29553(28-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29553   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                 DR. ALFREDO  GOMEZ QUINTERO   

                                               Aprobado Acta  No. 133   

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de mayo de dos  mil ocho (2008)   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte en relación con la  admisibilidad   de   la   demanda  de  casación  instaurada  por  la  defensora  contractual  de  CLARA INES BOTÍA DE RUBIO,  contra  la sentencia del trece (13) de noviembre de dos mil siete  (2007),  proferida  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué,  que  confirmó  la  condena proferida por el Juzgado Penal del Circuito de Honda  (Tol.).   

La señora BOTÍA DE  RUBIO  fue  sentenciada  a la pena de dos (2) años de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y  de funciones públicas por el mismo  término,  como  autora  del  delito de fraude procesal previsto en el artículo  182  del  Decreto  Ley  100  de  1980  que  es  la  norma  favorable1.    El  juzgado  concedió  a la sentenciada la suspensión condicional de la ejecución  de la pena privativa de la libertad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Sin  acreditar la posesión requerida (desde  antes  del 15 de enero de 1991), a finales del año 2000 la señora CLARA  INES  BOTÍA  DE RUBIO tramitó ante  el  señor  Alcalde  del municipio de Honda Tolima la adjudicación del ejido de  la  carrera  32  con  calle  12, con área de 2059 metros cuadrados en el Barrio  Santa Elena, con cédula catastral número 01-02-002-0024.   

Para  ello,  manifestó  por  escrito  que  “…es   separada   y   no   tiene   hijos  menores  de  edad  y  ha    ocupado    esta    propiedad    desde   hace   más   de   15  años…”  y pidió la adjudicación del predio como  subsidio  en  especie.  (cfr  antecedentes  Fls. 52 a 61 / 1.  La solicitud  aparece al folio 58).   

En  virtud  de  aquella petición el Alcalde  profirió  la  Resolución  número  935  del  26  de  diciembre  de 2000 mediante la cual adjudicó el predio  a  la ciudadana solicitante teniendo como presupuesto que el terreno fue ocupado  por   ella   desde   antes   del   15  de  enero  de  1991(2).   

Sin embargo, se estableció con posterioridad  que  la señora mintió en la solicitud al Alcalde puesto que accedió al predio  en  virtud  de  un  contrato  de  arrendamiento verbal que celebró desde  el  año  2000  con el denunciante  Luís  Jorge  Rubio  Rueda,  y así terminó por reconocerlo en la diligencia de  indagatoria.   

Por consiguiente no fue cierto que tuviese la  posesión  del  predio  por  quince años como lo manifestó en la petición que  formuló para lograr la adjudicación.   

En   suma,   la   señora   BOTÍA  DE  RUBIO engañó al Alcalde para  obtener  la  adjudicación del terreno como subsidio de vivienda en especie, que  posteriormente   registró   según   folio  de  matrícula  inmobiliaria  núm.  362-0025295  de  la  Oficina de Registro de Instrumentos Públicos y Privados de  Honda  (Tol.)  que inscribió la Resolución de adjudicación número 935 del 26  de  diciembre  de  2000  a Su  favor.   

La   Fiscalía  profirió  resolución  de  acusación  el 4 de julio de 2003, ejecutoriada el 16 de julio siguiente, por el  delito     de     fraude     procesal.      (Folios     60     – 69;  83 / 2)   

El  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Honda  profirió  sentencia condenatoria el 14 de agosto de 2007 (fls. 171 – 201 / 3)   

El Tribunal de Ibagué confirmó la decisión  el  13  de  noviembre  de 2007 (Fls. 7 – 15 / 4).   

LA DEMANDA  

Cuatro  cargos  formuló  la defensora de la  sentenciada:   

Primero.   Nulidad  por  violación del  debido  proceso y el derecho de defensa.  Falta de imputación jurídica en  la indagatoria   

Adujo  la  recurrente  que  la Fiscalía que  recibió  la  indagatoria y la ampliación de la misma le informó a la indagada  que  se  le  sindicaba  por  el  delito  de  estafa  pero  omitió  informarle y  señalarle  las pruebas que fundamentan la conducta de fraude procesal, conducta  por  la que finalmente fue sentenciada.  Por ello, dice, hubo violación de  los  artículos  5°, 13, 14 y 338 del c. de P.P. que fija los parámetros de la  indagatoria   en   concordancia   con   el  artículo  29  de  la  Constitución  Política.   

Segundo.   Nulidad  por  violación del  derecho de defensa ausencia temporal de defensor en la instrucción   

Adujo  que  la defensora de oficio que se le  asignó  a  la  imputada tomó posesión el 15 de octubre de 2002 y fungió como  tal  hasta  el  11  de marzo de 2003, cuando la sindicada nominó su defensor de  confianza.   

Durante ese lapso, dice, fue negligente y no  ejercitó ninguna actividad en defensa de la sindicada.   

Tercero.   Nulidad  por  violación del  principio de investigación integral   

Se  afectó  el  derecho  de  investigación  integral   del   sentenciado   porque   en   la  fase  del  juicio  –audiencia  preparatoria-  la  defensa  aportó  unos  documentos  (folios  114  a  116  /  2) que desvirtúan la prueba  documental  que  soporta  la resolución de adjudicación del ejido y que fueron  remitidos  mediante  oficio  núm. 316 del 7 de noviembre de 2001 a la Fiscalía  por la Alcaldía Municipal de Honda  (fl. 58 / 1).   

Cuarto    (subsidiario).     Faso  razonamiento, exclusión de la duda   

Reitera la demandante que la defensa aportó  en  el  juicio  una solicitud “verdadera” de adjudicación del ejido (folios  114     a     116     /     2);      esa     documentación    –según  la  libelista- riñe tanto con  la  resolución  que adjudicó el predio, como con la solicitud de adjudicación  que soportó la decisión del Alcalde porque no es auténtica.   

En  suma,  existen  “serias dudas sobre la  autenticidad  de  las  pruebas  que remitió la Alcaldía a la Fiscalía” y el  sentenciador  estaba obligado a demostrar la falsedad de una de esas solicitudes  para  tomar  su  determinación;   sin  embargo  fundó  la  condena  en la  credibilidad  que le dio al documento que remitió la Alcaldía, cuya autoría y  procedencia   atribuyó   a   la  señora  CLARA  INES  BOTÍA.   

Al  existir duda sobre la autenticidad de la  solicitud,  también  existe  sobre  la  responsabilidad de la sentenciada en la  inducción  en  error  al  Alcalde;   por  manera que la Sala debe casar el  fallo y absolver a la sentenciada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda  de  casación  excepcional que  presentó  la  defensa  de  CLARA INES BOTÍA DE RUBIO  contra el fallo proferido por el Tribunal Superior del  Distrito   Judicial   de   Ibagué   se  INADMITE   por   advertir  –de      entrada-     i)  que el  delito  objeto  de  la condena no accede al extraordinario recurso, ii)   que  ningún   agravio   se   ha  inferido  a  las  partes  intervinientes   en   el   proceso,  iii)    que   no   se   sugiere  en  la  impugnación   criterio   alguno   que   revele   la   necesidad  de  variar  la  jurisprudencia  según  lo previsto en los artículos 206 y 216 de la Ley 600 de  2000:   

El   delito   no   accede  al  recurso  de  casación   

Teniendo  como  presupuestos  a)   que el delito se cometió en los  últimos  meses  del  año  2000  cuando  se formuló la solicitud, b)     que   se   perfeccionó   el  26  de  diciembre  de  2000  cuando  el  Alcalde  profirió  la Resolución número  935  mediante  la  cual  le  adjudicó  el  predio  y  c)   que  por  ser  la  norma  vigente  al momento de la realización de la conducta y por favorabilidad  se  aplicó  el  artículo 182 del Decreto 100 de 1980 que contempla una pena de  uno  (1) a cinco (5) años, es  evidente que la conducta objeto de condena no accede al recurso:   

La  normatividad  procesal  que  rigió  la  actuación  desde  su  apertura  (el  24  de  mayo  de  2002,  fl.  98) hasta su  culminación  con  el  trámite del recurso de casación es la Ley 600 de 2000 y  por  ello,  resulta  absolutamente  claro  que la impugnación extraordinaria se  rige  por  los  parámetros  del artículo 205 que consagraba la procedencia del  recurso  para  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo    exceda    de    ocho    años3.   

Por  manera  que  si  el límite penológico  máximo  de  la conducta de fraude procesal es de cinco  años,  es  evidente  que  no accede al extraordinario  recurso  por  la  vía  de  la casación ordinaria, siendo ello causa suficiente  para inadmitir la impugnación.   

No  sobra  decir  que  la  libelista  debió  sustentar  la  impugnación por el trámite excepcional  previsto  en el inciso tercero del artículo 205 de la  Ley  600;  lo que significa que debió fundamentar  y  demostrar  la  necesidad  de la intervención de la  Corte  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la afectación de alguna  garantía  fundamental de la sentenciada comprometida en la sentencia objeto del  recurso  extraordinario.   Sin  embargo,  nada  de  ello alegó4.   

El   carácter  rogativo  de la impugnación  extraordinaria  implica  la  carga al recurrente de cumplir adecuadamente con la  sustentación  de  las  causales  de  casación que invoca.  (Cfr. Art. 205  inciso  tercero  de  la Ley 600 de 2000;  Art. 181 inciso primero de la Ley  906  de  2004);   ante  la  falta de motivación precisa en alguno de tales  sentidos,  el  escrito  debe  ser  inadmitido (o no seleccionado según el caso)  cuando adolezca de los siguientes defectos:   

La  falta  de  interés  para  recurrir  del  demandante,  la  demanda  infundada  (es decir, que no  evidencie  una  eventual  violación  de  garantías  fundamentales, o cuando no  desarrolla  los  cargos  de sustentación) y cuando del  contexto  de  la  demanda  se  advierte que no se requiere del fallo de la Corte  para  cumplir  alguna de las finalidades del recurso5.   (Artículo  213  de la  Ley 600;  Artículo 184 inciso segundo de la Ley 906).   

Al  revisar  el  libelo de impugnación que  presentó  la  defensora  de  la  sentenciada BOTÍA DE  RUBIO  la  Sala  no  advierte violación de garantía  fundamental  alguna de la sentenciada y tampoco se hace evidente la necesidad de  la  intervención  de la Corte para salvaguarda de alguna de las finalidades del  extraordinario recurso:   

Ningún  agravio se ha inferido a las partes  intervinientes en el proceso   

No  es  cierto  que  se hubiese afectado de  alguna  manera  el  derecho  de defensa por ausencia de  imputación  jurídica  en  la  indagatoria.   Baste  con  precisar  que la  sindicada  rindió  su  versión  el 2 de julio de 2002 (folios 106 –  109  / 1), la amplió el 25 de julio  de  2002  (folios 154 – 155  /  1)  y que en ambas oportunidades se le cuestionó ampliamente sobre la manera  como accedió a la posesión del inmueble y desde qué época.   

Según  la  recurrente, la Fiscalía omitió  informarle  y señalarle la imputación por fraude procesal, conducta por la que  finalmente  fue  sentenciada.   Por ello, dice, hubo violación entre otros  del   artículo   338   del   C.   de  P.P.  que  fija  los  parámetros  de  la  indagatoria.   Sin  embargo,  la  jurisprudencia  pacífica  en esa materia  precisó  que  siendo  el proceso penal un proceso compuesto de datos recaudados  de  manera  progresiva, lo importante es que el indagado se entere de los hechos  básicos  de  la  imputación,  del  objeto  de  la  investigación,  sin que la  precisión   jurídica   de   la   imputación   comprometa   la  garantía  del  contradictorio o la validez estructural del proceso.   

“Sobre  este  punto  se ha pronunciado reiteradamente la Sala para dejar establecido que en la  indagatoria   no   es   obligación  del  instructor  encuadrar  jurídicamente  la  conducta denunciada. Su  labor  se circunscribe a preguntarle al sindicado sobre los hechos constitutivos  de  la  conducta  reprochable que se le está atribuyendo. No sobre el nombre de  los  delitos.  De  modo  que  no  estaba  obligado  el fiscal a interrogar a …  concretamente,  sobre  el  delito  de  fraude procesal. Bastaba conocer, como se  dio,  su  versión  en  torno  a  los  hechos materia de la actuación procesal.  Conocida  la  materia  de  su sindicación, y no el nombre técnico-jurídico de  ella,  insostenible  resulta afirmar, como lo hace el censor, que el indagado no  tuvo  posibilidades  de  defenderse…”6.   (Se  destaca).   

Tampoco  es  cierto  que  se  hubiese  visto  comprometido  el  derecho  de  defensa  por  ausencia temporal de defensor en la  instrucción que afectara la garantía del contradictorio:   

Es  incontrovertible que la procesada estuvo  asistida  en  la  indagatoria  por el defensor de confianza; que su defensor fue  extremadamente   acucioso  en  la  fase  del  sumario  con  solicitud  y  amplia  controversia  de  pruebas;  que  la  misma  CLARA INÉS  BOTÍA  revocó  el  poder  el  04  de octubre de 2002  (folio  232  / 1); que en esa misma fecha la Fiscalía 32 Seccional le comunicó  que  debía  nominar nuevo apoderado (folio 233); que el 10 de octubre siguiente  respondió  la  solicitud  señalando  al  Fiscal  que  le designase defensor de  oficio  (folio  237)  y  que  en  atención  a  ello,  el mismo 10 de octubre la  Fiscalía  obró  de  conformidad  (folios  239  y 240) habiendo sido sustituido  cuatro  meses  después  (el 11 de marzo siguiente) por un defensor de confianza  que  en  adelante  asumió la defensa, sin que en ese lapso se hubiese producido  alguna   prueba   que   afectase   de   manera  flagrante  la  garantía  de  la  controversia.   

Por   manera   que   el   mero  despectivo  “negligente”  con  el  que la demandante rotula la actividad de la defensora  de  oficio  no compromete en modo alguno la legalidad de la sentencia objeto del  recurso  extraordinario;  más  bien  –así  lo  entiende  la  Sala-  se  trató  de  una  estrategia de la  procesada  para  dilatar  el  proceso,  sin  llegar a  demostrar  con la trascendencia que la argumentación exige que evidentemente se  haya comprometido de alguna manera el derecho de defensa.   

El  argumento  nuclear de la demanda.   Una crítica a la prueba de cargo   

El libelo trasluce la disparidad indefinida  de la defensa frente a la tesis de la sentencia y su fundamento:   

Sin  razón  aduce  la  libelista  que  hubo  compromiso  de la investigación integral, que la defensa aportó al juicio unos  documentos  “verdaderos”  (folios  114  a 120 / 2) que desvirtúan la prueba  documental que soporta la resolución de adjudicación del ejido.   

Esa nueva documentación, dice, riñe con la  primera  solicitud  que  el  Alcalde  tuvo como fundamento de la resolución que  adjudicó el predio.   

Sin  embargo,  la  controversia  probatoria  –real   motivo   de  la  impugnación   extraordinaria-  fue  dirimida  con  claridad  meridiana  en  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia al demostrar en primer lugar que la  procesada  engañó  al  Alcalde para obtener la adjudicación del predio;   además   –y  en  segundo  término-  surgió  la  necesidad  de  determinar la responsabilidad penal y sus  autores,  en relación con la documentación que aportó la defensa en el juicio  para determinar la posible comisión de otro(s) delito(s):   

“…5.  En  relación  con  la copia del documento presentada por la defensa, autenticada en  el   año   2003   (C.2.   fol.  118  –  120),  cuyo contenido difiere de los enviados oficialmente por el  Secretario  General  de  la  Alcaldía  de Honda el 7 de noviembre de 2001 (C.1.  fl..  52  a  61) y riñe con lo que expresamente se manifiesta en la Resolución  935  del  26  de  diciembre de 2000, precisamente en torno al punto esencial que  ahora  centra  nuestra  atención,  con lo que surgen serias dudas sobre su real  autenticidad,  se  deberá  ordenar  la  compulsación  de  copias  del referido  documento  y  demás  piezas  procesales  para  ante  la Fiscalía General de la  Nación   para   que  se  realice  la  investigación  correspondiente”.   (Cfr. Sentencia del Tribunal).   

Establecida  en  las sentencias de primera y  segunda  instancia  la  autenticidad  (y el contenido mentiroso) de la solicitud  que    CLARA   INES   BOTÍA   DE   RUBIO  formuló  primeramente al Alcalde para lograr la adjudicación del  predio  (conducta  que  generó  la condena), otra conducta irregular fue la que  generó  la  compulsación  de  copias  ordenada  por  el  Tribunal,  porque tal  comportamiento  revela  –al  menos  a  título  presuntivo-  que para defenderse de la acusación por fraude,  tanto    la    procesada    como    su    defensor    incurrieron   –otra  vez-  en conducta(s) ilícita(s)  con  la  aportación  de  documentos  falsos  en la fase del juicio, con los que  aspiraban  engañar al Juez Segundo Penal del Circuito de Honda para obtener una  sentencia  absolutoria.   En  suma: para defenderse de un delito cometieron  más delitos.   

Finalmente,  la  Sala  reitera los fines del  recurso extraordinario:   

“…El recurso extraordinario de casación  es  un  control constitucional y legal que busca hacer  efectivo  el  derecho  material, el respeto de las garantías constitucionales y  legales  debidas  a  las  partes intervinientes en el proceso, la reparación de  agravios  inferidos  a  éstos, la unificación de la jurisprudencia,  y  si  el  escrito no se ocupa de ninguno de esos fines, sino de  una   discusión   probatoria   insular,   no   puede   ser   admitido  para  su  estudio”7.   

No  se  sugiere  en la impugnación criterio  alguno para variar la jurisprudencia   

A  la luz del Artículo 206 del C. de P.P.,  no  advierte  la  Corte la necesidad de casar de oficio  el  fallo  por  no  evidenciar  alguna  hipótesis  de  agravio  inferido  a  la  sentenciada  CLARA  INES  BOTÍA DE RUBIO con  el  fallo  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Ibagué;   tampoco  se  advierte  en  la  impugnación  argumento eficiente  alguno  que  devele  la necesidad de variar la jurisprudencia según lo previsto  en los artículos 206 y 216 de la Ley 600 de 2000:   

Sigue siendo pacífico que el fraude procesal  es  conducta que lesiona el interés jurídico de la eficaz y recta impartición  de    Justicia,    conducta   autónoma   en   la   que   incurre   i)    un  sujeto   activo   indeterminado  que  ii)   Induce a un servidor público (en  este  caso  al  Alcalde  municipal)  iii)   a  través de medios fraudulentos  idóneos…  (la  carta  que  aparece  al  folio  58  del  expediente y donde la  procesada  le  solicitó  que le adjudicara el inmueble porque “desde julio de  1985”   venía   ocupando   el   predio),   con   el   fin   de   iv)            conseguir  una  decisión  contraria  a  la  ley,  que puede ser una  sentencia,   una  resolución,  un  acto  administrativo.   Basta  la  mera  inducción   para   decir   que   se   perfeccionó  el  delito,  cuya  esencial  característica   es  la  de  ser  de  mera  conducta  dolosa:    Inducción    en    error   al   servidor  público8   

.  

No obstante, como la procesada obtuvo el acto  administrativo      propuesto,      habrá      que      decir      –además-  que  la conducta se agotó y  que    la   señora   BOTÍA   DE   RUBIO  ratificó  su  actuar  doloso  cuando  registró  en la Oficina de  Instrumentos Públicos y Privados la adjudicación del predio.   

En   suma:    La  Sala  inadmite    la    demanda   por   no   cumplir  en  lo  más  mínimo  con  el  requisito  de  fundamentación  establecido en los artículos 205 inciso tercero, 206 y 212 del  C.  de  P.  Penal  (Ley  600)  y  porque  no  observa  violación  de  garantía  fundamental alguna que la impulse a actuar oficiosamente.   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   CLARA  INES BOTÍA DE RUBIO contra el fallo  proferido en segunda instancia por el Tribunal de Ibagué.   

En    consecuencia    se    DECLARA     EJECUTORIADO     el    fallo  condenatorio.     Ello    significa    que    la   sentencia   debe  ejecutarse  en los términos en que  lo disponen los fallos:   

En  virtud  del  fallo de primera instancia,  el   señor   Alcalde   Municipal  de  Honda  DEBERÁ  proferir   Acto   Administrativo   que   revoque   la  Resolución  número  935  del  26  de  diciembre  de  2000  mediante  la  cual  adjudicó  el  predio  a  la  sentenciada;     el   señor   Registrador   de  Instrumentos  Públicos  y  Privados del Municipio de Honda DEBERÁ cancelar      la      inscripción      de      la      Resolución  de  adjudicación  número  935 del 26 de diciembre de  2000   correspondiente   al   predio  registrado  con  matrícula  inmobiliaria  núm.  362-0025295);  El  señor  Juez  de  Ejecución  de  la  Pena  (Juez  Penal  del Circuito de Honda)  VERIFICARÁ   que  el  inmueble  vuelva  a  tener  el  carácter  de  ejido  municipal y ORDENARÁ  la compulsación de las copias que dispuso el Juez colectivo en la  sentencia  objeto  de  la  impugnación (ello incluye copia de las sentencias de  instancia y de esta decisión de la Corte Suprema).   

El Juez del conocimiento (de ejecución de la  Pena)    REMITIRÁ    las  comunicaciones   referenciadas   en   el   artículo   472  de  la  Ley  600  de  2000.   

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

     JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE   LEMOS                                   AUGUSTO    J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

                   

    JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1Conc.  Art. 453 de la Ley 599 de 2000.   

2Las  fuentes  normativas de la adjudicación del ejido son el Acuerdo 008 de marzo de  1998,  el  Decreto  1168  de  1996  y  el  Decreto  1333  de  1986, artículo 92  – 7, según se determina  de la lectura de las sentencias.   

El   presupuesto   requerido   para   la  adjudicación  del  ejido  era acreditar “ocupación del inmueble con  anterioridad al 15 de enero de 1991,  pues  para  esa  fecha  entró  a  regir  una  disposición que regula de manera  diferente  la  adjudicación  de  ejidos municipales:  Ley 3 de 1991.   (Cfr. Páginas 39 y 52 de la sentencia de primera instancia.   

3Podría  advertirse, sin embargo, que la conducta se cometió antes  de  entrar  en  vigor la Ley 600 de 2000 (julio 25 de 2001, artículo 536 ib.) y  que  por  ello la normatividad aplicable es el código derogado (decreto 2700 de  2000);   sin  embargo,  a la luz del trámite del  recurso  extraordinario  de  casación  previsto en el artículo 218 del Decreto  2700  de  1991,  subrogado  por  la  Ley 553 del 13 de enero de 2000, que era la  norma  vigente  al  momento  de la comisión de las conductas punibles y que fue  derogada  luego  por  el  Código  de  procedimiento  penal  (Ley  600  de 2000,  artículo   205)  vigente  a  partir  del  25  de  julio  de  2001,  el  recurso  extraordinario  procede  “…por  los  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo exceda  de  ocho  años…”.   (Cfr.  En  el mismo sentido auto de inadmisión rad. Núm.  28442 del 28 de noviembre de 2007).   

4Cfr.  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Auto del 03/8/2006, rad. 25726;   

5CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  del  12/10/2006,  rad.  26086;   en  el mismo  sentido, auto del 01/11/2007, rad. Núm. 28162.   

6Sentencia  de  casación, Rad. Núm. 16324 del 04/04/2002;  en  el  mismo  sentido  sentencias  del  2  de mayo de 2003, rad. Núm. 13341;   sentencia   del   12   de   noviembre   de   2003,   rad.   Núm.  19192,  entre  otras.   

7Ib.  Auto del 05/10/2006, rad. 26009   

8CORTE  SUPREMA,  Sala  de casación penal, sentencias de 2/9/2002, rad. Núm. 17703, en  el  mismo  sentido,  Acción de Revisión del 04/10/2000, rad. Núm.11210;   Auto  Colisión  de  Competencia  del   07/11/2001,  rad. Num. 18882, entre  otras.     

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