29934(27-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 29934  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 309  

Bogotá, D.C., veintisiete (27) de octubre de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada por  el  defensor  de  CARLOS ALBERTO GARCÍA MONTERO y  ALDEMAR  BOTERO  RODRÍGUEZ,  contra el fallo del 21 de  febrero   de  2008,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior     Militar,     confirmó    la       sentencia       adoptada   por   el  Juzgado  de  Primera  Instancia  MECAL,  con  sede  en  la  Policía Metropolitana de Santiago de  Cali,   el   3   de  diciembre  de  2007,  quien  los  condenó   a  la  pena  de  ocho (8) años de prisión, a  la  multa  de  $ 28’910.442  pesos  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas,  por  un  lapso igual al de la sanción principal, por el punible de concusión.    

H    E    C    H   O   S   

Fueron  relatados  por  las instancias, de la  siguiente manera:   

“La señora GRETTY ARENAS ROBLEDO, instaura  denuncia  manifestando  que  entre  los días 5 y 9 de Marzo de 2007, ella y los  señores  JOSE  (sic)  GABRIEL  FORONDA  y SANDRA DALILA ROJAS, fueron objeto de  exigencias  de dinero por parte de los aquí investigados, quienes se encuentran  adscritos  al  Grupo  de  Contra-atracos  de la SIJIN, a cambio de no dejarlos a  disposición  de la Fiscalía y de arreglarse una supuesta orden de captura, que  pesaba  en  contra  de  la  denunciante.  Agrega  que  fue  amenazada y agredida  verbalmente por los policiales”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1.   El   11  de  septiembre  de  2007,  la  Fiscalía 145 Delegada ante  los   Juzgados   Penales  Militares  de  Cali,  dictó  resolución  de  acusación  contra  los  policías  SI.  CARLOS   ALBERTO   GARCÍA   MONTERO  y  PT.    ALDEMAR    BOTERO    RODRÍGUEZ,  por      el      delito      de      concusión.   

2. El 3 de diciembre  de  2007,  el  Juzgado de Primera Instancia MECAL, de  Santiago  de Cali, condenó al  subteniente   (retirado)  GARCÍA   MONTERO   y   al  agente (retirado)   BOTERO   RODRÍGUEZ   a   la  pena  de  ocho  (8)  años  de prisión  -para  cada  uno-  a  la  multa de $ 28’910.442  pesos  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  por  un  lapso  igual al de la sanción principal, por el  punible   de   concusión  a  título  de  coautores.  Les  negó  el  subrogado  de  la condena de ejecución  condicional   y   el  beneficio  de  libertad,  por  no  reunir  los  requisitos  legales.   

3. El 21 de febrero  de  2008,  el  Tribunal  Superior Militar,  confirmó  la  sentencia recurrida por los defensores de los procesados.   

4.  Inconforme  la  defensa   técnica  con  el  fallo  condenatorio,  después  de  impugnarlo,  lo  sustentó  mediante  la presentación del respectivo libelo, que hoy califica la  Sala.   

Observaciones previas:  

Teniendo  en  cuenta  que la demanda contiene  cinco ataques contra el fallo  del  Tribunal  Militar, los  cuales,  en esencia, fueron motivados por violación al  debido  proceso, en un escrito confuso, deshilvanado y  ambiguo,  realizado  como  si  fuese  un memorial de libre factura; la Sala, por  esas  circunstancias,   procederá  a resumir cada  uno  y acto seguido decidirá sobre su admisión, a fin  de imprimirle claridad, precisión y coherencia a lo expuesto.   

Demanda:   resumen   del   primer   ataque,  por  “desconocimiento  de  las  reglas de producción y apreciación de la prueba sobre la cual se fundo el  fallo”.   (Artículo 181, Ley 906 de 2004).   

Inició  la  sustentación  de  la  primera  censura,   aduciendo:  “de  los  cargos  contra  la  primera  causal  de  casación  invocada”,  en donde  propuso   “violación   del   debido  proceso  por  desconocimiento    de    la    defensa   técnica”.   

Luego  de  transcribir  el artículo 29 de la  Carta  Política,  anunció  que  es  deber  de  todas las autoridades acatar de  manera  puntual  las normas procedimentales, pues “a  lo  largo  del  trámite  procesal,  se  desconoció  (sic)  preceptos legales y  jurisprudenciales que debían ser acatados”.   

Por tanto, “en el  transcurso  de la indagación preliminar se le cercenó el derecho a una defensa  técnica,  al negarse la juez instructora a recibirle al doctor BENJAMÍN ACOSTA  ORTIZ  el  poder que lo facultaba para actuar como abogado defensor, procediendo  a  sacarlo  de su despacho, sin dar explicación alguna, con el agravante de que  la  actividad  que  desempeñaba la funcionaria al momento del incidente, no era  del  todo  clara… recepcionaba un testimonio a una dama que estaba acompañada  de personas que no tenían por qué estar en la diligencia”   

Manifestó   que   uno  de  sus  prohijados  GARCÍA MONTERO, frente a las  “irregularidades  procesales  que  le afectaban, no  podía  permanecer  inmóvil mientras la señora Juez Instructora de manera poco  transparente      allegaba     material     probatorio     que     le     podía  perjudicar”.    

Para   apoyar  su  ataque  de  violación   al   derecho   de   defensa,  transcribió   una   jurisprudencia   de   la  Corte  Constitucional  (sentencia  C-096-03);   en   donde   se   dijo   –entre  otras  cosas-  que  los  derechos  de  los investigados deben  “poder   hacerse   (sic)   incluso   antes  de  su  vinculación  formal  al  proceso mediante indagatoria o declaratoria de persona  ausente”.    

Entiende  que de lo expresado en la decisión  aludida,    se    puede   concluir:   (i)  la  investigación  preliminar  “tiene  cierto    grado    de    reserva”,    (ii)  pero  no  le es posible “vulnerar   el   derecho  de  contradicción  y  de  defensa  del  imputado…    aunque    no    haya    sido    vinculado    mediante    Versión  Libre”,  (iii) el  funcionario  tampoco puede “mantener  al  margen  al  implicado”,  existiendo pruebas en su  contra,  (iv)  todo  esto es  “una  deslealtad  del  funcionario  Judicial,  que  coarta    de    manera    arbitraria    al    implicado    su   derecho   a   la  defensa”.   

La  Juez estaba recibiendo la declaración de  SANDRA  DALILA  ROJAS  DAZA,  que  es  un  testigo  de cargo, cuando el anterior  defensor   le  solicitó  recibir  el  poder;  con  ese  proceder,  “se  causó  un  perjuicio  grave,  porque  la defensa perdió la  oportunidad  de contrainterrogar a la testigo, pues en el transcurso del proceso  penal  no  fue  posible  lograr  su  comparecencia  al  proceso”. Tampoco  entiende el libelista, toda vez qué habían otras personas  en  la citada diligencia, por cuanto “la experiencia  nos  enseña,  que  en  algunas  ocasiones  personas  ajenas  al despacho pueden  ingresar  brevemente  al  recinto  donde  se practica un testimonio, pero no fue  esto   lo  que  sucedió  en  el  caso  de  marras”.   

Luego,  “la juez  solo  lo  hizo  retirar a él de su oficina, hecho irregular desde todo punto de  vista,  porque  no puede ser que la investigación previa sea reservada para los  investigados  y  sus  apoderados  y  no  lo sea para los denunciantes o personas  ajenas   al   proceso”.  Y,  con  tal  acto  de  la  funcionaria,  se le privó a su mandante de ejercer el derecho de contradicción  de  las pruebas en la etapa de la indagación preliminar, en especial respecto a  la  declaración  de  SANDRA  DALILA  ROJAS,  pues  en  las otras etapas ella no  compareció a rendir testimonio.   

Motivo  por  el  cual,  el  Tribunal Superior  Militar,   debió   “decretar  la  nulidad  de  la  actuación  desde  la  indagación  preliminar, situación que hubiese permitido  ejercer a cabalidad el derecho de contradicción y de defensa”.   

Consideraciones de la Sala respecto al primer  ataque:   

Bajo   el   auspicio   de  la  Ley  906  de 2004, se sustentaron todas las  censuras  contra  el  fallo  del Tribunal Militar, amparado en el artículo 181,  ignorando  motivarlas  por  los  derroteros que le proporcionaba el Código  Penal  Militar,  Ley 522 de 1999,  artículos  234,  1° (jurisdicción y competencia), 368 (recurso extraordinario  de   casación)   y   372   (trámite);   en   armonía   con   el  Código    de    Procedimiento    Penal,  Ley  600  de 2000, artículos  206   y   s.s,   como  era   su  deber  legal;  es  más,  el  Tribunal  Superior  Militar, concedió la  casación  contra  su  fallo  con base en la aludida Ley 600, artículo 205, por  ende,   el   libelo  debería  de  haber  seguido  el  mismo  derrotero  o  hilo  instrumental,  en  combinación  con  el Código Penal Militar (Ley 522 de 1999,  artículo  372),  al no operar para la justicia castrense, un sistema acusatorio  como el consagrado en la citada Ley 906 de 2004.    

Esta  sola falencia, en si misma considerada,  conlleva  al rechazo inexorable del escrito, sin embargo, la Corte puntualizará  otros  aspectos,  que unidos al precedente, convierten el ataque, en un memorial  de  instancia,  desde  luego,  alejado  de  la  temática  casacional, que desde  lustros   viene  enfatizando  a  través  de  numerosos  pronunciamientos.    

El    segundo  desatino    lo  configuró al mezclar   vicios  de  estructura con los de garantía, lo cual atenta contra  el  postulado  de  autonomía  que  rige  el  recurso  de  casación,  en virtud del cual, la motivación de un  ataque  no  puede  ser  utilizada  para  dos  o  más;  luego,  no basta la sola  propuesta,  enunciación  o  proposición  del  concepto, por ejemplo derecho de  defensa,  se  requiere  comprobar  en  punto  de  la  actuación surtida por las  instancias:  (i) la ubicación  exacta  del  yerro,  (ii) la  lesividad   del   daño   causado,   (iii)    la    magnitud    y    cobertura    del   ataque,   (iv)  la  exigencia  de una argumentación  lógico-jurídica    coherente,    despojada   de   hipótesis,   conjeturas   y  subjetividades    y    (v)  descartar   junto   con  los  postulados  que  rigen  las  nulidades,  cualquier  posibilidad  de convalidación del acto supuestamente afectado o el cumplimiento  de su finalidad, entre otros.   

El tercer  yerro  tiene que ver con la forma cómo se sustentó el libelo, en  donde  se  amontonó  un  puñado  de  ideas  incomprensibles, hasta el punto de  transcribir        declaraciones       enteras1   y  providencias2 sin comillas y  donde  entremezcla  glosas  y comentarios transformando a su antojo el contenido  objetivo de los diversos medios probatorios aludidos.    

El cuarto  dislate  se  verificó  cuando  se plasmó en la demanda criterios  generales,  figuraciones  o  simples  suposiciones,  al  decir,  por ejemplo que  “en  el  transcurso de la indagación preliminar se  le  cercenó  el  derecho  a  una defensa técnica, al  negarse  la  juez  instructora  a  recibirle al doctor BENJAMÍN ACOSTA ORTIZ el  poder  que lo facultaba para actuar como abogado defensor, procediendo a sacarlo  de  su  despacho,  sin  dar  explicación  alguna,  con  el  agravante de que la  actividad  que  desempeñaba la funcionaria al momento del incidente, no era del  todo  clara…  recepcionaba  un testimonio a una dama que estaba acompañada de  personas   que  no  tenían  por  qué  estar  en  la  diligencia”.   

O   cuando,   sostuvo   que   “la  experiencia  nos  enseña, que en  algunas  ocasiones  personas  ajenas  al  despacho pueden ingresar brevemente al  recinto  donde se practica un testimonio, pero no fue esto lo que sucedió en el  caso    de    marras”.    (Subrayado    fuera   de  texto).   

En  este orden de ideas y sin que se entienda  como  una respuesta de fondo, sino en virtud del ejercicio pedagógico que viene  desarrollando  la  Sala como una más de sus funciones, es oportuno señalar que  en  el  cuaderno  principal  número  1,  folio  141,  aparecen  presentados dos  escritos   del  citado  defensor  BENJAMÍN  ACOSTA  ORTIZ,  los  cuales  fueron  adjuntados  en la etapa de investigación preliminar3  e  inmediatamente después de  la  declaración  jurada de SANDRA DALILA ROJAS DAZA, folios 132 a 140. En igual  sentido,  tanto  el testimonio como los escritos fueron recibidos el 29 de marzo  de   2007   y,   en   el   transcurso   de   la  diligencia,  se  allegaron  los  memoriales.   

Luego se equivocó el censor al manifestar que  no  se  le  recibió poder al referido letrado para actuar, máxime si hasta ese  estadio   procesal  era  el  representante  de  HAROL  RAMÍREZ  CHAFÜENDO. Pero el error no se queda ahí, a  folio  169,  aparece  poder  concedido por los coprocesados al abogado BENJAMÍN  ACOSTA,  donde  la  diligencia  de  autenticación  de  la  firma  del condenado  CARLOS    ALBERTO    GARCÍA    MONTERO,  realizada  por  la Notaría Trece de Cali, consta que se realizó  el 27 de abril de 2007.     

Siendo  ello así, se concluye lo siguiente:  (i)  la Juez de Instrucción  Penal  Militar,  en  la respectiva etapa preliminar, sí recibió dos memoriales  solicitando       pruebas       el       citado       abogado;      (ii) ese profesional del derecho, por esos  días,     era     representante     de     otro     inculpado;     (iii)   los   escritos   fueron  anexados  después  de la declaración de SANDRA DALILA, y se recibieron en la misma fecha  -día,  mes  y año- y (iv) la  autenticación    del    poder    para   actuar   a   nombre   de   GARCÍA     MONTERO,     se    realizó  posteriormente  (29  días)  de  la  entrega  de los memoriales y de recibido el  testimonio;  entonces, la pretensión del libelista se opone a los principios de  claridad y objetividad que guían el recurso de casación.    

Al  aducir, el censor que en el tiempo cuando  la  Juez  de  I.P.M.,  estaba  recibiendo la declaración de SANDRA DALILA ROJAS  DAZA,   se  presentó  el  anterior  defensor  BENJAMÍN  ACOSTA  del  inculpado  CARLOS   ALBERTO   GARCÍA   MONTERO   y,   supuestamente  le  solicitó  recibir  el  poder,  negándose  la  funcionaria  a ello, con ese proceder, “se causó un  perjuicio  grave, porque la defensa perdió la oportunidad de contrainterrogar a  la  testigo,  pues  en  el transcurso del proceso penal no fue posible lograr su  comparecencia     al    proceso”.    Tampoco  tiene  sustento  jurídico  tal apreciación, pues el poder  –se    repite-    fue  autenticado  29  días  después  de  la aludida diligencia, es decir, no tenía  potencialidad  de  constatarse  la  vulneración al derecho de defensa técnica,  pues  ese  día  no  le habían concedido mandato alguno al abogado ACOSTA, como  para alegarse una aparente nulidad. (Subrayado fuera de texto).   

En  consecuencia,  el  cargo  se inadmitirá.   

Demanda:   resumen   del   segundo  ataque,  propuesto  por  “violación  al debido proceso por irregularidad presentada en el  proceso  de  formación  e inclusión de las pruebas documentales”.  (Artículo 181, numeral 2°, de la Ley  906 de 2004).   

Lo  motivó  aludiendo a dos casetes (audio y  video),  y  señalados por la declarante GRETTY ARENAS ROBLEDO, como si ella los  hubiese  realizado,  después  se dijo que fueron agentes del Gaula, sin saberse  exactamente  de  qué  persona  fue  la  idea  de grabarlos. Por tanto, adujo el  demandante:  “se  infiere… que su presencia en el  Gaula   no   fue   voluntaria”,  sino  “forzada”.   Además,   “que  los  policiales del citado grupo  tuvieron tiempo más  que   suficiente   (un   día),  para  informar  a  la  Fiscalía”  de  los  posibles  delitos, a fin de ordenar las grabaciones y las  capturas  correspondientes,  “sin embargo a pesar de  contar  con  el tiempo más que suficiente, y teniendo la presencia de un Fiscal  en  las instalaciones, no pusieron en conocimiento la presunta conducta punible,  dedicándose  eso  sí  a  asesorar  a  las presuntas ofendidas, para que en las  conversaciones   telefónicas   indujeran”,  a  los  procesados,   “a  incurrir  en  un  error  que  los  vinculara con el presunto delito de concusión”.   

Aseveró    el    actor:    “la  prueba es ilícita no solo por la inducción del diálogo”  al  que fue sometida la declarante GRETTY, sino porque  no  fueron  denunciados  los  hechos;  por  ello,  se  realizó un procedimiento  inadecuado.  Al  no  informar  a la Fiscalía tales acontecimientos, incurrieron  los  uniformados,  al parecer, en el delito de abuso de  autoridad   por   omisión  de  denuncia.  A  renglón  seguido,  se  cuestionó  el  demandante  sobre  la  cadena  de  custodia de las  grabaciones,  sin  informe  u  orden  al  respecto, entregados por la testigo al  Juzgado,  olvidando  las  formalidades  legales  y  la  forma  cómo  los había  adquirido,  por  tanto,  “se  deduce que fueron los  Agentes  del  GAULA  quienes indujeron a la referida señora para que dijera que  las  pruebas  habían  sido  tomadas  por particulares, puesto que si no hubiese  sido  así,  la  señora  GRETTY  al  formular  la denuncia lo hubiera puesto en  conocimiento   de   la   Juez   de  Instrucción  Penal  Militar”.    

Dedujo,  además,  que las cintas magnéticas  aludidas  fueron  alterados por GRETTY, toda vez que las mismos fueron embalados  y   con  cadena  de  custodia  elaborada  por  el  Patrullero  GONZÁLEZ  ROJAS,  escribiente  del  Juzgado  157  y  no  por  los  agentes del Gaula: “hecho  indicador  de  que las pruebas documentales permanecieron  quien  sabe  por cuanto tiempo en manos de la señora GRETTY ARENAS ROBLEDO, por  lo  que el contenido de las grabaciones pudo haber sido alterado  en cuanto  a  su  contenido  o  pudo  haber  sido  mutilado,  viciándose  así el material  probatorio”.   

El  artículo  205 de la Ley 906 de 2004, les  confiere  facultades  a los funcionarios de policía judicial, pero “no  los  exime  para  desconocer los protocolos y técnicas para  aprehender y allegar la prueba al proceso”.   

Si la señora GRETTY, afirmó que el video lo  realizaron  agentes  de  la Sipol, “la actuación es  irregular  desde  todo  punto  de  vista,  pues  ellos  no  tienen facultades de  policía  judicial,  y  por ende la prueba es violatoria del debido proceso, por  desconocimiento  del  derecho  fundamental  de  la  intimidad,  contenido  en el  Articulo 15 de nuestra Constitución Política”.   

En  los  fallos de instancia, “se  legitimó  el  proceder  de los Agentes del GAULA, argumentando  que  se  contó  con  la  anuencia  de  la  perjudicada,  pero  esta tesis no es  compartida  por  éste profesional, en virtud de que este tipo de procedimientos  están  regidos  por  unos  protocolos  que  deben ser respetados”;  siendo  ello  así,  por  mandato constitucional, las pruebas son  nulas de pleno derecho.   

Bajo  el nuevo procedimiento penal Ley 906 de  2004,   las   actuaciones   son   “absolutamente”  garantistas,  por  tanto,  jamás  podrá aducirse una  prueba ilegal al proceso.   

Consideraciones  de  la  Sala  respecto  al  segundo ataque:   

Son  innumerables  los  yerros presentados en  ésta  censura,  realizada  bajo  el  epígrafe de violación al debido proceso:  (i) la sustentó por error de  hecho  en sentido de falso raciocinio; (ii)  le  adicionó  al  discurso,  una  variación  de la calificación  jurídica  del  punible  de  concusión a abuso de autoridad, que es la conducta  por   la   que   han   debido  ser  condenados  sus  prohijados  y  (iii)   determinó,  igualmente,  que  un  casete  y  video,  eran  prueba ilícita, entre otras consideraciones, porque la  denunciante  los  alteró,  cambió  o  trasmutó  a  su antojo, sin que de ello  exista evidencia alguna.   

En  cuanto  al falso  raciocinio,  por  ejemplo, se verifica cuando sostuvo:  “hecho  indicador  de  que las pruebas documentales  permanecieron  quien sabe por cuanto tiempo en manos de la señora GRETTY ARENAS  ROBLEDO,   por   lo  que  el  contenido  de  las  grabaciones  pudo  haber  sido  alterado   en cuanto a su contenido o pudo haber sido mutilado, viciándose  así el material probatorio”.   

El   actor  ni  mencionó  el  falso   raciocinio,  solamente  trató  de  adecuarlo  a  sus  argumentaciones.  Cuando  a  él  se acude, es imprescindible  demostrar  que  los  medios  probatorios allegados al proceso legalmente, al ser  sopesados  por  los falladores en su exacta dimensión fáctica, le asignaron un  mérito  persuasivo  en total trasgresión a los principios de la lógica, leyes  de la ciencia o máximas de la experiencia.    

Habida  consideración,  tendrá  como  meta  didáctica  el  demandante  determinar:  i)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,   ii)  qué  infirió  de  él  el juzgador,  iii)  cuál valor persuasivo  le  fue  otorgado, iv) indicar  la   regla   del   entendimiento  omitida  o  apropiada  al  caso,  v) o señalar la máxima de la experiencia  que  debió  valorarse,  con  el  objetivo  de  probar  que  el  fallo motivo de  impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Además,  es  deber intelectual del libelista  mostrar   cuál   es   el  aporte  científico  correcto  y,  por  supuesto,  la  trascendencia  del  error,  para  lo  cual tiene que presentar un nuevo panorama  fáctico,  contrario al decantado en instancias. Nada de lo expuesto realizó el  actor,  solo  propuso  su  especial  manera  de  entender  el acervo probatorio,  extrayendo  inferencias  jurídicas  indemostradas para solicitar la absolución  de  su  prohijado,  mediante la postulación de la violación al debido proceso,  lo  cual  es  absurdo  y,  de  paso,  rechazó la valoración de las instancias,  mediante  una  exigua  argumentación;  lo  cual hace insustancial y efímero el  cargo.   

Jamás  individualizó  las pruebas motivo de  ataque,  ni  realizó  –a  partir  de ahí- una nueva valoración en punto de la convergencia y divergencia  de  las  mismas,  en  el  entendido que era su compromiso jurídico demostrar el  nuevo  horizonte hermenéutico probatorio, descartando de plano el elaborado por  las  instancias;  el libelista, sólo se contentó con mencionar algunos medios,  otorgándoles  su  particular  visión  suasoria  y  dejó el ataque sin ningún  desarrollo  válido  en  sede  extraordinaria,  tal  y  como se demuestra en los  fallos   de  instancia,  cuando  el  Tribunal  Superior  Militar  afirmó:    

“con esta parte queda claro, que lo que va  a     recoger    ‘El  Amiguito’    en   el  ‘Terminalito’  es  plata,  porque  la  mujer habla  claro,  de  que  le  va  a  dar  plata, toda la pedida, y el hombre –SI.    GARCIA   (sic)-   manifiesta  textualmente:  ‘Ahí llega  el   amiguito   u   la   recoge,  oyó’,  lo  que  se  constituye en una prueba clara de lo narrado por la  denunciante,  suficiente…para soportar la condena… cuando en la audiencia de  corte  marcial  se  interroga a los sindicados, como vimos en la transcripción,  no  logran  dar  explicaciones lógicas y coherentes sobre su actuación y mucho  menos  sobre  el  contenido  de  las  llamadas…  Vemos  como  le  es imposible  justificar  lo  injustificable, dado que pedir dinero a la señora GRETTY en las  llamadas,  por  que  (sic)  supuestamente  era  de un préstamo, se sale de todo  contexto  y  mucho  menos  tratar  de decir que entre los documentos que la dama  llevaba  había  alguno que la identificaban como intermediaria entre bancos, es  de  un (sic) credibilidad nula y en consecuencia, de una pésima justificación,  lo  cual  afinca  una  vez  más  la  certidumbre sobre la comisión del punible  denominado  concusión”  y  no  el  de  abuso   de  autoridad  reclamado  por  los  defensores,  el  cual “se cae por su propio peso, en  cuanto  jamás  se  logró  demostrar  que  los  agentes cumplían un encargo de  quienes  tenían  la  posible  titularidad  de  conciliar  con  GRETTY… por el  contrario,  obedecía  a la consecución de un lucro personal sin el menor asomo  de legalidad”.    

El  Juez  de primera instancia, a tono con la  responsabilidad penal de los encartados, también sostuvo:   

“El  Despacho  le da credibilidad en este  aspecto,  a  lo manifestado por la señora GRETTY ARENAS ROBLEDO, no solo en sus  diferentes  declaraciones,  sino  en  lo expresado durante la Audiencia de Corte  Marcial,  y  es  que  se vio amenazada con hacerle efectiva una orden de captura  por  expendio  de  drogas,  no  sin  antes  aclarar  que  en  forma  tajante sin  vacilaciones  y  claramente  afirmó  haberle entregado la suma de un millón de  pesos  a  los uniformados, para este fin, situación que ha mantenido en todo el  proceso,  dinero  cuyo  origen se basa en un préstamo, probado con declaración  de  quien  lo  efectuara…  quizá  podamos  dudar  de  la honorabilidad de las  personas  que  fungen  como  denunciantes  y víctimas, dadas sus anotaciones…  pero  sería  tal  su  presión  o  posible afectación, ante la imposibilidad o  ilegitimidad  de  conseguir  lo  exigido,  que  decidieron acudir al GAULA, para  materializar  el  constreñimiento  de  que  eran  objeto, con ello deja muy mal  parados  a los uniformados, que quizá confiando en dichos antecedentes (o mejor  anotaciones)   de  estas  personas,  jamás  imaginaron  que  acudirían  a  las  autoridades  para  esta maniobra, dejando plasmadas allí las circunstancias que  le dan paso a los hechos denunciados”.    

Como  el  actor  abandonó  objetivamente  la  prueba  incriminatoria  y  solo  la  combatió  mediante conjeturas e hipótesis  indemostradas      en      la     actuación,     desconociendo     –de   paso-   las   valoraciones   que  realizaron  los  falladores,  la  censura  se  torna  insustancial  y carente de  lógica.   

Por   tanto,   se  inadmitirá el cargo.   

Demanda:   resumen   del   tercer   ataque,  presentado por “violación  al    debido   proceso   por   error   en   la   calificación   jurídica   del  delito”.  (Artículo 181, numeral 2°, de la Ley 906  de 2004).   

Afirmó   que   las  diversas  pruebas,  no  demuestran   –como   lo  indicó  el Tribunal- responsabilidad penal contra sus prohijados, por el delito  de    concusión;    existió,    por    el    contrario,    una    “violación   del   debido  proceso  por  indebida  calificación  jurídica   del   delito”,   bajo   los  siguientes  presupuestos, que la Sala resume:   

1)  Sus  defendidos  nunca  solicitaron  dinero,  constriñeron  o indujeron a las declarantes SANDRA  DALILA ROJAS, GRETTY ARENAS o JOSÉ GABRIEL FORONDA.   

2)   Aceptó  el  demandante  “que  los  Agentes  incurrieron  en  un  procedimiento  que  no  estaba dentro de sus funciones, como lo fue el servir de  intermediarios  para  recepcionar  un  dinero,  pero tal proceder se enmarcaría  dentro   del   tipo   penal   de   ABUSO   DE   AUTORIDAD   y   no   en   el  de  CONCUSIÓN”.    

3)  Los  policiales  condenados  solo  sirvieron  de  “intermediarios”  para     recibir     el     dinero     –insiste   el  actor-  como  pago  por  perjuicios  a  los  daños  ocasionados a un inmueble, quienes  actuaron de  “buena  fe y con el único propósito de prestar un  servicio al ciudadano”.    

4)  Respecto  de  “las  llamadas  telefónicas  no  se  hace  ninguna  exigencia de dinero”.   

5)  Adujo el censor  que  “como  bien  lo  he  demostrado a lo largo del  presente  escrito,  fueron  GRETTY  ARENAS, SANDRA ROJAS y JOSÉ GABRIEL FORONDA  quienes  de manera voluntaria decidieron pagar los perjuicios causados al señor  PEDRO  NEL  MURCIA  (sic),  sin  que  existiera  exigencia,  constreñimiento  o  inducción  de  parte  de mi cliente o de su compañero el Agente BOTERO, por lo  que  se  debe  concluir,  que su conducta de (sic) no se adecua al Tipo penal de  CONCUSIÓN”.   

6)  Los declarantes  PLINIO  y  PEDRO NEL MURCIA, junto con los patrulleros CÓRDOBA, CASTAÑEDA y el  señor  CÉSAR  ENRIQUE  MOLINA,  manifestaron  que  los aprehendidos ofrecieron  pagar  los  daños  a  PLINIO; por tal motivo, fueron autorizados los procesados  para recibir los cuatro millones de pesos.    

7)   El  peculio  entregado  a  los  policías,  “era una suma debida,  porque,  como  bien  lo  dijera  en  mis  alegatos de conclusión, al causar los  daños  injustificados,  les  asistía…  la obligación legal de resarcir a la  víctima   del   daño   causado   con   la  conducta  punible  (daño  en  bien  ajeno)”.   

8)   Por  tanto,  “si el dinero era debido, debe concluirse también,  que   CARLOS   ALBERTO   GARCÍA   MONTERO   no   incurrió  en  el  punible  de  concusión”,  pues  el  elemento normativo del tipo,  “cual es que el dinero o la utilidad por la cual se  induce  o  se  constriñe  al  articular,  sean  indebidos,  lo  que implica una  valoración  extrapenal  a  fin  de  indagar  sobre la competencia funcional del  agente  y  si  la exigencia está fuera del marco de lo debido desde el punto de  vista  estrictamente  legal”,  motivo  por  el cual,  citó a varios doctrinantes sobre el particular.   

9)  Concluye, de lo  expuesto,     que    no    se    presentó    el    delito    de    concusión,   sino   el  de  abuso   de  autoridad,  pues  “el  posible error de GARCÍA y de BOTERO consistió en servir de  mediadores  para  recibir  la suma, por lo que pudieron incurrir en una conducta  constitutiva  de  ABUSO DE AUTORIDAD, pero es el momento de manifestar también,  que  lo  hicieron  con  la  convicción  errada e invencible de que su actuar no  constituía  una  conducta  punible,  con  el  único propósito de colaborar al  ciudadano  PEDRO  NEL  MURCIA  (sic),  y acercarse al grupo delincuencial al que  pertenecían  la  señoras  ARENAS y ROJAS… pues para nadie es un secreto, que  en  aras de lograr la captura de grandes delincuentes, la Policía Nacional y la  SIJIN  en  especial,  acostumbra  tener  informantes  entre  los  mismos  grupos  delincuenciales”.   

Consideraciones de la Sala respecto al tercer  ataque:   

Es  una constante en el memorial-demanda, los  múltiples  desatinos  que  presenta  y, en la actual censura, nada diferente ha  pasado o cambiado.    

El   libelista   pretendió  imprimirle  su  particular,   subjetivo   e   hipotético  juicio  a  las  pruebas  –atacadas  por  violación  al  debido  proceso-    cuando    afirmó   que   (a)  sus  mandatarios  jamás  solicitaron  dinero alguno, (b)  solamente sirvieron de intermediarios  en  una  negociación  por  daños  y  perjuicios  causados  a un bien inmueble,  (c)   en   las   charlas  telefónicas  nunca  exigieron  plata,  (d)   no   hubo,   por   tanto,  constreñimiento,  pues  ellos  fueron  autorizados  por  terceras  personas para realizar la transacción, (e)    bajo    esas   premisas,   jamás  pretendieron  dádiva  o  prebenda  porque  “era una  suma        debida”,       y       (f)  si  ello es así, no existe delito de  concusión  sino, por el contrario, de abuso de autoridad, punible por el que se  les debe juzgar.     

Combinó,  en  este  orden, la causal tercera  (nulidad)  con  la  primera  (vía  directa  e  indirecta),  lo  cual vulnera el  postulado  de  autonomía  que  rige  el  recurso  de  casación;  además el de  claridad,  al  aglutinar  una  gran  variedad  de  temas  en  un  mismo contexto  argumentativo,   pues   el   ataque,   por  ejemplo,  cuando  se  refiere  a  la  inconformidad  en  la adecuación típica (concusión versus abuso de autoridad)  debe  realizarse  por la causal primera de casación (vía indirecta o directa),  con  el objeto de demostrar el yerro en el juicio conculcado por las instancias,  de  manera  puntual,  mediante  las  hipótesis establecidas por el legislador y  desarrolladas por la jurisprudencia.   

Siendo ello así, se  inadmitirá el cargo.   

Demanda:   resumen   del   cuarto  ataque,  sustentado  por “violación  al  debido  proceso  por  afectación  sustancial  de  su estructura o de la garantía debida a cualquiera  de  las  partes… por falta  de     competencia”.  (Artículo  181,  numeral  2°,  de  la  Ley  906  de  2004).   

Por   cuanto   en  una  decisión  de  esta  Sala4,  “se dijo que el delito de concusión  no  guarda ninguna relación con el servicio de policía y por tanto el fuero de  la  justicia  Penal  Militar  no  cobija  esta  conducta  punible,  debiendo ser  investigada  esta  por  la  justicia  ordinaria”.  De  suerte  para  el  libelista, que con la sola transcripción de la jurisprudencia  aludida,  le  bastó  para  demostrar  el  grave  error  de  las  instancias, en  “el   caso   particular   y  concreto  del  señor  Subintendente  CARLOS  ALBERTO GARCÍA MONTERO, la competencia para investigar y  decidir  de fondo, recaía en la Fiscalía General de la Nación y en los Jueces  Ordinarios,  no  en  la  jurisdicción  penal  militar,  como ocurrió en el sub  lite”.   

Consideraciones de la Sala respecto al cuarto  ataque:   

El presente cargo, igual que los anteriores y  aún  más, soporta  numerosas y plurales falencias: sin contenido, vacío,  alejado  de  motivaciones, despojado de alguna normatividad en la que se soporte  el  desatino  planteado.  Únicamente transcribió una jurisprudencia, olvidando  realizar  la  correspondiente argumentación lógico-jurídica a fin de explicar  la  nulidad  por  incompetencia  evocada, dejando todo al vaivén jurídico, sin  articular  en  lo  más mínimo un discurso tendiente a demostrar la nulidad que  enunció   e  ignorando  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  es  de  naturaleza  rogada,  donde  el actor debe inexorablemente determinar los yerros,  para  de contera,  difundir su discurso sobre la trascendencia a través de  un  razonamiento  jurídico  sólido  y  objetivo;  nada  de  ello  realizó  el  demandante.   

No  obstante, la Corte de manera excepcional,  cuando  se  enfrenta  a  una  posible  vulneración de derechos constitucionales  fundamentales  que  le  asisten  a  las  partes,  procede  de manera inmediata y  urgente  a  estudiar  las posibles falencias, a fin de sanear y depurar aquellas  actuaciones  ilegales  o  verificar  su  validez, en armonía sustancial con los  fines  de la casación consagrados en el artículo 206 de la Ley 600 de 2000; en  consecuencia,  superará  tales falencias, por ser de mayor entidad el potencial  derecho  amenazado  que  la carga argumentativa en cabeza del recurrente, con el  objeto  de  pronunciarse de fondo y exclusivamente sobre la nulidad esbozada por  una  virtual  incompetencia  de  la  justicia  castrense en cuanto al injusto de  concusión  cuando  es  investigado  y fallado por las normas penales militares,  tal  como se ordenará en la parte resolutiva del presente proveído, motivo por  el   cual,  se  dará  traslado  a  la  Procuraduría  Delegada, por el término de ley.   

Por   tanto,   el   cargo   se admitirá.   

Demanda:   resumen   del   quinto   ataque,  motivado  por “desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de  la   prueba   sobre   la   cual   se   ha  fundado  la  sentencia”.  (Artículo  181, numeral 3°, Ley 906 de 2004).   

Afirmó  que  se  trataba  de un “cargo  único”  y  adujo  a renglón  seguido:  “de los cargos contra la primera causal de  casación invocada”.   

El  Código Penal Militar, artículo 209 (Ley  522  de  1999),  -sostuvo-  consagró  el  in dubio pro  reo,    el    cual    informa    que    “el  operador  penal”,  al momento de  fallar  un  asunto,  no  puede  condenar  a  una  persona, por la presunción de  inocencia  que  la  acompaña,  “cuando no tenga la  certeza   de   la   existencia   del   delito   y   de  la  responsabilidad  del  investigado”.    

Sus      poderdantes     –agregó- fueron condenados con base en  las   pruebas  adjuntadas  por  la  denunciante  (casete  y  video)  los  cuales  “carecen  de  validez  por  su  origen  ilegítimo,  dándoles  una  importancia  inusitada,  cuando  los  testigos  de cargos en sus  intervenciones   procesales   incurren   en   un   torrente  de  mendacidades  y  contradicciones,  que  le  restan  cualquier  validez a las documentales y a sus  propios     dichos”;  teniendo  presente  los  aspectos  señalados, la Sala  resumirá   los   argumentos   soporte   del  ataque,  de  la  siguiente  forma:   

(1)   Por   la  “sarta  de  mentiras” de  GRETTY  ARENAS,  sobre  su trabajo en finca raíz y la supuesta autorización de  los   dueños   del   inmueble   para   poder   ingresar  a  él;  (2)  la  misma señora realizó actividades  irregulares  con  sus otros amigos (SANDRA y GABRIEL), con el objeto de ingresar  ilegalmente  a la residencia, al contratar un cerrajero y al cambiarse de nombre  el    último    de    los    citados,    por   el   de   CARLOS;   (3)  cuando  fueron  capturados GRETTY, le  dijo  mentiras  a la autoridad, expresándoles que se llamaba MARÍA CONCEPCIÓN  MARTÍNEZ;  (4)  en el sitio  donde  se  realizó  la exigencia del dinero por parte de los procesados -según  afirmó  el  libelista-  existe  “una contradicción  protuberante” entre lo expuesto por GRETTY y SANDRA;  (5)   en   las   variadas  apariciones  de  GRETTY, también se equivocó respecto de la suma de dinero que  le  habían  pedido  los  uniformados;  (6)  según  SANDRA  a GRETTY, no la reseñaron porque ella acordó con  los  policiales  entregarles  la  suma  de  diez millones de pesos; (7)  se  informó  que GRETTY, entregó en  prenda  su  vehículo  a  JAIRO  MARMOLEJO  para que le prestaran sobre él , un  millón  de  pesos, para ser suministrado a los procesados, pero el carro no era  de  ella,  y el señor si le prestó la suma aludida pero no le consta qué hizo  ella   con   el   peculio,   entre   otros   cuestionamientos   que   elevó  el  actor.   

Después  de  retomar  una  y  otra  vez  los  diversos  medios  probatorios,  concluyó  que  si  el fallo expedido contra sus  prohijados,   se   fundamentó   en   las  declaraciones  de  GRETTY  y  SANDRA,  “y   observando   la   apreciable   cantidad   de  incoherencias  y  mendacidades  en  que incurrieron las citadas damas a lo largo  del  proceso,  cantidad  tan exagerada que es de una mentira por párrafo, surge  evidente,  que  sus dichos no generan el grado de certeza que exige la ley penal  para proferir decisión condenatoria”.   

Adujo,  inclusive,  que  la  decisión  del  Tribunal  detectó  las  mentiras  de  las  declarantes,  pero al ser apreciadas  “continúa dándoles credibilidad en lo referente a  la  exigencia  de dinero de que dijeron haber sido objeto, lo que debió haberse  hecho  fue  dictar  decisión  favorable  a  los  señores  GARCÍA  y BOTERO en  aplicación  del  principio  de  in  dubio pro reo, descartando de plano pruebas  provenientes de personas de honorable reputación”.   

Sostuvo  que, “si  aplicamos  las  leyes de la lógica y la experiencia, necesariamente tenemos que  llegar  a  la  conclusión  de  que  GRETTY ARENAS ROBLEDO miente descaradamente  cuando  hace  estas  afirmaciones”,  por  todo ello,  “se  vulneró  el  debido proceso de mi cliente por  falta  de  un estudio de las pruebas en su conjunto de acuerdo con las reglas de  la  sana  critica”;  y,  desde  luego,  “se  trasgredieron por inaplicación”,  los  artículos  29  de la Constitución Política; 196, 211, 209. 396, 401. 437  de  la  Ley  522 de 1999; 11, 181 y 205 de la Ley 906 de 2004, y 94, 96 y 416 de  la Ley 599 de 2000.   

Finalmente,  solicitó  casar  “el  injusto  fallo  impugnado,  para  en su lugar se ABSUELVA de  toda  responsabilidad  penal  a  CARLOS ALBERTO GARCÍA MONTERO y ALDEMAR BOTERO  RODRÍGUEZ,  o  en  su  defecto, se decrete la nulidad de la actuación desde la  investigación  previa,  para  que  se surta el trámite legal ante la autoridad  judicial competente (justicia ordinaria).   

Consideraciones de la Sala respecto al quinto  ataque:   

También  la  presente  censura, contiene una  multiplicidad de vicios:   

(i)  No seleccionó  algún  sentido  de  los  errores  de  hecho  (falso juicio de existencia, falso  juicio  de identidad o falso raciocinio) o de derecho (falso juicio de legalidad  o   falso  juicio  de  convicción  de  llegar  a  presentarse  una  valoración  tarifada),  establecidos  para atacar las decisiones de las instancias, en todos  los  aspectos  referidos  a  las  pruebas;  motivo  por  el cual, dejó ayuna la  embestida.   

(ii)     Se  identifica  con   una   motivación  de  instancia,    donde    plantea    variados    temas:  prueba  ilícita,  origen  ilegítimo  de  las  mismas, falsa motivación de los funcionarios, credibilidad  de  los testigos de cargo, in  dubio    pro   reo,   sin  ningún     supuesto            casacional.   

(iii) Subsisten  en  su  memorial,     especulaciones     contra    lo    valorado    por    los   falladores,   como     aquella    cuando    afirmó:  “y   observando   la   apreciable   cantidad   de  incoherencias  y  mendacidades  en  que incurrieron las citadas damas a lo largo  del  proceso,  cantidad  tan exagerada que es de una mentira por párrafo, surge  evidente,  que  sus dichos no generan el grado de certeza que exige la ley penal  para proferir decisión condenatoria”.   

(iv) Sin  mencionar  el  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  se  refiere a él, mediante conjeturas e hipótesis descartadas por  el     Tribunal,     al    sostener:    “si   aplicamos  las  leyes  de  la  lógica  y  la  experiencia,  necesariamente  tenemos que llegar a la conclusión de que GRETTY ARENAS ROBLEDO  miente            descaradamente”.     

(v) Ignoró en todos  los       cargos      acreditar      el      principio      de      trascendencia,  sin el cual los ataques se  convierten  en  insustanciales  y  efímeros,  pues  las  consecuencias  de  los  diversos  yerros  propuestos, no se demuestran con la sola manifestación de las  potenciales     falencias     en    que    hubiesen    podido    incurrir    los  falladores.   

Por  último,  uno  de  los  principios  que  inspiran   el   recurso   extraordinario   de   casación   es  el  dispositivo, con el cual, lo pretendido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, fijándose con él la  competencia  de  la  Corte.  Sin que pueda ni deba hacerse, una readecuación de  los  cargos  y  sus fundamentos trascendentes, para así cumplir con la forma y,  luego  de  fondo, dictar la sentencia correspondiente. Esto concitaría a actuar  en   dos   extremos   excluyentes   y  exclusivos,  se  unificarían  tanto  las  pretensiones  contenidas  en  el escrito con el criterio jurídico de la Sala al  enmendar  el  libelo  y,  lo  más  censurable  de  todo,  sería  que  la misma  Corporación  que  convalidó  la  demanda,  falle  en  consecuencia.  Por ende,  admitirla   sin   que  cumpla  elementales  presupuestos  de  lógica  y  debida  argumentación,  es  como  ponerla  a  combatir  la  ilegalidad  en  un  proceso  usurpando  facultades  inherentes  a los intervinientes, partes o sujetos en una  actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Es por esta potísima razón que se insiste en  la  consagración  de  algunos  presupuestos  sin los cuales el recurso se torna  inane  y  queda convertido en un simple alegato de instancia, donde sólo impera  la  voluntad  del  censor,  más  no  se demuestra la afrenta a la Ley, la   Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad que es la causa final en la que  se inspira el instituto.   

No     es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin  enervar  los  derechos  adquiridos  a  los  sujetos  procesales,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  aquellos  yerros  conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas de mayor relevancia. Lo que ocurre es que si la  Sala   entra   a   solucionar  todos  los  defectos  contenidos  en  la  demanda  –admitiéndola-  se  le  irrogaría  a  la Judicatura un poder absoluto de reconfeccionarla y adecuarla a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego   entrar   a   decidir  el  problema  de  fondo:  lo  cual  es  absurdo  e  inconveniente.   

Se  verifica,  entonces,  que  la  demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

En  consecuencia,  los  defectos sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  rechazar  cuatro y admitir uno de los cinco  cargos  propuestos  en  la  demanda  de  casación  a  nombre  de los procesados  CARLOS  ALBERTO  GARCÍA  MONTERO  y  ALDEMAR  BOTERO  RODRÍGUEZ,  mediante  una  calificación  mixta;  de  conformidad  con lo consagrado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000; y, sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso, no se percibe en su contexto, alguna otra  vulneración   –solo  la  anunciada  en  el  cargo cuarto- a las garantías fundamentales constitucionales  como  para  ejercer  la  facultad  oficiosa,  en  virtud  de  lo dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:           Inadmitir  los  cargos  uno,  dos,  tres  y  cinco  de  la demanda de  casación   presentada   a   nombre   de  los   condenados  CARLOS  ALBERTO  GARCÍA  MONTERO  y  ALDEMAR  BOTERO RODRÍGUEZ, en virtud de lo  argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo: Admitir la  censura        para        estudiar        la        posible        incompetencia    de   la   jurisdicción  castrense,  para  lo  cual  se correrá traslado a la  Procuraduría  Delegada  ante  la  Corte,  a  fin de que emita el correspondiente  concepto  en el término de  ley,       atendiendo       lo       argumentado  atrás.      

Tercero: Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Cuarto:   Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Excusa justificada  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Como  las  del  PT. JUAN  CAMILO  CÓRDOBA RAMÍREZ, PT. RAÚL ÁNGEL CASTAÑEDA VILLA,  JHON  JAIRO MARMOLEJO PORTILLA, GRETTY ARENAS ROBLEDO, SANDRA DALILA ROJAS DAZA,  RARIO  DE  JESÚS  RIVAS  TOBÓN,  PEDRO NEL MURCÍA, PLINIO MURCÍA;  las  indagatorias  de  CARLOS ALBERTO  GARCÍA   MONTERO   y   ALDEMAR   BOTERO  RODRÍGUEZ.   

2 Como  la  situación jurídica, en  donde  se  afirmó,  por  ejemplo,  “no es de recibo  para   este  despacho”,  sin  ninguna  comilla  que  delimite  las transcripciones y las adiciones realizadas por el demandante, pues  ambas se ubican en el mismo texto.    

3  Iniciada el 12 de marzo de 2007, en Cali, por la Juez  157 de I. P. M. Mecal.   

4 Citó  el demandante el radicado 25.405 del 23 de mayo de 2007.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *