29519(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29519  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado     acta     Nº  152   

Bogotá,   D.  C.,    diez  (10)  de  junio  de  dos  mil  ocho  (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte  decide  respecto   del   cumplimiento   de   los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor de HENRY  PERDOMO CABRERA.   

H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“ El viernes 16  de  febrero del presente año, J…, quien a la sazón tenía 6 años, 4 meses y  10  días,  a  eso de la 7:45 de la mañana salió de su vivienda, ubicada en el  barrio  Kennedy  del  municipio  de  San Agustín, Huila, con destino al Colegio  Básico   de   dicha  localidad,  donde  estudiaba,  pero  nunca  llegó  a  ese  establecimiento,  y  en  el  camino fue vista acompañada  de HENRY PERDOMO  CABRERA,  individuo que había hecho vida marital con una tía de la niña, esto  es,  Luz  Stella  Hoyos y de quien tenía una hija. J… apareció muerta sujeta  de   un   árbol,  a  través  de  una  cuerda,  produciéndose  su  deceso  por  ahorcamiento  en  una  labranza  situada  a  unos  70  metros de la vía que del  indicado  municipio  conduce al de Pitalito, determinándose que fue previamente  accedida por vía anal y vaginal”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.    Por  razón   de   los   hechos   narrados,  el    Fiscal   34   Delegado   de   San  Agustín, el 26 de marzo de  2007   presentó  escrito  de  acusación         contra         Henry         Perdomo         Cabrera  por  los  delitos  de homicidio  agravado       y      acceso      carnal      violento      agravado.   

2.     Celebrada     las          audiencias     de     formulación      de      acusación,   preparatoria   y   del   juicio   oral,   el   Juzgado             Primero Penal del Circuito con Funciones  de  Conocimiento,  el  12  de  octubre de 2007, dictó  sentencia  de  primera  instancia en la que condenó a  Henry          Perdomo          Cabrera  a  la  pena  principal  de  468 meses de prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas  por    el    lapso    de    20    años, como autor de las conductas punible de  homicidio  agravado y acceso  carnal        violento        agravado.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal   Superior   de   Neiva,   el   29  de  noviembre  de  2007,      lo     conformó     en     su  integridad.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  sentenciado      Perdomo     Cabrera,   con   base   en   el   numeral   3° del artículo 181 de la  Ley  906  de 2004, acusa al  Tribunal  de  haber  violado,  de manera indirecta, la ley sustancial,  por  error  en la apreciación de la prueba.   

Manifiesta  que el juzgador “acogió” los testimonios que presentó  la  fiscalía  en  el trámite del juicio oral y el reconocimiento fotográfico.  Argumenta  que  de  tales  elementos  de  juicio el fallador construyó indicios  entre   ellos   el   de   presencia,   amenazas,   rastro   y   capacidad   para  delinquir.   

Así,   insiste   en   que   el  juzgador  “acogió”    los  testimonios  de  Yubeny  Botina  Solarte,  Helena  Erazo y Edith Solarte quienes  informaron  que  la  niña  iba  detrás  de una persona adulta. Agrega que a la  primera  de  las  personas citadas no le mostraron las 16 fotos como lo hicieron  en el juicio oral.   

De la misma manera, acota que la visibilidad  no  era buena. También le llama la atención que la señora haya identificado a  su defendido cuando lo había visto una sola vez.   

Sin   embargo,   dice  que  la  deponente  manifestó que había visto a la menor con un señor.   

Manifiesta  que el funcionario investigador  le  señaló  a la testigo citada en precedencia a su defendido como el autor de  los hechos.   

Asevera que la versión del Comandante de la  Policía  de San Agustín inicialmente manifestó que las personas entrevistadas  cuando  sucedieron  los  hechos  adujeron  no haber visto nada, entre las que se  hallaban las citadas en precedencia.   

Destaca  que  la  diligencia  de  registro  voluntario  realizada  en  la  casa  del  hoy sentenciado fue hecha sin orden de  autoridad  competente,  acto  en  el cual presuntamente se encontraron elementos  que portaba la menor.   

Asevera   que   desconoce   las   pruebas  contundentes  que  fueron  objeto  de estipulación con la fiscalía, las que de  haber  sido  apreciadas  conforme  a  las  reglas de la sana crítica se habría  llegado a otra conclusión a la adoptada en la sentencia impugnada.   

Dice  que el  informe del Instituto de  Medicina  Legal   concluyó  en  la  inexistencia  de espermatozoides en la  muestra  vaginal  y  anal  tomados al cadáver. Además, anota que la experticia  excluye a su defendido de los hechos.   

Manifiesta  que a la citada prueba no se le  dio  crédito.  Agrega  que   tampoco  se  tuvo  en cuenta el testimonio de  Carmen  Lilia  Hoyos,  abuela  de  la niña que informó que su defendido estuvo  desayunando  en  su  casa  en las primeras horas del día y que de allí partió  hacía  donde  Miriam Cubillos con el fin de dejarle unas arepas, para abandonar  el  lugar  sobre las 8: 30 de la mañana. Sin embargo, los testigos anotaron que  sobre esa hora fue que vieron a la niña con el adulto.   

Asevera que con las anteriores exposiciones  se  evidencia  el  error  en  la  apreciación  de  la prueba, puesto que cuando  ocurrieron   los   hechos   su   defendido   se   encontraba   en   otro  lugar,  desconociéndose el principio de transferencia.   

Aduce  que  dicho  yerro  condujo  a que se  emitiera  un  fallo  injusto  por  las  razones  anotadas  en precedencia. Así,  continúa,  nos  encontramos  ante  un  error  de  hecho, en tanto se ignoró la  existencia de la prueba.   

Después de referir jurisprudencia sobre el  principio  de  culpabilidad,  dice  que el yerro tuvo incidencia, puesto que por  haberse  desconocido  los  testimonios  de  Carmen Lilia Hoyos, Miriam Cubillos,  Bernardo  Perdomo,  Luz  Marina Papamija y Capitolina Muñoz, se dictó fallo de  condena en contra de su representado.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  a su representado de las  conductas punible por las que fue condenado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con  lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de la casación”.1   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2.   Teniendo en cuenta los anteriores  lineamientos,  advierte  la  Corte  que la demanda presentada por el defensor de  Henry  Perdomo  Cabrera no  reúne  los  requisitos de verdad, claridad, precisión y logicidad que para ser  admitida  establecen  las normas que regulan la casación,  en la medida en  que  su  discurso está dirigido a restar la credibilidad dada por el juzgador a  los testimonios que la fiscalía solicitó en el juicio oral.   

En  efecto,  si  se  revisa  los argumentos  expuestos  por el casacionista como sustento del único cargo, se advertirá que  el  discurso  está  centrado  en  cuestionar  los testimonios de Yuberny Botía  Solarte,  Helena  Erazo  y Edith Solarte, en tanto que, a su juicio, confrontado  con  los  de la abuela de la menor y el de Miriam Cubillos, se concluirá que su  defendido  no  pudo  ser  el  autor  de los hechos punibles por los cuales fuera  condenado.   

Así  mismo, con el ánimo de presentar una  personal   apreciación  de  la prueba, reitera que la experticia realizada  por  el  instituto  de  Medicina  Legal  sobre las muestras de flujos tomadas al  cadáver,  también  se  concluirá que su defendido no pudo vulnerar los bienes  jurídicos de la vida y de la libertad sexual.   

Dicho de otra forma, de toda esa amalgama de  argumentos  en  manera  alguna logran evidenciar el error de hecho presuntamente  en  que  incurrió  el juzgador al valorar los medios de prueba, en especial los  de  Carmen Lilia Hoyos, Miriam Cubillos, Bernardo Perdomo, Luz Marina Papamija y  Capitolina Muñoz.   

Además,  sin  demostrar  el  vicio  en  el  proceso  de  producción  y  aducción  de los elementos materiales probatorios,  procede   a   manifestar   que   la   diligencia   de  registro  “voluntario”   hecha   en   casa   de  habitación  del  acusado  se  llevó  a  cabo  sin orden de autoridad judicial,  afirmación  que  quedó en el plano del enunciado, máxime cuando no señaló a  cuál evidencia física se refería.   

En  tales  condiciones,  considera  la Sala  oportuno  reiterar  que   la simple discrepancia de criterios no constituye  yerro  demandable  en  casación,  puesto que dentro del sistema de apreciación  probatoria  el  juzgador  goza  de  libertad  para justipreciar los elementos de  juicio, sólo limitado por las reglas de la sana crítica.   

Así  mismo, vale reiterar que la sentencia  llega  a  esta sede amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,  que  los hechos y las pruebas fueron correctamente apreciadas y la norma  jurídica  seleccionada por el sentenciador era la llamada a gobernar el asunto,  presunción  que  corresponde  al libelista desvirtuar con estricto apego en las  causales  de  casación   y  evidenciando  su  trascendencia  frente  a las  plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

Ante la simple discrepancia de criterios, se  impone la inadmisión de la demanda.   

Resta    señalar    que   no   se   observa   que   con  ocasión  del   fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  violaron los derechos o las  garantías     del    procesado    HENRY    PERDOMO  CABRERA, como para que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos del libelo para decidir de fondo,  según   lo  dispone  el  inciso  3°  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Acotación  final   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  HENRY      PERDOMO  CABRERA  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que  habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal               –siempre     que     el     recurso     no   hubiera    sido    interpuesto   por   el   Procurador   Judicial–,   el   Magistrado   disidente   o   el  Magistrado que no  haya   participado  en  los  debates  y  suscrito  la  providencia  inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,    SALA   DE   CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR     la   demanda   de  casación  presentada por el defensor de   HENRY  PERDOMO  CABRERA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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