29843(23-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29843  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado  acta No.  130    

Bogotá,   D.   C.,    veintitrés  de  mayo  del  año dos mil  ocho.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  que presenta el apoderado del tercero civilmente  responsable,    señor    Marco    Antonio   Umaña  Santana,  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  el  31  de  enero  de 2008, mediante la cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Ibagué lo condenó, junto con el procesado TRINO  ANTONIO  HIGUERA  RINCÓN, a pagar  en   forma  solidaria  los  perjuicios  causados  por  el  delito  de  homicidio  culposo.   

ANTECEDENTES  

1.1.-  Los  hechos  fueron declarados por el  juzgador de la manera siguiente:   

“Acontecieron en el corregimiento Gualanday  del    municipio    de   Coello   (Tol.),  siendo  aproximadamente  las  10:00 A.M. del día 13 de enero de  2000,  en  la  vía  que de Espinal conduce a Ibagué, momentos en los cuales el  vehículo  tractocamión  marca  Kenworth,  distinguido  con las placas SKV-048,  conducido  por  TRINO  ANTONIO  HIGUERA RINCÓN colisionó contra la motocicleta  marca  Suzuki  TS-185  de  placa  HQF,  conducida  por  el  señor SANTIAGO CRUZ  GARCÍA,  produciéndose  el  deceso  de  este  último  en  el  mismo lugar del  accidente   por   haber   sufrido   una   lesión   en   la   región  vertebral  cervical”.   

1.2.- Abierta la Investigación por parte de  la  Fiscalía  33  Seccional  con  sede  en el Municipio de Espinal –Tolima1,     vinculó     mediante  indagatoria   a   TRINO   ANTONIO  HIGUERA  RINCÓN2,  a  quien  le  definió  la  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  consistente en detención  preventiva3.   

1.3.-  Previa  presentación  de  demanda de  constitución       de       parte       civil4,  se  dispuso la vinculación  al  proceso,  en  condición  de terceros civilmente responsables, de la empresa  transportadora  Procam  S.A.,  así  como  de  los señores MARCO ANTONIO UMAÑA  SANTANA       y      RUBÉN      D.      UMAÑA5.   

1.4-  Posteriormente,  previa  clausura  del  ciclo  instructivo  por  parte  de  la  Fiscalía 30 de la misma especialidad, a  donde    fueron    reasignadas   las   diligencias6,  el  13  de  mayo de 2003 se  calificó  el  mérito  probatorio  del sumario con resolución de acusación en  contra  del  procesado,  como presunto autor responsable del delito de homicidio  culposo7,  mediante  determinación que el 29 de  mayo  de 2003 cobró ejecutoria en esa instancia al no  haberse    interpuesto    recursos   contra   ella8.   

1.4.-  La etapa de juicio fue asumida por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Espinal9, en donde se llevó a cabo la  vista  pública10   y  el  21  de  julio  de  2006,  se puso fin a la instancia  condenando  al  procesado  TRINO ANTONIO HIGUERA RINCÓN a las penas principales  de  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión,  multa  en  cuantía  equivalente a  $1.000.00  y  la  suspensión en la actividad de conducir vehículos automotores  por   el   término   de  un  (1)  año,  así  como  a  la   accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término   igual   al   de   la   pena  privativa  de  la  libertad,   al   tiempo   que  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  por  el  término de  veinticuatro  (24)  meses, a consecuencia de hallarlo penalmente responsable del  delito   de   homicidio   culposo   a   él imputado en la resolución de acusación.   

Lo  condenó  también al pago de   los  perjuicios  materiales por la suma de $139.705.358.oo y “el 60% del valor  de  100 salarios mínimos legales mensuales, al valor en pesos que se tenga para  la  fecha  de  su  efectiva  cancelación”,  en  solidaridad  con  el  tercero  civilmente  responsable  MARCO  ANTONIO  UMAÑA  SANTANA  “quien figuraba como  propietario  del  vehículo  tractocamión  de  placas SKV 048”, al tiempo que  decidió  “EXCLUIR  de toda responsabilidad” a la empresa de Transporte  Procam   S.A11.   

5.-   Recurrida   esta  decisión  por  el  tercero    civilmente   responsable,   señor  MARCO  ANTONIO  UMAÑA  SANTANA12,  el  Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Ibagué, por medio del fallo proferido el 31 de enero de  2008  la adicionó “en el entendido que se fija un plazo de un año, contado a  partir  de  la  ejecutoria  de la presente providencia, para que se cancelen los  perjuicios  en  la  forma indicada en la providencia que ahora se revisa” y la  confirmó  en  lo demás,  al conocer en segunda instancia de la apelación  interpuesta13.   

6.-   Contra  la  sentencia  de segunda  instancia,  el apoderado del señor MARCO ANTONIO UMAÑA SANTANA, vinculado como  tercero    civilmente    responsable   interpuso   recurso   extraordinario   de  casación14,  el cual fue concedido por el ad quem15     y    presentó    la  correspondiente                demanda16,  sobre  cuya admisibilidad  se pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

Con apoyo en las causales tercera y primera  de  casación,  cuatro cargos formula el demandante contra el fallo del Tribunal  en  los  que  lo  acusa de haber sido proferido en juicio viciado de nulidad por  trasgresión   del  debido proceso (primer cargo), en violación directa de  la  ley  sustancial  (cargos segundo y tercero), y en violación indirecta de la  ley   sustancial   a  consecuencia  de  incurrir  en  errores  de  hecho  en  la  apreciación probatoria (cargo cuarto).   

PRIMER       CARGO.    Nulidad  por  violación  del  debido proceso.   

Manifiesta que el motivo de ineficacia de lo  actuado   radica   en   la   violación   del   principio   de  la  non     reformatio     in           pejus,   de que trata el artículo 31  de la Carta Política.   

Sostiene  al  efecto  que  el  juzgado  de primera instancia condenó  al  tercero  civilmente  responsable  al  pago  de  los  perjuicios materiales y  morales  ocasionados  con la infracción.  “sin  que  en dicha providencia se  pronunciara  frente  al  término  o  tiempo  dentro  del  cual los sentenciados  debieran  cancelar o realizar el pago de los perjuicios a favor de los herederos  de la víctima”.   

Anota  que  el  tercero  civilmente  responsable  recurrió  dicha decisión, convirtiéndose en  apelante  único.  No  obstante,  el  Tribunal  decidió  adicionar la sentencia  fijando  el  plazo de un año, contado a partir de la ejecutoria del fallo, para  que  se  cancelen  los  perjuicios  ocasionados, con lo cual, dice, se violó la  prohibición    de    la    non    reformatio   in  pejus   en  detrimento  de  los intereses de su  poderdante   agravando   su  situación,     a     pesar     de     ser     apelante    único,  y  sin  tener  en  cuenta  que  por  principio  de  favorabilidad  resultaba aplicable la Ley 906 de 2004 frente a la  Ley 600 de 2000.   

Sobre   dicho   particular  sostiene  que  “con  el  sistema  penal acusatorio la justicia es  rogativa,  y  que  el  llamado  a  solicitar  la  reforma o la aclaración de la  sentencia  en  el aspecto de la parte que adicionó el Tribunal era precisamente  la  parte  que en determinado momento se sintiera afectada con dicha situación,  en  este  caso  el reclamo mediante los recursos de ley radicaba en cabeza de la  parte   civil   quien   no   lo   hizo  dentro  del  término  legal”.   

Igualmente,  al  amparo de ese mismo cargo,  censura   “el  que  nos  se  haya  formalizado  la  vinculación  del tercero civilmente responsable como lo establece el Art. 69 de  la  ley  600  de 2000”, toda vez que la parte civil  solicitó  la vinculación del tercero civilmente responsable en el mismo cuerpo  de    la    demanda    de   constitución   de   parte   civil   “desconociendo  lo  normado  en el Art. 69 del C. de P.P. vigente a  la  fecha  de  los  hechos que establecía que la demanda del tercero civilmente  responsable      debe      hacerse      en      escrito     separado”.     

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  declarar la nulidad de lo actuado.   

SEGUNDO         CARGO           (subsidiario).             Violación  directa de la ley sustancial. Falta de aplicación del  artículo 32.1 del Código Penal    

Esta  censura  obedece,  dice,  a que “el  fallador  no reconoció que el señor TRINO ANTONIO HIGUERA RINCÓN en su actuar  estaba amparado por un caso fortuito”.   

Agrega que “el  juez  se  equivoca  al  momento  de analizar la forma en que sucedió el hecho y  debió  reconocer  como  causal  de ausencia de responsabilidad respecto del hoy  sentenciado  en  su  numeral primero (1º) en los eventos del caso fortuito y la  fuerza mayor”.   

Después de traer a colación lo considerado  sobre   dicho   particular   por  algún  doctrinante  nacional,  considera  que  “podemos  enmarcar  el despliegue de lo acontecido  en  los  lamentables hechos materia de este proceso, en el típico caso fortuito  y  es  así  como,  en  las  diferentes  pruebas  existentes en la foliatura, se  desprende  inequívocamente  que  los  rodantes  instantes antes de la colisión  marchaban  en sentido contrario y que el tractocamión lo hacía por su carril a  una  distancia  prudencial  de la línea de borde blanca y que la motocicleta lo  hacía  por  el  mismo  carril  pero en sentido contrario cuando de un momento a  otro  se  estrella con la parte trasera del trailer parte derecha produciéndose  la      muerte      del      conductor     de     la     motocicleta”.   

Añade que en la actuación “no  hay  certeza de la forma como ocurrió el impacto o colisión,  ya  que  la hipótesis del juzgador en donde concluye que el golpe lo recibe por  la     parte     derecha    no    está    suficientemente    probada  en  la  investigación”.        

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  casar  la  sentencia  impugnada  y  dictar  la de reemplazo en que se corrija el  error denunciado.   

TERCER         CARGO           (subsidiario).             Violación  directa de la ley sustancial. Aplicación indebida del  artículo 29 del C.P.   

Menciona     que     “la  censura  que  se  presenta en este cargo obedece al proceso de  raciocinio  que  realizó  el fallador  cuando deduce que con el actuar del  condenado se incrementó el riesgo”.   

Anota  que “el  fallo  determina  la  existencia de un obrar imprudente como causa eficiente del  resultado  lesivo  al  imputado,  sin  tener  en  cuenta, en forma acorde con lo  establecido  en los párrafos arriba precedentes, que la culpa es un supuesto de  error     de    tipo    evitable    que    debe    ser    explícito”.   

Después   de   hacer   algunas   otras  consideraciones,   sostiene   que   “el  juez  se  equivocó  al  momento  de  analizar  la  forma  como ocurrió el accidente, por  cuanto  valoró  las circunstancias mismas aplicando indebidamente la teoría de  la  elevación  del  riesgo, desconociendo sus alcances, ya que para la doctrina  mayoritaria   esta  teoría  no  explica  la  imputación  sino  simplemente  la  creación de riesgos”.   

Solicita,  por  tanto,  casar  la sentencia  impugnada  y  proferir  la  de  reemplazo  en  que  se corrija el yerro que dice  noticiar.   

    

CUARTO         CARGO.    (Subsidiario).   Violación indirecta de la ley  sustancial. Error de hecho por falso raciocinio.   

Con la pretensión de darle desarrollo a la  censura,  manifiesta  que la equivocación del fallador radicó en valorar “en  forma  errónea  la  prueba de que el motociclista rodaba a la par y en la misma  dirección del tractocamión”.   

No  se  tuvo  en  cuenta,  dice,   la  existencia  de  prueba  de  la  que se establece que su asistido “se  encontraba  cumpliendo  a  cabalidad  con  la  normatividad de  tránsito  al  momento de conducir su rodante y que en el instante de producirse  el  impacto, no estaba violando ninguna norma de tránsito, y que lo hacía como  cualquier  persona  diligente  y  cuidadosa lo hubiese hecho, puesto en la misma  situación”.   

Agrega que “la  prueba  obrante  en  el proceso, no fue valorada, por falso juicio de existencia  por  exclusión,  al pretermitir el juzgador la presencia de la prueba que grita  dentro  del  proceso  la condición de que el conductor del tractocamión rodaba  sin       infringir       norma       alguna       de      tránsito”.   

Refiere  al  efecto  lo  declarado por Luis  Eduardo  González  y  la  propia  indagatoria de TRINO ANTONIO HIGUERA RINCÓN,  cuyos  medios,  según  dice,  fueron  dejados  de considerar por los juzgadores  y  ello  condujo al error  señalado,  ya  que si las mencionadas pruebas hubieren sido apreciadas conforme  a  las reglas de la sana crítica, “muy seguramente  la  decisión  hubiera  sido diferente”, pues hasta  la  presencia  del  mencionado  testigo  en  el  lugar  de  los  hechos  aparece  acreditada,  con  las  fotografías  tomadas  instantes  después de ocurrido el  hecho, o por los miembros del CTI de la Fiscalía.   

      

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  casar  la  sentencia  recurrida  y  proferir la que deba reemplazarla según las  consideraciones que presenta.   

SE CONSIDERA:  

1.-  De  tiempo  atrás,  la  Corte  tiene  establecido  que  la  casación  no  es instancia adicional en la que puedan ser  presentados  informalmente  argumentos  de  disentimiento  contra  los fallos de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación del juicio donde resulte  posible  continuar  el  debate  fáctico y jurídico propio del trámite regular  del proceso.   

Su postulación ha de obedecer a la denuncia  y  demostración  de haber sido transgredida la ley con el fallo, y el escrito a  través  del  cual  se  ejerce  debe  cumplir  rigurosos  requisitos  de forma y  contenido,  establecidos por el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal  a    fin    de    que    pueda    ser    admitido   por   la   Corte.   

Entre  dichos  presupuestos  de  admisibilidad se  encuentra la obligación de presentar precisa y claramente los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos del motivo de casación que se aduce, pues  es  de   entenderse  que cada una de las causales susceptibles de invocarse  en  sede extraordinaria, obedece a naturaleza autónoma y su configuración trae  aparejada consecuencias de diversa índole para el proceso.   

En   relación  con  la  causal  primera,  la   Sala   tiene   precisado   que   cuando  se  denuncia  violación directa por falta de aplicación,  aplicación   indebida   o   interpretación   errónea  de  normas  de  derecho  sustancial,  es  deber  del demandante aceptar los hechos y las pruebas de ellos  tal  como  fueron  declarados  unos  y  apreciadas  las otras por el juzgador de  segunda  instancia,  y  exponer  su  discrepancia  en  el ámbito del raciocinio  estrictamente  jurídico,  es  decir,  sólo  con  las  consecuencias jurídicas  atribuidas  a  los hechos declarados, sin que resulte viable alegar o   sugerir   al  tiempo  la    presencia    de    errores   de  apreciación  probatoria,  dado que para ello la ley ha previsto la vía indirecta.   

Y  si se acude a  la    violación  indirecta  de  disposiciones  de  derecho  sustancial,  a  consecuencia  de  incurrir el juzgador en errores de apreciación probatoria, el  casacionista debe precisar si éstos son de hecho o de derecho.   

Los primeros se presentan cuando el juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el medio; porque omite apreciar una  prueba  que  obra  en  el proceso; porque la supone existente sin estarlo (falso  juicio  de  existencia); o cuando no obstante considerarla legal y oportunamente  recaudada,  al  fijar  su  contenido  la  distorsiona,  cercena o adiciona en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen  de  ella  (falso juicio de identidad); o, porque sin cometer ninguno  de  los  anteriores  desaciertos, pese a existir la prueba y ser apreciada en su  exacta  dimensión  fáctica,  al asignarle su mérito persuasivo transgrede los  postulados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la  sana  crítica  como método de valoración  probatoria (falso raciocinio).   

En esta dirección, se reitera que cuando la  censura  se orienta por el falso juicio de existencia por suposición de prueba,  compete   al   casacionista   demostrar   el   yerro   mediante  la  indicación  correspondiente  del  fallo  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no  obra  en  el  proceso; y si lo es por omisión de ponderar prueba que material y  válidamente  obra  en  la  actuación,  es su deber concretar en qué parte del  expediente  se  ubica  ésta,  qué objetivamente se establece de ella, cuál el  mérito  que  le  corresponde  siguiendo  los  postulados de la sana crítica, y  cómo  su  estimación  conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la  actuación,  da  lugar  a  variar  las  conclusiones  del  fallo,  y,  por tanto  modificar   la   parte   resolutiva  de  la  sentencia  objeto  de  impugnación  extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Y si lo que se denuncia es la configuración  de  un  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de la sana  crítica,  se  debe indicar qué dice de manera objetiva el medio, qué infirió  de  él  el  juzgador,  cuál mérito persuasivo le fue otorgado, señalar cuál  postulado  de  la  lógica,  ley  de  la  ciencia  o  máxima de experiencia fue  desconocida,  y  cuál  el  aporte  científico correcto, la regla de la lógica  apropiada,  la  máxima de la experiencia que debió tomarse en consideración y  cómo;  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe  ser  la  apreciación  correcta  de  la  prueba  o  pruebas que cuestiona, y que  habría  dado  lugar  a  proferir un fallo sustancialmente distinto y opuesto al  ameritado.    

Los  errores  de  derecho, entrañan, por su  parte,   la  apreciación  material  de la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades  legales  para  su  aducción, o la rechaza porque a pesar de estar  reunidas  considera  que  no  las  cumple (falso juicio de legalidad); también,  aunque  de  restringida  aplicación por haber desaparecido del sistema procesal  la  tarifa  legal,  se  incurre  en  esta  especie  de  error cuando el juzgador  desconoce  el  valor prefijado a la prueba en la ley, o la eficacia que ésta le  asigna  (falso  juicio  de convicción), correspondiendo al actor, en todo caso,  señalar   las  normas procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    predica    el    yerro,    y    acreditar    cómo    se    produjo    su  transgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedecen  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una secuencia de carácter progresivo, así encuentren concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  avenido  a  la  lógica que frente a la misma prueba y dentro del mismo  cargo,   o  en  otro postulado en el mismo plano, sin indicar la prelación  con  que  la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen argumentos referidos a  desaciertos probatorios de naturaleza distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar el sentido de transgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera objetiva  su  contenido,  el  mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de éste en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación la norma de  derecho  sustancial  que mediatamente resultó excluida o indebidamente aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber ocurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado, integrando de esta manera  la proposición del cargo y su formulación completa.   

Además, de acogerse a la vía indirecta, la  misma  naturaleza  rogada que la casación ostenta impone al demandante el deber  de  abordar  la demostración de cómo habría de corregirse el yerro probatorio  que  denuncia,  modificando tanto el supuesto fáctico como la parte dispositiva  de  la  sentencia,  tarea  que  comprende realizar un nuevo análisis del acervo  probatorio,  valorando  las  pruebas  omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas, o  apreciando  acorde  con  las  reglas  de  la  sana  crítica  aquellas  en  cuya  ponderación  fueron transgredidos los postulados de la lógica, las leyes de la  ciencia  o los dictados de experiencia; y excluyendo las supuestas o ilegalmente  allegadas  o  valoradas; pero no de manera insular sino en confrontación con lo  acreditado  por  las  acertadamente  apreciadas,  tal como lo ordenan las normas  procesales  establecidas  para  cada  medio  probatorio  en particular y las que  refieren  el  modo integral de valoración, y en orden a hacer evidente la falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de un concreto precepto de derecho  sustancial,  pues es la demostración de la transgresión de la norma de derecho  sustancial  por  el  fallo, la finalidad de la causal primera en el ejercicio de  la  casación17.     

Del  mismo modo, en tratándose de la causal  tercera   o   de   nulidad,  la  jurisprudencia  tiene  por  sentado18,  que los  motivos  de  ineficacia  de  los  actos procesales no son de postulación libre,  sino  que  por  el  contrario  se  hallan  sometidos al cumplimiento de precisos  principios que los dotan de sentido y los hacen operantes.   

De  acuerdo con éstos, solamente es posible  alegar  las  nulidades  expresamente previstas en la ley (taxatividad); no puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta  haya  dado  lugar a la  configuración  del  motivo  invalidatorio, salvo el caso de ausencia de defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella puede  convalidarse  con  el consentimiento expreso o tácito del sujeto perjudicado, a  condición  de  ser  observadas  las  garantías fundamentales (convalidación);  quien   alegue   la  nulidad  está  en  la  obligación  de  acreditar  que  la  irregularidad  sustancial  afecta las garantías constitucionales de los sujetos  procesales  o  desconoce  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción y/o el  juzgamiento  (trascendencia);  y,  además, que no existe otro remedio procesal,  distinto   de   la   nulidad,   para   subsanar   el   yerro   que  se  advierte  (residualidad).               

De      manera      que,  en  sede de casación, no basta con  solamente  invocar  la existencia de un motivo de ineficacia de lo actuado, sino  que  compete   al  demandante, precisar el tipo de irregularidad que alega,  demostrar  su existencia, acreditar cómo su configuración comporta un vicio de  garantía  o  de  estructura, y la trascendencia frente al fallo cuestionado. Si  lo  que  se  persigue  es denunciar la presencia de varias irregularidades, cada  una  de  ellas  con  entidad  suficiente para invalidar la actuación o parte de  ella,  resulta  indispensable  que  se  sustenten  en  capítulos separados y de  manera  subsidiaria  si  fueren  excluyentes,  pues sólo así puede acatarse la  exigencia  de  claridad  y precisión en la postulación del ataque y respetarse  los principios de autonomía de los cargos y de no-contradicción.   

Lo  anterior  por  cuanto  las  nulidades no  surgen  por  la  sola  circunstancia  de haberse incurrido en una irregularidad,  sino  porque  habiéndose  configurado el desacierto y siendo éste de carácter  sustancial,  afecta  garantías  de los sujetos procesales o desconoce las bases  fundamentales de la instrucción o juzgamiento.   

2.-  En  el presente caso, resulta evidente  que  ninguno  de  los cargos propuestos en la demanda formulada por el apoderado  del  tercero civilmente responsable contra la sentencia impugnada, logra cumplir  estas  exigencias  básicas.  La  falta  de  claridad,  precisión  y  de debida  sustentación,  cuando no  de  idoneidad  sustancial,  son el elemento común en todos y cada uno de ellos.  Las  inconsistencias  de  fundamentación  y  técnicas  son  de  tal magnitud y  entidad,  que  impiden establecer el verdadero alcance de la pretensión, lo que  determina  que  el libelo  no pueda ser admitido al trámite casacional con  miras  a  un  pronunciamiento  de  fondo,  en términos que seguidamente pasan a  precisarse.   

2.1.-  En  relación con la primera censura  -postulada al amparo del  motivo   tercero   de   casación,   se  denuncia  que  la  violación  del  debido  proceso provino  del  hecho  de  que   el   Tribunal   hubiere  fijado  un  plazo  para  pagar  los  perjuicios,  pese  a  que  dicha  disposición  no fue tomada por el juzgador de  primer  grado  y  a  que  el  tercero civilmente  era recurrente único, lo  que,  en  criterio  del  demandante,    comporta    violación    de    la    prohibición   de   reforma  peyorativa-, debe decirse  que   el   casacionista  no  cumplió  el  deber  de  acreditar     cómo,  al  haber  procedido  el  Tribunal      de     dicha     forma,  resultaron  afectados negativamente  los intereses de su representado.   

Es de tal entidad la precariedad del ataque,  que  no  se  da  a la tarea de mostrarle a la Corte, cómo al haber pasado de la  exigibilidad       pura       y       simple       de      una      condena  pecuniaria  impuesta  en  la  sentencia  de  primera instancia, a una obligación sometida al plazo de un año  para   su   cumplimiento,   se   causó     un    perjuicio    patrimonial    al    tercero    civilmente  responsable.   

   

Lo  cierto  del  caso  es  que el  casacionista  por  parte alguna aborda el proceso demostrativo  de  cómo  el  desacierto  que denuncia resulta trascendente a los intereses que  representa,  con  lo cual un ataque de tales características devine incompleto,  por ende inidóneo para los fines perseguidos con la demanda.   

Esta misma situación de falta de claridad y  precisión  concurre  en  el  segundo  apartado  del  cargo,  toda  vez  que sin  presentar  una  censura  distinta,  cuando  de  denunciar la presencia de varias  irregularidades  se  trata,  bajo  un  mismo enunciado de propuesta en el primer  cargo   formula   otro   con   características   y   alcance  diverso  para  el  proceso.   

Con    trasgresión    de              los      principios  de  autonomía  y  de prioridad que  rigen  el  instrumento  extraordinario,     inopinadamente    sostiene  que  asimismo la transgresión al debido proceso derivó  de  haberse  admitido  la  solicitud  de  vinculación  del  tercero  civilmente  responsable  en  el  mismo  cuerpo  de  la  demanda  de  constitución  de parte  civil.   

Pero   si   la  entremezcla  indebida  de  cuestionamientos  al  fallo  de  segunda instancia da  cuenta  del  particular  concepto  que el recurrente  tiene  de  la  casación,  esta  misma  situación concurre cuando se aprecia la  carencia   de   idoneidad   sustancial   del   reparo   que  propone.   

No  entiende  la  Sala  de qué manera pudo  haberse violado el debido  proceso   por  haber  actuado  el  apoderado  de  la  parte  civil  y  la  Fiscalía  de conformidad con la  disposición   que   el   recurrente   dice   trasgredida,   pues   resulta   claro  que  el  aludido    artículo    69   de   la  Ley 600 de 2000 establece  que  la  vinculación  del tercero civilmente responsable podrá solicitarse con  la   demanda   de   constitución   de   parte  civil  o  posteriormente  en  escrito  separado, sin que se  establezca  que  en  el  primer evento deba necesariamente presentarse de manera  independiente.   

Lo    que   se   aprecia   entonces,   no   es   la   intención  concreta  de  denunciar  la  configuración de una  irritualidad   con   capacidad   de   derruir  las  bases  fundamentales  de  la  investigación   o   el  juzgamiento,  o  la  existencia  de  una  irregularidad  de     incidencia  negativa    en   las  garantías  procesales  de  la  parte que representa,  sino  simple  y llana oposición del demandante a la actuación de la judicatura  tan   sólo  porque  se  admitió  la  demanda de  constitución  de  parte  civil  y se le vinculó al  proceso  para  que  respondiera  patrimonialmente por los daños causados por el  autor  material  del comportamiento que fue objeto de  investigación y juzgamiento.   

2.2.-   Igual  sucede  con  los  cargos  segundo  y  tercero que el  demandante  formula,  pues  cuando  era  de  esperarse  que acogiera sin reserva  alguna  la  declaración  de  los  hechos  y la ponderación que de la prueba de  ellos  hicieron  los  sentenciadores,  y que además presentara su disenso en el  ámbito  del estricto raciocinio jurídico, se dedica a cuestionar la facticidad  declarada  en  la  sentencia  pero  sin cotejar     siquiera    sus asertos con los del sentenciador.   

Esto  es  lo que se establece de la demanda  cuando  el  libelista  sostiene  que  no  existe certeza sobre la forma como los  hechos  tuvieron  realización,  o  que el sentenciador se equivocó al analizar  las  circunstancias  que  rodearon  al  accidente,  para cuyo cuestionamiento el  estatuto  procesal  reserva  la vía indirecta de violación a la ley y no   la directa que erradamente invoca.   

2.3.-          Y  cuando  en el cuarto cargo denuncia  la  existencia  de  errores de hecho en la apreciación probatoria, es lo cierto  que   no   concreta   el   tipo   de  error  que  pretende  noticiar.             Comienza  enunciando la configuración  de     un     error     de     hecho     por     falso    raciocinio,  sin  indicar  la  prueba  o pruebas  sobre  las  que  recae,  y  termina  pregonando  falso  juicio de existencia por  omisión,    haciendo   del   cargo   una   mezcla  ininteligible  de  ideas  y  conceptos  que  le impide a la Sala desentrañar el  verdadero propósito perseguido por el libelista.   

Pero  aún  si  se  llegase  a  asumir que opta por el falso juicio  de  existencia  por  omisión probatoria, debe indicarse que en dicha hipótesis  el   casacionista  no  es  fiel  a  las  declaraciones  del  fallo  a   punto   tal   que   su   sola   lectura   evidencia   todo  lo  contrario.   

Al  efecto  es de advertir que no es cierto  que  el  Tribunal  hubiere  dejado  de  apreciar  el  dicho  del  procesado o la  declaración  rendida  por  Luis  Eduardo  González. Para demostrarlo baste con  traer    a    colación    el    siguiente   aparte   del   fallo   de   segunda  instancia:   

“Por  eso, la versión del sentenciado no  tiene  apoyo  en  las  huellas  del  accidente  que  se  registran en los medios  indicados.   Tampoco    puede   ser  veraz  la  versión  del  testigo  que  supuestamente  vio  lo  que  acontecía,  toda  vez que las evidencias mismas lo  desmienten,  por  un lado, por cuanto advierte la presencia de obstáculos en la  vía,  los cuales, mirados en el registro fotográfico, son inexistentes, y, por  otro,  es enfático en reiterar, tanto en la primera como en la segunda versión  que  ‘no alcancé a ver  qué    fue    lo    que    hizo    exactamente    la    motocicleta’,     posteriormente     indica  ‘posiblemente   un  obstáculo  para  la  moto,  pudo haberle dado un infarto cardiaco, como haberse  resbalado,  inconsistencias  que  demeritan su dicho y no puede ser tomado en su  integridad  lo  manifestado  frente  a  la  causa  del  accidente”19.         

Patentiza  esto  la  falta  de  fundamento  fáctico  en  la  formulación  del  ataque,  toda  vez  que  en el fallo sí se  analizó  la  prueba  que  el  censor  dice echar de  menos,      por      lo     que     su  propuesta cae en el vacío. Ahora,  si  lo pretendido era denunciar que los juzgadores erraron al ponderar la prueba  recaudada  durante  las  fases  de  investigación  y  juzgamiento, tenía  por  carga tomar el sendero del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  lo cual ni  siquiera   intenta,  ya  que  deja  de  expresar    en   qué   específicamente     radicó     el  desconocimiento  de  los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de experiencia.   

Tampoco  indica,  cuál  habría  de  ser  el correcto entendimiento  de  los  medios y de qué  manera  la  corrección  del  yerro  en  sede  extraordinaria  y su apreciación  individual   y   en   conjunto   con  las     demás     pruebas  sobre  las  que  no recae ningún tipo de error, daría lugar a proferir un fallo en sentido  sustancialmente  distinto  y opuesto al contenido en la parte resolutiva del que  es     objeto     de     censura,     con     lo     cual     la    hipotética trasgresión de las reglas  de   la   sana   crítica   también   quedaría  también  indemostrada.   

Por    el    contrario,    el   demandante   hace   depender  la  demostración    de   la   censura   en  sostener,  contrariando  incluso  la  realidad  que  la actuación ofrece, que la prueba es  indicativa   que   el   tractocamión  rodaba  sin  infringir  norma  alguna  de  tránsito.   

Lo ofrecido en el libelo, no es,  entonces la intencionalidad concreta  de  demostrar  que  el  fallo  transgredió normas de derecho sustancial, juicio  para  el  cual  ha sido instituida la casación, sino oponerse a su cumplimiento  mediante  una  exposición  particular  sobre cómo ha debido decidirse la causa  conforme  al  alcance  persuasivo  que, en su criterio, poseen algunos medios de  prueba allegados al proceso.   

Se      observa      así,   que en lugar de ajustarse  a  los presupuestos de admisibilidad legalmente establecidos, la libelista acude  a  este instrumento extraordinario como forma de prolongar el debate para lograr  una   revaloración   probatoria   por  fuera  de  la  llevada  a  cabo  por  el  sentenciador,  desconociendo  que  el  proceso  concluyó  con el  fallo de  segundo  grado, hallándose a estas alturas amparado por la doble presunción de  acierto   y   legalidad,   la   cual  era  de  su  carga  desvirtuar    y    lejos    está   de   poder  lograr.   

3.- Siendo entonces ostensibles los defectos  que  la  demanda  acusa,  pues, como se deja expuesto, de ella no se desentraña  precisa  y  claramente  los fundamentos de las causales invocadas, y no pudiendo  la  Corte  corregirla  por  virtud  del  principio  de  limitación  que rige su  actuación,  lo  procedente  será  inadmitirla,  declarar desierto el recurso y  ordenar  la  devolución  del expediente al despacho de origen, conforme así se  establece  de los artículos 197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de  2000.   

Esto  último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas  decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el apoderado del  tercero   civilmente   responsable   en  el  proceso  que  se  sigue  en  contra  del procesado TRINO  ANTONIO  HIGUERA  RINCÓN, por lo  anotado  en  la  motivación  de este proveído. En consecuencia se DECLARA     DESIERTO    el recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

No hay firma  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Fl. 7  cno. 1   

2 Fls.  19 y ss. cno. 1   

3 Fls.  88 y ss. cno. 1   

4 Fls.  102 y ss. cno. 1   

5 Fls.  115.ss cno. 1   

6 Fl.  176 cno. 1   

7 Fls.  205 y ss. cno. 1   

8 Fl.  214 cno. 1   

9 Fls.  216 cno. 1   

10 Fls.  294 y ss. cno. 2   

11  Fls. 334 y ss. cno. 2   

12  Fls. 363 cno. 2   

13  Fls. 4 y ss. cno. Trib.   

14  Fls. 46 cno. Trib.   

15  Fls. 51 y ss. cno. Trib.   

16  Fls. 66 y ss. cno. Trib.   

17  Cfr. Cas. agosto 6 de 2002. Rad. 19330   

18  Cas. Agosto 1º de 2002. Rad. 12091   

19 Fl.  16 cno. Trib.     

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