29871(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29871   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    185   

Bogotá  D.C., diez (10) de julio de dos mil  ocho (2008).   

V    I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el defensor de JOHANS  MAURICIO      ROJAS      MURCIA      contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Medellín, el  31     de    enero  de    2008,   mediante   la   cual   revocó   la  dictada  por  el  Juzgado  Veinte  Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad, el 19  de  septiembre  de 2007, y  lo condenó a la pena  principal  de  18  años de  prisión  y  a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por  el  mismo  lapso  de  la  sanción privativa de la libertad, como  autor     de     las  conductas  punibles  de     homicidio     y     fabricación,  tráfico    y   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones.   

H   E   C   H   O   S   

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“El  martes treinta y uno de octubre de  2006,  a  eso  de las 22:15 horas, en la terraza de la vivienda demarcada con el  N°  77B18,  de  la  calle 1a sector del barrio Belén Rincón, fue muerto de un  disparo en la cabeza Edison Andrey Álvarez Morales.   

“Los  señalamientos  recayeron  sobre el  joven  Johans  Mauricio  Rojas  Murcia, quien tenía enemistad con el occiso y a  quien  señalaron  las hermanas LAURA VANESA Y ESTEFANÍA TABORDA RAMÍREZ   de  haber  sido  el autor, asegurando ambas haberlo visto bajar de la terraza de  la   casa   de  ellas  y  escuchar  por  boca  de  él  mismo  que  ahí  se  lo  dejaba.   

“Cabe   anotar   que   aquella   noche,  popularizado   como  ‘el  día  de  los  brujos’ el  occiso  departía  en la terraza de la casa de su suegro, al parecer consumiendo  marihuana,  con  HÉCTOR  ALEJANDRO OSPINA ESTRADA, conocido por el apelativo de  “El  Mono”,  quien aseguró que habían otros contertulios y que en medio de  la  penumbra  apareció  un  desconocido  del  que  alcanzó  a percibir que era  moreno,   quien   descerrajó   un  tiro  contra  EDISON  ANDREY,  alcanzando  a  impregnarlo  a  él  de sangre y sesos, razón por la cual bajó raudo a guardar  su  buzo  en  una  vivienda  del frente e ir en búsqueda de un taxi para que la  víctima fuera remitida al dispensario.   

“Ante la presencia policial en la casa de  los  Taborda  y  la  información  allí  suministrada  los  agentes  fueron  en  búsqueda  de Johans Mauricio Rojas Murcia, quien no se hallaba en su casa, pero  después,  cuando  por  orden de la autoridad judicial se le detuvo, éste adujo  que  aquella  noche estuvo en el barrio pero a cierta distancia de la casa donde  fue  muerto  su  rival EDISON ANDREY, departió con algunas vecinas, entre ellas  MARÍA  ALEXANDRA  BETANCUR PABÓN y con su novia KELLY ANDREA VILLA VÁSQUEZ, a  quien  a  esa hora fue a acompañar hasta la iglesia del barrio, a fin de que se  fuera  hasta  su  casa,  tornando  luego  él  al mismo lugar, donde recibió la  noticia  de  la  mortal agresión contra EDISON ANDREY, siendo aconsejado de que  fuera  a  esconderse  para  que no lo volvieran a incriminar infundadamente, tal  como  había  sucedido  en  razón  de  un atentado que el hoy occiso sufrió en  2005,  razón  del  cual  estuvo  detenido  en  centro de reclusión de menores,  siendo favorecido después con la cesación de procedimiento”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Ante el Juez Veintiséis Penal Municipal con  funciones  de  control  de  garantías  de  Medellín, la fiscalía legalizó la  captura,  solicitó  la  medida  de  aseguramiento  y  le formuló imputación a  Johans   Mauricio   Rojas   Murcia,    por   los  delitos  de  homicidio  y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

El  29  de  marzo  de  2007, ante el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de Medellín, el  Fiscal  11 Seccional de la misma ciudad, presentó escrito de acusación por los  delitos  de  homicidio  y  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o  municiones contra Johans Mauricio Rojas Murcia.   

El juicio oral lo tramitó el Juzgado Veinte  Penal  del  Circuito  de  Medellín  que, el 19 de septiembre de 2007, profirió  fallo   de   primer   grado   en   el   que   absolvió    a   Johans   Mauricio   Rojas  Murcia  de  los  delitos imputados.   

Apelado    el    fallo    por   la              fiscalía,   el   Tribunal  Superior  de  Medellín,  al  desatar el  recurso,  el 31 de  enero  de  2008,   lo  revocó   y   condenó  a  Johans  Mauricio  Rojas  Murcia a la pena  principal  de  18  años de  prisión  y  a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por  el  mismo  lapso  de  la  sanción privativa de la libertad, como  autor     de     las  conductas  punibles  de  homicidio  y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con  base en la causal tercera de casación,  establecida  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el defensor de Rojas  Murcia  formula  un  único  cargo  contra  el  fallo proferido por el Tribunal,  así:   

Único cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  violado, de  manera  indirecta, la ley sustancial por “errores de  hecho en la evaluación de las pruebas…”.   

Después  de reseñar algunos argumentos de  la   sentencia   del   Tribunal,  los  artículos  373  y  381  del  Código  de  Procedimiento   Penal   y  a  unos  tratadistas  sobre  la  certeza,  anota  que  “la  censura  de  irracionalidad de la decisión se  sustenta      en      la     valoración     de     la     prueba”.   

Una  vez que trascribe jurisprudencia de la  Sala,  aduce  que  el  Tribunal  halló  responsable a su defendido “más  allá  de toda duda razonable”  con  apoyo  fundamental  en  los  testimonios  de  las  hermanas  Laura Vanesa y  Estefanía   Taborda   Ramírez   y  descarta  las  inconsistencias  de  éstas.   

A  continuación  reseña  algunos hechos y  acota  que  el juzgador de primera instancia  desestimó la presencia de su  defendido  en  el  lugar  de  los  hechos  “por  la  incompatibilidad    de    las   actitudes   contrapuestas   que   refieren   los  testigos”  y  que  el  Tribunal  considera  que sí  estuvo  en  el lugar. Conclusión que conlleva, a su juicio, a un error de hecho  por   falso   raciocinio,   por   violación   del   principio   lógico  de  no  contradicción.   

Expresa  que  aceptar  la  presencia  de su  defendido  en lugar de los hechos es admitir que éste al mismo momento realizó  dos acciones  distintas en el mismo espacio y tiempo.   

Arguye  que  las  jóvenes  mienten,  en la  medida   en   que   su  versión  no  compagina  con  la  de  sus  progenitores,  “menos  compatible  lo referido por las damas sobre  la  actitud  prepotente  y de matón sin temores, con la de quien posteriormente  busca  cambiar  su camisa para despistar a los amigos a los cuales ningún temor  tenía  de  ser  descubierto”   y  comenta que  resulta  “injusto el desechamiento del testimonio de  los   testigos  de  descargo,  simplemente   porque  seis  meses  después,  recordaban  con  lujo  de  detalles  las horas y acciones desplegadas por JOHANS  MAURICIO ROJAS el día de los hechos”.   

En   lo   que   llamó   “TRASCENDENCIA   DEL   ERROR  E  IN  DUBIO  PRO  REO”,  asevera  que el testimonio de las hermanas Taborda Ramírez es el  soporte  fundamental de la incriminación a su defendido y manifiesta que si las  pruebas  no  resisten  un  análisis crítico de acuerdo con el articulo 404 del  Código  de  Procedimiento  Penal, resulta evidente una duda probatoria que debe  ser  resuelta a favor de su defendido, máxime cuando no está probado que Rojas  Murcia hubiese ingresado al lugar donde se encontraba la víctima.   

Después  de  transcribir  a un doctrinante  sobre  el  in dubio pro reo, manifiesta que se vulneraron los artículos 31, 103  y  365  del  Código Penal por aplicación indebida y el 7°, incisio 2°, de la  Ley 906 de 2004 por falta de aplicación.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y, en su lugar, proferir la de reemplazo absolviendo a  su defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que  no  demostró la existencia del vicio y, menos, los conectó con  los  fines  que informan la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado  en la Ley 906 de 2004.   

En efecto, teniendo en cuenta los argumentos  sustento  del  único  cargo,  se advierte que la inconformidad del casacionista  está  sobre  el  mérito dado a los medios de convicción en que se fundamentó  el  fallo,  en  especial en los testimonios de Laura Vanesa y Estefanía Taborda  Ramírez,  puesto  que  el  juzgador  de  segunda  instancia sí les dio valor y  descartó  la  existencia de las presuntas inconsistencias anotas por el juzgado  de primera instancia para concluir en la absolución del procesado   

En el mismo sentido y con el ánimo de restar  el  mérito  dado  a los citados testimonios, insiste en que las damas mintieron  al  dar su conocimiento de los hechos en el juicio oral.   

Dicho  de otra manera, si bien es cierto que  el   casacionista   postula  la  censura  con  base  en  la  causal  tercera  de  casación   por  infracción  indirecta  de  la  ley sustancial derivado de  errores  de  hecho por falso raciocinio, de todos modos no evidencia el vicio de  apreciación,  en  tanto  que  sus razonamientos fluyen a cuestionar el grado de  valor dado por el Tribunal a los citados medios de prueba.   

En  tales condiciones, el libelista pasa por  alto  que  la  casación  no  fue  concebida con el fin de enfrentar el criterio  probatorio  del  juzgador con el personal, sino que fue estatuida para denunciar  vicios  de  derecho  o  de  actividad cometidos en la sentencia o en el proceso,  según el caso.   

Recuérdese  que  además  la  sentencia  de  segundo  grado   llega  a  esta  sede  amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  esto  es, que los hechos y las pruebas fueron apreciadas  correctamente y el derecho estrictamente aplicado.   

De  otro  lado, se advierte que el censor no  conoce  los  parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación que rigen para  demandar  el  error de hecho por falso raciocinio, en tanto que de manera velada  sólo   atina  a  enunciar  que  el  juzgador  no  respetó  en  el  proceso  de  apreciación  de  las pruebas el principio lógico de no contradicción, sin que  de su discurso se advierta el mentado error.   

Así, vale recordar que cuando la censura se  intenta  por  la vía de la infracción indirecta de la ley sustancial por error  de  hecho por falso raciocinio, compete al casacionista que indique cuál fue la  regla  de  la lógica, el principio de la ciencia o la máxima de la experiencia  vulnerada,  de qué manera lo fue y su incidencia con la parte dispositiva de la  sentencia.   

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  como se advirtió, el actor no hace otra cosa que discutir el mérito de  la  prueba sin que en modo alguno ponga en evidencia la violación del principio  lógico de no contradicción.   

Del mismo modo, no es cierto que el fallador  de  segunda  instancia  haya  trasgredido  dicho  postulado  de la lógica en el  proceso  de  apreciación  de las pruebas. Todo lo contrario, se advierte que de  un  examen  individual  y  mancomunado  de los medios de convicción el Tribunal  dedujo   no   solo   la   existencia  del  hecho  sino  la  responsabilidad  del  acusado.   

En  efecto, el juzgador de segunda instancia  fue  atinado  en  dar por demostrado que efectivamente el procesado fue el autor  del homicidio. Frente a este puntual aspecto así razonó:   

“Con  esta constatación y superación de  la  objeción  errada traída por el juez de instancia, concluimos que desde los  primeros  segundos  del  homicidio  hasta el juicio oral acontecido casi un año  después,  la  incriminación  ha permanecido vertical y contundente, sin rasgos  ni  posibilidad  de premeditación falaz. Así lo comunicaron a sus padres, a la  policía,  investigadores, fiscalía y juez del caso. Sin ninguna contradicción  esencial  las  hermanas  declararon  que  cuando  estaban sentadas percibieron a  Mauricio,  identificación  que  no  ofrecía  dificultad  dado ese conocimiento  previo  que existía en el barrio y la escuela; éste recibió un informe de que  el  occiso  se  hallaba  al  interior  de  la  residencia  e ingresó a la misma  subiendo  por  las  escaleras  que  dan  al segundo piso; escucharon un disparo,  luego  el  mismo  acusado desciende con un arma de fuego, anunciando en palabras  vulgares que ahí se lo dejaban muerto”.   

“La  incriminación es uniforme y ninguna  discordancia se observa”.   

Así   mismo,   dedujo  que  las  mentadas  inconsistencias   a que se aludieron en el  fallo de primera instancia  no  tienen  la  virtualidad  de  restar  mérito  de  los  citados  testimonios.  Veamos:   

“Ninguna  contradicción  grave  se  encuentra. Se trató de un procedimiento de agregados  conforme  a  las  preguntas  que  le  hacían,  terminando  en forma contundente  expresando  que  era  un  buzo  azul  con  negro,  con  rayas  rojas,  azules  y  blancos”.   

“Es diferente la  mentira  a  las  adiciones  que  surgen  acorde a las exigencias de detalles que  paulatinamente  se  le  hacen.  Es  que  ni en su primera declaración, ni en la  acontecida  en  el  juicio,  se  le  pidió  como  advertencia  categórica  que  suministrara  una  total  y  plena  descripción  de  las  vestimentas. Nadie le  inquirió  acerca de las particularidades de la vestimenta, todos se conformaron  con  su descripción básica como es lo usual y en ese tránsito de lo general a  lo particular, ninguna mala fe se advierte.   

“Entonces,   es  muy  desafortunada  la  crítica  que se le hace en lo que atañe a este punto de vista, pues la testigo  identificó  unos  colores  esenciales  y con preguntas subsiguientes incorporó  otros  accesorios, como fueron otros tonos y las rayas, rojas, azules y blancas.  Entonces,  es inadmisible e injusto que se tilde a la testigo de daltónica o de  mentirosa,  como  lo  sostuvo  la defensa. Esto no ocurrió. Es un argumento que  parte   de   una   premisa   falsa   que   genera   una   conclusión  de  igual  naturaleza.   

“Así las cosas, las declaraciones de las  jóvenes  se  consideran idóneas física y moralmente y en su incriminación se  encuentra    esa    razón    para    condenar   más   allá   de   toda   duda  razonable”.   

Por ultimo, también el Tribunal con respecto  a los testigos de la defensa manifiesto:   

“Respecto  a la  coartada,  por supuesto es fácil demostrar que son interesadas y sospechosas no  solo  porque  las mismas provienen de la novia y dos de sus amigas y esto genera  la  alerta  clara  de  un interés en el resultado del proceso, sino que además  avizoran inclinaciones de venganza…”.   

Por  manera  que ante la falta de claridad y  precisión  en  la formulación del único cargo, se impone la inadmisión de la  demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías   del   procesado  Johans  Mauricio  Rojas  Murcia,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Johans  Mauricio Rojas Murcia  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo  186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera precisar que como dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  la   Sala   ha   definido   las   reglas   que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de  JOHANS  MAURICIO ROJAS  MURCIA,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                        ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                             

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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