29651(25-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29651   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 171.  

Bogotá  D.C., junio veinticinco (25) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

La  Sala procede a constatar el cumplimiento  de  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación dispuestas por el  legislador,  respecto  del  libelo  casacional  presentado  por  el defensor del  procesado       ANDRÉS       LIBARDO      MORENO  FERNÁNDEZ,  contra  el fallo de segundo grado dictado  por  el  Tribunal Superior de Cali el 16 de noviembre de 2007, confirmatorio del  proferido  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de la misma  ciudad  el  25  de  julio del referido año, por medio del cual lo condenó como  autor  penalmente  responsable del concurso de delitos de tentativa de homicidio  en    el    agente    de   policía   Daniel   Porras  González y hurto calificado agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los   hechos   que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento   fueros   sintetizados   por   el  a  quo en los siguientes términos:   

“El   20   de  diciembre  de  1999, hacia las 20 horas, a la altura de la Avenida Pasoancho con  carrera  76 del Barrio El Ingenio de esta ciudad (Cali,  se  aclara), se reportó a las autoridades competentes  el  hurto  de  la  camioneta  color  blanco  de  placas  LUA 741, cuya búsqueda  emprendieron  los  sabuesos  detectando  que  la misma se desplazaba por la Vía  Panamericana,  razón  por  la  cual iniciaron la persecución que tuvo su punto  neurálgico  en  la  carrera  7ª  con calle 17 del municipio de Jamundí, donde  fueron  interceptados  por  la  patrulla compuesta por los agentes GONZALO POSSO  VINASCO  y  DANIEL  PORRAS  GONZÁLEZ  quienes  de inmediato fueron atacados con  armas  de fuego por parte de los tripulantes, impactando en el cuello del agente  PORRAS  GONZÁLEZ,  continuando  su  huida  en medio de la cual, un hombre y una  mujer  se  arrojaron  del  vehículo en marcha, prolongando su desplazamiento el  conductor  hasta  encontrarse  de  frente  con  otra  patrulla uniformada la que  repele  con  sendos  disparos  con  armas  de fuego, abandonando el rodante para  continuar  un  desesperado  escape  a  pie  el  cual  culminó con la captura de  FRANKLIN   ARBEY   CAICEDO   SÁNCHEZ,   EDWIN   RAMIRO   MONTENEGRO  (sic)  ORTÍZ  y  JAIRO  ALBERTO  MORENO  FERNÁNDEZ”.   

          La  Fiscalía  Seccional  de  Cali   profirió  resolución  de  apertura  de  la instrucción, en curso de la cual vinculó mediante indagatoria  a  los  aprehendidos,  resolviéndoles  su  situación  jurídica  con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  derecho a libertad provisional,  como  posibles  coautores  del concurso de delitos de hurto calificado agravado,  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal y lesiones personales.  Posteriormente  se  aclaró que se imputaba a los citados ciudadanos el concurso  de  delitos  de tentativa de homicidio agravado, porte ilegal de arma de fuego y  hurto calificado agravado.   

          Concluida   la   etapa  instructiva,  el  mérito  del  sumario  fue  calificado  el  21 de septiembre de 2000 con resolución de acusación en contra  de   Franklin   Arbey   Caicedo  Sánchez  como  presunto  coautor  del  concurso  de  delitos que motivó la  medida  de  aseguramiento. A su vez se precluyó la investigación adelantada en  contra  de  Jairo Alberto Moreno Hernández     y     Edwin    Ramiro    Montezuma  Ortíz.   

          En  la  misma providencia calificatoria se decidió romper la unidad  procesal  a  fin  de  investigar por separado a ANDRÉS  LIBARDO   MORENO   HERNÁNDEZ,   actuación  que  fue  adelantada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante los Juzgados Penales del Circuito  Especializado   de  Cali,  donde  luego  de  ser  declarado  persona  ausente  y  designársele  defensor  de  oficio, le fue resuelta su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como  posible  coautor  del  concurso  de  delitos  de tentativa de  homicidio   agravado,   porte  ilegal  de  arma  de  fuego  y  hurto  calificado  agravado.   

Mediante resolución del 30 de marzo de 2007  la  Fiscalía dispuso la cesación del procedimiento adelantado por el delito de  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa personal a favor de ANDRÉS   LIBARDO   MORENO,  dado  que  la  acción penal derivada de dicha conducta prescribió.   

          El  7  de  mayo de 2007 se realizó la diligencia de formulación de  cargos  para  sentencia  anticipada, en la cual la Fiscalía acusó al procesado  por  los  delitos  de  tentativa  de homicidio y hurto calificado agravado, cuya  comisión aceptó asistido de su defensor.   

Entonces,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali  profirió  fallo  el  25  de julio de 2007, a  través  del  cual  condenó  a  ANDRÉS LIBARDO MORENO  FERNÁNDEZ  a  la pena principal de diez (10) años de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor penalmente responsable del  concurso de delitos objeto de imputación.   

En  dicho  proveído  le negó la condena de  ejecución   condicional   y   la   prisión   domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia por el defensor del  acusado,  el  Tribunal  Superior  de  Cali la confirmó mediante fallo del 16 de  noviembre  de 2007, pero rebajó la pena principal a nueve (9) años y nueve (9)  meses  de  prisión.  Contra  dicha decisión el mismo sujeto procesal interpuso  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  el  recurrente  formula  tres  reproches  contra  el fallo del  Tribunal,  con  los  cuales  pretende  se  otorgue  al  acusado  tanto la rebaja  punitiva  por  confesión establecida en el artículo 283 de la Ley 600 de 2000,  como  la  disminución del cincuenta por ciento (50%) de la sanción por haberse  acogido   a   sentencia   anticipada   (artículo   351   de   la   Ley  906  de  2004).   

A continuación se sintetizarán los reparos  formulados  por  el  censor para, acto seguido, examinar si en su postulación y  desarrollo  se cumplen o no los requisitos de lógica y adecuada fundamentación  exigidos para acceder a este recurso extraordinario.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

          De  tiempo  atrás  ha  dilucidado  la  Sala que en el examen de los  libelos  casacionales,  es de su resorte verificar que los recurrentes presenten  los  cargos  de conformidad con las reglas lógicas y de acreditación definidas  por  el  legislador  y desarrolladas por la jurisprudencia, con el propósito de  obviar   que  este  recurso  se  convierta  indebidamente  en  una  tercera  instancia.  Tales  requisitos  se  dirigen  a  conseguir  que las demandas se ajusten a unos mínimos lógicos y de  coherencia  en  la  postulación y demostración de los reproches propuestos, de  manera  que  resulten  inteligibles  en  cuanto  precisos  y claros, dado que no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  realizar  la  anunciada  constatación  sobre  las  censuras  formulados  por el  defensor      de     ANDRÉS     LIBARDO     MORENO  FERNÁNDEZ.   

          1.  Primer  cargo:  Violación  directa  de  la  ley  sustancial por  “exclusión  evidente  del  artículo 283 de la Ley  600 de 2000”.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, el  demandante  manifiesta  que el Tribunal no otorgó a favor de su representado la  rebaja  punitiva  establecida  en  el artículo 283 de la Ley 600 de 2000 pese a  que su confesión sirvió de fundamento al fallo de condena.   

          En   el   desarrollo   del  reproche  plantea  que  si  bien  en  el  diligenciamiento  existía  prueba  documental sobre la identidad del procesado,  no  se  encontraba  acreditada  su  intervención  en  el  concurso  de  delitos  investigado,  pues  los testigos fueron bastante generales en sus declaraciones,  más   aún   si  el  otro  incriminado  Jairo  Moreno  Hernández,  hermano del recurrente, fue quien enteró  a  las  autoridades  de  la  posible  confusión en la cual se encontraban, pues  ambos son bastante parecidos físicamente.   

          Luego  de  analizar  que los diferentes declarantes no señalaron en  grado  de  certeza a ANDRÉS LIBARDO MORENO  como  coautor  de  los  delitos investigados, pero sin detenerse a  plantear  lo  expuesto en el fallo sobre el particular, el defensor concluye que  la  confesión  de  su  asistido se “constituye en el  eje  de  la  sentencia  con arreglo a las reglas de la sana crítica”.   

Con   base  en  tales  planteamientos,  el  impugnante  solicita  a  la  Sala  casar  parcialmente el fallo en el sentido de  otorgar  a  su  procurado  la rebaja derivada de la confesión establecida en la  norma procesal cuya exclusión denuncia.   

          Consideraciones de la Sala   

Como  en  el  reparo  examinado  el defensor  denuncia  la  violación  directa de la ley sustancial, es oportuno señalar que  dicho  quebranto ocurre cuando a partir de la apreciación de los hechos legal y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento, los falladores omiten  aplicar  la  disposición  que  se ocupa de la situación en concreto, en cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia (falta de aplicación o exclusión evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le atribuyen a la norma un  sentido  que  no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su contenido  (interpretación errónea).   

En  tal  caso,  sin  interesar la especie de  vulneración  inmediata  de  la ley sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  circunscribe  la  discusión  a un  escenario  exclusivamente  jurídico,  sea  porque  se dejó de lado el precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque el hecho se  adecua   a   una   disposición  estructurada  con  supuestos  distintos  a  los  establecidos,  o  bien,  porque  se  desborda la inteligencia propia de la norma  aplicable  al  caso concreto, todo lo cual exige del casacionista la aceptación  de   la   realidad  fáctica  declarada  en  el  fallo  objeto  de  impugnación  extraordinaria.   

Es  claro  entonces,  que al ser invocada la  violación  directa de la ley sustancial no se debate la actividad probatoria ni  su  ulterior apreciación judicial, pues para emprender la censura de la validez  de  las pruebas o de su valoración, el legislador ha establecido como causal la  violación  indirecta  de la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce  de  manera  mediata,  de  conformidad con las diversas modalidades de errores en  que pueden incurrir los sentenciadores en tal materia.   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones,  sin  dificultad  se  consigue verificar que el censor no demuestra  cómo  en  el  fallo  se  reconoció  que: (i) La confesión se produjo desde la  primera   versión   que  el  imputado  rindió  ante  el  funcionario  judicial  competente,  (ii)  No se trata de una hipótesis de flagrancia, y (iii) La misma  se   constituye   en   fundamento  de  la  sentencia.   

Es  decir,  el  demandante  no identifica el  segmento   del   fallo   atacado  en  el  cual  los  sentenciadores  dieron  por  establecidos  los elementos que hacían viable la rebaja de pena reclamada, pese  a    lo    cual    olvidaron    reconocer   sus   efectos   favorables   en   la  sanción.   

Ahora,  si  la queja del defensor apuntaba a  denunciar  yerros  de  apreciación  probatoria  a fin de que fuera ponderada la  importancia  de  la  confesión  de  su procurado, como parece ser la propuesta,  debió  acudir  al  cuerpo segundo de la causal primera de casación, esto es, a  la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  invocando  alguna  de  sus  hipótesis,  esto  es,  si  se  trata  de  un  error  de  hecho (falso juicio de  existencia  por  omisión o suposición, falso juicio de identidad por adición,  cercenamiento   o   tergiversación,  o  falso  raciocinio  por  lesión  a  los  principios  de  la  lógica,  los  postulados  científicos o las máximas de la  experiencia),  o  de  un  error de derecho por falso juicio de legalidad o falso  juicio de convicción), deber no acometido por el demandante.   

          Así  pues,  el recurrente dedica su esfuerzo a plantear su personal  ponderación  sobre  el  aporte  demostrativo  de la confesión del acusado, sin  tener  en  cuenta  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad de la que se  encuentra revestido el fallo impugnado.   

En  tales  condiciones,  el  cargo  debe ser  inadmitido.   

          Segundo   cargo   (subsidiario):   Violación   directa  de  la  ley  sustancial  por  exclusión evidente del artículo 299 del Decreto 2700 de 1991.   

          Advera  el  censor que el Tribunal dejó de aplicar el artículo 299  del  Decreto 2700 de 1991, norma vigente para cuando se cometieron las conductas  punibles  investigadas,  en  el cual se establece la rebaja de pena en razón de  la  confesión del hecho sin tener en cuenta el aporte demostrativo de la misma,  esto  es,  sin  exigir  que sirva de fundamento al fallo, como si lo requiere el  artículo 283 de la Ley 600 de 2000.   

          Agrega    que    correspondía    al   ad  quem  aplicar  la referida legislación en aplicación  del principio de favorabilidad, dada la claridad de su texto.   

          Con  fundamento  en lo anterior depreca a la Sala casar parcialmente  la  sentencia  impugnada,  a fin de reconocer en pro de su asistido la rebaja de  pena por confesión dispuesta en la normatividad citada.   

          Consideraciones de la Sala   

          Sobre  el particular observa la Sala que el recurrente omite traer a  colación  pronunciamientos jurisprudenciales sobre la temática propuesta, pues  también  esta  Colegiatura  respecto  de  la normativa del Decreto 2700 de 1991  planteó  la  necesidad  de  exigir  que  la  rebaja  punitiva  derivada  de  la  confesión   fuera  aparejada  a  la  utilidad  de  la  misma  en  el  fallo  de  condena.   

En efecto, el demandante nada dice sobre unos  tales   planteamientos,   como  el  transcrito  a  continuación,  entre  muchos  otros:   

“Es cierto que el  artículo  301 del anterior Código de Procedimiento Penal (Decreto 050 de 1987)  supeditaba  la  rebaja  de pena al hecho de que la confesión fuera ‘el      fundamento      de      la  sentencia’, exigencia que  ya  no  se  prevé  en  el  artículo  299  del  Estatuto Procesal Penal vigente  (Decreto   2700   de  1991,  se  precisa),  pero  es  que  aquella  referencia, además de ser equívoca, era  redundante  porque  la  compensación se entiende en el sentido de que el Estado  prescinde  de  una  parte  de la pena a cambio de lo que ahorra procesalmente la  actitud  aportadora  del  confesante.  Es más, bien puede decirse que, por  la  finalidad  implícita  en  el  artículo  299,  este  precepto  completa  el  contenido  jurídico-penal  de  la  confesión,  dado  que  ésta, más allá de  reconocer  un  hecho  delictivo  que  perjudica  al  imputado, debe entregar una  claridad  de  los hechos que no se visualiza por otros medios que le precedan en  el tiempo.   

Tal es la hermenéutica que ha presentado la  Corte  desde  la  sentencia  del 29 de septiembre de 1993 (M. P. Guillermo Duque  Ruiz),  mantenida  recientemente  en  la sentencia del 3 de marzo de 1999 (M. P.  Carlos  Augusto  Galvez  Argote), y que ahora se reitera.  En la primera de  ellas,  se  advirtió  ‘que  para  la  Sala  sigue  siendo  indispensable  que  la  confesión  sea  fundamento  de la condena, así el nuevo texto legal (art. 299)  no  lo  mencione expresamente, porque sólo de esta manera es entendible y justa  la   rebaja   de   pena   que   en  él  se  consagra.  Interpretarlo  de otra forma, sería otorgar un beneficio gratuito, sólo porque  se  confesó cuando ello no era necesario, pues obraban otras pruebas, distintas  de  la  confesión,  que  permitían  afirmar, sin dudas, la responsabilidad del  procesado’.   Por  otra  parte,  esta  manera  de interpretar la entidad y finalidad de la confesión, se  refuerza    al    observar    que    ‘por  esta  misma  razón, inutilidad de la confesión, el legislador  pone  como  exigencia para el otorgamiento de la rebaja de pena, que no se trate  de   casos  de  flagrancia,  porque  precisamente  en  estos  eventos,  ante  el  conocimiento  que  del  hecho  y  de  su  autor  tienen  las personas que lo han  presenciado,  la  confesión es de casi ninguna utilidad para la investigación,  porque  de  antemano  el instructor ya conoce lo que a través de éste se le ha  comunicado…’”  (subrayas        fuera        de        texto)1.   

          Entonces,  concluye  la  Sala  que  el  defensor falta a su deber de  argumentar  con suficiencia el cargo, pues para reclamar la supuesta aplicación  ultraactiva  del Decreto 2700 de 1991 no le bastaba con transcribir literalmente  el  precepto contentivo de la rebaja de pena por confesión, pues imprescindible  resultaba  analizar  lo  expuesto  por  esta  Corporación  en  punto  de  dicho  instituto,  obligación  que  no  emprendió  y  que  por  tanto,  conduce  a la  inadmisión de la censura.   

          Tercer   cargo:   Violación   directa  de  la  Ley  sustancial  por  interpretación errónea del artículo 351 de la Ley 906 de 2004.   

          También  con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación  aparte  primero,  el  demandante  afirma  que  si bien el Tribunal aplicó en virtud del  principio  de  favorabilidad  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, no tuvo en  cuenta  que la rebaja de la sanción debía ser del cincuenta por ciento (50%) y  no  del  treinta  y  cinco  por  ciento  (35%),  pues ya la Corte Constitucional  declaró que dicho precepto no vulnera la Carta Política.   

Precisa  que  el  término  “hasta”   denota   el  tiempo,  lugares,  acciones  o cantidades, esto es, el punto máximo, el límite o la extensión de  una  cosa  o  de  una cantidad “de tal suerte, que le  está  vedado al sentenciador hacer una interpretación restrictiva y odiosa del  artículo  351  reclamado  y,  en su lugar, debe aplicar el máximo de la rebaja  considerada  ‘hasta de la  mitad    de    la    pena   imponible’”.   

Para   concluir  señala:  “La   rebaja  propuesta  es  un  derecho  inalienable  del  procesado  –  más  que un beneficio  –   pues  es  imposible  graduar  o  hacerla  a cuenta gotas y librada al arbitrio subjetivo del juzgador  en  perjuicio patente de aquél y, por consiguiente, con una infracción directa  de  la  ley,  por interpretación errada reflejo de la inadecuada aplicación de  la figura legal”.   

A  partir  de  lo  anotado,  el  impugnante  solicita  a  la Sala casar parcialmente el fallo, con el propósito de reconocer  a   favor   de   ANDRÉS  LIBARDO  MORENO  una  rebaja  de  la  sanción  equivalente al cincuenta por ciento  (50%).   

          Consideraciones de la Sala   

          En  la  exposición de este reproche encuentra la Sala que el censor  falta   a   su   obligación  de  exponer  de  manera  lógica  y  coherente  su  planteamiento,  pues  si  bien  reclama para su prohijado una disminución de la  pena  del  cincuenta  por  ciento (50%) derivada de la aplicación del artículo  351  de  la  Ley  906 de 2004, no emprende esfuerzo alguno para explicar, de una  parte,  por  qué erró el Tribunal al rebajar la sanción en un treinta y cinco  por  ciento  (35%)  y,  de otra, lo más importante, no señala criterio lógico  alguno  apto  para  concluir  que si el legislador dispuso una rebaja de la pena  “hasta  en  la  mitad”,  dicha cantidad sea fija y automática.   

Olvida   el  recurrente  que  de  acuerdo  con  lo establecido por la  Sala2,   la   rebaja  ponderada  de    “hasta   la   mitad”  se ubica en dos extremos, el menor determinado por el rango de  mayor  disminución  punitiva prevista para la siguiente oportunidad procesal en  la  cual  procede  el  allanamiento  a  la  imputación,  de  manera  que si tal  situación  se  presenta en la indagatoria (Ley 600 de  2000),  los  extremos  de rebaja oscilarán entre la tercera parte y la mitad de  la pena.   

Dentro de los referidos extremos se tendrá  en  cuenta  la prontitud del diligenciamiento, para lo  cual  necesariamente  deben ser apreciadas las circunstancias posdelictuales que  guarden  relación  con  la  eficaz  colaboración  para  lograr  los  fines  de  justicia,  tales  como:  la  significativa  economía  en  la  actividad estatal  orientada  a  demostrar  la  materialidad  del  delito  y la responsabilidad del  procesado,   la   importancia   de  la  ayuda  en  punto  de  la  dificultad  de  acreditación  probatoria,  la  colaboración  en  el  descubrimiento  de  otros  partícipes  o  delitos  conexos, o cualquier otro criterio análogo,  de modo que  deprecar  el  máximo  de  tal  disminución  punitiva  sin  fundamentarla en un  criterio   lógico,   desquicia   las  exigencias  de  admisibilidad de este recurso.   

Los argumentos expuestos son suficientes para  inadmitir el reproche.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento    o   en   la   sentencia   objeto  de impugnación, violación  de   derechos   o   garantías   del   procesado,  como  para  que  ello    determinara    ejercer   la   facultad   oficiosa   que   en   punto   de  asegurar  su  protección  le   confiere   el   legislador   a   la  Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ANDRÉS   LIBARDO   MORENO   FERNÁNDEZ,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 11 de noviembre de 1999. Rad. 10915.   

2  Sentencia del 23 de agosto de 2005. Rad. 21954, entre otras.     

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