29529(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29529  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 231  

Bogotá,  D.C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación presentada por  el  defensor  de REINALDO JIMÉNEZ GARAVITO,  contra  el  fallo del 29 de octubre de 2007, mediante el cual el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá,  confirmó       la  sentencia  adoptada  por el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,   el  29  de  septiembre  de  2006,  que  lo  condenó por los punibles de  cohecho  por  dar u ofrecer (en concurso homogéneo),  falsedad  ideológica  en  documento  público  (como  determinado) y coautor de  estafa;  a  la  pena  de sesenta y seis (66) meses de  prisión1.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  resumidos  por  las instancias de la  siguiente manera:   

“Gustavo  Adolfo Fernández Manotas, de la  Oficina  de  Anticorrupción  de  la  Empresa  de  Telecomunicaciones de Bogotá  E.T.B.,  denunció que luego de adelantar labores de auditoría en la Dirección  de  Servicio  al  Cliente,  se  detectaron  irregularidades  en  los procesos de  liquidación  y  facturación  en  el  período  comprendido, entre los meses de  diciembre  de 1999 y julio de 2000, consistentes en abonos ilegales por concepto  de  conexión,  número  de  identificación  par  (sic)  en  caja,  impoventas,  intereses,   acometida   de   red   y   tarifa  de  conexión,  que  se  hacían  reiterativamente  y en cantidades superiores a los montos fijados, redundando en  el  descuento  del valor del consumo que por larga distancia y telefonía local,  había registrado cada línea en igual período.    

“Para realizar lo anterior, particulares,  como  Reinaldo  Jiménez  Garavito, hoy pensionado y exfuncionario de la E.T.B.,  junto  con  los  funcionarios  comprometidos de los PAV “Puntos de Atención y  Ventas”  de  la empresa, Luis Eduardo Mancera (hoy condenado anticipadamente),  Jaime  Bustos  Pinzón,  entre  otros,  (igualmente  condenados  en  1°  y  2°  instancia),  detectaban  particulares,  cuyas  líneas  telefónicas registraran  alto  consumo por llamadas a larga distancia, quienes les entregaban el recibo y  el  50%  del  valor  facturado,  que  era  dividido  en un porcentaje para quien  contactaba  al  particular  y  el otro, para el empleado que registrara el abono  ilegal;  con  este procedimiento desaparecía la deuda a cargo del usuario de la  línea  telefónica,  quien  solo  cancelaba  sumas  insignificantes  frente  al  consumo  real,  en detrimento del patrimonio económico de la empresa prestadora  de   servicio,   ET.B.,   en   cuantía   de   $  246.264.390.23”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 8 de mayo de  2002,  la  Unidad  Tercera  de  Delitos  contra la Administración Pública y de  Justicia,  Fiscalía  196  Delegada ante los Juzgados  Penales  del  Circuito de Bogotá, dictó resolución       de       acusación  contra  “REINALDO JIMÉNEZ  GARCÍA”  (sic),  por los  punibles  de “cohecho por dar u ofrecer realizado en  concurso  homogéneo  y  de  estafa  y  como determinador del delito de falsedad  ideológica    en    documento    público    realizado   también   de   manera  concursal”   

2. El 14 de junio de  2002,  el  mismo  Despacho  Fiscal,  en  virtud  del  recurso de reposición que  interpusiera   la   defensa   técnica  del  procesado,  resolvió  “corregir  la  providencia  acusatoria del 8 de mayo del presente  año   en   el   sentido  que  a  quien  se  acusa  es  al  señor  REINALDO  JIMENEZ  (sic)  GARABITO (sic),  identificado  con  la  cédula de ciudadanía número 19.228.063”.   

3. El 15 de octubre  de  2003,  la  Fiscalía  23  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Bogotá,  confirmó la resolución de  acusación,  recurrida  por  el  defensor  de  REINALDO  JIMÉNEZ GARAVITO.   

4.   El  29  de  septiembre  de  2006,  el  Juzgado  Quinto  Penal del  Circuito       de      Bogotá,      condenó  al  procesado,  por  los cargos  imputados    y   a   las   penas   (principales   y   accesorias)   determinadas  atrás.   

5. El 29 de octubre  de  2007, el Tribunal Superior de Distrito Judicial de  Bogotá,  por  apelación sustentada por el defensor,  confirmó,  la  sentencia  proferida     por     el     funcionario     de    conocimiento,    condenando       a      REINALDO  JIMÉNEZ  GARAVITO, a la pena de  sesenta  y  seis (66) meses de prisión, multa de sesenta (60) salarios mínimos  legales  mensuales, vigentes para el año 2000 y, lo inhabilitó en el ejercicio  de  derecho  y  funciones  públicas,  por  el  mismo  lapso;  por  los  delitos  imputados.   

6. Es de anotar que  el  15  de agosto de 2001, el Juzgado Quinto Penal del  Circuito       de      Bogotá,      condenó  anticipadamente a los procesados  LUIS   EDUARDO  MANCERA  LAVERDE  y  LEONEL  FERNANDO  CÁRDENAS  OLIVEROS,  servidores públicos vinculados  con   la   ETB   S.A.   ESP.  Al  primero,  por  los  punibles  de  cohecho  propio  (concurso  homogéneo)  con  falsedad en documento  público  (concurso  homogéneo  y  heterogéneo)  con estafa agravada (concurso  homogéneo);  a  la pena de sesenta y seis (66) meses  de  prisión. Y al segundo a la pena de cuarenta y seis meses (46) y veinte (20)  días,  por  el punible de cohecho propio consumado en  concurso  homogéneo  y  demás  penas  principales y  accesorias,  para  cada uno. Fallo que al ser recurrido por la defensa técnica,  fue   confirmado   por   el   Tribunal  de  la  misma  ciudad, el 1 de octubre de 2002.   

7.  Inconforme  la    defensa    técnica    de   REINALDO   JIMÉNEZ  GARAVITO, con la sentencia condenatoria, que a su vez  confirmó el Juez Colegiado,  después  de  haberla  impugnado,  la  sustentó  mediante  la presentación del  respectivo libelo, que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Atacó  el  fallo  de  segundo nivel, en dos  sentidos:  (a) por violación  al    derecho    de    defensa    (técnica    y    material)   y   (b)  por  vulneración al debido proceso,  “por  cambio  de  nombre  del  sindicado  en  forma  reiterada  durante  todo  el  proceso  penal”.    

1.    Violación    al    derecho    de  defensa:   

Sustentó  el  cargo  aduciendo  que  se  le  vulneró  el  aludido  derecho  en  las  hipótesis planeadas por el legislador:  técnica  y  material.  Por  ello,  indicó  que  las  citas  sobre  situaciones  laborales,  no  fueron constatadas por las instancias, donde era deber oficiar a  la    E.T.B.,    para    “comprobar”  lo  afirmado  por  el  inculpado.  O, el haber hecho comparecer a  “una señora nueva” que  entró   a   trabajar   en   la  citada  empresa  Distrital,  para  “a   través  de  su  testimonio  poder  establecer  aspectos  de  utilidad  e  importancia  a  la  investigación penal, en punto de desvirtuar la  presunción de inocencia”.   

Teniendo en cuenta que el libelo, contrario a  lo  advertido  por la jurisprudencia desde antaño, es un memorial de instancia,  confeccionado  de manera libre, genérica y abstracta, la Sala lo condensará en  sus    aspectos    más   sobresalientes,   tal   y   como   se   puntualiza   a  continuación:   

1.1.  Requiere  el  defensor  que  se  oficie  a  la  E.T.B.,  para  que  allí  se  informe todo lo  relacionado   con   la   pensión  de  jubilación  de  su  poderdante:  dineros  cancelados,  fecha  de  retiro, comportamiento en la institución, toda vez que,  ésta fue otra cita que realizó su mandante.   

1.2.  Anunció que  nunca  se  detectaron pruebas a favor de su prohijado, ni en la investigación o  en  el  juzgamiento,  “pues es evidente que la carga  probatoria  en este aspecto, le corresponde a la fiscalía general de la nación  a través del funcionario competente”.   

1.3. Expresó que el  Juez  de  conocimiento  lo  desplazó  por otro de oficio, sin que hubiera   realizado  alguna  actuación  tal abogado. Por tanto, aseguró que “acaso  esta  designación  del  defensor  de oficio –después  de vencido el termino (sic)  de  traslado del art. 400 mencionado y ya vencido el termino (sic) probatorio de  la  causa-  no  cerceno  (sic)  las  posibilidades  de  defensa  del  procesado?  La    respuesta    no    puede    ser    otra   que  afirmativa.  Porque  el  Juzgador  de la causa, no le  notificó  personalmente el auto de traslado (una vez posesionado el defensor de  oficio  y  es  que  además  nunca se posesionó! pues no hay acta que conste la  aceptación  del cargo”. Con ese actuar, se violaron  los  artículos  29  de  la Constitución Política y 136 de la Ley 600 de 2000,  aduciendo  que  el nuevo abogado “estará obligado a  aceptar  el  cargo”. En consecuencia, adujo que ese  proceder  era  irregular,  pues  se  le relevó del cargo de defensor particular  “sin  dar  la  oportunidad  al  enjuiciado sobre la  posibilidad  de comparecer al estrado judicial y manifestar su voluntad en torno  al  cambio  o  no  de  su  defensor  de  confianza”.  (Subrayado en el texto).   

1.4.   En   la  trascendencia   del   cargo   informó   que   ella   se  verifica  “al  admitirse  la  falta de aplicación o lo que es lo mismo, la  infracción  de  las  normas antes citadas la falencia advertida -violación del  derecho  de  defensa  material  y técnica-, pues el procesado habría tenido la  oportunidad  de  aportar  elementos  de  juicio  y  de convicción y por ende el  sentido  y  el  resultado  final  del fallo habría sido diverso”.   

1.5.  Aseguró que  durante  un  tiempo su prohijado estuvo huérfano tanto de defensa técnica como  material,  “tal y como de forma elemental readvierte  y  se  evidencia al examen del diligenciamiento. Antes y durante el traslado del  termino  (sic)  probatorio de la causa –     art.     400     del     C.     de    P.    P.    –   Ley  600  de  2.000  –el  inculpado paso (sic) sin defensor  ni   de   confianza,  ni  de  oficio,  tal  y  como  a  quedado  suficientemente  demostrado”.   

1.6. Por otro lado,  sugiere  que el secretario del juzgado de conocimiento, antes de haber dejado la  constancia  de  no  concurrencia  del  procesado  o  su  defensor  al  Despacho,  “debió  estudiar cuidadosamente el expediente para  corroborar  si  existía alguna otra dirección de notificaciones registradas…  ¡y es que existían evidentemente!”.   

1.7. El término del  artículo  400  de  la  Ley  600  de  2000,  “le fue  impedido   ejercitarlo,  como  quiera  que  tanto  este,  como  su  defensor  de  confianza,  no  recibimos el telegrama o comunicación enviada por el juzgado de  conocimiento,  pues  el juzgado no se tomo (sic) la molestia de verificar que la  dirección  correcta  para  notificaciones era la que aparecía en la diligencia  de indagatoria”.   

1.8.   Hace  un  pequeño  recuento procesal a fin de demostrar que el Tribunal no tenía razón,  cuando  le  negaron  la  nulidad  por él solicitada, en el sentido “que   el  defensor  de  confianza  de  JIMENEZ  (sic)  GARAVITO,  habiendo  comparecido  entonces al Juzgado, tuvo la oportunidad de enterarse del  inicio  del  traslado  del  artículo  400  del  C. de P. P., por lo que resulta  inadmisible  que  ahora  alegue  que  el  ad-quo  no agoto (sic) los medios a su  alcance  para  ubicarlo,  cuando se insiste, acudió al despacho y tuvo contacto  con   el   proceso   al   solicitar  la  certificación  anotada”.    

1.9.  En una nueva  trascendencia  plasmada  en  el  mismo  cargo,  retomando  párrafos precedentes  afirmó  que  ella  se  da  “en la medida en que al  admitirse  la  falta  de aplicación o lo que es lo mismo, la infracción de las  normas      antes     citadas     la     falencia     advertida     –violación  del  derecho a la defensa  material  y técnica- no se hubiera presentado, pues el procesado habría tenido  la  oportunidad  de  aportar  elementos  de juicio y de convicción en su favor,  tendientes  a  desvirtuar  los  cargos  contra el (sic) formulados y por ende el  sentido y el resultado final del fallo habría sido diverso”.   

2. Violación al debido proceso:  

Dado  que esta censura también fue motivada  de  forma  libre, excluyendo el demandante cualquier presupuesto casacional, los  aspectos más sobresalientes de la misma, son:    

2.1.   Citó  y  transcribió  el  artículo 29 de la Constitución Política, así mismo, el 8 y  6 de la Ley 600 de 2000.   

2.2. Aseguró que la  vulneración  se configuró “POR EL CAMBIO DE NOMBRE  DEL  SINDICADO  EN  FORMA REITERADA Y DURANTE TODO EL PROCESO PENAL Y POR CUANTO  SU  PLENA  IDENTIFICACIÓN  SOLO SE DIO AL FINAL DE LA ACTUACIÓN Y YA CUANDO SE  HABÍA  TERMINADO  LA  VISTA  PÚBLICA”. (Mayúsculas y subrayado en el texto).   

2.3.  Realizó  un  nuevo  recuento  de  lo  actuado,  desde  la  indagatoria, a fin de constatar la  identidad  de  su  poderdante,  hasta culminar con el proveído Fiscal por medio  del  cual  enmendó  el  error  del  segundo  apellido,  en  la  resolución  de  acusación.   

2.4.   El  Juez  también  se  equivocó  en  las constancias secretariales con el último de los  apellidos  de  su  poderdante,  como  unos  telegramas  que le fueron devueltos.   

2.5. Se preguntó si  el  cambio  de nombre es o no una irregularidad sustancial o tal vez un error en  la  digitación,  para  acto  seguido  responder “es  evidente  que  la  confusión  sobre  el  nombre del procesado en tan reiteradas  veces  (no  puede  considerarse  solo  como  un  mero  error de trascripción al  momento  de  escribir  su  nombre)”,  como lo puede  corroborar el D.A.S.   

2.6.   Si   las  correcciones  del  apellido  ya se habían hecho en la etapa instructiva, ¿qué  paso  en  la  causa?,  con  los  errores de las constancias secretariales, adujo  nuevamente  el  censor.  Advierte,  igualmente,  que  él  está  defendiendo  a  JIMÉNEZ  GARAVITO  y  no  a JIMÉNEZ GARCÍA, quienes aparecen en el DAS con el  mismo  número  de  cédula,  “hasta el punto que…  inteligencia   del  DAS,  dice  que:  ‘se ignora si se trata de la misma persona”.   

2.7. De no haberse  presentado  ese  yerro, el procesado “habría tenido  la  oportunidad  de  aportar  elementos  de  juicio y de convicción a su favor,  tendientes   a   establecer   su   verdadera  identidad,  se  insiste  desde  el  principio…  y  por  ende  a desvirtuar los cargos contra el (sic) formulados y  por   ende   el   sentido   y   el   resultado  final  del  fallo  habría  sido  diverso”.   

2.8.  Radicó  la  trascendencia  del  error  en  el  hecho  que  a  su prohijado no se le negó la  prisión  domiciliaria,  sino  a  JOSE  ANTONIO  ROJAS CÁRDENAS, persona que no  conoce; es decir, se volvió a equivocar el juzgado.    

2.9.   Después  indicó  que  para  condenar  a  una  persona se requiere el cumplimiento de los  requisitos  del  artículo  232 del Código de Procedimiento Penal, “y  como (sic) se va a condenar a una persona, sin que exista una  plena identificación e individualización”.   

2.10. Afirmó, así  mismo,  “que  se  esta  (sic)  juzgando   a un  señor  REYNALDO  JIMENEZ  (sic), no a REYNALDO JIMENEZ GARAVITO, pues es fácil  concluir   que  se  tratan de dos (2) personas con parecidos apellidos… y  la  defensa  del  inculpado,  reitera  y  recaba  en que muy… a pesar de haber  llegado  la  prueba  documental  relativa  a  la  identificación  del procesado  JIMENEZ  (sic)  GARAVITO -… remitida por la Registraduría Nacional del Estado  Civil-…  esta  arribo  al  juicio, posteriormente a la fecha en que se realizo  (sic)  la  vista publica (sic)”, por todo no se pudo  ejercer   el  derecho  de  contradicción  contra  ese  medio  probatorio.    

2.11.  Por todo  lo  anterior,  solicitó  casar  el  fallo  impugnado,  en el sentido de ordenar  retrotraer el proceso hasta la diligencia de indagatoria.   

ALEGATOS DE LOS NO RECURRENTES:  

El    apoderado   de   la   empresa   de  telecomunicaciones  de  Bogotá  S.A.  E.  S. P., ETB., procedió a “contestar  la  demanda”, solicitando  que  no  se  debe  casar  el  fallo          impugnado,         porque   los  cargos   formulados   -fraccionados   en   varios  ataques-  jamás  demostraron  trascendencia  alguna; por tal motivo, no le asiste razón al libelista, pues el  debido   proceso,  no  se  quebrantó  con  las  equivocaciones  respeto a la identidad del condenado, toda  vez  que,  siempre  estuvo  individualizado  en  la actuación y el derecho    de    defensa   tampoco   fue  vilipendiado,  por  ejemplo, con la omisión en la practica de pruebas en cabeza  de  los  funcionarios  o  el  olvido  del  defensor de oficio de haber pedido su  realización;  habida cuenta que el abogado de confianza en ningún tiempo puede  desatender  sus  obligaciones,  en  especial,  siempre debe estar pendiente y al  tanto  del discurrir procesal, precisamente, para efectivizar el derecho, que el  mismo sujeto conculcó y que ahora reclama vulnerado.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de  REINALDO  JIMÉNEZ  GARAVITO, no reúne  los  presupuestos  mínimos  de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados  por    la    jurisprudencia    para   admitir   la   demanda   de   casación,  pues  si  bien,  propone como  punto  de  partida  para  lograr  la  infirmación  del  fallo de segundo nivel,  nulidades  por  violación  al  debido  proceso  y  al derecho de defensa, en su  desarrollo  y  demostración  incurrió  en  graves fallas que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético  para  asegurar la demostración del ataque  propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará la  calificación  de  la  censura  en  aquellos  puntos  más  preponderantes a fin  determinar  de  manera precisa, las falencias de mayor impacto, con el objeto de  brindarle  al  demandante  suficiente  claridad  en  torno  a  los desatinos que  presenta su escrito.   

El           primer error tiene que ver con las normas  sustanciales  e  internacionales  aludidas  por  el  libelista,  pues  con sólo  citarlas,  no  se  demuestran  los  desafueros  reclamados.  Debe existir, desde  luego,   una conexión entre la lesión a la ley que se proclama, vinculada  con  la  actuación de los funcionarios encargados de administrar justicia, para  demostrar  de  manera  ostensible, manifiesta y evidente la violación al debido  proceso  y  al derecho de defensa, pues antes de imprimirle al escrito fortaleza  normativa,  se  le  resta  justamente, la misma, por no existir una ilación que  evidencie  los  yerros  denunciados; se vulneró con tal actuar, el postulado de  claridad, que rige la casación.   

El           segundo  desatino  tiene  que  ver con la  mezcla  que  realizó  de  la causal primera con la tercera, en el entendido que  parte  de  la  motivación  la  ejecutó  afirmando  que  los cargos muestran su  trascendencia  por  “la  falta de aplicación… de  las    normas    antes   citadas”   y   combinando  proposiciones  del  debido  proceso  con  el  derecho  de  defensa  en una misma  argumentación;  pues, bien sabido es, que las dos son entidades independientes,  que  gozan de motivaciones diversas y, por excepción, se constata su violación  coetánea,  como  cuando  se dicta resolución de acusación sin haber escuchado  al  acusado  en  injurada,  en  la  Ley  600  de  2000,  desde  luego.  Al  unir  presupuestos  de  uno  y  otro,  incluyendo además, ataques por vulneración al  postulado  de  investigación  integral,  se  violó  el principio de autonomía  casacional.    

El           tercer   desatino  consistió  en  haber  sustentado  la  nulidad  por  violación  al  derecho  de  defensa  (técnica  y  material),  en un mismo cuerpo. Las dos garantías constitucionales conforman un  bloque  que  trabajan  en equipo, en la persecución y búsqueda de un mismo fin  jurídico,  pero  ello  no  significa  que puedan argumentarse en una homogénea  carga  jurídica, porque en esencia, son diferentes, tanto así que la una puede  subsistir  sin  la  otra,  pero  jamás  podrá  aceptarse  la ausencia total de  defensa  técnica,  así impere la material. Amén que el abandono de la última  puede  constituir  una  estrategia  defensiva,  escape,  huída o evasión de la  justicia,  sin  que  ello  sea  óbice  para  nulitar  lo  actuado;  por  tanto,  institutos  jurídicos  como  la  declaratoria  de persona ausente, tienen plena  vigencia,  sin  que  se  refute  al  final,  violación  al  derecho  de defensa  material,  lo  cual sería absurdo. Conformó, habida cuenta, en un mismo texto,  los  dos  ataques, como si se tratara de un escrito de libre factura, sin mediar  ningún  presupuesto  jurisprudencial,  a  fin de argumentar en debida forma sus  pretensiones.    

El           cuarto desquicio se concretó en el hecho  de  querer  imponer  su  criterio  por  encima  del  expuesto  por  el Tribunal,  pretendiendo  asumir  que  sus  argumentaciones están amparadas por un criterio  absoluto  de  verdad  y  en  las  cuales  debieron  cimentarse las decisiones de  instancia,       realizadas       –éstas  últimas-  sin  ningún  fundamento jurídico en las que se  puedan consolidar.   

En consecuencia y, sin que se entienda que es  una  respuesta  de  fondo,  sino en virtud de un ejercicio pedagógico que viene  realizando  la  Sala  adicional a sus funciones, es oportuno expresar que, desde  el  23  de marzo de 2001, fecha en la cual se realizó la diligencia de injurada  al  hoy condenado -siendo asesorado por el mismo profesional del derecho que hoy  funge  como  demandante-  informó  sus generales de ley y signó el acta con el  nombre   de   REINALDO  JIMÉNEZ  GARAVITO.   

Es  decir,  que  los dos sujetos procesales,  (defensa  técnica  y  material)  siempre tuvieron pleno conocimiento, desde esa  fecha,  ¿por  qué  el  llamado  de la justicia?, ¿por cuáles delitos debían  dirigir  la  defensa?,  ¿cuáles  eran  los  hechos?,  ¿qué  personas estaban  involucradas?,    ¿qué    relación    tenía    el   procesado   –aprovechando   su   condición   de  pensionado  de  la ETB, con los nuevos funcionarios de la misma?, tanto así que  –para    el    punto  cuestionado  por  el  actor- en una de sus respuestas adujo el indagado que era:  “natural  de  Gámbita  (Santander), nací el 01 de  marzo  de  1.954,  tengo  47  años  de  edad,  hijo de CANDIDA  (sic) ROSA  GARAVITO  Y  ALIPIO JIMENEZ MARTINEZ (sic)…en este momento pensionado, trabaje  en  la  ETB,  donde  estuve  vinculado durante 16 años 8 meses, hasta el 30, de  julio  de  1.988…  casado  con  LUZ  STELLA  BOLAÑOS,  con  quien  tengo tres  hijos”.    

Todas las manifestaciones del libelista como  aquella    cuando    enfatizó,   “que   se   esta  juzgando   a  un señor REYNALDO JIMENEZ (sic), no a REYNALDO JIMENEZ (sic)  GARAVITO,  pues  es  fácil concluir  que se tratan de dos (2) personas con  parecidos  apellidos…  y  la  defensa  del  inculpado, reitera y recaba en que  muy…   a   pesar   de  haber  llegado  la  prueba  documental  relativa  a  la  identificación  del  procesado  JIMENEZ  (sic)  GARAVITO  -…  remitida por la  Registraduría   Nacional   del   Estado   Civil-…   esta  arribo  al  juicio,  posteriormente   a   la   fecha  en  que  se  realizo  (sic)  la  vista  publica  (sic)”;  con lo cual se constata el error del actor  al  pretender desconocer la identificación dada por su mandante a la Fiscalía,  sus  memoriales  donde  el  mismo  abogado  aceptó  que  estaba  defendiendo  a  REINALDO JIMÉNEZ GARAVITO2 y, sin que hubiese sustentado  algún  postulado  de  la  lógica,  ciencia  o  experiencia,  desecha los datos  biográficos   y   fotocopia   de  la  Cédula  de  ciudadanía  que  anexó  la  Registraduría  Nacional del Estado Civil, donde se afirmó que el número de la  C.     C.    19´228.063    de    Bogotá,    correspondía    a    “JIMENEZ          GARAVITO         REINALDO”.      

Como el actor, quiere a toda costa que impere  su  personal,  genérica,  individual  e incierta tesis sobre aquellas expuestas  por las instancias, su ataque se muestra insustancial y efímero.   

En forma igual, acontece con la violación al  derecho  de  defensa reclamada, la cual tiene incidencia con lo atrás expuesto,  en  el  entendido  que  era  deber  del mismo demandante estar atento al devenir  procesal,  pues  ese  es uno de los deberes y responsabilidades que trae consigo  la  aceptación  del  cargo;  más  no,  indicar  que  por el nombramiento de un  abogado  de  oficio,  precisamente, porque no concurrió quien tenía el deber y  obligación legal de hacerlo, se vulneró tal derecho.   

Es   preciso  indicar,  como  quinto  yerro,  que cada nulidad tiene un  desarrollo   independiente,   debiéndose   identificar  la  clase  de  falencia  (estructura  o garantía), denunciando el sentido en forma autónoma sin mezclar  violaciones  al  debido  proceso  entre  si,  o  al  derecho de defensa y, menos  hacerlas  confluir  –como  en  el  presente  caso-  con el principio de investigación integral por pruebas  dejadas  de  practicar  por  los  funcionarios,  a  fin de demostrar por qué su  premisa  es  consecuente con el proceso, pues no basta, la sola enunciación del  cargo.   

Por  consiguiente, debe demostrarse: ¿cómo  se  fracturaron las bases procesales, ya sea en su aspecto formal o conceptual?,  ¿por  qué habría que retrotraer lo actuado en instancias?, ¿de qué forma se  vulneraron  las garantías demandadas? y ¿cuáles fueron las repercusiones y el  daño  causado  con  tales vulneraciones? en desmedro de la ley y de los sujetos  procesales.   

El   debido   proceso,   elevado  a  rango  constitucional,  como  vicio  de  estructura,  es  una  concatenación  de actos  procesales  establecidos  previamente  por  la  Ley,  a  fin  de  orientar  a la  comunidad   jurídica  y  en  general  a  la  sociedad,  sobre  aquellas  pautas  normativas  a  las  que  obligatoriamente  deben  ceñirse  los funcionarios que  administran  justicia, quienes tienen como tarea la investigación y juzgamiento  de  los  comportamientos  antijurídicos,  con el objeto de preservar siempre su  vigencia  y no inadvertir su ejercicio; cimentado en grandes pilares procesales,  como  la  iniciación  de  investigación,  la  calificación  del  sumario,  la  apertura  a  juicio, la audiencia de juzgamiento, los alegatos de las partes, el  fallo,   siendo  éstos  algunos  presupuestos  necesarios  que  no  pueden  ser  ignorados  por  los  servidores  públicos,  cuando  administren  justicia;  por  ejemplo,  jamás  podría  existir sentencia si previamente el ente Fiscal no le  imputó  un comportamiento ilícito a una determinada persona, especificando las  circunstancias de tiempo, modo y lugar donde acontecieron.   

Siendo  ello  así, la infracción al debido  proceso,  debe  ser  de  bulto, grosera, que pretermita u omita un acto procesal  distinguido  por la ley y al que obligatoriamente los funcionarios deban acceder  para  su  no  conculcación.  Nunca  puede  asimilarse  con  cualquier  criterio  aislado,   subjetivo   y   genérico  –como  en  el  caso  de  estudio-  sino  por los motivos previamente  determinados  por  Ley y con ocasión al desarrollo jurisprudencial que la Corte  vaya realizando.   

Se  verifica,  entonces,  que  el demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  ilumina el instituto casacional.   

Los defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir  la   demanda   de   casación,  presentada  a  favor  de     REINALDO    JIMÉNEZ    GARAVITO,  de  conformidad  con lo consagrado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de  lo dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E  S   U  E  L  V E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de casación presentada a  nombre        de        los        sentenciados     REINALDO     JIMÉNEZ  GARAVITO,   en virtud de lo argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 En la  misma  decisión,  a  pagar por multa 60 smlmv para el año 2000, lo inhabilitó  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso que la  sanción  principal;  y por perjuicios materiales a favor de la ETB., la suma de  947 smlmv.   

2  A  folio  57  del cuaderno original número 7, el defensor apeló la resolución de  acusación   indicando   que   como   “DEFENSOR,   del   Señor   REYNALDO  JIMENEZ  (sic) GARAVITO, dentro  del  proceso penal de la referencia…” (Mayúsculas  y subrayado en el texto).     

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