29820(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29820   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº    185   

Bogotá  D.C., diez (10) de julio de dos mil  ocho (2008).   

V    I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por el defensor de JOHANNY  CORTÉS  ESPEJO  contra la  sentencia   de   segunda   instancia   proferida   por   el   Tribunal  Superior  de Bogotá, el 18  de  diciembre  de  2007,  mediante la cual confirmó  la  dictada  por el Juzgado Veinticinco  Penal  del  Circuito  con  funciones     de     conocimiento     de  la  misma ciudad, el 31 de octubre de  ese  mismo  año,  y   lo  condenó  a  la  pena  principal  de  73 meses y 18 días de prisión y a la  sanción   accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   término  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad,  como  autor de la conducta punible de acto  sexual      violento  agravado.   

H   E   C   H   O   S   

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“…ocurrieron el once (11) de julio de la  presente  anualidad  (2007), a eso de las cuatro de la tarde aproximadamente, en  el   inmueble   ubicado   en   la   carrera   88   C   Nº   49  B  –  20 de esta ciudad, al que llegó el  individuo  que  posteriormente  fuera  identificado como Johanny Cortés Espejo,  quien  adujo  ser empleado de la empresa GAS y que debía efectuar una revisión  para de esta manera poder entrar a tal residencia.   

“En el interior de la misma, aprovechando  que  estaba  sola  la  menor …, de once años de edad, procedió a intimidarla  con  arma  blanca  para  hacerla  desnudar  y  colocarse boca abajo para posarse  encima  de ella, instante este en el que hizo presencia Alfonso Mora, abuelo del  menor,  que  impidió la consumación del acto sexual pretendido por el agresor,  sujeto  que  al  notar  la  llegada  del referido abuelo procedió a huir siendo  interceptado    por    la    comunidad    que    le    dio   captura”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Ante  el  Juez  Tercero  Penal Municipal con  funciones  de control de garantías de  Bogotá, el 12 de julio de 2007, se  celebró   la   audiencia  de  legalización  de  captura,  formulación  de  la  imputación  e  imposición  de  medida  de aseguramiento, acto en el cual   Johanny  Cortés  Espejo  se allanó, de manera libre y voluntaria, del cargo de  acto  sexual  violento  con  menor  de  14  años, según lo preceptuado por los  artículos 206 y 211 del Código Penal.   

Presentado el escrito de acusación, el 31 de  octubre  de  2007,  el  Juzgado  Veinticinco  Penal del Circuito con función de  conocimiento  de  Bogotá, el 31 de octubre de 2007, dictó sentencia de primera  instancia  en la que condenó a Johanny Cortés Espejo a la pena principal de 73  meses  y  18 días de prisión y a la sanción accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  sanción  privativa  de  la  libertad, como autor de la conducta punible de acto  sexual violento agravado.   

Apelado  el  fallo  por  el  procesado  y su  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  18 de diciembre de 2007, lo  confirmó en su integridad.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con  base  en la causal primera de casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurrente formula un  único cargo contra el fallo proferido por el Tribunal, así:   

Único cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado la norma  sustancial   por   “aplicación   errónea  de  la  ley…”.   

Luego  de  recordar  que  su  defendido  se  allanó  a  los  cargos  de  manera libre, voluntaria y consciente, acota que la  circunstancia  de  agravación  consistente  en  que  el  punible se cometió en  persona menor de 12 años de edad no se encuentra demostrada.   

Después  de  resaltar  unos incidentes que  desde  su  personal  óptica  ocurrieron  durante  el  trámite  de la audiencia  preliminar,  manifiesta  que  el  fiscal  anunció  que  la  rebaja  de pena por  allanarse   a  los  cargos  podía  ser  “hasta  la  mitad”.   

Manifiesta que esa fue la razón para que su  defendido   se   hubiese  allanado  a  los  cargos.  Sin  embargo,  el  juez  de  conocimiento  al  momento  de dictar el correspondiente fallo de mérito estimó  que  el  acusado  no  tenía  derecho a dicha rebaja de pena, razón por la cual  estima  que  se  desconoció  el ofrecimiento hecho por el fiscal en cuanto a la  mentada punición.   

En  el  acápite que llamó “RESUMEN  DE  LO  QUE  SERÁ  OBJETO  DE  DEBATE  EN LA AUDIENCIA DE  SUSTENTACIÓN  DEL  RECURSO ORAL DE CASACIÓN ANTE LA HONORABLE CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA”,    agrega  que en ese instante  demostrará  que la interpretación hecha por los sentenciadores en cuanto a que  su  defendido  no  tenía derecho a los beneficios resultó equivocada y, por lo  mismo,  errónea,  en  tanto que atenta contra los principios constitucionales y  del llamado bloque de constitucionalidad.   

Así  mismo,  afirma  que  en  dicho  acto  insistirá  en  que  los  juzgadores le dieron una interpretación equivocada al  artículo  199,  numerales  7°  y  8°  de  la  Ley 1098 de 2006, puesto que se  desconocieron        los        principios        rectores       “constitucionales         y         legales”,         situación  que  impidió  que  a su defendido se le reconociera la  rebaja de pena hasta del 50%.   

Y, por último, argumenta que a su defendido  no  se  le  podía  condenar  por la circunstancia de agravación prevista en el  artículo  211,  numeral  4°,  de la Ley 599 de 2000, puesto que la misma no se  halla    demostrada    “ni    aportada   en   las  preliminares”.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia  impugnada,  de  acuerdo  con  los linimientos de la causal primera de  casación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

En  tales  condiciones, se puede colegir que  este  recurso  fue  concebido  como control constitucional, dada la función que  ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo  prevé  el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por  ende, guardiana de los fines  primordiales   contemplados   en   el   artículo   180   de   la   Ley  906  de  2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación  de  derechos o garantías fundamentales, para lo cual  también    deberá    formular     y    desarrollar    los   correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Corte,  son  los  mismos  del  proceso  penal, lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del  interés  en  el censor, la correcta selección de las  causales,  la  coherencia  de  los  cargos  que  a  su   amparo     pretenda     aducir,     y     la     debida  fundamentación  fáctica  y  jurídica  de  éstos,  además de la necesidad de  acreditar  cómo  con  su  estudio se cumplirán uno o varios de los fines de la  casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciado  su  trascendencia,  para  de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.   Teniendo  presente  los anteriores  derroteros,  desde  ya  advierte  la  Sala  que   el   libelista   carece    de    interés    para    recurrir   en   esta    sede   respecto  del  reparo  formulado  por  la  circunstancia  de  agravación punitiva atribuida al hoy sentenciado.   

En  efecto,  como  lo ha  indicado  la  Corte  en  reiterados  pronunciamientos,   la  aceptación de  cargos,  como una modalidad de terminación abreviada del proceso, obedece a una  política  criminal cifrada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia,  con miras a que el imputado o acusado, según el  caso,  resulte  beneficiado  con una sustancial rebaja en la pena que habría de  imponérsele  si  el fallo se profiere como culminación del juicio oral, de una  parte   y,   de   otra,  que  el  Estado  ahorre  esfuerzos  y  recursos  en  su  investigación y juzgamiento.   

En  tales  condiciones, dentro del marco del  principio  de  lealtad que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de  cargos   de  un  acto  unilateral  del  imputado  o  acusado,  no  hay  lugar  a  controvertir  con  posterioridad a la aceptación del allanamiento por parte del  juez,  la  existencia  o no tanto de la conducta punible como la responsabilidad  del procesado.   

Es  decir,  cuando  el  juez  de  control de  garantías  o el de conocimiento acepta el allanamiento por considerarlo que fue  voluntario,   libre,   espontáneo,  informado  y  asistido,  surge  en  el  procesado  la  improcedencia   de  retractarse  de  lo  que ha admitido. En  consecuencia,  es incompatible con el principio de lealtad toda impugnación que  busque     deshacer     los     efectos     de     la    aceptación    de    la  responsabilidad.   

De  esa  manera, cuando la censura formulada  contra  la  sentencia por vía de la casación tiene como finalidad controvertir  los  aspectos  relacionados con el injusto y su responsabilidad, entre ellos, la  intervención  en la conducta punible, el actor carece de interés, aspecto que,  como  se  indicó  en  precedencia,  se constituye en presupuesto imprescindible  para    la    admisibilidad    de    la   demanda.2   

Sólo  el  sentenciado  tiene  interés para  controvertir  a  través  de  los  recursos  la  vulneración  de sus garantías  fundamentales,  el  quantum  de  la  pena  y  los   aspectos referidos a su  determinación.  En este último evento tampoco se puede mostrar inconformidad a  quien  preacuerda  con  la fiscalía los términos de su responsabilidad y de la  sanción, siempre y cuando el juez los haya respetado.   

En  el  evento  que ocupa la atención de la  Corte,   el  actor  carece  de  interés  para  cuestionar  en esta sede lo  atinente  a la circunstancia de agravación punitiva contemplada en el artículo  211,  numeral  4°,  de  la  Ley  599  de 2000, en la medida en que la misma fue  aceptada  de  manera  libre,  voluntaria  y  consciente  por  el procesado en la  diligencia  de formulación de cargos, razón por la cual no puede ser discutida  por cuanto que ello implicaría una retractación de los cargos.   

Ahora bien, en cuanto a la violación directa  de  la ley sustancial en que presuntamente incurrió el sentenciador, por cuanto  que  al  procesado  no  se  le  concedió  la  rebaja  de  pena insinuada por la  fiscalía,  vale  en  primer término resaltar que esta modalidad de infracción  de  la  norma ocurre de manera inmediata, esto es, cuando el juzgador elabora el  juicio de derecho.   

En  efecto, recuérdese que se incurre en la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  cuando  el  juzgador al momento de  construir  el  juicio  de  derecho  aplica  una  norma  que  no era la llamada a  gobernar  el asunto, excluye otra que sí resolvía los extremos de la relación  jurídica   procesal  o,  que  habiéndola  escogido  correctamente  le  da  una  interpretación que no consulta con su texto.   

Por  manera  que  corresponde  el censor que  ilustre  a  la  Corte  en  qué consistió el error de aplicación del derecho y  cómo  el  mismo  incidió  en  el  resultado  final  del  proceso, al punto que  afectaron  sus  derechos  y  garantías.  Ahora  bien,  en  cuanto a la invocada  interpretación  errónea  de  la  ley,  al  casacionista le competía que   indicara  a  la Corte que la norma escogida era la llamada a gobernar el asunto;  empero,  el  juzgador  le  dio  un alcance que no consulta con su texto, para lo  cual  debió  también  demostrar  cuál  era  la interpretación correcta de la  norma.   

La  Corte  observa  que  el  único  cargo  formulado  contra la sentencia de segunda instancia el actor lo dejó a mitad de  camino,  habida cuenta que la labor de la debida argumentación la difirió para  el  acto  de la sustentación oral de la demanda de casación, según lo reglado  por  el  artículo 184, inciso 4°, de la Ley 906 de 2004, situación que impone  la  indamisión  del  libelo,  puesto  que  la Corte, en virtud del principio de  limitación, no puede entrar a complementar al libelista.   

Frente  al  anterior punto, considera a Sala  oportuno  recordar  que  si bien la casación en la Ley 906 de 2004 en más laxa  en  cuanto  a  la  postulación de la censura, de todos modos, de acuerdo con el  mentado  artículo  184,  es claro en reglar que para efecto de la admisibilidad  de  la  demanda,  el  libelista  debe desarrollar desde el punto de la lógica y  debida  fundamentación  el  reproche que formula contra la sentencia de segunda  instancia  y, por supuesto, conectarlos con algunos de los fines previstos en el  artículo 180 el Código de Procedimiento Penal.   

Como se anunció, en este supuesto el censor  no  hizo  el  más  mínimo  esfuerzo  en  fundamentar el único cargo contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  puesto que  afirmó que tal cometido lo  haría    en    la    audiencia   de   sustentación   oral   del   recurso   de  casación.   

De  otro lado, no resulta cierto que el acto  de  allanamiento  de  cargos  hubiese tenido como génesis la expectativa de una  rebaja  del  50%  de  la  pena imponer, toda vez que revisados los registros que  obran en el trámite se avizora otra realidad.   

En  efecto,  si  se  observa  la  audiencia  preliminar  en  donde  al  procesado   se  le  hizo  la  formulación de la  imputación  de los cargos, se advertirá que los mismos hacían referencia a la  comisión  de  la  conducta  punible de “acto sexual  violento  con  menor  de  14 años agravado prevista en el art. 206 y 211 del C.  P.”.   

Así  mismo,  en  dicha  acta  también  se  advierte  que  en  la diligencia el entonces imputado manifestó “ALLANARSE  A  LOS CARGOS”, motivo por el  cual  el  citado  despacho judicial ordenó “remitir  por  competencia  la  actuación al juzgado de conocimiento para que se profiera  la  correspondiente  sentencia”,  siendo presentado,  posteriormente, el escrito de acusación bajo los mismos términos.   

De  acuerdo  con  lo anteriormente expuesto,  surge   diáfano   que  el  hoy  sentenciado  se  allanó  a  los  cargos  y  no  “acordó” con el fiscal  lo  atinente  al  monto  de  la  rebaja de pena por virtud de haber aceptado los  cargos en la audiencia preliminar.   

En  tales condiciones, el juzgador estaba en  libertad  para  entrar  a determinar la pena a que tenía derecho el acusado por  haberse allanado a los cargos.   

Por  último,  lo  juzgadores  de  instancia  dieron  las razones de orden legal, esto es, de acuerdo con lo estipulado por el  artículo  199.7  de  la Ley 1098 de 2006, por las cuales el procesado no tenía  derecho  a  la  rebaja  de pena por haber aceptado los cargos en la audiencia de  formulación de la imputación.   

En  síntesis,  el  único  cargo presentado  contra  la  sentencia de segunda instancia no tiene el correspondiente sustento,  desde  el  plano  de  la lógica y debida fundamentación, que permita a la Sala  inferir  en qué consistió el error de interpretación del juzgador. Por manera  que la demanda se inadmitirá.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías    del    procesado    Johanny   Cortés  Espejo,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Johanny   Cortés   Espejo   procede   el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,3    como  sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es    potestativo   del    Magistrado    disidente,    del   que   no   intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula   la   insistencia,   optar  por  someter   el   asunto   a  consideración  de la Sala o no presentarlo  para  su  revisión,  evento último en que informará  de  ello   al   peticionario  en  un  plazo  de  quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda de casación presentada por el defensor de  JOHANNY   CORTÉS   ESPEJO,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Ver,  entre  otras,  Casación  24026 del 10 de octubre de 2005, casación 25765 del 7  de  septiembre  de  2006,  casación  26587 del 21 de febrero de 2007, casación  26645  del  11  de  abril  de  2007,  casación  27159 del 18 de abril de 2007 y  casación 27108 del 3 de mayo de 2007.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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