33567(19-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33567  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 162.   

Bogotá,  D.C., diecinueve de mayo de dos mil  diez.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de  constatar  si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  DARWIN JOHANN CAÑIZALEZ JIMÉNEZ, contra la  sentencia  de  segundo  grado proferida el 15 de octubre de 2009 por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, que confirmó la dictada el 10 de  agosto  del  mismo año por el Juzgado Sexto Penal del Circuito con funciones de  conocimiento  de  esta  ciudad,  imponiéndole al procesado la pena principal de  108  meses  de  prisión  y  la  accesoria de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un término igual al de la restrictiva de la  libertad,  como  autor  responsable de la conducta punible de actos sexuales con  menor  de  14  años.  Al  sentenciado  se le impuso la obligación de pagar los  perjuicios  morales  en  cuantía  de  20  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes.   Finalmente,   se   le  negaron  los  sustitutos  de  la  suspensión  condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

H E C H O S  

Los   acontecimientos  que  originaron  la  investigación  penal fueron relatados por el Tribunal Superior de Bogotá en el  fallo de segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“Alrededor de las  18:30  horas  del  30  de  septiembre  de  2008,  cuando  la  menor [D.M.B.S.]1,  de  7  años  de  edad,  se  dirigía  hacia  su residencia, luego que, DARWIN JOHANN CAÑIZALEZ JIMÉNEZ, la  abordara  y  condujera, por medio de engaños y promesas respecto a unos útiles  escolares,  hacia  un  paraje  despoblado ubicado en la transversal 18 D bis con  calle  67  B  Sur, en instantes en que nadie hacía presencia, éste procedió a  ejercer  tocamientos  corporales  en  sus partes íntimas, ante lo cual la niña  ejerció  oposición  llorando  y gritando, encontrando auxilio en una pareja de  transeúntes  que  pasaban por el sector, quienes al advertir lo sucedido y ante  los  señalamientos de la menor de su agresor, procedieron a increparlo mientras  que este emprendía la huída.   

Por  lo  anterior,  Sandra  Patricia Barrera  Riaño  y  Joselín  Cifuentes Sánchez, abordaron un vehículo automotor con la  menor,  en  persecución  del agresor, encontrándose por el camino una patrulla  de  la  policía,  quienes  ante  los señalamientos de la menor y de la pareja,  procedieron   a   capturar  a  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Previa  solicitud presentada por un delegado  de  la Fiscalía General de la Nación, se celebró la audiencia preliminar el 1  de  octubre  de  2008  ante  el  Juez Undécimo Penal Municipal con funciones de  control  de garantías de Bogotá, en curso de la cual fue legalizada la captura  de  DARWIN  JOHANN CAÑIZALEZ JIMÉNEZ; se le formuló imputación por el delito  de  actos  sexuales  con  menor de 14 años agravado, definido en los artículos  209  y  211,  numeral  4°,  del  Código  Penal;  y,  se  le  impuso  medida de  aseguramiento   de  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario.  El  imputado no aceptó los cargos.   

El  30  de  octubre de 2008 la Fiscalía 267  Seccional  de  Bogotá,  presentó  el  escrito  de  acusación  por la conducta  punible objeto de imputación.   

La audiencia de formulación de acusación se  celebró  el  15  de diciembre de 2008, ante el Juzgado Sexto Penal del Circuito  con  funciones  de conocimiento de Bogotá, oportunidad en la que se presentaron  oralmente  los  cargos  contenidos  en el escrito de acusación, es decir, actos  sexuales  con  menor  de  14  años  agravado,  de acuerdo con las descripciones  consagradas  en  los artículos 209 y 211-4° del Código Penal, en concordancia  con las Leyes 890 de 2004, 1082 de 2006 y 1236 de 2008.   

El  2  de  marzo  de  2009,  tuvo  lugar  la  audiencia  preparatoria, en la que fue decretada la práctica de las pruebas que  se  pretendían hacer valer en el juicio oral, mismo que se realizó durante los  días  25  y 31 de los mismos mes y año, anunciándose en esta última fecha el  sentido  del  fallo,  declarando  a  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ  autor  responsable   del   atentado   contra   la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales.   

Igualmente,  tras  varios intentos, el 10 de  agosto  del  presente  año,  pudo  realizarse  la  audiencia  de  incidente  de  reparación,  en  la  que se fijó el valor de los daños morales en 20 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes y se leyó la sentencia, de cuya naturaleza  y    contenido    se   hizo   mérito   en   el   acápite   inicial   de   esta  providencia.   

La sentencia fue recurrida en apelación por  el  defensor  y  por  CAÑIZALEZ JIMÉNEZ. Durante la audiencia de sustentación  sólo  el  abogado  presentó los motivos de desacuerdo, pidiendo la absolución  de  su asistido por considerar que la decisión se fundamentó únicamente en el  testimonio  de  la  menor agredida, sin que se tuviese en cuenta la declaración  de  Henry  Fermín  Bohórquez,  quien  aseguró  haber estado en compañía del  acusado precisamente a la hora de los hechos.   

El Tribunal Superior de Bogotá confirmó el  fallo  de  primera  instancia  el 15 de octubre de 2009, siendo esa la decisión  que es objeto de este recurso extraordinario.   

LA  DEMANDA  

La  demandante  anuncia  que “…formularé   dos   cargos  contra  la  sentencia  del  Honorable  Tribunal  superior de esta capital, al amparo del cuerpo de las causales primera  y  tercera  de casación”, y, en efecto, dentro de un  mismo  cargo  postula  la  defensora  de  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ JIMÉNEZ la  violación      directa      de      la      ley     sustancial     –y    aunque    no    lo    menciona  expresamente–    la  violación  indirecta  de  la  misma,  argumentando  que el Ad quem incurrió en  “…falta  de  aplicación  de  normas sustanciales  FALSO  JUICIO  SOBRE  LA EXISTENCIA DE LA NORMA), VICIO DE JUICIO que, a su vez,  dio  lugar a la aplicación indebida de varias normas sustanciales (falso juicio  de selección).”   

Inicia la censura la casacionista, asegurando  que  en  este  caso  se  violó  directamente  la  ley  sustancial  por  haberse  desconocido  la  presunción  de inocencia como consecuencia de la transgresión  del   principio   de  in  dubio  pro  reo.   

“Además,  al  formular   este   cargo,   cuestionaré   la   valoración  fáctico–probatoria  realizada  por el Tribunal  en   su   sentencia,   así   como   la  realizada  por  el  juez  A–quo.”   

En   consideración   a   que   para   el  reconocimiento   del   principio   de  in  dubio  pro  reo    –añade– puede  acudirse  a  la infracción directa de la ley (falta de aplicación o exclusión  evidente,   aplicación   indebida   o  interpretación  errónea),  que  supone  demostrar  que  los  jueces  de  instancia  aceptaron  la  duda probatoria en la  sentencia  impugnada  y, no obstante, omitieron su declaración; o proponerse la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  lo  cual  implica probar que el  fallador  incurrió  en  ese vicio como consecuencia de la errónea apreciación  probatoria,  bien  por errores de hecho (falso juicio de existencia, identidad o  falso  raciocinio)  o  de  derecho  en  la  apreciación de los medios de prueba  (falso juicio de legalidad o de convicción).   

Admite la actora que si la vía seleccionada  es  la  primera,  el  demandante no puede cuestionar los supuestos de hecho y la  apreciación de los medios de prueba.   

Trae a colación varios pronunciamientos, sin  referencia,  asegurando  que  fueron proferidos por la Sala de Casación Penal y  por  la  Corte  Constitucional,  en  los  que  se  hace referencia a la estricta  vinculación   que   hay   entre   el  in  dubio  pro  reo  y  la  presunción de inocencia, al tiempo que se  refieren al significado y alcance de esos conceptos.   

De  inmediato enfila sus críticas hacia las  evidencias   que   sirvieron   de   fundamento   para   proferir   el  fallo  de  condena:   

“3.1.- Al señor  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ,  se le condenó, en las instancias, por el  delito  de  ACTOS  SEXUALES  ABUSIVOS  CON  MENOR  DE  14  AÑOS, definido en el  artículo    209    del    C.P.P.   (sic).   

3.2.-  Los  hechos  que  dieron  lugar  a la  condenación   del   señor  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ,  se  hicieron  consistir  en  el  señalamiento  que se aduce hizo la menor víctima (…) de 7  años  de  dad  (sic)  y los  testigos  mayores  de  edad  SANDRA PATRICIA BARRERA RIAÑO y JOSELÍN CIFUENTES  SÁNCHEZ.   

Las  sentencias  de  instancia,  afirman que  éstos  tanto  la  menor víctima como los testigos referidos afirman que SI fue  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ el agresor, el autor de la conducta, cuando  lo  cierto  es  que  en  la  Audiencia Preparatoria la menor afirmo (sic)  después  de varias contradicciones  como  el  vestuario  de  su  agresor,  no recordar el rostro de su agresor y los  testigos  afirman  NUNCA  haberle  visto  el  rostro,  aunado  al  hecho  de  la  valoración   de  la  prueba  testimonial  respecto  del  señor  HENRY  FERMÍN  BOHÓRQUEZ.   

Sin  embargo,  como  se  anoto  (sic)   en   líneas   precedentes  llama  poderosamente  la  atención,  la  manera  como  estas  fueron valoradas por los  Jueces de Instancia.   

(…)  

Como  ya  se  expuso,  no hay certeza que mi  protegido   haya   sido   el   auto  (sic)   de   la   conducta   por   la   cual  se  le  acuso  (sic)     y     condeno    (sic).   

En  efecto,  ambos  falladores  de instancia  concluyeron  que  la declaración de la menor apuntaba a tener como agresor a mi  defendido,  así  como  los  testimonios  de SANDRA PATRICIA BARRER (sic) RIAÑO y JOSELÍN CIFUENTES SÁNCHEZ  desechando    el    rendido    por    HENRY    FERMÍN   BOHÓRQUEZ.”   

   

De esas circunstancias, estima la demandante  que puede concluirse:   

“Primera: en este  asunto  “no  está  demostrado  fehacientemente  que CBÑIZALEZ (sic) JIMÉNEZ  fuera  el  autor  de la conducta, puesto que no podía invertirse la carga de la  prueba,  y  TENIENDO  EN CUENTA LA HORA EN QUE ABANDONÓ SU SITIO DE TRABAJO, LA  HORA     EN     QUE     FU    (sic)    RETENIDO,  EL  TIEMPO QUE PERMANECIÓ EN COMPAÑÍA DE SU COMPAÑERO  DE  TRABAJO,  así  como  el  que  se  hubiese  podido  agotar para entablar una  conversación  con la menor víctima para llevarla a un paraje despoblado, NO ES  POSIBLE,   ni   explicable   como  (sic)  pueda   imputársele   un   hecho   que   REPITO  no  fue  quien  lo  ejecuto (sic).   

Segunda: El señor CAÑIZALEZ JIMÉNEZ   NUNCA   ha   aceptado   haber   sido   el  auto  (sic)  de tal conducta, por cuando NO FUE EL quien la realizo  (sic),  es sorprendente como  no  se  detuvieron  los  jueces  de  conocimiento  a  efectuar  el análisis del  recorrido,  de  éste desde su sitio de trabajo hasta el lugar de su retención,  así  como  el  tiempo  de  duración  de  recorrido, desechando tajantemente el  testimonio     de     HENRY     FERMÍN     BOHÓRQUEZ     calificándolo     de  sospechoso.   

Tercera: Al señor CAÑIZALEZ JIMÉNEZ   no  le  incumbía  la  carga  probatoria, no estaba obligado a presentar al Juez  prueba      alguna      demostrativa      de      su      inocencia.”   

Aduce  la  casacionista  que  no  trata  de  anteponer  su  criterio  al de los Jueces de instancia, pues considera que sólo  existe  certeza de que la infante fue víctima de actos sexuales con menor de 14  años,  sin  que  pueda  asegurarse  que  el  autor  es DARWIN JOHANN CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ.   

Entonces         –continúa–,  al  no  existir  certeza  sobre  la  autoría  de  la  conducta  punible y, en consecuencia, sobre la responsabilidad  del  procesado,  debió  dársele  aplicación  al  principio  del  in  dubio  pro reo y absolver a CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ, en lugar de confirmar la sentencia de primer grado.   

Considera  que  de  esa  forma  cumple  la  obligación  de  describir “…el falso juicio sobre  la  existencia  de  las normas reguladoras de la presunción de inocencia en que  incurrió  el  Tribunal,  se violó directamente la ley sustancial, se confirmó  la  condenación  del  señor DARWIN JOHANN CAÑIZALEZ JIMÉNEZ por el delito de  ACTOS  SEXUALES  ABUSIVOS  CON  MENOR DE 14 AÑOS cuando debió ser absuelto por  aplicación      del     principio     in     dubio     pro     reo.”   

Finalmente,   solicita   de   la   Corte  “…ABSOLVER  al  señor  DARWIN  JOHANN CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ  de todos los cargos que le fueron formulados a través de este proceso  por  el  delito  de  ACTOS  SEXUALES ABUSIVOS CON MENOR DE 14 AÑOS.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Antes  de examinar el cargo planteado por el  casacionista  contra  la sentencia objeto de impugnación, es necesario destacar  cómo  con  el  advenimiento  de  la  Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la  naturaleza  de  la  casación  en cuanto medio de control constitucional y legal  habilitado  de  manera  general contra todas las sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales, cuando quiera que se adviertan violaciones que  afecten  las garantías de las partes, en seguimiento del precepto consagrado en  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal:   

“Finalidad.   El   recurso  pretende  la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia”   

Precisamente,  para  facultar  el  efectivo  cumplimiento  de  tan  caros  propósitos, el artículo 184, inciso 3, de la Ley  906  de  2004,  le  confiere a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otros,  la  facultad  de  superar los defectos que contenga la  demanda,   con   el   fin   de   que   pueda   emitir   un   pronunciamiento  de  fondo.   

No obstante, es posible inadmitir la demanda  cuando,   conforme   lo   expresa   el   inciso  segundo  de  la  norma  citada,  “el  demandante  carece  de  interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

En  atención a esos criterios, ha señalado  la    Corte2:   

“De allí que bajo  la  óptica  del  nuevo  sistema  procesal penal, el libelo impugnatorio tampoco  puede  ser  un escrito de libre elaboración, en cuanto mediante su postulación  el  recurrente  concita a la Corte a la revisión del fallo de segunda instancia  para  verificar  si  fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la  necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta  de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b) La del numeral 2º consagra el tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el ataque si se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En  tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas3.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia4.   

c)  Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia–; desconocer  las  reglas de producción alude a los errores de derecho que se manifiestan por  los   falsos  juicios  de  legalidad  –práctica  o  incorporación  de  las pruebas sin observancia de los  requisitos   contemplados  en  la  ley–,  o,  excepcionalmente  por falso juicio de convicción5, mientras que  el  desconocimiento  de las reglas de apreciación hace referencia a los errores  de  hecho  que  surgen  a  través  del  falso  juicio de identidad –distorsión   o   alteración  de  la  expresión        fáctica       del       elemento       probatorio–,  del  falso  juicio  de  existencia  –declarar un hecho probado  con  base  en una prueba inexistente u omitir la apreciación de una allegada de  manera  válida al proceso–  y     del    falso    raciocinio    –fijación  de  premisas ilógicas o irrazonables por desconocimiento  de  las  pautas  de  la  sana  crítica–.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,  se  abordará  en  detalle la demanda de casación, de conformidad  con los cargos planteados por la casacionista.   

CARGO ÚNICO. Violación directa e indirecta  de la ley sustancial.   

Si  bien  es  cierto  que  a la aplicación  indebida   o   a   la   falta  de  aplicación  del  principio  de  in   dubio   pro  reo,  contenido  en  el  artículo  7º  de  la Ley 906 de 2004, puede llegarse tanto por la vía directa  como  por  la indirecta de transgresión a la ley sustancial, también lo es que  los  antecedentes  jurisprudenciales han establecido que en cada eventualidad el  desarrollo  y  demostración del cargo debe corresponder al camino escogido para  su denuncia y a la realidad que la actuación revele.   

De  acudirse  a  la  vía  directa,  debe  demostrarse  que  el sentenciador a pesar de haber afirmado la duda acerca de la  existencia  del  hecho  o de la responsabilidad del procesado, decidió proferir  fallo  de  condena,  debiendo  absolver  (falta  de  aplicación)  o que, por el  contrario,  no obstante aseverar la certeza sobre esos extremos, decide absolver  cuando debió condenar (aplicación indebida).   

Empero, si se invoca la violación indirecta  del   precepto,  por  incurrirse  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la  apreciación  probatoria,  además  del  señalamiento concreto de la especie de  error  probatorio,  el  casacionista  debe demostrar que el fallador llegó a la  conclusión  equivocada  de que las pruebas no conducen a la certeza del hecho o  la  responsabilidad  del  procesado   (aplicación indebida), o erradamente  concluyó  que  los  medios conducían a la certeza requerida y condenó, cuando  se  evidenciaba  la incertidumbre que debió ser resuelta en favor del procesado  (falta  de  aplicación).  Para  dicho  efecto,  tiene  por  carga presentar una  argumentación  acorde  con  el  tipo de error cometido  por el juzgador al  apreciar los medios de convicción.   

Para  inadmitir  la  demanda en este caso,  bastaría  señalar  que,  a pesar de que la recurrente  acertó  al  identificar  la  sentencia  impugnada  y  los  sujetos  procesales;  sintetizó   los  hechos  juzgados  y  relacionó  brevemente  los  antecedentes  procesales;  desatinó  al  seleccionar  la  causal  y  sustentarla,  porque  la  planteó  refiriéndose, al mismo tiempo, a la violación directa e indirecta de  la  ley  sustancial.  La  actora  invocó ambas causales cuando aludió al yerro  relacionado  con  la  existencia  de  la norma (errónea interpretación) y a la  aplicación  indebida  (falso  juicio de selección), refiriéndose al   in   dubio  pro  reo,   de  los  artículos  29  de  la Constitución Nacional y 7° del Código de Procedimiento  Penal,    respectivamente,    y    a   los   errores   de   hecho   –cuya       especie       omitió  denominar– los cuales por  el   contenido   de   las   censuras  –sin  que  le  corresponda  a  la  Corte  desentrañar las confusas e  intrincadas        postulaciones–,   se   deduce   que  aluden  a  falsos  juicios  de  existencia  e  identidad.   

Con  todo,  debe reiterar la Sala que si la  censura  se  encaminaba a proponer la aplicación indebida de la ley sustancial,  especie  de quebranto directo que consiste en la falsa adecuación de los hechos  probados  a  los  supuestos que contempla la disposición, era obligación de la  impugnante  precisar  cuál fue la norma inadecuadamente utilizada y aquella que  en  su  lugar  debía  ser atribuida, es decir, que la garantía contenida en el  artículo  7  del Código de Procedimiento Penal, era la que se adecuaba al caso  sometido a juzgamiento.   

Si  la pretensión se encaminaba a proponer  la  falta  de  aplicación  de  la  ley  sustancial, otra forma de transgresión  directa,  era  necesario  para  la  demandante  demostrar  que  los funcionarios  judiciales  erraron  acerca  de  la  existencia  de  la  norma  y  por eso no la  aplicaron,  debido  a  que  la  ignoraron  o  desconocieron, en este evento, los  artículos  29  de  la  Carta  Política  y  el 7° del Código de Procedimiento  Penal,  a  pesar  de  haber  reconocido  formalmente  la  presencia  de la duda.   

La  casacionista  omitió  presentar  los  argumentos  demostrativos  de  los  supuestos yerros, limitándose simplemente a  dejar  explícitos  los  desacuerdos.  De  esa  forma,  abandonó  las  mínimas  exigencias.6   

Ahora   bien,  si  la  intención  de  la  recurrente   era  atacar  la  sentencia  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  proponiendo  un  error de hecho por falso juicio de existencia, que  se  presenta  cuando  el  juzgador, al momento de valorar las pruebas, supone un  medio  de  convicción  que no obra en el proceso o se figura un hecho por creer  que  está  demostrado,  era  su  deber  identificar  las  pruebas supuestamente  omitidas  y  cómo su consideración en el fallo necesariamente habría de mutar  el   sentido   o,   al  menos,  generar  un  beneficio  trascendente  al  sujeto  procesal.   

Pero,  si  su  pretensión  se encaminaba a  descubrir  un  falso  juicio  de  identidad  que  se  evidencia  cuando  el juez  tergiversa,  distorsiona,  desdibuja  o desfigura el hecho que revela la prueba,  dándole  un  alcance  objetivo  que  no  tiene,  le  corresponda  la  carga  de  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido y aquel que le atribuyó el fallador, precisando los apartes donde  se  presenta  la  distorsión  y  luego  acreditar  la  trascendencia del yerro.   

Por  último,  estaba  obligada la actora a  acreditar  que  la  enmienda  de los errores denunciados daría lugar a un fallo  esencialmente  diverso y favorable a los intereses del procesado, sin que en ese  desarrollo  esté  permitido  formular posturas personales, pues de lo contrario  se    desconocería    la    naturaleza    extraordinaria    del    recurso   de  casación.   

No  cumplió con esa carga argumentativa la  demandante,  quien  ni siquiera identificó la prueba que considera supuesta por  las  instancias  o el hecho que carece de demostración por haberse presumido la  evidencia que lo soporta.   

Aparte  de  los  anteriores desaciertos, la  demandante  incluyó en un mismo capítulo dos cargos excluyentes, circunstancia  que  impide  precisar  cuál  fue  el  supuesto  dislate  de  los Jueces porque,  conforme  se señaló en precedencia, dirigió el ataque contra la sentencia del  Ad  quem,  simultáneamente  por  violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial,  tratando de sustentar en una sola censura la falta de aplicación y  la  aplicación  indebida de la norma; al tiempo que incluyó los falsos juicios  de  existencia  e identidad. Proceder que constituye un absoluto desconocimiento  del  principio  de  no contradicción que rige el recurso de casación, conforme  lo ha señalado de antaño la Sala:   

“De   manera  indistinta  discurre  sobre  la  violación  directa  e  indirecta,  cuando  los  presupuestos  de  una  y  otra  son disímiles y, por contradictorios, deben ser  propuestos  en  capítulos separados y de manera subsidiaria, por cuanto aquella  comporta  que  el  actor  admita,  sin  cuestionar,  la  estimación  probatoria  judicial,  dado  que  el  yerro  que  imputa  radica  no  en  la eficacia que se  concedió  a  los  elementos  de  juicio,  sino  en  la  selección  de la norma  aplicable,  porque  dejó  de aplicarse la que regulaba el caso, o se adoptó la  que  no correspondía, o se interpretó de manera errónea la que era de recibo.  Ésta,  la  indirecta,  por  su parte sí es la vía adecuada para cuestionar la  valoración  que  de  los  elementos de juicio hizo el juzgador, demostrando que  erró,  a  través  de un error de hecho, en sus modalidades de falsos juicio de  existencia,  identidad  o  raciocinio,  o  de derecho, en sus especies de falsos  juicios  de  legalidad  o  convicción.”7   

El hecho de que cada cargo deba sustentarse  en  una  sola  causal  obedece  a  que  todo  reproche,  lógicamente,  debe ser  suficiente  para  el  propósito  que  se  persigue, por lo que resulta impropio  introducir  o  mezclar  propuestas contradictorias, con mayor razón si, como lo  tiene  dicho esta Corte, cuando el reproche se plantea por violación directa de  la  ley  sustancial,  el  demandante  debe abstenerse de reprochar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la apreciación que de ella ha hecho el fallador y  conformarse  de  manera  absoluta  con la declaración de los hechos vertida por  éste,  porque  para  tales  cuestionamientos se requiere acudir a la violación  indirecta de la ley sustancial.   

Todo cargo en sí mismo, por lo tanto, debe  ser  una  proposición  jurídica  completa,  sin perjuicio de que el recurrente  plantee  los  que  quiera, inclusive excluyentes, a condición de que lo haga en  capítulos   separados  y  de  manera  subsidiaria,  conforme  lo  ha  precisado  reiteradamente8 esta Sala.   

Con   tan   precaria  argumentación,  la  defensora,   incluso,  pasó  por  alto  contrastar  sus  conclusiones  con  los  fundamentos   del  fallo  atacado,  para  hacer  manifiesta  la  prosperidad  de  aquéllas frente a las deficiencias de éste.   

Entonces,  ante la  falta del correcto  planteamiento  y la necesaria demostración de un error trascendente en el fallo  cuestionado,  no  puede la Corte, sin contrariar el principio de limitación que  rige  la  impugnación extraordinaria, ocuparse del examen de falencias o yerros  no  denunciados,  o  deficientemente  presentados por la demandante, menos si en  esta  sede  las  sentencias se presumen acertadas y legales, cuyo derrumbamiento  sólo  es  posible  procurar  a  través  de la dialéctica que dejó de lado la  casacionista.   

A  pesar de las serias carencias que acaban  de  señalarse  en la presentación de los cargos escogidos por la libelista, la  Sala   estima   pertinente   recordar  que  tanto  la  Constitución  Política  como  la  ley  amparan  la presunción de inocencia. A  partir  de  ese  fundamento,  en principio, le corresponde al Estado la carga de  probar  que  una  persona  es  responsable  de  un  delito, circunstancia que le  obligaría  desvirtuar  la  presunción  de  inocencia  por medio de las pruebas  legal y regularmente practicadas.   

En  razón de ello, le asistiría razón a  la   demandante   cuando   afirma  que  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ no estaba obligado a acreditar su  inocencia,  porque es a la Fiscalía a la que le incumbe probar su culpabilidad.   

En  razón  de  ello,  es  cierto,  de  no  desvirtuarse  la  presunción de inocencia, tendría que dársele aplicación al  principio    de   in   dubio   pro   reo  y  absolver  al  implicado, porque toda duda debe resolverse a su  favor.   

No  obstante,  el  atención  al denominado  concepto    de   la   “carga   dinámica   de   la  prueba”9,   cuando   el   Estado   ha  demostrado  con idoneidad la responsabilidad del acusado como para sustentar una  condena,  cumpliendo así la carga probatoria necesaria, le correspondería a la  defensa,  en sentido amplio, presentar otros elementos de juicio que desvirtúen  tal  posición cuando quiera que se busque controvertir la certeza para condenar  o    introducir   la   duda   razonable   que   permitiera   adoptar   idéntica  determinación.   

En este específico caso, el Tribunal no se  limitó  a  teorizar  sobre el conocimiento más allá  de  toda  duda,  acerca  del  delito  y de la responsabilidad penal del acusado,  sino  que  analizó “…lo  manifestado  por  la  menor,  quien además ha reconocido al procesado en varias  oportunidades   como   su   agresor…”,   y   esas  manifestaciones   de   la   infante   –explicó   el   Ad   quem–   están   respaldadas   “…por  los  testimonios  de  SANDRA  PATRICIA  SANABRIA  y LUIS HURTADO SEGURA, personas que  ayudaron  a  la menor ante sus voces de auxilio y colaboraron en la persecución  del  delincuente;  SALVADOR  LUNA y LUIS HURTADO, uniformados de la policía que  dieron  con  el  agresor  y  efectuaron  la  captura; y finalmente, los testigos  peritos,  JAIRO  MANUEL  CRISTANCHO,  psicólogo  del  ICBF,  y  SUSANA ORBEGOZO  GIORGIO,  profesional de la DIJIN, quienes afirman en sus informes técnicos que  la   niña   no   miente   y   ha   relatado   hechos   que  concuerdan  con  la  realidad.”10   

Resulta  claro que ni siquiera se vislumbra  la  supuesta  duda  que  postula  la  casacionista, misma que sólo planteó sin  concretar y, menos aún, sin demostrar.   

Así las cosas, la demanda presentada por la  defensora  de DARWIN JOHANN CAÑIZALEZ JIMÉNEZ, se inadmite porque no satisface  los  requisitos  formales  ni  materiales  establecidos  en el artículo 184 del  Código  de  procedimiento  Penal;  la  Sala  de  Casación Penal no advierte la  vulneración  de  ninguna  garantía fundamental de las partes o intervinientes;  y,  no  se  precisa emitir un nuevo fallo de fondo; no resulta necesario superar  los  defectos  del  libelo  en  atención  a  los  fines  de  la  casación,  la  fundamentación  de  los cargos, la posición del impugnante dentro del proceso,  ni por la índole de la controversia planteada.   

CUESTIÓN FINAL.  

Habida  cuenta  que  contra  la  presente  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su                    aplicación11, como sigue:   

a)  La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere  lo decidido. También podrá ser provocado oficiosamente dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  no hubiera sido interpuesto por el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado que no haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         

        b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         

         c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.           INADMITIR   la  demanda   de  casación  presentada  a  nombre  del  sentenciado  DARWIN  JOHANN  CAÑIZALEZ  JIMÉNEZ, por su  defensora.   

2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es facultad de la demandante elevar  petición de insistencia.   

         Cópiese, notifíquese  y cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Camisón de servicio  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES                           YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                            JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   La  Corte  en estricto acatamiento del artículo 47, numeral 8°, numeral octavo  de  la  Ley  1098 de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia) se abstiene  de divulgar el nombre de la menor afectada.   

2 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

4 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

5 ib.  radicación 24.530   

6  Consultar,  entre  otras,  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencias  de  2  de marzo de 2005, radicación 19627 y de 3 de agosto de 2005,  radicación 19643 y Auto del 31 de marzo de 2008. Rdo. 28260.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación Penal. Auto del 6 de agosto de 2002.  Rdo. 17.525   

8  Corte  Suprema  de  Justicia. Sala de  Casación   Penal.   Auto   del   10  de  julio  de  1996.  Rdo.  11.801,  entre  otras.   

9  Confrontar:  Corte  Suprema  de Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia del  13 de mayo de 2009. Rdo. 31.147   

10  Confrontar,   págs.   9   y   10.,   sentencia   del   Tribunal   Superior   de  Bogota.   

11  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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