29574(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 29574  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 231  

Bogotá,  D.C.,  diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por el defensor de OMAR GIL  AGUILAR  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Juzgado Dieciséis Penal del Circuito de Bogotá, el  22  de  noviembre  de  2007,  mediante  la  cual confirmó la dictada por el Juzgado  Veintisiete  Penal  Municipal de la misma ciudad, el 25 de septiembre de 2006, y  lo  condenó  a  las  penas  principales  de  24 meses de prisión y multa de 15  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes; a  la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por   el  mismo lapso de la sanción privativa de la libertad y al pago de perjuicios,  como     autor     de     la     conducta    punible    de     inasistencia  alimentaria.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Dan cuenta las diligencias que el sindicado  OMAR  GIL  AGUILAR,  presuntamente  se ha sustraído desde septiembre de 2002 al  cumplimiento    cabal,    ininterrumpido    y   oportuno   de   la   obligación  alimentaria,   a  que  por  ley  se  encuentra  compelido para con su menor  hijo…”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Veinticinco  Local Delegada ante los Juzgados Penales Municipales de Bogotá, el  13  de  abril  de  2005,  acusó  a  Omar  Gil Aguilar  por  la  conducta punible de inasistencia alimentaria,  decisión que fue confirmada el 9 de febrero de 2006.   

2.  El Juzgado Veintisiete Penal Municipal de  Bogotá,  el  25 de septiembre de 2006, dictó sentencia de primera instancia en  la  que  condenó a  Omar Gil Aguilar a  las  penas  principales  de  24  meses  de prisión y multa de 15  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes;  a  la  sanción  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por   el  mismo lapso de la sanción privativa de la libertad y al pago de perjuicios,  como autor de la conducta punible de inasistencia alimentaria.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor, el  Juzgado  Dieciséis  Penal   del Circuito de Bogotá, el 22 de noviembre de  2007,  al  desatar  el  recurso,  lo  confirmó  en lo fundamental, en tanto que  modificó el plazo para el pago de los perjuicios y de la multa.   

Contra    la   anterior   decisión,   el  defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa  técnica, con base en la causal  primera  de  casación,  presenta  un  único  cargo  contra la sentencia, cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

El  defensor  del  sentenciado, basado en la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  juzgado  de instancia  de haber  violado,   de   manera   directa,   la   ley   sustancial   por  “INTERPRETACIÓN  ERRÓNEA”  del artículo  233, inciso 1°, del Código Penal.   

Asevera  que  “el  interés  es  plantear  y mostrar como se fincó la decisión de primera como la  de  segunda instancia, contrariando todo el ordenamiento jurídico, con respecto  a  la  tipicidad  de  la  conducta.  Y, en segundo lugar, desvirtuar el grado de  certeza de la cual no goza dicho fallo”.   

Después  de  analizar  la normatividad y el  tipo  penal,  aduce que la acción de Gil  Aguilar sí se enmarca dentro de  algunos de los elementos descriptivos del tipo como son:   

“La  sustracción  parcial  a  su  deber  alimentario  que  tiene para con su hijo…., pero este incumplimiento, no se ha  dado    por   que   él  haya  querido  de  manera  DOLOSA…se  ha  debido  básicamente  a  su  imposibilidad de mantener un trabajo estable que permita no  solo  cumplir  con  los  alimentos  de  este  hijo sino de sus otros hijos, como  también  suplir las necesidades de él básicas y diarias”.   

Reitera  que  los  empleos  que ha tenido su  defendido  han  sido   esporádicos.  Anota  que  el  infante  en  cuanto a  “salud   nunca  ha  estado  desamparado”, puesto que es beneficiario de su padre.   

Afirma  que  “los  alimentos  no  solamente  son dinero, como siempre lo ha pretendido hacer ver la  contraparte,  incluyen  también,  salud,  recreación,  vestuario,  los  que de  acuerdo   a   sus   ingresos   le   ha  prodigado  mi  defendido”.  Comenta  que  la  familia del procesado también ha ayudado en las  necesidades del menor.   

Insiste  en que su actuar no ha sido doloso,  “sino  que  ha incumplido de manera parcial y no por  voluntad    de   él…”,   para   lo   cual   cita  jurisprudencia de la Corte Constitucional.   

En  el  acápite  que llamó “La  sanción  por  incumplimiento  de  la obligación alimentaria no  vulnera  la Constitución”,  señala que el bien  protegido   por   la   norma   acusada   es   la  familia  y  no  el  patrimonio  económico.   

Después   de   analizar   la   expresión  “sin      justa      causa”      contemplada  en  el  artículo  233  del Código Penal y de reseñar  jurisprudencia   de  la  Sala,  comenta  que  el  sostenimiento  de  la  familia  corresponde a los padres en igualdad de condiciones.    

Recalca  lo  anteriormente enunciado y aduce  que  “una  persona  solamente  pude  ser  juzgada  y  sancionada   después   de   un   juicio   plenamente   respetuoso   del  debido  proceso”.   Así   mismo,  asevera   que   el   incumpliendo   parcial   de   su  procurado    encuentra  fundamento en la justa causa.   

Una  vez  que  reseña  los  fallos  de  las  instancias,  afirma  que  éstos  manifiestan que “no  hay  lugar a excusa alguna, pues en todos los casos el obligado debe atender una  cuota fija mensual”.   

Sostiene   que  su  defendido  sí  se  sustrajo   a  su  deber  alimentario  con  su  hijo,  pero   debido  a  una  “fuerza  mayor”, esto es,  la  falta  de  empleo estable. También aduce que se condenó a su defendido por  seis  millones de pesos “a favor del Consejo Superior  de  la  Judicatura  (Estado),  suma  superior a los mismos alimentos que debe de  pagar   como   perjuicios   materiales   y   morales   a   favor   de  su  menor  hijo”.     

Considera  que  la  conducta  de Gil Aguilar  obedeció  a  una  justa  causa  y,  por  ende,  se  impone  la  absolución por  atipicidad.   

Por  lo  expuesto, solicita a la Corte casar  “parcialmente”    la  sentencia   impugnada   y,   por   lo  tanto,   absolver  a  su  defendido.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De  conformidad  con  lo  previsto por el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional,  que  procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

En  el  evento  que  ocupa la atención de la  Corte,  fácil resulta advertir que sólo procedía la casación excepcional, en  la  medida  en  que  el fallo de segunda instancia lo profirió un juzgado penal  del circuito.   

Ahora  bien, también la jurisprudencia de la  Sala  ha sostenido, de manera incansable, que cuando de la casación excepcional  se  trata, el demandante debe exponer así sea de manera sucinta pero clara qué  es  lo  que  pretende  con el recurso, teniendo como norte que solamente procede  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para  garantizar  los  derechos  fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de los de  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el desconocimiento de una garantía por quebrantamiento  de  la  estructura básica del proceso o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

2.  Así,  entonces, el recurrente no asumió  previamente  la  demostración  de  que  existía  uno  o  los  dos  motivos que  hacían   procedente   esa   vía   discrecional, sino   que   entró   a  proponer  el  único  cargo  de   acuerdo   con  la  causal primera del artículo 207 de la Ley 600  de  2000,  en postura que deviene insuficiente a los propósitos de la casación  discrecional,  pues  uno  es  el  cargo  que  se formula dentro del marco de una  determinada  causal y otro es el motivo que justifica la necesidad de ejercer la  facultad  discrecional de abrir la puerta de la impugnación extraordinaria a un  asunto que ordinariamente no tiene acceso a ella.   

No  obstante  esta  falencia,  de  por  sí  suficiente  para  desestimar  el acceso a la casación excepcional, en el evento  en  que  el  actor  hubiese  cumplido  con  esta carga, de todos modos el único  reproche  no  fue  construido  con los presupuestos de claridad y precisión que  imponga su admisibilidad.   

En  efecto, el actor pasa por alto que cuando  la  censura se postula por la vía de la violación directa de la ley sustancial  se  deben  aceptar  los hechos y las pruebas como fueron apreciadas en el fallo,  en  tanto  que el debate se centra en la aplicación del derecho, esto es, en la  exclusión  de  una  norma  que  era  la  llamada  a  gobernar  el asunto, en la  aplicación  indebida  de  otra  que  no  resolvía los extremos de la relación  jurídico  procesal  o,  que  habiéndose  escogido  correctamente  se  le da un  alcance que no consulta su texto.   

De  ahí  que  el  ataque  sólo  tiene  que  centrarse   a  cuestionar  los  aspectos  referidos  a  la  selección  o  a  la  interpretación de la norma llamada a gobernar el asunto.   

Por  manera que constituye un desatino que el  actor  entre a debatir  que en el análisis probatorio hecho en el fallo no  se  pueda  inferir  el grado de conocimiento de certeza para dictar sentencia de  carácter condenatorio.   

Dentro  del  entendido de que se trató de un  lapsus   calami  del  libelista,  de  todos  modos  del  discurso  no  se  puede  advertir   la clase del error en que presuntamente incurrió el juzgador en  la  apreciación  de  los  elementos  de  juicio, es decir, si fue de hecho o de  derecho,  y el falso juicio que lo determinó, esto es, de existencia, identidad  raciocinio,  legalidad o convicción, puesto que el discurso está sustentado en  una   simple   disparidad   de   criterios  en  torno  al  mérito  dado  a  las  probanzas.   

Cómo no llegar a esta conclusión cuando, en  lo  que  se  podría  entender  como la demostración de la censura, el actor no  hace  otra  cosa  que  afirmar  que  si  bien  es  cierto  que la conducta de su  defendido  encuentra  correspondencia  con  algunos  elementos del tipo penal de  inasistencia  alimentaria,  de todos modos dicho acto no se puede catalogar como  doloso,  en  tanto que él no ha podido cumplir con las cuotas alimentarias dada  su personal situación económica.   

Así mismo, recuerda que su defendido cubrió  al  infante  en lo referente a la salud. De ahí que concluya que en este asunto  no  es posible  predicar que  Gil Aguilar hubiese cometido la conducta  punible   por   la  que  fue  condenado,  puesto  que  su  actuar  se  encuentra  justificado.   

Dicho  de  otra  manera, como si la casación  fuera  una  tercera  instancia,   presenta  unas  personales  opiniones  en  torno   a  los  hechos y a las pruebas, concluyendo, de manera simultánea,  que   el  comportamiento  de  su  defendido no es doloso y que es atípico.   

En  tales  condiciones, el libelista pasa por  alto  que  el fallo llega esta sede amparado por la doble presunción de acierto  y  legalidad,  es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  apreciadas  correctamente,  y  que la norma sustancial escogida era la llamada a gobernar el  asunto,  presunción  que  sólo  se  desvirtúa  al  tenor  de  las causales de  casación  y  demostrando  la  trascendencia  del  vicio frente a las decisiones  adoptadas en el fallo.   

Por último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales o garantías  de       OMAR       GIL       AGUILAR,    que  determine  el ejercicio de la facultad oficiosa de índole legal que al respecto  le asiste a la Sala en punto de asegurar su salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   a   nombre   del    procesado,   OMAR  GIL  AGUILAR,  por  lo anotado en la  motivación    de    este    proveído.   En   consecuencia,   se   DECLARA  DESIERTO  el recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

                  SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

JOSE      LEONIDAS     BUSTOS   MARTÍNEZ                         ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                              

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO  J. IBAÑEZ  GUZMÁN                               

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                              YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                          Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *