29762(25-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29762   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 171.  

Bogotá  D.C.,  junio veinticinco (25) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Adopta  la  Sala la decisión que en derecho  corresponda  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de casación  presentado  por  el  defensor  de FRANCISCO JOSÉ TELLO  CHIRIBOGA,  contra  la  sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali  el  13  de  noviembre de 2007,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el  Juzgado Veinte Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  5 de julio del referido año, por cuyo medio lo condenó como  autor  penalmente  responsable del delito de tráfico de estupefacientes (inciso  2º del artículo 376 de la Ley 599 de 2000).   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Aproximadamente  a las diez de la mañana del 17 de octubre de 2002,  cuando  agentes  de  la  policía  concurrieron  a  la residencia de los esposos  FRANCISCO   JOSÉ  TELLO  y  Damaris  Hoyos, ubicada en el  barrio   Brisas  del  Limonar  de  Cali,  quienes  se  encontraban  librando  un  altercado,  aquél  tildó  a  ésta de guerrillera, motivo por el cual la mujer  entró  a  la  casa  y  sacó  una caja con estupefacientes (281 gramos netos de  cocaína  y 228.8 gramos de clorhidrato de cocaína) de propiedad de su esposo e  inmediatamente  procedió  a  entregarla  a  las  autoridades, circunstancia que  determinó  la  aprehensión del mencionado ciudadano y su puesta a disposición  de la Fiscalía.   

La      Fiscalía      Seccional     de     Cali  ordenó  la  apertura  de  la  investigación, en cuyo desarrollo  vinculó  mediante indagatoria a FRANCISCO JOSÉ TELLO  CHIRIBOGA, resolviéndole su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,   como  posible  autor  del  delito  de  tráfico          (conservación)          de  estupefacientes.   

Una  vez  cerrada  la  investigación  se  realizó   sin  éxito  audiencia  de  formulación  de  cargos  para  sentencia  anticipada.  Mediante  resolución  del  2  de  marzo  de  2003  se concedió la  libertad provisional al incriminado.   

El    mérito    del    sumario    fue  calificado el 8 de febrero de 2005 con resolución de  acusación  en  contra  de TELLO CHIRIBOGA,  como presunto autor del delito de tráfico, fabricación o porte  de   estupefacientes   (inciso   2º   artículo   376   de   la   Ley   599  de  2000).   

         La  etapa  del  juicio  fue  adelantada por el Juzgado Veinte    Penal    del   Circuito   de  Cali, despacho que una vez  surtido  el  rito  dispuesto  por el legislador, profirió fallo el 5   de   julio  de  2007,  por  medio del cual condenó al procesado  a   la   pena   principal  de  cuatro  (4)  años  de  prisión,  multa de dos (2)  salarios  mínimos  legales mensuales y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo   lapso   de   la   pena   privativa   de   la  libertad,  como  autor  penalmente  responsable  del  delito     objeto     de    acusación.  En la misma  decisión  le  fue negada la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

         Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa, el Tribunal Superior de  Cali la confirmó a través  de  fallo  del  13  de  noviembre de 2007,  contra  el cual ahora el mismo sujeto  procesal     interpone     recurso    extraordinario  de casación  por la vía  discrecional.   

EL LIBELO  

El  censor  aduce  inicialmente  acudir  al  sendero  excepcional,  pues  de  manera  reiterada el Tribunal de Cali no brinda  “una explicación amplia y suficiente tratándose de  la  postulación  de  errores  de prohibición y de tipo. Solamente se limitan a  exponer  su  personal criterio pero sin señalar con argumentaciones jurídicas,  las      pruebas      la     (sic)     desestiman  con  quebranto de las reglas de la sana crítica y no se  hace       un      análisis      crítico      de      culpabilidad”.   

          El   ad   quem  incurrió  en  un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  “al  apreciar  la  prueba, porque pese a obrar en el diligenciamiento  no  fue  valorada,  llevando a deducciones que contravienen los principios de la  sana  crítica, esto es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o  las     reglas     de     la     experiencia    y    la    costumbre”.   

          Deplora  no  se  analizara  la  culpabilidad  de su asistido, siendo  necesario  crear  conciencia entre litigantes y funcionarios judiciales respecto  de la importancia de dicho principio.   

Acto  seguido, el recurrente formula un solo  cargo  contra  el  fallo  del  Tribunal,  al  amparo  de  la  causal  primera de  casación,  aparte  primero, esto es, por “violación  directa  de  la  ley  sustancial” por “falso     juicio     de    existencia    por    omisión”.   

En  la acreditación del reproche manifiesta  que  el  Tribunal  no  encontró  respaldo  probatorio a su tesis, lo cual no es  cierto,  pues  en  el  mismo informe policivo rendido por el agente Gustavo  Herrera  Herrera se afirma que la  pareja  en  conflicto  utilizaba  la  sustancia  estupefaciente  decomisada para  aliviar  sus  dolores  desde  hace  más de dos años, amén de que TELLO  “no  es  jíbaro  ni  nada  de  eso”,  es decir, no expendía  droga.   

En  la  actuación  obra  la  certificación  medica  según  la  cual  se  acredita  que  su representado sufre de cálculos,  además  de habérsele recomendado por parte de los galenos no utilizar para tal  dolencia cocaína disuelta.   

          Como   en   los   pueblos   andinos   se  otorga  a  las  sustancias  estupefacientes  un  importante  valor curativo “para  los  dolores  del cuerpo y del alma”, es claro que si  TELLO  CHIRIBOGA tenía en su  poder   dicho   alcaloide   creyó  que  tal  proceder  no  correspondía  a  un  comportamiento  típico,  antijurídico  y  culpable, máxime si se trata de una  persona    elemental,    sin   ninguna   preparación,   conductor   en   sitios  rurales.   

          Su  asistido  obró  con error invencible de que no concurría en su  conducta  un  hecho constitutivo de la descripción típica, porque sabía de la  ilicitud   del   comportamiento   pero   ignoraba   que  el  almacenamiento  del  estupefaciente hiciera parte de la prohibición.   

El  incriminado  no  actuó con culpabilidad  dolosa,  pues  utilizaba  la  sustancia  como  paliativo  de sus dolencias; para  concluir  precisa  que  “el error cometido por TELLO  CHIRIBOGA  recayó  sobre  el conocimiento de la antijuridicidad de la conducta,  apreciación  que  atañe  a  la  culpabilidad”,  en  cuanto  “pensó y actuó en consecuencia creyendo que  la acción realizada estaba permitida”.   

          Con  base  en  las  razones  anteriores, el recurrente solicita a la  Sala  casar  el  fallo  impugnado,  para  en  su lugar reconocer que su asistido  actuó amparado por una causal de ausencia de responsabilidad.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el  análisis  de  las  exigencias para acceder a este mecanismo  impugnaticio  extraordinario corresponde a la Sala verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de obviar que este recurso extraordinario se convierta en  una  tercera instancia. Tales  exigencias  se  orientan  a conseguir libelos enmarcados dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a la Sala en su función constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, este medio impugnaticio extraordinario procede contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos  por  los  tribunales  superiores de  distrito  judicial  y  por el Tribunal Penal Militar, siempre que se proceda por  “delitos  que  tengan señalada pena privativa de la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

En  tratándose  de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas por los mencionados tribunales, o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir  discrecionalmente los libelos de casación presentados, “cuando   lo   considere   necesario   para   el   desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los      demás      requisitos      exigidos     por     la     ley”.   

          Para  demandar  en casación por la vía discrecional corresponde al  recurrente  expresar  con  claridad y precisión los motivos por los cuales debe  intervenir  la Corte, ya para pronunciarse con criterio de autoridad respecto de  un  tema  jurídico  específico,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

         En  el  caso  objeto  de  estudio advierte la Sala que en punto del  recurso   extraordinario   de   casación   se   impone   acudir   a   la   vía  discrecional,   pues  se  procede  por  el  delito  de  tráfico  de estupefacientes contenido en el inciso  2º  del  artículo  376  de  la Ley 599 de 2000, cuya  pena  máxima  privativa  de la libertad es  de  seis  (6)  años,  es  decir,  no  supera  los  referidos ocho  (8)  años  dispuestos  para  acceder  a la casación  común.   

No  obstante, si bien el censor al inicio de  su  argumentación  aduce que presenta demanda por la vía excepcional contra el  fallo  del  ad quem, no cumple  su  obligación  de  especificar  si pretende un pronunciamiento con criterio de  autoridad  en  punto  de  alguna  temática o para asegurar las garantías de su  patrocinado,  pues  simple  y llanamente lamenta que en este y en otros casos el  Tribunal  no  respondió  el  planteamiento  defensivo  formulado al impugnar el  fallo de primer grado.   

         En  efecto,  no  atina  a  identificar en  concreto  la  temática que debe abordar el pronunciamiento, no dice si sobre el  particular  ya hay jurisprudencia y, de ser así, cuáles son las decisiones que  se  ocupan  del  asunto  y  cómo  se  relacionan con el caso objeto de estudio,  omisión  que  a  la postre le impide identificar el punto dudoso, la existencia  de   providencias   contradictorias,  o  el  vacío  que  corresponde  dilucidar  jurisprudencialmente  y  cómo  el  desarrollo  del  concepto reclamado tiene la  doble  utilidad  de  servir, tanto para este trámite, como para la solución de  casos similares.   

Tampoco del cuerpo de la demanda se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales     de     FRANCISCO    JOSÉ    TELLO  CHIRIBOGA,  pues  el  impugnante  de  manera general e  imprecisa  plantea  la  violación  directa  de la ley sustancial, de una parte,  porque   el   ad   quem  no  respondió  sus  planteamientos y, de otra, confusamente propone indistintamente  la  eventual  presencia  de un error de tipo o de un error de prohibición en la  conducta de su asistido.   

Como invocó la violación directa de la ley  sustancial  no  podía aducir la presencia de error de hecho por falso juicio de  existencia  derivado  de  la  omisión de alguna prueba, pues era imprescindible  que  aceptara  los hechos declarados, las pruebas y su apreciación por parte de  los  funcionarios  judiciales,  es  decir,  no  podía  censurar la ponderación  judicial  de  los  medios  probatorios  pues  en  tal  caso  debió  acudir a la  violación indirecta de la ley sustancial.   

Así  pues,  como  ya  está suficientemente  decantado,  la  violación directa corresponde a un debate netamente jurídico y  conceptual,  no  de  valoración probatoria, amén de que debe el actor señalar  si  los  falladores  omitieron  aplicar  la  disposición  que  se  ocupa  de la  situación  en concreto (falta de aplicación o exclusión evidente), realizaron  una  equívoca  adecuación  de los hechos probados a los supuestos contemplados  en  el  precepto  (aplicación indebida), o le atribuyeron a la norma un sentido  que  no  tiene  o  le  asignaron  efectos  diversos  o contrarios a su contenido  (interpretación errónea), deberes olvidados por completo.   

          Tampoco  el defensor explica, ni la Sala advierte, de qué manera en  sede  de  la  violación  directa  de la ley sustancial podría alegarse en este  asunto  la presencia de error en el actuar de FRANCISCO  JOSÉ  TELLO,  pues  tal situación supondría que los  falladores  tuvieron  como  acreditados los elementos de dicha figura, pese a lo  cual  no la reconocieron en su momento como excluyente de responsabilidad o como  circunstancia  determinante de una disminución de la pena, situación diversa a  la acaecida aquí.   

Además,  observa  la  Sala  que  sin  mayor  hondura,  el  censor  se refiere indistintamente a un yerro de tipo o a un error  de  prohibición,  sin detenerse a precisar su planteamiento, esto es, olvidando  que  tales clases de errores corresponden a institutos diversos, al punto que el  primero,  el  error de tipo, enerva la categoría dogmática de la tipicidad, al  paso  que  el  segundo,  el  error  de prohibición, excluye la culpabilidad, de  manera  que  no pueden ser invocados sincrónicamente, con los mismos argumentos  y a partir de los mismos hechos aceptados.   

          También  se  advierte que, en tratándose de los referidos errores,  es  preciso  señalar  si  ellos tienen carácter vencible o invencible, pues el  error  de tipo invencible excluye la tipicidad, mientras que el vencible resulta  punible  si el legislador estableció la modalidad culposa del delito por el que  se   procede.   En  tanto,  el  error  de  prohibición  invencible  margina  la  culpabilidad,  pero  el  vencible  sólo  atenúa la punibilidad, precisiones no  abordadas de manera alguna por el recurrente.   

De conformidad con lo anterior, encuentra la  Sala  en  el  reparo  objeto  de  estudio,  que el actor olvida las obligaciones  propias  de  su  condición  de  impugnante  definidas  en  el  numeral  3º del  artículo  211  de  la  Ley  600  de  2000,  esto  es,  plantear  en  la demanda  “la causal y la formulación del cargo, indicando en  forma  clara  y  precisa sus  fundamentos  y  las  normas  que  estime infringidas”  (subrayas fuera de texto).   

Lo expuesto permite deducir que el demandante  no  cumple  con  las  exigencias  legales  dispuestas  para  proceder  a admitir  discrecionalmente  su  libelo  de  casación,  además  de  que  tampoco la Sala  advierte  durante el trámite o en el fallo impugnado violación de los derechos  fundamentales  o  garantías  del  procesado,  como  para  que ello impusiera el  ejercicio   de   la   facultad  oficiosa  asignada  por  el  legislador  a  esta  Corporación.   

          En  suma,  encuentra  la  Sala que el libelo acusa las graves fallas  destacadas,  las  cuales  no  pueden en modo alguno ser enmendadas por la Corte,  pues   ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado FRANCISCO  JOSÉ  TELLO  CHIRIBOGA, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                               ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS              AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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