30417(27-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30417  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

                                     Dr. AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

Aprobado Acta No. 239  

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  apoderado del  procesado  contra  la sentencia dictada el 04 de marzo de 2008 por el Juzgado 12  Penal  del  Circuito  de  Cali, mediante la cual confirmó la proferida el 31 de  octubre  de  2006  por  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal de Cali, que  condenó   a   Oscar   de   Jesús   Peláez  Peláez  por el delito de hurto agravado.   

Hechos.  

Oscar  de Jesús Peláez Peláez propuso   al   señor   Oscar  Toro  Mera  hacer  parte  de  un  negocio  que  había  acordado  con  la  empresa  Industrias de  Licores  del  Valle  consistente  en  la  adquisición  de  nueve  (09)  tanques  vitrificados  por  un  valor  de   $  400.000  cada  uno para un total de $  3.600.000.  La  propuesta estribaba en que el segundo aportara el dinero para la  compra   de  los  referidos  tanques  y  dividir  las  ganancias  de  la  futura  venta.   

El señor Oscar Toro  Mera  aceptó  la  oferta  y aportó el dinero para la  compra,  pero  tiempo  después, cuando fue a retirar los tanques de la licorera  para  comercializarlos,  se halló con la sorpresa de que el señor Oscar  de  Jesús  Peláez  Peláez, había  retirado cuatro unidades para venderlos.   

Por lo anterior, formuló denuncia penal   contra  el  procesado  Oscar de Jesús Peláez Peláez,  el      10 de agosto de 2001.   

Actuación  procesal  relevante.   

1. La Fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos,  vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria a Oscar  de  Jesús  Peláez Peláez, y el 23  de  julio de 2003 calificó el mérito del sumario con resolución de acusación  por  el  delito de hurto agravado, decisión que quedó ejecutoriada el  08  de      septiembre      del      mismo      año1.   

2.  El  31  de  octubre  de  2006, el Juzgado  Primero  Penal  Municipal  de  Cali  condenó  al  procesado a la pena principal  privativa  de  la  libertad  de  07  meses  de prisión, a la accesoria  de  inhabilitación   de  derechos  y funciones públicas por el mismo término  de  aquella  y  al  pago  de  perjuicios  materiales  y morales en cuantía de $  26.929.470    a   favor   del   señor   Oscar   Toro  Mera, como autor responsable del delito imputado en la  acusación2.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor, el  Juzgado  Doce Penal del Circuito de Cali lo confirmó en su integridad, mediante  el    suyo    del    04    de    marzo   de   20083.    Inconforme    con   esta  decisión,     el    apoderado    del    procesado    recurre    en    casación  discrecional.   

La         demanda.   

El  defensor postula la casación excepcional  del  inciso  final  del artículo 205 del Código de Procedimiento Penal en aras  de  obtener  el restablecimiento de la garantía fundamental del debido proceso,  conculcado  por  errores  en   “la motivación sentencia” que llevó al  Juzgado   a   aplicar  indebidamente   las  normas  sustanciales   que  consagran  el hurto agravado y dejar de aplicar  el artículo 7 del Código  de Procedimiento Penal.   

Afirma que el implicado tiene derecho  a  “un  proceso  justo,  sin  dilaciones  injustificadas”, en el que se motiven  debidamente  las sentencias y se valoren las pruebas de acuerdo a los principios  de la sana crítica.   

“(…) el Juzgado incurrió en la falta de  valoración   del   legajo  expediental,  omitiendo  unas  y  distorsionando  el  contenido    de    otras,    situación    que    lo   llevó   a   conclusiones  equivocadas.”   

Fundamenta la demanda en la causal primera de  casación,  cuerpo segundo, de la ley 600 de 2000 (artículo 207), formulando un  cargo  contra  la  sentencia  impugnada,  por  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  debido  a  errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia e  identidad así:   

–  Falso juicio de  existencia  por  omitir la declaración   de  la   señora   Lucy  Moreno,  vertida en la diligencia de audiencia pública.   

Explica  que el testimonio de la señora  Lucy  Moreno, se adujo en la  vista  pública  y  fue oportunamente decretado en la audiencia preparatoria. De  su  contenido  se  percibe que fue secretaria del procesado durante ocho años y  por  ello  tuvo  conocimiento  de  estos hechos. Le consta que cuando se hizo el  negocio  de  los  tanques  entre  el  denunciante  y el procesado, acordaron que  iban       como     socios,     es     decir,     por     mitad.   

Según  este  testimonio,  se  corrobora  la  inocencia  de  la persona sub-judice, en el sentido de que solo vendió la parte  de los tanques que le correspondía.   

La    Segunda    instancia   omitió   el  análisis    de   esta  prueba,  situación  que  llevó  a  concluir   equivocadamente  que existía  el delito de hurto.   

–  Falso juicio de  identidad   por   distorsión  del  contenido  de  la  indagatoria  rendida  por  el procesado Oscar de Jesús  Peláez Peláez.   

En la sentencia de segunda instancia se afirma  que   el   procesado   en   su   indagatoria,   aseguró  que  entre  él  y  el  denunciante   no  existió  sociedad  alguna  y  que  en  el  negocio sólo  accedería   a un porcentaje por la venta, conclusión que no corresponde a  la realidad.   

El  implicado  “nunca  dijo  eso”. Por el  contrario,  hizo  énfasis  en  que  él  iba  con  la  mitad  de  ese negocio y  respondió  textualmente: “La sociedad consistía en  que  teniendo yo la adjudicación  de los tanque y no la disponibilidad del  dinero,  OSCAR  TORO,  me  ofreció  a  mí, aportar dicho dinero e iríamos por  partes  iguales  en  la  negociación,  básicamente  eso fue, aclaro que en mis  negocios  de  comerciante  yo aporto el negocio y si alguien aporta el dinero yo  participo  del 50% de la venta de dicho negocio y en el caso concreto esa fue la  conversación mía con el señor OSCAR TORO”.    

En el apartado de la referencia, “el Juzgado  puso  a  decir  lo  que  la  prueba  no  dice.  Puso al procesado a confesar una  ilicitud cuando en verdad lo que dijo fue lo contrario”.   

–  Falso juicio de  identidad   por   distorsión  del  contenido  de  la  declaración  rendida  por  el  testigo   Moisés  Banguera  Pinillo  jefe   de  inventarios  de  la  Industria de Licores del Valle.   

Esta declaración es tomada como si el testigo  dijera  que  el  único dueño de los tanques era el denunciante. Vale decir, se  asume  el  dicho  como  de cargo. En realidad lo que el declarante dice es que a  quien  se  conocía  como  comprador  de  excedentes  industriales, desde hacía  varios  años,  era al procesado, que a éste se le adjudicaron los tanques y se  le  requirió para que se los llevara, porque necesitaban la bodega. Agregó que  por  eso  se  permitió  a  Oscar  de  Jesús  Peláez  Peláez sacar cuatro unidades.   

Sostiene que, el declarante está a favor del  procesado,  que en ningún momento eclosiona la existencia del hurto que reporta  el  quejoso. “Se le permitió sacar los tanques porque era la persona conocida  en esa empresa”.   

No obstante, el juzgado tomó su declaración  en otro sentido.   

–  Falso juicio de  existencia  por omisión de  la   declaración  del  señor  Luis  Fernando  Caldas  Vallecilla.   

Es   de  interés  el  error,  sostiene  el  recurrente,  pues  el declarante explica cómo el denunciante lo presionaba para  que declarara mentiras.   

En  efecto,  en  la  última  respuesta de su  testimonio,  textualmente  dijo: “lo que pasa es que  él  si  fue  y  me dijo lo de la declaración, pero yo inmediatamente me negué  pues  él pretendía que yo viniera y declarara algo que NO HABÍA SIDO ASÍ, yo  nunca  le  ofrecí  los tanques a VINCORTE, él pretendía que yo dijera eso, lo  cual no fue así”.   

Afirma,  el  afán torticero del denunciante.  Sin  embargo,  el  Juzgado no tuvo en cuenta esta declaración, que  arroja  serias dudas sobre los cargos.   

        SE CONSIDERA   

El artículo 205 de la ley 600 de 2000, norma  aplicable  al  caso  en  estudio,  exige  para  la  procedencia  del  recurso de  casación  que  el  hecho  punible  por  el  que se procede tenga señalada pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo exceda de ocho  (8) años.   

El delito de hurto agravado por la confianza,  por  la cual fue condenado el procesado, se encontraba sancionado para la época  de  los hechos con pena de uno (1) a dos (2) años de prisión por no exceder la  cuantía    de    los    diez   (10)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes4,  es  decir, con una sanción privativa de la libertad cuyo máximo  no  superaba el requisito punitivo requerido para acceder a la casación común.   

La Corte ha sido constante en sostener que la  casación  discrecional  exige  para  su  admisibilidad  el  cumplimiento de dos  condiciones:  (i)  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para  la   protección   de  las  garantías  fundamentales  o  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  y  (ii)  presentar una demanda que cumpla las condiciones   mínimas  requeridas  por la ley y la lógica casacional para su estudio, en sus  aspectos formal y sustancial.   

Lo primero, implica, implica demostrar que la  sentencia  desconoció  un  derecho  fundamental  específico  que  requiere  la  intervención  de  la Corte para su protección, o que se está frente a un tema  que  no  ha  tenido  desarrollo  jurisprudencial, o que teniéndolo es necesario  revaluar,   o   que   alrededor   del   tema  discutido  se  presentan  posturas  interpretativas divergentes, que se hace indispensable unificar.   

Lo   segundo,  cumplir  los  requerimientos  mínimos  de  forma  y  contenido  señalados  para  la  casación común por el  artículo  212  del estatuto procesal penal, a saber: (1) identificación de los  sujetos  procesales  y de la sentencia impugnada, (2) resumen de los hechos y de  la  actuación procesal, y (3) señalamiento de la causal invocada y exposición  de  sus  fundamentos,  en  la  forma  requerida  por los principios que rigen la  casación y la lógica de la causal planteada.   

En  el  caso  en  estudio, el casacionista no  logra superar ninguna de estas exigencias.   

Respecto  de la primera de ellas, relacionada  con  el  deber  de  justificar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte,  insistentemente  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha sostenido que cuando de la  casación  excepcional  se  trata, el demandante debe exponer así sea de manera  sucinta  pero  clara qué es lo que pretende con el recurso, teniendo como norte  que  solamente procede para el desarrollo de la jurisprudencia o para garantizar  los derechos fundamentales.   

Sobre tal requisito, el demandante cita como  justificación  de la casación excepcional, que “Es  necesario  que  la  Corte  se  pronuncie al respecto, con criterio de autoridad,  dejando  sentado que no se puede soslayar  el derecho fundamental al debido  proceso  y que las sentencias deben ser debidamente motivadas, como también que  en  el  caso de sentencias condenatorias no se puede soslayar el análisis de la  tipicidad,   antijuricidad   y   culpabilidad   de   la  conducta”5,  sin que con  dicha  exposición  permita  advertir en concreto la razón específica que hace  procedente  la  casación discrecional y la necesaria intervención de la Corte,  lo  que  de entrada sugiere la inadmisión del libelo, porque ante la naturaleza  rogada  de  la  casación  no  puede  la  Sala enmendar, subsanar o corregir las  deficiencias anotadas.   

Además no se advierte, ni el casacionista se  esfuerza  en  demostrarlo,  que  pueda  estarse  en presencia de irregularidades  sustanciales   que  comprometan  la  estructura   del  proceso,  o  afecten  las   garantías  de los sujetos procesales, ni menos, que las conclusiones  probatorias  de  los  juzgadores  de  instancia,  en  las  cuales se sustenta la  decisión  impugnada,  sean  producto  de  operaciones  inferenciales  absurdas,  ilógicas  o  irracionales,  constitutivas  de  una  vía  de  hecho por defecto  fáctico, que quebranten el debido proceso.   

La  demanda  tampoco cumple las exigencias de  idoneidad  formal  y  sustancial,  pues  aunque  en el libelo se especifican con  claridad  la  causal  de  casación  invocada, el sentido de la violación y los  errores  de  apreciación  probatoria que se plantean, se incurre en desaciertos  en  la  formulación  de  los  yerros  y  se  dejan  vacíos insubsanables en su  demostración,  al  igual  que  en  la  acreditación de sus implicaciones en la  decisión     impugnada,     técnicamente    denominada    trascendencia    del  error.   

Respecto  a la violación indirecta de la ley  sustancial,  que  es la vía de ataque escogida, interesa recordar que según la  reiterada  jurisprudencia  de  esta  Sala,  hace referencia a los errores en que  puede  incurrir  el  juzgador  en  la  apreciación probatoria, siempre y cuando  ellos  conduzcan  a  la equivocada declaración del derecho material.   

Cuando  se  acude  a  esta  vía  de censura,  compete  al  actor precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en el fallo  acusado,   esto  es,  acreditando  cómo,  de  corregirse el yerro sobre las pruebas erradamente apreciadas y  valorárselas  adecuadamente  junto  con las restantes válidamente incorporadas  al proceso, la sentencia habría sido de distinto contenido.   

El casacionista, como se recuerda, plantea dos  errores    de   existencia   y   dos   de   identidad.   Los   de   existencia  por  omitir las declaraciones  de  la  señora  Lucy Moreno y  del      señor      Luís     Fernando     Caldas  Vallecilla;    y   los   errores   de   identidad  por  distorsionar el contenido  de  la  indagatoria  del  procesado  y  la  declaración del señor Moisés           Banguera           Pinillo.           Vease:   

1.-  Errores  por  falso juicio de existencia.   

En   relación  con  las  declaraciones  de  Lucy  Moreno  y Luis  Fernando  Caldas  Vallecilla,  que se  afirmaron   excluidas  de  la  valoración  judicial,  el  censor  incumple  las  exigencias  de  precisión,  logicidad,  claridad  y  coherencia que requiere la  casación,  pues  simplemente  se quedó en la mera enunciación de los errores,  en  cuanto  a  la  supuesta  omisión  que  le  imputa  al juzgador respecto del  análisis  de las declaraciones, sin identificar la trascendencia de las mismas,  ni  argumentar  con claridad qué hubiese acontecido de haber sido sopesadas por  el  juez  y,  menos  aún,  se  refirió  en  forma  objetiva  a  desvirtuar las  motivaciones  de  la sentencia atacada –  conforme  a  la causal seleccionada de casación – para cambiar su  sentido.   

Es  más.  los  dos errores de existencia, de  entrada,  no  tienen  vocación de éxito, puesto que, en lo que respecta con la  declaración  de  Lucy Moreno  la  sentencia  de  primera  instancia,  que  en  el  punto conforma  unidad  inescindible  con  la  del  ad-quem,  sí  la  tuvo en cuenta, como surge de las  siguientes argumentaciones:   

“Considerando  entonces que el testimonio  consiste  que  (sic)  una  persona a (sic) conocido un hecho, ya sea porque lo a  vivió   (sic),   o   ha  participado  acompañado  simplemente  a  los  sujetos  involucrados   en  el  acto  o hecho y lo trasmite al funcionario Judicial,  adquiriendo  condición (si) de testigo desde ese mismo momento. De lo dicho por  la  Sta.  LUCY  MORENO  ninguna de las anteriores circunstancias aconteció pues  ninguna  de  las  personas que participaron en la negociación menciona que ella  se  encontraba  acompañando  al  procesado  PELÀEZ P. Encontrando que habiendo  estudiado  en  conjunto  los factores que permiten conocer cuando un testigo nos  dice  la verdad pero se observa si bien es cierto conoce desde hace muchos años  al  Sr.  PELÁEZ,  el  mentir  para  salvar  a  su  jefe de una situación   delictual,  hace  que  su  testimonio  por  así  llamarlo,  a  la final resulta  descartable  por  su  falta  total  de  moralidad, sinceridad o veracidad por el  interés  que  tiene  en  el  proceso  por  el  nexo que tiene con el procesado,  declarándolo  como  testigo sospechoso según el ordenamiento del Procedimiento  Civil         Art.        217        (…)”6.   

De   manera   que,   no  existió  omisión  valorativa,  pues aunque el juez de segunda instancia no haya hecho referencia a  ella,  no puede predicarse su desconocimiento puesto que la sentencia de segunda  instancia  al  ratificar  aquella,  hizo  como  suyo  las valoraciones, que, por  supuesto   fueron  realizadas  al  considerar  que  son  las  decisiones  unidad  temática.   

Sobre el segundo reproche (desconocimiento de  la    declaración    de    Luis   Fernando   Caldas  Vallecilla),   el   recurrente   no   demostró   su  trascendencia  que  de  haberse  tenido en cuenta su contenido, el fallo habría  sido  de  exoneración  de  responsabilidad  y  no  de  condena. Es claro que la  valoración  de  un  medio de prueba no requiere la cita expresa del testigo, lo  que  se  exige  es  que su contenido, lo que prueba, haya sido valorado. En este  sentido,  la sentencia de primera instancia, avalada por el ad-quem, reseñó el  contenido  del testimonio  de Luis Fernando Caldas  Vallecilla7,  quien  en  conclusión  declaró  que los cargos eran mentirosos;  más  adelante,  el juez fundamentó que los señalamientos eran creíbles y las  excusas y explicaciones contrarias no eran de recibo:   

“Todas  las exculpativas, y explicaciones  dadas  por  el  procesado, no son de recibo para esta instancia, todas vez (sic)  dentro  del plenario se pudo establecer claramente  que si es cierto que el  ofendido  era  su  amigo y tenía relaciones comerciales en otras oportunidades,  el  despacho  encuentra  que  pudo  más   la  avaricia que la amistad y la  rectitud  pues  quedo  evidente  que  convenció  al Sr. OSCAR TORO MERA de  realizar  el  Negocio de la compra de los tanques y después aprovecharse de que  le  fueron  adjudicados  y  aprovechándose  también  de  lo conocido por otras  chatarras  que había comprado en otras oportunidades en la Industria de Licores  del  Valle,  y  aunado  al  hecho  de  la  permisibilidad  en  la  salida de las  mercancías   pudo   sacar   con  facilidad  los  cuatro  tanques  tantas  veces  nombrados.”8   

De  lo  anterior  surge  que el contenido del  testimonio sí fue valorado.   

2.-  Errores       por       falso      juicio      de      identidad.   

El  demandante  señala     que     el     juzgado    incurrió   en   falso  juicio  de  identidad,     por    distorsionar    la    indagatoria    de   Oscar   de   Jesús   Peláez   Peláez  y   la  declaración  del  señor   Moisés  Banguera  Pinillo,  cuestionando  desde su personal perspectiva  los medios de convicción.   

Así,     los    falsos    juicios        de       identidad  tienen  lugar  por  errores al  adelantar  la apreciación y valoración probatoria, y recaen sobre el hecho que  revela  la  prueba  o sobre el contenido material de ésta. De manera que surgen  cuando  se  le distorsiona, desfigura, tergiversa, o se le cercena una parte, se  le agrega, sectoriza o parcela.   

En  torno  al  punto  la  Sala  ha sostenido:   

“El   falso   juicio  de  identidad  se  caracteriza  porque  el  juez  tergiversa,  desdibuja,  la  materia objetiva que  compone  la prueba. Esa tergiversación puede suceder, por ejemplo, porque se le  quite  algo  al medio; se le agregue; se le modifique; o, y ahí tendría razón  el actor, porque se le parcele.   

Pero al demandante le corresponde demostrar  firmemente,  sin  duda  alguna,  en  qué  consiste la falta de identidad que le  imputa  al  juez  y,  con  exactitud,  por  ejemplo,  qué  es  lo  que  ha sido  parcelado”9.   

No  basta simplemente con citar los medios de  prueba  sobre  los que recae el error, sino que es vital señalar de qué manera  el  fallador  tergiversó,  distorsionó  o  desfiguró  el  hecho que revela la  misma.   

El  libelista,  en  su  reclamo,  no  logra  demostrar  que  al  contenido  de  las  citadas  experticias  se les otorgó una  dimensión  equivocada.  Su  molestia  radica en que el análisis probatorio del  ad-quem  no  coincide  con  sus aspiraciones defensivas, en tanto se duele de la  credibilidad que le asignó al relato de la víctima.   

Esto  es  así, porque antes de confrontar el  contenido  material de las pruebas que afirma distorsionadas y la contemplación  material  que de ellas hizo el Juzgado –segunda    instancia-   al  trasladarlas  a  la  sentencia para  demostrar   la  distorsión,  y  su  repercusión  definitiva  en  la  sentencia  impugnada,  se  ocupa  de  elaborar  sus  propias  valoraciones  a partir de una  visión  fragmentaria  de  las  pruebas,  sin  considerar  que  tanto el juez de  primera  y  segunda  instancia  concluyeron  la  responsabilidad de Oscar  de  Jesús Peláez Peláez, a partir  del  análisis  en  conjunto  del  acervo  probatorio  y  no  de  cada  elemento  individualmente              considerado10.   

De los     dos     medios     de    prueba    se    desprende, que el trato  estribaba  que el procesado  tendría  una participación sobre  las ganancias  de  la futura venta de los  tanques,  más  no  sobre la inversión que hizo el denunciante para comprar los  referidos,   pues   no   es   de  recibo,  que Oscar de  Jesús  Peláez  Peláez  tenga  participación en el  dinero   aportado  por  Oscar  Toro  Mera   por   el  sólo  hecho  de vincularlo  al negocio bajo el argumento de existir entre los dos una sociedad.   

En  síntesis,  la  demanda  no  cumple  las  exigencias  mínimas  requeridas.  Por  tanto,  se  inadmitirá  y  se ordenará  devolver  el  proceso  a  la  oficina de origen, no advirtiéndose violación de  garantías  fundamentales  que imponga a la Corte el deber de enmendar de manera  oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  discrecional  presentada  por el apoderado del señor  Oscar  de  Jesús  Peláez  Peláez,  en  condición de procesado.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

JOSE  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                    ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN     

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                                          YESID RAMIREZ BASTIDAS         

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                   Teresa Ruiz Núñez   

                                                       SECRETARIA     

1  Folios 139-145 del cuaderno original 1.   

2  Folios 251-268 del cuaderno original 2.   

3  Folios 282-291 del cuaderno original 2.   

4  Artículos 239 inciso 2, 241 numeral 2 de la Ley 599 de 2000.   

5 Folio  320 Cuaderno Original 2.   

6 Folio  262. Párrafo segundo. Cuaderno Original 2.   

7 Folio  253 Sentencia de Primera Instancia.   

8 Folio  262 Sentencia de Primera Instancia.   

9  Auto   del   23   de   febrero   de  2006  (radicado  24.101).   

10  Confróntense   folio  261  párrafo  tercero  de  la  sentencia de primera  instancia  y  folios  6 y 9 de la sentencia de segunda instancia, donde aparecen  relacionados  los  contenidos  de  las  experticias parcialmente aludidas por el  censor.     

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