29439(01-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 29439  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Aprobado Acta No. 396  

Bogotá, D. C., primero (1)  de diciembre de dos mil diez (2010)   

V    I    S   T   O  S   

Decide la Sala el  recurso       de      casación      instaurado por  el  defensor  de  SAÚL  ALVARADO  GÓMEZ   contra  el  fallo  del  2         de         septiembre     de     2007   por  medio  del  cual  el  Tribunal  Superior   de   Bogotá,  confirmó  la  sentencia  proferida  el 22     de     noviembre    del  mismo  año por el Juzgado  Sexto Penal del Circuito de  esta   ciudad,   que  lo  condenó  a  la  pena  de  cuarenta y dos  (42) meses de  prisión, al pago de multa por valor de 37.7 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, le impuso la accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un período igual al de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  le  negó el mecanismo sustitutivo de la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y le concedió la prisión  domiciliaria,         como         determinador         del         delito     de     hurto    calificado  agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En  la  sentencia  de  segunda instancia, el  Tribunal los relató de la siguiente manera:   

“En  el  mes  de agosto de 1999, JAIME E.  OLAYA  M.,  solicitó  a  la  Jefatura  del  Grupo  Automotores  de  la Policía  Nacional,  estudio  técnico  de los sistemas de identificación y seguridad del  automotor:  campero  Chevrolet-trooper,  color verde y placa IOK-136, del que se  estableció   presentaba   adulteración   de   los   mismos,   que  motivó  su  inmovilización  y  puesta  a disposición de la Fiscalía General de la Nación  para       lo       de       su       cargo.”1.   

Dicho vehículo de propiedad de Aeroservicios  Agrícolas  Ltda.  “ASA”,  había sido hurtado la noche del 12 de octubre de  1995  en  la  calle 128C número 36-41 de Bogotá, según denuncia formulada por  Luis Abraham Alemán Ramos.   

El  28  de  mayo  de  1996,  el  Fiscal  122  Seccional  Automotores  de  la  Unidad  Cuarta  de  Patrimonio  Económico  y Fe  Pública  de  esta  ciudad,  con  fundamento  en  denuncia  presentada por Saúl  Alvarado  Gómez  profirió  resolución  de  apertura formal de la instrucción  contra  Salomón  Riveros  Meza, Leonidas Perilla Ruiz y Juan  Félix Niño  Morales2.   

El   7  de  marzo  de  2000,  SAÚL   ALVARADO   GÓMEZ  fue  oído  en  indagatoria  y  el  día 29 de ese mes y año, el Fiscal 122 Seccional le impuso  medida  de aseguramiento detención preventiva por el delito de hurto calificado  agravado  en  concurso  con  falsedad  en documento privado, falsedad marcaria y  estafa.   

El  11  de  marzo  de  2004,  el  Fiscal 122  Seccional  declaró  cerrada la investigación y el 26 de agosto del mismo año,  acusó  a  ALVARADO  GÓMEZ  como  coautor  de  los  delitos  de  hurto  calificado  agravado en concurso con  estafa,   precluyó   la   instrucción   contra   otros  vinculados3 y respecto de  aquél  por  las conductas punibles de falsedad en documento público y falsedad  marcaria4.   

El  8  de  septiembre  de  2005,  al  Juez  Veinticinco  Penal  del  Circuito de esta ciudad por reparto le correspondió el  conocimiento  del proceso; funcionario que en la audiencia preparatoria negó la  nulidad  solicitada  por la defensa, dispuso la práctica de las pruebas pedidas  por  esta, ordenó otras de oficio y fijó fecha para llevar a cabo la audiencia  pública de juzgamiento.   

El  27  de septiembre de 2006, la Juez Sexto  Penal  del  Circuito de Descongestión realizó el debate público, luego dictó  sentencia   en   la   cual   condenó   a   ALVARADO  GÓMEZ   como   determinador   del  delito  de  hurto  calificado  agravado;  así mismo, declaró la cesación del procedimiento   adelantado  por  la  conducta  punible de estafa por prescripción de la acción  penal5.   

El  fallo  fue  impugnado por el defensor de  SAÚL    ALVARADO  GÓMEZ  y  la  parte  civil  en  relación  con  el  interés  jurídico  de  cada uno de los sujetos procesales,  siendo   confirmado   en   su   integridad   por   el   Tribunal   Superior   de  Bogotá.   

DE LA DEMANDA  

Dos son los cargos  formulados  a la sentencia  objeto    del   recurso  extraordinario.   

Cargo         Primero.   Con  fundamento  en la causal 1ª  del  artículo  207 de la ley 600 de 2000, se denuncia  la  violación  indirecta  de la ley por error de hecho por falta de aplicación  de  los  artículos  232,  284 del Código de Procedimiento Penal, 350.4 y 351.6  del Decreto 100 de 1980.   

El    vicio  lo estructura en  la  reseña  de hechos conocidos y la omisión de la inferencia  lógica  para  llegar  a  la  demostración  de  la  existencia  de  otro  hecho  desconocido,  sin  que  ninguna  de  las  instancias  aplique  los elementos del  indicio    en    los    hechos    que    relaciona   como   cargos   contra   el  procesado.   

Así      mismo      reprocha   al   Tribunal   desconocer los  postulados  de la sana crítica, pues al valorar los elementos de juicio no tuvo  en  cuenta  las  leyes  de  la  lógica,  de  la  ciencia  y  las máximas de la  experiencia,  omisión que le impidió hacer una inferencia lógica de la razón  o  razones  por  las cuales deducía compromiso penal al procesado por el delito  contra el patrimonio económico.   

A  su  juicio  la  falsedad  marcaria,  la  falsedad  material,  el  uso  de  documento falso, la matrícula del automotor a  nombre  del  procesado,  la  presunta falsa denuncia presentada por ALVARADO    GÓMEZ,   las   operaciones  mercantiles  con  miembros  de  su familia, la venta del automotor por un precio  inferior  al  de  su  compra,  su  usufructuo  por  más  de  dos  años  y  las  contradicciones  en  sus  intervenciones,  hechos  indicadores  demostrados  con  prueba  documental  no conducen a la conclusión del juzgado según la cual, él  determinó la comisión del hurto.   

Cargo       Segundo.  Con  sustento  en  la  causal 1ª del  artículo  207  de  la  ley  600  de 2000, aduce la violación directa de la ley  sustancial  por  aplicación indebida del artículo 23 del Decreto 100 de 1980 y  232 del Código de Procedimiento Penal.   

El  juzgador  al  atribuirle  la calidad de  determinador  perjudicó a ALVARADO GÓMEZ,  porque  en la determinación surge una relación en virtud de la  cual   el   determinador   sabe  que  está  llevando  al   determinado   a  la  realización  de  la  conducta  punible  y  este actúa con conciencia de lo que  está  haciendo y de la determinación, lo que se opone a la existencia del plan  criminal del cual habla el ad quem.   

El procesado no determinó la ejecución del  hecho  punible  sin  que  aparezca  demostrado  quién  fue el determinado, como  tampoco  se halla establecida la relación entre determinador y determinado, por  lo  cual  el Tribunal no podía atribuir tal condición al procesado.   

El  determinador  no  ejecuta  directa  o  materialmente  la  acción descrita en el tipo penal,  por    el    contrario    hace   nacer   la   idea  criminal,  organiza, dirige y maneja su realización  por  parte  de los demás intervinientes, lo cual no ocurre en este caso, porque  subjetivamente  y  sin  prueba  le  imputa  al acusado la determinación ante la  imposibilidad   de   demostrar   su   participación   en   la   comisión   del  hurto.   

Finalmente  relaciona las pruebas que tuvo  en  cuenta  el  Tribunal  para condenar al procesado en calidad de determinador,  las  cuales a juicio del demandante son insuficientes  para dar por demostrada esa forma de participación delictiva.   

Pide casar totalmente el fallo impugnado y  en   su   reemplazo  dictar  sentencia  de  carácter  absolutorio  a  favor  de  SAÚL        ALVARADO       GÓMEZ.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Cargo  Primero.  Para    el    Delegado   el  demandante  no cumple con su obligación de hacer un ejercicio  argumental  que  ilustre  sobre  la  ocurrencia  de  alguna  irregularidad, como  tampoco  con  las  exigencias  para  cuestionar  la  apreciación  de  la prueba  indiciaria.   

Recuerda  que  el proceso es un método de  reconstrucción  histórica  de  la  realidad  y  los  medios  de prueba son los  instrumentos    de    los   cuales   se   vale   el   operador   judicial   para  reproducirla;  en  tanto advierte que el  indicio    permite   el   conocimiento   de   la   realidad   pero   de   manera  indirecta.   

Luego de referirse a la técnica exigida en  esta  sede  cuando  el  objeto de discusión lo constituye la prueba indiciaria,  aduce  que  como  el  yerro denunciado se vincula con la inferencia lógica, era  obligación  del  recurrente  demostrar  que  la  errada apreciación probatoria  provino  de  la  caprichosa inobservancia de los postulados de la sana crítica,  lo  cual  condujo  al fallador a declarar probada una realidad distinta a la que  habría llegado de tenerlos en cuenta.   

Encuentra  comunes  los  planteamientos al  limitar       el  discurso a la omisión de  la   inferencia   lógica   que  correspondía,  sin  precisar  la  supuesta  contrariedad del juicio del juzgador con las máximas de  la   experiencia   que   pareciera   ser  el  enfoque  del  ataque,  dejando  de  lado  su obligación de  analizar  en  conjunto  la prueba teniendo en cuenta su gravedad, concordancia y  convergencia.   

La  revisión  de  la  sentencia impugnada  permite   establecer   que   el  juzgador  no  partió  de  hechos  inciertos  o  dudosos  ni  forzó  el  curso  de  la  inferencia lógica con conclusiones irracionales, respecto de las  cuales  ningún  ataque  ensaya  el casacionista, cuyas afirmaciones únicamente  ponen  de  presente  su opinión frente a las pruebas en su manera particular de  razonar  que no es el fin de la casación, razón por la cual pide desestimar el  cargo.   

Cargo  Segundo.  Señala  que  si el demandante acepta que los hechos  declarados  probados en la sentencia son correctos en punto del aspecto objetivo  de   la   conducta   punible,   sin   compartir  la  deducción  respecto  a  la  participación  del  procesado  en  calidad  de  determinador,  la diferencia de  opiniones  no  es  motivo  para  acudir en casación, siendo insuficientes a ese  propósito  sus  afirmaciones  según las cuales los elementos de convicción no  demuestran  esa  calidad  por  no haber sido posible vincular al autor o autores  materiales  del  delito,  olvidando  que  en materia penal la responsabilidad es  individual.   

Alude  al  carácter de la casación, para  enseguida  señalar  que  el demandante no saca adelante su pretensión porque  ningún  ejercicio  dialéctico adelanta  en  su demostración, pues el fundamento del cargo lo constituye  una  escueta  disertación  teórica  sobre la determinación, incurriendo en el  mismo  error  reprochado  al  primer  reparo,  esto es, ausencia de desarrollo y  desaciertos    de   técnica,   razón   por   la   cual   también   debe   ser  desestimado.   

Pide  no  casar  la  sentencia  materia de  impugnación.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

Ajustada como fuera la demanda de casación,  la  Sala  se pronunciará de fondo sobre los reproches propuestos en ella contra  la  sentencia  del Tribunal Superior de Bogotá, sin que se ocupe en puntualizar  las  falencias  de  técnica que pudiera presentar, pues una declaración de tal  naturaleza  presupone  el  cumplimiento  de  los requisitos mínimos para que se  hubiera dispuesto su trámite.   

Cargo  Primero.- El  error  de  hecho  propuesto en la demanda, aun cuando el actor no lo identifique  de  manera  clara,  se  refiere  al  falso  raciocinio porque lo que ataca es la  omisión  de  los postulados de la sana crítica en la valoración probatoria al  dejar  de  establecer  la  relación  entre los extremos del silogismo frente al  indicio,  esto  es,  el  procedimiento  lógico que permite de un hecho conocido  inferir otro desconocido.   

Critica  al  Tribunal  por no hacer mención  expresa  al indicio y atribuye al a quo acudir a las inferencias, pero cuestiona  que  no  hayan  aplicado  los elementos del indicio; sin embargo, en su discurso  omite  señalar  cuáles  reglas  de  la lógica, la ciencia o de la experiencia  fueron  desconocidas  o  tergiversadas  como  era  su  deber, en razón a que el  reparo  se  relaciona  con  una  operación  intelectual  de carácter deductiva  inductiva  y  probabilística,  con  lo  que se queda corto en el desarrollo del  cargo.   

De  ahí,  que limita su actividad a indicar  que  de  los  ocho (8) hechos conocidos, el juzgador en cada uno de ellos estaba  obligado  a  inferir  la razón que le permitió deducir responsabilidad penal a  ALVARADO GÓMEZ en el hurto,  en  condición  de determinador, pues sin explicar cómo esos hechos indicadores  podían  indicar  otra  cosa  o  cómo  se  traicionaron  las  reglas de la sana  crítica  en la construcción del indicio, advierte que los mismos no conducen a  esa conclusión.   

En  esas  circunstancias  su proposición es  contradictoria,  ya  que  al  mismo  tiempo  que  reprocha  la  ausencia  de  la  inferencia  lógica  en  la  construcción  de  los  indicios,  le  niega  valor  probatorio   a   los   hechos  indicadores  acreditados  documentalmente  en  el  proceso6,  dejando  entrever que el reparo no se refiere a errores de juicio  propios  de la casación sino a discrepancias por el mérito suasorio otorgado a  la prueba documental.   

Por   eso,   la  demanda  no  denuncia  la  transgresión  ostensible  de  las  reglas de la sana crítica en su valoración  sino  enuncia  su  omisión,  sin  explicar  ni  demostrar en qué consistió la  misma,  labor  insuficiente  frente  al reparo propuesto, de acuerdo con el cual  ninguno  de  los  jueces  hizo  inferencias  lógicas  a  partir  de  los hechos  indicadores.   

De   otro  lado,  confunde  el  actor  las  inferencias  con  el  indicio.  No  cabe  duda  que  todo  indicio  contiene una  inferencia  o  nexo lógico a través de la cual de un hecho conocido es posible  arribar  a  otro  desconocido,  pero  no  toda  inferencia  o  proceso deductivo  inductivo estructura un indicio.   

Contrario  a las afirmaciones de la demanda,  el  fallo  encuentra  sustentación  en razonables explicaciones; a partir de la  matrícula  en  la  oficina  de  tránsito  de Yopal (Casanare) realizada por el  mismo  ALVARADO  GÓMEZ del  vehículo  hurtado como nuevo, respaldada en documentación falsa de su supuesta  compra  en  Autoniza  en  fecha  anterior  al  ilícito,  niega su tenencia como  producto  de  una  negociación común, reafirmada con la versión posterior del  acusado  en  la  que  “señaló como responsable del  origen   del   vehículo   a   su  cuñada  OLGA  LUCÍA  GARZÓN”7.   

Así    mismo,    ninguna   explicación  encuentra   a la adquisición del seguro el mismo día de la matrícula del  vehículo,  hechos  ocurridos  en  ciudades  distintas  y  al  registro  en  los  documentos  de  direcciones  inexistentes,  que no fuera por el conocimiento del  procesado de la procedencia ilícita del automotor.   

Además   las  respalda  en  la  falta  de  sinceridad  de  los allegados y compañera de ALVARADO  GÓMEZ, cuando se les preguntó por la forma en que el  vehículo  llegó  a  su  poder,  la  constitución  y  firma  de la prenda y la  procedencia  de  los  dineros para la compra del mismo, concluyendo “que  efectivamente  SAÚL  ALVARADO  GÓMEZ,  determinó  a otra  persona  para  que  hurtara  el  rodante  y se lo entregara a él”8.   

El  Tribunal,  por  su parte, precisa que el  apoderamiento  ilícito del automotor no admite discusión y que la “extremada  inmediatez”  con  que  el  acusado  “entró a ejercer actos de dominio sobre el  bien     desposeído”,     indica    “que     el     mencionado     fue     “determinador”     del  hurto”.   

Hace una relación de los hechos que el a quo  recuerda  y  analiza  en  su sentencia, para señalar que constituyen suficiente  “evidencia     y    acreditación”  de  la  existencia de un plan criminal para hacerse al campero, en  el    que    el    procesado    definitivamente    intervino   determinando   su  comisión.   

Las deducciones lógico jurídicas en las que  se  encuentra  apoyada la sentencia como unidad jurídica inescindible, lejos de  contrariar   las   reglas  de  la  sana  crítica  se  asientan  en  reflexiones  probatorias   surgidas  del  análisis  cuidadoso  de  la  prueba  documental  y  testimonial  citada  en  ella,  respecto  de  las  cuales el actor no identifica  transgresión  a  los  principios  y  reglas  de  la  lógica,  la  ciencia y la  experiencia,  a  no ser las críticas generales acerca de la llamada omisión de  la inferencia lógica estructurante del indicio.   

Ninguna labor emprendió con el propósito de  señalar  cuál  era  la  inferencia  lógica correcta de cada uno de los hechos  indicadores,  como  tampoco  mostró  que  las  inferencias de los juzgadores se  apartaran  de  lo  que los hechos documentados y testimoniados probaban, razones  que conducen a desestimar el cargo.   

Cargo     Segundo.-     Alega  la  violación  directa  de la ley sustancial por aplicación  indebida  del  artículo  23  del Código Penal de 1980, cuando se le atribuye a  ALVARADO  GÓMEZ la calidad  de determinador.   

En   opinión   del   recurrente,   en  la  determinación   se   establece   una  relación  entre  el  determinador  y  el  determinado  que  es ajena al plan criminal y en la cual ambos tienen conciencia  de  lo que están haciendo y de la determinación. Así mismo requiere demostrar  cuál  es  la  persona  determinada.  En  ausencia  de  tales extremos, no puede  hablarse de determinación.   

Se  tiene  dicho  que el determinador es la  persona  que  no  realiza  materialmente  la  acción  u omisión descrita en la  figura  típica,  sino  que  logra que otro -el determinado- la haga. Desde esta  perspectiva,  existirá  comunicación  entre  ambos  pero  no  acuerdo  para la  ejecución  del  delito,  pues  de  haberlo  se estaría frente a un supuesto de  coautoría.   

Recuérdese que el determinador no es autor  intelectual  del  delito,  pues  él no idea el iter criminis sino que limita su  intervención  a  hacer  nacer  la idea acerca de la realización de la conducta  punible  en  otra  persona,  sin  participar en la selección de los medios o la  forma   de   ejecución  del  delito  que  determinó,  lo  que  es  propio  del  determinado.   

Tradicionalmente    la    doctrina    y  jurisprudencia  distinguen  como  formas  de  determinación la instigación, el  mandato,  la  inducción,  el  consejo,  la  coacción,  la orden, el convenio y  cualquier       otro       medio       idóneo9.   

Así  mismo,  la  determinación  es  una  modalidad  de la participación criminal, por lo cual evidentemente es accesoria  al hecho principal.   

Sobre  su  conceptualización  no  existe  desacuerdo,  de  modo  que  cuando  el  censor selecciona como vía de ataque la  violación  directa de la ley sustancial, a partir de la aceptación de la forma  en  que el juzgador declaró probados los hechos y la validez de la apreciación  probatoria  hechas  en  la  sentencia,  le corresponde mostrar en derecho que la  forma  de participación criminal atribuida al acusado era otra a la definida en  ella.   

Ahora  bien,  desde el momento mismo en que  señala   que   de   algunas   de   las   conductas  atribuidas  a  ALVARADO      GÓMEZ     “no  se puede llegar a la conclusión que determinó el hurto del  vehículo”,   está   discutiendo   la   prueba   y  equivocando  la  proposición  del  cargo, ya que si su intención era demostrar  que  de los elementos de juicio no podía inferirse participación o autoría en  el  delito,  lo  correcto  era denunciar el vicio por violación indirecta de la  ley  en  cualquiera  de  las modalidades del error de hecho o de derecho, según  fuera el caso.   

Además  de  la  conceptualización  de  la  determinación  y  sus  formas, ningún esfuerzo hace por demostrar cómo de los  hechos  probados  y  de  la  validez  de  la apreciación probatoria, al acusado  debía  atribuírsele  otra  forma de participación -complicidad- o autoría en  vez de la determinación.   

Al  margen  de  las críticas que merece el  reparo  por su falta de desarrollo, de la sentencia no fluye el vicio denunciado  sino  que  por  el  contrario  emerge sin discusión que la participación en el  delito  atribuida  al procesado no podía ser otra distinta a la determinación,  como  quiera  que  ningún  acto  relacionado  con  la  ejecución del hurto del  vehículo  le es imputado o demostrativo de su participación en la realización  material de la conducta.   

Todos   los   actos   posteriores   a  la  consumación    de    la    conducta    furtiva    atribuidos   a   ALVARADO   GÓMEZ,   a   juicio  de  los  juzgadores,  son  indicativos  e  inequívocos  de  esa forma de participación,  porque  una  vez  en  poder  del  vehículo  hurtado  procedió  a  “re-grabar  los  números  de  motor  y  chasis  y  a imponer una  plaqueta  de serie falsa, todo esto de manera dolosa con la finalidad de figurar  como  primer  propietario  del  rodante  y  conseguir  así la expedición de la  tarjeta  de  propiedad a su nombre  y las placas del campero”,  y  con “extremada inmediatez.. entró  a   ejercer   actos   de   dominio   sobre  el  bien  desposeído”.   

Desde   luego   descontextualizadas   las  afirmaciones   del   Tribunal   según   las   cuales  al  campero  “se  accedió  fruto  de  un  previo plan criminal de ”hurto”  elaborado  y  ejecutado con precisión”, tendrían el  alcance  que  les  otorga  el impugnante, pero deliberadamente ignora o pasa por  alto   que   a   renglón   seguido,   la   Corporación   señala  “en   el  que  el  reo  en  mención  intervino  determinando  su  comisión”,  esto  es,  que  no  lo  hace partícipe  material  o  intelectual  del  plan criminal elaborado por quienes ejecutaron el  hurto.   

Finalmente el cuestionamiento relativo a la  imposibilidad  de  la  figura  del  determinador  porque  no está demostrada la  participación  de  otro  intervinientes o los mismos no han sido identificados,  ha  sido un tema abordado por la Sala en decisiones anteriores, conforme con las  cuales  inicialmente  deben  diferenciarse  dos situaciones: que no exista autor  material    y    que    exista    pero    no    haya    sido    identificado   o  individualizado10   

.  

Así,  “En  el  primer   caso   (cuando   inexiste)  no  es  posible  jurídicamente  hablar  de  participación,  por  ser  ésta  una  categoría  accesoria de la autoría, que  presupone  para  su  configuración  la  existencia  de  un  autor material, que  realiza  o  inicia  la  ejecución de una conducta antijurídica.”11,  mientras  que  en  la  segunda  situación puede reconocerse su existencia, en razón a la  accesoriedad de la participación.   

No  importa entonces que el autor o autores  materiales   del   delito   no   hayan   sido   descubiertos,   identificados  o  individualizados;  en tanto exista prueba en la investigación de su existencia,  es  decir  que la conducta punible fue ejecutada materialmente por otro u otros,  el  determinador puede ser juzgado y declarado responsable penalmente del delito  que  determinó,  pues la única condición es que hayan hechos de los cuales se  pueda predicar dicha condición.   

Así  las cosas, para los juzgadores quedó  claro  que ALVARADO GÓMEZ no  ejecutó  materialmente  el  delito de hurto cometido la noche del 12 de octubre  de  1995  en  esta  ciudad,  que  “determinó a otra  persona”        y       que       “intervino      determinando      su     comisión”,  conclusión  a  la  que  llegaron  después  del análisis de los  diferentes  medios probatorios, frente a la cual el actor se limita a manifestar  que corresponde a las apreciaciones subjetivas de ellos.   

Conforme  con  ella  ninguna  vocación  de  prosperidad  tiene  el  cargo,  al  dejar  de  señalar  en dónde esta el vicio  denunciado,   pues  una  consideración  de  esa  naturaleza  apuntalada  en  la  acusación  de  acuerdo con la cual esa forma de participación le fue atribuida  a  ALVARADO  GÓMEZ  porque  “el  juzgador  no  pudo  establecer  y demostrar la  participación” en el delito de hurto del automotor,  carece de fundamento.   

En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  Sala     de     Casación     Penal,    administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

NO          CASAR   el   fallo  de  origen,   naturaleza   y   contenido   indicados  de  acuerdo  con  las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo de  esta              sentencia.   

Contra   esta   decisión  no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARIA    DEL    ROSARIO   GONZALEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ             SIGIFREDO      ESPINOSA  PEREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                       AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                               

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  de Segunda Instancia, agosto 2 de 2007; Tribunal Superior de Bogotá;  folio 3, cdno 4.   

2 Por  solicitud  del  Ministerio  Público,  el  Fiscal  122  el  8 de octubre de 1996  dispuso  la  ruptura  de  la  unidad  procesal  y  compulsación  de copias para  investigar  por separado la probable conducta de receptación en la que pudieron  incurrir   los   indagados   Perilla  Ruiz  y  Niño  Morales;  folio  92,  cdno  1.   

3  La  Fiscalía  mediante  resolución del 10 de julio de 2002 dispuso la vinculación  de  Olga  Lucía  Garzón Rueda y Yasmin Garzón Rueda, quienes fueran oídas en  indagatoria  los  días  7  y 8 de noviembre de 2002; folios 15, 36 y 38 cdno 2.  Salomón  Riveros Meza había sido escuchado en indagatoria el 6 de noviembre de  2002; folio 33, cdno 2.   

4  La  resolución  de  acusación  causó  ejecutoria material el 4 de agosto de 2005;  folio 216, cdno 2.   

5  Sentencia de 22 de noviembre de 2006; folios 106 a 121, cdno 3.   

6  Casaciones  de  agosto  11  de  2004;  radicación  18203  y febrero 23 de 2005;  radicación 17722.   

7  Sentencia  de  primera instancia, noviembre 22 de 2006; folio 144, cdno original  4.   

8  Ídem; folio 116, cdno original 4.   

9  Casación, febrero 25 de 2004; radicación 19866.   

10  Casación, agosto 25 de 2008; radicación 26483.   

11  Casación  agosto  25  de  2008; radicación 26483 y auto, diciembre 15 de 2009;  radicación 33141.     

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