29630(06-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  219                                                                                                          Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá  D.  C.,  seis  de  agosto de dos mil  ocho.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Jairo  Cabrera  Vargas  contra la sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Bogotá el 6 de junio de 2007, mediante la  cual  confirmó  la proferida el 14 de septiembre de 2006 por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  Especializado de la mima ciudad, que condenó al procesado  por  el  delito  de  tráfico  de  sustancias  para el  procesamiento de narcóticos.   

Hechos.  

El  12  de  agosto  de  2004,  miembros de la  Dirección  Antinarcóticos  de  la  Policía  Nacional,  Grupo  de  Control  de  Precursores   Químicos,   recibieron   una  llamada  telefónica  anónima  que  informaba   que   ese   día   saldría  de  las  instalaciones  de  la  empresa  Internacional  JC,  ubicada  en  la  calle  70 A No.86 A-27 de Bogotá, el carro  tanque  de  placas  WZC-524, con  insumos químicos controlados, escondidos  estratégicamente  en  una  caleta,  los  cuales  serían  destinados  para usos  ilegales.  De  inmediato se montó un operativo de vigilancia en el lugar que se  extendió  hasta las horas de la madrugada (5:30 a.m), cuando hizo aparición el  vehículo  Honda  Civic  de placas BHB-427, del cual descendieron tres personas,  las  mismas  que  habían  sido  vistas salir de la bodega alrededor de las 1:00  horas de la mañana.   

Minutos   después   salió  del  lugar  el  carrotanque  de  placas WZC-524 y se dirigió hasta un parqueadero situado en la  avenida  Rojas  con  calle 66, donde fue inmovilizado y revisado, hallando en su  interior,  en  compartimentos encubiertos, 9808 kilos de Metil Etil Cetona (Mek)  y  3300  litros  de  Thinner.  El  vehículo y su conductor, señor Edgar   Humberto   Tibaná  Silva,  fueron  trasladados   a  las  instalaciones  de  la  bodega  de  donde  habían  salido.   

Simultáneamente   al   seguimiento   del  carrotanque,   se   realizó   el   del  vehículo  Honda  Civic,  manejado  por  Jairo      Cabrera      Vargas,      propietario  de  la  bodega,  en cuyo recorrido fueron retenidos los  hermanos   Jaime  Hernández  Rodríguez  y     Henry    Hernández    Rodríguez,  cuando  el  primero  descendió  del  automotor  para  encontrarse  con  el  segundo. El vehículo continuó su marcha y no fue posible  interceptarlo.  Los  retenidos  fueron  trasladados  a la bodega, desde donde la  policía  contactó  por  celular  al propietario Jairo  Cabrera  Vargas,  quien  se hizo presente alrededor de  las  11  de la mañana. Enterado del caso, se inició una inspección del lugar,  con  su autorización, y minutos más tarde (12:30 horas) se allanó y registró  el inmueble, con la intervención de un fiscal de la UNAIM.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La fiscalía vinculó al proceso mediante  indagatoria   a  Henry  Hernández  Rodríguez,  Jaime  Hernández   Rodríguez,   Jairo   Cabrera   Vargas  y  Edgar    Humberto    Tibaná   Silva,   y  el  22  de  marzo  de  2005  calificó  el  sumario  así: 1) Con  resolución  de acusación contra Jairo Cabrera Vargas,  Edgar    Humberto    Tibaná    Silva   y   Jaime   Hernández   Rodríguez,   por  tráfico   de   sustancias   para   procesamiento  de  narcóticos,  el último en condición de cómplice. 2)  Con  preclusión  de  investigación  en favor de Henry  Hernández   Rodríguez.   Este  pronunciamiento  fue  apelado  y  confirmado  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal el 9 de junio  de 2005.1   

2.  En  la  fase  del  juicio,  Edgar  Humberto  Tibaná Silva se acogió a  sentencia  anticipada  propiciando el rompimiento de la unidad procesal. Agotada  esta  fase,  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Bogotá,  mediante  sentencia  de  14  de  septiembre  de  2006,  condenó  a Jairo   Cabrera   Vargas  a  72  meses  de  prisión  y  Jaime  Hernández Rodríguez a  36  meses,  como  autor  y cómplice, respectivamente, del delito  imputado   en   la   resolución   de   acusación.2    

3.  El  defensor  del  procesado Jairo    Cabrera   Vargas   apeló   esta  decisión,  pero el Tribunal Superior de Bogotá, mediante el suyo de 6 de junio  de  2007,  que ahora el mismo sujeto procesal recurre en casación, lo confirmó  en         todas         sus         partes.3   

La         demanda.   

Sin señalar la causal invocada, el demandante  acusa  la  sentencia  de “ser violatoria de normas de carácter sustancial por  falta  de aplicación”, concretamente de las Resoluciones 009 de 1987 y 006 de  2000,    del   Consejo   Nacional   de   Estupefacientes   “porque   surgiendo  contradicción  en  sus  términos,  se  recurrió  a la aplicación de la norma  restrictiva  y  desfavorable”  con afectación de los artículos 28 y 29 de la  Constitución Nacional.   

Explica  que  el  contenido  de las referidas  resoluciones  permite distinguir dos situaciones. Una, la del artículo 32 de la  primera  resolución,  “cuando  remite para su sanción a la Ley 30 de 1986. Y  dos,  la  de  la  Resolución  06,  que  prevé  dos  tipos de sanciones, una de  carácter  penal  cuando  los  hechos  así  lo  ameritan,  y  otra de carácter  administrativo,  “cuando  luego  de  la  visita se encuentra infracción a las  prevenciones legales en su tratamiento”.   

Sostiene   que   el  tribunal  equivoca  la  apreciación  y  valoración  tanto de los hechos como de las pruebas, “porque  resulta  infundado  afirmar  que  el  suscrito  no  adujo en qué favorecía las  irregularidades  observadas  cuando  la policía en forma arbitraria y sin orden  judicial   inició   el   allanamiento   a   las   seis   de  la  mañana”.  Y  agrega:   

“El favorecimiento a favor de mi patrocinado  surge  en  que  se  edificó un proceso sin orden de autoridad competente siendo  allanadas  las  dependencias  de  la  sociedad.  El  criterio o finalidad de tal  allanamiento  previo  e  ilegal  no  se advirtió prueba (sic) pero no puede ser  posible  que  luego  de  la  una  de  la  tarde  haya  aparecido  el funcionario  competente”.   

“Por  el  precedente hecho estamos frente a  una  causal  de nulidad, que si bien debió alegarse en otra instancia no indica  sin  embargo  que no se hayan cometido errores, especialmente en la instrucción  como  que  para  la  etapa  del  juicio  fueron  en verdad respetadas las normas  propias de ésta”.   

Transcribe apartes de algunas decisiones de la  Corte  Constitucional  sobre  las  vías de hecho y la presunción de inocencia,  para  sostener, a renglón seguido, que el artículo 28 de la Carta Política no  fue  tenido  en  cuenta por los juzgadores, “al punto de que desde un comienzo  se  tuvo por culpable a mi defendido, situación esbozada por con (sic) claridad  en ambos fallos”.   

Afirma invocar, igualmente, como “violación  de  norma  sustancial”,  el hecho de no haberse aplicado el artículo 29 de la  Constitución,   frente   a   la  Resolución  006  de  2000,  que  permite  una  investigación  administrativa  y  su  correspondiente  sanción.  Es  decir, se  buscó y aplicó el precepto más desfavorable.   

Si  al  procesado le hubiera sido aplicado el  principio   de   favorabilidad,   se   hubiera   concluido  y  establecido  que,   

    

* La  propiedad  sobre  la  mercancía  recaía  en  la  empresa,  por  haber  sido la  importadora legal,   

* No  se  hubiera  valorado  indebidamente  la ausencia de registro en el libro porque  era un hecho justificable,   

* No  se  valoró  debidamente  la explicación dada por el procesado en la audiencia,  en  el  sentido  de  que  tenía  en  su  poder  la  boleta  que le permitía el  transporte de la mercancía   

* Apareció  como  hecho  censurable  el haberse retirado el vehículo  donde  se  transportaba  la mercancía, “pues en últimas estaríamos frente a  un  hecho  escueto  de que sólo se cambiaron los recipientes. El transporte del  carro  por  unas  cuadras  no  creo que configure el transporte de la sustancias  encontradas”.   

* “Es  que  siempre  se  minimizó  el hecho de que directamente don  Jairo  Cabrera Vargas acompañaría el transporte de las mercancías obviando su  presencia requisitos de la Resolución 009 de 1987”.     

Sostiene, finalmente, que en desarrollo de los  mismos  mandatos  constitucionales,  no  se aplicó el artículo 6° del Código  Penal,  “que  contempla igualmente la aplicación de la norma que favorezca al  procesado”.   

Sustentado en estas consideraciones, solicita  a   la   Corte  casar  la  sentencia  impugnada  y  absolver  al  procesado  por  “considerar  que el hecho no constituye delito sino investigación y sanciones  administrativas”.   

SE        CONSIDERA:   

La  exigencia  prevista en el numeral 3° del  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, de indicar en forma clara y precisa los  fundamentos   de  la  causal  de  casación  que  se  aduce  para  solicitar  la  infirmación  del  fallo,  impone el cumplimiento de ciertos requisitos mínimos  de  forma  y  contenido,  propios  de  la lógica del recurso, sin los cuales no  resulta  posible  pretender  el  examen  del  asunto  en  decisión de fondo, de  acuerdo con lo establecido en el artículo 213 ejusdem.   

Algunos  de  estos  derroteros  son comunes a  todas  las causales, y otros propios de cada una de ellas. Entre los primeros se  destacan   el   principio   de  coherencia,  que  reclama  absoluta  consonancia  entre  el  planteamiento del  cargo,   su   desarrollo   y   la   conclusión;   de  contradicción,  que  exige  que  los  argumentos  que  sirven  de  sustento  al  reparo  sean compatibles entre sí;  de  autonomía,  que prohíbe entremezclar  causales  o  cargos  de  índole  distinta en un mismo contexto argumentativo; y  de  razón  suficiente,  que  exige  que  la  demanda se baste asimismo para lograr la invalidación parcial o  total del fallo.     

Los  derroteros  de  carácter  específico  dependen   del  cargo  propuesto.  Si  lo  alegado  es  un  error  eminentemente  jurídico,  la censura deberá proponerse dentro del marco de la causal primera,  cuerpo  primero, por violación directa de la ley sustancial, con indicación de  la   forma   de   la   violación,   el  sentido  de  la  violación4,  el  error  denunciado,  la  razón  de ser del mismo y sus implicaciones en la declaración  del derecho sustancial.    

Si lo planteado es un error en la apreciación  de  las  pruebas,  el  cargo  debe  sustentarse  al amparo de la causal primera,  cuerpo  segundo,  por violación indirecta de la ley sustancial, con indicación  clara        del        error        cometido5,  la  prueba  sobre  la  cual  recayó  el  error,  su razón de ser y las implicaciones que el desacierto tuvo  en  las  conclusiones  probatorias  y  jurídicas  de  la sentencia.     

Si  lo  propuesto es un vicio de consonancia,  por  falta  de  correspondencia  entre  la  sentencia  impugnada  y  los  cargos  formulados  en  la resolución de acusación, el reproche debe proponerse dentro  del   ámbito   de   la  causal  segunda,  con  indicación  del  motivo  de  la  incongruencia6,  la  razón  de  ser  de  la  misma y los efectos que causó en la  decisión impugnada.   

Y  si  lo propuesto es una nulidad, el ataque  debe  plantearse  dentro  del  ámbito de la causal tercera, con indicación del  motivo         que         la         origina7,  la  razón de ser del vicio,  sus   implicaciones   en  el  ejercicio  de  las  garantías  fundamentales  del  impugnante  o  en  la estructura formal del proceso, y el  señalamiento de  la cobertura del vicio.   

Examinada  la  demanda  presentada  por  el  defensor   del   procesado   Jairo   Cabrera  Vargas,  se  establece,  sin  mayores  dificultades,  que  los  derroteros  de  carácter  general  y  específico,  a  los  cuales  se ha hecho  alusión,  son  ignorados totalmente por el impugnante, y que su libelo se halla  distante  de erigirse en un escrito formal y sustancialmente apto para sustentar  un ataque en sede extraordinaria.   

Lo  primero  que  se  advierte es la falta de  determinación  de  la causal en la cual se sustenta la censura, pues el escrito  de  fundamentación  del  recurso  no  dice nada distinto de que la sentencia es  violatoria  de normas de carácter sustancial por falta  de   aplicación,   afirmación   que,   a  lo  sumo,  permitiría  suponer  que invoca la causal primera, mas no saber si lo planteado  es  un  error  jurídico  o  un  error  probatorio,  porque  a las dos formas de  violación  puede  llegarse  por  aplicación  indebida  de una norma de derecho  sustancial.    

Esta indeterminación no logra superarse en el  proceso   de  fundamentación  de  la  censura.  Todo  lo  contrario,  se  torna  indescifrable,  si  se  toma  en cuenta que en el recorrido argumentativo que el  casacionista   realiza,   denuncia   indistintamente   violaciones   de   normas  sustanciales,   motivos   de   nulidad,   errores  de  apreciación  probatoria,  inobservancia  de principios fundamentales como el de presunción de inocencia y  de  favorabilidad,  en  una entremezcla inaceptable de argumentaciones desafines  que   impiden   determinar   el  verdadero  alcance  de  la  impugnación.    

    

Esta   forma   de   argumentar,  contraría  abiertamente  los principios de contradicción y de coherencia interna, pero por  sobre  todo,  el  de autonomía de las causales, que enseña que los motivos que  la  ley  establece  como condiciones para acceder a la casación se sustentan en  supuestos  distintos,  exigen desarrollos propios y aparejan  consecuencias  diferentes,  y  por tanto, que al censor no le es permitido refundir en un mismo  discurso      argumentativo      alegaciones      atañederas      a      varias  causales.      

Aparte  de esto, el demandante no se ocupa de  demostrar  cada  uno  de  los  errores  que  indiscriminadamente  plantea  en la  censura,  en  la  forma  establecida  para cada una de las causales, sino que se  limita  a  afirmar  la existencia de la violación, o del vicio, sin acompañar,  al   algunos   casos,   argumentos  distintos  del  mero  enunciado,  y  en  otros,   trayendo  a  colación  reflexiones  que  no  vienen al caso, como  cuando  sostiene  que  se desconoció el principio de favorabilidad porque no se  optó por la sanción disciplinaria en lugar de la sanción penal.   

Si  lo  pretendido  por  el  casacionista era  atacar  la  eficacia probatoria de la diligencia de allanamiento y registro, por  desconocimiento  de  las  normas  legales  que  regulan  la  producción de esta  diligencia,   debió  escoger  como  motivo  de  ataque  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo, por errores de apreciación probatoria, y denunciar  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad, con indicación de las  normas  medio  violadas, los vicios de producción que la prueba registra, y sus  implicaciones   en   las  conclusiones  del  fallo,  nada  de  lo  cual  intenta  realizar.   

Y si lo buscado era plantear atipicidad de la  conducta,  por  ausencia  de  los  elementos  estructurales  requeridos  por  el  artículo  382  del Código para su realización, que es lo que en esencia alega  cuando  invoca  violación  del  principio  de favorabilidad, debió seleccionar  como  causal  de casación la primera, y plantear violación directa o indirecta  de  la  ley, según el error proviniera de desaciertos de carácter jurídico, o  de  errores  de  apreciación  probatoria,  ejercicio  demostrativo  que tampoco  efectúa.   

En  síntesis,  la  demanda presentada por el  defensor   de   Jairo   Cabrera  Vargas  no  reúne las exigencias mínimas de claridad, concreción y debida  fundamentación   requeridas  para  su  estudio  de  fondo.  Por  tanto,  se  la  inadmitirá  y  se  ordenará  devolver  el  proceso  a la oficina de origen, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000, no  advirtiéndose  la  existencia  de violaciones a garantías fundamentales que la  Corte esté en el deber de proteger de manera oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Jairo  Cabrera    Vargas.    

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ                      ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                           YESID RAMIREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                          

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios  139-158 del cuaderno original 4 y 34-41 del cuaderno de la Delegada ante  el Tribunal.   

2  Folios 18 del cuaderno original 5 y 1-26 del cuaderno original 6.   

3  Folios 3-15 del cuaderno del tribunal.   

4 Los  sentidos  de  la violación son tres: aplicación indebida, falta de aplicación  e interpretación errónea.   

5 Los  errores  de  apreciación  probatoria son cinco: de existencia, de identidad, de  raciocinio,  de  legalidad y de convicción. Los tres primeros son de hecho. Los  restantes de derecho.   

6  La  inconsonancia puede ser personal, fáctica o jurídica.   

7 Las  nulidades  se pueden presentar por violación del principio del juez natural, el  debido proceso o el derecho de defensa.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *