29640(16-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29640  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado acta número 295  

Bogotá, D.C, dieciséis de septiembre de dos  mil nueve.   

Finalizada   la   diligencia  de  audiencia  pública,  la  Sala  de  Casación  Penal  dicta  sentencia  dentro  del  juicio  adelantado   contra   el   senador   Ricardo   Elcure  Chacón,  acusado  como  autor del delito de concierto  para delinquir agravado.   

Hechos  

          Así fueron narrados en la resolución de acusación:   

          “De  la  misma  manera a como ocurrió en otras partes del país,  los  grupos  de  autodefensa coparon militarmente amplias zonas del departamento  de  Norte  de  Santander, en este caso obedeciendo órdenes de Carlos Castaño y  luego  de Salvatore Mancuso, quien las materializó a través de sus principales  lugartenientes.   

            “Lo  que  en  principio fue una operación militar, pronto hizo  tránsito  a  otras  formas  de  violencia  igualmente  efectivas para lograr el  dominio  de  las comunidades, que por fuerza de la intimidación a la que fueron  sometidas  no  tuvieron  opción  diferente  que someterse a los dictados de los  contingentes  armados  del  Bloque  Catatumbo  y  de  los  Frentes  La Gabarra y  Fronteras.   

          “En   el  periodo  de  “dominación”  que  de  alguna  manera  concluyó   con   su   desmovilización,   las   autodefensas   impusieron   sus  “normas”,  recaudaron “impuestos” y “contribuciones” e intervinieron  en  el  quehacer  político,  ayudando  incluso a quienes les colaboraban en sus  propósitos.   

          “Según  Jorge  Iván  Laverde Zapata, jefe del Frente Fronteras,  su  poder fue de tal magnitud que lograron infiltrar los organismos de seguridad  con  miembros  de  su organización y colaborar económicamente para que quienes  estaban  del  lado de ellos, como Ricardo Ariel Elcure  Chacón,  aspirara a la Gobernación del departamento  de Norte de Santander en las elecciones de 2003.”   

Filiación del Procesado  

          Ricardo  Ariel  Elcure  Chacón, natural de  Cúcuta,  lugar  donde  nació  el día 10 de julio de 1961, identificado con la  cédula   de   ciudadanía  número  13.451.155  de  la  misma  ciudad,  abogado  especializado, actualmente senador de la República.   

Actuación Procesal  

          Mediante  auto  del  día  21 de abril de 2008, la Sala de Casación  Penal    abrió    investigación   penal   frente   al   senador   Ricardo  Ariel  Elcure  Chacón,  librando  orden   de   captura   en   su   contra,   la  cual  se  materializó  el  mismo  día.   

          Los  días  22  y  24  del  mismo  mes  y  año  se llevó a cabo la  diligencia  de  indagatoria,  resolviéndose  su  situación  jurídica mediante  providencia  del  2 de mayo siguiente, con medida de aseguramiento de detención  preventiva  como  presunto autor del delito de concierto para delinquir agravado  definido   en   el   aparte   segundo  del  artículo  340  de  la  ley  599  de  2000.   

          El  1  de  octubre  de 2008, luego que los peritos de medicina legal  determinaran   el  grave  estado  de  salud  del  procesado,  se  suspendió  la  detención  preventiva,  ordenando  que el sindicado permaneciera en el lugar de  habitación  o  sitio  hospitalario,  según  lo  aconsejara la evolución de la  enfermedad.   

          El  17  de  octubre  del  mismo  año,  considerando  que  la prueba  necesaria  para  calificar  se  había  recaudado,  se  decretó el cierre de la  investigación,  acusando  al  sindicado  el  2  de  diciembre  siguiente,  como  probable  autor del injusto de concierto para delinquir agravado, descrito en el  Libro  2º, Título XII, artículo 340 numeral 2º del código penal, al haberse  concertado para promover un grupo armado al margen de la ley.   

          El  día  5  de mayo del presente año se llevó a cabo la audiencia  preparatoria  y  entre el  28 de julio y el día 4 de septiembre de 2009 la  diligencia de audiencia pública.    

Alegatos en Audiencia Pública  

          El Ministerio Público   

          Para  el  Representante  del Ministerio Público, la prueba que obra  en  el  proceso indica que se debe proferir sentencia condenatoria en contra del  doctor   Ricardo   Ariel  Elcure  Chacón,  como  autor  responsable  del  delito de concierto para delinquir  agravado.   

          A   su   juicio  no  existen  casos  en  donde  la  prueba  sea  tan  contundente,  por  eso considera que es mejor anticiparse a los argumentos sobre  los  cuales muy seguramente la defensa solicitará la absolución de su cliente.  En  ese  orden  piensa  que la principal pretensión del defensor consistirá en  demostrar    que    el   doctor   Ricardo  Elcure  Chacón  no  fue apoyado por las autodefensas en su aspiración de ser elegido gobernador  del  departamento  de  Norte  de  Santander,  porque  de haber sido así habría  triunfado  en  el  debate  electoral al contar con el apoyo de una organización  tan  poderosa.  Pero  que  eso  no  hubiera  sucedido  lo  explica la escasez de  recursos   económicos  al  final  de  una  campaña  en  la  cual  Elcure  Chacón  ocupaba  al  principio el  primer lugar en las encuestas.   

          Además,  seguramente  no  fue  el vencedor, porque las autodefensas  apoyaron  a  varios  candidatos,  de  manera  que  sea quien fuera el ganador se  beneficiaban,  como  ocurrió  en Pamplona, municipio donde promovieron las más  variadas  opciones,  según  lo expresó Carlos Bastos Fernández. Pero no sólo  por  eso,  pues si el doctor Elcure Chacón  no  fue  el  ganador  de  la  contienda  electoral  del año 2003,  posiblemente  obedeció  a que, como lo expresó Jorge Iván Laverde Zapata, los  llamados  “acumulados  comunitarios”  no  respondieron al adoctrinamiento de  votar  por su candidato y a la  insuficiente   inyección  económica, que ocasionó incluso el reclamo airado del aspirante.   

          Un  segundo  argumento  tiene  que  ver con las amenazas que habría  recibido  el  candidato  por parte de la organización armada ilegal, las cuales  son    inexplicables    considerando    que    Elcure  Chacón  era  su  aliado.  Aparte  de que sólo él se  refiere  a  ese  tipo  de  sucesos,  la prueba documental lo desmiente. Así, el  Cuerpo  Técnico de Investigación certificó que no se recibieron ni tramitaron  denuncias  en  ese  sentido por parte del doctor Elcure  Chacón,  y  antes  por  el  contrario,  informes  de  inteligencia  de  esa  época  hablan  de  la  vinculación  del  senador con el  movimiento de autodefensa.   

          De  otra  parte,  el  acusado  pretendió  negar sus nexos con Jorge  Díaz,  ex  director  del  Departamento  Administrativo de Seguridad en Norte de  Santander  y  ficha  importante  en  el  andamiaje  de  la organización ilegal.  Empero,   Jorge  Noguera,  que  fue  Director  de  ese  organismo,  aceptó  que  Ricardo  Elcure  y personajes  de  la  talla del general Rito Alejo del Río, influyeron en el nombramiento del  director  seccional,  como  de  igual  manera lo afirmaron Jorge Iván Laverde y  José   Antonio   Lozada,   jefes   del   paramilitarismo   en   esa   zona  del  país.   

          En  tercer  lugar,  el  Señor Procurador estima que el hecho de que  las  autodefensas obligaran a Carlos Armando Bastos, candidato a la Alcaldía de  Pamplona,  a  manifestar su apoyo a la causa de Ricardo  Elcure  Chacón  durante el proceso electoral del año  2003,  es  un  hecho muy sintomático de la intervención de las autodefensas en  los  procesos  políticos,  aspecto  que demuestra aún más la vinculación del  senador con las autodefensas.   

          Asimismo,  fue  tan  notoria la intervención de las autodefensas en  el  proceso  político,  que  a  Ovidio  Navarro  Urón,  concejal  de Tibú que  inicialmente  acompañó  a  Basilio  Villamizar,  fuentes  de  la  campaña  de  Ricardo    Elcure   le  sugirieron  comunicarse  con  Elías   Galvis,  alías  “Pacho”,  uno  de  los  jefes  políticos  de  las  autodefensas  en  Norte  de  Santander,  para  acordar  lo  relacionado  con  la  financiación de la campaña en ese municipio.   

          En  fin,  las  pruebas  que  obran en el proceso, concluye el señor  Procurador,  demuestran con suficiencia el concierto con el grupo ilegal, una de  cuyas  manifestaciones  más evidentes fue la propuesta de un muy peculiar cobro  de    “impuestos”    a    los    contratistas   mediante   un   sistema   de  “estampillas”.   

          Todo,  según  el  Ministerio  Público,  apunta  a demostrar que el  acusado  se  concertó  con  las autodefensas del Bloque Catatumbo, una poderosa  estructura  criminal  que  costeó  parte  de  su  campaña, cuestión que ahora  pretende  negar  con  el  respaldo de testimonios como el de José Antonio Cote,  cuyo fanatismo y parcialidad son evidentes.   

          Como  consecuencia,  solicita  que  se profiera en contra del doctor  Ricardo   Elcure   Chacón  sentencia   de  condena,  la  cual  considerando  su  enfermedad,  debe  cumplir  funciones   de  prevención  general  positiva  antes  que  otros  fines  de  la  pena.    

          El defensor   

          Por   supuesto   que   la  defensa  no  está  de  acuerdo  con  las  apreciaciones  del  Ministerio  Público. Acepta el acierto de la resolución de  acusación,  pero  estima que después del juicio las conclusiones no pueden ser  las mismas.   

          Considera     que    la    conducta    del    doctor    Elcure  Chacón  se  debe  analizar  en el  contexto  histórico,  esto  es,  como parte de unos acontecimientos en donde la  sociedad  fue  sometida  por  el  poder  nefasto  del paramilitarismo, que en su  criterio,  por  lo  menos  en  Norte  de Santander, fue la manifestación de una  política  de Estado: un consorcio entre barones políticos con narcotraficantes  y  personajes  como  Armando  Pérez Betancur, alias “Camilo” y Jorge Lozada  Artuz,  alias  “Mauro”,  verdaderos  detentadores del poder ilegal, del cual  Jorge  Iván  Laverde,  alias  “el  iguano”  apenas  era un miembro de menor  valía.   

          Claro  que  eso  no  quiere decir que Jorge Iván Laverde no tuviera  que  ver  con  los  hilos  de  la  política  en Norte de Santander, pero no por  eso   se  puede  aceptar  que  atendiendo  sus  decisiones las autodefensas  hubiesen  financiado  la  campaña  de  Ricardo Elcure  Chacón,  quien  no  tenía  afinidad con los sectores  políticos tradicionales aliados de las autodefensas.   

Por  eso  no  es  cierto que las autodefensas  siguiendo   órdenes   de   “Camilo”   hubiesen  apoyado  económicamente  a  Elcure   Chacón,  pues  el  paramilitarismo  fue  financiado  por los políticos y no los políticos por los  grupos  ilegales.  Sin  embargo,  el  “iguano” dijo que recibió órdenes de  entregarle  dinero  a  la  campaña  de  Elcure Chacón  a  través  de Jorge Díaz, y “Mauro” aseguró que  le  entregó  el  dinero  al  jefe  del Das sin saber para que era, manifestando  incluso  que  lo hizo en la Gabarra, pero luego que no fue él sino sus escoltas  los  que  lo  hicieron,  dejando  en  evidencia  la contradicción interna de su  dicho.   

          Además  de esas incoherencias, “Mauro” no fue claro al decir si  Armando  Pérez  Betancur,  alias  “Camilo”  se reunió con políticos, o si  recordaba  solo  una,  a  la que fue a encontrarse con Ramiro Suárez Corzo, uno  más   del   grueso   de   una   clase   política   a   la   que   Ricardo  Elcure  se opuso. Es más, en una  contradicción  insuperable,  al  contrario  de  lo  que  expresó en su primera  declaración,    aseveró   que   Ricardo   Elcure   se  reunió  varias  veces con paramilitares, lo que denota que son artificiosas las  referencias  acerca  de  los  nexos  de  su defendido con grupos al margen de la  ley.   

          A  pesar  de  que  las contradicciones son flagrantes, el Ministerio  Público  las  minimiza. Pero esas incoherencias no son las únicas, pues Carlos  Armando  Bastos,  un  político de Pamplona muy cercano al grupo de Memo Chavez,  también  cae  en  imprecisiones.  Primero  aseguró  que  Elias  Galvis,  alias  “Pacho”,  lo  obligó  a asistir a una manifestación en apoyo del candidato  Elcure Chacón, pero luego en  audiencia  pública  que fueron otros los que lo condujeron. Mostradme, entonces  –   dice   el  defensor  –,   con  base  en  esa  declaración,    siquiera    una    imputación   de   Bastos   a   Elcure  de  haberse  confabulado  con  el  paramilitarismo.   

          Menos  se  puede  encontrar  en  la  declaración  de Ovidio Navarro  Urón,    político    de    Tibú,   algún   indicio   de   que   Ricardo  Elcure  se hubiera concertado con  los   paramilitares,  pues  Basilio  Villamizar,  de  quien  Navarro  Urón  era  seguidor,  le  dijo a la prensa que declinaba sus aspiraciones a la Gobernación  para  apoyar a Elcure Chacón,  pero  eso  no  ocurrió.  Por lo mismo, no es posible que Navarro Urón hubiése  pedido    apoyo    económico    a   la   campaña   del   doctor   Elcure   Chacón   y  menos  que  se  haya  comunicado  con  alias  “Pacho” con ese fin, como se pretende dar a entender  con unas muy cuestionables interceptaciones telefónicas.   

    

          De  otra parte, se ha querido encontrar en la eventual amistad entre  Jorge    Díaz    y   Ricardo   Elcure   la  prueba  del  concierto,  cuando  no  en la recomendación que el  senador  habría  hecho del nombre de Díaz para ocupar el cargo de director del  DAS  en  Norte  de  Santander,  junto  con  el  general Rito Alejo del Río. Sin  embargo,  se  olvida  que  Jorge  Noguera es casado con una mujer de la sociedad  Cucuteña  y  tenía por lo tanto relaciones con miembros de esa ciudad, lo cual  sin  duda  pudo  influir  para  que  conociera  al jefe de seguridad de Norte de  Santander.   

          En  síntesis,  después  del  juicio,  la inocencia de Ricardo   Elcure   Chacón,   ha  quedado  suficientemente   comprobada  al  haberse  establecido  que  hizo  una  campaña  política  al  margen  de  grupos ilegales, acompañado por sus familiares en su  pretensión  de  ser  el  gobernador del departamento de Norte de Santander y no  como  parte  de  una  estructura  organizada  de  poder  de  la  cual  nunca fue  parte.    

          Pide,  en consecuencia, que se absuelva a su defendido de los cargos  que  le  fueron  formulados  como  autor  del delito de concierto para delinquir  agravado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Primero: Competencia.   

          El  ordinal  3  del  artículo  235  de  la Constitución Política,  dispone  que  es  atribución  de  la Corte Suprema de Justicia, “investigar y  juzgar  a  los miembros del Congreso”, enunciado que se reafirma en el numeral  7   del   artículo   75   de   la   ley   600   de   2000,  en  los  siguientes  términos:   

“La  Sala  de  Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia conoce:   

“7. De la investigación y juzgamiento de  los  Senadores  y Representantes a la Cámara.”   1   

Como está demostrado en el expediente que el  doctor  Ricardo Elcure Chacón  se  posesionó  como  senador  el  día  17  de  octubre  de  2007  y no ha  renunciado  a su investidura, ni ha sido privado de ella por sentencia judicial,  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  es competente para dictar  sentencia dentro del juicio que se sigue en su contra.   

       Segundo.  El  artículo  232  de la Ley 600 de 2000 dispone que no se puede  dictar  sentencia  condenatoria sin que obre en el proceso prueba que conduzca a  la  certeza  de  la  conducta  punible  y  de  la responsabilidad del procesado.   

          Al  interpretar  esa  disposición,  la  Sala  ha  sido cuidadosa en  señalar  que  si entre las finalidades principales del proceso penal se cuentan  la  aproximación  racional a la verdad y la aplicación del derecho sustancial,  en  la  sentencia  como  culminación  del rito se debe establecer más allá de  toda  duda  si  mediante una acción que desencadena un proceso de interferencia  intersubjetivo  se  vulneró  o  se  puso  en riesgo un bien jurídico concreto.  2   

          Con  este  fin,  es importante advertir que en conductas como la que  se  imputa  al  procesado,  el  núcleo  de  la  prohibición se concentra en el  acuerdo  de  voluntades,  debido  a  que  se trata de tipos de mera conducta que  anticipan  la  barrera  de  protección  penal  y  que por lo tanto concretan el  contenido  de  la  antijuridicidad  en  diferentes  niveles  de  riesgo  para la  seguridad  jurídica,  como la Sala lo ha precisado al referirse a la estructura  dogmática  de  las diferentes escalas de injusto que define el artículo 340 de  la ley 599 de 2000, aplicable al caso que se juzga:   

          “El  artículo  340  del Código Penal  define  diversas  formas  de  ataque  al  bien  jurídico  que denotan la manera  progresiva  como  se  atenta  contra  la  seguridad pública. Así, en el inciso  segundo,  es  el  acuerdo de voluntades para promocionar, organizar, financiar o  armar  grupos armados al margen de la ley lo que le da sentido al injusto, en el  contexto  de  una modalidad muy propia de los tipos de peligro; y en el tercero,  desde  la  óptica  de  la  efectiva  lesión, se sanciona la conducta de armar,  financiar  o  promocionar a tales grupos. Eso implica que se describen conductas  secuenciales  en  escala  de  menor  a  mayor gravedad cuya lesividad se refleja  precisamente  en  el  tratamiento  punitivo,  como  corresponde  al principio de  proporcionalidad.   

“En  la  escala progresiva de protección  de   bienes  jurídicos,  el  acuerdo  que  da  origen  al  concierto  para  organizar,  promover,  armar  o  financiar  grupos  al  margen  de  la  ley,  se  diferencia  de  la  efectiva  organización,  fomento,  promoción, dirección y  financiación  del  concierto, moldeando diferentes penas según la ponderación  del  aporte que se traduce en un mayor desvalor de la conducta y en un juicio de  exigibilidad  personal  y  social  mucho más drástico para quien efectivamente  organiza,  fomenta,  promueve,  arma o financia el concierto para delinquir, que  para    quien   sólo   lo   acuerda.’”                   3   

   

          Ahora  bien,  la  descripción de la conducta que hace el legislador  en  el segundo aparte del artículo 340 del código penal, permite asumir que la  prohibición  se  dirige  a  evitar los riesgos contra la seguridad pública que  pueden  surgir al “promover” grupos armados al margen de la ley, entre otras  posibilidades,  con  motivo  de  la  alianza  entre  políticos y organizaciones  criminales  o  aparatos  organizados  de poder, pero sin que ello signifique que  esa  intervención  le  confiera status político a una conducta entrelazada con  la seguridad pública y no con el orden constitucional, pues   

          “Como  corresponde  a  la  realidad  de las cosas, nótese que el  acuerdo  de  voluntades  para  promover  grupos  armados  al margen de la ley no  requiere  de  cualificaciones  especiales  en  el  sujeto agente, aun cuando sí  resulta  muy  significativo,  para  lo que ahora importa, el que a él concurran  representantes  de  grupos de autodefensa o paramilitares y políticos del orden  local  o  regional.  Tal  vez  por eso, desde la perspectiva que mira más a los  gestores  del  acuerdo  que  a  la  conducta  misma, se piensa que por concurrir  actores  políticos  el  acuerdo  se convierte en político, en lugar del común  que  se  define  por el contenido de la conducta y por su finalidad y no por los  actores       del       mismo.”        4   

          Tercero. Por lo demostrado, existe certeza  de    que   Ricardo   Elcure   Chacón   se  concertó  con las autodefensas del Bloque Catatumbo durante una  época  que,  para conservar la simetría entre la acusación y la sentencia, se  reduce   al  periodo  en el cual se llevó a cabo el proceso político para  elegir gobernadores en las elecciones regionales del año 2003.   

          En  ese  orden  de  ideas  y  para  contextualizar  el estudio de la  conducta,  véase que la acción del paramilitarismo en el departamento de Norte  de  Santander fue esencialmente violenta, como lo reconoció Jorge Iván Laverde  Zapata,  alias  “el  iguano”,  en  las oportunidades en las que concurrió a  declarar  en  el proceso y que le permitió a la Corte señalar en su momento lo  siguiente:   

          “Actuando   bajo   un  ‘código    de    ética’  que les autorizaba eliminar al enemigo, el paramilitarismo llegó  con  sus  frentes  al  departamento  de  Norte de Santander, en principio con la  aparente  y  única  misión  de  exterminar  a  quien se opusiera a su proyecto  militar  y  de  corresponder  a  la  auto  idea de solventar las deficiencias de  seguridad  del  Estado.  Con  ese  fin, bastaba, según lo reconoce Jorge   Iván   Laverde   Zapata,  Pedro  Fronteras         o         el         Iguano5   

,  que  fuentes  no  conexas  señalaran al  “disidente”  para  ordenar su asesinato, en el marco de una actividad ilegal  que  al  estudiar y seleccionar a la víctima garantizaba la “transparencia”  de sus actos.   

“Siguiendo   las   órdenes  de  Carlos  Castaño,   Jorge  Iván  Laverde  Zapata  llegó  a  Norte  de Santander en 1999 como tercer comandante del  Frente  fronteras,  lugar  en  donde junto a Armando Alberto Pérez Betancur, un  Capitán  retirado  del  ejército  conocido  como  Camilo  u Omega 6,  libraría  una  guerra  especialmente violenta, corta, dura y mucho más profunda que la de  Urabá    7,  construyendo  un liderazgo dentro de la ilegalidad que según su  propia   versión  le  permitiría  moverse  “en  Cúcuta  libremente  con  15  escoltas;   todo   el   mundo   sabía   que   era   el  comandante  del  Frente  Fronteras.”   

Contó,  para  eso,  con  la  ayuda de Jorge  Díaz,  Director  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  en  Norte de  Santander,  un  personaje  siniestro  que llegó a ocupar ese cargo gracias a la  relación  que  estableció  con  Jorge Noguera, luego que el general Rito Alejo  del  Río,  Ricardo  Elcure  y Pedro Juan Moreno, cuando no otros miembros de la  sociedad de Cúcuta, los presentaran.   

La  prueba  de  este hecho no está en duda,  pues  Jorge  Noguera  dio a conocer ese episodio en declaración rendida ante un  Fiscal  de la Unidad Nacional de Derechos Humanos el día 26 de julio de 2007 en  los siguientes términos:   

“Despacho:  Indique  si  usted  conoce al  señor  Jorge  Enrique  Díaz  Sánchez,  en  caso  cierto,  los  motivos de ese  conocimiento.  Contesto: Si  lo  conocí.  Lo  nombre como Director del Das, seccional Norte de Santander. No  recuerdo  bien ahora como lo conocí, sino recuerdo mal creo que me lo presentó  Ricardo  Alcure o Elcure, no recuerdo muy bien el apellido y creo que el general  Rito   Alejo   del   Río   y   talvez   Pedro  Juan  Moreno…”  8   

Sin   embargo,   el   doctor  Elcure  Chacón  y  su  defensor pretenden  restarle   importancia   al  tema,  con  el  fin  de  poner  en  entredicho  las  afirmaciones  de  Jorge Iván Laverde Zapata, quien aseguró que fue Jorge Díaz  quien  puso  en  contacto  al  senador  con  las  autodefensas  y  que éstas le  entregaron  por  intermedio  de  aquel  buena  parte del dinero que requería su  campaña. En la diligencia de audiencia pública señaló:   

“Me  reuní  tres  veces  con el chico en  Puerto  Santander.  Camilo  me  comentó que solicitó una financiación para la  campaña.  Se  acordó  entregarle  80  millones de los 200 que pedía y lo hizo  alias  Mauro  a  través de Jorge Díaz. No me acuerdo muy bien como influyó en  el  nombramiento  de  Jorge  Díaz,  pero fue Jorge Díaz quien nos presentó al  Chico Elcure.”   

Pese  a  que  también  Jorge  Iván Laverde  Zapata,  “el  iguano” –  jefe  de  las  autodefensas al que ahora con base en su personal conocimiento el  defensor  pretende  degradar  al  nivel  de  un  mero  operario del grupo ilegal  –,   es   enfático  en  señalar   la   importancia   del  aporte  de  Jorge  Díaz  y  de  Ricardo  Elcure  Chacón  a  la  criminalidad  organizada, el procesado  pretendió   en  su  indagatoria  desembarazarse  de  cualquier  relación  para  esconder su aporte al grupo armado ilegal.   

Al  ser  preguntado  si  conocía  a Laverde  Zapata  y a Jorge Díaz, importantes miembros de las autodefensas, al último de  los  cuáles  incluso  recomendó  para  desempeñarse  como  jefe  del  Das  en  Santander, dijo:   

“A   mi   como   no   me   corresponde  prácticamente  la  carga  de la prueba, yo si estoy en condiciones de demostrar  que  jamás  conocí  a ese señor ni a ningún miembro de esa organización que  él  manejaba  en  Norte de Santander. Nosotros si podemos demostrar que tuvimos  una   campaña   limpia,  que  no  tuvimos  manejos  por  fuera  de  la  ley.”  9   

Luego puntualizó:  

“Preguntado:   Usted,  intervino  en  el  nombramiento    de    Jorge    Díaz    como    jefe   del   DAS?   Contestó:  No, jamás participé porque  ni  antes  ni durante la campaña yo tenía poder alguno en Norte de Santander o  a  nivel nacional. Por lo tanto no tenía como influir, si de eso se trataba, en  la  designación  de  un  funcionario  que  le  corresponde  designarlo al orden  nacional.” 10   

          El    hecho   de   que   Ricardo   Elcure  hubiese  influido  para  que  Jorge Díaz dirigiera la  inteligencia  estatal  en Norte de Santander pudiera en apariencia no significar  mucho,  pero  en  el  contexto  del aporte del senador al andamiaje de un aparto  organizado  de  poder,  para  el que resultaba sumamente importante controlar la  seguridad   del   Estado,  si  explica  suficientemente  por  qué  – según lo dijeron Jorge Iván Laverde  Zapata   y   José   Lozada   Artuz   –,  a  partir  de esas relaciones el jefe del DAS fue el encargado de  recibir  el efectivo para financiar la campaña del también a la postre miembro  de  la  organización  ilegal,  hecho  que seguramente no habría ocurrido de no  existir     la     suficiente     confianza     entre     Díaz,    Elcure  y  el grupo armado al margen de la  ley.   

Si a eso se agrega que durante las elecciones  regionales  del  año 2003, Carlos Armando Bastos Fernández fue obligado por un  grupo  de  las autodefensas comandado por Elías Galvis, alias “Pacho”, jefe  político  del  grupo ilegal, a asistir a una manifestación pública de apoyo a  la  aspiración  de  Ricardo  Elcure  Chacón, entonces no  queda  duda  de la alianza entre el paramilitarismo y el entonces candidato a la  gobernación.  Empero,  para  restarle  valor  a  la  carga argumentativa que se  infiere  de ese hecho, la defensa pretende que se aprecie aisladamente su efecto  simbólico  y  destacar  contradicciones menores para desconocer la fuerza de la  inferencia que surge de ese episodio.   

Con  esa finalidad, dirigió su crítica a  detalles  acerca  de  como el testigo describió la manera como fue conducido al  acto  público,  olvidando que la prueba debe apreciarse en conjunto11   

y que las contradicciones menores inherentes  al  relato  no  afectan  la  esencia  de su contenido, en la medida que ellas no  vulneren  el  principio de no contradicción, tan en la base de la sana crítica  como   elemento   de   apreciación   de   la   prueba  testimonial.12    

Ahora,  es  probable que en ciertos casos se  vulnere  la  ley  de  la  lógica  cuando al apreciar el testimonio –  solo o en relación con otros medios  de   conocimiento  –,  se  ocultan  contradicciones esenciales que distorsionan la aproximación racional a  la  verdad, cuestión que desde luego no ocurre cuando matices o variaciones que  subyacen  en la declaración no afectan el contenido sustancial del relato, como  sucede en este caso.   

Si se analiza el testimonio de Carlos Armando  Bastos  se  pueden  encontrar  algunas  fisuras en el relato acerca de cómo los  paramilitares  lo  condujeron  a  la  manifestación  organizada  para apoyar el  proyecto   partidista  de  Elcure  Chacón,  pero  asimismo  no  se pude ocultar que siempre afirmó que Elias  Galvis,  alias  “Pacho”,  fue  quien  lo  convocó a asistir en nombre de la  organización  ilegal,  como  en  efecto  tuvo  que  hacerlo  para manifestar su  solidaridad   pública   con   un   movimiento   al   que   no   deseaba  apoyar  voluntariamente.   

Ahora bien, la decidida importancia de alias  “Pacho”  en  la  dirección  política  del proyecto paramilitar no está en  duda13   

,  como  tampoco  su  intervención  en la  campaña  de  Ricardo Elcure,  ni  su  influencia  en  las  actividades políticas de Pamplona, donde mantenía  relaciones   muy  estrechas  con  Claudia  Cecilia  Buitrago,  concejal  de  ese  municipio  procesada  por  su  pertenencia  a  la  organización  armada  ilegal  14,  razón  por  la  cual  no  es  para  nada  improbable que hubiese  decidido  a  toda  costa,  como  lo  relató el testigo, buscar el apoyo para el  candidato que respaldaba su organización.   

Por  eso las contradicciones a las cuales se  refiere  la  defensa  no  tienen la connotación que les pretende atribuir, pues  que  haya  sido  en  moto  o  en  carro,  por  dos  o  tres  personas, o que los  paramilitares  lo  sacaron de la sala para llevarlo a la manifestación, o de la  puerta  de  su casa, en nada afecta lo esencial del contenido de la declaración  de  Carlos  Armando  Bastos, que entre otras cosas corrobora la alianza entre el  paramilitarismo   y   el   candidato   Elcure  Chacón  que  otros  medios  de  prueba,  como se ha explicado,  igualmente confirman.   

De  otra  parte,  aún  cuando  el  doctor  Ricardo    Elcure  Chacón,  acudiendo  a  la  manida  fórmula  de  que  la  carga  de la prueba le corresponde al Estado, haya negado  cualquier  tipo  de vínculos con el grupo armado ilegal, lo cierto es que desde  el  interior de su movimiento se impartieron directrices para acordar con Elías  Galvis,  alias  “Pacho”  los  detalles relacionados con la financiación del  último  periodo  de la campaña, como lo aseguró Ovidio Navarro Urón no sólo  en  audiencia, sino en su primera declaración y aún el día 12 de diciembre de  2003,  fecha  muy  cercana  a los hechos que se juzgan, en diligencia practicada  por la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía.   

Al ser preguntado acerca de su conversación  con alias “Pacho”, sostuvo:   

“Si,  esa  llamada  es  mía.  Nosotros  estábamos  avalados  por  el partido liberal apoyando la candidatura del doctor  Basilio  Villamizar y como él declinó a dicha candidatura nosotros adherimos a  la  candidatura  de  Ricardo Eljure (sic), conocido como el Chico, por lo tanto,  la  llamada que aparece es debido a que el coordinador que habían nombrado para  esa  zona  por  dicho candidato era un señor “Pacho” del cual me dieron ese  teléfono  para  que  yo  llamara y consiguiera esos recursos…” 15   

Al  pedirle,  en  una sesión posterior, que  concretara ese episodio, manifestó:    

“En  vista  de  que  las  elecciones  se  aproximaban  y  nosotros no recibíamos ninguna ayuda, yo como cabeza de lista y  como   concejal   activo,   y  como  por  más  facilidades  para  transportarme  económicamente    me    dirigí    a    la   sede   del   doctor   Elcure donde me dieron el teléfono para  que  llamara  a  la  persona que iba a manejar la parte de los municipios, entre  ellos Tibú…   

“Voy  a  la  oficina  de Telecom, hago la  llamada  en  la cual me identifico con mi nombre completo: Ovidio Navarro Urón,  concejal  del municipio de Tibú. La persona que me contesta, Pacho, me dice que  si,   que   él   es   la  persona  que  va  a  manejar  eso…”  16   

Que   en  una  comunicación  interceptada  legalmente,   Navarro  Urón  hubiese  tratado  con  alias  “Pacho”  asuntos  relacionados   con   la   financiación   de   la   campaña   de   Ricardo  Elcure  Chacón  en el municipio de Tibú, confirma que el jefe  político  de las autodefensas tenía capacidad de decisión en aspectos vitales  de  la  organización del candidato, pues se trata de una prueba que corresponde  históricamente  al periodo en el cual se llevó a cabo el proceso electoral del  año 2003.   

A  falta de mejores razones para impugnar la  credibilidad  del  testimonio  de  Ovidio  Navarro,  la defensa echó mano de la  declaración  de  José  Antonio  Cote,  testigo a quien el Señor Procurador le  censura  su evidente parcialidad. Tiene razón, pues José Antonio Cote aseguró  que  Ovidio  Navarro apoyó la aspiración de Basilio Villamizar, candidato a la  gobernación    del    departamento    que    no    adhirió    a   Ricardo  Elcure Chacón. Sin embargo, es el  mismo   procesado   en   su  diligencia  de  indagatoria  quien  se  encarga  de  desmentirlo:   

“Se presentó una situación muy especial,  nosotros  hicimos  alianza  con  un candidato, el doctor Basilio Villamizar, que  decidió  declinar  y  adherir  a  la  candidatura  nuestra,  nos  apoyaron  los  candidatos   al  concejo  de  Tibú  por  parte  de  Basilio,  no  recuerdo  sus  nombres.” 17   

La   conclusión  se  impone:  si  Basilio  Villamizar  acompañó  a  Ricardo  Elcure  en el último trayecto de su campaña y si los concejales de Tibú  de  su corriente también lo hicieron, entonces es explicable que Ovidio Navarro  Urón  se  hubiese comunicado con el encargado de los aspectos logísticos de la  campaña   del   doctor   Elcure  Chacón,   tal   como   quedó   al   descubierto   con   la  comunicación  interceptada.   

Cuarto. Con el fin  de  cerrar  el  círculo,  aparte  de los medios de prueba indicados, véase que  Jorge    Iván    Laverde    Zapata,   alias   “el  iguano”   y   José  Antonio  Lozada  Artuz,  alias  “Mauro”,  coordinaron a  través  de  Jorge  Díaz –  el  jefe  del  Das  a  quien Ricardo Elcure  dijo  no  conocer  pero al que según se ha probado relacionó con  Jorge      Noguera      para      ocupar      esa      dignidad     –,  la  entrega  de  alrededor  de  80  millones para financiar la campaña política.   

A  éste  hecho  que  fue  epicentro  de las  decisiones  mediante  las cuales se definió la situación jurídica y se acusó  al  doctor  Elcure Chacón de  la  conducta  por  la  cual se le juzga, hoy cobra mucha mayor importancia en el  lenguaje   de   una   prueba   que  converge  a  demostrar  la  manera  como  el  paramilitarismo  conjugó  su  acción  con  políticos  de  la  región  y  con  organismos  estatales  – ¡  el  Das  y  la fiscalía entre ellos ! –,  en  evidente  perjuicio  de  la  seguridad pública que como bien  jurídico  para  el funcionamiento del sistema quedó sometido al vaivén de las  políticas  trazadas  por  los jefes de aparatos organizados de poder, entre las  que  se destaca el cobro de “impuestos” para el cual se diseñó un novedoso  sistema ideado por el candidato.   

En  ese  contexto,  véase que la entrega de  dinero  no  es  el único elemento que habla del consenso ilegal entre el doctor  Elcure  Chacón  y  el grupo  armado  ilegal,  pero  sí  la  prueba  emblemática  de  la financiación de su  quehacer  político  por  parte  del  paramilitarismo,  que  dada la encrucijada  financiera  por  la que atravesaba su campaña resultaba crucial para avanzar en  el intento de alcanzar la gobernación de Norte de Santander.   

En  este  sentido, véase que Oralba Alvarez  Jaimes,  contadora, y Patricia y Jorge Elcure Chacón, reconocen que la campaña  no  fue  boyante y que el tema financiero lo asumió el candidato personalmente,  lo  cual  explica  la urgencia de lograr un “auxilio” muy superior a la suma  que finalmente le fue entregada por parte de los ilegales.   

Todo eso demuestra que las excusas de todo  orden  que  el  sindicado ofreció para negar el injusto que se le imputa no son  admisibles.  Así,  cuando  dijo  que  fue  amenazado por las autodefensas y que  denunció  ese  hecho, los organismos institucionales certificaron lo contrario,  e  incluso  su  hermana, al declarar sobre ese tema deja un estela de duda, pues  en  principio  señaló  que  la campaña era la más amenazada, pero en seguida  aclaró    que    sobre    ese    aspecto    su   hermano   sólo   “decía  que  hay  que  tener cuidado,  pero  en concreto no decía quien lo amenazó.”   De  haber  sido  así,  dado  el poder y la capacidad de perturbación del grupo  armado  ilegal,  lo  menos  que  debía  esperarse es que sus familiares se  hubiesen enterado de las amenazas que se cernían en su contra.   

Quinto.  De  lo  anterior  se  concluye  que  se  encuentra  cabalmente  demostrado que el doctor  Ricardo  Ariel Elcure Chacón  se  concertó  con la finalidad de promover un grupo armado al margen de la ley,  pues  no solamente fue apoyado económicamente en sus proyectos políticos, sino  que  el aparato organizado de poder que encarnaba el paramilitarismo en Norte de  Santander  fue  puesto  al  servicio de esa causa, con el evidente propósito de  que  el  político  ejerciera  el  poder  que  aspiraba  obtener al servicio del  proyecto  paramilitar,  que es precisamente como se manifiesta el concierto para  promover aparatos organizados de poder ilegales.   

Sexto. La Punibilidad.   

          Según  el  artículo 61 del Código Penal, naturaleza y gravedad de  la  conducta  son categorías que expresan la antijuridicidad del comportamiento  y  la  dimensión  del  injusto, indispensables en orden a brindar una respuesta  proporcional a la agresión causada.   

          Como  no  se  dedujeron  agravantes  de  ninguna  especie, la pena a  imponer  será de 72 meses, que corresponden a los parámetros del primer cuarto  que  oscila entre esa cifra y 90 meses de prisión. Ese monto recoge la gravedad  de  la  conducta  en  concreto, no sólo por su expresión objetiva, sino por la  intensidad  del  dolo  que  se  refleja en el hecho de pactar voluntariamente la  promoción    de    grupos    armados    que    están    por    fuera   de   la  institucionalidad.   

          Siendo  consecuente  con  esa definición, la pena de multa será de  2.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

         

Por último, de conformidad con el artículo  52   del   Código   Penal,   la   Sala   condenará   al   doctor  Ricardo  Elcure Chacón a la pena accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un  tiempo  igual al de la pena principal. Es igualmente claro que de acuerdo con el  artículo  56  del  Código de Procedimiento Penal, al no haberse probado que se  hubiesen  causado perjuicios materiales y morales, no procede la condena por ese  aspecto.   

         Por  último,  se  advierte  que  no  hay  lugar  a  la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena ni a su sustitución por la prisión  domiciliaria.  En  ambos  casos,  por  impedirlo  un  requisito  objetivo. En el  primero,  porque  la  ley  autoriza  el  subrogado  frente  a  penas de prisión  impuestas  no  superiores  a  3 años y en el segundo, porque sólo es viable la  consideración  de  esa  sustitución  cuando la pena mínima prevista en la ley  para  el  delito  objeto de condena sea de 5 años o menos, según los términos  de los artículos 38 y 63-1 del Código Penal.   

         En    este    margen,   el  Señor  Procurador  estima  que  la pena cumple varias funciones,  pero   que   considerando   el   estado   de   salud   del  doctor  Elcure   Chacón,   la  decisión  debe  centrarse  en  la  prevención  general  positiva  con el fin de reestablecer el  imperio del orden jurídico.   

         Entiende   la   Sala   que  al    Ministerio   Público   le   preocupa   que   se   haga   efectiva  la  pena     de     prisión    teniendo    en  cuenta  el grave estado de  salud  del  condenado, y la  Corte  encuentra justificada  su  inquietud. Sin embargo,  la  enfermedad  del doctor  Elcure  Chacón  no  puede  llevar  a la renuncia de la prevención general, de la  retribución  justa  y de la reinserción social del condenado, que son también  fines  de  la  pena, justificando la punibilidad sólo  en  la necesidad de reestablecer la vigencia de la norma que se ve desautorizada  por    el    delito,   a  la  manera  de  un derecho  penal  funcional  cuya única finalidad esta orientada a garantizar la identidad  normativa,   la   Constitución   y   la  sociedad.18   

         Por  lo  tanto,  sin perder de vista los  fines  de  la  pena,  es posible no renunciar a ellos  suspendiendo  la  ejecución  de la pena, pues el artículo 471 de la ley 600 de  2000  lo  autoriza  en los  mismos   casos   de   suspensión   de   la   detención  preventiva,   que   es   precisamente   lo   que   aquí   ocurre.    Así    se   conjugan   de   mejor  manera los fines de la pena, el principio de dignidad  humana  y  se  respeta  la  prohibición  de  imponer  tratos  o  penas crueles,  inhumanas o degradantes.   

         Se  suspenderá,  en consecuencia, la ejecución de la pena, por lo  cual  el  condenado  deberá  permanecer  en su domicilio, mientras su estado de  salud  lo amerite. La caución que prestó en el curso del proceso es suficiente  para  garantizar  el  cumplimiento de esa obligación.   

Decisión  

          En   mérito   de   lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,   Sala    de  Casación  Penal,  administrando  justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

Resuelve   

       Primero.    Condenar    a      Ricardo     Ariel     Elcure  Chacón,  de  notas  civiles y personales conocidas, a  las  penas  principales  de  setenta  y  dos  meses de prisión y multa de 2.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes e inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como autor del delito de  concierto  para  promover  grupos armados al margen de la ley de  que  trata  el  artículo  340  inciso  2°  de  la  Ley 599 de 2000.   

       Segundo.          Declarar        que  no hay lugar a condena por el pago de  daños  y  perjuicios  y  que  no  son  procedentes  la  condena  de  ejecución  condicional ni la prisión domiciliaria.   

       Tercero.        Suspender         la  ejecución  de  la  pena  en  los  términos indicados en esta  decisión.   

       Cuarto.      Háganse  las comunicaciones de ley.   

         

Notifíquese y Cúmplase  

JULIO E. SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO            MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE L.         

Adición de voto                                               Adición de  voto   

AUGUSTO           IBÁÑEZ  GUZMÁN              JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                  

          Adición de voto   

YESID           RAMÍIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

        Adición de voto   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

ADICIÓN DE VOTO  

I. Compartimos  plenamente  los  razonamientos  y  la decisión de la Sala porque corresponden a  las  pruebas  aportadas, la apreciación de las mismas de acuerdo con las reglas  de  la  sana  crítica y la mejor hermenéutica sobre el contenido y alcance del  delito   de   concierto  para  delinquir con fines de paramilitarismo.   

II.   Pero  concluido  el  presente  proceso  observamos  que  el  responsable del delito de  asociación para delinquir aquí identificado   

se concertó con la finalidad de promover  un grupo armado al margen de la ley,   

para  que  lo  apoyara  en  sus proyectos  políticos y dicho aparato organizado   

fue  puesto al servicio de esa causa, con  el  evidente  propósito  de  que  el  político ejerciera el poder que aspiraba  obtener  al  servicio  del  proyecto  paramilitar,  que  es precisamente como se  manifiesta   el   concierto   para   promover   aparatos  organizados  de  poder  ilegales.   

III. La banda  criminal  a  la  que  ingresó  el  condenado  diseñó y ejecutó un proceso de  cooptación  de las instituciones nacionales, departamentales y municipales, que  se  refleja  en  el apoyo brindado a algunos de sus miembros para que alcanzaran  por  medio  del  voto ciudadano o mediante nombramiento la calidad de servidores  públicos,  y  en  el  momento  en  que  accedieron  a las diferentes dignidades  tenían  la  obligación,  como  miembros  de  la perversa empresa, de enderezar  todos  sus movimientos oficiales en busca del favorecimiento directo e inmediato  de la asociación criminal.   

En   el   Congreso   de  la  República  constituyó  tarea  esencial  de  los  parlamentarios  elegidos  por  los grupos  paramilitares  impulsar  estatutos  legales  que  favorecieran el quehacer de su  compañía  delictiva, hecho que, por ejemplo, explica el apoyo incondicional de  algunos  legisladores  a  los  proyectos  de  ley  de  alternatividad  penal que  buscaban  un  altísimo  grado de impunidad para los crímenes cometidos por las  bandas  a  las  que  debían fidelidad, tarea en la que finalmente se consensuó  una  alta  porción  de  verdad  y  reparación  con  unos  niveles  de justicia  mutilados  e  insuficientes  que  hacen  clamar al cielo por el resultado final:  impunidad.   

IV. Los grupos  paramilitares,  entre cuyos miembros existían servidores públicos vinculados a  todos  las  instituciones  estatales,  desde  el  momento  mismo de su creación  tenían   como   propósito   esencial   arrasar   a   todos  los  ciudadanos  u  organizaciones  que  se  opusieran  a  sus  propósitos,  razón  por la cual la  ejecución  de  conductas  calificadas como delitos de lesa humanidad -torturas,  desapariciones  forzadas, desplazamiento forzado, secuestro, etc.- hacían parte  de sus diligencias ordinarias.   

V.  Para  los  miembros  de  la  organización  no  era  ningún  secreto  que  en  aras  de la  consolidación  de  su  poder  fascineroso  se tenían que cometer toda clase de  conductas  criminales  y  ataques  a  la  dignidad humana de los opositores o de  cualquiera que se convirtiera en obstáculo al avance paramilitar.   

VI.  Quienes  tenían  la  calidad de congresistas y pertenecían a la organización criminal,  como  ocurrió  con  Ricardo  Elcure  Chacón,  si bien fungían como voceros de  partidos  u  organizaciones políticas legalmente reconocidas, realmente hacían  parte  de  la  cúpula  de  los grupos paramilitares y en tal condición hacían  parte  de  la  caterva  líder  o  directorio de mando -comandancia suprema- que  diseñaba,  planificaba, proyectaba, forjaba e impulsaba las acciones que debía  desarrollar  la  empresa criminal en aras de consolidar su avance y obtener más  réditos dentro del plan diseñado.   

El  político  no  se  conformaba con ver  triunfante  su  aspiración  personal  porque  su  condición  de  miembro de la  organización  criminal  lo  catapultaba  para alcanzar más y nuevas dignidades  que  resultaran  funcionales  a  la  empresa  delictiva,  porque  dentro  de  la  estrategia  del  crimen  su  éxito  era  un  paso más en el proceso de la toma  mafiosa de todos los poderes e instancias de decisión del Estado.   

VII.  Así las  cosas,  y  de  acuerdo  con  la opinión de la Sala19,  el  aforado hacía parte  de    una   estructura   criminal   integrada   por   un   número   plural   de  personas   

articuladas  de  manera  jerárquica  y  subordinada  a  una organización criminal, quienes mediante división de tareas  y  concurrencia de aportes (los cuales pueden consistir en órdenes en secuencia  y  descendentes) realizan conductas punibles, es dable comprenderlo a través de  la metáfora de la cadena.   

En  este instrumento el que se constituye  en  un todo enlazado, los protagonistas que transmiten el mandato de principio a  fin  se relacionan a la manera de los eslabones de aquella. En esa medida, puede  ocurrir  que  entre  el  dirigente  máximo  quien  dio la orden inicial y quien  finalmente la ejecuta no se conozcan.   

Así  como se presenta en la cadeneta, el  primer  anillo o cabeza de mando principal se constituye en el hombre de atrás,  y  su  designio  delictuoso lo termina realizando a través de un autor material  que  se halla articulado como subordinado (con jerarquía media o sin ella) a la  organización que aquél dirige.   

Dada  la  ausencia  de  contacto físico,  verbal  y  de  conocimiento  entre  el  primer  cabo  ordenador y el último que  consuma  la  conducta punible, sucede que el mandato o propósito se traslada de  manera  secuencial  y  descendente  a  través de otros dependientes. Estos como  eslabones  articulados  conocen  de manera inmediata a la persona antecedente de  quien  escucharon  la  orden  y  de  forma subsiguiente a quien se la trasmiten.  Todos  se  convierten  en  anillos  de  una  cadena  en  condiciones  de  plural  coautoría.   

Esta forma de intervención y concurrencia  colectiva  en conductas punibles es característica en organizaciones criminales  claramente  identificadas que consuman el delito de concierto para delinquir con  fines  especiales de que trata el artículo 340 inciso 2º de la ley 599 de 2000  o  como  puede  ocurrir  en  grupos  armados ilegales, independientemente de los  postulados  ideológicos  que  los  convoquen  pues  en  eventos  incluso pueden  carecer de ellos.   

…  

Y para el caso colombiano esta teoría de  “la  concurrencia  de  personas  en  el  delito  y los aparatos organizados de  poder”,  “autoría  mediata en aparatos organizados de poder con instrumento  fungible  pero  responsable”  o  “autor  tras  el autor”, la doctrina más  atendible la viabilizó:   

En  primer  lugar,  para  garantizar  la  prevención  general  como  función de la pena, pues la sociedad reprochará en  mayor  medida  a  los  autores y no a los partícipes de las conductas punibles;  segundo,  porque  al  reprochar socialmente a la organización delictiva y a las  diversas  formas  de  participación que en ella se presenten, se desestimula la  delincuencia  y  el dirigente se torna visible ante la sociedad; tercero, porque  las  diferentes  formas  de responsabilidad se justifican en razón al principio  de  proporcionalidad  y  a  la  función  de  retribución  justa  que significa  reconocer  el  principio de accesoriedad, porque no es posible reprocharle a una  persona  su  calidad de partícipe bien como instigador, determinador, cómplice  o  interviniente, sin haber reconocido previamente la identidad del autor; y, en  cuarto  lugar,  porque  en  aras  de garantizar el derecho a la verdad, sólo es  posible  establecer las cadenas de mando bajo las cuales opera una organización  delictiva,  su  estructura  y su funcionamiento si se sabe quiénes conforman la  cúpula,  los  mandos  medios  y  los  miembros  rasos de esos aparatos o grupos  organizados  al margen de la ley. Además, de contera, se garantiza el derecho a  la  no repetición y se podrá aplicar a los miembros rasos, muy seguramente, el  principio   de   oportunidad   condicionado,  siempre  y  cuando  sus  conductas  delictivas  no estén dentro del marco de los delitos de lesa humanidad o contra  el   DIH   y   colaboren   efectivamente,   en  el  desmantelamiento  de  dichos  grupos20,   

lo   cual   permite   avizorar  que  el  congresista-paramilitar  también  debe  responder penalmente por el conjunto de  crímenes  que se le atribuyen a los comandantes o jefes de los bloques, frentes  o unidades que hacían parte de la asociación criminal.   

Cortésmente,  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

      Magistrado                                                                                      Magistrado   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

      Magistrada                                                                                              Magistrado   

Fecha   ut  supra.   

    

1  De  acuerdo  con  el  parágrafo de las normas constitucionales y legales indicadas,  cuando  el  funcionario hubiese cesado en el ejercicio del cargo, el fuero sólo  se  mantendrá  para  las  conductas  punibles  que  tengan  relación  con  las  funciones  desempeñadas,  situación  que  desde  luego no es la del procesado.   

2 Cfr.,  en  ese  sentido,  Corte  Suprema  de Justicia, Sentencia de Unica instancia del  día 19 de agosto de 2009, radicado 27.195.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, radicado 26942, auto del 14 de  mayo de 2007.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  sala  de casación penal, radicado 26.942, auto del 8 de  noviembre de 2007.   

5 Jorge  Iván  Laverde  Zapata  se  vinculó  en Urabá a las Autodefensas de Córdoba y  Urabá  de  la Casa Castaño a la edad de 17 años. En el año 1999 por orden de  Carlos  Castaño  se  traslada  a  Norte de Santander como Comandante del Frente  Fronteras.   

6  Responsable del Bloque Catatumbo.   

7  Minuto 24:00   

8 Folio  19 cuaderno 2   

9  minuto 41:25   

10  minuto 42:17   

11  artículo 238 de la ley 600 de 2000   

12  Cfr,  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación  del  17 de septiembre de 2008, radicado 26.055, decisión en la cual al respecto  se   dijo   lo   siguiente:   “Tratándose   del   principio  lógico  de  “no  contradicción”,  postulado  que  rige  los  ejercicios de verificabilidad de la  sana  crítica  en  orden  a la valoración de la credibilidad o su ausencia que  debe  darse  a la prueba testimonial, se comprende por la lógica material, para  el  caso  referida  a los aspectos jurídico sustanciales en discusión, que los  juzgadores,  como  es  de  suyo, no pueden valorar de manera positiva contenidos  testimoniales  que  en  sus  expresiones fácticas se nieguen, se contradigan en  sus  aspectos  principales  o  que  por virtud de las contradicciones excluyan o  terminen  haciendo  invisible  o  inexistente  la  conducta  punible  objeto  de  atribución.”    

13  Jorge  Iván  Laverde Zapata, en declaración rendida dentro del proceso 28.531,  trasladada  a  esta  actuación,  sobre  la  importancia de Elías Galvis, alias  “Pacho”  dentro  de la organización manifestó: “Por lo general Pacho era  el  político  de  todo  el  bloque,  no  solo  era del frente fronteras, era el  encargado  de  la  política  de  todo  el  Bloque  Catatumbo,  todo el Norte de  Santander,  sacando  la  provincia  de Ocaña que no era nuestra, era de Juancho  Prada… minuto 16:20…   

14  Cfr,  declaración  de Claudia Cecilia Buitrago rendida en Cúcuta el día 23 de  julio de 2008.   

15  Cuaderno 2. folio 250.   

16  Diligencia de ampliación de indagatoria del 3 de agosto de 2004.   

17  minuto 1:03:31   

18  Cfr.,   Jakobs,  Gunter,  Sociedad,  norma  y  persona.  En  el  mismo  sentido,  Silvestroni  Mariano,  Teoría  Constitucional  del delito, Editores del Puerto,  Buenos Aires, 2004.   

19  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación de 2  de septiembre de 2009, radicación 29221.   

20  Claudia  López  Díaz,  Imputación de crímenes de  los    subordinados    al    dirigente,   el   caso   colombiano,   Bogotá, Editorial Temis, 2009, p. 173.     

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