que deberán pagar los procesados por este  concepto  es de un mil trescientos treinta y tres pesos ($ 1.333,oo).    

La  determinación aquí adoptada no afecta  lo  resuelto  por  las  instancias en relación con la condena en perjuicios, ni  con  respecto  a  lo decidido en torno a la concesión para todos los procesados  del  subrogado  penal  de  la condena de ejecución condicional, ni frente a los  demás aspectos allí precisados.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.            NO  CASAR  el  fallo  impugnado  por  razón  de los cargos propuestos en la demanda presentada  por  la  defensora  de  los  procesados  DAVID ORLANDO  DURÁN  FLÓREZ  y OLGA LUCÍA  DÍAZ TAPIAS.   

2. CASAR OFICIOSA y  parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado  en  el  sentido de variar las penas  principales  a  imponer  a  los procesados recurrentes en casación DAVID    ORLANDO    DURÁN    FLÓREZ   y  OLGA  LUCÍA DÍAZ TAPIAS y a  los  no  recurrentes Rogelio Ardila Ávila y  Carlos Alberto Benjumea Max a  dieciséis  (16)  meses  de  prisión y multa por valor de un mil  trescientos  treinta  y  tres  pesos ($ 1.333,oo).  En el mismo lapso de la  pena   privativa   de   la   libertad,   se   impondrá  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, dejando en  claro  que  esta  determinación  no  afecta  lo  resuelto por las instancias en  relación  con  la condena en perjuicios, ni con respecto a lo decidido en torno  al      subrogado      penal      de      la      condena      de     ejecución  condicional.          

         3.        En lo demás, el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

         JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                           

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                

                                        

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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